El pozo de las revelaciones.

El dolor era insoportable. Harry era plenamente consciente de la presencia de los dos vampiros: Ivanna a su izquierda y Rodrik a su derecha. Parecían estar discutiendo pero él apenas podía escucharlos. Estaba demasiado ocupado contemplando el cielo.

Hacía apenas unas horas, contemplaba un hermoso cielo despejado, sin nubes que obstaculizasen los abrasadores rayos del astro rey. Ahora sin embargo, el cielo era oscuro como la misma muerte que lo tentaba de manera irrevocable. La tentación de ceder era insoportable, pese a ello, Harry sabía que había tres cosas que lo ataban a este mundo, tres cuerdas que evitaban que su espíritu huyera volando lejos, tres cuerdas que lo mantenían prisionero en esa cárcel corporal llamada cuerpo.

Una era el deber, el de acabar con la amenaza de Voldemort de una vez y por todas. Otra era la venganza, por todo aquello que le arrebataron por crímenes no cometidos. La última, la más importante, la cuerda más gruesa y que más le apretaba era el amor, por un ángel hecho humano, prisionera de un egomaníaco y abyecto tirano que exigía su total y completa posesión.

Una brisa de aire le azotó el rostro devolviéndolo a la realidad. Al instante su buen amigo, el único en el que podía confiar, mostró su preocupado rostro.

–¡Harry! –se encontraba de rodillas, a un lado de Ivanna mirando a Rodrik con ansiedad– ¿Qué ha pasado aquí? ¡Os dije que le protegierais!

Este le devolvió una mirada afligida.

–Hicimos cuanto pudimos –dijo tras bajar la cabeza avergonzado. Harry pudo ver el destrozado semblante de Rodrik, y eso le inquietó más aún que la herida en el pecho– Pero aún hay tiempo Posner.

–¡No!

De ser posible, Harry habría jurado que oyó miedo en la voz del vampiro padre.

–Posner –Ivanna estaba seria por primera vez desde que Harry la vio–. No hay alternativa y tú lo sabes. Hay que concederle el beso de sangre.

–¡He dicho que no! –ni siquiera él parecía convencido.

–Posner –Rodrik le miraba fijamente–, sé lo que estás pensando pero no nos queda alternativa, mejor que vuelva como ushabti, que como cadáver.

La visión de Harry empezaba a enturbiarse, las cuerdas parecían mas finas por momentos.

La disyuntiva parecía corroer a Posner, y Harry se preguntaba que podía ser tan malo como para compararlo con acabar muerto y dudar de la elección.

–Tú decides Posner –dijo Ivanna – O lo haces tú, un ushabti experimentado de quinientos años con tres vástagos a la espalda.

–Dos –interrumpió Posner entre dientes.

Ella puso los ojos en blanco pero continuó como si no la hubiesen interrumpido.

–O lo hacemos nosotros neófitos imberbes, con apenas unos cuantos siglos a la espalda.

Harry no veía nada, la vista se le había oscurecido. Los vampiros seguían hablando en susurros. Quizá fuera el hecho de que la vida se le escapaba lentamente o que este hecho apenas le importase, pero sabía que ya no podía hacer nada. Su vida ya no estaba en sus manos, sino en las de tres criaturas mágicas bebedoras de sangre.

Unos instantes después notó como le abrían la boca; trató de resistirse, pero esas manos parecían de hierro y no cejaron en su empeño hasta abrirla.

Algo húmedo y caliente entró en su boca, un líquido con sabor a cobre y a algo más, algo antiguo, como un vino añejo un poco espeso, aunque debía reconocer que el sabor no le desagradaba.

–No despierta- musitó Ivanna. Su bello rostro estaba quebrado por el dolor y la pena.

Se había recogido el largo pelo en una holgada coleta para que no se mojara con la sangre de Harry.

–Aún es pronto para saber si ha funcionado –musitó Posner Este se había invocado una camisa blanca de manga corta que le permitía mostrar su portentosa musculatura.

