La saga de Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer

Mi hermanastro

Resumen:

Su extremada arrogancia e individualismo hacían de él un ser amargado y apartado de la sociedad. Y a pesar de todo, algo sentía en mi interior, por él, por mi hermanastro. Porque él no es lo que aparenta, o eso quería creer.

ExB


Epílogo

- Estoy nerviosa – dije tratando de que el aire entrase y saliese de mis pulmones – Hace mucho tiempo que no le veo, ¿Habrá cambiado algo?

- Hey, Bells, tranquila – Tony rió a mi lado – Solo han pasado dos semanas, no creo que se haya muerto, tu al menos has sobrevivido – comentó con diversión.

¿Es que acaso no entendía que sino estaba con Edward una parte de mí moría?

- Eres tan poco sensible que no entiendo como conseguiste un buen novio, y encima amable – contraataqué, cruzando mis brazos sobre mi pecho.

- Tengo mis dotes – dijo con suficiencia, mientras llamaba a la azafata.

Hacía bastante tiempo la universidad había planeado hacer un viaje para ver los diferentes tipos de trabajo en los que podríamos trabajar, la verdad ni mi amigo ni yo podíamos entender el por qué de esa salida, habían trabajos cerca de los cuales visitar, sin embargo, debíamos coger un avión e irnos lejos de Forks, por lo tanto lejos de Edward. Tony había sido de gran ayuda esas dos semanas, haciéndome olvidar por momentos que Edward y yo no estábamos en el mismo recinto. Sin embargo, el tiempo que podía hablar con mi novio, era muy escaso, y me sabía a poco.

Y después de anhelar tanto la vuelta, me encontraba echa un antojo de nervios sin saber muy bien qué hacer o decir en cuanto le viese. Faltaba menos de media hora para llegar al aeropuerto, y mi corazón latía fuertemente dentro de mi pecho, ¿Estaría Edward esperándome? ¿O debería ir a su casa a buscarlo? Quizá se le había olvidado que llegaba hoy, o se habría quedado dormido en el sofá…

La mano de Tony sobre la mía, me sobresaltó. Le busqué con la mirada, y él me sonreía.

- Deja de preocuparte, Isabella – entrecerré mis ojos, sabía lo que odiaba mi nombre y él se encabezonaba en llamarme de esa manera.

- No me llames así – repliqué.

- Entonces no pienses en lo que queda por aterrizar – me retó, pero él no sabía lo débil que era.

- No puedo evitarlo – puso los ojos en blanco, y suspiró.

- A ti no te preocupa verle en el aeropuerto, a ti lo que te asusta es que en tu ausencia haya encontrado a alguien mejor que tú, ¿No? – apreté mis dientes, ¿Por qué, a veces, tenía que ser tan perceptivo?

Tony había dado justo en clavo, tenía miedo de que él hubiese encontrado a otro chica que le hiciese sentir completo, y eso, de un modo u otro, me aterraba.

- Haber, Isabella, creo que te dejó bien claro que estaba enamorado de ti, cuando te prometió hace dos semanas que en cuanto pisaras Forks, no haría falta que deshicieras el equipaje, ¿Cierto? – asentí.

Edward me había prometido que en cuanto volviera nos iríamos, él y yo solos, a una pequeña casa, lejos de Forks, en un pequeño pueblo donde había una playa casi siempre desierta, y era un lugar relajante. Eso me alivió un poco los nervios, y suspiré, él me iba a esperar, lo había prometido, y una promesa es una promesa.

- Tienes razón – sonreí, y él me miró pícaro.

- Mi novio también me espera en el aeropuerto, y nos iremos a su casa que no hay nadie a celebrar mi vuelta – sentí mi rostro arder, por tal confesión.

- T-Tu… Eh… Y-Yo… Esto… - balbuceé sin sentido.

- ¡Oh, vamos, Bells! ¿No me digas que tú no has hecho cosas íntimas con tu Edward? – me sonrojé al recordar mi primera vez - ¿No lo has hecho aún? – me envaré por su estúpida pregunta.

