N.A.: Como dice la canción, todo tiene su fin, y éste es el de "Rosa de sangre". Si habéis llegado hasta aquí, sabed que, cuando hayáis leído este capi, os habréis metido ente pecho y espalda más de 500 páginas (calculando a ojo) de paranoias vampíricas severas ^^

Cuando empecé a escribir este fic no tenía ni la menor idea de que el argumento acabaría complicándose tanto, de que sería tan largo -planeaba 10 capis con una sola parte cada uno-, ni de que aparecerían todos los puñeteros personajes de VK ^^;;. De verdad. Lo que sí sabía es que quería intentar ser lo más fiel posible a la psicología de cada uno de ellos -aún haciéndolos evolucionar y moviéndolos por escenarios ajenos al manga- y que quería respetar la mezcla de nostalgia/oscuridad/humor que es el sello personal de VK o que, al menos, lo fue en el primer arco de la historia. Sé que no lo he conseguido siempre y que este fic tiene muchos fallos, pero espero no haberme desviado horriblemente de la atmósfera de Vampire Knight (consolas de videojuegos a parte :D). Supongo que el punto más AU es el hecho de que aquí Kaname tiene sólo una parte del ancestro, mientras que, en canon, es 100% el antepasado de los Kuran, lo cual cambia bastante la interpretación de sus traumas.

Tengo que daros las gracias a todas las que os habéis leído este fic y, en especial, a las que me habéis dejado comentarios, positivos o de crítica constructiva. He aprendido mucho y también he hecho muy buenas amigas a lo largo del camino, cosa por lo que estoy muy agradecida a Matsuri Hino. Me he divertido mucho escribiéndolo –aunque haya necesitado toneladas de chocolate para ciertas escenas- y sólo espero que, entre todas, hayamos pasado unos buenos ratos. Con eso me doy por satisfecha.

No voy enrollarme más aquí con proyectos futuros en FF. A quien le interese, por favor consultad mi profile donde hay cumplidas explicaciones.

Y ahora...* sube el telón*... aquí tenéis el último capítulo, que espero os guste...

12. Acompáñame a la eternidad. Parte 2

-¿Es perfecta o no?

Yuuki gateó por encima de los colchones que habían dispuesto en el suelo de su nueva habitación, cubriéndolos con una manta de pelo marrón y con varios cojines que habían cogido de otros cuartos. Era lo único que había en aquella estancia, completamente vacía. El suelo era de parquet claro, a juego con las paredes de color crema, y los ventanales ofrecían una hermosa panorámica del cielo nocturno. La única luz provenía del par de candiles que habían traído hasta allí.

-Lo será.

Kaname se tumbó de lado sobre la manta, con la cabeza apoyada en la palma izquierda y una ceja enarcada. Sus ojos lamieron la figura de Yuuki, desde las piernas torneadas que arrancaban susurros a la tela peluda cada vez que se movían, pasando por la curva de las caderas, realzada por el camisón que -bendito fuera- se empeñaba en remangarse, hasta el valle entre sus pechos. Ella rió, se colocó el cabello detrás de un hombro con coquetería y le dedicó una falsa mirada severa.

-¿Qué estás mirando?

-A ti.

El purasangre levantó una mano en invitación y, cuando ella la aceptó, tiró hacia él, echándola sobre su cuerpo. Los labios se buscaron y se encontraron con facilidad, provocándose.

Hacía tres días que dormían en aquella especie de campamento improvisado, desde que Yuuki había decidido que sería su habitación de ahora en adelante. Se habían pasado aquellas noches poniendo en práctica su plan: recogiendo los recuerdos de sus padres, doblando con cariño los vestidos, guardándolos en cajas y trasladando el tocador y los libros a la gran buhardilla, que les había costado un día entero despejar y limpiar. Luego le había tocado el turno a la habitación de Kaname y a la suya.

Cuando habían acabado, aquella enorme habitación de techo inclinado era como una representación condensada del hogar que los Kuran, probablemente, habrían deseado tener, con los muebles de los niños contra las paredes, peluches, juguetes, espejos y joyas. Habían colgado cortinas de encaje blancas de las ventanas, habían dispuesto alfombras en el suelo y colgado cuadros en las paredes. Al contrario de la mayoría de los desvanes, la atmósfera allí era ligera, cálida y luminosa, un lugar agradable en el que subir a pasar la tarde para poder sentir cerca a sus padres.

Por supuesto, la construcción del cuarto Kuran les había dejado tan baldados como si les hubiera atropellado un camión, en parte porque se habían empeñado en hacerlo ellos mismos, sin la ayuda de nadie del servicio.

Ambos habían acabado de colocar los últimos libros en los estantes y se habían derrumbado sobre la antigua cama de Yuuki el pasado amanecer. La señora Nakata les había tenido que ir a buscar para avisarles de que era hora de cenar. Y, todo eso, con el móvil de Kaname echando humo ¿Cómo se lo iba a hacer para atender la procesión infinita de asuntos que necesitaban de su atención cuando tuviera que ir todas las noches a clase en la Academia Cross? Eso, sin contar con que el purasangre ya tenía varios viajes en perspectiva de una punta a la otra del mundo para conocer a los Príncipes de las Cortes que no habían podido asistir al Baile de Invierno. No era de extrañar que se hubieran derrumbado en los colchones sin ánimo para decir Jesús y que se hubieran despertado entrada la noche.

Yuuki dejó que Kaname la sentara a horcajadas sobre él mientras seguía beśandole, disfrutando del tacto de la manta en sus piernas desnudas. Todavía no habían podido montar su propia habitación porque no querían reciclar ninguna de las otras camas que amueblaban la mansión. Tal como había dicho Kaname, ya era hora de que algo en aquella vetusta casa se empezara desde cero.

La mansión estaba acurrucada entre las altas montañas que se divisaban al fondo de la ciudad donde se situaba la Academia Cross. Lo cual, dedujo Yuuki, tenía mucho sentido: la sede central, histórica, de los cazadores tenía que estar cerca del lugar original donde nacieron. Habían hecho una pequeña excursión a la ciudad para encargar muebles nuevos para su habitación pero aún no los habían recibido, así que seguían durmiendo como si los "boys scouts" hubieran tomado al asalto una mansión rococó. Al servicio le daba un ataque cada vez que pensaba en ello, pero Yuuki no podía encontrar ninguna pega a aquel arreglo atemporal. Y a Kaname no le había oído quejarse.

Las manos de él subieron por sus muslos con lentitud sensual y Yuuki sintió que se desperezaba interiormente, como una gata. Desde que habían entrado por la puerta de la mansión no había ocurrido nada entre ellos. La presión de encontrarse de nuevo en la casa, primero, y el agotamiento de hacer de decoradores después les había dejado la líbido en hibernación. Hasta ahora...

Justo cuando Kaname estaba a punto de subirle el camisón más arriba de la cintura, los sentidos vampíricos de Yuuki tintinearon como cascabeles de plata. Vampiros... Varios. Y desconocidos. Se quedó rígida y cogió las muñecas de él, deteniendo su ascenso.

-¿Has notado eso? Hay otros vampiros cerca.

Él forcejeó un momento para seguir con lo que hacía y se formó una fina línea entre sus cejas, como un niño molesto al descubrir que no podía abrir la caja de su juguete favorito.

-Son admiradores...

-¿Son qué?- Yuuki inclinó la cabeza a un lado, parpadeando ¿Desde cuándo se habían transformado en estrellas de rock? ¿Y podía Kaname dejar de intentar subirle el camisón?

Él suspiró, dándose por vencido, y dejó caer la cabeza en los cojines.

-Vampiros que han oído las noticias de la nueva regencia y han venido a conocernos o a presentarnos sus respetos.- desvió un momento la vista hacia la tribuna acristalada-. Era así casi todo el tiempo cuando vivíamos con Juuri y Haruuka.

Yuuki desmontó de él, ganándose una queja gruñona, y avanzó hacia el rincón acristalado de su habitación, espiando el exterior. Aquella balconada no daba directamente a la fachada principal de la mansión, sino a un lateral, pero podía ver algo de la explanada delantera si se amorraba al cristal. Allí estaban. Cuatro o cinco vampiros envueltos en largos abrigos y sombreros bajo la suave nevada, aproximándose a la puerta.

Al momento, se retiró de la ventana como si la hubieran pillado espiando y señaló el exterior con un dedo.

-¿Has visto eso? ¡Han venido hasta aquí incluso nevando! ¡¿Qué vamos a decirles?!

Kaname se sentó sobre la manta, apartándose el pelo de la cara.

-Absolutamente nada, la señora Nakata se ocupará de ellos. Recibirá sus regalos, si han traído alguno, sus cartas de presentación y sus buenos deseos para hacérnoslos llegar y luego los enviará de vuelta a sus casas.- su voz traslucía un cierto fastidio-. Más vale que nos vayamos acostumbrando.- o no tendremos un momento de intimidad en lo que nos queda de vida...

Yuuki hizo una mueca, como si Kaname hubiera pronunciado aquella última parte en voz alta. Para él era fácil decirlo, siempre había estado rodeado de gente que le observaba. Ella todavía se acordaba de la vergüenza que había pasado en sus... um, ocasiones íntimas en la Residencia Luna, rodeada de vampiros con mejores sentidos que un Golden Retriever. Echó una ojeada al reloj despertador en el suelo, al lado de los colchones, y se encogió de hombros.

-Bueno, igualmente teníamos que arreglarnos. Papá y Zero tienen que estar a punto de llegar.

Kaname gruñó. Eso, y no los vampiros aduladores de fuera, sí que era un corte de rollo en toda regla.

OOO

-¿Crees que les gustarán mis cookies caseras, Zero?

-Seguro.- tanto como un dolor de muelas.

-¿Y las figuritas de cristal?

-Las pondrán en el recibidor para que todo el mundo las vea.- así podrán matar vampiros de un infarto sin tener que levantar una mano.

-¿Y el vino?

-Eso va a ser lo que más les va a gustar.- al menos, les ayudará a digerir las cookies mutantes.

El director Cross estrechó la bolsa de cartón reciclado con todos sus regalos contra el pecho con una sonrisa de oreja a oreja que a Zero le recordó la de una muñeca pepona. Siempre tan inocente, casi da repelús... El muchacho contempló la enorme fachada clásica de la mansión Kuran mientras cerraba la puerta del coche ¿Qué pirado se habría hecho construir una casa semejante en el maldito culo del mundo?

La mansión estaba a más de dos horas por carretera desde la Academia Cross, siempre que alguien fuera capaz de aceptar que "carretera" se aplicaba a caminos de cabras cubiertos de nieve y curvas ciegas. La nevada de los últimos días se había convertido en un fino polvillo que caía del cielo a intervalos irregulares, y ahora el FRÍO, con mayúsculas, había tomado el relevo a la galerna. Zero se ajustó el cuello del abrigo, la bufanda y dio gracias mentalmente a Yagari por haberle comprado unas botas. Kaien Cross, por su parte, parecía inmune a los elementos, gracias a la ilusión de ir a ver a su hija en su casa. Trotó hacia el porche de entrada como un potrillo en una pradera primaveral.

Zero caminó cansinamente detrás de él, con las manos en los bolsillos del abrigo. Él había venido por una razón totalmente distinta, por supuesto. Porque saber dónde vivían los nuevos reyes de los vampiros era todo un punto para un cazador. La información es poder, claro, por eso estaba allí. Absolutamente por nada más.

Cuando la puerta se abrió para revelar a una sonriente Yuuki a punto de tirar al suelo a una criada en su afán por recibirles, Zero lucía el ceño marca de la casa y Cross parecía a punto de cambiar de fase, irradiando amor y paz por todos sus poros.

-¡Papá!

-¡Yuuki!

Los osos amorosos, pensó Zero mientras les veía saltar el uno en brazos del otro. Se mantuvo a una distancia prudencial mientras padre e hija intercambiaban grititos, consciente de la silenciosa presencia de Kaname muy cerca de ellos. Cross por fin pareció darse cuenta de que estaba montando una escena, porque carraspeó, separándose de Yuuki, y le tendió la bolsa de cartón.

-Os he traído algunas cosas para compensar nuestra visita.

-¡Oh, papá! No tienes que compensar nada, ni siquiera habéis querido quedaros a cenar.- Yuuki la cogió en los brazos e hizo una mueca al comprobar lo que pesaba- ¿Pero qué hay aquí dentro?

