Genio Embotellado

(Bottled Genius)

Por Rozefire

Traducido por Inuhanya

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Capítulo 28

¿Felices por Siempre?

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La vida apestaba. Y ese era el final del asunto.

Inuyasha tentativamente llevó una mano hacia la herida en su costado. Cuando la retiró, hizo una mueca ante la pegajosa sangre que humedeció sus dedos. Inhaló un fuerte respiro, intentando ver cuánto de su pulmón izquierdo se había afectado…

No por mucho, descubrió, cuando inmediatamente tuvo un ataque de tos y probó el metálico sabor de sangre en su lengua.

"Urgh…" gruñó adolorido y se deslizó por el tronco del árbol para sentarse en sus raíces. Mantuvo la mano presionada en su herida mientras mantenía sus orejas atentas en el sonido de la villa a unos cientos de metros adelante. Realmente necesitaba un poco de agua para limpiar la herida en su costado, para intentar lavar tanto del erosionante veneno como fuera posible… o al menos lavar el sabor de la sangre en su boca.

"Estúpido Sesshomaru…" Él pasó una mano por su mentón, limpiando la sangre que goteaba desde la comisura de su boca.

Otro estúpido encuentro con su hermano y casi había salido como un cadáver. Se estaba empeorando; cada vez que se cruzaban, por casualidad o lo contrario, Inuyasha tenía menos y menos por qué vivir… ¿cuál era el punto de ganar otra pelea si no tenía con quien presumir, nada que proteger, y nada que esperar? Cada día era igual al último, sin lugar a donde ir, mientras ibaa todos lados.

Había tratado de encontrar una razón y un propósito, pero aún tenía las manos vacías. Sus padres habían muerto mucho tiempo atrás. El rostro de su madre estaba nublado con un mal recuerdo y no recordaba cómo era el rostro de su padre. Nadie recordaba a su hijo. Nadie se preocupaba por él. En realidad… la única persona que se preocupaba era Sesshomaru, y lo único que le importaba a su hermano era verlo en una tumba.

"No estoy haciendo mucho impacto por aquí," tal vez debería quemar unas villas y derrotar unos cuantos demonios a punta de patadas…

El problema era que probablemente perdería medio corazón durante la pelea y terminaría. Ahora había algo que buscaría.

Luchó para ponerse de pie y avanzar, haciendo su camino por los espesos árboles y cerca a los sonidos de la civilización. Se tambaleaba precariamente, quejándose y gruñendo con el esfuerzo que le tomaba continuar moviéndose.

La villa apareció e Inuyasha se ocultó tras una de las cabañas en el perímetro externo del asentamiento. Se asomó por la esquina y frunció sus ojos, intentando localizar alguna fuente de agua…

Lo único que pudo encontrar fue el pequeño pozo en el centro de la villa. El lugar estaba rodeado de locales, y no había forma de que pudiera llegar a él en su actual condición sin ser visto. Al momento que lo vieran no dudarían en echarlo… se veía mucho como un demonio para asentarse bien con humanos. Tendría que esperar hasta la noche para llegar a él, y para entonces el veneno se habría carcomido su costado y hecho mucho daño.

Con un suave y molesto gruñido, cerró sus ojos y se recostó contra la pared. Nada podría salir a su manera por un simple minuto, ¿verdad? Ahora moriría lenta y dolorosamente… aún más vergonzoso y sin sentido que ser comido vivo por algún monstruo.

Maldijo por lo bajo. La idea de morir sin sentido era más irritante que todo. Enojado, se lanzó hacia el objeto más cercano - una la de las vasijas que había sido alineada a lo largo de la pared de la cabaña en la que se apoyaba. Se rompió del impacto y al mismo tiempo emitió una explosión de polvo azul… pero pareció evaporarse en el aire como vapor, a diferencia de otro polvo que haya visto.

El alfarero en la casa tras él debió haber usado un lodo muy extraño para hacer estas cosas…

Con su laboriosa respiración de la rabia y el esfuerzo que le había tomado romper la vasija, de nuevo cerró sus ojos y clavó su mentón en su pecho, disponiéndose a ignorar el dolor…

Pero inconscientemente estaba preparándose para morir.

