ROMPIENDO LA DISTANCIA

by Tita Calderón

CAPITULO II

Habían pasado un par de semanas desde mi primera presentación y ahora tenía que llegar al teatro con gorro y gafas ya que siempre había gente merodeando por los alrededores buscando hablar con los actores y en especial conmigo.

Siempre dejaba mi auto en la parte trasera para no llamar la atención, aunque de vez en cuando me topaba con una que otra admiradora que demoraba mi entrada al teatro solicitándome autógrafos o felicitándome por la actuación e incluso pidiéndome la dirección de mi casa para escribirme, por lo que trataba de llegar antes que todos y algo disfrazado para evitar que me reconocieran.

Al tratar de entrar en mi camerino me encontré con la señora de la limpieza que salía de ahí; que bueno que no llegué antes porque era algo incomodo estar con ella mirándome de pies a cabeza mientras hacía la limpieza, como si tratara de limpiarme a mí también.

-Buenas tardes, joven Grandchester

-Buenas tardes señora Laura – conteste de inmediato

-Me permití cambiar de agua a las flores. Y a poner un poco de orden en su camerino, hoy me he demorado más que otros días – comentó a toda velocidad

¿Y a esta que le pasa? ¿flores?... Seguro debía haberse dado un golpe en la cabeza mientras limpiaba. Terminé con un rápido asentimiento de cabeza su singular conversación y procedí a cerrar la puerta. Me sentí a salvo. Al cerrar la puerta percibí un inusual olor a rosas que inundaba el pequeño lugar, voltee despacio y me encontré con 4 arreglos florares de todos los tamaños y colores

-¿Y esto?

¿Por qué había flores en mi camerino? Yo no era una dama y tener flores me hacía sentir incómodo. Recorrí cada arreglo florar con desconfianza y una relativa lentitud. A lo mejor era una broma, ¿pero de quién?, luego pensé que a lo mejor era alguna ocurrencia del director de poner flores en los camerinos, ahora entendía a que se refería la señora Laura.

Me acerqué dudoso al ramo que estaba más cerca, era un hermoso arreglo de flores rojas, sin duda esto significaba pasión. Tenía un lazo y una pequeña tarjeta, me acerqué con cautela para leer lo que decía sin dañarla, en ese momento, supuse que a lo mejor se equivocaron de camerino, pero no, al leer detenidamente la tarjeta tuve dos reacciones instantáneas: la primera de asombro y la segunda de incredulidad.

La tarjeta estaba dirigida a mí y lo que ahí decía era muy…muy halagador, y también provocativo, sí, eso era lo que significaba esos labios impresos con carmín junto a la firma de una tal Amanda. Una risita de displicencia se dibujo por segundos en mi cara, fruncí los labios sin saber cómo reaccionar ante esto.

El siguiente ramo de flores eran rosas blancas y al igual que el anterior, estaba dirigido a mí, su rúbrica era más estudiada y su contenido igual de halagador. La persona que firmaba era Rosalie Fraghasimpson, "aquí si había puesto el apellido" pensé sin saber bien, si las mujeres deberían poner o no su apellido cuando regalaban flores a un caballero, pero si lo pensaba mejor…nunca había sabido que las mujeres regalaran flores…

Moví la cabeza varias veces y me encaminé hacia el otro ramo que estaba al otro lado del camerino, este tenía combinado varios tipos de flores y sin duda era el más grande, lo que me sorprendió es que no solo era una tarjeta de felicitación como las anteriores sino también incluía una invitación para cenar, en nada más y nada menos que la casa del alcalde dentro de una semana, era su hija.

-¡Demonios¡ ¡Y ahora como me iba a librar de esto?

Estaba a punto de virar el rostro cuando me percaté del último arreglo florar, sin duda era el más pequeño comparado con los otros pero igual de hermoso. Este tenía en el centro dos flores amarillas. La tarjeta me dejó con los ojos abiertos como platos era …como lo diría…empalagosa, si eso era, muy empalagosa y era de una tal Delia Mederick, además aseguraba que estaría en la presentación de esta noche sentada en primera fila y con un "vestido rojo muy sugerente".

Sonreí resignado, como si pudiera verla, tal vez no sabía que desde el escenario apenas se distinguían a las personas y peor a los vestidos.

Decidí leer mi libreto, al acercarme a tomarlo me percaté que ahí había un regalo, era una caja rectangular. Tomé la tarjeta que llevaba y luego de leer la breve declaración de amor que allí figuraba de una tal Noelia, decidí abrir el regalo.

Era una caja de chocolates. Sonreí al mirar el contenido y decidí que este regalo lo compartiría con la persona más golosa que conocía…Candy. Ya me imaginaba su cara: primero de enojo al saber que me había dado una admiradora, luego se haría la indiferente y por último se atragantaría hasta el último chocolate, jajaja reí tan solo de imaginarme esta escena, "bonito detalle de…como se llamaba…ah sí, Noelia" pensé, "además de rico".

Salí del camerino luego de que me avisaron que el director quería hablar con todos los actores antes de que empezara la obra.

Mientras caminaba, me encontré con James, que hacia el papel del Conde de Kent y Susana que tenía su típica sonrisa hasta las orejas cada vez que la encontraba, pero en realidad me daba igual si sonreía o si lloraba, nada de ella me interesaba e incluso me caía un poco mal en especial desde que me enteré que ella había sido la que no había dejado pasar a Candy cuando había ido a buscarme en el teatro.

-Hola Terry – saludaron casi al unísono los dos

-Susana, James – dije a manera de saludo

-¿Qué tal los regalos, eh? – preguntó James con diversión

-¿A que te refieres? – pregunté en tono serio

-Pues a las flores que recibiste, por supuesto.

-Están bien – contesté con desinterés

-Solo los mejores actores reciben flores de sus fans, es un detalle muy bonito-aseguró Susana

-No lo sabía. – respondí con franqueza

-Pues si amigo, solo que ahora debes de tener cuidado con Karen que anda echando chispas porque a ti te llegaron más flores que a ella, jajaja – bromeó de buena gana.

-Bueno, con su permiso – dije secamente.

Mientras me alejaba pude escuchar como hablaban de mí.

-Oye, Terry es un poco raro – afirmó James a Susana

-No, no lo es – contestó Susana en mi defensa, bueno que puedo decir a veces hacía meritos para tratar de caerme bien.

-Seguro que sí, casi no habla con nadie, me pregunto si tendrá amigos

-Claro que si, yo soy su amiga

Aceleré el paso, me valía un rábano lo que ellos dijeran o dejaran de decir de mi, tenía cosas más importantes que hacer.

El director nos reunió para darnos indicaciones rutinarias ya que todos estábamos más habituados al escenario y por ende era más fácil actuar. Al final añadió.

Bueno señores eso es todo y recuerden que todos hemos sido invitados a la casa del Alcalde, y la invitación no incluye a sus parejas es solo para los actores.

Un murmullo invadió el espacio entre comentarios emocionados y otros no tanto, sobre todo por no poder ir acompañados. Yo por mi parte, me sentí aliviado de no ser el único invitado, pero lo que no sabía era que solo a mí, la hija del alcalde había enviado flores.

Estábamos dispersándonos poco a poco cuando alguien trajo un diario en el que habían hecho críticas sobre la obra, y también hablaban sobre mi actuación:

"Terruce Grandchester la nueva promesa del teatro"

Los que no habían leído se acercaron con más interés, mientras otros me miraban con diferentes gestos que iban desde la aprobación hasta la envidia porque yo era nuevo y mi foto aunque pequeña habían encabezado los titulares de los diarios de Nueva York.

Los titulares de los periódicos incentivaron a todos los actores y en especial a mí, por lo que todos actuamos con más entrega haciendo que las funciones fueran un éxito total, como siempre los aplausos llenaron los rincones del teatro mientras yo sentía fluir la adrenalina a tal velocidad que me hacía estremecer en mis adentros.

Un reportero se acercó entre vestidores para pedirme una entrevista, era mi primera entrevista y me sentía algo incomodo, pero en ese momento Robert apareció como un ángel caído del cielo y al reportero le pareció mejor entrevistarnos a los dos. Primero entrevistó a Robert, por lo que estuve muy atento en todo momento para captar todo lo que él decía como referencia cuando me tocara el turno.

