Capítulo 32: Amanecer

Sentía la calidez del sol como una caricia sobre mi espalda desnuda. Eso fue lo que me hizo despertarme aquella mañana. No abrí los ojos aún. Me sentía demasiado feliz como para cambiar algo, sin importar lo pequeño que fuese. Los únicos sonidos que había dentro de esa habitación era el sonido del mar, nuestras respiraciones pausadas y el latido del corazón. Descansando sobre su pecho, con sus brazos alrededor de mi. Se sentía tan bien, tan natural. Sus dedos trazaban suavemente el camino de mi columna vertebral en mi espalda. Supe que él sabía que estaba despierta. Pero mantuve los ojos cerrados y apreté mi brazo sobre su pecho. Habría estado feliz de quedarme así para siempre para nunca tener que interrumpir ese momento. Abrí lentamente los ojos y lo primero que vi fue ese interminable pecho bajo mi cara. Me estiré con pereza y oí el sonido de su risita. Levanté la cabeza y le miré. Tenía su brazo por debajo de la cabeza. Estaba ligeramente despeinado. Nadie podría estar tan bueno en esos momentos como él. Incluso recién despierto parecía un Adonis moderno.

- Buenos días- dijo él con una sonrisa ligeramente tímida.

- Buenos días- dije intentando aplastar mi pelo. Estaba segura de que tenía el peor aspecto del mundo, recién levantada.

- Estás hermosa- dijo Edward llevando su mano hacia mi mejilla, como si hubiese leído mi pensamiento.

- Tú también estás bastante bien- dije con una sonrisa.

Nos miramos a los ojos profundamente durante un tiempo que me pareció eterno. Él llevó su mano hacia mi pelo para colocarlo detrás de la oreja, con una sonrisa en su cara. Se acercó lentamente a mi para unir sus labios con los míos en el exacto momento en que mi estómago lanzó un rugido fiero. Yo me puse colorada y Edward rió suavemente.

- ¿Te apetece un desayuno en la cama?- dijo Edward con una sonrisa.

- No… mejor en el porche… ¿Qué te parece?

- Como tú quieras. Yo voy a prepararlo, tú puedes vestirte si quieres… o no… como tú quieras.

Edward me dedicó una sonrisa que me quitó el aliento. Se levantó de la cama. Agradecí que llevase los bóxer. Si él estuviera desnudo, sería mucho más embarazoso. Me permití unos segundos más disfrutando del éxtasis de la felicidad que sentía en esos momentos. Hundí mi cabeza en la almohada impregnada de su olor. Grité de pura felicidad contra ella. Pateleé y me hubiera puesto a saltar de felicidad si no hubiera sido demasiado ruidoso. Después de esos momentos de euforia me levanté de la cama y entré en el cuarto de baño. Era grande, espacioso y luminoso. Estaba alicatado en color amarillo suave excepto la ducha que tenía azulejo pequeño en tonos amarillos más fuertes y naranjas. Entré en la ducha. Abrí el bote de gel. Tenía un agradable olor a frutas cítricas. Me duché, me lavé el pelo y salí del baño, envuelta en la toalla, dispuesta a ver si a mi regreso dejaría a Rosalie Hale sin una de sus damas de honor. Abrí la maleta y mis ojos se desorbitaron. No pude evitar un gritito.

- Qué pasa Bella- dijo Edward, que vino corriendo.

- ¡Mira!- dije señalando la maleta.

Una sonrisa divertida se dibujó en la cara de Edward. Un montón de lencería estaba en la parte superior de la maleta. Había sujetadores y diminutos tangas de encaje en todos los colores. Comencé a apartarlos y después de eso vinieron los camisones transparentes y diminutos. Y al fin debajo, algo de ropa reconocible.

- Lo siento Bella- dijo Edward acercándose a mi y dándome un beso en la cabeza- Supongo que no debí encargarles esto a Alice y a Rose. Quizás debí decirle a Charlie a ver si me dejaba coger algo de tu ropa. Podemos ir a la ciudad de compras, para que te sientas más cómoda.

- No, es igual. Ya os habéis gastado bastante dinero en esto… que me apañaré con lo que Alice ha metido aquí.

- Como quieras.