"Los demonios no tienen respeto por la propiedad de otras personas."

Inuyasha abrió levemente un ojo y miró las sandalias en los pies de alguien vestido en ropa de monje. Genial… un monje humano… una forma aún peor que morir lentamente por envenenamiento - ser purificado por un bajo e inferior Hoshi humano. ¡Vaya forma de ser pateado cuando estaba derrotado!

"Si vienes a matarme, Mono, hazlo rápido." Gruñó Inuyasha, cerrando sus ojos. "Tengo una agenda apretada."

"Tentador, créeme," el monje se movió levemente, como si estirara unas extremidades encalambradas. Pero aún tenía que hacer un movimiento para estamparle un hechizo de purificación. "Bueno, después de ese rudo despertar… qué dirías si te dijera que puedes tener todo lo que deseas, en este momento."

"No estoy de humor para ser torturado por tus estúpidos juegos humanos." Respondió Inuyasha acalorado. "Tal vez un día cuando no esté muriendo."

"Diviérteme." El monje ignoró sus adoloridas muecas. "¿Qué desearías, si pudieras desear algo en el mundo, hanyou?"

Desearía por un propósito en su vida. Desearía ser completamente demonio así sería libre para destruir como lo deseaba. Desearía ser humano para encajar con ellos y vivir una vida tranquila…

No… sobre todas las cosas, desearía la fuerza perfecta… fuerza para romperle la linda cara a su hermano. Inuyasha sonrió adolorido. "Bueno, entonces desearía ser el hanyou más fuerte en la tierra. Sí… deseo tener la fuerza y el poder para hacer prácticamente todo lo que quiero."

"¿De verdad?" El monje sonó divertido.

"¿Complacido?" Inuyasha envolvió más fuerte sus brazos a su alrededor. "Ahora piérdete y déjame en paz."

"No sin un pequeño obsequio de despedida." Su tono de voz hizo que Inuyasha levantara la mirada lentamente. "¿Quieres poder infinito? Entonces con eso te bendeciré. Tendrás poder infinito… y las cadenas que vienen con ello."

"¡NO!"

Inuyasha se despertó con un ahogado jadeo. Por un momento, se sintió paralizado; espinado-como punzadas de dolor clavadas en su pecho, y no supo donde estaba… hasta que los detalles comenzaron a entrar en su conciencia. Se dio cuenta que estaba donde se había quedado dormido.

Encima del tanque. Con un gato en su pecho.

Se relajó rápidamente. Con frecuencia no tenía pesadillas así esos días, pero aún era suficiente para ponerlo tenso y de mal humor. Extrañamente, su conciencia parecía intentar no dejarlo olvidar su desastroso pasado. Había reparado dicho pasado, pero eso no lo detuvo de perseguirlo…

¿Y qué si no había tenido nada por qué vivir? ¿Y qué si había sido un esclavo? Bueno, ahora era libre, y no planeaba terminar solo tan fácilmente. Tenía a Kagome después de todo. Era dudoso que lo dejara fuera de su vista por más de cinco minutos…

"Fuera, Buyo." Gruñó él. El enorme gato prácticamente había estado aferrado a sus tobillos al momento que se había contoneado en la puerta del frente. Aparentemente, la familia Higurashi había dejado al animal con un amigo de la familia en la ciudad donde los gatos eran célebres por escapar de casa hacia sus lugares de origen; y más que arriesgar a llevar el gato y tenerlo rodando su gorda barriga por treinta millas de tráfico, dejarlo atrás había sido la opción más segura. Pero por supuesto, Buyo no era un gato ordinario. Además de ser obeso, también había andado voluntariamente por treinta millas de tráfico para reunirse con su vieja familia en un nuevo lugar. Pero el cómo había sabido a donde ir los había impresionado a todos…

Al momento que había visto a Inuyasha, había sido amor a primera vista. Así que ahora Inuyasha estaba disfrutando la peor mitad de una relación de amor y odio.

