Los personajes pertenecen única y exclusivamente a Stephenie Meyer (aunque debería robárselos por no seguir escribiendo Midnight Sun). La historia es mia, o algo así. Escribo lo que se me ocurre, pero basada un poco en los tiempos que ella establece en su historia, y en esta temporada navideña.

De entrada les deseo una Feliz Navidad.

Espero que les guste esta primera viñeta de las dos o tres que escribiré antes de Navidad.

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UNA PECULIAR MANERA DE CELEBRAR

Edward POV

Hacia menos de tres meses que Carlisle me había transformado, salvándome de la muerte. Los primeros días había permanecido conmigo, ayudándome a no salir detrás de cualquier humano que alcanzara a oler, y a controlar mis nuevas habilidades, incluida la fuerza y la capacidad de leer la mente. Luego regresó al hospital, trabajando todo el día, y sólo yendo de caza conmigo los fines de semana.

Por ello fue que me sorprendió verlo un miércoles por la mañana, muy atareado, buscando cajas en el sótano y el ático, y acarreándolas a la sala y biblioteca. Intenté leer su mente, pero estaba pensando en cómo descifrar un mural griego. Desde luego, no quería que supiera lo que pensaba.

-¿Te ayudo? –me ofrecí.

-Claro, Edward –contestó desde la sala. "Sólo permíteme dejar estas cajas y nos vamos" pensó.

-¿Irnos? Aun no tengo tanta sed, la caza puede esperar.

Carlisle se rió, y se reunió conmigo en las escaleras.

-No vamos a cazar, Edward.

Me extrañé. Carlisle me mantenía lo mas escondido posible en la casa, para evitar cualquier accidente con los humanos.

-¿Entonces? –mostré mi confusión con mi expresión.

-Tú sólo acompáñame –le restó importancia con un gesto, y fuimos a ponernos un abrigo. No es que lo necesitáramos, pero por si acaso alguien nos veía, no tendríamos que dar explicaciones por aparecer en mangas de camisa en uno de los días mas helados de la estación.

Traté de sacar algo en limpio de la mente de Carlisle, tanto misterio me confundía, pero no tuve éxito. Ahora pensaba en los años que pasó con sus amigos en Italia. Solté un bufido de impaciencia. Él sonrió.

-Lo sabrás a su tiempo.

Afuera estaba nevado, todo estaba cubierto de blanco. Supongo que de haber querido, podríamos habernos camuflajeado en la nieve, ya que nuestra piel tenia el mismo tono níveo. Seguí a Carlisle por el bosque. Fue revigorizante el sentir el aire en el rostro, agitando mi ya de por si despeinado cabello. Finalmente, al llegar a una zona poblada de pinos, que desprendían un agradable olor, nos detuvimos.

-Esta bien, Edward –anunció Carlisle, paseándose entre ellos-. Escoge el que quieras.

-¿Perdón?

-Edward, escoge el pino que quieras, para llevarlo a casa y decorarlo –repitió con gesto condescendiente.

-¿Pino? ¿Decorar? -¿de qué hablaba Carlisle?

Carlisle me miró detenidamente, descubriendo en mi rostro que de verdad no comprendía.

-¿Acaso lo olvidaste? Es Navidad, Edward. Necesitamos un árbol para la decoración –repuso al fin.

Me quedé helado. ¿Los vampiros celebran Navidad? –¡ops! Al parecer hablé en voz alta.

-Lo sé, parece algo absurdo –continuó diciéndome Carlisle, mientras seguía examinando los pinos-. Si no quieres acompañarme, esta bien. Pero me gusta celebrar esta festividad. Te he dicho que trato de mantener mi humanidad, o lo poco que queda de ella, aun en esta condición, y la celebración de la Navidad es uno de los aspectos que tengo arraigados desde mi niñez.

-No es eso, Carlisle –me aclaré la garganta-. Me gustaría celebrarla. A mi también me gusta, sólo que me pregunto cómo celebra Navidad alguien que no come pavo ni toma ponche.

Carlisle rió de nuevo, en su mente pude ver mi expresión confundida, y ni pude menos que reir yo también.

-Ya lo veras, Edward. Ahora, anda, escoge uno –con un gesto de la mano, señaló los mejores ejemplares de pino. Me decidí por uno de los que más le habían llamado la atención a mi mentor. Era un poco mas alto que nosotros, y muy ancho-. Buena elección.

Lo tomó del tronco, y con un suave tirón, lo sacó de tajo del suelo. Con cuidado cortó las raíces, hasta dejar el tronco libre.

-Vamos –llamó, y regresamos a casa.

Íbamos arrastrando el árbol, por lo que avanzamos un poco mas lento, por temor a maltratar nuestro árbol o a los otros. Ya en casa, nos dispusimos a trabajar. Pusimos unos villancicos en el tocadiscos para armonizar el ambiente navideño. Le colocamos una base al tronco del árbol, y lo colocamos en una esquina cercana a la chimenea, en la sala. Las cajas que Carlisle había acarreado en la mañana contenían los adornos y parte de la decoración. Había de todo un poco: listones antiguos, adornos de todos los países que había visitado Carlisle en los mas de 200 años que tenia de vida, y esferas bellamente elaboradas. Comenzamos a decorar la sala, aunque mas bien yo ponía los adornos dónde él me indicaba. Pronto el árbol quedó cubierto con las esferas y moños, las repisas decoradas, nuestras calcetas colgadas en la chimenea, y una gran corona inglesa en la puerta principal.