Kaien se frotó las manos heladas con una sonrisa beatífica.

-Bueno, hice galletas de chocolate y… em, puse algo más de harina para que tuvierais una buena provisión por si recibís invitados.

Zero vio perfectamente la mirada de pánico gastrointestinal en los ojos de Yuuki antes de que pudiera disimularla y, a su pesar, tuvo que morderse el labio para evitar sonreír. Los vampiros tendrían que tener unos colmillos con la potencia vibradora de una motosierra si es que querían ser capaces de atravesar aquellos ladrillos con forma de galletas. La muchacha se hizo a un lado y Kaien entró en la casa, quitándose el abrigo para tendérselo a un criado remilgadamente vestido de negro y blanco. Aquello era como una fiesta de pingüinos, pensó Zero cuando cruzó el umbral. Golpeó la punta de las botas contra la alfombra del recibidor, esparciendo copitos de nieve, lo que le valió una mirada asesina de una pingüina con moñito.

-Zero…

Cuando levantó la cabeza de sus botas se dio de bruces con la sonrisa soleada de Yuuki. Ella le miró un momento, soltó una risita y se tapó las manos con la boca, como si le diera vergüenza demostrar su alegría porque él hubiera aceptado la invitación.

-Hola…- elocuente, ¿verdad?

El parco saludo surtió el efecto de todo un soneto. Yuuki dio un saltito hacia él, le pasó los brazos alrededor del cuello y le dio un achuchón.

-Me alegro mucho de que hayas venido.- el murmullo de ella contra su oído le recordó al de las hojas meciéndose por el viento de verano.

Zero alzó los brazos rígidamente y le dio un fugaz abrazo, intentando no respirar para que el olor de Kaname que ella llevaba enganchado a la piel no pulsara su interruptor mental de hola-mister-Hide. Había venido porque todos los analgésicos del mundo no podían contrarrestar el dolor de cabeza que era capaz de provocarle Cross cuando estaba decidido a dar el coñazo para conseguir algo. Y porque quería saber donde vivían los dirigentes de la raza cuyo control era su trabajo. Y también porque Yuuki le había dicho en la mansión Aido que le gustaría pasar un rato con él, como antes.

Un momento, ¿acababa de pensar eso? Vale, bien. Borra esa parte.

Cuando alzó la cabeza de ella y se encontró a Kaname apoyado en el mueble del recibidor, con una camisa y unos pantalones que parecían salidos de un catálogo de Gucci, su mirada era la familiar línea continua de cejas sobre unos ojos oscuros.

-Director -Kaname estrechó la mano del hombre y luego asintió hacia el ex humano-, Kiryu. Bienvenidos a nuestra casa.

-¡Voy a enseñárosla!- Yuuki juntó las manos, a punto de empezar a dar palmas-. La decoración aún es un poco... clásica, pero hemos puesto algunos ramos de flores del invernadero para darle color.

Esto necesitaría una brigada de payasos locos armados con latas de pintura fluorescente para darle un poco de color, pensó Zero, echando un vistazo a la madera noble que forraba las paredes del gran recibidor -perdón, foyer-, el pasamanos dorado de las escalinatas de mármol que subían hacia el primer piso y las molduras del techo. No se habría sorprendido de alzar la vista y encontrarse con una pintura de querubines renacentistas.

-Oh, os he traído algo para decorar la casa, si os gusta.- Cross señaló nerviosamente la bolsa de cartón como si dentro hubiera un Caravaggio enrollado.

¡¡¡KIIIII-KIIIII-KIIII!!!!

Kaname y Yuuki intercambiaron una mirada relámpago mientras por sus mentes desfilaban diapositivas en color del salón de los aposentos de Cross en la Academia. Luego desviaron la vista hacia Zero, que se esforzó a fondo por que su expresión marmórea tuviera un adecuado matiz sádico.

-Vaya, gracias papá, no tendrías que haberte molestado.- Yuuki prácticamente sintió una gota de sudor en su sien mientras revolvía la bolsa hasta dar con un envoltorio de regalo.

Kaien hizo aspavientos con una mano.

-¡No es molestia! Pensé que te gustaría tener algo que te recordara a tu hogar en la Academia.

Sospechas confirmadas. Los tres jóvenes intercambiaron miradas mientras Yuuki forcejeaba con el papel de regalo. Dejó la bolsa en el suelo mientras abría la caja de cartón forrada en capas de papel de colores. Oh, dios... Lentamente, extrajo una figura de cristal que recordaba vagamente a un perro con una sobredosis de hongos alucinógenos: era una mezcla de colores rojo, azul y blanco. La cara de Cross dibujó una sonrisa de oreja a oreja mientras señalaba la caja.

-¡Y también te he traído sus dos perritos!

Kaname se llevó una mano a los labios, disimulando la sonrisa con un educado carraspeo, Zero se dio la vuelta pensando que iba a necesitar grapas en la boca para evitar ofender a Cross con una carcajada y Yuuki cerró la caja como si dentro acechara una víbora.

-¡Gracias, papá!- se aclaró la garganta y le entregó la caja a la señora Nakata-. Buscaremos el sitio adecuado para ellos cuando hayamos puesto un poco de orden.

El triturador de las basuras sería ideal. Zero se pellizcaba la nariz en un intento de recuperar la compostura cuando Yuuki lo pilló por sorpresa cogiéndole de la muñeca.

-¡Vamos! Voy a enseñaros la casa.

Zero se dejó conducir mansamente por el laberinto de la mansión, mezcla de museo del Louvre y casa de la familia Adams, más pendiente del calor de la mano de Yuuki en su muñeca que de las habitaciones que desfilaban ante sus ojos. Cross y ella se encargaron de parlotear como cotorras, con Kaname introduciendo algún comentario sobre la decoración, mientras él se limitaba a permanecer en silencio.

Zero siguió sin pronunciar palabra mientras la pingüina con moñito les servía un té con pastitas -bien horneadas- en porcelana china y bandejas de plata en lo que debía ser el salón principal de la casa. Yuuki lo había llamado "el salón azul" pero, si tenían que ponerse a clasificar las habitaciones de la mansión por colores, iban a necesitar cuatro arco iris. Aquel sitio era enorme.

El ex humano hizo todo lo que pudo por concentrarse en la forma en que el té formaba remolinos en su taza cuando lo movía con la cuchara, pero cada poco rato sus ojos se dirigían hacia Yuuki, sentada junto a Kaname en un sillón Luis XIV. Si cerraba los párpados y sólo la escuchaba, era como si el tiempo hubiera retrocedido al curso pasado. Su risa era la misma, cascabeles argénteos que hacían que el corazón de quien la escuchara pesara menos. Si la miraba, la luz de las lámparas arrancaba los mismos destellos cobrizos a su cabello, que ahora caía en espesas ondas sensuales sobre su espalda. El brillo de los ojos enormes era idéntico y también la forma en que movía las manos para hablar atropelladamente, mezclando risas con palabras.

Sin embargo, ahí estaba. La reina -o reina consorte- de los vampiros, en su enorme mansión que hacía que el palacio de Versailles pareciera una cabaña de campo, con una vida inmortal por delante. Podía ponerse a reflexionar también sobre el tipo sentado a su lado, pero a Zero no le apetecía hacerse bilis aquella noche. Cómo habían cambiado todos en aquellos meses para seguir siendo los mismos en el fondo. Él podía estar estabilizado, podía estar trabajando para los cazadores, intentando labrarse un futuro, pero seguía siendo el mismo tipo solitario, vulnerable y huraño de siempre. Sí, por encima de las razas y de las posiciones, quizás era el alma lo que definía de verdad a una persona.

-¿... Zero?

El joven cazador dio un respingo en la butaca, provocando un pequeño maremoto en la taza de porcelana. Parpadeó, fastidiado de que Yuuki le hubiera pillado en la inopia, y frunció el ceño.

-¿Qué has dicho?

-Te he preguntado si te gusta la casa.- repitió Yuuki con el mismo tono que si se estuviera dirigiendo a alguien corto de mollera, pero con una sonrisa afectuosa.

-Espaciosa... muy espaciosa.- Zero levantó la taza y le dio un sorbito al té que se le había quedado frío.

Kaname sonrió de medio lado ante la ironía y luego se giró hacia Cross.

-¿Director? Hay algo que me gustaría enseñarle. Es una habitación que hemos preparado Yuuki y yo… para nuestros padres.

Kaien desvió la mirada de su hija y de Zero y la clavó en Kaname, perdido todo rastro de payasada. Vio el brillo en aquellos ojos siena y supo que el purasangre había entendido perfectamente lo que él había estado pensando desde que había puesto un pie en la mansión, y también se había dado cuenta de que Yuuki y Zero necesitaban algún tiempo ellos solos. Carraspeó y dejó la taza en la mesita auxiliar al lado de la butaca.

-Claro, Kaname. Me... me encantaría verla. Si no es molestia... - añadió, vacilante, pasando la mirada del purasangre a su hija.

Yuuki negó con la cabeza.

-Ve a verla, papá. Te gustará.

-Yuuki, ¿no te importa hacer compañía a Kiryu mientras le enseño la habitación al director?- preguntó Kaname mientras se levantaba.

Como si no lo hubieras planeado de antemano, Kuran. Zero los miró marcharse con expresión tormentosa, guardándose para sí la reflexión de que tendría que aprender algo de la manipulación cortesana de Kaname. Su vida sería más fácil si consiguiera aprender a usar ese tono melindroso de gato ronroneando. Cuando Kaname y el director salieron por la puerta, la mitad del cerebro de Zero se relajó de golpe, con un purasangre menos provocando sus sentidos de cazador. Curiosamente, su otra mitad entró en estado de frenesí.

Ahora estaba solo con Yuuki.

OOO

-Ha sido muy amable por tu parte dejarles para que hablen a solas, Kaname.- Kaien se acomodó al ritmo tranquilo del purasangre por los pasillos alfombrados, quien le devolvió una media sonrisa.

-En realidad es cierto que quiero enseñarle esa habitación, director. Hace mucho que no viene a esta casa y seguro que le gustaría estar cerca de algunos recuerdos.- murmuró en voz baja, mientras empezaba a subir por las escaleras.

O cerca de Juuri... De nuevo, Kaien agradeció la sutileza de Kaname al no poner nombres propios a las cosas y decidió cambiar de tema.

-Habéis hecho bastantes cambios en la mansión, aunque a Zero le parezca que no.- comentó en tono ligero-. Hay unas cuantas habitaciones vacías.

El purasangre se encogió de hombros y le miró por encima del hombro.

-Yuuki cree que, en la medida de lo posible, tendríamos que empezar a crear nuestro hogar con cosas nuevas. Y estoy de acuerdo con ella. No se puede vivir aferrado siempre al pasado, al final te ahoga.

Kaien abrió la boca y volvió a cerrarla, encajando los dientes. Estuvo tentado de preguntarle si hablaba por sí mismo o también por él, pero no lo hizo. En realidad, formaba parte de las cosas que tenían los dos en común. El pasado les había lastrado como una pesada ancla y, de los dos, parecía que Kaname era quien mejor había conseguido reorientar su vida. Suspiró al llegar al pie de las escaleras que conducían a la enorme buhardilla de la mansión.

-Vas a tener muchas cosas nuevas de las que ocuparte de ahora en adelante, Kaname.- comentó, en lugar de lo que tenía en la cabeza- ¿Seguro que quieres seguir asistiendo a la Academia?

El joven se giró con el ceño fruncido y la mano en la baranda de madera.

-Le prometí a Yuuki que me quedaría hasta que se graduara.

-Sí, pero a ella le queda año y medio y el mundo vampírico no puede esperar tanto tiempo a tener a su líder con plena dedicación.- Kaien sonrió, suavizando el peso de la sentencia-. Y, si luego empieza a estudiar en la universidad, ¿también te vas a matricular tú para estar a su lado? -se encogió de hombros al ver la mirada oscura del joven-. Está bien, perdona, no es asunto mío.

En realidad, tiene toda la razón, pensó el purasangre. Si volvía a la Academia, sería miembro de la Clase Nocturna sólo nominalmente, porque no tendría maldito el tiempo de ir a clase ni de presentarse a unos exámenes que, además, sabía que aprobaría. No había nada que pudieran enseñarle en la Academia que sus tutores particulares no le hubieran enseñado años atrás. Y tampoco podría ocuparse de gestionar los asuntos diarios de la Residencia Luna, o de la convivencia con la Clase Diurna, porque se iba a pasar la mitad del tiempo reunido con nobles, en consejos de administración o combatiendo el "jet lag" de viajar de un lado al otro del mundo.