Inuyasha suspiró y empujó al animal fuera de su pecho y fuera del tanque…

Otra cosa extraña sobre Buyo era que nunca lograba aterrizar en cuatro patas. Más como que aterrizaba de espalda con un golpe cada vez que caía de alguna altura… lo cual, perturbadoramente, pasaba mucho.

"¡Inuyasha!"

"¡Yo no lo hice - él saltó!" Gritó Inuyasha automáticamente, sentándose para enfrentar a su acusador.

"¿Qué?" Kagome se detuvo sobre el felino con una particular mirada. Obviamente no había visto el crimen…

"Oh, nada…" él demostró inocencia mientras saltaba de la cima del tanque hacia el suelo. "¿Querías algo?"

"Bueno, la cena casi está lista… oh, ¡hola Buyo!" Kagome se agachó para recoger el golpeado gato en sus brazos, dejándolo colgar mientras doblaba sus brazos bajo sus patas delanteras… simplemente era muy grande para sostenerlo de la forma normal. Procedió a consentirlo. "Quién es mi gordito, gordo gatito, eh? ¡Sí, así es! ¡Eres tú!"

Inuyasha miró al animal. Buyo hacía sonidos que ningún gato mortal debería hacer… "Y… ¿no se supone que íbamos a cenar con tu ex-papá?"

"Uh huh." Asintió Kagome. "El perdedor se acobardó. Parece que vamos a tener que llevarlo a la corte si queremos sacarle dinero."

"Si quieres, ¿yo podría levantarlo de cabeza y sacudirlo…?" Ofreció Inuyasha, cruzando sus brazos.

Kagome en realidad lo consideró por un momento antes de sacudir su cabeza. "Nah, podemos sacarle más de su billetera si le iniciamos un juicio."

Inuyasha se encogió. "Es justo."

"Oh - pero cuando lo conozcas, tu nombre es Inuyasha, perteneces a una banda de heavy metal, cargas armas en tus bolsillos y me has inducido al abuso de la cocaína." Le dijo Kagome con una fresca sonrisa. Meció al gato en sus brazos. "¡Oh - y cada viernes en la noche, me llevas a un trío con… uh… tu hermano gemelo!"

Inuyasha le parpadeó. "No es otra de tus extrañas fantasías, ¿verdad?"

"Confía en mi, el juez le sacará más dinero si la abandonada familia es un desastre." Explicó Kagome. "¡Si creen que me enamoré de un bueno para nada cuando papá se fue, serán más simpatizantes y automáticamente lo odiarán tanto como nosotros!"

"Ya veo." Inuyasha ladeó su cabeza. "¿Quién dice que no te enamoraste con un bueno para nada?"

"Oh, Inuyasha…" Kagome lo codeó - con dificultad considerando que estaba sosteniendo un gato del mismo tamaño de un niño, quien también pasaba a estar golpeando a Inuyasha. "Te ganas tu sostenimiento… a pesar de no poder conceder más deseos para mi."

"¿Y cómo lo hago?"

La oreja de Buyo se movió mientras la mirada de Kagome se desviaba, pensando duro. La oreja de Inuyasha se retorció, imitando al gato inconscientemente en su molestia. Eventualmente, Kagome regresó. "¡Cortas madera más rápido de lo que he visto!"

Inuyasha esbozó una arrogante sonrisa. Cualquiera podía cortar madera… pero nadie podría entretener a Kagome tanto como él… especialmente cuando se retiraba la camiseta. Obviamente, sus pensamientos estaban siguiendo los mismos pasos de los suyos mientras su animada expresión se suavizaba en algo un poco más tímida. "No eres así de rápido en todo… ¿verdad?"

Era afortunada de que su madre no tuviera idea de las cosas que decía cuando la Sra. H estaba fuera del rango auditivo.

Inuyasha avanzó, invadiendo deliberadamente espacio personal mientras alcanzaba para tomar sus brazos, apretando gentilmente. Pobre Buyo estaba muy aplastado, a juzgar por el amortiguado maullido que hizo. "Kagome… dejemos al gato y vamos a otro lugar un poco más privado para un poco de… diversión, ¿sí?"

Una vez más, Buyo probó no ser nada más que consistente en su habilidad para aterrizar con un golpe sobre su espalda.

