Disclaimer: No me pertenece ni Twilight ni la historia; el primero es de Stephenie Meyer y el segundo a CGarman (pueden encontrar el link a la historia original en inglés en los favoritos de mi profile).

Summary: Bella le tiene miedo al amor y a todo lo que conlleva; cuando Edward se ve atraído hacia ella y la idea de estar con alguien se ve completamente distinta ¿podrá superar sus defensas? ¿le dejará acercarse lo suficiente para hacerlo? –Traducción, Todos Humanos-.


Coffee makes the heart grow fonder

De CGarman

Traducido por cjmm

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Capítulo 1: Bella, Bella, Bella

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Me miré en el espejo por última vez antes de partir hacia mi horrendo trabajo. Estaba a sólo una calle de distancia de mi pequeño apartamento de una habitación, lo cual me permitía ahorrar gasolina, el único punto positivo de él. Al principio había pensado 'Qué demonios, si apesta al menos estaré tan sobrecargada de café gratis que ni siquiera notaré lo horrible que es' pero, ¡Já!, no tuve esa suerte. Sólo tenía café a un diez por ciento de descuento, lo que lo hacía la segunda cafetería más cara en cinco calles… aunque la paga era buena, solamente debía trabajar unas veinticuatro horas a la semana y también con la ventaja de poder cambiar los turnos de la mañana.

Entré a 'The Grinding Pot' dos minutos antes de lo debido y, oh Dios, allí estaba mi jefe, sentado junto al reloj mirándome con reproche.

- Bella, si esperabas un minuto más antes de entrar hubieras llegado tarde. Quizás la próxima vez deberías llegar más temprano, sólo por si acaso.

Ag. Siempre sonaba tan amable cuando actuaba como un tirano imbécil. Apreté los dientes.

- Seguro, jefe - murmuré, mordiéndome la lengua para prevenir aquellas ingeniosas réplicas que revoloteaban en mi cabeza, intentando mantener buena apariencia. Lo sé, soy muy desagradable.

¡Odio mi trabajo! No creo que hacer café sea mi verdadera vocación, pero no hay mucho lugar allí afuera para un escritor que se esfuerza al máximo. Ya había buscado en diferentes periódicos un lugar para escribir, pero redactar noticias es demasiado depresivo para mí. Para tener una buena paga debes producir material 'apto para la primera plana', y cuando aquello son noticias de niños perdidos y crímenes devastadores, el hecho de conseguir aparecer en la primera página se vuelve algo decepcionante y triste.

Me coloqué el delantal y caminé detrás del mostrador para ver a mi perro faldero favorito de pie allí, con una gran sonrisa en su rostro, prácticamente jadeando ante mi presencia.

- Hola, Mike, ¿cómo te va esta mañana? - pregunté amargamente. Recién eran las cinco a.m. y lucía como si ya hubiera tomado gran ventaja de su café bien elaborado y con descuento. Tendría que haber gastado al menos cincuenta dólares para estar así de activo tan temprano.

- ¡Genial! - me sonrió - ¡Gracias! Oye, ¿has probado esta nueva bebida? ¿'The Triple Decker'? Tiene tres tiros de expreso en él. Es muy bueno; ¡yo ya he tomado tres esta mañana!

Oh, Dios.

- No, no lo he probado todavía - dije, intentando esconder la risa. Puede que fuera algo molesto, loco y ligeramente distraído, pero era un buen chico - ¿Qué tan temprano llegaste, Mike?

- Oh, más o menos hace cuarenta y cinco minutos, o sea quince minutos antes del comienzo de mi turno. Entonces, Bella, ¿qué tal tu noche ayer? ¿No tenías que hacer algo con tu familia?

- ¿Eh? - le miré con los ojos dilatados. Ciertamente puede hablar rápido después de beber nueve tiros de expreso en menos de una hora.

- Sí, dijiste que no podías salir conmigo porque tenías que hacer algo con tu familia.

Ah, mierda. Exacto, le había dicho eso ¿no?. Realmente necesitaba recordar mis excusas para con él.

- ¡Oh, sí! Estuvo genial, ¿sabes?, ver a todos… - respondí rápidamente.

- ¿Qué haces esta noche? Hay un lugar por aquí, a unas calles, que he escuchado que tiene muy buena comida. Podría llevarte allí para ver por nosotros mismo qué tan buena es.

Demonios, ¿qué excusa podía usar ahora? Ya había utilizado la de la familia y siempre me hace explicarle si sólo digo que tengo planes.

- Hmm, bueno… - justo en ese momento la puerta tintineó cuando el primer cliente del día entró al local. ¡Já! Tendría que hacerle un descuento a este chico por llegar justo cuando lo necesitaba - ¿Qué puedo hacer por usted? - pregunté con una enorme sonrisa pegada al rostro mientras me volteaba para observar al cliente que se hallaba de pie enfrente mío – Guau… - dije, retrocediendo. Estaba mirando directo al pecho de un chico muy grande. Tragué saliva mientras elevaba la cabeza para mirar al gigante.

Era enorme, voluminoso; musculoso pero no gordo, y alto comparado conmigo… demonios, más alto que si yo midiera el doble de mi altura. Tenía el cabello negro y rizado, apenas cayéndole sobre los ojos. Hubiera sido muy intimidante si no fuera por la ancha y juguetona sonrisa en su rostro.

- ¿Tuviste que agacharte para pasar por la puerta?

Mierda, ¿había dicho eso en voz alta? Maldita sea yo y mi estúpida costumbre de no pensar antes de pronunciar las palabras. Bajé la mirada, reprendiéndome a mí misma, hasta que escuché una explosiva risa que me hizo saltar casi medio metro en el aire.

- No tanto, pero cerca - dijo. Le miré con una sonrisa jugueteando en mis labios -. Gracias por la preocupación - agregó, terminando la frase con un guiño de una manera para nada rara o intentando flirtear, sino amistosa.