- ¡Claro que si! – apreté mis labios, cuando mis mejillas cogieron un tinte sonrojado en las mejillas – Debo agradecer a Alice a que me diera los preservativos – murmuré, sintiendo la risa de mi amigo a mi lado.

- Vamos, ¿Te gustó? – dudaba que cuando llegara a Forks, aún no se me hubiesen calmado los colores en mi cara.

Permanecí callada, con el rostro crispado.

- ¿Solo lo habéis hecho una vez? – preguntó sorprendido. Sabía su táctica de sacarme de mis casillas y contarle la verdad conforme más me enfadaba, y aunque lo supiese, ni si quiera podía pensar en ignorarle, porque sus comentarios molestosos también involucraban a Edward, y eso me enfurecía de verdad.

- ¿Cómo se te ocurre? ¡He perdido la cuenta de las veces que lo hemos echo! ¡Y la siguiente es mucho mejor que la anterior! – exclamé roja de ira y de vergüenza por lo que acababa de confesar.

- ¿Ves? ¿A qué no ha sido tan difícil? Podíamos habernos ahorrado todo este numerito – comentó, mientras señalaba a la azafata que nos miraba de manera reprobatoria.

- Te odio, que lo sepas – murmuré, enfurruñándome en mi asiento.

- Yo también te quiero – no le contesté, sin embargo, no pude seguir enfadada por mucho tiempo, sus constantes críticas a nuestras compañeras de clase, era demasiado gracioso.

Cuando aterrizamos, tuve que cogerme del brazo de Tony por seguridad, temía caerme. Él estuvo diciendo comentarios como "si tu Edward me ve, estoy muerto". Simplemente le ignoré, mi novio sabía a la perfección que Tony era… gay.

Mi maleta era de ruedas, así que podía ir perfectamente enganchada al brazo de mi amigo, sin cuidar de que mi maleta no me hiciese daño en la espalda. Busqué por aquel lugar atestado de gente a Edward, sin embargo no le veía, y el miedo volvió a controlarme.

- ¡No le veo, Tony! – dije al borde del colapso – ¡Quizá no ha venido! – mi amigo, sin decir palabra, me alejó de ese tumulto de gente, llevándome a un lugar del aeropuerto con menos personas.

- Bells, tranquila, hay mucha gente… Mira bien, seguro que aún no le has visto.

Intenté tranquilizarme, y poder encontrarle. Mi mirada buscaba con atención, reparando en cada persona, a Edward. Tony, al parecer, se había reencontrado con su novio, y estaban teniendo una bienvenida algo fuera de lo común, viendo que estamos en un lugar del público con niños delante. Alguien llamó a mis espaldas, sin embargo, no era el timbre de voz que deseaba escuchar en ese momento, pero no por eso sentí menos felicidad.

- ¡Bella! – me giré envarada, y un torbellino de cabellos negros me abrazó con efusividad.

Pasé mis brazos por su cintura y me abracé a aquel pequeño cuerpo. Cuando Alice y yo nos enfundamos en ese abrazo, sentí un alivio enorme, al menos si se acordaban de que día volvía, no obstante, sentía cierta tristeza en no haberme encontrado con quien deseaba estar.

- Edward esta trabajando… - comentó Alice, separándose levemente de mí.

Claro, él y el trabajo, pensé con acritud. Él no tenía la culpa, pero, me sentía demasiada frustrada como para tomarme las cosas con calma.

- Entiendo – bajé la mirada, apenada. Éste no era el recibimiento que había esperado.

- Bella, ¿Me esperas un momento? – fruncí el ceño – Tengo hambre, y debemos ir a por unos recados antes de ir a casa, y quiero ir con todas mis fuerzas recuperadas.

- Claro, ves, te espero aquí – me senté en los incómodos bancos de aquel sitio, y dejé reposar mi cabeza entre mis manos, mientras veía la gente abrazarse efusivamente con su pareja, novio o hijos.

¡Estúpida gente y estúpida suerte que tengo!, pensé con acidez.