Para ser sinceros, la vida de Kaname Kuran en la Academia Cross había llegado a su fin. Pero estaba aquella promesa a Yuuki...

Suspiró, pensando que las charlas con Kaien Cross eran lo más parecido al diván de un psiquiatra mezclado con un "coach" personal. Básicamente, supuso que aquello era lo que hacía un padre, lo pidieras o no. Le recorrió una oleada de gratitud y le hizo una seña a Cross para que le siguiera hasta la puerta en lo alto de las escaleras.

-Ven, Kaien.- el tono de su murmullo fue aún más cálido al prescindir del "usted".

La puerta no estaba cerrada y Kaname se hizo a un lado al abrirla, cediéndole el paso al ex cazador.

Lo primero que percibió Kaien fue el olor de las flores. Recordaba haber visto flores frescas cada vez que había visitado a los Kuran en su casa. A Juuri le encantaban, por lo que había hecho construir un invernadero que le permitiera cultivarlas a pesar de la dureza del clima. El perfume penetrante de las rosas bañaba todo el espacio.

Kaien inhaló con fuerza mientras su mente conjuraba una imagen de las delicadas manos de Juuri arreglando un ramo con una sonrisa. Ah, allí estaban. Un hermoso ramo de rosas blancas adornado con una cinta plateada encima de un tocador... El director parpadeó un par de veces, intentando hacerse a la idea de lo que veían sus ojos.

El espacio bajo el techo inclinado era gigantesco. Ocupaba casi la misma superficie que una planta entera de la casa. Kaname y Yuuki habían dispuesto los muebles del salón subterráneo, de sus propias habitaciones y de la de sus padres imitando su antigua distribución en sus anteriores ubicaciones, con un amplio pasillo en medio, alfombrado, para poder caminar. Había ramos de flores encima de los muebles, los cuadros favoritos de los Kuran colgados en las paredes, los peluches de Yuuki y las maquetas de Kaname. Varios ventanales inclinados dejaban pasarlos rayos de la luna a través de finas cortinas blancas, dándole al espacio la luz de los cuentos de hadas donde los desvanes son la puerta a un mundo mágico. En aquel caso, era una puerta al pasado.

Kaien echó a andar por el pasillo central, cuidando de no hacer ruido. Estaba aquel sofá donde a Juuri le gustaba sentarse mientras veía jugar a Haruuka con el bebé Kaname. Y también la butaca donde él mismo se había sentado en su primera visita a la mansión, un joven cazador con el corazón confundido. Un traje de Haruuka seguía colgado de un perchero y una bata femenina de seda estaba plegaba sobre el respaldo de la silla de una cómoda. Sin duda, tal como Kaname y Yuuki la habían encontrado al reabrir la mansión.

El hombre pasó una mano inconscientemente por los muebles de madera clara mientras cerraba los ojos. En aquel lugar, todavía podía ver a Haruuka cogiendo un libro y oír el fru-fru del vestido de Juuri. Os echo tanto de menos a los dos...

-Tómate el tiempo que quieras. Seguro que ellos estarían contentos de tenerte aquí.

El quedo murmullo de Kaname junto a la puerta le hizo levantar la vista. Sólo se dio cuenta de que tenía lágrimas en los ojos cuando no pudo enfocarlo correctamente. Quiso responder con un "gracias", pero la garganta no le obedeció. La sonrisa del joven se hizo más amplia.

-De nada.- empezó a cerrar la puerta pero se detuvo a medio gesto-. No hace falta que cierres al salir. Esto es una habitación más de la mansión, no el desván.

OOO

Zero mantuvo la vista resueltamente fija en la puerta por donde habían desaparecido Kaname y Cross, intentando ignorar aquella sibilina voz interior que se empeñaba en recordarle que tenía a Yuuki delante ¿Y? Podía tenerla justo al lado, pero aquello no iba a cambiar nada. El camino de la vida de ella estaba firmemente trazado y no discurría en paralelo al suyo sino al de Kaname. Por mucho que Yuuki le considerara una persona especial en su corazón, al que no se le podían aplicar etiquetas tan limitadas y simples como hermano o amigo, nunca sería su amante. Había una fina línea invisible que la separaba de él y que, en cambio, la unía a Kaname. Ya iba siendo hora de que lo aceptara o acabaría como Cross, a quien se le abría el pecho en canal cada vez que alguien le recordaba a Juuri.

El director creía haber disimulado muy bien la zozobra que llevaba arrastrando desde hacía dos días, cuando Yuuki le había llamado para invitarles a la mansión. Había ocupado su escaso tiempo libre en ir a la mejor licorería de la ciudad para comprar un vino dulce de una cosecha tan especial que Zero tuvo la absoluta certeza que había sido el preferido de la señora Kuran. Y no había parado de hornear aquellas cosas con chocolate porque necesitaba tener la mente y las manos ocupadas. Cross podía sonreír y hacer el payaso, pero Zero lo conocía lo suficiente como para adivinar su dolor. Y no quería acabar como él, envolviéndose en los recuerdos de un fantasma para seguir viviendo. Había llegado el momento de que Zero intentara sacarse la espina en el costado que era el amor no correspondido de Yuuki para mirar hacia delante. No sabía si lo conseguiría, pero tenía que intentarlo. Desvió la vista de la puerta, deshaciendo el ceño, para encontrarse con Yuuki de pie al lado de su butaca, mirándole con una sonrisa.

-No te gusta la casa, ¿verdad?- preguntó, con un brillo malicioso en la mirada.

Zero se encogió de hombros bajo el jersey.

-¿A ti sí? ¿Te gusta vivir… -gesticuló hacia un ventanal, con las vistas al bosque sombrío-… aquí?

Yuuki se sentó sobre el brazo del sofá que ocupaba él, balanceando las piernas bajo el vestido.

-Preferiría que estuviera en un sitio más, um, comunicado con el mundo.- contestó-. Pero no cambiaría la casa en sí por nada, aunque tardamos un poco en conocernos.- recorrió con la mirada el regio salón-. Tiene mucha historia y muchas vidas dentro. Puede parecer… seria y oscura, pero eso es porque ha visto muchas cosas. Y es lo bastante grande como para poder transformarla en algo nuevo.- bajó la vista hacia Zero-. En realidad, se parece bastante a los Kuran, ¿no crees?

El joven le aguantó la mirada un momento y luego se incorporó, alejándose del sofá para acercarse a la ventana. Debía estar nublado todavía, porque no alcanzaba a distinguir la luna ni las estrellas.

-Realmente has encontrado tu sitio, ¿verdad?- preguntó en voz baja, sin girarse.

-Eso creo, aunque me ha costado lo mío.-la menuda figura de Yuuki apareció a su lado, con las manos enlazadas tras la espalda.

Zero la miró de reojo, apreciando una diferencia con la chiquilla que recordaba. Aquella Yuuki tenía la serenidad de la paz mental.

-¿Eres feliz?- su voz perdió totalmente el tono ceñudo, cambiándolo por la dulzura que reservaba sólo para ella-. Con tu nueva vida.

Yuuki se tomó su tiempo para responder y, cuando lo hizo, estaba seria.

-Bueno, ahora sé quién soy, cuál es mi sitio en el mundo y lo que quiero hacer con mi vida. Es algo que no supe durante muchos años.- los labios de coral se distendieron en una sonrisa tranquila-. Sé que no va a ser fácil y que vamos a pasar por momentos muy difíciles, no me engaño. Pero creo que lo que de verdad hace feliz a una persona es estar a gusto consigo mismo, intentar hacer el mundo mejor para los que ama y tener un propósito. Así que supongo que estoy en el camino de la felicidad, sí.

Zero se giró del todo hacia ella para mirarla de frente, sorprendido de oír aquella reflexión tan madura en su boca. Yuuki se limitó a fundir su mirada hasta parecer sol líquido y, al cabo, el cazador sonrió, como si un peso hubiera abandonado su alma. Los ojos lilas brillaron bajo los mechones plateados de su cabello y alargó una mano para revolverle el pelo a Yuuki. Ella le sacó la lengua y le enlazó la cintura con los brazos, con cuidado de no abrumarlo. Dios, cómo había echado de menos aquello. El olor de Zero le recordaba a la luna sobre la nieve, fresco y puro. Entonces recordó el perfume de marcaje de Kaname que su amigo debía estar percibiendo e intentó retirarse. Zero rodeó sus hombros, manteniéndola contra él.

-No te muevas.- murmuró-. Ese olor va a estar siempre contigo. No quiero quedarme sin el placer de abrazarte por eso.

Gracias, Dios. Yuuki se apoyó en el pecho musculoso, aspirando con alivio. Durante un rato, sólo disfrutó del fuerte latido de aquel corazón contra su oído.

-¿Qué me dices de ti, Zero?- susurró al final- Vuelves a la Academia, ¿no?

-Sólo durante el día.- apoyó la barbilla en la cabeza de ella, contemplando el silencioso paisaje nocturno-. Si no acabo el instituto Yagari me pateará el culo y Cross no me dejará ingresar en la Asociación como miembro de pleno derecho, dice que quiere cazadores que sepan sumar y restar. Pero por las noches tengo que patrullar si es que quiero que me acepten como un cazavampiros más.

Ella asintió contra su pecho y Zero cedió a la tentación, jugueteando con los mechones cobrizos.

-¿Vas a seguir viviendo con Yagari?

-No.- meneó la cabeza, haciéndose cosquillas con el cabello de ella-. Me mudaré a una habitación de alquiler que me ha encontrado Cross. Yagari está bien, pero ya me he hartado de encontrarme colillas en su sofá y de comer beicon refrito.

La risa de Yuuki retumbó en su pecho y Zero sonrió también.

-Te echaré de menos en la Academia, entonces. No creo que coincidamos mucho.- lamentó ella.

Zero se encogió de hombros.

-Estarás con Kuran y su corte de mascotas…¡au!- se separó de ella al recibir la palmada en el brazo y Yuuki le dedicó una de sus mejores falsas miradas airadas.

-No son mascotas, son amigos. Y, por cierto, van a venir a vernos mañana por la noche antes de volver a la Academia.- precisó, y luego su expresión se volvió pensativa-. La verdad… estoy pensando si a Kaname le conviene volver allí o no. Dijo que se quedaría hasta que yo me graduara, pero no sé si lo hace porque no quiere que yo esté sola o porque aún tiene que seguir estudiando.

El joven torció la cabeza a un lado.

-¿Quieres una opinión sincera?- cuando ella asintió, Zero enarcó una ceja-. Kuran es un malnacido sabelotodo que no pinta nada en la Academia Cross, pero es un perrito faldero que irá dónde tú estés si se lo pides.- aquella vez, retrocedió un paso a tiempo de esquivar otro puñetazo a su hombro. Alzó las manos-. Has pedido una opinión sincera, ¿no? Kuran tiene que dedicarse a poner orden en vuestro mundo, sino toda la maldita tortura del Baile no habrá servido para nada. Y eso no puede hacerlo bien si tiene que estudiar para un examen de trigonometría.

Yuuki lo contempló con las cejas juntas un momento y luego suspiró. Para qué engañarse, era una verdad como un templo, pero ella había estado fantaseando con que los dos podrían ir juntos a clase y prolongar su paréntesis como adolescentes normales. Como si no hubiera tenido bastantes pruebas de que no lo eran.

-Supongo que tienes razón.- afirmó al final, apoyando los antebrazos en el alféizar de la ventana y la barbilla encima-. Creo que ya va siendo hora de que todos nos ocupemos de la parte que nos toca.

Zero se apoyó en la pared, a su lado, inspirando la comodidad que había vuelto a instalarse entre ellos después de tantos meses de rabia y de odio equivocado. No se le escapaba que él era el perdedor sentimental de aquella historia, pero, en realidad, no le envidiaba el papel ni a Kuran ni a Yuuki.

Al principio, cuando había tenido que tragarse ver cómo las niñas de la Clase Diurna perdían el seso por aquel grupito de vampiros pijos estirados forrados de pasta cuando él estaba a punto de perder la cordura, los había odiado, en parte, porque parecían más libres que él. Parecía que ellos, los hijos de la aristocracia vampírica, tenían la libertad de hacer lo que les diera la puñetera gana, mientras que él no podía si quiera decidir que quería vivir cuerdo un día más.

