Disclaimer: D Gray Man no me pertenece. Por desgracia.


EXTREMOS

Felicidad

¿Qué era exactamente la Orden Oscura y por qué Cross la odiaba tanto?

¿Cómo podía odiar aquel sitio?

Allen paseó su mirada por las altas paredes sombrías y algunas de ellas enmohecidas. Bien. Tal vez su aspecto no era el más hogareño. Quizá las ventanas empolvadas que apenas dejaban pasar débilmente los rayos de sol no le conferían un buen aspecto. O el bosque del alrededor, en el que tenías que caminar con cuidado para no caer dolorosamente en el acantilado. "Aunque es original tener un castillo en este sitio"; pensó Allen. Además estaba el rumor de las olas del mar rompiendo con fiereza en las rocas, el canto de las aves diurnas, el delicioso olor que emanaba en cada rincón de esas paredes y que indudablemente, pertenecía a la cocina de Jerry. ¿Cómo, entonces, podría detestarlo tanto Cross?

Al joven exorcista inglés realmente le agradaba aquél sitio. Tal vez no era como aquella suntuosa mansión hindú, pero al menos era mucho mejor que compartir la cama con liendres en moteles baratos y además, solo. Porque a su maestro no le gustaba estar en el mismo sitio que Allen, arguyendo tonterías como "es peligroso para ti" o cosas semejantes y se marchaba. Allen estaba seguro de que se iba a un hotel carísimo a tomar un buen baño, comer filetes y embriagarse para después decir: "este joven pagará su cuenta" y claro, al enseñar el dibujo fuera un sonriente Allen quien estuviera plasmado en él. Sin duda alguna, las arañas que caminaban en algunas paredes eran mucho mejor que eso.

El comedor de la Orden exhumaba deliciosas fragancias cuando Allen entró a él y su estómago inmediatamente reclamó comida. En una mesa, una chica con dos coletas le hizo una señal para que se sentara a su lado. El ambiente de camaradería que prevalecía en aquel lugar hacía sentir a Allen, cómo decirlo… seguro. Nunca había experimentado esa sensación, pero por alguna razón sabía que así se llamaba. Lenalee ya le había pedido algunos platillos y Allen había comido con fiereza, apenado primero por sus hábitos alimenticios, relajado unos instantes después cuando nadie le reprochó. La cacofonía en las mesas indicaba que era un día común, sin nada que lamentar, un día más de trabajo.

—¿Cómo has dormido, Allen? —preguntó la chica.

—Fantástico —respondió y se llevó un gran trozo de pastel a la boca.

Y era verdad. Al principio había sido desconcertante encontrarse en un sitio extraño cuando abrió los ojos, pero después había recordado que no era un sitio extraño, era la Orden. Era el lugar donde pasaría ahora la mayor parte de su vida.

Y la felicidad que sentía ante aquél hecho era indescriptible. Sacudió la cabeza. No entendía cómo Cross podía odiarlo… quizá era porque su maestro nunca lo había visto como un hogar.

Pero para Allen era exactamente eso: su hogar. Quizá el primero.

OOOOOOOOOO

Tristeza

Advertencia: Spoilers del capítulo 166 del manga.

—Es injusto. Yo creo que no deberían tratarte de esa forma, es obvio que tú eres nuestro amigo, jamás nos harías daño.

Él lo miró como diciendo "¿estás totalmente seguro?". No sabía quién era. No después de aquellas palabras, no después de que Cross lo mirara y le dijera con aquel tono que nunca le había escuchado utilizar, el tipo de amenaza que era. La amenaza que no dudarían en eliminar si se convertía en un peligro para sus compañeros. Para la Orden. Para el mundo.

Resultaba que, después de todo, su vida había estado cimentada en una mentira. Se había convertido en un Exorcista porque Cross lo había planeado así, porque quizá hasta Mana lo había querido de esa forma. Se había engañado todo este tiempo y de repente su vida parecía desdibujarse, como si alguien arrojara agua a la pintura fresca y todo quedara convertido en algo amorfo. Indescriptible.

¿Por qué Lavi no dejaba de hablar? ¿Por qué Lenalee no dejaba de mirarlo de aquella forma, como si sintiera lástima por él?

"No tienes porqué", pensó Allen e intentó dibujar una sonrisa que encumbrara toda aquella tristeza que su alma arrastraba con ella.

—Allen, ¿todo está…?

—Lo está. Muero de hambre, vayamos por algo para comer.

Y ella puso una sonrisa lastimera. Una sonrisa de "no te creo, no me engañes". Lavi ya había hundido las manos en sus bolsillos y Allen sabía que lo estaba mirando, que lo observaba y vaya que Lavi sabía observar muy bien. Seguramente ya se habría dado cuenta de lo apagados que estaban los ojos de su amigo. De cómo su semblante se había ensombrecido desde que habían abandonado aquél sitio. Del miedo que tenía de sí mismo, un miedo mortal, porque es de aquellos de los que no puedes ocultarte. ¿Cómo dejar de temerte a ti mismo?

Allen quería salir corriendo. Como en aquellos tiempos, cuando tenía miedo y sabía que Mana le abrazaría y le haría reír. ¿Dónde se habían ido?

Se miró furtivamente en una ventana. La sonrisa vacía del 14º lo saludó. Allen tembló. No podría huir de aquél destino que le habían planteado, pero tampoco podía quedarse a esperar que éste lo engullera, lo destrozara. Estaba destrozado, sí, pero también es cierto que estaban ellos a su lado. Y ellos no dejarían que se hundiera. Lenalee lo tomó de la mano. Lavi le colocó una mano en el hombro.

Ellos no dejarían que se perdiera.


N/A: Ya sé que debería acabar la historia que tengo comenzado antes de dar inicio a ésta, pero realmente me estaba rondando en la mente desde hacía algunos días. Ya tengo el siguiente capítulo escrito y en realidad este fic no está contemplado para un determinado número de capítulos o personajes. Si se me ocurren más, los iré subiendo. Si no, lo dejaré en dos capítulos. Esperemos que la inspiración sea buena conmigo.

Y sobre el fic... no lo releí antes de subirlo, porque seguro le encontraré un millón de errores. Así que espero sus opiniones.

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