Y entonces, lo vi entre medio de aquel tumulto de gente, lo vi como ángel que porta mi vida, él me miraba con su sonrisa torcida, y mi corazón se paró en ese instante. Como era costumbre cuando estaba cerca de él, mi cuerpo se levantó del asiento, y comencé a correr hacia él, poco me importaba que me cayese porque él estaba aquí. Mis ojos comenzaron a desbordar lágrimas, y en pocos segundos me encontré protegida entre los brazos de Edward.

Rodeé su cintura, escondiéndome en su pecho, sus brazos me apretujaron fuertemente contra su musculoso cuerpo, y me levantó del suelo. Estuve varios minutos sin que mis pies tocaran el suelo. El miedo que me había invadido en el avión desapareció justamente cuando lo vi, tan guapo como siempre.

Me separé de él, y apreté mis labios contra los suyos, fue un beso salvaje y dulce a la vez, se sentía tan bien poder estar contra sus labios, y contar con sus besos en todo momento, ¿Cómo había aguantado dos semanas? Podía haberme vuelto loca.

- Te he echado tanto de menos – murmuró contra mi oído, negándose a soltarme.

- Yo también, pensé que me volvería loca – susurré, aspirando su aroma, mi escasa imaginación no había ayudado mucho al recordar como olía su fragancia.

Estuvimos largo rato abrazados, hasta que un lindo carraspeó nos rompió la burbuja. Miré de soslayo para ver a Alice con mi maleta, y masticando chicle. Fruncí el ceño.

- ¿Alice por qué me has mentido? ¡Me has dicho que Edward estaba trabajando! – casi grité enfadada, y su encogimiento de hombros, me enfureció más.

- No tenía otra opción – fruncí el ceño – Es mucho más romántico no esperarlo, y de repente aparece – su risueña sonrisa, me hizo olvidar mi enfado y le correspondí el gesto.

- Alice se me adelantó robando mi Volvo, y tuve que coger un taxi – susurró muy cerca de mi oído, y luego centro su atención en Alice – Tú y yo debemos hablar sobre coger los coches de los demás.

- Lo siento, hermanito, mi querido Porche esta averiado, sino – su expresión se endureció - ¿Crees de verdad que hubiese cogido tu coche, teniendo mi preciado Porche en mis manos? – miré aterrada a Edward; una de las cosas que él odiaba era que menospreciaran y se metieran con su coche, para él, su Volvo, era muy importante.

- Alice, de esta te salvas porque Bella acaba de volver y quiero pasar a solas con ella todo el día, pero la próxima no seré tan bueno – su ceño de marfil se pobló de arrugas, mientras su hermana tenía una mueca divertida.

Oh, si, otra de las cosas que Edward también odiaba era; que se atrevieran a estropear su estado de ánimo cuando tenía pensado estar conmigo. Y eso me alegraba.

- No abuses, Edward – Alice se acercó a nosotros, arrastrando mi maleta con su pequeña mano – Bella, antes de que tu decidieras iros de viaje, me prometió una escapada al centro comercial, y así será – los dos hermanos estaban en una batalla campal de miradas, pero, en esta lucha, ya había ganador.

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- La traeré pronto, Eddie – Alice me obligó a subir al coche, sin dejarme si quiera despedirme – Vale, tu ganas, tu coche estará a salvo, ¿Contento? – el ceño de su hermano se frunció, pero ella lo ignoró olímpicamente, mientras se subía al coche, y apretaba fuerte el acelerador.

- ¿Por qué vamos al centro comercial? – pregunté atónita – Te dije que te acompañaría, pero, ¿Tenía que ser justamente ahora?

No me incomodaba la compañía de mi hermanastra, sin embargo, el estar un rato más lejos de Edward, era una carga insoportable que no me gustaría probar.

- ¡Por Dios, Bells! ¡Eres realmente despistada! – su cabeza giró en mi dirección, y encaré una ceja – Piensas de verdad que, ¿Te voy a dejar ir con tu ropa a un viaje con Edward, solos? – fruncí mis labios, pensando en mi ropa, ¿Qué tendría de malo?

- Lo encuentro una tontería… - murmuré, encogiéndome de hombros.

