Welcome to my life


"Y estate cómoda, ya que ahora sé que es tuya,

y que ni con todos mis años

y los miles que me faltan por cumplir

te podré llegar a agradecer algún día

por permanecer en ella y recibirme a mi"


Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

Summary: La familia Cullen se muda a Forks solo para encontrarse a una joven vampiro residiendo allí mismo. ¿Qué pasaría si Edward y Bella se conocieran en circunstancias muy distintas? Y, ¿qué secretos oculta Bella de su vida humana? E/B

Nota: Un día tarde lo sé, pero al menos no una semana tarde... *embarrased*. Whatever, espero que disfruten este capítulo.

[Este capítulo va dedicado a Candelaria Bells, porque estuvo cerca, muy cerca, de lo que va a pasar ;) ]


Chapter 11: Aceptando la verdad

En el momento en que terminé de pronunciar "bienvenida" no hubo tiempo suficiente para que Bella pudiera ni abrir la boca para contestarme, para entonces Alice ya estaba colgada de ella en un abrazo de excesivo cariño. Pero si se creía que el de ella era asfixiante, el de Emmett fue un 'rompe huesos' y se haber sido Bella humana probablemente hubiese muerto rápidamente por la falta de aire.

A veces Emmett podía exagerar un tanto en las muestras de afecto. Sin mala intención claro, pero…

Fue una bienvenida muy emotiva, como si se recibiese a una hija que hace mucho que estaba ausente en casa, y a Bella pareció no molestarle en absoluto. Se veía completamente radiante de felicidad y eso bastó para que yo me sintiera igual.

Las próximas dos horas las pasamos todos juntos en la sala, conversando un poco sobre cual sería la habitación en que ella se quedaría, cómo iríamos al instituto todos los días, el territorio que frecuentábamos al cazar y demás cosas de ese estilo.

Bella escuchaba con atención y se mostraba sinceramente interesada en las cosas que comentábamos sobre la vida de cada uno: los pasatiempos de uno, de qué trabajaba el otro, cuántas veces nos habíamos graduado, etcétera. Pero llegó un momento en que logré notar como empezaba a mirar hacia algún costado o a juguetear distraídamente con mechones de su cabello y capté con rapidez que ya no tenía tantas ganas de escuchar anécdotas como de conocer el resto de la mansión.

Entonces, se lo propuse. Y ella aceptó con entusiasmo, como supuse que haría.

Desafortunadamente, también fui conciente de las miradas llenas de significado de la mayoría de los miembros de mi familia dirigidas a mí mientras subía con Bella las escaleras, después de que ella manifestara que no tenía ningún inconveniente en recorrer el lugar con mi única compañía (cosa que me hizo secretamente feliz).

"Ignóralos" me dije. Y lo hice, por supuesto. Eso era algo a lo que tendría que acostumbrarme de ahora en adelante.

—Empecemos viendo tu nueva habitación, ¿de acuerdo? —ofrecí, sonriendo. Ella asintió, sonriendo también. Bueno, podía acostumbrarme a eso también.


—Nunca había visto tantos CDs juntos desde la inauguración de aquella enorme tienda de música en Phoenix, y de hecho creo que la tuya está más surtida —murmuró, sosteniendo varios de los CDs de la estantería. Parecía maravillada y sonreí orgulloso.

—Gracias.

—No, en serio. Es increíble, pero dime ¿cómo los organizas? —ahora los observaba con más detenimiento, tratando de descifrar el criterio de ubicación de los títulos que utilizaba.

—Eh, por año y luego por preferencia personal dentro de ese año —contesté, echado en el sofá. Ella articuló un casi inaudible «Ah» y continuó explorando.

Reí suavemente, parecía una niña en una juguetería.

—¿Debo tomar tu actitud como que estoy en presencia de otra fanática de la buena música? —pregunté súbitamente, tratando de romper el silencio. Ella sonrió.

—Yo diría que si. Y déjame decirte que tienes un gusto excelente.

—Gracias —repetí, aun sonriendo—. Estoy seguro de que tú también.

Permanecimos un rato así, en silencio, mientras ella se dedicaba a revisar cada estantería, con los ojos dorados brillando de emoción.

—Puedes usarlos cuando te plazca, tú sabes, siéntete en la libertad de tomarlos cuando quieras —no solía prestarlos demasiado, aquella colección era prácticamente mi vida, y mi familia lo respetaba. Pero no me suponía ningún problema prestárselos a ella, sabía que podía confiar.

Su sonrisa fue deslumbrante cuando volteó a verme.

—¿Hablas en serio? —si hubiese sido Alice ya estaría dando saltitos de pura emoción, pero gracias a Dios, Bella era Bella.

Reí—Claro.