El afligido Rodrik se había alejado con paso tambaleante del ensangrentado cuerpo. Su resistencia al canto de sirena de la sangre no era comparable a la de los otros dos y se había ido para alimentarse de los mortífagos caídos.

La mirada de Ivanna revelaba que apenas aguantaría más que unos minutos antes de abalanzarse al cuerpo de Harry.

–Vete, te avisaré al menor cambio.

Esta le miró a la cara, lució una cansada sonrisa y asintió. Estaba a punto de irse, cuando se volvió, para besar cariñosamente a su padre en la mejilla.

–Pase lo que pase, no es culpa tuya.

Antes de que pudiese contestar, su hija corrió hasta los árboles más cercanos y desapareció en busca del atormentado hermano

Posner aprovechó el momento para recordar al joven mago y los buenos tiempos que compartieron: el encuentro, la revelación, la huida…

Flashback

Azkabán, aproximadamente 3 años atrás.

–Oye Posner

–Dime Harry

Este se tomó unos segundos para contestar.

Ambos se hallaban en la biblioteca, en la zona de deportes muggle. Posner estaba extrañamente interesado en el prestigioso juego de la petanca.

–¿Por qué estás aquí, Posner?

El aludido parpadeó extrañado, para sonreír tras la revista.

–¿Esa era la pregunta que llevabas rumiando todo el día?

–Puede ser –contestó este azorado.

–¿Por qué estás tu aquí? –replicó Posner a su vez.

–Ya deberías saberlo –dijo este mientras dejaba de lado su libro sobre baloncesto–. Triple homicidio. Según el Wizegamot, un estudiante perturbado asesinó brutalmente a una familia de muggles que le acogieron en su casa, para después incendiarla y echarse un sueñecito en la entrada de esta.

–¡Ah! Si, se me había olvidado –dijo Posner con una sonrisa ladeada en su rostro– Bueeeno, si tan interesado estás en saberlo, estoy aquí por recuperar un objeto.

Harry sonrió de medio lado, era muy propio de Posner contestar a una pregunta con un enigma.

–¿Y como es que estás aquí por eso? –Harry tenía una corazonada.

–Porque se lo arrebaté del cuello de la propietaria tras pasar por su cadáver y el de su marido –izo una pausa para relamerse discretamente–. Una pareja muy bien avenida, de la baja nobleza inglesa.

Fin del Flashback

Algo estaba sucediendo.

Posner podía notarlo. Era una sensación de poder que ya conocía, una sensación a la que se había acostumbrado con el paso de los siglos.

Se fijó con más atención en el cuerpo de su joven amigo, le apartó los jirones de ropa para ver la herida. El hedor a sangre volvió más fuerte que antes, pero Posner apretó los dientes y se concentró. Su mente entrenada con el paso de los siglos tenía un mayor control, incluso que el de vampiros milenarios.

Ahora que no había ropa de por medio, Posner pudo ver tres cosas; la primera que la herida estaba casi sanada al completo. La segunda que el pecho del joven subía y bajaba lentamente. Y la tercera, que el joven Harry Potter le estaba observando con unos ojos rojizos y amenazantes.

–¿Harry? –preguntó Posner con precaución.

Este simplemente se limitó a sonreír lenta, pausadamente, dejando entrever dos largos y finos colmillos.

–Si, Posner –dijo con voz gutural–. Soy yo.

Pues ya está otro capítulo subido, muchas gracias a todos los que se han tomado la molestia de leer esta historia, la verdad es que si no fuera por los que dejais reviews (y por el placer de escribir para que una despampanate argentina te corrija y critique [aunque muy muy muy cariñosamente], espero que no se lo tome mal jejeje) no sabría que hacer; solo muchas gracias y espero que me perdoneis por haber tardado tanto en subir historias, intentaré subir más amenudo, pero la sombra de los exámenes se cierne amenazadoramente sobre mi...