- ¿Tienes bikini? – preguntó con un matiz de acritud en su voz.

- Esto… - sonreí, mordiéndome la lengua con los dientes, mientras pedía disculpas con la mirada – Tengo bañador, no bikini, y dudo que me entre.

- ¡Ahí tienes tu respuesta del por qué vamos al centro comercial! – suspiré, preparándome mentalmente para lo que se me venía encima.

Derrotada, me dejé caer sobre un banco, sentía como mis pies me reclamaban por haberles echo andar más de lo debido. Alice, con su hiperactividad daba pequeños saltos delante de mí con una sonrisa bailoteando en sus labios.

- No me pienso probar un bikini en mi vida – más sabía que era mentira, cuando estuviera a solas, con Edward, en la playa, sin hermanastras adictivas a las compras, ni madres llamándote a cada rato, me pondría un bikini y cien más por estar a solas con él. Sonreí bobamente ante la idea.

- A saber en que piensas – Alice pinchó mi burbuja, y mi ceño se frunció – De acuerdo, de acuerdo, quieres llegar a casa, ducharte e irte con Edward – suspiró – Nos vamos, pero… No pienses que te has salvado de mí cuando regreses – apreté mis labios incómoda, la sola idea de volver me aterraba y aún no me había marchado.

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- Tranquilo Edward, regaré tus plantas – dijo, mientras entrelazaba su pequeña mano con la protectora de Jasper.

- No tengo plantas – su ceño se frunció conforme hablaba.

- Lo sé, lo sé – movió su mano, de lado a lado, restándole importancia – Anda, vete, Bella esta muy cansada. No creo que esta noche haya se…

- ¡Alice! – grité encolerizada dentro del coche – ¡Te estoy oyendo!

- Tranquila, era una broma – fruncí mi ceño, y me enfurruñé dentro del coche, ni que fuese una ninfómana, pensé con molestia.

Después de un rato más de disputas y batallas ganadas por parte de Alice. Edward se subió al coche, y arrancó, por fin. El viaje fue largo y silencioso, no obstante, era un silencio en el que se estaba completamente cómodo, y, poco a poco, mis ojos se fueron cerrando, hasta que me quedé dormida. Y no me desperté hasta el día siguiente.

Me estiré sintiendo todos los músculos de mi cuerpo engarrotados, reprimí un bostezo poniendo mi mano sobre mi boca. Abrí mis ojos con el ceño fruncido, intentando acomodarme a la luz del sol que entraba por la ventana. Gemí cuando, de tanto estirarme, me hice daño en la espalda. Rodé sobre la cama, y fijé mi vista en el reloj, ¿Las doce? Abrí mis ojos con incredulidad, ¿Cuánto habría pasado desde que me quedé dormida?

Y entonces, me di cuenta de que no estaba en mi cama, y sobretodo en mi casa. Me incorporé asustada, cuando recordé que me había quedado dormida, y, seguramente, Edward me habría traído hasta la cama. Miré a mi alrededor; la habitación, estaba totalmente despejada, las sábanas blancas, nuestras maletas apartadas en un rincón, la puerta cerrada, un color crema adornaba las paredes, y la ventana corrediza daba al mar, ¿Desde cuando algo podía ser tan perfecto? La puerta de mi cuarto se abrió, y lo comprendí. Todo era perfecto desde que él andaba por mi vida.

- Veo que te has despertado – musitó, y hasta entonces no me di cuenta de que entre sus manos llevaba una bandeja con bastante comida. Se me hizo la boca agua – Espero que tengas hambre… Nunca te he hecho el desayuno, así que me permitido hacer tostadas, frutas, zumo, chocolate, huevos fritos…

- Seguro que esta todo muy bueno – le animé con una sonrisa.

Me crucé de piernas, mientras él dejaba la bandeja delante de mí, y se sentaba a mi lado. Me quedé mirando la comida, tenía hambre, sin embargo, me daba pena comérmela, no porque no tuviese un pinta exquisita, sino porque la había echo él para mí.

- Sino quieres comer no comas, no te preocupes – susurró, depositando un pequeño beso en mi hombro.