—¡Gracias! —y lo que siguiente que hizo me tomó desprevenido. Un momento estaba parada a unos metros de mi posición y al otro la tenía a unos centímetros, cerca, muy cerca. Me estaba abrazando. Aquello que había querido hacer desde la primera vez que habíamos hablado.

Pero eso no era todo, por supuesto que no. A los pocos segundos en que sus brazos me rodearon, pude sentir en mi mejilla el suave roce de sus labios contra mi piel. Y aquello si que me descolocó.

Porque allí, teniéndola entre mis brazos, sintiéndola tan cerca, piel contra piel, me di cuenta de que se sentía demasiado bien como para querer soltarla alguna vez.

Y también me di cuenta, no sin un deje de amargura y una extraña euforia, de que había estado negando lo evidente y que Alice tenía razón —como siempre—. Bella realmente me gustaba.

Supongo que no puedes negar lo evidente durante mucho tiempo…


—Y entonces… ¿Qué han estado haciendo ustedes dos allí adentro? —Alzando las cejas sugestivamente y con aquella sonrisa —idiota para mi, encantadora para Rosalie— Emmett habría logrado sacarme de mis casillas de no haber sido que en esos momentos me encontraba solo físicamente presente. Mi mente estaba demasiado lejos, aun turbada por mi reciente 'descubrimiento'.

—Hmm —mascullé, distraído. Escuché a alguien chasquear los dedos y luego vi a Emmett pasar, estúpidamente, la mano una y otra vez delante de mi rostro mientras Jasper contenía la risa a duras penas.

A la quinta vez se la aparté de un manotazo y gruñí en su dirección.—No me fastidies.

—Bah. ¿Por qué estás de tan malhumor? —se detuvo unos segundos, reconsiderando sus palabras— Bueno, más de lo habitual.

Blanqueé los ojos.—Vete a molestar a otra persona, por favor. Necesito pensar —y dicho esto salí sin voltear de la sala, dejando a unos confundidos Jasper y Emmett detrás.

—¿Qué le sucede? —escuché a éste último preguntar.

—No tengo idea, pero puedo sentir todo un conflicto de emociones en su interior, es casi mareante—susurró Jasper.

Y decidí dejar de oírlos, necesitaba estar un segundo solo. Bella había salido con Alice, Rosalie y Esme de compras. Va, había sido arrastrada. Esto significaba que estaba temporalmente fuera de peligro, no es que no me gustara su presencia, pero en estos momentos necesitaba pensar fríamente.

Y por supuesto ella era también un objeto de distracción…

Me senté en el sofá, no sin antes prender el equipo de música, y suspiré frustrado. Lo único de lo que estaba seguro era que las cosas iban a cambiar bastante de ahora en adelante.

Pero lo cierto es que aun no sabía si era para bien o para mal.

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Cuando oí el auto de Rosalie aproximarse a la casa estoy seguro de que me congelé en mi lugar. Estaba seguro de estar sufriendo algo como un ataque de pánico.

Traté de controlarme, lo último que necesitaba era desbordar al pobre Jasper (que un piso más abajo sufría las consecuencias de mis emociones descontroladas) y luego tener que soportar un intenso interrogatorio de su parte. Había una sola persona a la que tendría que decirle sobre esto, aunque en estos momentos se me antojaba totalmente aterrador.

Pero ella era la única persona en quien podía confiar, ¿lamentablemente? No lo sé, quizá si o quizá no.

"Ah, mátenme" gruñí interiormente "Para nadie de mi familia estas cosas han sido tan complicadas, ¿por qué para mí si?". Reflexioné unos segundos y pensé con amargura "¿O soy yo el complicado aquí?" Aquello me sonaba más posible.

Bueno, complicado o no, iba a intentarlo. Quizás yo también podía tener mi propio final feliz, aunque me costase más.

En ese momento una silueta sonriente se asomó por el marco de mi puerta.

—Me parece que tú y yo tenemos una conversación importante —Alice sonreía de una forma que debió haberme asustado como pocas cosas podrían. Pero yo había estado preparándome mentalmente para esto alrededor de tres horas.

—Ya sabes qué es lo que tengo que decirte, así que ¿por qué no me ahorras todo eso? —me habría puesto a suplicar si ella me hubiera dado tiempo suficiente para mover un músculo.

—Ah, no. Necesitas decirlo en voz alta, solo así acabarás por creértelo a tu mismo. Te conozco, ¿sabes? —le sonreí vacilante, ella tenía razón. Necesitaba decirlo en voz alta, pero escucharme a mi mismo aceptándolo se me antojaba especialmente dificultoso… y algo aterrador.

Su mirada asesina no era difícil descifrar. "No dudas" gritaba y yo haría todo lo posible para obedecerla.