Ahora, sin embargo, las tornas habían cambiado. Por mucho que Kuran y Yuuki hubieran aceptado cuál tenía que ser su papel en el mundo y se hubieran reconciliado con quienes eran, ellos estaban más atrapados que él. Sí, Zero tenía que obedecer las reglas de la Asociación. Pero, ¿no eran de puro sentido común? Al margen de eso, podía decidir dónde vivir, qué estudiar, con quién relacionarse sin que nadie empezara a hacer cálculos oportunistas y caminar por su casa en calzoncillos o sin ellos si le daba la gana. Los Kuran no podían hacer nada de eso.

Así que, mirándolo bien, aquello no había sido una historia de vencedores ni vencidos, sino de personas que intentaban hacer lo que creían correcto con las circunstancias que la vida les había puesto alrededor.

-¿En qué piensas?

La voz de Yuuki lo sacó de su ensoñación. La miró con una sonrisa.

-En que tengo ganas de ver los cambios que nos trae la vida.- contestó con un susurro.

Yuuki contempló aquella sonrisa tranquila sin poder creer que sus plegarias hubieran sido escuchadas. Desde que Zero había llegado a su vida, aquella noche terrible de hacía cinco años, había rezado porque él pudiera encontrar la paz. Porque sucediera un milagro que alejara la locura, la rabia y el odio de él para que el mundo pudiera ver la auténtica persona que había detrás de aquel ceño perpetuo. Al ver la expresión de paz de Zero, por fin supo que ese anhelo se había hecho realidad, sólo que no tenía que dar las gracias a ningún dios. Habían sido todos ellos los que habían conseguido aquella serenidad, sufriendo hasta poder rebasar los prejuicios que les ataban a una vida infeliz.

Se acercó a Zero, abrazándolo de nuevo y frotando la cara contra su jersey. Al punto notó sus brazos alrededor de los hombros y permanecieron abrazados, contemplando las copas de los árboles mecidas por el viento en el exterior.

OOO

-Me has sorprendido agradablemente, ¿sabes?

Kaname se giró hacia Yuuki, acurrucada en el colchón entre la manta peluda, mientras él se abotonaba el pijama y se sentaba, después de haber despedido al director y a Zero.

-¿Y eso por qué?

Yuuki sonrió, tapándose hasta la nariz.

-Porque te has quedado en la biblioteca mientras Zero y yo hablábamos.

El purasangre levantó la manta y extendió la mano, tirando bruscamente de Yuuki hasta acurrucarla contra su cuerpo. Frotó la nariz contra su cuello mientras la apretaba contra él.

-¿Qué esperabas que hiciera? ¿Que le estrellara contra la pared y le abriera la garganta por estar contigo? Además, tenía trabajo que hacer.- ronroneó, mordisqueando la piel de ella. Maldita sea, tenía una erección. Demasiado tiempo sin tomarla...

-¿De verdad se te pasó eso por la mente?- Yuuki se separó de él para mirarlo con el ceño fruncido.

-Por supuesto que no.

Yuuki vio su sospechosa expresión de inocencia angelical durante un momento antes de que él les diera la vuelta, dejándola abajo, y empezara a acomodarse entre sus muslos. Antes de que él acabara de acostarse sobre su cuerpo, decidió soltar lo que llevaba reflexionando desde que Cross y Zero se habían ido.

-Kaname, ¿de verdad quieres volver a la Academia?

¿Cómo? El purasangre se apoyó sobre los brazos, mirándola con un parpadeo mientras su cuerpo protestaba enérgicamente contra el cambio de tema.

-¿Por qué lo dices?

Ella hizo un mohín.

-Porque a partir de ahora vas a tener más trabajo que antes. Todo el mundo espera poder reunirse contigo, tendrás que viajar por todo el mundo y a todas horas hay cosas que tienes que atender. No creo que puedas pasarte seis horas encerrado en clase cada noche.

Kaname suspiró y agachó la cabeza, dándose por vencido de nuevo en sus intenciones sensuales. Se dejó caer de espaldas al lado de Yuuki, cuidando de que la manta disimulara su estado de "firmes".

-Cross me ha dicho exactamente lo mismo.- comentó en voz baja-. No podría ir a clase, eso es seguro. Pero supongo que podría conseguir una dispensa de los profesores para presentarme directamente a los exámenes.

-No te ofendas, Kaname, pero eso es ridículo.- Yuuki se apoyó sobre el codo derecho y reposó la cara en la palma, cogiéndole la mano a través de las mantas-. Tú ya sabes todo lo que te pueden enseñar en la Academia. Acabarías saliendo todas las noches y volviendo sólo para dormir. Y eso cuando no estuvieras viajando.

-Nos veríamos casi todos los días, al menos.- él frunció el ceño.

-Durante un ratito antes de caer fritos. Y la Academia Cross no es un sitio donde poder despachar con vampiros constantemente. Esta casa sí.

-¿Qué propones?

Yuuki se tomó su tiempo antes de contestar, acariciando la suave piel de su mano. Cuando volvió a mirarle su expresión era decidida.

-Creo que tenemos que aceptar que nuestra vida va a cambiar. No puedes ser rey de los vampiros e ir al instituto.- se encogió de hombros. Era una verdad irrefutable-. Tu presencia en la Academia sirvió para atraer la atención de los vampiros, pero eso ya lo has conseguido. Ahora se te necesita en otros sitios.

-¿Y tú?- Kaname alargó la mano derecha, acariciándole la mejilla-. Si yo viviera aquí sólo nos veríamos los fines de semana.

-Me gustaría poder estar juntos todas las noches, pero no es razonable. Hemos luchado por que la raza te acepte como líder, ahora no te podemos mandar al colegio.- le sacó la lengua-. Supongo que algunos de los demás aún se quedarán al menos hasta acabar el curso, así que no estaré rodeada de desconocidos. Y el curso que viene habrá alumnos nuevos. No es una tragedia.

Kaname la contempló en silencio un momento, procesando, y luego asintió.

-Muy bien, pero con condiciones.

-Me lo imaginaba.- ella suspiró, derrumbándose dramáticamente sobre la almohada y gesticulando con la mano-. A ver...

-Seiren seguramente vendrá conmigo, así que necesitas a alguien que te proteja.- cuando ella fue a abrir la boca, alzó una mano-. No me digas que no puede pasarte nada en la Academia cuando acabamos de reconstruir el palacete de la Residencia hace un par de semanas.- cuando Yuuki apretó los labios, él prosiguió con una mirada seria-. Aido será tu protector.

-¡¿QUÉ?!- ella se sentó en la cama- ¡No, de ningún modo! ¡Me niego en redondo!-cruzó los brazos sobre el pecho- ¡Me volvería loca! Además, seguro que su padre quiere que empiece a ocuparse de sus empresas.

-Tendrá que prescindir de él un año y medio más.- sentenció Kaname.- Takuma seguirá siendo el viceencargado. Necesito de su, digamos, mano izquierda solucionando problemas y que esté en un ambiente seguro hasta que... se recupere.

Yuuki esperó a que prosiguiera con su retahíla de "y", pero él guardó silencio.

-¿Algo más?- cuando él meneó la cabeza, Yuuki enarcó una ceja-. Espera un momento, ¿quién será el encargado de la Residencia Luna? ¿Kain?

-Ah-ah.- volvió a mover la cabeza-. Tú, mi pequeña dama.- a ella se le desencajó la mandíbula-. Tu objetivo es acabar dirigiendo la Academia, ¿no?- Yuuki asintió-. Y eres una Nivel A, ¿verdad?- otro cabeceo- Y también eres reina, ¿cierto?- un nuevo asentimiento-. Entonces es el puesto que te corresponde. Por supuesto, espero informes semanales sobre la evolución de la Clase Nocturna como grupo y, especialmente, de la convivencia con los humanos. Dado que tú tienes muy buenas relaciones con la Clase Diurna, y una gran amiga allí, seguro que podrás hacer de puente... y Aido contigo, ya que te va a seguir a todas partes.- Kaname cruzó los brazos sobre el pecho, mirando el techo-. Como bien sabes, el encargado de la Clase Nocturna tiene la última palabra sobre cualquier asunto relacionado con el comportamiento de los vampiros. Seguro que actuarás con buen criterio.

Yuuki se obligó a cerrar la boca y se tapó hasta la barbilla, con la vista en la nada. Tardó largo tiempo en dormirse, intentando calibrar su nueva situación desde todos los puntos de vista, repasando los posibles escenarios a los que tendría que hacer frente, y no fue hasta un buen par de horas después cuando cayó en la cuenta de un importante efecto colateral de las condiciones de Kaname.

Acababa de asegurarse de que Aido permaneciera en la Academia al menos un curso y medio más. No sabía si se le pediría o se lo ordenaría pero, de una forma u otra, el noble rubio iba a ser su sombra. Kaname le había dado libertad a Yuuki para relacionarse con los humanos como ella quisiera, así como para decidir cómo debían hacerlo, y con qué límites, los demás vampiros. Ella tendría poder de veto o de bendición sobre cualquier asunto que surgiera entre ambas razas.

Kaname le había dado carta blanca para impedir o facilitar cualquier cosa que pudiera ocurrir entre Aido y Yori sin tener que mencionarlo explícitamente. Yuuki se durmió meneando la cabeza son una sonrisa incrédula en los labios.

Eres un zorro...

OOO

-¿Crees que le gustará, Akatsuki? No sabía si era demasiado atrevido ¡Pero él mismo dijo que le gustaba! ¿No...?

La nota temblorosa con la que Aido acabó su parloteo fue lo que acabó sacando a Kain de sus casillas. Bufó como un gato escaldado, se pasó la mano por el pelo hasta que pareció un nido de monas y se giró hacia su aprensivo primo con llamas en los ojos.

-Aido, si no dejas de preguntar la misma maldita cosa por Dios que abro la puerta del coche y te empujo montaña abajo ¿Me has entendido? Llevas dos horas, escucha bien: dos-horas –levantó dos dedos-, con el mismo rollo.

El noble rubio arrugó la nariz en un mohín ofendido y se giró instantáneamente hacia Ruka en busca de apoyo en la discusión. La noble tenía un codo apoyado en la ventana del coche, con el rostro hacia el exterior, y ni siquiera se giró. Se limitó a levantar la mano izquierda y a negar con el dedo índice.

-No pienso meterme, Aido, no lo intentes.

Hanabusa resopló, diciéndose que sus primos no tenían un ápice de sensibilidad, y guardó un silencio enfurruñado mientras el coche giraba la última curva que desembocaba en la gran explanada de acceso a la mansión Kuran. Los tres pegaron la nariz a las ventanas, intentando captar todos los detalles de la gran fachada neoclásica con sus hileras de ventanas. Había luces en el porche y el brillo dorado de las lámparas se adivinaba detrás de algunos cristales, aliviando la sensación de amenaza de aquella mole sombría. Kain silbó entre dientes.

-Menuda choza... La casa de mis padres parece de muñecas a su lado.

-Pero la casa de tus padres tiene sofás con cojines de colores, un estudio de música y tú tienes pósters en tu habitación.- Ruka seguía con el rostro hacia la ventana del coche-. Apuesto a que la mansión Kuran no es tan hogareña.

Oh, oh... Kain frunció el ceño cuando Aido giró la cabeza hacia él como un latigazo, enarcando una ceja en una pregunta muda y exhibiendo una sonrisita estúpida que le dio ganas literalmente de arrancarle la cabeza a mordiscos para borrársela.

Vaya, vaya, primito. Así que Ruka ha estado hace poco en tu habitación, ¿mmm?

Aido podía haber hablado en voz alta, para el caso. Kain frunció el ceño, calculando si el coche frenaría antes de tener que contestar. Pero sí, era cierto. Ruka había pasado unos días en su casa después de que sus familias dejaran la mansión Aido, mientras que Hanabusa, su familia, Takuma y Senri habían permanecido en su casa de verano hasta ayer mismo.

No se podía decir que hubiera pasado nada en aquellos días que había tenido a Ruka bajo su techo. Bueno, nada en el sentido de que no habían acabado haciendo lo que poblaba las fantasías de Kain. Pero había sido increíble mostrarle a Ruka un poco de su mundo, de la música, del estudio de grabación, de sus canciones, de su habitación llena de pósters... Habían pasado muchos buenos ratos echados en su cama, mientras él tocaba la guitarra y Ruka le escuchaba con una sonrisa en la cara.