Al principio la entrevista era sobre la obra y sobre mi apreciación de la misma, pero poco a poco intentó irse metiendo en mi vida, preguntándome cosas como los nombres de mis padres, sobre mis gustos y por último si tenía novia. Ninguna de esas preguntas contesté, que se creía este metido, ¿que mi vida era pública?, estaba muy equivocado si pensaba que yo era un hueso fácil de roer, lo último que escuché antes de levantarme de mi asiento y alejarme de él fue:

-Pero Sr. Grandchester, al público le interesa todo sobre usted, no puede esconderse toda la vida, ahora es un personaje público tarde o temprano tendrá que hablar.

¡Plaff! Cerré la puerta de un solo golpe, poco me importaba la gente que opina y se mete en la vida de los demás.

Al girar tratando de contener la ira me di cuenta que las flores se habían multiplicado, aminorando el espacio por el que podía caminar, recorrí con asombro el pequeño espacio de mi camerino y vi que ahora además había una cantidad de cartas sobre el buró. Ignoré por completo los arreglos florales y tome las cartas en mis manos, ningún remitente era conocido, pero todos eran dirigidos a mí.

Abrí la primera carta con cierta curiosidad pero casi no pude terminar de leerla, era una declaración de amor, la doblé y la dejé en el mismo lugar.

Leí la siguiente y era bastante parecida. La siguiente era una invitación a conocer a un vieja de no se donde y que según ella se podría en dinero, esto era demasiado, ojee el resto de cartas rápidamente y todas tenían la misma connotación, invitaciones a desayunos, almuerzos, cenas, al parque, a chalets, a bailes.

-¿Qué era todo esto?

Sentía cosas contradictorias, por una parte me alagaban estos detalles y por otro me desconcertaban…y ni que decir si una de estas cartas llegara a caer en manos de Candy…me comería vivo o tal vez se mataría de la risa…

Pero luego supe que esto no era nada comparado con lo que me esperaba a la salida del teatro.

Me cambié rápidamente y salí con un ramo de flores que estaba estorbando mi paso desde el inicio, estaba dispuesto a ponerlas en el pasillo, pero justo en ese momento me encontré con Karen.

-Por lo visto te llegaron más flores – habló con cierta ironía en su voz

-Así parece.

-¿Qué vas hacer con tantas flores? – preguntó luego de dar un vistazo a mi camerino atestado de arreglos florales

-Las iba a retirar de mi camino- contesté con desinterés

-Este.. Terry…me preguntaba- Karen habló entre susurros y visiblemente nerviosa, algo raro en ella.

-¿?- esperé pacientemente, lo que se estaba tramando

-Bueno, como tú no las quieres…¿podría llevármelas a mi camerino? - preguntó entre susurros y mirando hacia todos los lados cerciorándose que no hubiera nadie cerca

-Claro

-Pero… ¿podrías guardarme el secreto? – habló casi en mi oreja

-¿Quieres que crean que te las enviaron a ti?- dije con mofa

-…- no dijo nada, solo se limitó a enrojecerse

-Trato hecho – confirmé con complicidad

-Gracias, te debo una.

Tomé dos arreglos y los fui a dejar en su camerino que se encontraba alado del mío, mientras ella se fijaba que no hubiera nadie en los alrededores, hice varios viajes para llenar su camerino de flores. Karen solo se limitaba a leerme las tarjetas entre risitas nerviosas, por si alguna me interesaba, pero como ninguna tuvo acogida, las iba rompiendo en mil pedazos para que nadie se enterara del engaño.

Al salir de su camerino me encontré que Susana estaba tocando la puerta del mío, y al percatarse de la dirección en la que venía su rostro se volvió duro, porque su entrecejo se arrugó notablemente.

-¿De dónde vienes Terry? – me preguntó con cierto tono en su voz que me pareció que lo que quería era una explicación

-¿Necesitabas algo Susana? – pregunté como si no hubiera escuchado su pregunta.

-¿Estabas en el camerino de Karen? – ignoró mi pregunta, y me lanzó otra con cara de pocos amigos.

-Si, ¿Tienes algún problema con eso? – la reté con desprecio, realmente me estaba empezando a exasperar.

Pero me sorprendió ver como sus ojos se iban llenando de agua, parecía que iba a llorar, quise preguntarle, si sentía mal, pero justo en ese momento Karen inició su actuación.

-Hola, Susy – saludó melosa Karen - Terry estaba echando un vistazo a mi camerino, porque no hay donde poner un pie.

-¿Ah si? ¿Y por qué? – preguntó Susana con una cara indescifrable

-Me han llegado tantas flores que no sé donde las voy a poner.

-¿En serio? – preguntó Susana con desconfianza

-Si, ¿verdad Terry?

En ese momento me di cuenta de la rivalidad que tenían esas dos. Susana fue a cerciorarse con sus propios ojos lo dicho por Karen mientras otras actrices se acercaban curiosas por la afirmación que acababa de hacer Karen a los cuatro vientos. Me limité a sonreír, seguramente ella se merecía un premio por actuar ante otras actrices, las engañó a todas. Aproveché esos momentos de distracción para librarme de Susana. Tomé una flor de los pocos arreglos que quedaron en mi camerino para mi pecosa.

Salí por la puerta trasera, quise ponerme el gorro y las gafas pero deseché la idea de inmediato pues ya era tarde. Al salir noté cierto bullicio en las cercanías, no presté atención, simplemente me subí en el auto y arranqué despacio, giré para tomar la calle principal y cual fue mi sorpresa al encontrarme con un grupo bastante grande de mujeres que estaban en los alrededores del teatro, pensé que algo debió haber pasado, y desaceleré un poco más el auto. En ese momento una de ellas se percató que era yo el del auto y gritó a todo pulmón

-¡Ahí esta! ¡ Es Terruce!

Y todo eso se volvió un griterío, me invadió el pánico y aceleré lo más que pude mi auto, algunas trataron de alcanzar al coche, pero bastó un par de segundos para dejar atrás esos gritos.

-¡fuffff! – respiré aliviado y contento por generar demencia masiva.

Miré por el retrovisor varias veces para cerciorarme que nadie me seguía y empecé a desacelerar, definitivamente fue una mala idea no ponerme el gorro pero ahora ya no valía la pena hacerlo, así que nuevamente deseché la idea pues me hacia un poco de calor, efecto del susto seguramente.

Tenía hambre, parqueé el auto cerca de un restaurante en el que solía cenar luego de las funciones, estaba un poco más lleno de lo habitual.

El camarero se acercó más rápido de lo usual, y me saludó con demasiada cortesía.

-Buenas noches Sr. Grandchester, ¿qué le sirvo?

Estaba seguro que nunca le había dicho mi nombre, revisé el menú rápidamente y ordené lo habitual, no dejaba de sentirme incómodo, de pronto me di cuenta que tenía sobre mi, varios ojos, unos me miraban con admiración, otros con timidez pero todos con mucho, mejor dicho, con demasiado interés, bajé la mirada y me volví arrepentir de inmediato por no haberme puesto por lo menos el gorro y entonces empezaron los murmullos.

-Te dije que él venía a cenar aquí – decía una voz femenina algo chillona y madura

-Míralo es guapísimo – aseguró otra voz femenina algo ronca pero más juvenil, mientras yo sonreía complacido para mis adentros

-No lo puedo creer, es él, Terruce Grandchester – confirmaba alguien desde mis espaldas

-¿Le escuchaste la voz? Es tan…varonil - aseguró otra voz entre suspiros, nuevamente volví a sonreír en mi fuero interno

-¿Pudiste escuchar que fue lo que ordenó? – comentó otra persona

-Viste como cogió la carta

-Te fijaste como se movió su pelo

Sentí como el hambre se me iba yendo con cada comentario que escuchaba, pensé en salir corriendo, pero eso no haría un caballero inglés. Quise cambiar mi orden por un café, pero era tarde cuando intenté alzar la mano, el camarero ya se encontraba sirviéndome la cena, nunca me había sentido tan incómodo.

Tomé los cubiertos e intenté llevarme el primer bocado a la boca, "mientras más rápido coma, más rápido podré salir de aquí", pero cual fue mi sorpresa cuando una pareja se paró justo frente a mí, para saludarme y felicitarme por mi actuación.

Bebí un poco de agua y ni siquiera pude terminar de tragar el líquido vital, porque me encontré rodeado de varias personas, casi todas hablaban al mismo tiempo. Me paré entre fingidas e incómodas sonrisas, puse el dinero en la mesa y salí de ahí lo más rápido que pude entre ligeras venias y apretones de manos a una decena de personas que me trataban como si fuera amigo suyo.