Para ser razonables, la verdad era que en el sitio en el que estábamos lo más aconsejable era la ropa que Alice había metido dentro de mi maleta. Pantalones cortos, vestidos cortos, camisetas de tirantes, etc…Lo que de verdad me consternó fue la cantidad de ropa interior que ella esperaba que yo usara con Edward. Abajo del todo había unos tres conjuntos de ropa interior de mi estilo, sin encajes ni ese tipo de cosas. Agarré unas braguitas de Hello Kitty que me gustaron y me las puse. Después, rebuscando entre la ropa encontré un vestido camisero de color azul con estampado de estrellitas en tela que transparentaba bastante, pero parecía muy fresquito para estar allí. Me recogí el pelo en una coleta alta porque empezaba a tener demasiado calor. Caminé descalza sintiendo el terrazo bajo mis pies hasta que llegué al porche. Tenía un banco de madera con una mesa sobre la que Edward había colocado el desayuno. Él ni siquiera se había molestado en vestirse. Llevaba solamente los bóxer. Caminé hacia él y me senté a su lado. Me rodeó con un brazo y me dio un beso en la frente. El desayuno no era gran cosa. Nada del otro mundo. Leche con cacao, tostadas, mermelada y mantequilla y un vaso de zumo de naranja. Pero me supo mejor de lo que me sabría el mejor desayuno del mundo. Bebí el vaso de zumo de un trago. Y después Edward me preparó mi tostada. Tras acabar de desayunar, Edward recogió todas las cosas y volvió junto a mi.

- ¿Qué te apetece hacer? ¿Algo de senderismo? ¿Escalada? ¿Buceo?

- Edward…- dije riendo- ¿En serio me ves a mi haciendo todas esas cosas?

- ¿Por qué no? Yo estaré contigo para sostenerte si te tropiezas con una rama… una piedra… o tus pies.

- ¿Tenemos la mañana graciosa hoy?

- No. Entonces dime qué te apetece.

- Mmmm… nada. Esto- dije acurrucándome más contra él.

Edward rió suavemente y me abrazó más fuerte. Nos quedamos en silencio. Sintiendo el calor del clima en Florida. El olor del mar tan característico. Y el sonido de los pájaros cantando.

Habíamos pasado la tarde en la playa jugando como niños. Pensé que alguna vez tendría que ir allí con mis amigos. Sería divertidísimo, sobre todo contando con la presencia de Emmett y Jake. Después de la tarde de playa me fui a dar una ducha para quitarme la arena del cuerpo. Después rebusqué en la maleta algo que ponerme. Alice conocía demasiado bien los gustos de su hermano así que había adjuntado un camisón de color azul que transparentaba mucho con puntilla de color blanco en el borde. Me lo puse y caminé descalza por la casa. Edward había puesto la mesa en el porche como para el desayuno esa mañana. Él llevaba unos pantalones de lino color marrón claro y no llevaba camiseta. Me miró con una sonrisa torcida y los ojos brillantes.

- ¿Está usted intentando seducirme señorita Swan?- dijo Edward con tono pícaro.

- Edward…- dije sentándome en el banco.

- Tengo que decirte que aunque no sea intencionado, funciona- dijo Edward en mi oído antes de darme un ligero mordisco- Pero antes será mejor que comamos algo.

Entonces reparé en la comida. Tenía bastante hambre después de la tarde en la playa. Edward había hecho una ensalada con frutas, pasta y algunas verduras. Comí hasta quedarme llena. Edward me rodeó con su brazo y nos quedamos un rato en silencio mirando al cielo, viendo las estrellas titilar arriba y una luna redonda bañar todo con su plateada luz. Fueron unos momentos tensos porque los dos pensábamos en lo mismo pero ninguno de los dos se atrevía a decirlo. Fue él el que se acercó a mi para comenzar a besarme suavemente. Como si no tuviera intenciones más allá de los besos. Y fui yo la que le imprimió más pasión al beso. Me había pasado todo el día deseando que llegase ese momento para volver a hacerlo.

- Si no quieres… solamente dímelo cariño- dijo Edward en mi oído.

Sentí su mano sobre mi estómago, por encima del camisón. Y sentí cómo tiraba del lazo que se ataba debajo del pecho y el camisón se separaba un poco de mi cuerpo. Sentí cómo me acariciaba con una suavidad enloquecedora en el cuello, el pecho, el abdomen y las piernas. Me tocaba como si tocase una fina porcelana que si la aprietas demasiado puede romperse. Yo me aferraba a su cuello, su pelo y sus hombros.

- ¿Te apetece hacer una locura?- dijo Edward en mi oído. Cómo me gustaba que me hablase al oído.

- Mmmm- dije.

- ¿Nos bañamos? El agua seguro que está caliente.

- Tengo todavía el biquini mojado de la tarde.

- ¿Quién dijo que hiciera falta bañador?

Tragué saliva intentando que se deshiciera el nudo de mi garganta. Todavía tenía los ojos como platos. Lo que Edward me estaba proponiendo era que nos bañásemos de noche y desnudos.

- ¿Por qué no? ¿Quién nos va a ver? ¿Algún pececillo despistado?

Pensándolo bien, Edward tenía razón. No nos iba a ver nadie. Pero aún así era incapaz de moverme. Estaba en estado de shock.