Ella había parecido tan distendida. Tan libre y tan relajada, lejos de aquella Ruka que se esforzaba por ser la perfecta encarnación de la aristócrata. Lejos de la estricta vigilancia de su familia, Ruka se desprendía de aquella capa rígida que le ponía encima muchos más años de los que tenía y se comportaba como la jovencita que era. Cálida, agradable y con la cabeza llena de sueños. Al menos, se comportaba así con él. Tenía que significar algo que Ruka se sintiera lo suficientemente a gusto a su lado como para mostrarse tal como era... ¿no? Porfavorporfavorporfavor…

El chófer detuvo el BMW justo ante la escalinata de acceso al porche y descendió para abrir la puerta trasera a los tres primos. Aido prácticamente saltó como los chinches, abrazado a su enorme regalo. En un gesto instintivo, Kain le tendió la mano a Ruka para ayudarla a salir y, cuando él mismo se dio cuenta de lo que había hecho, miró su palma como si fuera un injerto con voluntad propia. Sopesó retirarla, pero Ruka le sorprendió aceptando su mano para salir del coche como una princesa de una carroza. Le sonrió en agradecimiento y Kain se sintió como si acabara de rescatarla de un edificio en llamas.

Justo tras ellos se detuvo un Jaguar gris metalizado, del que descendieron Takuma, Senri y Rima. Los dos modelos contemplaron la mole de la mansión con las cejas alzadas y los labios fruncidos, igual que si alguien les hubiera engañado para ir a parar a una peli de terror en vivo. Takuma, en cambio, repasó la fachada con expresión seria.

La puerta se abrió, derramando un haz de luz dorada sobre las escalinatas y la nieve de la explanada, silueteando a Kaname y a Yuuki. Aido sonrió tanto que sus colmillos asomaron.

-¡Kaname, Yuuki! Me alegro de que nos hayáis invitado.

El purasangre sonrió un poco, saludándoles a todos con una inclinación de cabeza.

-El placer es nuestro. Gracias por desplazaros hasta aquí para compartir el Fin de Año con nosotros ¿Por qué no pasáis? La noche es fría.- gesticuló hacia el interior, sosteniéndoles la puerta mientras todos entraban en la acogedora calidez del interior.

Los "guaus" y "ohs" mentales –todos eran demasiado educados como para comportarse como bobos en voz alta- ocuparon varios segundos de silencio, mientras los nobles entregaban sus abrigos a los sirvientes y los chóferes entraban las maletas. Iban a pasar sólo la noche de Fin de Año en la mansión, antes de volver a la Academia para el nuevo trimestre que empezaba dentro de unos días, mientras que los Kuran aún permanecerían un par de días más en su casa, tratando de organizarlo todo. Especialmente, ahora que habían decidido que Kaname no seguiría asistiendo a las clases. Aquella cena también era una buena ocasión para poner los cambios en común.

Yuuki abrazó a todos los nobles por turno, instándoles a seguirla para enseñarles las habitaciones que habían dispuesto para ellos. Todos los cuartos se habían limpiado, aireado en profundidad y liberado de todos los objetos recargados de decoración. Aunque la madera seguía siendo oscura y las tapicerías barrocas, la atmósfera se había vuelto más ligera, más práctica.

Los nobles entraron y salieron de las habitaciones, explorando los cuartos de baño con griferías doradas y toallas de encaje. El plan era deliberadamente sencillo e informal: se refrescarían, descansarían un poco, deambularían por la casa a su antojo y luego se reunirían en el comedor para la cena de Fin de Año. Kaname había insistido en cambiar la enorme mesa rectangular de nogal por otra redonda, con la intención de facilitar al máximo una velada relajada. Ya iba a tener estúpidas reuniones rígidas durante el resto de su vida; lo menos a lo que podía aspirar era a que sus amigos no se sintieran como en una audiencia real cuando le visitaban en su casa.

-Oh, qué bien, cookies. Qué buena pinta tienen…

Yuuki oyó el comentario de Aido en cuanto el noble entró en su habitación e intercambió una mirada culpable con Kaname mientras ambos espiaban desde el descansillo de la planta. El purasangre se limitó a contemplarla con inocencia, recordando la bandeja con galletitas que habían dejado como piscolabis de bienvenida en cada habitación junto con una tetera de agua hirviendo y sobrecitos de infusiones para elegir.

-¡Au! ¡Mierda!- la exclamación de Aido sonó amortiguada, como si se hubiera llevado una mano a la boca- ¿Pero de qué demonios están hechas, de cemento?

-Ssh, "Idol" ¿No te han enseñado a no ofender a los anfitriones?- le regañó Rima, asomándose al umbral de su puerta-. Lo más probable es que las haya hecho Yuuki.

-Pues como también haya cocinado la cena estamos listos…

Yuuki bufó y apretó los puños mientras daba un paso hacia el pasillo de las habitaciones, del todo dispuesta a preguntarle a Rima qué había querido decir exactamente con aquella insinuación rastrera y del todo falsa. Se lo impidió la risita ahogada de Kaname, que se encogió de hombros.

-Queríamos un ambiente distendido, ¿recuerdas?

-¡Pero no a mi costa!- la joven cruzó los brazos sobre el pecho y levantó la nariz al techo. El enfado le duró hasta que Kaname le enlazó la cintura, atrayéndola hacia él y besándola hasta robarle el aire de los pulmones.

-¿Estás de mejor humor ahora?- preguntó con un murmullo, hablando contra los labios de ella.

-Eres un chantajista.- le censuró, con las mejillas sonrosadas. Uh, quizás no debería haber distraído de su propósito a Kaname hacía dos noches…

-Todo por ver sonreír a mi reina…

OOO

La cena transcurrió exactamente como Kaname quería, reflexionó Yuuki mientras contemplaba a los vampiros reunidos en su salón. La comida –obra del chef, para secreto alivio de todos- había estado a la altura de la de cualquier casa noble, regada con buen vino, postres blandos y buena compañía. Allí no había familias que les vigilaran ni facciones amenazantes ni formalidades. Si uno quería bromear durante la cena, podía hacerlo. Quizás la presencia de Kaname y Yuuki volvía la atmósfera un pelín más comedida que si los nobles hubieran estado solos, pero sólo un pelín. Todos habían pasado por demasiadas cosas juntos como para actuar como si los Kuran fueran la Gestapo.

Yuuki apoyó la cabeza sobre el hombro izquierdo de Kaname, tranquilamente sentado en un diván, y encogió las rodillas, reclinándose sobre él. Ruka, Aido y Rima estaban envueltos en una de sus clásicas competiciones verbales mientras Kain intentaba poner paz.

-Se está ganando el cielo.- murmuró Yuuki, contemplando al pelirrojo.

-Akatsuki siempre ha sido el pacificador.- Kaname susurró contra su oído, girando la cabeza.-Es bueno que haya alguien que sabes que puede reducirte a cenizas para evitar que las cosas se calienten.

Ella rió por lo bajo. Seiren y Takuma jugaban una partida de damas, sentados de lado sobre otro de los sofás, con Shiki metiendo cucharada en los movimientos de uno y otro con voz de "a-mí-plin". Takuma levantó un momento la mirada al intuir la de los Kuran sobre él y sus labios dibujaron una sonrisa más intuida que real.

Él era una de las tres sombras de su felicidad, pensó Yuuki. El trauma de Takuma, junto con la soledad de Zero y el perenne anhelo de Kaien Cross por Juuri, incluso después de la muerte, eran tres piedras en su alma. La vida era así, supuso. Los "felices para siempre" para todos sólo ocurrían en los cuentos de hadas, la realidad solía ser más agridulce. Pero, quizás, con el tiempo, los tres podrían encontrar su camino. Y tiempo para ver ese posible final feliz era algo que ella tenía en abundancia de ahora en adelante.

-Eh, no sabía que los Kuran compraseis en subastas benéficas.

Yuuki alzó la vista hacia un Aido con mofletes sonrosados gracias al buen vino y siguió la dirección de su dedo extendido. Oh, cielos. Los había encontrado. Allí, sobre una cómoda, medio ocultos tras un carrillón de sobremesa, estaban los tres perritos mutantes de cristal con sus colores imposibles. Los vampiros se apresuraron a buscar el motivo de la indirecta-directa de Aido y el silencio lleno de "ejems" se instaló en el rutilante salón azul. Uno a uno, todos giraron la vista hacia Yuuki, al parecer deduciendo que ella era la culpable del atentado contra sus retinas. La purasangre se sentó muy recta en el sofá y cruzó los brazos sobre el pecho.

-¡Nos los ha regalado el director!

-Ah, bueno…

-Entonces, está claro…

-Tenía que ser Cross…

-¡Mi regalo no tendréis que esconderlo!- Aido se levantó del sillón con los brazos rectos a los lados y asintió hacia Kaname como un saludo militar.

El purasangre alzó las cejas, diciéndose en silencio que había calculado al segundo el tiempo que Hanabusa podría aguantar sin proclamar a los cuatro vientos que le había traído un regalo. Le había visto arrastrar la bolsa de un lado a otro toda la noche, como un perrito cambiando su hueso de escondite.

-No tenías que molestarte, Aido. Vuestra presencia esta noche es más que suficiente.- comentó con voz suave, sabiendo exactamente lo que diría el noble.

-¡Pero es que quería hacerte un regalo, Kaname!

Bingo.

-En ese caso, ¿quién soy yo para impedir que nos lo enseñes?- musitó en el mismo tono de miel, con la cabeza sobre la palma.

Aido prácticamente alcanzó la velocidad de la luz cuando corrió a buscar el regalo, mientras los demás chasqueaban la lengua y se levantaban con calma para ir a por los suyos, oportunamente guardados en una pequeña salita de música adyacente. Cuando todos hubieron traído sus paquetes de vuelta al salón azul, Yuuki miró a su hermano de reojo y dedujo lo que iba a ocurrir por el sutil brillo malévolo de sus ojos. Efectivamente…

-Dado que el regalo de Hanabusa parece ser el más grande y el que más tiempo nos va a llevar para desenvolver, ¿qué os parece si abrimos los demás primero?- propuso Kaname, inclinándose hacia delante.

¡¡¡¡¡NOOOOOOOOO!!!!!!

Yuuki se llevó una mano a la boca para camuflar la sonrisa al ver la palidez mortal del rostro de Aido, que casi gritó en voz alta. No estaba bien que Kaname se divirtiera a su costa, desde luego que no, pero es que era tan fácil… El purasangre convirtió en todo un espectáculo de maneras nobiliarias la ceremonia de apertura de los paquetes, deshaciendo los lazos con cuidado o pidiéndole por favor a Yuuki que los abriera ella, dando las gracias a los nobles con palabras escogidas y, sobre todo, abriendo cada caja muy lentamente. Aido debía estar al borde del paro cardíaco.

Los nobles demostraron su buen gusto con sus presentes, cada uno con su toque personal. Juegos de toallas con la "K" de los Kuran delicadamente bordada a mano, gentileza de Ruka; sensuales picardías a juego con pijamas de seda masculinos, cortesía de Rima; una cadena musical de alta definición que podía instalarse disimulada en cualquier mueble clásico, gracias a Kain, y un conjunto de gemelos de plata con la "K" grabada y un diminuto diamante a juego con un colgante femenino, de la última colección de Cartier para la que había posado Senri.

Elegantes. Prácticos. Personales.

Los Kuran agradecieron los regalos con total sinceridad mientras Aido mantenía un silencio sepulcral, ojeando nerviosamente su propio paquete, cada vez más seguro de que había metido la pata hasta la punta del pelo. Porque, vamos a ver, su regalo estaba pensado básicamente para Kaname, lo cual ya era una falta de tacto garrafal. Y, entre nosotros, muy elegante no resultaba. Práctico sí, eso creía, al menos para desfogar estrés. Y personal… ¡bueno, maldita sea, el propio Kaname había dicho que le gustaba! ¿Qué podía haber más personal que eso?

Cuando su adorado purasangre le miró, alzando una ceja para indicar que era su turno, Aido estaba nervioso como un flan. Correteó para depositar la caja sobre la mesita llena de presentes y dio dos pasos atrás, enlazando las manos detrás de la espalda.

