Disclaimer: No me pertenecen ninguno de los personajes, sino a Stephenie Meyer.


6. Comenzando

Mierda, mierda, mierda.

Había pasado más de media hora y aún no se había marchado. Estaba cien por cien segura de que seguía abajo con mis padres hablando de quien sabe qué. Ese olor era inconfundible, aunque para la mayoría de vampiros fuera algo insoportable, a mí me molestaba levemente. Y no podía evitar no separarme de él, lo era todo para mí, aunque yo no fuera lo mismo para él.

Aún me rondaba por la cabeza qué sería lo más lógico para hacer. Estaba claro que si bajaba, no podría evitarlo ni en un millón de años. Se había olvidado de mí, me había abandonado cuando llegamos. A pesar de lo juntos que hayamos estado todo este tiempo, no me veía más que como una niña, como su hermana. Quizás solo quiere que no lo malinterprete y por eso me da espacio… ¿O será que mis padres tienen algo que ver? Aún me carcomía por dentro no saber qué fue lo que le dijeron a Jake esas dos veces… estaban más raros de lo normal.

Una voz hizo que perdiera el hilo de pensamientos. Me giré; era Alice.

—Ness, ¿te pasa algo? Estás muy pensativa… —me preguntó con preocupación y las cejas fruncidas.

—No, —le sonreí y miré al suelo— quizás debería bajar ya. Mis padres querrán volver a casa. —Le contesté no del todo segura.

—¿Ya? Aún nos faltan la mitad de los zapatos… — Rosalie me comentó. Al ver como no hacía gesto alguno con la cara, se acercó a mí y me abrazó. —Dime qué te pasa, mañana empiezas el instituto, ¿es que no quieres ir?

—¡Claro que quiero ir! Quiero conocer gente nueva… la verdad es que me siento algo aprisionada. Sólo os conozco a vosotros y para mí todo lo que hay fuera es más o menos desconocido. Además tengo que añadir que Jake ha pasado de mí desde que llegamos y no sé por qué. Y ahora no sé qué hacer… yo quiero que sea como antes…— o algo más…

—¿El chucho?— la miré amenazante —Vale, lo siento, Jacob. No le hagas mucho caso, seguro que no es nada. Además huele fatal… —hizo un gesto despectivo con la mano.

—¡Rosalie! — le grité.

—Vale, vale, lo siento. —Se disculpó. —La verdad no sé qué ves en él. —rodó los ojos. Alice se rió.

—Claro que no lo sabes, si te tiras los días peleando con él ¿Nunca te cansas, Rose? —le preguntó a la rubia.

Yo me reí. Era cierto que se pasaba los días peleándose. Eran graciosos así. Y la verdad era que disfrutaba viéndolos. Los quería a ambos muchísimo y no podría soportar llevarme mal con alguno de los dos, es por eso por lo que ahora mismo no sabía qué hacer. No quería evitar a Jake y parecer enfadada. Pero quizás es que no quería nada conmigo y no quiere que pasemos los límites y por eso él ha sido el que ha tomado esa decisión por mí. Pues bien, entonces le demostraría que no hacía falta ser así para decirme que no quería nada conmigo. Ahora sería yo la que le demostraría que no quería nada con él. Estaba decidido, intentaría conocer gente nueva y olvidar a Jake por mucho que me doliera…

Dejé a mis dos tías detrás de mí y me dirigí hacia la puerta y seguidamente hacia las escaleras que me llevarían hacia el salón de la casa, donde tendría que enfrentarme de verdad al mayor reto de mi vida: pasar de Jake.

Escuché a Alice y Rosalie llamarme desde atrás y me giré hacia ellas.

—Os veo mañana, tías, tengo que dormir temprano para mañana. —y con eso me fui.

Me detuve al principio de las escaleras y respiré hondo. Se escuchaban las voces provenientes del salón. La de Jake apenas se escuchaba, pero su olor sí que me asaltaba el sentido del olfato de inmediato. Bajé despacio pero sin pausa hasta que llegué al final de los peldaños. Mirando al suelo me giré en dirección al salón y poco a poco levanté la mirada hacia donde se encontraban mis padres junto a Carlisle y Esme, y los chicos, Emmett, Jasper y por último Jacob. Les sonreí y me acerqué a mis padres.

Cuando llegué junto a ellos, abracé a mi padre y éste me pasó su brazo por detrás, acercándome más a él.