- Bueno, grandulón, ¿qué puedo traerte? - pregunté finalmente. Se limitó a mirar el menú encima de mi cabeza sin decir nada por un par de segundos. De repente volvió a mirarme con la sonrisa aún en su rostro.

- ¿Sabes? No sé qué demonios significa toda esa cosa - señaló con la cabeza el menú -, así que hazme algo bueno, que tenga dos tiros intercalados con algo dulce. No quiero ni siquiera sentir que estoy bebiendo café. Y asegúrate de que sea frío, no me gusta el café caliente. Y recuerda mezclarlo.

Ahora me estaba riendo.

- De acuerdo, yo me haré cargo - dije, aún mirándolo -. ¿No quieres algo en particular como chocolate, caramelo, nueces…?

- Las nueces no - me cortó -, pero todo lo demás está bien.

- ¡Lo tengo! Haré una nueva mezcla y la haré yo misma - repuse, señalando las sillas -. Ve y siéntate mientras hago aquello para ti.

Asintió y se dirigió a las mesas donde pudiera verme mientras preparaba su bebida.

Revoloteé por el lugar jugando con los diferentes sabores y jarabes, canturreando para mí misma. Finalmente mi obra maestra estuvo terminada y me paseé por el mostrador.

- ¡Ya está! Ven a probarlo y dime qué piensas - dije, sacudiendo la mano -. Si no te gusta, dime qué está mal y lo arreglaré - aclaré, entregándole su café. Lo tomó, bebiendo un trago y saboreándolo en su boca, haciendo diferentes series de expresiones.

- Hmm - fue lo único que dijo. Estaba intentando disimularlo, pero no podía esconder muy bien aquella juguetona sonrisa.

- Oh, Dios, ¿a quién crees que engañas? - pregunté, mirándole -. Lo amas y lo sabes - repliqué, apoyándome en el mostrador.

- Sí, de acuerdo, me atrapaste. Me gustó, y buena idea eso de hacerlo tamaño grande - repuso riendo entre dientes.

Le miré con la incredulidad pintada en el rostro.

- Sí, estaba a punto de darte uno pequeño, pero entonces me dije 'Qué demonios'.

Sacudió la cabeza, riendo.

- ¿Qué le pusiste a este bebé? - preguntó, alzando la bebida hacia mí.

- Ah, bueno, es algo verdaderamente ingenioso - respondí presumiendo, sonriéndole -. Dos tiros de expreso, como lo pediste, con chocolate blanco, jarabe de caramelo, jarabe de chocolate y migajas de ambos chocolates y otro último toque de jarabe de caramelo encima de la crema batida.

- Bien hecho - comentó -. ¿Cómo llamarás a tu nueva creación?

- Hmm, buena pregunta - murmuré, llevándome la mano a la barbilla, pensativa - Qué tal… bueno, ¿cuál es tu nombre?

Me miró confuso, arqueando una ceja.

- Emmett.

- Perfecto - repliqué entusiastamente, alzando los brazos en el aire en señal de triunfo -. Lo llamaremos 'Emmett' y puede ser tu bebida usual que sólo conseguirás mientras yo esté trabajando.

Simplemente continuó observándome, sonriendo.

- Bueno… - se detuvo para mirar mi gafete - Bella, eso suena como un buen plan. ¿Cuánto te debo? - le aclaré de cuánto era la cuenta y él me entregó un billete de veinte dólares -. Guarda el cambio; nunca antes me he divertido tanto comprando café - volvió a reír y me saludó con la mano mientras salía del local.

Me volteé para ver a un Mike con los ojos como platos, boquiabierto.

- ¿Estás bien, Mike? - pregunté.

- ¿Lo conocías? - replicó, mirando la puerta que Emmett recién había atravesado.

- No, pero vaya que era simpático, ¿eh? - dije, sonriendo -. Es decir, realmente era gracioso y no intentaba flirtear conmigo todo el tiempo. Amo tener estos clientes agradables - tomé una toalla y comencé a limpiar el mostrador.

El negocio finalmente comenzó. Una multitud de gente empezó a entrar en el local; el primero era un chico joven.

- Hola, bonita.

Oh, qué asco. Bueno, al menos el día había empezado bien.

***

Finalmente terminé mi turno. Recién era la una de la tarde pero tenía que ir a casa, ducharme, dormir algo y cambiarme para llegar a mi otro trabajo a las cinco.

Trabajo en el bar de un club deportivo a sólo un par de calles; usualmente conduzco sólo porque my turno termina normalmente alrededor de la medianoche.

Entré a mi departamento, arrojando mi bolso al suelo y a mí misma en el sofá. Todavía eran sólo la una y media, es decir que tenía tres horas antes de que tuviera que salir para ir al otro trabajo. Miré a mi alrededor, agradecida de que ya hubiera terminado con la cafetería aquel día pero temiendo el trabajo en el bar deportivo de aquella noche. Al igual que la cafetería la paga era buena y las propinas, geniales, pero todos aquellos chicos borrachos, flirteando… nada exactamente bueno.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por el teléfono. Suspiré mientras me levantaba del sofá, ya sabiendo quién sería. No era necesario mirar el identificador.

- Hola, Alice.

Mi mejor amiga, también mi antigua compañera de piso. Pese a ser una chica increíble también me costaba mucho el mantenimiento de vivir con ella; había perdido muchos trabajos llegando tarde porque 'mi pelo no estaba bien' o 'mi camisa no combinaba con los pantalones'. Soy terca, lo admito, pero Alice… ella es terca y ligeramente violenta. Ella no pregunta, simplemente te agarra y te arranca la ropa para colocarte una nueva a su elección. Sería un gran problema si fuera más grande, pero afortunadamente sólo mide un metro cincuenta y pesa poco más de cuarenta kilos.

- ¡Bella! ¿Qué tal el trabajo? - siempre tan feliz, demasiado algunas veces. Uno pensaría que era ella la que trabajaba en la cafetería, no yo.