Kaname sostuvo la caja, intentando adivinar el peso. La sacudió suavemente para comprobar si se movía algo. Se la alargó a Yuuki para que ésta apoyara la oreja intentando captar algún sonido del interior… Aido se mordisqueó el labio como una ardilla con tembleque. La apertura del envoltorio transcurrió en cámara lenta, frame a frame, hasta que, al final, Kaname extrajo la primera caja del enorme paquete. Cuando todos los nobles vieron la ilustración en el embalaje de cartón estalló una cacofonía mezcla de risas y "qué demonios".

-¡¿LE HAS COMPRADO UNA CONSOLA DE VIDEOJUEGOS?!

Carambas, así que realmente seis personas podían hablar a la vez. Aido alzó la barbilla.

-No es sólo una consola. Es la nueva PSP-3000. Y no le comprado una sino tres. Por si… eh, bueno… su aura… en fin.- Hanabusa bajó la vista hacia sus pies, deseando ardientemente poder reducirse al tamaño de un gusanito. Señaló el paquete con un dedo sin levantar los ojos-. Lleva el pack completo de accesorios… y juegos de demostración… y el "Street Fighter" para PSP. Como nos dijiste a Kain y a mí que te gustaba, Kaname… ejem.- carraspeó.

-¿Cómo se las arregla para meterme siempre a mí por medio?- el pelirrojo dedicó a un primo una mirada enfurruñada.

-Con la práctica de los años-. Ruka cruzó una pierna sobre otra con elegancia mientras meneaba la cabeza.

-¿Cómo las has conseguido, Aido?- Rima lo miró con una ceja enarcada-. Acaba de salir y las tiendas sólo tienen ediciones limitadas.

-Bueno… - Hanabusa hablaba para el cuello de su camisa-. Tuve ayuda…

-¿De quién?- Rima enarcó la otra ceja.

-Um, Sayori está trabajando en unos grandes almacenes durante las vacaciones y ella… le pedí que me reservara tres unidades y…

-¿Sayori?- el tono de la modelo adquirió el adecuado tinte agudo para indicar un falso escándalo.

-Me alegro de que Yori pudiera echarte una mano, Aido, y de que fueras a verla. Tiene que ser duro trabajar cuando todos los demás están de vacaciones.- Yuuki intervino con voz calmada-. Y has hecho muy bien en traerle tres consolas a Kaname. Te aseguro que una no le duraría mucho tiempo.- miró a su hermano de reojo. Se estaba tapando la boca con el dorso de la mano, aunque sus ojos tenían una cuidada expresión neutral-. Se toma las partidas de forma… muy personal.

Hanabusa exhaló el aire poquito a poco para que nadie se diera cuenta de que lo había estado reteniendo. Llegados a aquel punto, no sabía qué le aterraba más. Si que Kaname pensara que se había extralimitado con un regalo tan revolucionario desde el punto de vista de un rey purasangre, o que quisiera colgarlo por los colmillos del pararrayos de la mansión por haberse estado viendo con Sayori. Kaname le sonrió.

-Muchas gracias por tu regalo, Hanabusa. Creo que me vendrá bien para mis viajes a partir de ahora. De hecho, me sentiría honrado recompensando tu acierto con una tarea de especial relevancia.

Aido infló pecho sin reparar en las miradas alarmadas de los demás.

-¡Lo que necesites, Kaname!

El purasangre lo contempló con la misma sonrisa encantadora, pensando que, a veces, ser un genio no garantiza ser astuto. Cruzó una pierna sobre la otra y entrelazó los dedos.

-Yuuki y yo hemos estado analizando los últimos acontecimientos de estos días, así como los cambios que creemos que deberían comportar.- frunció el ceño, jugueteando con sus largos dedos-. Como supongo que ya imaginabais, no puedo seguir asistiendo a la Academia Cross. Mis deberes al frente de la raza ocuparán todo mi tiempo y es justo que así sea.

Por las expresiones de los nobles, aquello no fue una revelación para nadie, excepto quizás para el mismo Aido. Una sombra enturbió sus ojos claros. Kain, por su parte, espió discretamente de reojo a Ruka, temiendo su reacción. La noble, sin embargo, ni siquiera parpadeó y fue la primera en hablar.

-¿Dónde nos necesitas más, Kaname? ¿En la Academia o ayudándote fuera de ella?

Querida e inteligente Ruka… El purasangre sonrió y asintió.

-Tu sensibilidad te honra.- alabó de corazón-. No soy quién para deciros cuándo tenéis que iros la mayoría de la Academia. Eso es una decisión que debéis tomar vosotros y vuestras familias, según el papel que queráis tener en el mundo que empieza. Sin embargo, hay algunos a quienes tendría que pediros un favor determinado.- todos asintieron y Kaname miró un momento a Yuuki antes de proseguir-. Seiren, ya hemos hablado que tú serías mi guardaespaldas-. la joven asintió-. El mundo exterior es sin duda más peligroso que la Academia. Creo que Yuuki no tendrá ningún problema durante el curso y medio que le queda para graduarse. A fin de cuentas, habrá cazadores y estará Kiryu para proteg…

-¡No pienso dejar la seguridad de Yuuki en manos de los cazadores!

Perfecto, Aido. La reacción que esperaba justo a tiempo.

-¿Tienes alguna idea al respecto, Hanabusa?- Kaname lo contempló con total interés, intentando ignorar la mirada de "eres-un-manipulador" de Yuuki.

-¡Algunos de nosotros deberíamos quedarnos con ella! Yo, al menos, no me sentiré tranquilo si no me… eh, quedo algún tiempo más en, um… la Academia.- Aido se frotó la nariz, pensando que Kaname era muy capaz de ver la imagen de la otra chica, además de Yuuki, que había conjurado su mente.

-Esa es una excelente idea, Hanabusa, aunque no me atrevería a pedirle a nadie en concreto que permaneciera un curso y medio más allí sólo para acompañar a Yuuki. Es un gran sacrificio…

-Lo haría con gusto, Kaname. Es decir, si crees que yo…

El purasangre se giró hacia Yuuki, como si consultara su opinión. La joven prácticamente sacaba humo por las orejas y trataba de reprimir la risa a la vez. Al final, suspiró, gesticulando con las manos.

-Será un placer tenerte a mi lado, Hanabusa.- intentó que su expresión no trasluciera la palabra "niñera" que tenía en la punta de la lengua.

Brilló. El noble brilló como un angelote. Kaname se dio unos golpecitos en el labio con el dedo índice.

-Claro que el hecho de ser encargada de la Residencia Luna será una tarea exigente, Yuuki. Y, con tus estudios, probablemente necesitarás…

-Yo me quedaré, Kaname. La ayudaré en lo que pueda.- Takuma acabó la frase con un suspiro y los ojos en blanco, sugiriendo que le conocía lo bastante como para no tragarse ni una palabra de la pantomima de "esto es improvisado"-. Supongo que quedarme en la Academia también es lo mejor para mí en este momento.

Kaname lo atravesó con la mirada durante unos segundos, odiando que su ausencia de poderes fuera uno de los motivos por los que él también iba a estar más seguro en la escuela.

-Me sentiría mucho más tranquilo en todos los aspectos si te quedaras un tiempo allí, sí.- asintió.

-Yo también me quedaré.- murmuró Senri, con los antebrazos apoyados en el respaldo del sofá en el que estaban sentados Seiren y Takuma.- Acabo de cumplir los 17, aún me falta un curso para graduarme. Supongo que, aunque sea modelo, está bien no ser un inculto del todo.

-No eres un inculto, tonto del bote.- Rima le dedicó un par de relámpagos visuales y un bufido exasperado-. Y yo tengo la misma edad que tú, así que aquí hay otra alumna de la Clase Nocturna.

Takuma y los dos modelos intercambiaron una peculiar mirada a tres bandas, una que hizo pensar a Kaname en ondas moviéndose invisibles bajo la tranquila superficie de un lago. Luego cada uno de ellos desvió el rostro hacia un punto distinto del salón.

El purasangre contempló a Kain y Ruka, la perfecta imagen de la pareja aristocrática aunque no lo fueran. El pelirrojo se giró hacia Ruka, asintiendo para invitarla a hablar por ambos. Estaba claro que ya habían hablado antes sobre los cambios en sus vidas.

-Akatsuki y yo dejaríamos la Academia, si te parece bien.- comentó ella, con las manos enlazadas sobre la falda-. Ya nos graduamos el curso anterior y creemos... -se giró hacia su primo, en busca de confirmación de sus palabras-... que podemos ayudarte más desde fuera.

-La decisión es vuestra, Ruka, Kain.- Kaname los contempló por turnos-. Pero agradezco vuestro gesto.

El purasangre reparó en que Ruka ya no se sonrojaba como solía hacer cada vez que él le hablaba directamente o, aún más, cada vez que le daba las gracias por algo. Sólo sonreía con aquella innata sabiduría femenina. Lucha por ella, Akatsuki, merece la pena, pensó al ver cómo el pelirrojo no se perdía ni uno solo de sus gráciles movimientos. Le comprendía, reflexionó un momento. Él mismo podía estar organizando el futuro de la Clase Nocturna pero sabía que Yuuki había jugueteado dos veces con su pelo, le había sonreído una vez a Rima y se había entristecido con Takuma.

Era lo que tenía estar enamorado, supuso. Había una especie de cordón umbilical invisible que te retransmitía lo que hacía tu pareja sin necesidad de los sentidos. Era lo que hacía que nunca estuvieras solo. Kaname se acomodó en el diván, disfrutando de la presencia de Yuuki contra él, de sus amigos de confianza alrededor y del sentimiento de haberle ganado la partida de ajedrez a su vida anterior.

Ahora, si sólo pudiera estar a solas con su prometida durante un ratito…

OOO

Yuuki frunció el ceño en sueños cuando se dio la vuelta y su mano acarició la cama vacía. Culebreó un poco más, buscando el calor de Kaname a su lado, y protestó con un gimoteo al no encontrarle. Abrió los ojos perezosamente y examinó el otro lado del colchón: la manta estaba perfectamente colocada, lo que quería decir que él aún no se había acostado.

Suspiró y se sentó en la cama, completamente despierta. Los nobles se habían ido al principio de la noche anterior y aquel había sido el toque de inicio para que un maremoto de trabajo sin fin engullera a Kaname. Yuuki habría jurado que el móvil bailoteaba encima del escritorio desgañitándose sádicamente con cada llamada del mundo exterior.

Dado que aún estaban montando el futuro despacho de la casa, al lado de su nueva habitación, Kaname se había atrincherado en la antigua biblioteca de la planta baja, sembrando la enorme mesa de ordenados montoncitos de cartas por leer e informes por redactar, entre ellos los dirigidos a la Asociación de Cazadores para informarles de las salidas y nuevas incorporaciones a la Clase Nocturna de la Academia. Yuuki había tenido que llevarle varios sándviches en una bandeja para asegurarse de que comía. La única salida que había hecho Kaname había sido para ducharse y ponerse un pijama limpio, asumiendo así que iba a pasar parte del nuevo día pegado con cola a la butaca.

Completamente despejada, Yuuki se levantó de su improvisada cama y fue a refrescarse al baño. Iba a arrancar a Kaname de aquella mesa como fuera, ya lo creo. Ahora que empezaba a sentir la mansión como su casa y que al menos el futuro inmediato aparecía más definido, el ahogo por los cambios había desaparecido. Se sentía despierta, viva, como si la piel le cosquilleara, y maldijo en voz baja las ocasiones en que Kaname la había buscado esos días y ella había tenido la cabeza en otra parte.

Bajó las escaleras de la silenciosa mansión descalza, agradeciendo las gruesas contraventanas que mantenían el sol fuera. Al llegar a la planta baja distinguió el tenue haz de luz bajo la puerta cerrada de la biblioteca y picó.

-Adelante...- la voz de Kaname parecía más bien una exhalación.

Lo encontró tal como esperaba, sentado a la mesa con la cabeza sobre la palma izquierda, mientras su mano derecha hacía sacar humo a la pluma sobre un grueso informe. Alzó una mirada cansada, tropezándose de golpe con su figura, que el camisón semi transparente se encargaba de cubrir sólo lo justo, y parte de su agotamiento se esfumó por arte de magia.

