To Heal a Soul

Autora: shanfawn16

Traductora: Alisevv

Pareja: SS/HP

Clasificación: Angustia, tragedia, drama, romance

Resumen: Una vez más, Severus se ve obligado a estar a la entera disposición del llamado Niño Que Vivió…Pero Harry no será el Niño Que Vivió por mucho tiempo… NO es un Deathfic.

Disclaimer: La historia está basada en personajes y situaciones creados por JK Rowling y pertenecen a ella y varios editores, incluyendo pero no limitados a to Bloomsbury Books, Scholastic Books and Raincoat Books, and Warner Bros., Inc. No gano dinero con esto, ni es mi intención infringir los derechos de autor.

Advertencias: Esta historia es slash, es decir, relación hombre/hombre. Si no les gusta el tema, este es el momento de salir.

La versión original la pueden encontrar en la bio de mi perfil

Hola a todos

Aquí les traigo una nueva traducción que espero les guste. Tomen en cuenta que cuando la autora aclara que no es un Deathfic, quiere decir que ninguno de nuestros niños muere, así que a no preocuparse, ¿vale?

Quiero agradecer muy especialmente a Danvers, quien me recomendó esta historia. Como ves, amiguita, no la había olvidado

Besitos y disfruten la historia.

To Heal a Soul

Para curar un alma

Capítulo 1/20

Severus paseaba de un lado a otro frente al escritorio de la Directora; la irritación fluía de él en oleadas y su ancha túnica ondulaba alrededor de sus piernas cuando se giraba enérgicamente, sólo para continuar su recorrido. Después de todas las pruebas y tribulaciones a las que había conseguido sobrevivir, había muy pocas cosas que todavía conseguían sorprenderle. Minerva acababa de lograrlo. Había pasado un año desde la última vez que pisara Hogwarts y había esperado fervientemente nunca tener que volverlo a hacer. Era sólo la urgencia expresada en la convocatoria de Minerva la que lo había traído de vuelta a este odiado lugar.

—No puedo entender cómo se te pudo ocurrir que ésta sería una sabia decisión— gruñó, mirando con fría furia a la mujer—. No importa cuan enfermo esté el idiota, nunca elegiría colocarse en una posición donde yo tuviera alguna clase de poder sobre él.

—Me malinterpretaste, Severus. No dije que él solicitara tu ayuda— replicó la vieja bruja, sorbiendo estoicamente su té Earl Gray como si no acabara de empezar a hacer peticiones estúpidas—. Yo soy quien está pidiendo tu ayuda.

—Me da igual. Aún cuando estuviera de acuerdo, que definitivamente no lo estoy, él nunca aceptaría nada de mí— argumentó Severus, dejando finalmente su paseo y apoyándose contra el escritorio, reuniendo la implacable mirada de ella con la propia—. Hicimos a un lado nuestras diferencias para conseguir la victoria ante el Señor Oscuro, pero eso no significa en forma alguna que se vaya a someter feliz a esta necia idea tuya.

Minerva suspiró pesadamente y, por un momento, mostró cada día de sus noventa años.

—De lo que entiendo, no tiene mucho de donde elegir. Está muy enfermo. Ya no hay nada que los sanadores de San Mungo puedan hacer por él.

—Todavía no entiendo qué enfermedad se le ha presentado. Estaba sano y libre hace apenas un año. ¿Qué pudo pasar en este año para justificar tan extremo malestar.

—Creo que sería mejor si eso lo hablaras personalmente con Harry— dijo la bruja, quitándose los lentes y frotando sus ojos con cansancio—. Sigue viviendo en su casa del Valle Godric, pero pronto será incapaz de manejarse solo y necesitará cuidados constantes. Estoy esperando poder persuadirlo para que venga aquí.


Severus se hundió en su silla, sintiéndose agotado e indispuesto. Aunque aún no conocía toda la historia, tenía la impresión que había algunas circunstancias algo calamitosas que rodeaban al ilustre Señor Potter, de nuevo. Consciente de que era poco lo que podía hacer para tratar de ayudar al insufrible mocoso, cerró los ojos y suspiró en derrota.

—Imagino que te gustará prevenir al Señor Potter de mi visita— sugirió, antes de levantarse para abandonar la oficina de Minerva. Ella asintió y, con grave expresión, lo acompañó hasta la puerta.

Dos días más tarde, Severus se encontró caminando a grandes zancadas por el largo sendero que conducía a la casa Potter en el Valle de Godric. Apartando su irritación por tener que asistir a esta reunión, golpeó la puerta principal y esperó. Cuando cinco minutos completos transcurrieron sin respuesta a su toque, decidió terminar con esta tonta diligencia y se dio la vuelta para partir. Justo cuando estaba descendiendo el último escalón, la puerta crujió, abriéndose detrás de él.

