La reina de corazones

(Traducción.) Fic original por Rhoda Nightingale.

Resumen: Dejamos por última vez a nuestra narradora, sola pero esperanzada, en los pasillos del Asilo Arkham. El Joker había, a su retorcida manera, revelado lo que sentía por ella, pero no había dicho la palabra amor todavía. La narradora sigue sin tener nombre, pero lo tendrá- solo es cuestión de tiempo. Además, Batman/Bruce Wayne – y su círculo social – tienen mucho más protagonismo de ahora en adelante. Esta historia sigue dos líneas de tiempo separadas, con más o menos un mes de diferencia. Una cuenta lo que pasa inmediatamente después de la estancia de la narradora en Arkham. La otra empieza con las primeras etapas del plan que está ayudando al Joker a llevar a cabo. Esta última es en la que comienza el prólogo; se utilizan las etiquetas "Ahora" y "Entonces" en cada capítulo, en vez de inventar títulos, para que todo el mundo sepa exactamente donde estamos. ¡Allá vamos!


Prólogo

Tuvimos algunas discusiones acerca del vestido. La sutileza no era uno de sus puntos fuertes, pero resultó ser una virtud reflejada en mí. Aparte de eso, yo opinaba que destacar sería arriesgado para nuestro plan. El vestido era precioso, por supuesto, más aún en mí- hasta el suelo, satén color rojo vino, con un cómodo corpiño y tiras negras entrecruzadas sobre la espalda; largos guantes de satén negro a juego, y un collar de perlas cultivadas. A duras penas conseguí hablar con él acerca de los tacones altos, insistiendo en sustituirlos por zapatillas planas atadas con cintas. El efecto de las piezas unidas, junto con mi tez de alabastro, mis ojos azules y mi larga melena negra, era sorprendente, pero me hacía sentir horriblemente expuesta.

"Confía en mí", dijo él. "Puedes hacerlo, pequeña."

Confiar en él…La petición era de lo más arriesgada. Alguna vez había oído que tenía cierto "gusto por lo teatral". Muy cierto, y esa era una de las cosas que más adoraba de él. Pero no hacía sino aumentar las posibilidades de que ambos acabásemos muertos. No era por mi misma por quien me preocupaba.

"¿Pero y si…-" empecé.

"Shh", dijo, poniéndome un dedo en los labios. "Estaré a una llamada de distancia si me necesitas. No te preocupes por nada."

La verdad es que quería que yo destacase. Me quería en el punto de mira, captando toda la atención, haciendo que ésta pasase de su anfitrión a mí. Conocía mi función. Lo que me había mandado me pareció patéticamente fácil. El vestido lo cambiaba todo.

Llegué a la Mansión Wayne a las seis y cuarto de la tarde, enfundada en mi ridículo conjunto, llevando una invitación con relieves dorados en mi mano enguantada. El acontecimiento era en honor de la fallecida Rachel Dawes, amiga de la infancia de Bruce Wayne y, según algunos, su más antiguo amor. Era el primer evento celebrado en la Mansión Wayne desde que había sido reconstruida. No sabía quién le había metido a Bruce en la cabeza que dar una fiesta lo ayudaría en aquellos momentos tan difíciles, pero estaba segura de que no había sido solo cosa suya. De hecho, me habría atrevido a decir que lo había permitido con reticencia y pesar. El Joker había acabado con la vida de Rachel. No le había tocado ni un pelo, pero había prendido la mecha. A veces desearía haberla conocido. Alguien capaz de capturar el corazón y la mente del insondable Bruce Wayne debía haber sido realmente especial. Lamenté no haber tenido nunca oportunidad de ver su mente.

En el momento en que crucé el umbral, comprendí. La mansión estaba decorada de forma espectacular – lámparas de araña de cristal pulido, esculturas de hielo con forma de pájaros exóticos, camareros con esmoquin repartiendo champán y canapés. Pero ya me lo esperaba. Cuando entré, todos los ojos se posaron sobre mí. El vestido, aunque deslumbrante, no era en absoluto apropiado para un acontecimiento de luto como aquel. Sentí desaprobación, celos ácidos, y una ráfaga de intensa curiosidad. Pero por encima de todo, había miedo. La atmósfera se volvió densa. Aquellos sentimientos volvieron pesado el aire festivo, sofocando la alegría e intensificando los sentidos. Algunos me reconocieron por las fotos de la televisión y los periódicos. Me sabía el titular de memoria: "Peligrosa. Posible cómplice del Joker. No acercarse." Lo entendí todo. Tensión es lo que él quería. Causaba confusión, pánico, caos.

¿Confiar en él? No, no lo hacía. Pero admití con disgusto que casi siempre tenía razón.

Dos meses antes…