-Yuuki...- murmuró, dejando la pluma sobre la mesa y recostándose hacia atrás en la enorme butaca-. Creí que dormías.

Ella cerró la puerta al entrar en la biblioteca, agradeciendo la alfombra contra sus pies descalzos y agradeciendo aún más la manera en que los ojos de él se pegaban a su cuerpo. Rodeó la butaca hasta ponerse tras él y se inclinó para abrazarle.

-Tenía la esperanza de que hubieras acabado de trabajar.- besó los cabellos negros.

Él echó la cabeza hacia atrás, acoplándola entre sus senos, con los ojos cerrados.

-Ojalá. Hay tantas cosas que hacer…-alzó las manos para apoyarlas sobre los brazos de Yuuki y aspiró su olor. Quizás era el momento de un descanso…

-¿Puedo ayudarte de alguna forma?- ella reprimió una sonrisa cuando la cabeza morena se acunó entre sus pechos.

-Mmm… creo que sí.- la respuesta salió con un ronroneo.- Necesito distraerme un rato ¿Puedes hacer algo al respecto?

Kaname la cogió de los brazos y la obligó a dar la vuelta al sofá hasta sentársela a horcajadas sobre las piernas. La contempló con la cabeza inclinada y una medio sonrisa que traducía muy bien la clase de distracción a la que se refería. Yuuki sonrió y jugueteó con un botón de plata de su pijama.

-¿Y si nos interrumpen?

-No creo que haya ningún vampiro fuera a pleno día.- agachó la cabeza y frotó el valle entre sus pechos con la nariz. Cuando ella rió, levantó el rostro y capturó sus labios en un beso húmedo. Luego se separó, moviendo el cuello con languidez de un lado a otro sobre el cabecero de la butaca-. Pero estoy muy, muy cansado, creo que tendrás que seducirme.

Yuuki dejó ir una risita y luego se mordió los labios, la viva imagen de un diablillo seductor. Habían hecho aquello unas cuantas veces ya y, aunque seguía pareciéndole un milagro tener a Kaname todo para ella, la vergüenza de las primeras veces había desaparecido. Apoyó las palmas de las manos sobre su pecho y se inclinó sobre él, acariciando su lengua con la punta de la suya, sin besarle, mientras presionaba las caderas hacia abajo, contra él. Las manos de Kaname subieron por sus muslos y ella se separó de golpe, meneando la cabeza.

-Ah-ah.- sonrió de medio lado con una caída de pestañas-. No vas a tocarme… ¿No tenía que seducirte yo?

Él gruñó como respuesta, pero rebulló en la butaca y Yuuki pudo apreciar que su interés empezaba a alzarse, por así decirlo. La mansión estaba en completo silencio a aquellas horas y la única luz de la biblioteca procedía de la lamparita verde del escritorio. Era como estar en un capullo sombrío y sensual que despertó el lado femenino de Yuuki. Habían hecho el amor con la inocencia de la primera vez, se habían buscado con agresiva desesperación en su afán de dejar al mundo fuera, habían compartido caricias teñidas de muchas emociones… pero nunca habían estado juntos por pura lujuria. Bueno, todo tenía una primera vez, ¿no?

Kaname apoyó las manos en los amplios reposabrazos de madera de la silla y echó la cabeza hacia atrás, abandonándose con gratitud. Yuuki lo besó lenta, muy lentamente, dejando que sus lenguas salieran de las bocas para juguetear antes de volver a enrollarse. Sus manos empezaron a desabrochar los botones de plata de la camisa del pijama de él, despacio, regodeándose, hasta que las dos mitades quedaron separadas. Yuuki metió las manos por debajo, recorriendo su abdomen y su pecho con las palmas mientras apartaba la camisa de seda, manteniendo los ojos fijos en los de él. Deslizó el pijama por los hombros masculinos y saboreó con la vista toda la extensión de piel pálida, los finos músculos y los abdominales marcados. Cuando pasó la yema de los dedos por la piel, vio que se ponía de gallina. Kaname no le sacaba los ojos de encima.

-Me gusta tocarte.- murmuró ella, pasando las palmas por su pecho. El corazón de él había iniciado una sonora marcha militar. Las yemas de sus dedos rozaron los pezones rosados y Kaname movió la cabeza contra la silla, arqueando las caderas-. Son hermosos y parece que les gusto ¿Ves?- jugueteó con los pezones de él entre sus dedos, disfrutando de sus sonidos de placer. Apretó un poco más, pellizcándole, y el volumen de sus sonidos subió hasta el gemido- ¿Te gusta esto o prefieres mis labios?-preguntó con un susurro perverso.

Kaname levantó las manos, intentando tocarla, pero se encontró con las cejas alzadas de Yuuki. Maldita sea. Empezaba a ser demasiado buena en aquello. Aferró la madera y se aclaró la garganta.

-Me gusta el dolor… y tus labios después.-¿había dicho eso? Oh, no, no podía haber dicho eso…

Ella sonrió y frotó sus pezones lentamente con el pulgar, poniéndoselos duros, para luego pellizcarle durante un largo instante. Justo cuando él se retorcía en la silla, exponiendo el cuello con la cabeza hacia atrás, Yuuki se inclinó, cosquilleándole la piel con su pelo, y pasó la punta de la lengua muy lentamente por un pezón, de forma imperceptible. Kaname jadeó.

-Mala…

-Mmm… tú lo has pedido, ¿recuerdas?- cerró los labios alrededor del botón hinchado y chupó con fuerza para luego apresarlo con suavidad entre sus dientes delanteros. Kaname casi saltó de la silla y su pene duro se clavó en el estómago de ella. Yuuki rió- ¿Cómo lo estoy haciendo?

-Demasiado… bien…

Kaname se dejó caer sobre la silla, maldiciéndose ida y vuelta hasta el mismísimo infierno por haberle pedido aquello a Yuuki. Ahora podría tenerla apoyada contra el escritorio, de espaldas a él, y hundiéndose en su calor hasta conseguir que gritara su nombre en vez de estar sufriendo aquella tortura. Ella le tomó la palabra, mordiendo y pellizcando sus pezones para luego dejarle con los nervios de punta rozándole apenas con la lengua, mientras movía las caderas, acariciando su erección. Se arqueó de forma humillante, intentando atraer toda su boca, sin conseguirlo. Al contrario, los labios de ella dejaron su pezón, lamiendo la piel de su pectoral . Kaname se forzó a relajarse sobre la silla, reprimiendo las ganas de hundir las manos en aquella cabellera castaña iluminada por la mesita… Yuuki se movió rápido, pillándole desprevenido, y volvió a atrapar el pezón dolorido, mordiéndole para luego frotarlo rápidamente con la lengua.

-¡Yuuki! ¡Ahh!

El purasangre se retorció en la butaca, separándose del asiento y aferrando la madera hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Yuuki castigó aquellos puntos sensibles hasta que la piel enrojeció, emitiendo punzadas de dolorido placer. Sin pausa, la joven apoyó las manos en la cabecera de la butaca, a ambos lados de la cabeza morena, y se inclinó sobre el cuello de Kaname, dominándole por completo con lengua, dientes y labios hasta que el purasangre murmuró incoherencias, inclinando la cabeza a un lado para ofrecer su vena sin reparos. Yuuki no pensaba morderle, no aquella noche, pero no era necesario decírselo. Usó sus colmillos para arañarle y su lengua para recoger las diminutas gotas de sangre, pero en ningún momento perforó la piel ni le rozó con ninguna otra parte de su cuerpo que no fuera su boca.

Algo se clavó en el estómago de la joven con tanta insistencia, como alguien levantando la mano para hacerse oír, que Yuuki tuvo que separarse de Kaname y bajar la mirada hacia donde sus cuerpos se juntaban. Él estaba tan duro que podía adivinar todos los detalles de su erección bajo la fina tela. Una mancha de humedad destacaba justo en la seda que apretaba la punta de pene. Yuuki inclinó la cabeza a un lado, mirándole de reojo, y balanceó las caderas acoplándose a él a través de la ropa interior. Kaname prácticamente se empaló el labio inferior con los colmillos y cerró los ojos con fuerza cuando un temblor lo sacudió en todo su esplendor. Las leyendas sobre los súcubos no le hacían ni la mitad de justicia a una mujer cuando decidía aprovecharse de un pobre hombre…

Cuando ella se inclinó para besar la vena de su cuello, tuvo cuidado de no rozarle con los pechos. Sintió el familiar ramalazo de ancestral poder femenino y su piel desprendió una fuerte oleada de aroma a marcaje mientras Kaname se retorcía bajo su boca, totalmente a su merced. Como si hubiera pulsado una tecla instantánea, su erección latió. Yuuki disimuló una sonrisa e intentó bajar por su pecho con los labios. Lo cual era difícil de narices estando sentada sobre él. Bueno… ¿qué haría una buena estratega? Sacar partido del entorno. Se enderezó y desmontó de él, poniéndose de pie y riendo cuando las cejas de Kaname se juntaron en un ceño ominoso.

-Ponte de pie. Vamos, ven.- alargó una mano hacia él. Cuando el purasangre la tomó y se levantó, su erección empujó los pantalones hacia fuera y Yuuki sintió miel cálida entre sus propias piernas. Demonios, no se podía seducir sin ser seducida.

Kaname se dejó colocar con el trasero contra el borde del escritorio, de pie, mientras sus ojos devoraban la figura de aquel ángel tentador con el rostro de Yuuki. Distinguió el botón de sus pezones contra el raso blanco y casi no le entró el aire en los pulmones. Su entrepierna dio un doloroso tirón y él empezó a temblar, intentando reprimirse. Dios, ceder el control de aquella forma era eróticamente liberador. Yuuki metió una pierna entre las suyas, obligándole a abrirlas, y Kaname volvió a gemir con los ojos muy abiertos.

-Las manos sobre la mesa, por favor.- ronroneó ella.

Clac, presa de hierro contra el borde del escritorio. Sólo esperaba que el cerezo fuera más resistente que la tapa del piano de la Residencia Luna o tendrían que mandar otro mueble a reparar. Yuuki se acercó más a él, bajando por su torso con la punta de los dedos hasta coger la cinturilla del pantalón. Su erección formaba una barra inclinada y la punta asomó en cuanto ella bajó la tela unos milímetros. Yuuki siguió empujando el pantalón hacia abajo y se fue arrodillando poco a poco para bajárselo por los muslos. Cuando sintió el aire sobre su piel en vez de a ella, Kaname quiso gritar. Luego, Yuuki se incorporó, acercando sus pechos a milímetros de su pene, sin rozarlo a pesar de que él echó las caderas hacia delante. Dios, estaba a punto de…

Yuuki se enderezó entre sus muslos y se llevó las manos a los tirantes del camisón de raso. Kaname abrió la boca para respirar cuando la vista casi se le puso en negro de puro deseo. Aferró el borde del escritorio poniendo a prueba su resistencia mientras ella deslizaba los tirantes por sus hombros, revelando cada vez más la curva superior de sus pechos, el valle entre ellos. La tela en caída libre acarició sus pezones erguidos como la lengua de un amante y Kaname perdió por completo el control de su cuerpo. Echó la cabeza hacia atrás, gimiendo, mientras su semilla caliente se derramaba sobre sus estómagos sin que Yuuki hubiera tenido que ponerle un solo dedo encima. Oyó su risa mientras el orgasmo le recorría y pensó que era el sonido más maravilloso del mundo.

Cuando los temblores de su cuerpo remitieron, abrió los ojos con el pecho bombeando para encontrar a Yuuki desnuda, con las manos en sus caderas, manteniéndole pegado a ella. Al ver que él la miraba, llevó la mano derecha a su punta, acariciando su alivio lechoso en un toque eléctrico.

-Lo siento…- murmuró, algo avergonzado.

-¿Por qué? Me gusta ver que haces eso para mí…

-Déjame cinco minutos y volveré a hacerlo.- aspiró una gran bocanada, intentando que sus pulmones volvieran a funcionar a un ritmo aceptable.

El intento se le cortó en seco cuando ella cerró la mano sobre su pene húmedo, reviviéndolo con dos largas caricias. Yuuki acercó la boca a la suya, hablando contra sus labios.

-Tendrás que hacer un esfuerzo, no quiero esperar tanto.- lo que aguantaba en la mano recuperó parte de su dureza al momento y sonrió contra la boca de él- ¿Ves? Lo haces muy bien. Vamos a ver si consigo hacerte olvidar el trabajo ¿Por qué no te sientas sobre la mesa para mí?