—Estoy cansada… ¿nos podemos ir? —le pregunté con cierta voz llena de cansancio. Sólo quería alejarme de Jake, así al menos sería más fácil tratar de no mirarlo.

—Claro, cariño— besó la parte superior de mi cabeza y miró a mi madre. Ésta asintió y se despidieron de los demás Cullen y de Jake. Me acerqué a Esme y Carlisle, y los abracé a ambos antes de que me dieran un beso en la mejilla se despidieran de mí. A Emmett no le importó que no le abrazara, ya que fue él el que vino a darme su abrazo, mientras Jasper sólo me asentía y me miraba a los ojos. Le sonreí y me ruboricé. ¿Estaría leyendo mis emociones ahora mismo? ¿Estaría sintiendo todo lo que siento por Jake?

Cuando el único que quedaba era Jake, bajé la mirada.

—Adiós, Jacob.

Evité cualquier contacto con sus ojos, ya que al primer momento que lo mirara no podría evitarlo y lo abrazaría con todas mis fuerzas. Debía controlarme.

Pareció sorprendido de que me diera la vuelta y me dirigiera hasta la puerta de la casa sin haberle siquiera mirado a la cara. Pero no dije nada, y él tampoco dijo nada. Tal vez era lo que tanto estaba esperando, que al fin decidiera por mí misma dejarlo en paz. Por eso estaba sorprendido, porque al fin había tomado esa decisión.

Mis padres se despidieron de todos y me siguieron hasta la puerta. Cuando salimos, mi madre se giró hacia mí.

—Cariño, ¿Te pasa algo? Te veo algo decaída. —Me preguntó cogiéndome de la mano.

Levanté la mirada y la miré a los ojos a la vez que sonreía. Negué con la cabeza.

—Nop, sólo estoy cansada.

Asintieron y nos dirigimos hacia la casa de madera un poco más alejada de la mansión. Al llegar, fui la primera que abrió la puerta y me dirigí a mi habitación. Quería pensar que mañana sería otro día y a lo mejor todo se vería con mucha mayor claridad que con la que ahora veía todo. Me cambié de ropa y me puse mi pijama de lobos. En cierta forma era lo único que me haría pensar que estaba con él sin estarlo, aunque no me beneficiara nada al querer evitarlo, pero era necesario… siempre lo necesitaría y por mucho que quisiera no podría cambiarlo.

Mi madre entró en el momento en que me estaba colocando la parte superior del pijama y me ayudó a colocar la ropa que me acababa de quitar en el armario.

—¿No quieres cenar, cielo?— me preguntó mientras yo me dirigía a la cama y negaba con la cabeza de nuevo.

—Sólo tengo sueño…— bajé la mirada, no quería que viera a través de mí.

Se sentó conmigo en la cama y me acarició el pelo y la mejilla. Con su dedo índice me obligó a levantar la cabeza y a mirarla a los ojos. No podría aguantar mucho más mirándola directamente, simplemente quería llorar por todo, quería descargarlo todo para así comprobar si era más fácil toda esta situación. Era muy difícil asimilar que tu amor de toda la vida, no te quería de la misma forma de la que tú sí lo hacías…

—Puedes contarme lo que sea y cuando sea, ¿Lo sabes, verdad, cariño?— me dijo con una voz muy dulce y cariñosa. Sólo destilaba amor con esas palabras.

Asentí y la abracé, esforzándome por no soltar lágrima alguna hasta que estuviera sola. No quería que supieran nada y menos cuando la razón por la cual Jake me evitaba podrían ser ellos, o no…

Mi madre salió, y cerró la puerta tras ella. Suspiré al encontrarme sola en mi habitación y me metí en la cama, tapándome hasta el cuello. Intenté cerrar los ojos, y dormir. Pero cada vez que los cerraba veía la imagen de Jake y nuevas lágrimas amenazaban con caer.

Giré y giré en la cama has poder encontrar alguna posición en la que me encontrara cómoda y los brazos de Morfeo quisieran abrazarme, pero no la encontré. No dejaba de darle vueltas al asunto de Jake y su misterioso cambio de humor, aunque sabía que debía parar de pensar en él. Simplemente no podía.

Me imaginé a mis padres en su habitación descansando uno en los brazos del otro y diciéndose cosas bonitas. Como a mí me gustaría estar con Jake… sintiéndolo a mi lado y acariciándome mientras nos confesábamos nuestro amor una y otra vez.