Cuando terminamos, la tarde ya estaba por caer, así que Carlisle encendió la chimenea, acercamos nuestros sofás al fuego, y me senté. Carlisle buscó unas cuantas cosas más, apagó el tocadiscos y tomó asiento.

-Bien, Edward, te mostraré cómo celebro la navidad –abrió un libro que se trajo de la biblioteca. Olía a viejo-. Me gusta leer "Cuento de Navidad". Ya me lo sé de memoria, pero aun así, cada Navidad tomo el libro del estante y lo leo. Siempre he estado solo, a excepción del tiempo que pasé con mis amigos los Vulturi, y usualmente lo leo en silencio. Sin embargo, hoy estas aquí, así que lo leeré en voz alta, y si así lo deseas, podrás ayudarme en algunos pasajes…

-Claro –asentí. Me llamaba la atención la lectura de este libro. A pesar de que estuvo en mi casa siempre, y que mamá se refería a él constantemente en esta época, yo nunca lo había leído. Sabia de qué era la historia, de qué trataba, pero yo nunca había tomado el libro en mis manos.

-Entonces, comienzo –se acomodó en el sofá, subiendo el tobillo izquierdo en la rodilla derecha, sosteniendo el libro a una distancia confortable, se aclaró la garganta, y empezó la lectura, con un marcado acento londinense, que a pesar del tiempo no había olvidado, dándole cierta calidez a la historia. Me relajé, y me sumergí en la historia.

Leí algunos pasajes, aunque la magia se rompía por mi acento americano, y así nos fuimos turnando hasta que la historia terminó.

Carlisle suspiró, satisfecho, al cerrar el libro.

-Magnifico –susurró mientras se arrellanó más en el sofá. "Cómo me encanta esta historia" pensó.

-A mi también me gusta, y mas ahora que sé mejor de qué trata –comenté.

-Veras, es que yo me siento un tanto identificad con el personaje, con Mr. Scrooge.

Me reí, y él también.

-¿Qué acaso eres un avaro codicioso?

-No, no. Dios me libre de serlo. Una de las ventajas que poseo en esta condición –explicó-, es que puedo acumular dinero son tener que gastarlo, y poco a poco pierde importancia para mi. Pero me gusta guardarlo para cuando se llegue el caso, ayudar a las personas que lo necesiten. Me gusta ayudar.

-Entonces, ¿por qué te sientes identificado con Mr. Scrooge?

-Como leíste, a él lo visitan los espiritus de las Navidades pasadas, presentes y futuras, y es capaz de verlas por si mismo. Soy… somos –se corrigió- seres inmortales, y para nosotros es fácil recordar vívidamente nuestras navidades pasadas, ya sean de hace un año, décadas atrás, o en mi caso, siglos pasados; luego vivimos las Navidades presentes. Y en un futuro podremis vivir las Navidades venideras como si fuera lo mas normal del mundo. Para nosotros en tiempo no pasa, nosotros pasamos por el tiempo.

"En esa noche, Mr. Scrooge puede ver esas navidades, y darse cuenta de cómo ha sido, qué ha perdido, y qué puede perder. Nosotros vemos qué hemos sido, vemos qué hemos perdido, y no solamente lo nuestro, sino lo de las personas que nos rodean. Podrá decirse que la inmortalidad es una bendición, y en ciertos aspectos puede que lo sea, pero no es grato ver cómo todo se va perdiendo, ver cómo la humanidad de destruye poco a poco, y sobre todo, ver cómo las personas a las que llegas a estimar, mueren.

"Mr. Scrooge recibe esa oportunidad, y decide cambiar para bien. Nosotros hemos recibido la inmortalidad, y podemos escoger vivirla lo mejor posible, ayudando a quien podamos, y tratando de hacer un mejor lugar para los que vienen, ya que nosotros mismos veremos el resultado.

Me quedé impresionado. Carlisle de verdad que era sabio, y sensible. No era para nada como yo me imaginaba a las míticas criaturas de la oscuridad, y pensaba de una forma muy distinta a la que yo a veces hacia. Él tenia razón, como siempre, al pensar de esa forma, y en cierta manera, estaba agradecido de estar con él.

-Vaya… -pude decir al fin-, estoy asombrado.

Carlisle rió, divertido.

-Espero que algún día puedas verlo como yo lo veo, Edward.

-Trataré –repuse.

Me quedé cavilando en ello, con la mirada perdida en el fuego de la chimenea. Sentí que Carlisle se levantó y salió de la estancia. No puse atención a su mente, pero oí por ahí algunos cantos en latín. Un rato después regresó, y se colocó de pie al lado mío. Levanté la mirada, y vi que traía un paquete en las manos.

Sonrió algo apenado.

-Edward, parte de la celebración de Navidad es entregar obsequios, y que es tu primera navidad conmigo, como mi "hermano", tengo un pequeño presente para ti –me extendió el paquete.

-No era necesario, Carlisle.

-Aun así, insisto.

Tomé el paquete y lo abrí. Era un elegante reloj de bolsillo, de manufactura suiza, de oro, junto con una cadena del mismo metal precioso.

-Gracias, Carlisle –lo miré.

-De nada, Edward. ¡Feliz Navidad! –sonrió, y tomó asiento de nuevo.

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¡Saludos!