- Como siempre: compañeros con demasiada cafeína encima, sirviendo a clientes con demasiada cafeína encima… - suspiré, escuchándola mascullar lo aburrida que era -. Aunque hubo un chico muy divertido, enorme, e incluso me dejó crear una bebida para él y ponerle nombre - tan pronto como mencioné a Emmett, supe que lo lamentaría.

- ¡OH DIOS MÍO! ¿CONOCISTE A UN CHICO?

Dios, cómo odio cuando chilla en el teléfono de esa manera.

- No, Alice, no así. Es decir, sí, era un chico y lo conocí, pero en serio, actuaba más como un hermano mayor que como un idiota intentando ligar - murmuré, sabiendo que era inútil. Ella ya estaría exagerando todo en este tema y no habría manera de detenerla -. Además, no era mi tipo. Demasiado grande, me destrozaría si intentáramos algo.

- ¿Así que pensaste en intentar algo con él?

- ¡Oh, por el amor de Dios, Alice! ¿Podrías parar? Yo no estaba para nada interesada en Emmett. Era sólo un buen cliente - inmediatamente vi el error en mi réplica. Mierda.

- ¿Emmett, eh? - dijo con tono sugerente -. ¿Así que es guapo este Emmett? - podía imaginarla subiendo y bajando las cejas en mi dirección.

- No estaba mal, supongo, pero, otra vez, no era mi tipo. Por ahí para cualquier otra chica, pero no para mí. Es decir, realmente, Alice, no te mentiría a ti - me estaba cansando sólo con hablarle -. Pero, oye, tengo que irme. Me gustaría dormir un poco antes de ir a 'Big Ty's'.

- Bien, pero no pienses que esto ha terminado - sonaba tan malvada a veces -. Jasper y yo iremos a visitarte esta noche así que manténte alerta - y ahora sonaba tan dulce. A veces era realmente difícil llevarle el ritmo a esta chica.

Jasper es su novio, han estado juntos por un año, quizás más, no lo sé, pero se ven geniales juntos. Siempre es bueno llevarte bien con el novio de tu mejor amiga, y Jasper es particularmente increíble, tratándome como una hermana menor: muy protector, siempre insistiendo en conocer a los chicos con quienes salgo…

- Bien Alice, te veré más tarde entonces - colgué el teléfono y me dirigí hacia la ducha. Debía eliminar el olor a café antes de que yo misma vomitara.

La ducha tomó demasiado tiempo. Maldita sea yo y el agua caliente; estúpida, incitadora agua caliente. Ahora ya no había tiempo para dormir, sólo tenía una hora para prepararme.

Salí y me vestí, poniéndome mi uniforme, si es que se lo puede llamar así. Simplemente debíamos usar unos cómodos vaqueros y la camisa del bar, una blusa de un suave gris con el logo estampado en el frente. Mostraba más estómago de lo que me gustaba y algo de escote, pero no era nada tan malo. Algunas de las otras camareras se la ataban hacia atrás para mostrar el abdomen completamente o acortaban aún más el escote, pero usualmente eran pocas. Otra minoría paseaba por el lugar casi con la mitad del torso y los pechos al aire. No era nada tan escandaloso o algo así, aunque dudaba que uno pudiera llamarlo 'clase'. Me puse mi calzado más cómodo y fui a arreglarme el cabello. Si Alice no fuera a verme aquella noche me hubiera recogido el pelo en un simple moño, pero tomando en cuenta que me llevaría al baño para montarme una escena si no estaba 'presentable', como ella lo llamaba, decidí que sería mejor dejármelo suelto y agregar a ello algo de base y brillo labial. Para cuando estuve lista con el cabello y el maquillaje tenía apenas veinticinco minutos antes de salir para el trabajo; me precipité hacia la puerta con las llaves en mano, esperando que el tráfico no estuviera tan mal.

Gruñí mientras entraba en el bar: estaba lleno. Era jueves a la noche, por Dios, ¿qué es lo que estaba mal con esta gente?. Abrí la puerta y caminé para encontrarme con que el lugar estaba más ocupado de lo que había pensado anteriormente. Me abrí paso hasta la barra.

- Hey, Angela - grité mientras ella se volteaba y me saludaba con la mano. Angela era la única chica que trabajaba aquí con la que yo me llevaba bien; ella no era como las otras, levantándose las blusas o mostrando más escote para ganar propina. Trabajaba duro y no flirteaba con ningún chico en toda la noche. Era algo tímida, pero lo suficientemente valiente para ser empleada en un bar con chicos diciendo sus típicas frases desagradables.

Caminé de la barra hacia el cuarto trasero para prepararme para el cambio de turno. Tomé un profundo respiro antes de adentrarme en la multitud de hombres borrachos.

Fui hacia mi sección, pasando a un par de personas que se dirigían al bar. Esa es una de las cosas que me gustan de este lugar: es bastante espacioso. Había pensado trabajar en un club, pero hay demasiada gente allí. Aquí, no. Los chicos no vienen a encontrar mujeres, aunque a veces intentan ligar con las camareras. No me malinterpreten, a veces se vuelve incómodo aquí adentro, pero nunca tan malo y no hay cuerpos cubiertos de sudor paseando por el lugar. Un montón de muchachos incluso traen sus novias o esposas; parece que ayuda a mantenerlos en paz.

Estaba caminando otra vez hacia la barra cuando sentí que alguien me tomaba suavemente del brazo. Odio cuando la gente piensa que es necesario tocarme para llamar mi atención; en serio, simplemente usa las palabras.

- Hey, quita las manos, amigo. Iré a tu mesa en un seg…- me detuve cuando, al voltearme, pude ver unos increíbles ojos verdes, ligeramente cubiertos por un desordenado cabello broncíneo. Este chico era muy apuesto… lástima que ya me cayera mal.