Suspiré… no sabía que sueños me depararían esta noche, pero desde el fondo de mi corazón deseaba que me invadiera ese mundo imaginario con Jacob que no tendría en la realidad, y mi lado lógico me decía que debía evitar esa situación si no quería sufrir más.

* * *

Cuando me desperté a la mañana siguiente aún eran las seis y media de la mañana. Milagrosamente anoche pude quedarme dormida, pero afortunada o desafortunadamente, no logré evitar soñar con Jake una vez más, como lo hacía cada noche desde que lo conocí.

Me desperecé y me llevé las manos a los ojos para frotármelos. Salí de la cama y me dirigí al baño. Me lavé la cara y me miré al espejo. Estaba horrorosa. Los ojos dejaban un rastro rojo a su alrededor debido a las lágrimas derramadas anoche involuntariamente. Tenía más ojeras de lo normal, debido posiblemente a que me quedaría dormida a una hora no muy temprana pensando en todo lo que abarcaba mi vida.

Cuando me vestí y me cambié salí de mi habitación para encontrarme con el desayuno listo sobre la mesa. Mi madre me había preparado tortitas especialmente para mí —ya que ellos no pueden comer comida humana— y me había servido un zumo de naranja con un vaso de leche.

Los saludé a ambos, me senté en la mesa y comencé a desayunar. Hoy lo vería todo con más filosofía, era un nuevo día, y comenzaba el instituto, así que no habría motivos para pensar tristemente en la realidad de mi vida.

Sólo había una cosa que me daba miedo de ir al instituto.

No poder hacer amigos.

Tenía miedo de que inconscientemente sepan que soy un bicho raro, diferente a ellos y no quieran acercarse a mí. Tenía miedo de que no les cayera bien y me quedara sola en medio de una bandada de personas que me miraban de forma extraña o con odio.

Sacudí la cabeza. No habría motivo ninguno para que fuera de esa forma. Seguro que hacía amigos en seguida y se me haría más fácil quitarme de la cabeza a Jake.

—¿Estás nerviosa, Renesmee?— me preguntó mi madre cuando se sentó conmigo en la mesa. Su rostro indicaba que quería entablar conversación.

—¿Yo? No… ¿Por qué lo preguntas mamá? — le dije inocentemente. ¿Sería posible que supieran leer tan bien mis emociones tuvieran o no el don de Jasper?

—Porque no paras de moverte y pareces preocupada por algo— me alzó una ceja y se rió.

—Bueno, vale, sí. Estoy nerviosa. ¿Pero que pasa si no hago amigos?— le pregunté con algo de vergüenza.

—No debes preocuparte por eso, cariño. —Ése fue mi padre que salió desde su habitación —Si tienes la misma esencia de tu madre –que la tienes– no tendrás ningún problema con ello.— se rió y le envió un beso a mi madre.

—¿Mamá tenía muchos amigos cuando iba al instituto?— les pregunté, ya que no sabía nada de sus vidas anteriores y la curiosidad cada vez se hacía más grande.

Mi madre se rió pero fue mi padre el que contestó.

—Sí, algunos más molestos que otros, pero sí, todos al principio parecían muy interesados en la llegada de una nueva chica a la ciudad. Como ya habrás visto, el pueblo es muy pequeño, y sobretodo aburrido.— me explicó.

—Sí, como odié mi primer día. Parecía un mono de feria siendo observado por todo el mundo. Pero sobretodo lo odio porque odiaba ser la chica nueva y detestaba que la gente me mirara. Para mi sorpresa, le caí bien a todo el mundo. Todo el mundo quería hablar conmigo excepto una personita —dijo sonriéndole significativamente a mi padre.

Los miré confusa mientras en el rostro de mi padre aparecía una sonrisa torcida.

—¿Y entonces qué pasó? ¿Por qué no te quería sino le habías hecho nada? — pregunté de nuevo, sin advertir esas miradas significativas. Ahora continuó hablando mi padre.

—Porque se pensaba que había venido expresamente desde otra ciudad para torturarme. Pero no fue así, y míranos ahora —dijo mientras se inclinaba hacia mi madre y la besaba.

Mi madre se rió y se separó a los pocos segundos. Se inclinó hacia mí y como si de un secreto se tratara, me habló al oído.

—Un poco más y me comía en medio de la clase de biología.