—Tan experto como siempre en malgastar mi tiempo, Señor Potter— espetó con desprecio, irritado porque tanto el chico como Minerva lo hubieran impulsado a hacer esto—. Tengo demasiadas ocupaciones sin tener que tomar tiempo de mi día para venir a jugar a la niñera con usted.

Cuando llegó a lo alto de los escalones y se encaminó a la entrada de la casa, fue finalmente capaz de observar adecuadamente al joven mago; la imagen lo hizo detenerse brevemente y contener la respiración.

El Salvador del Mundo Magico, el héroe guapo y joven que había, en su última reunión, exudado vida y salud, era apenas una sombra de si mismo. Estaba pálido y tembloroso, pesando mucho menos de lo que debería; su piel estaba obscenamente delgada sobre sus huesos. Sus ojos se veían cansados y con hematomas, y su una vez espeso, brillante y estupendamente desordenado cabello, era mustio y delgado. Si no hubiera sabido a quien estaba mirando, nunca hubiera imaginado que la consumida, enferma figura frente a él, era Harry Potter.

—Me disculpo por hacerlo esperar, señor— dijo Harry débilmente—. En estos días, me toma un tiempo movilizarme. Por favor, pase y póngase cómodo.

Severus fue incapaz de apartar los ojos de él, mientras lentamente lo guiaba al interior de una confortable salita en la parte frontal de la casa. Tan sólo el pequeño esfuerzo de caminar la corta distancia hizo que Harry respirara con dificultad. Severus no estaba seguro de haber visto nunca algo tan espantoso como lo que se presentaba frente a él. Observó, mientras Harry se sentaba lentamente en el sofá, cerrando los ojos y respirando pesadamente para tratar de recuperarse luego del esfuerzo.

-Minerva me dijo que pararía por aquí— comentó Harry, después de unos incómodos momentos—. Me sorprendió escuchar sobre su preocupación.

Severus mantuvo un comportamiento natural, aunque encontraba difícil hacerlo.

—No fue tanto mi preocupación como la de ella lo que me trajo aquí hoy— contestó—. Ahora que estoy aquí, sin embargo, apreciaría si pudiera iluminarme sobre las circunstancias detrás de su enfermedad.

Harry sonrió con languidez y chasqueó los dedos. Un elfo doméstico apareció y miró a Harry con tristeza.

—Dobby, ¿por favor, podrías traernos algunos refrigerios? Creo que el Profesor y yo tenemos que hablar un buen rato— el elfo desapareció con una pequeña explosión y regresó rápidamente, portando una bandeja con té y galletas.

- ¿Qué, exactamente, le gustaría saber, señor?— preguntó el anfitrión una vez fue servido el té.

—¿Qué fue lo que lo puso tan enfermo? ¿Por qué en San Mungo han sido incapaces de ayudarle? ¿Qué es en lo que Minerva piensa que yo podría ayudar?

—Es básicamente un efecto secundario de una maldición que me golpeó durante la batalla final— explicó, balanceando cuidadosamente su té entre sus temblorosas manos—. Es similar a un cáncer, que se ha extendido rápidamente por todo mi cuerpo, atacando mi sistema nervioso y la mayoría de los órganos internos. No fue detectado durante mucho tiempo y ahora no hay nada que los sanadores puedan hacer, excepto mantenerme tan cómodo como sea posible. Creo que Minerva estaba esperando que pudiera proveerme las pociones que los sanadores recomendaron, ya que es del conocimiento general que usted es, de lejos, mucho mejor elaborando pociones que el personal del hospital.

Severus se sentó en su silla, la incredulidad y el horror enfrentándose para controlar sus emociones.

—¿Y usted? ¿Qué espera usted?— preguntó, desconcertado por la calma y objetividad con que el joven mago había impartido la información.


—A este punto, hay pocas razones para esperar, señor. Simplemente, acepté reunirme con usted porque Minerva me pidió que lo hiciera. Además, aunque aprecio que haya tomado un tiempo de su apretada agenda para venir aquí, creo que ambos sabemos que sólo vino por complacerla. Las pociones que estoy tomando tienen el propósito de aliviar mi dolor mientras,

con dificultad, camino lentamente hacia mi muerte. Me interesa poco quien las elabore.

—Nunca antes lo había visto darse por vencido, Señor Potter— dijo Severus con voz calmada.

—No es darme por vencido, señor— enfocó sus ojos con una mirada cansada—. Es aceptación. Si Dobby no hubiera aceptado venir a ayudarme, hace rato que estaría en una sala de San Mungo. Al menos de esta forma, puedo esperar mi fin en mi propia casa, con algo de privacidad y al menos una pizca de dignidad.