Esto de ser actor me provocaba sensaciones encontradas, por un lado me agradaba que el público aplaudiera mi actuación y que la gente me reconociera, pero por el otro lado, era más incómodo de lo que había imaginado, sobre todo el perder ese anonimato del que disfrutaba al caminar por las calles o entrar a un restaurante, ahora entendía a mi madre que siempre trataba de mantenerse alejada de los lugares públicos.

Trajes suntuosos, deslumbrantes joyas, bebidas por doquier, música invadiendo cada rincón, risas, conversaciones sin sentido, todo mezclado en un solo lugar: la casa del alcalde.

Tomé una copa, ni siquiera sabía lo que contenía, seguro era el más fino de los licores, pero ni siquiera me apetecía probarlo, ¿para que? ¿Qué sentido tenía?, todo era tan vano, tan superficial, no me encontraba a gusto entre tanta gente "rica", siempre había sido así, desde pequeño odié el despliegue de vanidad, el desfile de hipocresía, la congregación de frivolidad que solo se da en las fiestas de la alta sociedad, y sin duda este era el lugar exacto para encontrar todo aquello que despreciaba.

¿Pero que hacía yo aquí?, ¿cómo demonios vine a caer en lo mismo?, yo solo quería ser actor…más nunca me detuve a pensar que con esto también venía ligado los compromisos sociales, que tanto odiaba. Siempre me pregunté: ¿Por qué desperdiciar tanto dinero en alimentar a burgueses que se podrían en plata o al menos eso aparentaban, habiendo tanta gente que se moría de hambre? Nunca entendí la razón, ni la entenderé.

Caminé un poco, tratando de alejarme como siempre de la gente, quería encontrar la salida… apenas acababa de llegar y ya quería salir corriendo, que contradictorio podía sentirme en segundos, respiré profundamente tratando de encontrar una razón, tan solo una, para quedarme…no la había. Alcé la vista para buscar la puerta, y encontré un par de ojos negros que me miraban con interés mientras una sonrisa presumida se dibujaba en sus labios, correspondí casi sin interés, tratando de evadirla pero la curvilínea figura ya se encontraba frente a mí.

-Terruce Grandchester. Es realmente un placer conocerlo.

Dijo sensualmente la mujer que se encontraba frente a mí con un escote de vértigo.

-Me llamo Delia….Mederik

Se presentó al ver mi cara de interrogación a la vez que extendía su mano para que le besara.

-Es un placer Srta. Mederik

-Llámame Delia, por favor…Terruce ¿o debo decirte Terry?

-Terruce esta bien. – contesté con desconfianza, estaba seguro que había oído antes su nombre, pero no sabía de donde.

-Sabías que he estado en todas tus presentaciones en primera fila y nunca me has regalado una mirada.

-Lo siento.

-No te disculpes, no es un reproche.

-"Vaya, vaya que mujer más resuelta" pensé, mientras trataba nuevamente de buscar mi objetivo, "la puerta".

-¿Estás buscando a alguien? – preguntó con voz melosa

Primero pensé en decirle que no era de su incumbencia, pero eso no era muy cortés, no era culpa suya que yo no me encontrara a gusto.

-Puedo ayudarte

No era una pregunta y su voz era aun más melosa, la miré tratando de encontrar la manera correcta de dehesárseme de ella y pude ver que era una mujer muy hermosa, con grandes ojos negros, y pelo del color de la noche, pero lamentablemente no era mi tipo. Por unos segundos se me pasó por la mente que sería fácil conducirla al jardín y conseguir de ella lo que todo hombre desea…eso solía hacer antes…antes de conocer a…no pude continuar con mi pensamiento porque otra persona acababa de abordarnos.

-Señor Grandchester, por lo visto ya conoció a mi amiga Delia.

Era la hija del acalde, una muchacha no muy agraciada, pero de educación refinada.

-Si, así es. Me acabo de presentar - contesto Delia mientras me sonreía de una manera triunfal.

Esas dos mujeres me enfrascaron en una conversación que no tenía ni pies ni cabeza, lo único que deseaba era alejarme. Estaba a punto de desquiciarme cuando una voz conocida vino de atrás.

-Terry, pensé que aun no llegabas. – la manera en la que dijo esto era demandante, como si yo hubiera tenido que avisarle que había llegado.

-Hola Susana- respondí con un cierto aire de alivio mezclado con irritación.

La llegada de Susana fue la excusa perfecta para alejarme. A mi paso me tope con otras conversaciones igual de aburridas.

Lo peor fue la cena, junto a mi se sentó la hija del alcalde, que ciertamente tenía una conversación interesante, pero que contradictoriamente me cansaba, no hice más que contestar entre monosílabos y varios asentimientos de cabeza.

De cuando en cuando miraba a mi alrededor tratando de ver algo más interesante, pero solo me encontré con varios pares de ojos mirándome unos osadamente, otros tímidamente, otros coquetamente como los de la tal Delia y otros hasta ¿enojados? como los de Susana. Seguramente la señora que tenía a lado le había dicho algo grosero porque su ceño estaba fruncido. Pobre, la compadecí, por lo menos la hija del alcalde era muy educada y atenta.

Robert estaba tan inmiscuido en una conversación que por poco y hablaba con la boca llena.

James estaba coqueteando abiertamente con una mujer que podría ser su madre y Karen estaba en su auge rodeada de un par de hombres que se la comían con los ojos, de pronto me encontré con un par de ojos ¡verdes!, que me miraban con cautela, mi corazón dejó de latir por instantes, me fijé bien y mi corazón recuperó su golpeteo habitual, no era mi pecosa. Le sonreí amablemente porque había traído a mi mente a mi estrella de la mañana. La muchacha se sonrojo y bajo rápidamente la mirada.

Entonces mi mente empezó a vagar hace un par de días atrás…cuando Candy me sorprendió esperándola con una flor escondida detrás de mí.

"...Estaba esperando a que saliera por la puerta delantera como siempre, pero de pronto una voz gritó por detrás asustándome

-¡Terruce Grandchester! ¡¿Qué escondes?

Ese grito me había recordado a la hermana Grey, casi me mata del susto. Tenía ganas de estrangularla por asustarme.

-Candice – dije en tono molesto

-Jajaja ¿te asusté? Lo siento jajaja

-…- no dije nada solo la mire con desaprobación, quería…

-¿Estás enojado? – preguntó tratando de aguantarse la risa, pero era imposible cada segundo reía mas y mas.

-…- seguí sin responder, este susto me las pagaría, pero… ¿por qué esperar? Ahora era justo el momento de mi venganza iba a simular un ataque cardiaco, por algo era un actor ¿verdad?

Empecé abrir mis ojos poco a poco como si un dolor me estuviera invadiendo y llevé mi mano al pecho, pude ver como su rostro rápidamente cambiaba de la risa al pánico. Pensé en parar ahí la broma pero mi corazón aun no se sosegaba del susto. Entonces me agaché como si no resistiera del dolor.

-T...Terry, ¿qué te pasa?- su voz estaba al borde del llanto.

Por fin me aplaqué, giré despacio con una sonrisa burlona abarcando toda mi cara, para encontrarme con sus ojos llenos de angustia para luego convertirse en llamaradas de cólera. Nos miramos por unos instantes tratando de ganar en miradas furibundas hasta que tomé la palabra antes que ella dijera nada:

-Tu empezaste – le señale con desquite

-Eso no es gracioso, Terry, con eso no se juega. Justo hoy murió un señor en mis brazos de un ataque cardiaco- dijo esto mientras se llevaba las manos a la cara. Me sentí tan mal pero yo no sabía eso

-Lo siento yo…yo no tenía idea de eso- le dije con arrepentimiento tomándola por los hombros para consolarla.

-Jajaja, te engañé, jajaja- se partió de la risa.

Solo demoré un latido del corazón en entender que había estado jugando conmigo, esta vez había ganado. Pero las cosas no se quedarían así.

-Pecosa condenada me las vas a pagar. – le amencé

Fue lo único que alcancé a decir antes de que ella se lanzara en una carrera sin fin. Los dos corríamos como locos por las calles de Nueva York.

Al principio estaba realmente enojado pero luego de correr un par de cuadras mi objetivo era solo alcanzarla, era rápida.