- ¡No es eso! – exclamé con horror, ¿Cómo él podía pensar algo tan estúpido? No obstante, no le iba a contar por qué me daba pena comérmela, era un poco ridículo – ¿Tu no comes?

- Ya he desayunado – comentó con una sonrisa.

- No me has esperado – hice un pequeño puchero, y dejé sobresalir mi labio inferior.

- Quería verte comer, sin nada que me obligase a apartar la vista de ti – me sonrojé de sobremanera y mordí mi labio.

- Bueno, pues, que te sea un buen espectáculo – dije, mientras dejaba un casto beso en la punta de su nariz.

Comencé a picotear algo de fruta, para dejarla de banda y comer los huevos fritos que parecían gritar mi nombre, y, olvidándome por un momento de la presencia de Edward, seguí comiendo todo lo que había a mi alcance.

- ¡Uf! Estoy llena – aparté la comida, poniéndola sobre la mesita de al lado, y me tumbé en la cama, sintiéndome hinchada de tanta comida digerida.

- No tenías que comértelo todo… - murmuró atónito, echándose a mi lado, mientras acariciaba mi barriga recientemente llena.

- Es que estaba todo riquísimo – contesté, con los ojos cerrados.

- Entonces, ¿Estaremos toda la mañana aquí o iremos a la playa? – estuve tentada y decidirme por la primera opción, sin embargo, ver a Edward en bañador y mojado con el agua del mar, era una vista digna de ver.

- Cinco minutos a que digiera la comida, y me ponga el bañador – rió con su musical risa, y besó mis labios, antes de desaparecer con la bandeja, por la puerta.

Cuando me sentí más ligera, me desvestí –dándome cuenta de que llevaba la misma ropa de ayer–, me puse el bikini que Alice había comprado y la odié, esa pieza de bañador no era la que habíamos elegido en el centro comercial. Rebusqué por la maleta, encontrándome con una pequeña nota de mi hermanastra diciéndome que ese bikini me quedaría estupendamente.

Suspiré con frustración, antes de ponerme el bikini azul, con el cual, me sentía algo incómoda.

- ¿Vamos a comer en la playa? – pregunté repentinamente emocionada, al ver como Edward llevaba una bolsa de comida en su mano izquierda. Sonrió torcidamente dándome una afirmativa. Entrelacé mi mano con la suya, mientras íbamos con pasos calmados hacia la playa.

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El sol impactaba contra mi cuerpo, transmitiéndole calidez y calor, sentía mi piel irradiar, sin embargo, mis ojos se mantenían cerrados tras aquellas negras gafas, y mi cuerpo parecía no reaccionar para mover la toalla bajo la sombrilla en la cual se encontraba Edward, o eso pensaba. Un cuerpo frío y mojado se posicionó sobre mí, mientras oía la risa musical de mi novio sobre mí, sus labios atraparon los míos, y sus manos jugaban con el bikini. Sabía lo que quería –y no podía decir que no deseara lo mismo–, no obstante, estábamos en un lugar público con niños pequeños y madres chismosas.

- Ed-Edward – gemí, cuando sentí sus manos acariciar mis muslos con suma seducción. Sus dientes atraparon mi oreja, mordiéndola y dando pequeños tirones de ella – Edward… Aquí no… - suspiré, sintiendo menos fiable tanto mi cuerpo como mi mente.

- Bella – dijo su voz aparentemente tranquila a mi lado – ¿Estás despierta?

Abrí mis ojos anonada, al tiempo que me incorporaba y quitaba aquellas gafas que tapaban mi visión al sol. Sentía mi cuerpo llamar al de Edward, y pedirle que sus manos lo acariciasen con pasión, sin embargo, la cordura ganó al deseo –muy a mi pesar–, no me gustaría que Edward pensase cosas que no son.

- Creo que me voy a dar un buen baño – dije sin esperar respuesta. Me levanté con pequeños tropezones, y me sumergí en el agua helada, que en esos momentos, me sentó demasiado bien. Dejé que mi cuerpo flotara por el mar, mirando el incansable azul del cielo, donde reinaba paz y no había ni una sola nube.