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"¡Vamos… vamos… entra… vamos… ohhhh! ¡¡Sí!!" Inuyasha colapsó en la cama. "¡Hazlo otra vez!"

Kagome suspiró, aburrida. Apoyó su codo en su rodilla y su mentón en su palma. "Sabes, cuando dijiste 'divertido' pensé que querías decir algo un poco más… divertido."

"¿Qué, no te estás divirtiendo?" Inuyasha se sentó rápidamente. "Mira, la traeré y puedes intentarlo de nuevo."

Él saltó de la cama y corrió por la habitación. Buscó en la papelera y sacó una esfera de papel arrugado, luego regresó rápidamente y lo depositó en el regazo de Kagome. "Aquí tienes."

Con una ceja levantada, Kagome tomó la abusada esfera de papel y la lanzó… por lo que se sintió como una centésima vez. Pero para la nonagésima novena vez, rebotó del borde de la papelera y cayó al piso.

Inuyasha recobró. Kagome lanzó. Él recobró. Ella lanzó. Él recobró. Ella lanzó…

Rió cuando la bola de papel de nuevo fue depositada en su regazo. En realidad era un pedazo de química en la que había estado trabajando, pero habiendo extraviado la fórmula química para calcular la masa atómica del nitrato de plata, era un justo material de 'recobro'. "Eres un cachorro, Inuyasha." Le dijo con una sonrisa.

"¡¿Qué?!" Él le dio una sucia mirada.

"Ven aquí." Ella palpó la cama a su lado. Inuyasha se sentó obediente junto a ella. Con una sonrisa, Kagome se levantó de rodillas y se movió tras él. Retirando su cabello hacia un lado, descansó su mentón en su hombro y envolvió sus brazos alrededor de su pecho, rascando distraídamente su barriga como le gustaba. Inuyasha hizo un suave sonido y dejó que su propia cabeza cayera contra su hombro. Su sonrisa se amplió, feliz con el conocimiento de que le estaba permitida libertad para abrazarlo cuando quisiera. No más caminar sobre cáscaras de huevo.

No más obstáculos.

"¿Recuerdas cuando dijeron que el cuarenta por ciento de las personas terminaban miserables…?" preguntó ella despreocupadamente.

"¿Mm…?" Ese sonido se tornó en un bajo gruñido que sonó sospechosamente como un feliz cachorro.

"¿Cómo crees que terminamos?"

"Las personas no caen en categorías, Kagome." Respondió en esa usual manera dimisiva suya. "Todo continúa… aún podríamos terminar miserables."

"¿Entonces piensas que estamos en la cima del siete por ciento?" Kagome ladeó su cabeza.

Inuyasha abrió un ojo. "Lo dudo."

Kagome detuvo los suministros en su vientre. "¿Huh?"

"Bueno… no somos así de felices, ¿verdad?" Él se giró levemente en sus brazos. "Digo, aún estás viviendo en este abandonado lugar mientras tu amado templo se deteriora. Tu padre aún está evadiendo su cuota mensual de manutención."

"Aún estoy expulsada de la escuela."

"Sin amigos."

"Sin centros comerciales."

"Sin tuberías decentes…"

"Y desperdiciaste todos los deseos que te pudiesen haber sacado de esta descabellada situación." Inuyasha resopló. "No vas a recuperarlos ahora…"

La nariz de Kagome se arrugó. "¡Vaya, mi vida aún apesta!"

"¡No sólo la tuya!" Le informó Inuyasha. "Escuchaste a Sango quejarse, ¿no? Al momento que Miroku fue liberado de ser un Cumplidor de Deseos, ha estado tocándola infinitamente. Creo que estaba recuperando el tiempo perdido después de ser forzado a abofetearse por tanto tiempo… y luego está Shippo. La última vez que Sango y Miroku lo vieron, estaba aplastado contra la ventanilla del avión porque el hombre sentado junto a él pasaba a ser el hombre más ancho en el país. ¡Tampoco es exactamente un final feliz para él! No es que realmente me importe ese llorón ni nada…"

"Sí…" Kagome suspiró. "Y luego está Onigumo. Dudo que esté muy feliz atrapado dentro del Monte Hakurei con sólo sus pensamientos para acompañarlo…"

Inuyasha se calló extrañamente. Eso despertó la sospecha de Kagome. "¿Cuál es el problema?"