Estaba a punto de alcanzarla pero justo se cruzó una señora en mi camino y ella me aventajó. No sé cuanto seguimos corriendo y esquivando gente como un par de niños, pero pude alcanzarla justo cuando intentaba subir a un árbol.

Estábamos tan cansados que las risas eran jadeos por la carrera, ya ni siquiera me acordaba el motivo de su huida. Al dar una rápida mirada me di cuenta que estábamos en un parque. Tomé su mano y nos sentamos en la hierba, aun no parábamos de reír…"

-¡Salud!

Fue esta palabra que repetían todos en coro la que me volvió a la realidad, estábamos brindando por algo, pero no tenía la mas mínima idea de que se trataba porque me había perdido todo, había estado en otro mundo, en del Candy y mío.

La música empezó a llenar los rincones, lo anfitriones iniciaron el baile, poco a poco se fueron uniendo más parejas, pude ver como varios compañeros actores estaban disfrutando del baile.

Tenía mucha sed, quería buscar un vaso de agua, al fondo pude ver que estaban sirviendo bebidas, así que me acerque rápidamente para saciar mi sed; sobre mi hombro pude sentir varios ojos siguiéndome, seguramente era la sed.

Iba por el segundo vaso de agua, cuando pude darme cuenta que había varias chicas merodeando cerca de ahí, como quien no quiere la cosa, a unos pasos se encontraba James, quien al verme se acerco enseguida.

-¿Qué tal la fiesta, eh? – preguntó emocionado

-Bien

-El alcalde si que sabe divertirse

-Eso parece

-¿Y cual va hacer la afortunada? – preguntó con cierta malicia

-¿Afortunada? – no tenía idea lo que quería decir

-Ves todas esas chicas- habló con cautela y bajando notablemente la voz – Todas quieren bailar contigo compañero – dio un giro mientras señalaba con la quijada pero en su voz había algo de diversión perversa.

Lo miré arqueando una ceja tratando de ver sus intenciones.

-No estoy interesado, son todas tuyas.

Contesté secamente, el quiso decirme algo pero fuimos interrumpidos por Susana

-¿Y ustedes no bailan? – preguntó Susana mirándome

-Justo estábamos hablando de eso – respondió James

-Esta melodía es muy bonita – aseguró Susana con cierto rubor en sus mejillas y bajando su mirada con recelo

James me miró con ojos divertidos y me hizo una señal con la mirada que iba desde Susana hacia la pista de baile. Sabía lo que quería decirme pero yo no quería bailar con nadie.

-James, deja de ser descortés y atiende la petición de la dama- dije con toda intención de echarle el muerto.

Los ojos de James eran de confusión, solo pudo invitar cortésmente a Susana a bailar mientras ella me miraba con ojos inescrutables. Me reí para mis adentros y escapé hacia uno de los balcones.

Apoyé los antebrazos en la baranda y vi como las estrellas titilaban en la oscuridad, la brisa era fresca y movía mi melena hacia atrás.

¿Que estaría haciendo mi pecosa en este momento?

La oscuridad hizo que mi mente recordara la cara que había puesto cuando le di la caja de chocolates que había recibido de una admiradora.

" - Te traje esto- le di la caja de chocolates

- Gracias – dijo toda emocionada - ¿Los compraste para mí?

Era la pregunta equivocada pero igual se la iba a contestar con sinceridad.

-No exactamente

-¿Que quieres decir con eso? – preguntó abriendo la caja

-No los compré yo precisamente…sino me los regalaron

-¿Quién? – se detuvo antes de tomar un chocolate

-Supongo que una admiradora – respondí con naturalidad

-¿UNA ADMIRADORA? – estaba enfadada porque cerró la caja

-Si, eso creo, me lo dejaron en el camerino con una nota

-¿Y que decía la nota?

-No me acuerdo, Candy

-Toma – me devolvió la caja

-¿Qué haces?

-No quiero esto, no era para mi, sino para ti, "de una admiradora" – había tristeza y enfado en su voz sobre todo al pronunciar la última palabra

-Pero te lo estoy danto a ti, así que ahora es tuyo – empujé la caja hacia donde ella

-No quiero – empujó la caja hacia mí, definitivamente estaba celosa

-Si quieres – volví a empujarla hacia ella

-No – trató de empujar nuevamente la caja hacia mí pero no se lo permití. Los dos forcejeábamos por ver quien se quedaba con la caja.

-Te lo estoy danto a ti.

-Pero no lo quiero

La miré fijamente, realmente podía ser muy testaruda, pero yo lo era aún más.

-Está bien si no los quieres, me los tendré que comer, yo solo. - sentencié

Abrí la caja, tomé un chocolate, se lo puse cerca de su nariz y me lo llevé a la boca para saborearlo despacio, cerrando los ojos, realmente estaba rico.

-Ummm, delicioso

Observé como tragaba saliva, solo era cuestión de minutos para que probara un chocolate. Tomé otro chocolate y continué con mi ritual.

-Mmm, realmente sabe bien. Que pena que no quieras probar.

-Bueno…yo creo… que tal vez uno solo…- vaciló mucho antes de admitir que tenía ganas de un chocolate

-Mmmm…no… tu dijiste que no querías – ya estaba cantando victoria

-No seas malo, déjame probar solo uno

-Mm...mm – dije negando con la cabeza

-Por favor

-Solo uno – repliqué autoritario

Bastó una probadita para que se acabara la caja en cuestión de minutos, era una golosa, sabía que no podía resistir por mucho tiempo a la tentación…"

-¿Por qué tan solo? – esa voz melosa me hizo darme cuenta que seguía en el balcón, la había escuchado antes, estaba seguro

Regresé a ver lentamente y ahí estaba Delia con una copa en su mano y la otra en la cintura en una pose definitivamente insinuante.

-Hay muchas chicas que se mueren por bailar contigo esta noche.

-¿Y entre ellas estás tú? – pregunté con cierta malicia en la mirada

-Puede ser, todo depende – su dedo recorría el filo de la copa de forma provocativa

-¿De que depende? – quería ver hasta donde quería llegar

-De muchas cosas…

-¿Muchas cosas? – levanté una ceja - ¿Por ejemplo?

-Como por ejemplo de cuan interesado estés…en mi

Un viento frío acarició mi mejilla, y no se por qué el olor del Mauritana vino a mi nariz, realmente la mujer que tenía frente a mi era una tentación para cualquier hombre, pero no para alguien que tenía ya ocupado el corazón como lo tenía yo.

-Tu novia te está buscando…algo…desesperada – pronunció cada palabra con censura

-¿Mi novia? – pregunté sin entender a que o a quien se refería, ¿a caso conocía a Candy?

-Susana Malrow, ese es su nombre ¿verdad? – su mirada se enfocó en el salón donde Susana se encontraba.

-Susana, no es mi novia – contesté secamente, esta conversación estaba fastidiándome

-¿No? – preguntó incrédula

-No – aseguré

-Pero…actúa como si lo fuera – habló con ironía

-Problema de ella – afirmé con la ira contenida

Levanté los ojos sobre sus hombros unos cuantos segundos y sonreí porque supe que era el momento de marcharme, nada me retenía ahí.

-Delia ha sido un placer conocerte – dije haciendo una leve reverencia utilizando toda la gentileza aristocrática que poseía

-¿Ya te vas? – pregunto visiblemente perturbada y con los ojos muy abiertos, seguro esperaba otra reacción de mi parte

-Mi lady – pronuncie esto mientras le daba a entender con otra ligera reverencia mi inminente marcha.

Abandoné a grandes zancadas aquel balcón, mi objetivo era la puerta de salida, pero James me interceptó en ese instante.

-¿Dónde estabas? – preguntó otra vez con un tono de superioridad que me estaba empezando a fastidiar

-En el balcón – no quería responderle pero al ver que Delia salía de ahí, quise ver que cara ponía

-¿Estabas con ella? – preguntó ahora con cara de incredulidad

-¿Algún problema? – pregunté levantando una ceja

Ni siquiera esperé a que me contestara, me giré de inmediato y salí rumbo a mi auto, no sin antes despedirme brevemente de mis honorables anfitriones, quienes se quejaron de ser el primero en abandonar la casa, me daba igual.

Estaba cruzando la puerta cuando una voz me llamó.

-Espera Terry

-Era Susana, "y ahora ¿qué quería?"