Me reí ante tal afirmación. Mi padre también se rió y mi madre me abrazó.

—Así que no tienes que preocuparte, mi vida, si yo sobreviví al primer día con tu padre, tú también puedes. Ya verás— y me besó en la mejilla.

Les sonreí y me sentí algo más tranquila. Ahora todo lo que me atravesaba era emoción de vivir algo nuevo y de por fin ser más o menos como un adolescente normal, y no como una medio vampiro que tenía que tener cuidado con tocar a la gente para no hacerles saber nada de mi poder.

Tendría que tener cuidado. No podía ponernos en evidencia. No podrían descubrir lo que éramos por nada del mundo y ahora toda la responsabilidad recaía sobre mí.

Terminé el desayuno y me dirigí a la puerta con mi mochila a cuestas. Cogería el coche y el comienzo de una nueva etapa empezaría.

Cuando fui a abrir la puerta, una mano en mi hombro hizo que parara. Me giré y vi a mi padre.

—Hey, señorita, ¿A dónde crees que vas tú sola?

—¿Al instituto?— contesté inocentemente.

—¿Y piensas ir tú sola?— me volvió a preguntar.

—S-si… iba a coger tu Volvo…— me excusé.

—Te llevará Jacob — me soltó de repente. ¿Mi padre… sugiriendo que me llevara Jake?

Lo miré confusa y después llevé mi mirada al rostro de mi madre. Ella asintió y se puso a recoger el desayuno.

—¿Por qué no puedo ir sola? Ya he cogido muchas veces antes el coche, sé hacerlo. — le reproché. No es que no quisiera ir con Jake, pero quería verlo lo menos posible aunque mi corazón me dijera lo contrario.

—Porque hasta que no te habitúes y conozcas a la gente y demás, te llevará él, por si pasara algo. ¿Vale? — me dijo ya más suevamente. De todas formas odiaba que me tomaran aún como a una niña. —Y claro que te tomamos como a una niña, eres nuestra niña y siempre lo serás. — me sonrió.

—¡No me leas la mente!— le grité y me fui de la casa para dirigirme de mala gana a la mansión.

Cuando llegué a la puerta entré y me vi a Carlisle que salía de su despacho con la bata del hospital. Él también comenzaba hoy su nuevo trabajo en Forks.

—Hola, Carlisle.

—Hola, Nessie. ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar yendo al instituto?— me preguntó mientras me abrazaba como saludo de buenos días.

—Sí… pero me tiene que llevar Jake, aunque yo prefería ir sola.— le comenté molesta aún con mi padre.

—Pensaba que te llevabas bien con él. No te preocupes, cuando te acostumbres al cambio ya verás como tendrás más libertad. — me sonrió cariñosamente.

—Sí me llevo bien… —intenté ocultar la temblorosa voz — pero odio que me sigan tratando como a una niña —dije enfurruñada.

Carlisle se rió y me agarró la barbilla.

—No eres una niña, Renesmee. Pero a todos los padres les cuesta desprenderse de sus hijos cuando han llegado a cierta edad, y tú lo has hecho más rápido que cualquier otro niño humano completamente. Hasta yo sigo igual con todo ellos también, y ya hemos vivido muchos años juntos. Ya hasta los creo mis verdaderos hijos, y me preocupan, al igual que Edward y Bella se preocupan por ti. De hecho, todos nos preocupamos por ti. Eres el tesoro de la casa. — me explicó.

Mirándolo así… no parecía tan malo…

Decidí volver a casa y disculparme con mi padre, pero justo cuando iba a salir por la puerta, Jake entró con dos cascos en la mano.

No pude evitar sonreír al verle y lo escruté. Llevaba unos vaqueros típicos rotos por la rodilla, y una camiseta negra remangada hasta los codos. Se podían ver claramente los abdominales marcados y sus fuertes brazos a través de la tela de la camiseta negra. Se veía muy guapo…

Lo escuché reírse y me alejé del ensimismamiento que tenía. Volví a recordar que estaba intentando evitarlo y parecer indiferente ante su presencia.

—Vámonos que llegamos tarde —le dije sin mirarlo a los ojos.

—Hey, hey, ¿qué recibimiento es este?— se quejó mientras me atraía hacia él.

—Uno normal, Jake. Vamos tarde… ¿te importaría..?— le dije intentando no mirarlo aunque era inútil.