La furia se encendió en las entrañas del hombre ante lo injusto de la situación. Harry Potter podía ser un insufrible, irritante, imposible e insolente mocoso, pero no merecía esto. En ese momento, el desprecio que acostumbraba albergar hacia el joven no le importaba.

A pesar de sus sentimientos, para el final de la guerra, Severus había visto demasiadas similitudes entre las situaciones de ambos y, en ese momento, eso lo irritó tremendamente. Pero, a pesar de eso, ambos habían sido utilizados como peones en la guerra; a ambos se les había pedido hacer lo imposible; ambos había sido obligados a dejar de lado sus propias vidas, sus propios deseos, sus propias esperanzas y sueños. Y aunque Harry había cosechado los honores que habían llegado con la derrota de Voldemort, Severus sabía que no los había deseado.

En la corta vida de Harry, había sido obligado a soportar más penurias que la mayoría de las personas que superaban cuatro veces su edad. A regañadientes, habían formado una relación de trabajo civilizada, adaptada a las necesidades de los tiempos, y Severus había aprendido a conocerlo bastante durante ese periodo. Aunque nunca lo admitiría, Harry Potter le parecía en realidad un individuo intuitivo, valiente, y fastidiosamente noble. Si los eventos hubieran sido diferentes, pensaba que incluso podría haber disfrutado explorando la posibilidad de una amistad. Verlo así, solo y olvidado, esperando la muerte, era más de lo que podía soportar.

—¿Qué pasó con sus amigos, Señor Potter? ¿Dónde están durante este lento y difícil camino hacia su muerte?— indagó, preguntándose a qué se debía la ausencia de la habitual conglomeración de irritantes entrometidos.


—Mi enfermedad los hace sentir muy incómodos, aunque nunca lo admitirían— explicó, sonriendo forzadamente sobre su taza de té—. Hace un par de meses, les deje saber que me encontraba demasiado cansado para visitas personales. Así, me llaman fielmente por la red floo una vez por semana, cada miércoles por la noche a las siete y treinta, para verificar cómo estoy. Les aseguro que Dobby me está cuidando maravillosamente y que estoy tomando todas las pociones que necesito, y les prometo que si algo pasara les enviaría a Dobby. Entonces, ellos, contentos, le informan a cualquier persona que sienta la necesidad de saber, y entonces sienten que es seguro regresar a sus vidas y olvidarme por los siguientes seis días.

—Encuentro difícil de creer que lo hayan dejado con tanta facilidad— comentó Severus, la furia creciendo lentamente ante el pensamiento de que quienes una vez fueran leales compañeros lo abandonaran.

—Créame, no fue fácil. Sin embargo, rehusé ofrecerme para que velaran por mí. Dobby les informará después que todo pase, ya le he dado las instrucciones. Es, de lejos, mucho mejor para ellos que continúen con sus vidas sin el complejo de mi muerte.

Severus estaba involuntariamente impresionado por la fuerza de carácter que Harry estaba mostrando. Entendía completamente el deseo de morir bajo sus propios términos. Se estremeció ante el pensamiento de tener un grupo de personas reunidas alrededor, rondando, aguardando, observando a la muerte llegar. Harry lo acababa de convencer, sin darse cuenta, de hacer todo lo que pudiera para facilitar su travesía.

—Cuénteme sobre las pociones que está tomando— pidió. Fue evidente, por la mirada en el rostro de Harry, que lo había tomado por sorpresa—. ¿Cuántas está tomando?

—Actualmente, estoy tomando ocho pociones de forma regular— informó, bebiendo un sorbo de su té—. Seis de ellas las tomo diariamente, una dos veces por semana, y la otra, semanalmente.

Severus se sorprendió ante el gran número de pociones y le hizo un gesto al joven para que continuara.


-Como mi sistema digestivo no puede manejar más que alimentos blandos, tomo una poción nutritiva tres veces al día. Actualmente, sólo estoy comiendo hojuelas de avena, huevos revueltos, y caldo. Luego está una poción para el dolor nivel cuatro, que tomo cada cuatro horas para controlar el dolor más agudo.

Severus apenas contuvo el jadeo ante el alto nivel de la poción analgésica. Su dolor debía ser impensable para que se justificaran tales dosis.

-Dos veces al día, debo tomar una poción diseñada para ayudar a la eliminación, ya que uno de mis riñones está paralizado y el otro está fallando. Cada seis horas tomo un tónico que ayuda a controlar los temblores que experimento debido al daño en mi sistema nervioso. Cada mañana, bebo dos pociones que, combinadas, ayudan a mantener mi presión arterial, que se ha vuelto bastante errática.

-Los miércoles y sábados tomo una poción especialmente reforzada para ayudar a elevar el descenso de mi inmunidad, no puedo dejar que un resfriado o un virus precipite mi fin, ¿no?— dijo con una risita, haciendo que Severus sonriera pese al tema de conversación.