-¿Ya te vas?

-Así parece

-Bueno…este…yo me preguntaba si me puedes llevar, yo también me tengo que ir, mi mamá no me dio mucho tiempo de permiso.

-Claro, no hay problema

Ella me indicó las calles y manejé en silencio, no tenía muchas ganas de hablar, ella fue la que llevó toda la conversación, contándome de la muerte de su padre y como su madre la había sacado adelante.

-En esa casa verde de puerta café, ahí es mi casa.

Me enseñó con el dedo.

-Mi mamá debe estar esperándome.

Las luces de aquella casa estaban prendidas.

-Gracias por traerme

-De nada

Esperé a que ella saliera del coche pacientemente con el motor encendido.

-Terry, ¿si quieres puedes entrar a tomar una taza de café? – dijo antes de salir del coche

-Gracias – contesté con cortesía – Pero ya es muy tarde.

-¿En otra ocasión…entonces?

-Claro

Me arrepentí al instante de haber asegurado que aceptaría alguna vez entrar a su casa, solo esperaba que esa ocasión no se presentara nunca.

El día más esperado había llegado, el día de descanso de Candy, seguíamos viéndonos en las horas del almuerzo pero el tiempo volaba a su lado, era demasiado corto. Para variar el último día de descanso no lo habíamos podido pasar juntos porque habían regresado sus primos de Inglaterra por la guerra y ellos habían querido pasar con Candy antes de viajar a Chicago donde la famosa tía abuela los esperaba. Ella me pidió que los acompañara pero tuvimos una presentación en las afueras de Nueva York para una familia rica que había pagado muy bien por la exclusividad.

Aquel día estuve muy pensativo, un sentimiento extraño me había invadido desde el amanecer, una especie de nostalgia mezclada con angustia y con impotencia se había apoderado de mi. Todo el día me la pase preguntándome ¿Que estaría haciendo con ellos?

Hubiera querido estar ahí para ir delimitando mi territorio como un lobo, pero ya no estaba en el colegio donde podía fugarme a cualquier hora y lo único que recibía eran las reprimendas de la hermana Grey, ahora mis responsabilidades habían aumentado, ahora tenía que trabajar para ganarme la vida.

Al terminar la tarde me di cuenta que todo se resumía a una sola palabra "celos"…si, estaba celoso. Me sentía ridículamente inseguro, ellos eran sus primos, aunque no de sangre, y eso era lo que me atormentaba…Archie mejor conocido como "el Elegante" siempre la había defendido apasionadamente, demasiado para ser su primo, esta idea había estado dándome vueltas por la cabeza desde hace algún tiempo y Stear alias "el Inventor" siempre la miraba dulcemente. Por suerte habían tenido que marcharse al día siguiente.

Miré la hora, solo para cerciorarme que Candy llevaba retrasada casi veinte minutos, esto era raro, por lo general solía estar esperándome antes de lo acordado.

Me adentré en los primeros pasillos del Hospital, pero no la encontré por ningún lado.

Una ligera angustia se estaba apoderando de mí con cada segundo que pasaba. Como no la hallé decidí salir nuevamente, a lo mejor estaba en el auto esperándome. Pude ver mi carro a unos cinco metros, pero ella no estaba ahí, me di la vuelta decidido a preguntar por ella, y sentí como una oleada de paz mezclada con irritación se adueñaban de mi, ahí venía tan campante como si nada, conversando con otra chica. Ahora me iba a escuchar, no debía dejar pasar por alto este retraso, sino se iba a enseñar a hacerme esperar lo que le diera la gana.

Miró a los dos lados buscándome y cuando se encontró con mi mirada me regalo una hermosa sonrisa que me hizo olvidarlo todo. Estaba perdido, solo una sonrisa y ya no estaba enojado.

No, no y no. No podía permitirle tener ese grado de poder sobre mí, pero lo que mi mente pensaba no tenía nada que ver con lo que mi corazón sentía. Y cuando estaba con ella eso era lo que dominaba, mi corazón.

-Lo siento. ¿Te hice esperar mucho? - Fue su saludo al tiempo que la ayudaba con unas cuantas cajas que llevaba en las manos y un par de libros.

-No tanto, pecosa

Cómo pude haber dicho eso, si hace unos instantes estaba dispuesto a decirle unas cuantas verdades sobre la puntualidad, pero ya nada importaba, solo que ella estaba conmigo.

-¿Y todo esto, para qué es? – pregunté con curiosidad mientras parqueaba el carro frente al Central Park.

-Es que mañana tengo una prueba sobre primeros auxilios y vendajes. Y… ¿adivina quién va hacer de paciente?

-¿Quién?

Pregunté con ingenuidad, pero al ver sus pícaros ojos, supe cual iba hacer la pobre víctima.

-Ah, no eso si que no - aseguré

-Pero ¿por qué?

-Porque no quiero ser conejillo de indias, a lo mejor y termino enfermo o hasta muerto. – respondí preocupado

-No seas así, además tu eres un gran actor, acaso no te acuerdas del paro cardíaco que fingiste tener hace unos días.

-Eso era otra cosa. – respondí con vehemencia

-Nada de eso.

Me miró con ojos de súplica…estaba perdido, no había manera de evadirla.

-Por favor – imploró

-No – afirmé

De nada me sirvió negarme, apenas y me dio tiempo de sentarme bajo un inmenso árbol de hojas delgadas, antes de darme cuenta, me estaba vendando la cabeza, luego me entablilló el brazo, me revisó la garganta, me tomó la temperatura.

No fue tan malo como pensé…lo mejor de todo fue cuando tuve que hacerme el ahogado y ella me dio respiración de BOCA a BOCA, eso fue otra cosa, le hice repetir como seis veces la práctica argumentando que no lo estaba haciendo bien.

-Pecosa, más vale que repitas otra vez esto de la respiración porque no lo estás haciendo bien.

-Pero si es la sexta vez- repitió resignada

-No hay sexto malo – aseguré con emoción

-Pero se supone que estas ahogado Terry, no debes besarme

-Tú eres la que terminas besándome – repliqué

-¿Yo?

-Si, tú

-Por lo visto no te has dado cuenta, de las consecuencias que esto puede traer.

-¿Consecuencias?

-Pues claro, cuando me toque auxiliar a alguien de verdad, voy a terminar besándolo por qué tú, me estás haciendo practicar así. – eso era un golpe bajo

En eso no había pensado, ni si quiera podía imaginármela poniendo su boca en alguien que no fuera yo. Eso no lo iba a permitir.

-¡En este momento vas y recoges tus cosas del hospital, porque tú no vas a dar a nadie respiración de boca a boca! ¿entendido?

-¿No me digas que estás celoso?

-NO ESTOY CELOSO – pronuncié cada palabra muy despacio

-¿Entonces?

-Solo estoy asegurándome, que nadie, se abuse de ti

-Ah claro, yo no puedo ayudar a la gente dando respiración de boca a boca…pero tú si lo puedes hacer

-Yo no doy respiración de boca a boca a nadie- le aseguré enfadado

-Los actores se besan en algunas de sus obras – objetó

-Eso es diferente

-Claro que es diferente, eso lo hacen por diversión

-No es por diversión, sino por trabajo

-Es para divertir a los espectadores –aseveró

-Es un beso fingido – me defendí

-En la resucitación es para salvar una vida y no tiene nada que ver con besar

-Pues que la salven otros, ¡tú no! – afirmé enérgico

Me miró por un largo rato, suspiró hondo y luego dijo.

-Te aseguro que no voy a tener que dar a nadie, respiración de boca a boca, ni siquiera Mary, en sus veinte y tantos años que lleva de enfermera titulada lo ha hecho y mucho menos lo voy hacer yo, pero tengo que estar preparada por si alguna vez se presenta un caso.

-¿Seguro?

-Seguro. Además cuando la gente está asfixiándose no siente nada de eso, solo el aire que llega a sus pulmones.

No estaba del todo convencido, pero le daría un voto de confianza, no a que la gente no siente nada cuando le están dando respiración artificial por así llamarlo, sino a que mi pecosa nunca tuviera que dar esa clase de auxilio a nadie.

Candy trató de aliviar la tensión entre nosotros cambiando de tema mientras comíamos unos emparedados de pollo que yo había comprado para nuestro almuerzo.

-¿Y que tal estuvo la cena en la casa del alcalde?