—¿Ansiosa, eh? Venga vamos… no quiero que te enfades conmigo por llegar tarde. — Salimos junto a Carlisle, y mientras él se montaba en su Mercedes negro, Jake me guiaba hasta su moto negra. Me puse el casco y me subí tras él.

—Agárrate fuerte, vamos a ir rápido para que no llegues tarde. ¿Te haría eso feliz?— me preguntó burlonamente.

—En éxtasis. —le contesté forzadamente. Me era difícil contestarle así, no quería contestarle así, pero tenía que darme cuenta que él no me quería como algo más.

Mientras emprendimos el viaje, que apenas duró cinco minutos, me aferré a él fuertemente. Al menos quería sentirlo en silencio. Quería tenerlo cerca de mí aunque fuera unos segundos, y quería sentir el calor de su piel.

Una vez llegamos al instituto, que ya había visto antes en mi visita rápida por el pueblo, me bajé de la moto a desgana y volví a poner mi fachada de chica enfadada aunque en el fondo de mi corazón me rehusara a hacerlo. Jake por su parte pareció notar mi fuerte agarre cuando íbamos en camino y me miró burlón. Me arreglé el pelo y la chaqueta y me dispuse a entrar al instituto a través del parking lleno de coches sin siquiera despedirme de él.

Cuando ya había caminado cerca de cinco metros sentí cómo agarraba mi brazo y me volteaba. La electricidad me atravesó cuando me tocó.

—¿Me puedes decir que te pasa, Ness?— me dijo con voz más seria. Lo miré a los ojos, pero no vi más que inexpresividad en ellos.

—N-nada — tartamudeé cuando me dispuse a contestarle.

—¿Nada? ¿Entonces por qué te comportas como si estuvieras enfadada conmigo desde anoche?— me preguntó acusadoramente.

—¡Eres tú el que se comporta como si no me conociera! ¡No vengas a reprocharme nada ahora!— le contesté con un tono de voz más elevado. —Si no querías estar conmigo, no tenías más que decírmelo. No hacía falta que pasaras de mí. —Le reproché.

—Ah, así que era eso ¿no?— confirmó. —Nessie, yo no he pasado de ti. Sólo… tenía que pensar. Tenía que ver a mi familia. —Me dijo.

—Tu familia… —repetí con desdén y me fui.

Caminé lo más rápido que pude sin dejar demasiado obvia mi naturaleza, sólo por si acaso alguien me estuviera mirando ya. Jake me contestó a gritos.

—¡Espera, Nessie! No quer—lo corté.

—¡Déjame!— le grité sin siquiera girarme hacia él.

—Te recogeré cuando salgas…—me dijo cuando ya apenas se escuchaba su voz.

Cuando me acercaba más a la entrada de lo que sería mi nuevo mundo, escuché cómo el motor de su moto arrancaba y se alejaba del parking. Me giré y lo vi irse con lágrimas en los ojos. Nosotros se supone que tendríamos que estar bien, riéndonos, no enfadados… me lamenté.

Suspiré y me sequé las lágrimas que caían por mi rostro. Una vez lista de nuevo, respiré hondo y pensando para mí misma que todo iba a mejorar una vez cruzara las puertas del instituto, me encaminé hacia dentro.

La gente pasaba sin siquiera notar mi presencia. Todos llevaban un rumbo fijo, todos sabían dónde ir, menos yo. Mamá había mencionado algo de ir a recoger el horario de clases a la secretaría y un mapa para no perderme.

Miré alrededor para ver si encontraba el cartelito que mencionara cuál de todas las habitaciones era la secretaría. En vista que no la encontraba, me decidí a preguntarle a alguien de por ahí que no pareciera ir demasiado en su mundo.

Vi a dos muchachas hablando animadamente entre ellas y me parecieron agradables a simple vista. Me acerqué a ellas despacio y me aclaré la garganta.

—Perdonad, ¿sabéis donde está la secretaría? —pregunté con una voz suave. Las dos mujeres me estaban mirando de arriba abajo y sentía como si estuviera pasando un escáner.

—Tú… eres la nueva ¿no? —me preguntó una de ellas. Me quedé sin saber qué decir mientras la otra muchacha me seguía mirando.

—Sí… supongo que sí. ¿Sabéis donde está? — dije insegura de haber dicho lo correcto. No estaba acostumbrada a conocer gente nueva.