- Oh, lo siento - retiró su mano rápidamente con una sonrisa de disculpa. Qué bonita voz; aterciopelada, suave pero masculina, ronca… muy sensual. Sacudí mi cabeza para aclarar mis pensamientos y reanudé mi camino. Ojos Verdes me siguió de cerca -. No quise ser rudo, simplemente me preguntaba si ibas a ser la camarera de aquella sección - apunto a la esquina izquierda, también conocida como mi sección de aquella noche.

Mierda, ahora iba a ser distraída por el guapísimo-chico-de-demasiado-contacto. Odio a los hombres como él, demasiado arrogantes. Sólo porque eres atractivo no quiere decir que tengas que restregárselo en la cara a la gente... ¡lo entendemos! No hay necesidad de flirtear con cada persona cercana sólo para demostrar que puedes.

- Sí, ésa es mi área esta noche - dije mientras tomaba una bandeja de la barra para cargar las bebidas -. Estaré allí en un segundo para tomar tu orden. Puedes tomar un aperitivo mientras esperas ya que ya estás cerca de allí - repuse, apuntando con el pulgar a mis espaldas.

- Creo que lo haré - me dedicó una sonrisa torcida, una sonrisa que me hubiera afectado bastante de no ser porque ya estaba comenzando a molestarme -. Trata de no ir allí hasta que regrese - y con eso, me guiñó un ojo.

Santo Dios, ¿este chico está flirteando conmigo? Es decir, claro, a menudo me sucede eso aquí, es algo que viene con el trabajo, pero en realidad era demasiado guapo para estar haciéndolo conmigo. Ag, probablemente sólo estaba intentando avergonzarme; debe disfrutar ver el efecto que tiene en las mujeres. Pues bien, yo no seré quien te lo muestre. Tranquila, serena y compuesta. Respira profundo, Bella.

- Bueno, te veré más tarde entonces - repliqué con una sonrisa extremadamente dulce en el rostro, volteándome para alejarme de allí hacia mi sección.

Toma ésa, chico lindo.

Le escuché reír entre dientes mientras caminaba. Bastardo.

Bajé la mirada a mis manos, derrotada. Cuando la levanté, vi una pequeña y adorable muñequita sacudiendo la mano frenéticamente en mi dirección, intentando llamar mi atención. Esbocé una ancha sonrisa, sostuve un dedo en el aire pidiéndole que esperara un segundo y volví a la barra.

- Hola, Tyler - exclamé -. Toma una cerveza y una 'margarita' por mí, ¿quieres?

Asintió rápidamente mientras yo me recostaba en la mesa, esperando.

- ¿Cuál es tu nombre?

Oh, Dios. Ojos Verdes había vuelto.

- ¿Cuál es tu problema? - inquirí, volteándome para verle a la cara… casi chocando con él, que estaba de pie justo detrás mío. Bueno, ahora enfrente mío.

- Sólo tengo curiosidad - respondió, retrocediendo un corto paso -. Sólo un nombre, un apodo o algo. Únicamente quiero ponerle un nombre al hermoso rostro - lucía agradable en ese momento, sincero. Sus ojos eran dulces y simpáticos y su sonrisa no era arrogante, sino honesta -. No quise ofenderte antes; había intentado llamar tu atención por un rato pero no podías escucharme, de otro modo no te hubiera tomado del brazo. Realmente lo siento, no debería haberlo hecho. No te lastimé, ¿verdad? - retrocedí ante aquello; de verdad parecía preocupado.

Le miré con ojos recelosos, sacudiendo la cabeza levemente.

- No, estoy bien, sólo no me gusta que me toquen… o me agarren - bajé la mirada de sus ojos a mis manos -. ¿Por qué quieres saber mi nombre, exactamente?

- Sólo me preguntaba si el nombre era tan bonito cómo la chica - me sonrió abiertamente. Reí un poco ante aquello. Inclinó su cabeza para mirarme a los ojos - ¿Qué es tan gracioso?

- Nada. Sólo, bueno, ¿usas esa línea mucho? o, espera, una mejor pregunta sería: ¿ha funcionado alguna vez? - sus ojos se dilataron con lo que parecía diversión, quizás algo de sorpresa, y su boca se entreabrió levemente, pero aún con la sonrisa jugueteando en las comisuras de sus labios todo el tiempo. Luego de un par de segundos en silencio, yo también le miré a los ojos - ¿Y bien?

- No, no la uso muy seguido, aunque estaría mintiendo si dijera que jamás lo he hecho. Y sí, funciona… con frecuencia - respondió, sonriéndome. Al menos era honesto.

- Bueno, lamento que desperdiciaras esa joya conmigo. Supongo que no aprecio aquella frase encantadora como las otras chicas - le devolví la sonrisa, sin bajar la mirada hasta que escuche dos copas golpeando el mostrador a mis espaldas.

- Las bebidas - me volteé para ver a Tyler colocando dos copas en la barra con un pequeño bote de cerezas. Arqueé una ceja y él se encogió de hombros -. Me di cuenta que eran para Alice y Jasper y no quería que te metiera en problemas por olvidarlas. Además, si no las llevas tú, vendrá ella hasta aquí para gritarme por no recordártelo - lancé una carcajada cuando dijo eso -. Mándale mis saludos.

- Gracias, Tyler, lo haré. Y bien pensado, probablemente me has salvado el trasero - tomé las bebidas y las cerezas, volviéndome hacia Ojos Verdes -. Escucha, estaré en tu mesa en un par de minutos, así que vuelve allí si quieres que tome tu orden. Si no estás allí a tiempo… oh, bueno - di un paso al costado, rodeándolo para dirigirme a la mesa de Alice. Estuve tentada de mirar hacia atrás, pero en lugar de ello mantuve la vista fija enfrente mío, donde Alice me había estado observando todo el tiempo, seguramente interpretando mal todo. Saltaría rápidamente a conclusiones y, para el final de la conversación, yo ya estaría casada con algún chico.

- Hola, Alice - saludé, ubicando las bebidas y las cerezas en la mesa -. ¿Qué tal, Jasper?