-Bien – contesté sin ganas, aun no estaba convencido de los argumentos de Candy en lo que a la respiración artificial se refería.

-¿Hubo mucha gente?

-Mas o menos

-¿Te quedaste hasta muy tarde?

-No mucho

-¿Regresaste solo a casa?

-Vivo solo, con quién más iba a regresar a la casa, ¿con la mascota del alcalde? – no sabía ni lo que decía, aun no me cuadraba la idea de que mi pecosa pudiera llegar a necesitar saber dar respiración artificial.

-Terry, estás insoportable – reclamó

-¿Si quieres nos podemos marchar?

No sé ni por qué lo dije, me arrepentí enseguida pero ya lo había propuesto y no podía echarme para atrás, a pesar que lo que más quería era seguir con ella más tiempo y no dejarla ir nunca y menos si tenía que dar respiración artificial a alguien que no fuera yo.

-Si, creo que es lo mejor – contestó visiblemente enojada

-Vámonos entonces – afirmé en el mismo tono

Recogimos las cosas y caminamos rápidamente hasta el auto, sin pronunciar palabra alguna, el camino de regreso lo hicimos en absoluto silencio. De cuando en cuando la miraba con el rabillo del ojo, solo para comprobar que seguía mirando al lado contrario del mío sin mirarme. Sus manos apretaban con fuerza un libro y yo mis dedos al volante.

Quería romper el hielo, pero no, mi mente estaba en blanco, quería que ella lo hiciera, no quería dar mi brazo a torcer.

Parqueé el carro frente al hospital y me bajé rápidamente para ayudarle a coger todas las cosas.

No es necesario que te bajes, puedo hacerlo sola – afirmó con el mismo tono de enojo del parque

Ignoré sus palabras y tomé las cosas mientras le abría la puerta, ella trató de sujetarlas fuerte pero prácticamente se las arranché de las manos, al hacer este forcejeo una caja cayó a los pies de Candy que aun se encontraban dentro del auto. Se agachó rápidamente a recogerla y cuando se levantó sus ojos eran de furia.

-¿Qué es esto? – preguntó indicándome las cosas en su mano y más enojada que antes

-Tu caja de vendas – contesté haciéndole notar que era obvio lo que tenía en sus manos

-No me refiero a la caja sino a ¡esto! – me puso frente a la nariz una cinta celeste con unas flores blancas bordadas en el centro.

-Una cinta – contesté algo desconcertado

-Ya sé, que es una cinta.

-¿Entonces? – que es lo que pretendía

-Lo qué quiero decir es ¿de quién es la cinta?

-¿Y de quien más va hacer? TUYA por supuesto – que le pasaba, se estaba volviendo loca

-Esta cinta NO ES MIA – pronunció las tres últimas palabras como si fuera un retardado mental

No tenía ni idea de quién podía ser esa cinta sino era de ella, nadie más se había subido en mi coche, mi madre no usaba cintas y la última vez que se había subido era hace un par de semanas y yo había limpiado mi carro algunas veces y esa cinta no estaba ahí, es más había limpiado mi carro hace dos días justo para ir a la cena en la casa del alcalde…fue ahí cuando caí en cuenta que esa noche llevé a Susana a su casa, ni siquiera me había acordado de eso, seguramente a ella se le había caído la cinta, ahora entendía porque estaba tan despeinada cuando la dejé en su casa.

-Creo saber cómo llegó esa cinta ahí – aseguré con sinceridad

-¿Cómo? – preguntó con desconfianza

-Seguro que fue la noche de la cena en la casa del alcalde, Susana me pidió que le llevara a su casa, seguramente se le cayó a ella en el trayecto.

Me miró boquiabierta y pude ver como en sus ojos se encendían llamas.

-¿Qué? – pregunté al ver su cara de desconcierto, ya le había explicado lo sucedido, debería estar tranquila

-Hace un momento me aseguraste que habías salido solo de la casa del alcalde, cuando te pregunté con quien saliste de ahí. – su voz se había alzado dos octavas más alto de lo normal

Casi ni me acordaba lo que le había respondido, pero estaba seguro que esa no había sido la pregunta.

-No señorita, tú me preguntaste con quien había regresado a la casa- ahora estaba seguro de su pregunta

-Pero tu saliste con Susana – me recriminó

-Yo no salí con ella – ¿qué le pasaba? no la entendía – Cuando estaba por subirme al auto, Susana se acercó y me preguntó si le podía llevar a su casa, ¿Qué querías qué hiciera? Que la dejara parada en la noche esperando a un choche.

-No, claro que no –afirmó mirando a otro lado

-¿Entonces, que pasa?- maldición, que pasaba por su cabeza

-Pasa que no me contaste la verdad, si no hubiera encontrado esta cinta, nunca me hubiera enterado que la llevaste

-Cuando me preguntaste, no me acordé de eso, sino te lo hubiera dicho

-¿Estás seguro?

-¿Por qué no te lo iba a decir? – estaba haciendo una tempestad en un vaso de agua

-Tal vez…los periódicos tienen razón – su voz ahora eran violines

-¿De qué hablas?

-¿Acaso no has leído lo que comentan de la "famosa" cena en la casa del alcalde a la que asistió el actor Terruce Grandchester?

-No, no he leído – respondí turbado

-Deberías leerlo

Aseguró triste y enojada a la vez

-Ya tengo que irme – afirmó depositando la cinta en mi mano luego de quitarme las cosas de las manos. Se dio la vuelta, en una fracción de segundo pude ver que sus ojos estaban ¿llorosos?

Quise detenerla, no quería que se fuera así, triste, enojada, pero que le podía decir, ni si quiera había sido clara, no entendía que le pasaba. Ni siquiera yo mismo me entendía.

Observé como se alejaba, quería correr y abrazarla, pero mi orgullo fue mayor. Subí al auto y aceleré hasta el fondo. El motor rugía con ferocidad mientras la aguja del velocímetro llegaba al tope, el viento tocaba insaciablemente mi cara, y mi pelo quería formar parte del aire. Las casas y personas iban pasando tan rápido que casi no era consciente de su existencia, poco a poco las casas empezaron a distanciarse una de la otra y los árboles fueron llenando el paisaje.

Me orillé en el camino que prácticamente era de tierra, tomé mi cabeza con las dos manos y me apoyé en el volante, tratando de calmar el revoltijo de pensamientos que se amotinaban en mi cabeza, mi respiración era agitada a pesar de no haber corrido, si alguien me hubiera visto me habría comparado con un Toro de Libia porque realmente estaba molesto, enojado, indignado.

No sé cuánto tiempo pase así, tratando de sacar la furia que quemaba dentro de mí, eché mi cabeza contra el respaldo del asiento y pude ver como las nubes viajaban dejando a su paso estelas blancas y plomas, no quería pensar en nada, porque si lo hacía me iba a volver a enfurecer.

Miré a mí alrededor y nada era conocido, parecía que estuviera viendo en blanco y negro, caí en cuenta que no tenía idea de donde estaba. Mire el reloj por inercia, mi subconsciente era más sensato. Tenía que regresar, no faltaba mucho para la función del domingo; como ignoraba donde estaba decidí regresar por donde había venido pero a menor velocidad, para tratar de ubicarme, tuve que manejar por media hora para encontrar la civilización, ahora me preocupaba el tiempo porque me había alejado mucho, estaba casi al otro lado de la ciudad.

Llegué al teatro con las justas, pude ver como la gente ingresaba ordenadamente. Yo que siempre era el primero en llegar, ahora el último y aún no me cambiaba.

-¿Dónde demonios estabas, Terry?

Era el director de la obra que me estaba esperando en la entrada trasera con cara de pocos amigos.

-¿Te fijaste la hora? Estábamos a punto suspender la obra

-Lo siento, tuve un contratiempo

Fue mi escueta respuesta mientras me abría paso para ir a cambiarme. Tenía cinco minutos para entrar en escena, pero estuve listo en cuatro, justo a tiempo.

Al entrar en el escenario todas las preocupaciones se escondieron en mi mente y dieron paso a mis diálogos con precisión, pero sentía una ligera opresión en el pecho, que con el pasar del tiempo se iba acrecentando.

Los aplausos me llenaron por completo y sentí que mi orgullo se inflaba, opacando por instantes el malestar dentro de mí. Pero este placer fue efímero, pues al entrar en el camerino todo eso se fue esfumando poco a poco como si un globo se fuera desinflando, y la opresión en el pecho ocupó su lugar como si nada.

