La saga de Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer

Seis Meses

Resumen:

Su vida cambió radicalmente, cuando un niño de 6 años, apareció en su puerta con una mochila, una sonrisa, y despreocupadamente solo. No era un secreto que odiaba a los niños, pero ¿Cómo hacerse cargo de uno durante seis largos meses?

ExB


Un niño de ojos azules

Porque tu vida puede cambiar de un día para otro, sin avisar.

Me tapé hasta la cabeza, intentando en vano que la visitante esperada, se cansara de llamar a la puerta de mi habitación como una loca en el manicomio. Le había dado las llaves de mi casa para que pudiera entrar cuando quisiese, igual que yo tenía las suyas, pero, no permitiría que me molestara cuando yo estaba durmiendo, en uno de mis pocos días libres, y no iba desperdiciarlo por su extraña obsesión por las compras. Alice siguió aporreando y chillando tras mi puerta.

- ¡Isabella Swan! ¡Abre la bendita puerta! – la voz de Alice sonaba irritada y cansina. Suspiré pesadamente y me levanté tanquila y pausadamente, dirigiéndome a mi puerta, en esos momentos quería continuar con la puerta de mi habitación entera.

- Alice, por Dios. ¡Son las diez y media de la mañana! ¿Quieres dejarme dormir? – pregunté, al momento que abrí la puerta, y reposaba mi cabeza en ella, con mis ojos entrecerrados.

- ¡Llevo en pie desde las nueve! Y me he dicho, ¿Por qué no le hago una visita a mi mejor amiga? Ella que es tan guapa, perfecta, es amable, cariñ…

- No pienso ir contigo a comprar ropa – dije aturándola a mitad de su persuasión.

- ¿Cómo que no? – Preguntó indignada, negó con la cabeza - ¡No quiero ir a comprar ropa! – la miré incrédula, ¿Había escuchado bien? ¿Hablaba en serio? El mundo debía estar loco – quiero comprarme unos zapatos preciosos que vi ayer – resoplé, y me dirigí a mi cama. Demasiado bonito para ser verdad.

- Ya decía yo… - murmuré contra mi almohada.

- Vamos, Bella… - me zarandeó fuertemente - ¡Quiero esos zapatos! ¡Por favor! ¡Por fis! ¡Venga! ¡Por fa! – la miré, y la vi usar su arma letal, esa carita de cordero degollado, hacía ceder hasta al hombre más frío de la faz de la tierra.

- ¡No pongas esa cara, Alice! – reproché al tiempo en que me daba cuenta de que dijese lo que dijese, iba a acabar aceptando.

- Por favor, Bella.

- De acuerdo, de acuerdo – dije cansada de su escena teatral.

- ¡Si! Toma – me tiró una falda tejana, una camiseta de tirantes amarillo chillón y una torerita y dejando en el suelo unos zapatos de tacón – no tardes en arreglarte, sino quieres que te vista yo – y salió de mi cuarto dándome privacidad.

Miré con temor mi ropa, ¿Por qué Alice se dedicaba a arreglarme como una muñeca? Era su Barbie personal. Resoplé, diciéndole adiós a mi día de descanso, y saludando a mi tortura. Me puse la ropa dicha por mi mejor amiga, mientras sentía su zapato dar golpecitos suaves e irritantes contra el suelo.

Una vez que abrí la puerta, me sacó de mi casa a empujones sin darme tiempo a comer algo, mi estómago, tiempo después, me reclamaría comida. Y Ali no reparó en eso. La miré con recelo, una vez estuvimos en su Porshe, al ver esa mirada de traviesa en su cara de duendecillo.

- Alice, ¿Qué tramas? – pregunté con el ceño fruncido. Dejó escapar una risa musical y movió su mano en el aire, restándole importancia.

- No sé de que hablas – dijo antes de arrancar su adorado coche, y dirigirnos a esa tienda de zapatos, que extrañamente, resultó ser el centro comercial.

- Ya me temía algo así yo… - dije al tiempo que era arrastrada hacía mi tortura.

No sabría exactamente cuanto tiempo estuvimos caminando de tienda en tienda, probándome ropa, obligada por Alice, solo sentí el dolor de mi cuerpo cuando este tocó la cómoda silla de aquel pequeño restaurante, el hormigueo en mis pies remalcándome el por qué me sentía así, mi cuerpo me dolía a horrores, y oír a la pequeña duendecillo murmurar cosas para después, sabía que iba a acabar muerta.

- Alice, por favor, comemos y nos vamos para casa, ¿Si? – pregunté esperanzada a que me dijera sí, a sabiendas que eso era imposible.

- ¿Qué? – Preguntó con fingido horror en su cara – ahí tiendas que aún no hemos visitado – fruncí el ceño y me incliné hacía delante.

- Cuando acabemos de comer, visitarás tres tiendas y nada más. Estoy muy cansada y mañana he de trabajar, ¿Entendido? – dije seriamente, causando un poco de efecto en Alice.