- Yo voy a bañarme. Si quieres puedes reunirte conmigo.

Edward me dio un beso en la frente. Interpretó mi silencio como que no quería. Y vaya si quería… solo que estaba demasiado sorprendida como para decir nada. Él se levantó del banco y se sacó los pantalones. ¡Por Dios! ¡No llevaba nada debajo!. Le miré como el niño que se queda delante del escaparate de la tienda de dulces. No me podía creer que los dioses fueran tan maravillosos que quisieran que semejante hombre se hubiese enamorado de mi. Cuando se sumergió me tuve que recordar a mi misma que respirase.

- Vamos Bella… ahora te vas a hacer la remilgada… ayer no tenías tantos problemas con esto… y llevas deseándolo todo el día.

Así que apartando a un lado mi vergüenza me levanté del banco. Me quité el camisón sacándolo por la cabeza y después las braguitas a juego y bajé los dos escalones que daban a la playa. La arena seguía caliente. Casi todavía quemaba. Agradecí al llegar a la zona de arena húmeda porque no estaba tan caliente. Y sentí el agua del mar besando mis pies. Él estaba de pie mirando la Luna con el agua llegándole por la cintura. Estoy segura de que me oyó meterme en el agua pero no se movió. Tampoco se movió cuando llegué a su lado.

- Qué hermoso- dije cuando llegué donde él ante espectáculo que se me presentaba.

Las estrellas bailaban con la luna en el cielo. Todo estaba bañado por una irreal luz plateada. Y a mi lado estaba el hombre más bueno del mundo. En todos los sentidos. Con el pelo mojado y el rostro y el torso perlado de gotas de agua.

- Bah, no está mal- dijo como si no fuese gran cosa.

Se volvió con lentitud para enfrentarse a mi. Acercó su mano a la mía por debajo del agua calentita. Entrelazó sus dedos con los míos.

- Yo no usaría la palabra hermoso. No cuando tú estás aquí a mi lado para poderte comparar.

Cuando Edward me decía esas cosas, una sonrisa bobalicona aparecía en mi cara y sentía que me derretía. Entonces en su cara se dibujó una encantadora sonrisa traviesa y se zambulló en el agua. Estuvimos nadando, buceando, jugando a quién aguantaba más la respiración, etc… durante un buen rato.

- Esto es divertido- dije riendo después de que le ganase por quinta vez la competición de permanecer más tiempo en apnea.

- Claro, lo dices porque es a la única cosa que me ganas.

- ¡Ehh! ¡No podías hacerlo todo bien y yo todo mal!

- Se me ocurre otra cosa que también eres muuuuuuy buena- dijo llevando sus manos hasta mis mejillas. El agua me llegaba por los hombros.

- Si estás pensando en lo mismo que yo, tú también eres muy bueno.

Me acercó a su cuerpo y me besó. Al principio suavemente, pero después nos devorábamos el uno al otro y nos tocábamos sin pudor por todos sitios. Sentí las manos de Edward en mi cintura y sentí que me levantaba. Yo enrosqué mis piernas alrededor de su cintura. Entró dentro de mi sin pensárselo dos veces. Nuestros sonidos de placer se elevaban por encima del silencio de la isla. La siguiente vez que fui consciente de mi misma estaba tirada en la arena mojada con Edward encima de mi mientras que me besaba el cuello. Acabamos como dos croquetas llenas de arena. Nos miramos a los ojos y nos reímos. Pero a pesar de eso rodé sobre mi misma buscando su cuerpo, rodeé su cintura con mi brazo y apoyé mi cabeza sobre su pecho. Adoraba escuchar el latido de su corazón en mi oído. Y adoraba sentir cómo se iba haciendo más lento poco a poco. Nos quedamos unos minutos allí antes de regresar a casa para ducharnos y sacarnos la arena. Pero cuando usas tus manos como esponja es inevitable que la pasión vuelva a estallar. Y más con un novio como Edward. Después de la no tan inocente ducha nos pusimos a recoger las cosas de la cena y nuestra ropa y esta vez sí, meternos en la cama y dormir. Ambos estábamos cansados.

Siento haberme tardado tanto en subir de nuevo. He tenido unos cuantos problemas personales y poco tiempo para escribir. He subido en cuanto he podido.

Ya no queda mucho de historia y quería saber si os gustaría que continuase con una segunda parte con el último año de Edward y Bella en el instituto en Forks.

Además tengo otro fic sobre crepúsculo que se llama "Olympic Hills" y la pareja principal son Jake y Bella. Aunque también hay Bella y Edward. Qué puedo decir. No soy capaz de decidir si me gusta más Edward o Jake. Lo que quería saber era si os gustaría que lo subiese aquí.