Me cambié sin prisa, reprimiendo con todas mis fuerzas la furia que buscaba cualquier pretexto para salir.

Afuera podía escuchar como las voces poco a poco iban disminuyendo y alejándose, tenía que entretenerme en algo, aun no quería ir a mi casa. Miré a mi alrededor y como de costumbre estaba lleno de flores, no tenía ganas de leer las tarjetas, así que las ignoré, mis ojos se clavaron en un paquete de cartas, tal vez eso era más entretenido, abrí la primera carta y luego de leer las dos primeras líneas supe que era caso perdido, tampoco quería leerlas. Al cabo de unos instantes me encontré dando vueltas en el pequeño espacio como gato encerrado, el aire me asfixiaba, era hora de salir.

El corredor estaba en completo silencio, me sentí aliviado de ser el único en aquel lugar, casi podía estar feliz. En cada paso que daba, los recuerdos de aquel día intentaban salir a la superficie, apreté los puños y mordí los dientes con todas mis fuerzas tratando inútilmente de meterlos en el baúl del olvido, o al menos aplacarlos hasta llegar a casa.

Apenas y me despedí de Orson con un leve "Hasta mañana", a veces solía hablar con él pero ahora no tenía ganas ni de abrir la boca, por suerte el entendió mi silencio y no me hizo preguntas; volví a agradecer en mis adentros que la calle estuviera vacía, casi tanto como sentía mi corazón.

Al encender la luz del departamento, todos los momentos buenos y malos de aquel día vinieron a mi mente sin piedad, ahora sabía que no solo era furia lo que sentía sino también un dolor agudo que me oprimía el pecho y que era más fuerte que la ira, esperaba encontrar algún sentido a toda esta situación que se había ido de mis manos en un abrir y cerrar de ojos.

Había perdido la oportunidad de arreglar las cosas a tiempo, pero ella también se había puesto insoportable en los últimos momentos; pero cuando pensaba en la Pecosa sentía que mi corazón se iba resquebrajando en mil pedazos y un dolor punzante acariciaba los bordes de mi corazón.

Coloqué en la mesa el periódico que había encontrado por casualidad en el lugar donde había ido a cenar hace pocos instantes, casi sin ganas me senté. Quería y no quería leerlo…tal vez ahí estuviera algo que me ayudaría a entenderla. ¿Y si no había nada? ¿Qué iba hacer?

Agité la cabeza varias veces hasta hojearlo lentamente, buscando algo, entonces encontré un artículo que tenía que ver con la cena en la casa del alcalde a la que habían asistido los miembros de la compañía Standford, pero lo que decía el artículo no era nada fuera de lo normal, era la foto que aparecía ahí la que me hizo abrir los ojos como platos, había sido tomada justo el instante en que Susana me pedía que le llevara a su casa, "¿cómo no me di cuenta?", pero eso no era nada, la frase que acompañaba a la foto era lo que realmente me dejó estupefacto:

"Terruce Grandchester y Susana Malrow una relación que se solidifica más allá del escenario"

¿Que clase de imbécil había escrito semejante estupidez?, solté una carcajada amarga mientras arrugaba y tiraba a la basura la prueba de la insensatez. Quería matar al infeliz que había escrito esa basura. Eso era lo primero que haría en la mañana.

Hice un puño, mientras mi mente trazaba el plan para encontrar al culpable y golpee con tal fuerza la mesa que saltaron las cosas de la superficie.

Volví a caminar de izquierda a derecha en mi habitación tratando de encontrar una razón por la que alguien pudiera imaginar que entre Susana y yo había algo. Ni siquiera la consideraba mi amiga peor aún tener una RELACION, es más, a que se refería con ¿una relación?

Dentro de mí empecé a sentir repulsión por esa palabra encadena con el nombre Susana, pude sentir como ahora mi odio se enfocaba hacia ella, si no me hubiera alcanzado, esa foto no estaría en el periódico, esa cinta no estaría en mi auto, ese malentendido con la Pecosa nunca hubiera existido…

Traté de frenar la repulsión que empecé a sentir por Susana haciendo un esfuerzo por pensar en otra cosa, entonces vi reflejada mi imagen sobre el cristal de la ventana y me encontré con la figura de un hombre derrotado, ese no era yo, no podía ser yo, ¿pero por qué sentirme derrotado?…

Había una sola razón…y no precisamente mandar al infierno al periodista del reportaje, ni enfocar mi odio hacia Susana, ni la ira que sentía en esos momentos, ni el dolor del pecho, sino que había discutido con Candy.

Ciertamente, no era nuevo discutir con ella, era parte de nuestra relación, pero las otras veces eran… ¿de broma?, no…no era esa la razón, era que las otras veces siempre arreglábamos las cosas hablando del asunto y esta vez NO, ni siquiera le había dicho sobrenombres como Tarzán Pecosa o Mona Pecas que agravaran la situación, esta vez nos habíamos guardado cosas, habíamos escondido sentimientos…

Me desperté en la mitad de la noche con una espantosa pesadilla…"Candy estaba auxiliando a un ahogado, le estaba dando respiración de boca a boca.

-¡Oh no! Eso sí, que no. ¿Pero quién era ese infeliz?

No lo podía creer… ese era el Elegante. ¡Maldito Cornwell! Me las pagaría.

Caminé directo hacia él, para mandarle de una vez al infierno de un solo golpe, pero de pronto me convertía en el ahogado, era a mi a quien estaba auxiliando…ni lento ni perezoso hice lo mismo que en las prácticas…besarla, pero de pronto esos labios no eran los de ella, los de Candy, tenían un sabor amargo. Abrí los ojos.

¿Qué era esto?…Esto era espeluznante, era asqueroso… Era la ¡hermana Grey! ¡NOOO!".

Sudaba frío cuando estuve sentado en la cama, tratando de recuperar la calma. Me limpié la boca en un acto reflejo ¡qué asco!

Tuve que tomar tres vasos de agua para quitarme el sabor amargo de la boca. Cada que recordaba el sueño, mejor dicho la pesadilla sentía escalofríos.

Pude conciliar el sueño luego de varios intentos, pero no fue un sueño tranquilo para nada, imágenes y sensaciones dolorosas me acompañaron en un sopor parecido al sueño.

Robert nos había reunido a todos los actores en la mañana, tenía noticias que comunicarnos.

-Bien, gracias a todos por estar aquí puntuales.

Empezó hablando con su tono de voz grave y estudiada.

-Debemos estar agradecidos porque las noticias de la guerra no han afectado en el desarrollo de la obra. Se han vendido boletos hasta las funciones que serán dentro de un mes.

Todos aplaudieron emocionados mientras un murmullo inundaba el lugar. Robert levantó la voz para seguir con el uso de la palabra.

-¡Escúchenme por favor! Como todos ustedes saben, se iba hacer una gira en los estados más cercanos, pero en vista del éxito de la obra haremos una gira a nivel nacional.

Todos gritaron vivas y aplaudieron con euforia. Robert continuó con el uso de la palabra.

-Lo que significa que estaremos fuera por un periodo mínimo de tres meses si no es más, eso implica dejar familia, hogar, hijos, no todo es color de rosa.

-Eso es lo de menos – gritó James eufórico

La mayoría absoluta apoyó el criterio de James.

-¿Cuándo partiremos? – preguntó una voz

-En cuanto terminemos las presentaciones aquí, que más o menos será dentro de un mes y un poco más, así que hagan todos los preparativos necesarios. Dejen con Florentina todos sus documentos para que arregle los pasajes.

Los cuchicheos inundaban nuevamente el salón.

-Por cierto, la compañía cubrirá los gastos de pasajes, hospedaje y comidas.

-¡Bien! – gritó una voz

-Pero solo lo que concierne a los actores y las comidas reglamentarias, eh. Si quieren llevar a alguien eso corre por su cuenta.

-OHH, jajaja

Robert siguió hablando y contestando a la preguntas de los actores, todos estaban entusiasmados, porque eso significaba dinero, fama y trabajo por un buen tiempo.

Ya había escuchado suficiente, me escabullí por la puerta más cercana, seguro que nadie se daría cuenta de mi ausencia. Caminé por el pasillo de mi izquierda y subí las gradas que conducían a la azotea. Era un lugar tranquilo y desde ahí podía ver el paisaje de casas y calles que rodeaban al teatro, pero sobre todo podía ver el cielo y respirar aire fresco.