- De acuerdo – dijo en modo de reproché, pero aceptó.

Después de comer -Alice a mala gana, intentando persuadirme para cambiar de opinión, cosa que no funionó. Nos dirigimos a las tres tiendas de ropa que le había prometido a mi amiga, estuvimos media hora en cada una de ella. Alice después de salir del centro comercial a regañadientes, estuvo intentando convencerme de que fuera a su casa, que hacía mucho tiempo que no veía a su familia, a lo que me opuse rotundamente, solo quería llegar a mi casa y hundirme en mi cama.

- Eres una aburrida – dijo al momento de estacionar su coche delante de mi edificio.

- Aburrida, no. Más bien, trabajadora – abrí la puerta del coche y salí de él – hasta mañana, Alice. Y saluda a Jasper de mi parte – le sonreí.

- Por supuesto que lo haré – y se marchó a toda velocidad, luciendo su ostentoso coche.

Entré a mi edificio saludando al portero, como siempre. Subí al ascensor hasta el sexto piso, y me dirigí a mi casa. Cuando llegué sentí que mi tortura había acabado, lancé los zapatos, tirándolos por cualquier sitio del piso, mientras me iba quitando la ropa, por el camino, para darme una ducha calentita y meterme en la cama, sin pararme a cenar.

Una vez me hube duchado y cambiado, me metí en la cama con un molesto presentimiento que no me abadonaba. Me tapé con las sábanas y la colcha, y me dormí pensando que mañana trabajaba de tarde y podría despertarme a las once, sin necesidad de estar en pie a las ocho. Y, con uan sonrisa ante mi último pensamiento me dejé llevar al mundo de los sueños.

I don't wanna be told to grow up
And I don't wanna change
I just wanna have fun
I don't wanna be told to grow up

El sonido de llamada de mi móvil, me hizo abrir los ojos irritada, cegándome por la luz del sol que entraba por mi ventana, en un intento de levantarme, caí de la cama. Maldije a la persona que me llamaba en el momento más oportuno, justo cuando en mi sueño me había tocado la lotería y era rica, estúpidos aparatos electrónicos, fue todo lo que pensé, antes de llegar al comedor, apoyándome por las paredes, descolgué la llamada, y atendí gentilmente a quien llamaba.

- ¿Quién? – repuse a mala gana, con mi voz aún adormilada.

- Bella, soy Alice - ¿De qué me extrañaba? ¿Quién más iba a despertarme a las nueve de la mañana, sino mi mejor amiga?

- ¿Qué quieres Alice, por Dios? Que son las nueve… - dije al tiempo en que me estiraba al sofá, con los ojos cerrados, sentía el sueño apoderarse, otra vez, de mí.

- Nada, solo quería avisarte de quien lleg… - sin proponerlo me quedé dormida en mi cómodo sofá, dejando caer mi móvil a mi lado, y acomodándome mejor, solo quería volver al sueño en el que me tocaba la lotería.

Apreté los ojos, restregándomelos con mis manos, mientras sentía el timbre sonar escandalosamente, sin descanso. Alice, fue todo lo que pasó por mi cabeza, al ver que mi móvil tenía treinta llamadas perdidas por la susodicha, y ahora, venía en mi busca, a comprobar si me pasaba o no algo, como si no te conociera, pensé en mi interior, en un intento de que Alice pudiera recibir mi mensaje telepático.

Me dirigí a la puerta que aún sonaba estrepitosamente. Cuando mi mano hizo contacto con el picaporte, abrí desinteresadamente, para recibir a una Alice enfadada, pero al parecer mi amiga se había convertido en un niño pequeño o lo que veían mis ojos no era Ali. La confusión se apoderó de mí, cuando el niño desvió su mirada de la foto que sujetaba en sus pequeñas manos y me miraba a mí, con una sonrisa que podía encantar a todos, menos a mí.

- Hola – la dulce voz de aquel niño, inundó todos mis sentidos, e hizo que me sintiera raramente extraña.

Allí delante de mí, en el umbral de mi puerta había un niño de no más de 6 años, su cabello -rebelde- rubio oscuro, su piel menos pálida que la mía, sus labios formados en una sonrisa, sus ojos azules mirándome con algo de nerviosismo, una pequeña maleta a su lado, y una foto en la mano opuesta a donde se hallaba la maletita, hizo que me diera cuenta de una cosa…

…mi vida iba a cambiar de forma radical, a causa de ese niño de ojos azules.


Bueno, pues hasta aquí primer capítulo, no tenía pensado sbir ningún nuevo fic hasta que pasara algún tiempo, pero con este, no me pude resistir. Esto es un pequeño prólogo, los próximos capítulos serán más largos, lo aseguro :)

Espero vuestros reviews para saber si os gustó el fic, y si lo debería continuar :)

Gracias por leer.

Cuidenseee.!

Marinilla14