Jasper me miró disculpándose, mientras Alice iniciaba el interrogatorio.

- Así que, Bella, dos chicos en un día - rodé mis ojos en su dirección. Pareció tomarlo como una señal para continuar -. Es muy guapo, Bella. ¿Cuál es su nombre?

- No lo sé, Alice, él sólo estaba preguntando si sería su camarera esta noche – intenté dejarlo correr; todo lo que él había querido era mi nombre, y lo había pedido de una manera muy inocente -. No es la gran cosa, pero ¿has visto? - señalé el bote de cerezas -. Me acordé - esbocé una gran sonrisa, intentando parecer orgullosa de mí misma por recordar traer las cerezas que Tyler me había dado. Saqué mi bolígrafo y el anotador para tomar su orden, esperando que cambiaran de tema.

- Sí, claro, Bella, sé que Tyler tuvo que recordártelo - apuntó al bote con aire acusador. Oye, al parecer había logrado distraerla -. ¿Por qué le interesa saber si vas a ser su camarera? ¿Es soltero? Tal vez deberías conseguir su número…

De acuerdo, eso fue suficiente.

- ¡Guau, Alice, detente! - alcé las manos -. No sé su nombre, no me importa si es soltero y no voy a pedirle su número. Bien, chicos, ¿quieren comida o no? - la fulminé con la mirada, retándola a que dijera algo más.

Dio un salto en su asiento, cruzó los brazos y me otorgó su expresión más penosa. Era una buena: labio sobresaliendo justo lo suficiente mientras miraba a través de sus pestañas con grandes ojos de cachorrito. Gracias a Dios soy inmune a sus miradas traicioneras. Cuando me quedé simplemente observándola, hizo temblar levemente su labio inferior. Oh, definitivamente es buena.

- ¿Si averiguo su nombre estarás feliz? – pregunté y ella asintió con entusiasmo -. Bien, entonces ¿qué quieren comer?

Miré a Jasper, quien simplemente nos sonreía.

- Hoy queremos sólo el plato del día. Gracias, Bella.

Le devolví la sonrisa, sin molestarme en anotar el pedido.

- Bien, volveré pronto con ello - miré a Alice -. Diviértanse - me volteé en dirección a mis otras mesas y capté dos ojos verdes observándome.

Pasé por cada una de las mesas de mi sección antes de ir a la de Ojos Verdes. Cuando finalmente llegué allí me decepcionó no ver una expresión molesta en su rostro. No, en lugar de aquello lucía muy divertido.

- Hola - le sonreí -. ¿Todavía con hambre?

Intentó retener una risa.

- Te crees ingeniosa, ¿a que si?

Coloqué una mano sobre mi corazón, intentando lucir ofendida.

- No sé de qué estás hablando.

Eso simplemente lo hizo reír aún más.

- Bueno, Sin Nombre, estamos hambrientos.

¿Había dicho 'estamos'? Miré alrededor de la mesa y no vi a nadie más. Entonces fue cuando noté dos copas enfrente suyo. Mierda, no había querido hacer esperar a alguien que no fuera él.

- ¿Dónde está el resto de tu fiesta? - pregunté, volviendo a mirarle.

- Bueno, se aburrieron, así que fueron a jugar billar.

- ¿Y por qué no fuiste con ellos?

- Pensé que valía la espera.

Oh, es bueno.

- Hmm. Bueno, ¿debería volver cuando el resto de tu fiesta lo haga o quieres ordenar ahora?

- No; sé lo que todos quieren.

Le miré expectante un segundo, esperando su orden.

- Bueno… - dije, mirándole. ¿Qué, acaso piensa que leo mentes? Simplemente me devolvió la mirada, sonriendo. No lo largaba. Dios, este hombre parece denso - ¿Cuál será?

- No. No hasta que me digas tu nombre.

- ¿En serio? - asintió. Me encogí de hombros -. Serás tú el que pasará hambre - repuse con presunción.

- Ah, pero entonces no estarías haciendo tu trabajo.

- En realidad, estoy haciéndolo - me observó confuso -. Mira, ya te he pedido tu orden, si tú te rehusas a dármela, no puedo hacer nada por ello. De hecho, sería considerablemente rudo de mi parte forzarte a hacerlo. Así que ves, no sólo estoy haciendo mi trabajo, sino que lo estoy haciendo bien.

- ¿Y qué pasó con aquello de 'El cliente siempre tiene la razón'? - desafió.

- Aún se aplica. Exactamente por ello sería enteramente tu culpa que tú y tus amigos estén famélicos. Si dices que no quieres ordenar, estoy obligada a estar de acuerdo contigo.

Una sonrisa se extendió por su rostro mientras digería lo que le decía.

- Bueno, estoy intentando ser un caballero, así es como fui educado - ¿Adónde estaba yendo con eso? - Así que si no sé tu nombre no seré capaz de llamarte apropiadamente, lo cual sería rudo de mi parte.

- Ajá - le observé un par de segundos, intentando ver si hablaba en serio.

- Así que, señorita, ¿podría decirme su nombre? - murmuró mirándome a través de sus pestañas.

- Bueno, no quisiera ser grosera… - inquirí inocentemente. Sonrió triunfalmente; imité su sonrisa hacia él - y si tú y tu fiesta no están conformes con mis habilidades para servir…

- Nadie dijo nada negativo sobre tus habilidades como camarera - me interrumpió, alzando las manos a la defensiva.

- …estaría más que feliz de dejar que mi amiga Angela viniera y tomara sus órdenes. Apuesto a que ella incluso se presentará 'apropiadamente' antes de hacerlo - tomé una pausa para sonreírle aún más antes de continuar -. ¿Debería llamarla? Sólo tomará un momento.

- ¿Por qué no me dices tu nombre? - preguntó apenado.

- No te modificaría nada saberlo- eso era verdad, incluso aunque fueran sólo excusas.

- Me haría feliz saber el nombre de una mujer tan hermosa.

