Despertando en la enfermería de Hogwarts.

Harry Potter se encontraba en un dormitorio de techo bajo guiado por Bathilda.

Allí dentro reinaba la oscuridad y también olía fatal. Harry atisbó un orinal que asomaba por debajo de la cama, pero Bathilda cerró la puerta y ya no vio nada más.

- ¡Lumos!- dijo el muchacho, y su varita mágica se encendió. Al punto dio un respingo, porque la anciana se le había acercado aprovechando esos segundos de oscuridad total, aunque él no la había oído aproximarse.

- ¿Eres Potter?- Susurro Bathilda.

- Sí, soy Potter.

Ella asintió despacio, con solemnidad. Harry noto que los latidos del Horrocrux se aceleraban hasta superar los de su propio corazón, una sensación desagradable e inquietante.

- ¿Tiene usted algo para mí? - preguntó, pero ella parecía absorta en la luz que emitía el extremo de la varita-. ¿Tiene algo que darme? - insistió.

La mujer cerró los ojos entonces pasaron varias cosas a la vez: Harry sintió una fuerte punzada en la cicatriz, el Horrocrux palpitó con tanta fuerza que movió el jersey del muchacho, y la oscura y pestilente habitación desapareció por unos momentos. De pronto sintió un arrebato de júbilo y, con voz clara y aguda, grito: ¡Retenlo!.

Se tambaleo un poco, mientras la maloliente habitación e penumbra volvía a formarse alrededor de él, pero no entendió qué había ocurrido.

- ¿Tiene algo para mí? - preguntó por tercera vez, más fuerte aún.

- Está allí - susurro ella señalando un rincón.

Harry dirigió la varita hacia la ventana y bajo las cortinas vio un tocador atestado de cosas.

Esta vez la anciana no lo precedió. Con la varita en alto, Harry pasó lentamente entre ella y la cama, que estaba deshecha. No quería perder de vista a Bathilda.

- ¿Qué es? - preguntó al llegar al tocador, sobre el que había un gran montón de de ropa muy sucia, a juzgar por el hedor que desprendía.

- Ahí - insistió la mujer señalado el montón deforme.

Harry se volvió brevemente hacia aquel amasijo buscando distinguir la empuñadura de una espada o algo que pareciera un rubí, y entonces la mujer hizo un movimiento extraño que él advirtió con el rabillo del ojo; presa del pánico, miro rápidamente a la anciana y el horror lo paralizó al ver cómo su cuerpo se desmoronaba y una enorme serpiente le surgía del cuello.

La serpiente lo atacó cuando él alzaba la varita, la mordedura la recibió en al antebrazo, y entonces la oscura habitación desapareció.

Harry lo primero que hizo al despertarse fue llevarse la mano al pecho, para asegurarse si el Horrocrux seguía allí, y efectivamente seguía allí, suspiro de alivio.

Le pesaban los parpados como para poder abrirlos, y el antebrazo (donde le había mordido la serpiente) le dolía aún más; se sentía como si estuviese sobre una cama bastante cómoda.

Después de unos minutos abrió los ojos. Se encontraba en la enfermería de Hogwarst, sabía que estaba allí por tantas veces ir cuando estaba estudiando en Hogwarts. Le dio pánico el estar allí, pero eso no era lo peor, a su lado estaba una mujer pelirroja dormida en una silla y a su lado un hombre con el cabello negro y despeinado igual que el suyo era como mirarse a un espejo. Y al frente de él nada más y nada menos que Dumbledore, que le miraba con preocupación.