Bueno, este es el final de esta historia. Es algo que decidirán ustedes si consideran una continuación o una segunda parte o algo así, porque desde el punto de vista de este personaje, no lo sé, fue, como todo lo que pasa por mi cabeza, y por la de Robin Schone que ideo una escena similar para el inicio de su libro LA MUJER DE GABRIEL, gracias a esa mujer entiendo lo que es escribir con erotismo, espero que no me odien por ello.

Epilogo

Alexander

El día amaneció lluvioso mientras veía las recurrentes gotas caer, como cada día en la vida de los hombres como nosotros.

Me di la vuelta y luego me senté en la silla que meses antes era ocupada por nuestro jefe, pero ahora el estaba casado y tenía una familia. Una que nosotros añorábamos en secreto, pero que ninguno de nosotros se atrevía a buscar. A él le había llegado por accidente pero era evidente que no todos podíamos contar con esa suerte.

Mi mirada se direccionó hacia el sobre en la mesa al lado de la lámpara antigua. Al igual que las cuentas y la correspondencia ahora no llegaban a nombre de Edward Cullen, sino a mi nombre

Jacob Alexander Black.

Miré ese sobre pero no tenía tiempo para correspondencia ahora, la vería más tarde, primero debía ir a supervisar como iba la noche.

En ese momento sonó el teléfono y alargué mi mano para contestar antes de ponerme de pie.

-¿Diga?- pregunté con esa habitual cadencia en la voz con la que éramos educados para seducir, para complacer.

- ¿Alexander?- era el jefe Edward. Su voz se escuchaba con emoción contenida.

-Sí, jefe. Por supuesto, ¿A qué debo el honor de su llamada?-

Hacía casi un mes que no recibía noticias de él y ya había comenzado a preocuparme, pero la emoción en su voz decía otra cosa.

- Estoy en la clínica, con Bella –

Pensé remotamente en si algo malo le había pasado a ella. Un ser tan bueno solo merecía cosas buenas.

-¿Está todo bien?- pregunté no muy seguro de querer conocer la respuesta.

- Tenemos una hija…- dijo él sencillamente antes de estallar en carcajadas

Me alegré sobremanera, dos personas que se querían tanto solo merecían felicidad.

- Lo felicito, sinceramente. – dije ocultando mis emociones, era una característica que todos nosotros adquiríamos con el tiempo.

- Gracias…. Bella dice que quiere que la conozcas.

Esa mujer siempre quería ser bondadosa, era algo a lo que ninguno de nosotros estábamos acostumbrados por eso, y yo sabía que no era el único, envidiábamos la suerte de nuestro antiguo jefe.

- Usted dirá cuando puedo visitarla –

- Por ahora deben permanecer aquí tres días. Yo te llamare. –

Sonreí abiertamente y asentí:

- Esperaré con ansia, y ojala que tenga una fotografía, estoy seguro de que los muchachos querrán conocerla -

- Por supuesto, su padre le habrá tomado, a estas alturas, al menos mil -

- No me cabe la menor duda. Usted también debe estar en la misma situación -

- Sí, soy culpable, pero cuando la conozcas te darás cuenta de que hay algo en ella que incita a fotografiarla y tenerla siempre contigo –

Debía ser un ángel adorable.

- No demore en llamar -

- No lo haré – dijo el

- ¿Y cómo la llamaran?- pregunte después de unos momentos.

-Francesca, fue un nombre propuesto por Alice. –

- Es un nombre muy bonito -admití recordando que nunca había conocido a una mujer que lo portara.

- Si yo lo creo igual…- escuché que respondía a algo a otra persona al lado de él – debo irme… te llamaré luego -

- Hasta pronto –

Cortó la línea pero me sentía un poco mejor.

Con el propósito de reiniciar la noche abrí la puerta y bajé las escaleras solo que a diferencia de todas las otras noche un alboroto reinaba en medio de la casa. Me quedé apoyado en la baranda de la labrada escalera, observando el origen de tanto ruido que no era acostumbrado.

Las mesas habían sido prudentemente alejadas a un lado solo estaban las sillas y en el centro de el gigantesco salón había hombres y mujeres hablando entre ellos en voz baja mientras una persona, a todas luces femenina, ascendía por unas escaleras pequeñas, estaba cubierta por una capa de color verde oscuro que tenía una capucha echada sobre la cabeza.

Bajé otros dos escalones mientras la mujer terminó de subir y se posó sobre una de las mesas. Como si se tratara de una especie de ofrenda ante todos los que miraban desde abajo, el local había, recientemente, adquirido los servicios femeninos aparte de los masculinos, con lo cual más y más hombres desconocidos venían acá. No éramos un local completamente inicuo ya que si alguno de los desconocidos decidían hacer uso de la fuerza con las mujeres habíamos duplicado los guardias para protección.