"No está pensando más. Está muerto." Le dijo Inuyasha simplemente.

"Oh…" Kagome frunció. "¿Pensé que dijiste que era inmortal…?"

"Le pedí un favor a Shippo…" Se encogió. "No sé… después de experimentar todas las alegrías de la depravación sensorial, sentí un poco de pena por el hombre."

"Entonces cometiste eutanasia." Dijo Kagome.

"Lo salvé de una eternidad de miseria, eso es todo…" Él la miró. "Además tampoco quería ninguna posibilidad de que regresara de nuevo como Naraku."

"Bueno… es justo." Kagome bajó la mirada. "Pero sabes… esto exactamente no suena como el final feliz que estaba esperando."

Inuyasha se liberó de sus brazos y se giró completamente hacia ella. "¿Quién dice que es el final? Tu abuelo ya está considerando vender este lugar para regresar a tu templo, así que no sé cuál es el problema."

"¡¿Qué?!" Kagome quedó boquiabierta.

Él parpadeó. "¿Tal vez esa era tu sorpresa de cumpleaños…?" hizo una mueca. "Bien - olvida lo que dije. Tu abuelo no está planeando vender este mina de oro y regresar a la ciudad."

Una sonrisa se esbozó en el rostro de Kagome, libre y resplandeciente. "¡Eso es brillante! ¡¿Eso significa que voy a regresar a casa?!" Ella cerró sus brazos alrededor de su cuello mientras asentía con un vaga expresión de 'oh bueno, eché a perderlo, ¿verdad?' "¿No estás molesto, verdad…? Digo… te gusta la tranquilidad aquí, ¿no? ¿Qué si no quieres mudarte a la ciudad?"

Él giró sus ojos y resopló. "A donde vayas, yo iré, no me importa. Podrías mudarte a la cima del Monte Everest y aún iría contigo… para suplirte con sábanas, si nada más."

Kagome sonrió y se inclinó para depositar un suave beso en sus labios. "Gracias."

Inuyasha frunció levemente mientras se separaban. "¿Por qué?"

"Por este 'Felices por siempre'." Ella suspiró contenta mientras miraba hacia el montón de tarea dada por Hojo. "O casi."

"Sabes, aún tenías un deseo que no usaste." Le dijo Inuyasha. "Si aún lo tuvieras, ¿qué hubieses deseado?"

"Um…" Kagome palpó su mentón pensativa, luego sonrió. "Desearía que estuviéramos juntos… para siempre."

Fácilmente concedido. Inuyasha sonrió y plantó un beso en sus labios. Uno de muchos de estaban por venir. "Como desees."

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Fin

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Nota de la autora: ¡Ya era tiempo!

Nota de Inu: Hola a todos!!! Un millón de disculpas por la demora en subir el final de este fic pero últimamente he tenido mucho trabajo y no había tenido un respiro. Muchas gracias a todos por sus lindos comentarios, por su interés, me alegra y satisface saber lo mucho que les gustó este fic de Rozefire... jejeje... como lo dije al principio, también es uno de mis favoritos. Espero que se hayan divertido, gracias por el apoyo para su autora y para mi por la traducción. Lamentablemente este es el último fic largo y completo de Rozefire, tuve toda la intención de subir el siguiente fic titulado Zero-G pero lleva años sin ser actualizado y no sé si tenga un final algún día. Si llegase a pasar cuenten con que lo haré complacida; sin embargo, aún existen unos one-shots que podría subir si lo desean. No me despido del todo porque espero traerles nuevas traducciones de fics que me han gustado y tmb me tomaré un tiempo para dedicarme a mis propias historias... jejejeje, sé que hay muchos que las esperan con ansias y ya me han regañado bastante por mi abandono, y no los culpo porque bien merecido lo tengo, jajajaja... Cuídense mucho y hasta pronto!!!... Besos para todos!!!