-Finalmente, los lunes tomo una infusión especial que ayuda a elevar mis niveles de hierro, ya que estoy bastante anémico, como podrá imaginar— concluyó—. Por supuesto, hay otras pociones que tengo a mano cuando es necesario: medicación adicional para el dolor, poción contra las náuseas, esa clase de cosas.

Severus estaba aturdido. El sólo hecho de que Harry continuara caminando y hablando luego de las numerosas pociones y dolencias que acababa de mencionar era un pequeño milagro.

—¿Y usted se mantiene en este horario terriblemente complejo de ingesta de pociones?

—Sí, con la ayuda de Dobby— contestó, amortiguando un bostezo contra la palma de la mano—. Mi sanador general también viene semanalmente a traerme las pociones y verificar los avances.

—¿Cuándo tiene programado venir esta semana su sanador?— preguntó Severus, planificando estar presente para aprender tanto como fuera posible sobre la enfermedad.

Harry sonrió débilmente.

—Bien, dado que está tan curioso, tiene suerte. Estará aquí en media hora.

—Excelente— replicó, acomodándose en su asiento y comiendo una galleta—. Estoy seguro que usted no se molestará si le pregunto algunas cosas sobre su enfermedad y prognosis.

Harry bufó y logró sonreír, haciendo que sus rasgos semejaran los del chico que una vez conociera.

—Aunque yo tuviera algún problema con eso, usted no se detendría— afirmó.

Severus inclinó la cabeza es reconocimiento.

—¿Le importaría?

—No, por supuesto que no, señor.

—¿Y si pido ver su historia médica?

—Tampoco tengo problema con eso, pero me gustaría preguntarle por qué.

—¿Porqué, Señor Potter? Me temo que deberá ser más específico— dijo, aunque tenía una idea de a qué se refería.

—¿Por qué gasta su tiempo? ¿Por qué se preocupa? ¿Por qué le importa?

Severus colocó la taza de té sobre la mesa y se inclinó hacia delante, atrapando la mirada de Harry y sosteniéndola.

—De ser posible, me gustaría contestar sus interrogantes con otra pregunta. Paso mucho tiempo persiguiéndome tras la muerte de Albus; cuando finalmente me encontró, ¿por qué no me maldijo? ¿Por qué no me entregó a los Aurores?

Harry suspiró pesadamente, sus hombros hundidos como si soportaran una pesada carga.

—Cuando el testamento de Dumbledore fue leído, me entregaron una carta que había dejado para mí. En ella, me explicaba las circunstancias tras todo lo que había pasado y que todo había sido planeado en gran parte. Me pedía que mantuviera la mente abierta y no lo juzgara duramente por sus acciones. También me pedía que cuidara de usted… que lo ayudara y protegiera de ser necesario.

Severus arqueó una ceja, aguardando a que Harry juntara todas las piezas. Sonriendo, Harry prosiguió.

-¿Debo entender que no fui el único que recibió una carta similar?

—Diez puntos para Gryffindor, Señor Potter— contestó Severus, permitiendo que una esquina de su boca se alzara—. No es sólo que Albus me pidió que velara por usted, sino que, por mucho que me resista a aceptarlo, encuentro que ya no es tan irritante como una vez lo fue.

—De hecho, ése es un gran elogio, señor— Harry se puso serio una vez más—. Aprecio el gesto y le doy libertad para examinar todos mis reportes médicos.

—Muy bien— aceptó—. Y una cosa más, Señor Potter. Tiene un elfo doméstico. Por el bien de sus visitantes, y de usted mismo, instrúyalo para que responda la puerta a partir de ahora. Algunos estamos muy ocupados, como bien sabe.

—Comprendo, señor— dijo el joven, riendo ligeramente. Chasqueó sus dedos y Dobby apareció nuevamente—. Dobby, mi invitado pide que seas tan amable de contestar a la puerta a de ahora en adelante. Él no lo admitiría, pero me temo que está ligeramente preocupado por mi bienestar.

—Por supuesto, Harry Potter, señor; Dobby atenderá la puerta— dijo, antes de desaparecer con una pequeña explosión.

Ante la risa de Harry, Severus sacudió la cabeza sin darse cuenta.

—Arruinará mi reputación, con esto.

—Oh, pero que noble meta sería esa, en mis últimos días— contestó Harry, sonriendo.

Severus alzó una ceja, otra vez, y se puso cómodo para esperar la llegada del sanador.

Continuará…

Bueno, mis queridísimos lectores, hasta aquí el primer capítulo de esta nueva traducción. Espero que les haya gustado mucho, ya me contaran.

Besitos mil

Alisevv