Oh, ahí va de nuevo con sus tontas frases para conseguir chicas.

- Creo que ya hablamos sobre cómo esas malas líneas no funcionan conmigo - le sonreí.

- Por favor.

- ¿Cómo te llamas? - pregunté, exasperada.

- De ningún modo. Primero debes decirme tu nombre, es lo justo.

- ¿Por qué es eso justo?

- Yo pregunté primero.

- Así que…

- Así que yo gané - me sonrió con presunción, mostrándome sus dientes de un blanco brillante.

- Dime tu nombre y te diré el mío - dije, cansada.

- ¿Prometido?

Asentí.

- ¿Cómo sé que no estás mintiendo? - cuestionó.

- Supongo que tendrás que confiar en mí - le sonreí con dulzura. Lo pensó un segundo antes de mirarme.

- Me llamo Edward - dijo, extendiendo su mano para que la tomara. La sujeté con firmeza y me sorprendió al voltear mi palma hacia abajo, llevando mi mano hacia sus labios para besarla suavemente. Mi respiración se volvió errática pero me compuse rápidamente, tirando de él para acercarlo a mí de modo que nuestros rostros quedaron sólo a centímetros de distancia.

- Es un placer conocerte, Edward - le susurré, intentando sonar seductora. Debió funcionar porque su respiración se aceleró. Le sonreí tímidamente y luego me enderecé, volviendo a mi tono de voz normal y recuperando mi mano. Mi sonrisa se hizo más maliciosa - Y ahora, ¿qué quieres comer?

Parecía azorado, algo impresionado.

- El plato del día… - él también se compuso rápidamente antes de que pudiera retirarme -. Todavía quiero saber tu nombre.

- Quizás más tarde.

- No estás siendo muy justa - me acusó.

- Nunca dije cuándo te diría mi nombre; sólo mencioné que sería luego de que me dijeras el tuyo. No aclaré qué tan pronto luego de eso - le sonreí y su expresión se entristeció un poco. Maldición - Mira, te diré una cosa: sabrás mi nombre antes de que te vayas esta noche, ¿suena bien?

La sonrisa regresó a su rostro. Bueno, eso sí que había sido fácil.

- Suena perfecto - se inclinó hacia mí -. Gracias.

Volví a la barra, y luego de colocar las órdenes en la cocina, fui a hablar con Angela.

- ¿Qué tal tu noche hasta ahora?

- Oh, hola. Está bien, aunque parece que tú lo estás pasando mejor - dijo. Le miré confundida - Oh, vamos, Bella, he visto cómo flirteabas con ese chico toda la noche - se volteó para mirar a Edward -. Es muy guapo.

La observé con los ojos como platos. Debía haber algo en el agua aquella noche; es decir, lo esperaba de Alice, pero no de Angela. No pensaba que estaba coqueteando más que el frecuente y casual flirteo. Angela sabía que lo hacíamos un poco sólo para que las cosas no fueran tan tímidas y ganar algo más de propia. No pensaba que había flirteado tanto, al menos no como para que ella lo notara desde allí.

Fui sacada de mis pensamientos por una mano pasando enfrente de mi rostro. Levanté la mirada para ver a Angela observándome preocupada.

- ¿Bella? Oye, no era de mi incumbencia. No intentaba insistir - retrocedió un par de pasos, algo que hacía sólo cuando pensaba que estaba molesta con ella -. Lo siento, no fue mi intención volverme 'como Alice' contigo - me miró, apenada.

- No, está bien; es sólo que no pensé que estaba flirteando tanto. Pero supongo que lo estaba, ¿no? - ella asintió. Bajé la mirada a mis manos, sacudiendo la cabeza de lado a lado -. Maldita sea, apuesto a que se está sintiendo muy pagado de sí mismo en estos momentos - murmuré mientras Angela continuaba observándome.

- Bueno, oye, mi comida está lista. Debo ir a mis mesas - me miró midiendo mi reacción -. Sería bueno para ti coquetear un poco con un chico guapo, bajar la guardia por una noche y divertirte, Bella - me dio unas palmaditas en el hombro antes de irse -. Sólo diviértete, no te preocupes.

Simplemente asentí, mirándome otra vez las manos. ¿Qué se supone que debes decir ante eso? ¿'Sí, tienes razón, debería dejar de ser una ermitaña puritana y salir de mi caparazón para flirtear con el guapo chico de allí'? No lo creo. Aunque divertirse sonaba… bueno, divertido.

Justo entonces escuché a alguien llamarme; me volteé y vi que las ordenes estaban listas para ser retiradas. Tomé una profunda bocanada de aire, me enderecé y me acerqué a tomar la comida. Vamos a divertirnos un poco, Bella…

Estaba completamente perdida en mis pensamientos mientras llevaba los platos a cada mesa. Todavía tenía que esperar que se cocinara la comida de Edward luego de la de Alice, así que tendría tiempo de hablar con ella antes de ir a 'divertirme'.

Ubiqué la orden en el centro de la mesa sin decir palabra, deslizándome en el asiento junto al de Alice.

- Sólo ve por ello, Bella - dijo.

- ¿Ir por qué cosa? - pregunté, mirándola con confusión. ¿Acaso era tan transparente?

- Hablé con Angela y ella tiene toda la razón - dijo con total naturalidad, llevándose una patata frita a la boca -. Deberías bajar un poco la guardia de vez en cuando.

- No sé si quiero… si aún estoy lista - le lancé una mirada de preocupación -. Sé que ha pasado un tiempo desde que… bueno, desde aquella cosa con tú sabes quién, pero, en serio, creo que simplemente no lo vale, no a largo plazo.

Cuando terminé de decir aquello Alice me tomó de los hombros y me volteó en la dirección de Edward.

- Míralo, Bella, es increíblemente guapo. Es decir, sólo mira aquella línea de su mandíbula… y su cuerpo. Puedes ver qué tan increíble es a través de su ropa. Sólo imagínatelo sin ropa - comenzó a abanicarse -. Lo vale.