Unos fuertes brazos rodearon mi cintura, y me sumergieron en el agua. Salí en busca de aire, mientras escupía agua por la boca. Busqué con la mirada al causante de mi hundimiento, sin embargo, tenía un pequeña idea de quién era. Edward se encontraba con su característica sonrisa en su rostro. Pasé mis brazos por su cuello, mientras mis piernas se entrelazaban con las suyas.

- ¿Te esta gustando el baño? – preguntó con un matiz sarcástico reluciendo en su voz.

- No esta mal, pero ahora mucho mejor que tengo compañía – atrapé sus labios con los míos, moviéndolos suavemente, sin prisas. Sentía las caricias de sus manos pasearse por mi espalda, jugando con el broche de la parte de arriba de mi bikini.

Hundí mi cabeza en su cuello, y cerré los ojos sintiendo el cálido sonido de las olas al romper en la orilla. Mis piernas se encontraban rodeando su cintura, mientras sus brazos me apretaban contra su cuerpo. Edward, de vez en cuando, dejaba castos besos en mi cuello, provocando ligeros suspiros por mi parte. Estaba demasiado relajada, para darme cuenta, en el momento en que salíamos del mar, y me tumbaba junto a Edward en una toalla ubicada bajo la sombrilla.

- Bella – abrí mis ojos, cuando él me llamó y desenredó su mano de la mía.

- ¿Mmm?

Acercó su rostro al mío, y acarició mi cabello mojado, apartándolo de mi cara.

- Tengo algo para ti – alcé una ceja, confusa – Te lo iba a dar en cuanto te viera en el aeropuerto, pero mi hermana se las arregló para estropear mi plan – frunció el ceño, mientras sus manos aguardaban una cajita rectangular – Y pensé en dártelo aquí… - la confusión e incredulidad aún estaban presentes en mi rostro – No es por ninguna fecha especial, es solo, por si te vuelves a ir… Para que sepas que yo te echaré de menos estés donde estés…

Cogí la cajita que me tendía, entre mis temblorosas manos, mi corazón iba muy acelerado dentro de mi pecho, y a duras pena logré sacar la tapa, para dar lugar a una visión espléndida de un colgante en forme de corazón con una pequeña escritura donde se veía claramente dos iniciales; E&B. Mordí mi labio inferior, mientras mi vista se nublaba a causa de las lágrimas.

- Te amo, Bella – cogió el colgante de su acomodado lugar, me apartó el pelo y lo abrochó alrededor de mi cuerpo – Te sienta bien – le miré enternecida con mis ojos repletos de lágrimas, dándome cuenta de que yo no tenía nada para él.

- Edward… Yo no tengo nada par… - puso uno de sus cálidos dedos en mis labios, y me sonrió.

- Con que estés a mi lado me basta – arició mi mejilla con suavidad, y yo sonreí tenuemente.

- Te quiero, Edward, te quiero mucho – rocé sus labios con los míos, y pude sentir su torcida sonrisa.

- Lo sé – puso sus labios sobre los míos, besándome lenta y cariñosamente.

Mi mano se instaló en su mejilla, atrayéndole hacia mí, sonrió contra mis labios, más no se quejó. Agradecí interiormente, que la poca gente que habían estado en la playa, ya se hubiesen ido, porque algo me decía que eso iba a ser más que una sesión de besos.

Fin


Aquí esta el epílogo y con esto el final del fic. En fin, espero que os haya gustado este capítulo, ya que, como ya había dicho, suelo meter la pata en estos finales, así que, lo siento si no es lo que esperábais -.-

Lo de la historia nueva que quería subir supongo que subiré primero la de "Tío Edward", aunque aún dudo sobre ésta y la de "Familia numerosa". La subiré entre la semana que viene o la otra, depende de como vaya 'Infieron Personal'.

Bueno, solo me queda decirles, que agradezco todos vuestros reviews, y apoyo a lo largo de la historia :)

¡Nos leemos pronto!

Cuidenseee :)

Marinilla14