—¡Hola! Yo soy Betsy, y ella es Surami. —dijo una de ellas. La que se llamaba Betsy tenía el pelo de un color castaño oscuro, pero los ojos eran de un azul cristal impresionante. Sin embargo, la otra, Surami, era pelirroja y con los ojos verdes. Ambas iban vestidas con ropas caras y también iban maquilladas. Les sonreí.

—Yo me llamo Renesmee, pero me suelen llamar Nessie. —contesté.

—Qué nombre tan raro. —me contestó la pelirroja. El suyo tampoco es que fuera algo muy común que digamos… Le sonreí y les volví a preguntar por la secretaría. No quería llegar tarde mi primer día de clases.

—¡Oh claro! Ven, es por aquí. Tenemos que ver si tienes alguna clase con nosotras —me dijo esta vez la morena. Ambas se pusieron a andar hacia el pasillo en frente de nosotras y las seguí.

Cuando giramos la esquina se dirigieron hacia la segunda puerta. La abrieron y me invitaron a entrar delante de ellas.

Entré y me acerqué al mostrador. La mujer que estaba sentada detrás de él y levantó la vista para mirarme.

—Esto… soy Renesmee Cullen— le dije sin saber muy bien qué hacer.

—Ah sí, claro. Toma tu horario de clases, cariño. Y el mapa. Espero que te vaya bien en tu primer día. —me dijo y me sonrió

—Gracias.

Me giré y vi a mis dos nuevas "amigas", si es que así se les podía llamar aún, haciéndome un gesto con la mano para que me acercara. Hice lo propio y me arrebataron de las manos prácticamente el horario.

—¡Oh genial! Tienes conmigo la primera clase, la segunda y la tercera, y con Surami, la segunda y la cuarta. —exclamó Betsy.

—Oh, conmigo sólo tienes dos horas. Las tres sólo podemos estar a segunda hora. Qué rollo. —Se quejó Surami. Le sonreí y volví a coger mi horario. Leí Historia a primera hora, en la torre seis.

—¡Oh, no te quejes tanto Surami!— dijo dirigiéndose a ella. Después, me miró —Creo que a primera hora también está Jason con nosotras. —me comentó.

—¿Jason?— pregunté.

—Mi novio, y el tipo más súper popular por aquí. Así que ya sabes ¿eh? Estás avisada de que es mío — me advirtió con descaro.

—C-claro.

Ni que no tuviera yo mejores cosas en las que pensar ahora mismo. Como por ejemplo, Jacob.

—Bueno venga vámonos. La torre seis está en el otro lado del colegio. ¡Hasta luego Surami! Nos vemos en el almuerzo. —dijo y me arrastró con ella.

Mientras íbamos pasando clases me iba diciendo dónde tendría que ir a las siguientes horas, para que me fuera orientando desde el primer día de manera que no me perdiera demasiado. Se lo agradecí y llegamos a la esperada clase de Historia.

El profesor aún no estaba dentro, pero sin siquiera esperarlo un muchacho moreno con los ojos azules se interpuso en nuestro camino.

—¡Jason!— exclamó mi amiga.

Alcé la vista y me quedé paralizada. El muchacho que se encontraba frente a mis ojos sin duda era bien parecido. Pero lo que a mí me cautivó sobremanera no fue el novio de mi amiga…

… sino lo que había visto detrás de él.


Toc, toc

¿Se puede?

*Yuliss asomándose por la puerta poco a poco... a la espera de que alguna lectora se le eche encima por haber tardado tanto...*

Esto... jajaja sí, lo sé. Me pasé de tiempo... pero en mi defensa diré que las traducciones ocupan todo mi tiempo y la universidad y también la pereza, jajaj pero bueno... prometo no tardar tanto para la próxima vez... y más aún que encima me querreis matar por como lo he dejado... (xD xD) jaja sí, más me vale no tardar...

En fin, ya habéis visto que las dos ganadoras del concurso que hice están incluidas en el fic. Espero que os haya hecho ilusión, jejeje, aún queda mucho fic por delante, ya veréis vuestros roles en la historia...

Bueno, muchas gracias por los comentarios que me llegaron en su tiempo por el capítulo pasado, y espero que en este sigan igual o mejor, aunque sería pedir demasiado... sólo espero que lo hayan disfrutado y ya nos vemos prontito!!!

Un besitoooooo

Yuliss