- Sí, Alice, puedo verlo y sé que es guapísimo - me deshice de su agarre para mirarla -. Pero el físico no lo es todo.

- No, pero es un buen comienzo. Y, eso, Bella - dijo, apuntando a Edward - es mucho más que sólo un buen comienzo.

Me volteé para mirar a Edward y en cuanto mis ojos se posaron sobre él, también se volteó, mirándome fijamente. Cuando advirtió que lo estaba observando ladeó la cabeza hacia un costado con una ceja alzada y una sonrisa comenzando a extenderse por su rostro. Desvié la mirada rápidamente y vi que Alice aún estaba señalándole.

- ¡Alice! - siseé, golpeando su mano para bajarla.

- ¿Qué? - paseó su mirada de mí a Edward y entonces lanzó una risita -. Oh, ya veo - sacudió la mano en su dirección. Miré por encima de mi hombro y me quedé atónita cuando vi a Edward esbozando una enorme sonrisa, sus hombros sacudiéndose con diversión mientras reía. Sentí mi rostro enrojecer y mi boca se entreabrió mientras Alice continuaba riendo.

Me puse de pie rápidamente y me volteé hacia Jasper, quien la miraba con adoración mientras también reía.

- No la alientes - siseé, marchándome. Escuché como ambos estallaban en carcajadas tan pronto como les di la espalda. Oh, lo lamentarían más tarde. Traidores.

Volví a la barra para tomar algo de agua y me encontré con que la comida de Edward ya estaba lista. Maldita sea, había esperado contar con un poco más de tiempo antes de tener que volver a enfrentarlo. Me quedé allí un par de segundos, respirando profundamente, intentando que mi rostro volviera a su color natural.

Luego de tomar su comida me enderecé con los hombros hacia atrás, tratando de lucir lo más confiada en mí misma posible y comencé a caminar hacia su mesa. Mantuve la vista lejos de él hasta que estuve obligada a mirarle y, cuando lo hice, mi corazón dio un tumbo y dejé de avanzar. Bueno, allí se había ido mi 'diversión'. De pie junto a Edward, hablando con él, se encontraba una imponente rubia, alta. Parecía una modelo: todo piernas, cabello rubio y cuerpo perfecto. Tomé una gran bocanada de aire y forcé a mis pies a moverse otra vez antes de que pudieran pillarme mirándoles. Ya sabía que era demasiado guapo para ir por mí.

Mantuve la cabeza gacha mientras me abría paso hacia ellos.

- Bien, chicos, aquí está su comida - dije rápidamente sin levantar la mirada -. Lamento la demora.

Me sobresalté levemente cuando la rubia gritó hacia alguien:

- ¡Hey, Em, la comida está lista! - la miré atónita. Se rió al ver mi cara -. Lo siento, no quise asustarte.

Escuché a Edward riéndose entre dientes a mis espaldas y me volteé para fulminarle con la mirada. Eso le hizo reírse más fuerte aún.

Respiré profundamente y retiré la mirada.

- No hay problema - musité, sin hacer contacto visual con nadie -. ¿Qué más puedo ofrecerles?

- Tu nombre estaría bien.

Miré a Edward, sorprendida. Tenía una hermosa mujer de pie junto a él y estaba pidiendo mi nombre. Volví a mirar a la rubia y luego a él. Parecía divertido.

- Ella es Rosalie - dijo, haciendo un gesto hacia ella -. Y pronto será mi cuñada.

Oh. Me sentí como una estúpida.

- Es un placer conocerte - dije tímidamente, algo avergonzada por lo que había asumido.

- Lo mismo digo - respondió sonriendo -. No te preocupes, yo no intentaré obligarte a que me digas tu nombre - me reí ante aquello. Así que le había hablado de mí. Eso era una buena señal, ¿no? - Puede ser un verdadero fastidio a veces - dijo, señalándole.

- Uno podría decir aquello, sí, definitivamente - sonreí.

- ¡COMIDA!

Me sobresalté de nuevo, esta vez mucho más. Me llevé una mano en el corazón, intentando que se ralentizara de alguna manera. Levanté la mirada lentamente para ver a la causa de mi reciente ataque cardíaco y me encontré con una sonrisa juguetona bastante familiar. Emmett. Él no me estaba viendo; sólo tenía ojos para la comida en el centro de la mesa. Cuando la rubia me vio sobresaltarme de nuevo, le pegó en el hombro y él miró hacia arriba lánguidamente.

- Oh, lo siento - dijo, y no pareció reconocerme. Oh, bueno. Bajé la mirada a la mesa para asegurarme que había llevado todo, cuando una voz explosiva me hizo sobresaltarme… otra vez -. ¿Bella? - su sonrisa era incluso más ancha mientras me miraba fijamente.

- Hola, Emmett - le sonreí yo también.

- ¿Se conocen? - preguntó Rosalie, mirándonos a uno y luego al otro.

- Sí, Bella es la que me hizo mi café propio esta mañana - respondió con orgullo -. Incluso le puso mi nombre - vaya, era como un niño… demasiado grande. Volvió a mirarme -. ¿Así que sirves café a la mañana y cerveza a la noche? - sus ojos se dilataron - ¡Mi héroe!

No pude soportarlo más y me reí.

- A tu servicio.

Cuando miré a Edward, vi que sonreía como si acabara de ganar la lotería.

- Así que, Bella, también trabajas en una cafetería, Bella. ¿Disfrutas trabajar allí, Bella, o Bella, prefieres este lugar… Bella?

Oh, mierda, Emmett había dicho mi nombre.

- ¡Maldita sea, Emmett, arruinaste mi plan! - le acusé. Me miró confuso, primero a mí y luego a Edward.

- ¡Oh! ¿Tú eres la chica con la que ha estado obsesionado toda la noche?

Vaya, apuesto a que eso lo estaba avergonzando.