Tuvo que dejar varios segundos de tiempo a Kaname antes de que pudiera obedecer sus órdenes, inmerso en alguna especie de escalofrío sexual. Le soltó, contemplándole sin perder detalle mientras él apartaba los papeles de la mesa con la mano, sin mirar, y se sentaba sobre la brillante superficie, con los muslos abiertos justo delante de ella. Yuuki puso una mano en su pierna derecha y la otra en el pecho sudoroso.

-Las manos apoyadas en la mesa…

-Dios.-echó los brazos hacia atrás, apoyándose en las manos, semireclinado.

-Abre las piernas… más…

Si alguien hubiera entrado en aquel momento y les hubiera visto, habría pensado que Kaname estaba ofreciendo su sexo de la manera más humillantemente desvergonzada del mundo. Y habría acertado, eliminando lo de humillante. Desnudarse completamente ante ella, dejar que hiciera lo que quisiera con él, ceder completamente el control de la situación era la sensación más brutalmente sexual que podía imaginarse.

Abrió los ojos que no sabía que había cerrado cuando las manos de ella acariciaron la cara interior de sus muslos. Yuuki estaba tan sonrojada como debía estarlo él y, cuando aspiró con fuerza, el olor de su excitación casi le arrancó los colmillos de las encías. Tuvo que reprimirse de convertir sus dedos en garras y hundirlas en la mesa para evitar aferrarle la cabeza y… Su propio olor de marcaje saturó la habitación en la penumbra.

-Tócame, Yuuki… tócame en todas partes… -jadeó, mirándola desde debajo de las pestañas. Cuando hubo captado la atención de ella, desvió la mirada hacia su erección y más abajo, intentando hacerse entender sin palabras porque parecía que su diccionario particular se había quedado en blanco.

Aquello hizo que Yuuki se mordiera el labio, avergonzada, pero sus manos siguieron subiendo hasta sus ingles. Tomó su escroto entre las manos, acoplándolo a sus palmas, y apretó suavemente. Oh, por DIOS… Kaname se tensó por completo, casi separándose de la mesa, y Yuuki parpadeó. Vaya, vaya… Estaba claro que su hermano no tenía que preocuparse por cuánto iba a tardar en recuperarse del anterior orgasmo. Lo que se erguía justo delante de su cara, de un rosa subido y brillante, necesitaba sólo un poquitín más de estimulación para volver al combate ¿Y no le había pedido él que le sedujera?

Las manos de Yuuki permanecieron donde estaban, presionando, sin saberlo, con la fuerza suficiente como para que la excitación de Kaname no se descontrolara. Ella abrió la boca sobre su punta, introduciéndoselo en la boca sin tocarlo y Kaname se limitó a mirarla con los ojos muy abiertos y sin respirar. Cuando los dientes delanteros de Yuuki se cerraron con extrema suavidad a su alrededor, rozándole en un recorrido ascendente, casi gritó. El pelo negro se desparramó sobre su nuca cuando echó la cabeza hacia atrás, moviendo las caderas hacia arriba y hacia abajo mientras los dientes de ella le daban la dosis exacta de placer y dolor y sus manos se movían en círculos suaves sobre sus testículos. La sangre corrió por su barbilla al atravesarse el labio inferior mientras notaba el sudor corriendo por la espalda.

-Yuuki…

El gimoteo mezcló placer con frustración cuando la boca de ella lo abandonó, dejándole húmedo y convulso. Luego Yuuki apoyó las manos en sus caderas y su lengua lamió toda su extensión de la punta a la base y siguió más abajo, jugueteando, volviéndole loco, desquiciado… La simple visión de la cabeza de ella entre sus piernas y aquella lengua rosada deslizándose por su base, por sus orbes, siguiendo las venas de su pene bastó para estuviera a punto de irse de nuevo, consumido en un fuego salvaje. Olvidando por completo su pacto, le cogió la cabeza, deteniendo sus movimientos aunque aquello le matara.

-Móntame.- pidió, con los ojos completamente carmesíes-. Ahora…

Olió perfectamente el estallido húmedo entre las piernas de ella, pero Yuuki cerró la mano alrededor de su base, apretando lo suficiente como para bloquear el orgasmo que corría a toda velocidad por sus venas.

-Pídemelo por favor…

Kaname tuvo que sonreír. Una sonrisa sudorosa y sexual que dejó a Yuuki completamente sin aliento.

-Por favor… -los colmillos níveos brillaron en la penumbra.

Yuuki se separó del borde del escritorio para dejar que él se impulsara hacia arriba, tumbándose sobre la mesa, los sobres y el papel que se amontonaba encima, con las piernas abiertas y aquella gloriosa excitación apuntando hacia arriba. Ella se sacó la ropa interior y gateó, subiéndose al escritorio. Tuvo la gracia de pensar por un momento en qué habrían pensado sus antepasados al saber para qué iba a ser usada aquella venerable y noble mesa, pero no le importó un comino. No con Kaname allí estirado para ella.

Él la cogió por la cintura con movimientos apremiantes, ayudándola a situarse justo sobre su punta. Tuvo que reprimir un orgasmo al verla totalmente desnuda, con los pechos iluminados por la lamparita, la piel sonrojada y la boca de su sexo justo contra él. Yuuki apoyó las manos en la mesa, a ambos lados de su pecho, y bajó un poco, lo justo para acariciarse contra su carne hinchada.

Los dos temblaron con tanta violencia que estuvieron a punto de acabar allí mismo.

Yuuki tuvo que respirar varias veces antes de volver a enfocar el rostro de Kaname con claridad. Se miraron a los ojos durante un latido de corazón y luego ella se dejó caer de golpe, llenándose de él hasta el fondo de un solo embate.

Ambos gritaron con la fuerza de la embestida. Kaname se aferró a sus caderas y dobló las rodillas, empujándola hacia arriba mientras ella apoyaba las manos en su estómago mojado con su semilla en busca de apoyo para empezar a moverse. El ritmo fue delirante desde un principio, primario y salvaje. Kaname forzó el cuello para mirar hacia donde sus cuerpos se unían y la simple visión de su pene apareciendo y desapareciendo lo envió directamente a los instantes previos al orgasmo. Desesperado por hacer que ella sintiera la misma locura, llevó los dedos a sus pliegues, excitándola con brutales caricias rápidas. Yuuki corcoveó encima de él, con los pechos moviéndose como algún diablo tentador y su sombra bailoteando una danza de seducción contra la pared.

Más tarde, Kaname le pediría perdón por la forma salvaje en que la clavó contra él una y otra vez. Más tarde, ella se sentiría avergonzada por la manera en que movió las caderas en círculos mientras se elevaba y descendía, haciendo que él la acariciara por dentro mientras se frotaba contra sus dedos. Pero cuando los dos explotaron al mismo tiempo ninguno pensó en aquellas tonterías. Yuuki sintió perfectamente cuando él se derramó en su interior, aumentando su propia inundación, y Kaname dejó que las contracciones del interior de ella arrancaran hasta la última gota que tenía que dar.

Yuuki se desplomó encima de él con un suspiro satisfecho, notando las pulsaciones de sus músculos internos, con la respiración convertida en jadeos irregulares y el pelo tapándole la cara. Debajo de ella, Kaname no parecía ser tampoco la encarnación de la palabra. Permaneció tendido sobre el escritorio, con los brazos en cruz, hasta que consiguió levantarlos lo suficiente como para abrazar la estrecha espalda de ella, saciado. Disfrutaron del sonido de sus respiraciones, del peculiar olor a sexo y cuero de la biblioteca y del silencio del exterior durante un buen rato, mientras Kaname acariciaba la espalda de ella con la punta de los dedos. Al cabo, Yuuki se movió para sacarlo de su interior y poder estirarse encima de él con más comodidad. Algo caliente y húmedo mojó el muslo de Kaname y sintió una fiera punzada de orgullo. Él había puesto eso dentro de ella, y por Dios que volvería a hacerlo si sólo pudiera moverse… Aunque, claro, había otras formas…

-¿Kaname?

El susurro de ella contra su hombro interrumpió brevemente el hilo de sus pensamientos.

-¿Sí?

-¿Crees que podríamos hacer esa cosa del sello de sangre en todas las habitaciones de la casa? Ya sabes, para bloquear el… um, olor.

Él rió a gusto.

-Bueno, teniendo en cuenta que la mansión tiene más de dos docenas de habitaciones… ¿crees que tendremos sangre suficiente para todas, mi insaciable seductora?

Yuuki levantó la cabeza de su hombro con un adorable fruncimiento de ceño.

-No soy insaciable y tú me pediste que te sedujera, no…

Kaname la acalló con un dedo contra los labios. Más humedad resbaló sobre su muslo desde el interior de ella, haciendo que su sonrisa se ensanchara.

-Estoy perfectamente satisfecho con tus dotes de seducción. Puedes ponerlas en práctica cuando quieras.- la atrajo un momento para besarla y, al separarse, vio que Yuuki estaba seria- ¿Qué ocurre?

-Nada.-meneó la cabeza y el pelo le acarició el pecho.

-Dímelo.

-Es… bueno, pensaba que, con lo que tenemos por delante, va a ser difícil que podamos estar así cuando queramos. Y que…- torció la nariz un poco-… aún me da vergüenza decirte cuándo… cuándo…

-¿…cuándo te apetece hacer el amor conmigo, porque siempre tenemos gente alrededor?- terminó él, apartándole el pelo de la cara. Yuuki asintió-. Tenemos que aprender a aprovechar los ratos en que estemos solos, haya gente en la casa o en la Academia o dónde sea.- murmuró, con la vista prendida en los labios hinchados de ella-. Estamos prometidos, Yuuki. Todo el mundo se imagina lo que hacemos cuando estamos a solas.

-Y eso no te incomoda ni un poquito siquiera, ¿verdad?- le acusó ella.

-No. Pueden tener toda la envidia que quieran.- la sonrisa masculina de Kaname se hizo más amplia y los ojos recuperaron el brillo sensual. Sus manos enlazaron la cintura de Yuuki.- Por ejemplo, a mí… -alzó un poco la cabeza para mordisquearle el cuello, ganándose un gritito-… no me da nada de vergüenza… -la hizo rodar sobre la mesa, colocándose encima-… decirte…- resbaló sobre su cuerpo hasta bajarse del escritorio, tirando de ella hasta colocarla con el trasero en el borde y las piernas colgando-… que quiero saborearte…

-¡Kaname!

La protesta indignada no iba a tener el menor efecto, Yuuki bien lo sabía, y , para ser sincera, tampoco se quejaba con mucha energía. Ella había hecho lo posible por despertar a Kaname, al auténtico Kaname que hibernaba bajo la capa de nostalgia y tristeza. Si ahora se había convertido en una criatura sensual sólo con ella, ¿cómo iba a quejarse?

No lo hizo, claro.

Dejó que Kaname se arrodillara entre sus piernas, y que su lengua entrara en ella juntando humedad con humedad, adorándola sin reservas con su boca mientras ella hundía la mano en sus mechones, sujetándolo justo donde quería tenerlo.

Yuuki inclinó la cabeza hacia atrás, temblando sin reservas mientras él obraba su magia masculina diciéndose que, a pesar de todo lo que habían pasado, y de todo lo que les quedaba por delante, las cosas, objetivamente, no habían salido tan mal. Vendrían tiempos difíciles, épocas en las que los dos tendrían poco tiempo para ellos, crisis violentas y trampas cortesanas. Pero también vendría ilusión por construir un mundo nuevo sabiendo que había personas alrededor que jamás les traicionarían, sabiendo que el pasado de su familia estaba ahí para darles una base sólida y que se tenían el uno al otro de verdad. Sin "peros", sin oscuros secretos y durante mucho, mucho tiempo.

Se recostó sobre el escritorio con abandono sensual, suspirando con feliz tranquilidad mientras oía la risa satisfecha de Kaname al ver las reacciones que le provocaba.

Ninguno de los dos se dio cuenta, pero afuera, tras las persianas bajadas, había dejado de nevar. El sol asomó en todo su esplendor tras las montañas en un cielo azul sin mácula.

Un soplo de aire limpio, puro, que traía una promesa de renovación tras la tormenta, barrió suavemente la nieve blanda que se acumulaba en los escalones de entrada a la mansión Kuran.

-FIN-