Debería estar contento como los otros, pero me sentía miserablemente solo…

Tomé mi armónica y empecé a tocar con sentimiento, me dolía cada nota que salía hasta la médula. La melodía me llevo tres días atrás, pude ver su hermoso rostro, pero le faltaba algo…su sonrisa; lo peor de todo era que ni siquiera nos habíamos dado un beso de despedida, un casto y simple beso en la mejilla que me calmara esta agonía, y eso dolía como una herida sangrante. En mi mente aparecía su imagen en los últimos instantes antes de que entrara en el hospital, esa mirada apunto de llenarse de lágrimas, ¿porque no la detuve?, ¿porque ella no hizo nada?

De repente sentí su ausencia como una daga en mi alma. Era una estúpida pelea que había hundido mi vida en tinieblas, pero más estúpido era yo por no ahogar mi maldito orgullo y correr a buscarla en el hospital y de ser necesario pedirle perdón de rodillas…pero ¿por qué debía pedirle perdón? Si yo no había hecho nada malo, ella debía confiar en mí y en mi amor. Eso era lo que no me dejaba ir a buscarla, el dolor de saber que ella creyó unas cuantas palabras escritas en un periódico que en el fondo quedaban para la interpretación porque no decían nada…y esa estúpida cinta que había terminado en el primer bote de basura que había encontrado al día siguiente de nuestra pelea.

Habían pasado tres interminables días desde aquel fatídico domingo, ni siquiera supe como había pasado tanto tiempo, como había podido sobrevivir con esta agonía.

El lunes aun conservaba algo de furia y no estaba dispuesto a dar mi brazo a torcer pero pude avistar una cruel nostalgia que se abría paso en medio de mi pecho, cuando frené el deseo de ir a buscarla para almorzar como siempre lo hacía.

El martes apenas había dormido y pasé en estado vegetativo casi todo el día, el mundo giraba sin norte ni sur. En la noche, al regresar del teatro me encontré parado frente al hospital, con la mirada perdida y tratando por todos los medios de reprimir el deseo de buscarla, vencí pero me sentía fatal.

El miércoles había estado como un zombi, mi enojo había desaparecido y en su lugar había desolación, apenas había comido, en la noche fui a parar en un bar del boulevard. Quería beberme todo lo que encontrara a mi paso para ahogar mis penas pero no pude beber mas de dos tragos porque un par de borrachos iniciaron una pelea y vino la policía a desalojar el local por lo que tuve que regresar a casa con la vena abierta, pero no sin antes pasarme por el hospital para terminar en el mismo dilema que la noche anterior.

Y hoy...hoy apenas y podía respirar…

-¿Terry estabas aquí? – la voz de Susana me sorprendió en mi abstracción

-¿Pasa algo? – pregunté con indiferencia

-Solo que Robert nos agradeció a cada uno por el trabajo que estamos realizando y tú no estabas, cuando te nombró.

-Es una pena

-¿Te pasa algo? –preguntó con sinceridad

-No ¿por qué? – trate de poner una mejor cara

-Es que en estos días te he visto, muy pensativo…incluso triste. ¿Tal vez te pueda ayudar en algo? – hablaba con franqueza

-Gracias, Susy, pero no me pasa nada. Todo está bien. – tenía que mentir, no le iba a contar a ella que estaba así porque había discutido con mi Pe…ni siquiera me permitía nombrarla en mi pensamiento porque me dolía.

-¿Seguro?, es que…bueno…he visto que sólo cuando actúas, estas bien, pero termina la obra y tus ojos se vuelven tristes...incluso…hasta hace unos días tu salías corriendo a la hora del almuerzo y ahora no, vienes aquí a tocar la armónica, por horas, hasta que llega la hora de la presentación.

Realmente me sorprendió lo observadora que era Susana, y por unos instantes cuando la mente se desquicia a ratos, me imaginé como sería si fuéramos pareja… Ella pendiente de mí todo el tiempo, comiendo con ella, tomando su mano, molestándole, pero que apodo le pondría ¿Monalisa Albina?, seguro que si se lo dijera rompería en llanto. Ni siquiera me podía imaginar bromeando con ella, mucho menos deseando algo más de ella que no fuera un trato profesional. ¡No!, ella no era para nada la mujer de mi vida, un escalofrío recorrió mi cuerpo, y me sentí más vacío que nunca, la nada se adueñaba de mi alma con cada estúpido pensamiento en el que quisiera suplir a la Pecosa de mi vida.

Esta reflexión acabó de confirmar que no podía estar sin ella. Era superior a mí. Apenas y podía sobrevivir sin su mirada. Estos días, lejos de ella eran un verdadero infierno. No era nadie…

¿De qué me servían las manos? si no podía apretar las suyas.

¿De qué me servían los ojos? sino podía mirarla.

¿De qué me servían los oídos?, sino podía escucharla.

¿De qué me servía la voz? sino podía hablarle.

¿De qué me servían los labios? sino podía besarla.

Mi corazón ahora era solo pedacitos de hielo seco que quemaban dentro de mi pecho. Ya no podía más, simplemente el orgullo se había desvanecido por la necesidad de volverla a ver.

Tendría que buscarla…era lo mejor. Total para iniciar una pelea se necesitan dos y yo tenía gran parte de culpa en todo esto, si no me hubiera puesto posesivo con lo de la respiración artificial tal vez las cosas hubieran sido diferentes.

-Terry ¿me estás escuchando? - preguntó Susana visiblemente consternada

-Disculpa ¿qué estabas diciendo?

-Te estaba diciendo ¿qué si quieres podríamos comer juntos?

En ese momento una voz nos interrumpió

-¡Señor Grandchester!

Era Orson que terminaba de subir jadeando las escaleras

-Hasta que lo encuentro

-¿Qué pasa Orson? – pregunté con interés

-Abajo hay una señorita que lo está buscando desde hace rato

-Sr. Orson ya sabe que Terry no recibe a las admiradoras – lo regañó Susana

-Si lo sé – se excusó con ella, pero ahora se dirigió a mi directamente.- La señorita dice que usted la conoce que es su…amiga

-¿Mi amiga? – pregunté algo confundido

-Sí, me dijo que se llama Candice…White

-¡¿Candy? - Grité su nombre mientras me ponía de pie como un resorte

Sentí como mi corazón se paraba al instante mientras la opresión del pecho casi no me dejaba respirar.

-¿Candy está aquí? – era una pregunta que se asemejaba a una súplica mientras sentía que las manos me temblaban

-Creo que si joven, ella está parada ahí abajo junto a su carro – mi corazón reanudó su marcha con golpes secos y separados

Casi ni lo deje terminar de hablar, toda mi vida dependía de que esa información fuera verdad, y necesitaba confirmarla en ese instante.

Bajé las gradas de cuatro en cuatro, mientras sentía como el pobre Orson luchaba por alcanzarme, y apenas pude escuchar algo que me decía Susana que ni siquiera pude entender.

Mi pecosa había venido, era en lo único que podía pensar, solo rogaba a Dios que fuera ella…y solo ella.

Llegué a la puerta de atrás en un tiempo record, había esquivado a un sin número de personas, entre ellas a Robert que quería decirme algo, pero por la velocidad que llevaba ni siquiera pudo detenerme, salté unas cajas que estaban en mi camino y esquivé unos anaqueles que estaban en medio del camino. Por ahí escuche, creo que era James que gritaba

-¿Qué pasa Grandchester, donde es el incendio?

Nada me importaba, corría como si mi vida dependiera de ello y en verdad que lo era, dependía de encontrar a mi Pecosa, ahora podía permitirme nombrarla en mi pensamiento.

Abrí la puerta con manos temblorosas por el pánico de encontrarme con otra persona que no fuera ella…y la vi ahí, parada junto a mi carro con un vestido celeste que no era su uniforme, mirando de un lado al otro y visiblemente nerviosa, jugueteando con sus manos y el viento entreteniéndose con su pelo y agitándole el vestido.

Mi corazón se paró por instantes y continuó con latidos salvajes que me presionaban los oídos en cuanto confirmé que era ella…

Continuará...


Notas de la Autora:

Aqui está el capitulo 2 totalmente reeditado.

Solo con un review podré saber si la historia les gustó.

Gracias

Tita Calderón