- ¡Emmett!

Sí, lo estaba haciendo. Ah, dulce venganza…

- ¿Qué? Si es verdad - dijo a la defensiva -. Estabas tan insoportable que fui a jugar billar. Odio el billar - sacudía las manos mientras hablaba. Me pregunté qué tan seguido rompía las cosas a su alrededor haciendo eso.

- Por favor, ignóralo - suspiró, mirándome fijamente.

- ¿Sabes, Edward? No creo que vaya a hacerlo - repliqué -. Así que, Emmett, ¿qué fue todo lo que Edward dijo sobre mí?

- Bueno, dijo que no querías decirle su nombre… - dijo sonriendo. Vaya, aquello era bastante decepcionante. Le lancé una mirada a Edward, quien miraba a Emmett como si acabara de salvarle la vida, pero luego su expresión se volvió horrorizada al ver la sonrisa maliciosa en su rostro - Y también dijo que eras la chica más hermosa que ha visto, y que si no averiguaba tu nombre esta noche volvería diariamente hasta que lo consiguiera.

Mi mandíbula golpeó el suelo. Miré a Emmett esperando el remate del chiste, pero nunca llegó. Tan pronto como escuché su risa me percaté de lo tonta que debería parecer, allí de pie con la boca abierta. Me compuse, aún así sonrojándome furiosamente.

- Bella… - dijo Edward lentamente. Vaya, mi nombre sonaba realmente bien cuando él lo pronunciaba. Quizás debería habérselo dicho antes… No, espera, ¡Mal, Bella! Tranquila… Bajé la mirada -. ¿Estás bien?

- ¿En serio dijiste esas cosas? - pregunté lentamente.

- Bueno sí. No palabra por palabra, pero en esencia sí - aún seguía mirándome, como si quisiera medir mi reacción. Por algún motivo, parecía preocupado.

- Bueno, es muy halagador - le sonreí -. Gracias, aunque creo que necesitas una visita al oculista.

- Creo que mi vista es perfecta, gracias - replicó con una leve sonrisa. Su mirada era muy intensa, tanto que me sentía casi atrapada en sus ojos. Me aclaré la garganta y desvié la vista antes de quedarme completamente inmovilizada.

- Bueno, chicos, debo ir a ver mis otras mesas ahora, pero volveré en poco tiempo para ver si necesitan algo - miré a Edward de nuevo -. Ya que todos saben mi nombre ahora, siéntanse libres de llamarme.

Con eso me retiré, dirigiéndome directamente hacia la mesa de Alice. Ella amaría esto…

Palmeó el asiento con ansiedad cuando me acerqué.

- Bella, te he estado mirando. Es como una telenovela sin volumen - bueno, esa era una manera de explicarlo. Comenzó a hablar rápidamente, sin tomarse un segundo para respirar -. Desde aquí parecía que iba por esa chica primero - dijo apuntando a Rosalie - pero mirándolo mejor me di cuenta que no estaban coqueteando. Estaban demasiado lejos, ¿sabes?, y aquella rubia bonita miraba una y otra vez a aquel chico enorme, sin mencionar que tu chico seguía mirándote a ti…

- ¿Debería contarte cómo es la cosa, o prefieres seguir especulando? - la interrumpí con una sonrisa. Asintió con emoción, haciendo como que cerraba su boca con una cremallera -. Bueno, su nombre es Edward, y la rubia bonita se llama Rosalie. El chico enorme es Emmett, el tipo que vino a la cafetería hoy a la mañana, al que le hice su café personalizado. Es el hermano de Edward y el prometido de Rosalie.

- ¡Vaya! Realmente, esto es el destino. Incluso dijiste antes que Emmett había actuado más como un hermano que como un chico flirteando contigo… - bien, ahora ya estaba dejándose llevar. Si la dejaba continuar, para la siguiente hora ya estaría planeando la boda. Se volteó hacia Jasper - ¡Esto es mucho mejor que una telenovela!

- ¿Te gustaría escuchar el resto? - dije, algo irritada. Esta vez hizo como que ponía un candado a sus labios, arrojando la llave dramáticamente -. Bien, cuando Emmett me reconoció, mencionó que Edward había estado 'obsesionado' conmigo toda la noche, diciendo cosas como… - me detuve para comer una patata frita. Alice comenzó a impacientarse, casi botando en su asiento, y sabía que le tomaba un montón de esfuerzo no hablar, un hecho que resaltaba colocándose las manos en la boca. Le sonreí, tomándome mi tiempo -. En fin, dijo cosas como 'la chica más linda que ha visto' y que 'si no obtiene mi nombre esta noche volverá diariamente para conseguirlo' - sacudí la mano sin mucha importancia, actuando como si no fuera nada, como si fuera una simple conversación con otra persona. Sin embargo, internamente yo estaba botando como Alice quien, debo añadir, estaba tomando aire.

Y entonces chilló.

Le tapé la boca con la mano intentando apaciguar el ruido, pero el daño ya estaba hecho. Me volteé, aún cuidando que ningún sonido saliera de sus labios, para ver que todos en mi sección nos estaban mirando, incluyendo dos hermosos ojos verdes que, casualmente, eran el tema de conversación. Modulé un 'lo siento' a todos en mi sección y me giré rápidamente otra vez hacia Alice.

- ¡Mira lo que has hecho! - siseé, pero ella no me estaba prestando atención. Sus ojos estaban muy abiertos, mirando directamente detrás de mí.

- Bella, ¿por qué no me presentas a tus amigos?

¡Edward!


Aquí empezamos con este fic. Yo lo considero uno de los AU de Todos Humanos más entretenidos del fandom inglés y la verdad es que quería compartirlo por aquí. En la historia original los capítulos son más cortos, pero yo los traduzco, compilo de a 5 o 6 y publico así para que sean más largos y además porque no soy de conectarme muy seguido y de esta forma se me hace más fácil. En fin, cualquier comentario es bien recibido =)