Así la clientela se había incrementado, no me sentía orgulloso de ello pero no queríamos que los hombres prestaran servicios a hombres, tampoco llegábamos a tanto.

Terminé de bajar la escalera y camine entre la gente.

Cuando mis ojos divisaron más de cerca me percate de que la capa de la mujer no era nueva sino mas bien raída y que los cabellos bajo la capucha eran de un color castaño algo opaco. Hice un gesto hacia uno de los meseros que estaba limpiando unos vasos.

Cuando llego hasta mí le dije:

- ¿Qué está pasando?- le pregunté haciendo un gesto con la cabeza hacia la mujer.

-Esa mujer entró hace quince minutos, cuando la música estaba resonando… – comenzó a explicar.

- ¿Y qué demonios quiere? – pregunté ahora señalando a la gente alrededor de ella la mayoría de ellos hombres quienes nunca antes habían visitado este local.

-Acaba de… acaba… de empezar a subastar su cuerpo -

Una sensación de desconcierto me asaltó, muchos de los muchachos usaban sus cuerpos de manera voluntaria, pero cuando la cabeza de ella aun con la capucha puesta se volvió hacia mí y sus ocultos pero brillantes ojos me miraron una conexión desconocida se dio entre ese par de ojos que aun a distancia distinguí pardos, casi amarillos.

- Dos mil…- ofreció uno de los hombres por el uso de su cuerpo. - la virginidad de una mujer no vale tanto…- dijo sonriendo hacia los otros alrededor, con lo cual me dio a entender que aparte de su cuerpo estaba ofreciendo su virginidad.

Eso no era nada más que un acto desesperado por obtener alimento, me sentía identificado por que era la historia de otros más aquí. Los hombres no invitados comenzaron a levantar la voz al mismo tiempo que los valores, la figura de la mujer se mantenía impasible y yo la observaba absorto, ella tenía algo extraño que me hacía imposible retirarle la mirada. Era como si la cubriera un halo de dignidad a pesar del indigno acto que se estaba cometiendo ahí mismo.

Di unos pasos hacia la mesa en donde ella continuaba de pie y sin moderador alguno mientras los hombres se erguían pujando por ella.

- Quinientos mil…- ofreció una voz que solo segundos después identifique como la mía.

No sabía que motivación me había hecho ofrecer esa cantidad de dinero por ella, compasión parecía la causa más viable en todo ello. El silencio se hizo inmediatamente mientras sentía las miradas de todos sobre mí. Hacía tiempo que no trabajaba con mi cuerpo y todos los sabían, hasta las clientas y clientes. Desde que era el jefe se me ofrecía la oportunidad de dejar ese mundo al menos en manera física.

Los ojos de la mujer volvieron a clavarse en mí, pero la impasibilidad en ellos me habló de resignación ante su destino.

Me acerqué a la mesa impulsado por esa mirada y ofrecí mi mano cubierta por un guante blanco. Ella miró la mano y luego a mí, lentamente la levantó y la apoyo para bajar de la mesa con mi ayuda.

A pesar de la tela del guante no pude dejar de sentir el frio que esa mano transmitía, era una mano demasiado delgada, demasiado frágil. También hablaba de muchas horas de hambre, de pobreza y de no esperanza.

Ella caminó hasta ponerse frente a mí y solo entonces pude ver que era bajita y delicada. Pero sus ropas ocultaban la verdadera figura que se escondía. No iba a tomarla, solo iba a liberarla de ese destino tal vez ayudándola.

- ¿Cuál es tu nombre? - le pregunté impasible.

- Leah…- estaba meditando en darme su apellido, pero no me interesaba en la más mínimo saber de quién se trataba, cada persona tenía sus propios problemas – Clearwater.

La voz era cadente… me arrepentí de escucharla porque, si no hubiera estado tan convencido de lo contrario, habría jurado que había entrenado con nosotros.

Era una voz seductora, de muchas maneras. Ella era seductora pero era extraña. La curiosidad me comenzó a carcomer. Porque algo en el fondo de mi alma me decía que algo diferente estaba a punto de pasar.

Más allá de la impasibilidad había algo inconfundible, algo que había visto demasiadas veces en los ojos de las clientas. Deseo femenino.

¿Era yo el siguiente en la lista de hombres a los que les llegaba la suerte?

Si, sé que estoy completamente loca, puede que odien este epilogo y desprecien la historia, puede que la amen, no lo sé, como les digo fue una idea salida de una escena de LA MUJER DE GABRIEL de Robin Schone. Respecto a la razón de cambiar el nombre de Renesmee por el de Francesca en vista de que la mama de Bella no quiere tener nada que ver con ella Bella no incluiría en su amada hijita el nombre de su despreciable madre por lo que he ahí la razón. Gracias por haberse tomado la molestia y de leer y de seguir hasta el final.

Mara