Esto... ¿Hola? ¿Qué tal? ¿Cual es el saludo ideal cuando llevas casi un año sin actualizar un fic y de repente te dignas a aparecer? ¿Hay un saludo ideal? Se como sea, parece que hemos vuelto... o algo parecido. Poco a poco, iremos volviendo.

Dejémoslo así.

Antes de pasar al capi, quiero darles las gracias a las personas que dejaron RR en el 6, a saber: Isabela-Domi, Alonning, Helio11, Rosary Blacu, CLorena, Alya Black, Pressure, Caro Black, Carax, Runa D, Maylenne, Izzy Meadows, RoseBlack-Malfoy, NatWizard, Shizkass, Brooke Silva, Fionalux9, Caperucita Gris.

Por supuesto, encontraréis las respuestas a los mismos, en otro RR firmado por mí.

Dicho esto, espero que disfrutéis el capi.

Bad girls go to Slytherin 7.

Bad girls like the smeell of blood.

No era un secreto que Mafalda Prewett odiaba a todo el mundo. Y lo que es peor, según ella, odiaba a todo el mundo con "motivos".

Al Ministerio, a los mortífagos, a La Orden del Fénix, a sus compañeros de casa...

Ya se lo había explicado a Daphne unos meses atrás, junto a los motivos para ello.

Sin embargo, la rubia de sangre limpia la había interrumpido antes de que pudiera concluir con su lista de "personas a las que no le importaría ver muertas". De no haberlo hecho, habría descubierto que Mafalda odiaba también a sus padres.

Odiaba a su padre porque había renunciado al mundo que por derecho le pertenecía para convertirse en un empleaducho en una mediocre empresa y casarse con una Muggle.

De hecho, esa era la razón por la que odiaba a su madre: porque no poseía ni una triste gota de sangre mágica en su cuerpo, razón por la cual ella sufría la ignominia de ser una vulgar mestiza entre serpientes de sangre pura.

Porque Mafalda también odiaba a sus compañeras y compañeros de casa.

Odiaba a las Greengrass porque ellas eran todo lo que querría ser y que jamás sería; a Pansy porque aunque para ella no fuera la vela más brillante del Gran Comedor, jamás dejaría que le arrebataran su lugar en él; a Tracey Davis porque su origen era más sucio que el suyo pero tenía el descaro de no demostrarlo; a Millicent, porque en sus momentos de más debilidad, se sabía tan amorfa como ella; a Sophie, porque sus padres no reparaban en gastos con tal de conseguirle a su hija un hombre...

Pero si había alguien a quien Mafalda Prewett odiaba con todo su podrido corazón era a los Weasley.

Los odiaba en conjunto, por el simple hecho de estar emparentada con ellos.

Individualmente, los odiaba porque no había llegado a conocerlos bien (el caso de Charlie), por ser demasiado atractivos (maldito Bill), por ser unos estirados (¿cómo pudo el cabrón de Percy quitarle puntos a un familiar? ¡Esos Hufflepuff se merecían la maldición que les lanzó! Por la espalda, desde luego), por su sentido del humor (esos jodidos gemelos) o porque eran unos palurdos insensibles (ejem, Ron)

Y de entre todos ellos, a la que más odiaba, aborrecía y detestaba era a Ginny Weasley. Podría alegar cientos de razones (su popularidad en alza, ser miembro de pleno derecho de un equipo de Quidditch, el ser una traidora a la sangre en vez de una mestiza) pero la principal, la única que realmente importaba era que le hacía odiar su propia cara.

¿Cómo no odiarla si cada mañana al mirarse en el espejo descubría un nuevo rasgo en común con la pelirroja? Daba igual cuanto se oscureciera el pelo o que hechizos empleara para disimularlo, ella sabía que estaba ahí. A veces, el arrebato de resentimiento matutino era tan fuerte, que estaba a punto de agarrar unas tijeras, cruzar el colegio hasta la Torre de Gryffindor y destrozar la cara de su prima con ellas.

Sin embargo, en la misma medida que los odiaba, no podía evitar sentir cierto... interés morboso en ellos, por llamarlo de alguna forma.

De la misma manera que los Muggles no pueden apartar la vista de un accidente de coche, buscando la sangre y las vísceras, Mafalda estaba atenta a todos y cada uno de los cotilleos que hacían referencia a su familia: rupturas, parejas, futuras bodas, entierros... Era tal la obsesión, que detectaba los rumores a kilómetros.

Esa fue una de las razones por las que esa mañana, ella fue la primera en notar el cambio de disposición en la mesa de Gryffindor.

La otra razón, era que casi todos estaban demasiado ocupados refunfuñando por la derrota sufrida el día anterior ante la casa de los leones o padeciendo los efectos de la resaca obtenida, en un burdo intento de olvidarla.

-¿Por qué Weasel se está morreando con Brown? –exclamó Mafalda, interrumpiendo las inútiles recriminaciones que Sherman Selwynn dirigía a Draco.

Curiosamente, era a William Urquhart quien tendría que dirigirle al rubio esas recriminaciones, que para algo era capitán, pero un examen sorpresa de Transformaciones (bueno, sorpresa para él... que se había enterado una hora antes) le tenía totalmente absorto.

-¿Weasel es lesbiana? –se emocionó Blaise Zabini, antes de que alguien pudiera aclararle que se refería "al Weasel" y no a "la Weasel".

-¿Y qué más te da que fuera lesbiana? No es como si tuvieras posibilidades de catarla –señaló Sophie con tono seco.

Aún estaba rabiosa porque no la hubieran dejado jugar como Buscadora en lugar de Harper, Sophie aseguraba que no se hubiera dejado distraer por Potter como el chico, y se dedicaba a descargar su enfado con Zabini.

-Hay una cosa que no entiendo... –intentó decir Millicent, pero fue interrumpida por la risa irónica de Sherman.

-¿Sólo una? No mientas, Bullstrode –se burló el cazador.

-Y aún así, entiende más cosas que tú, Selwynn –atacó, para sorpresa de todos Pansy Parkinson.

-Vaya, sí que te ha puesto de mal humor ver a Weasel con otra, Parkinson –todas observaron a Lynsay Yaxley, que sonreía plácidamente... ignorando que acababa de firmar su sentencia de muerte haciendo tal comentario delante de Malfoy.

-Me importa tanto la vida sexual de Weasel como la del gusarajo común, es la falta de cortesía de Sherman lo que me ha molestado –replicó Pansy, haciendo gala de una madurez y diplomacia desconocidas en ella hasta esos momentos.

Entonces reparó en que Tracey acababa de sacar disimuladamente una libreta y anotaba algo en ella.

-¿Qué haces?

-Nada, es que... acabo de acordarme que tengo que conseguir lengua de sapo para Pociones –la mestiza era lo bastante inteligente para no admitir que acababa de descartar a Ron como el Weasley por el que, según ella, secretamente suspiraba Pansy.

-Sí, lengua de sapo. A mi también me recuerda a eso... –aprobó Malfoy con una sonrisa antes de decidir que no había nada más en el Gran Comedor digno de hacerle perder su precioso tiempo, levantarse e irse sin despedirse.

Fue un gesto tan de improviso, que los leales Crabbe y Goyle tuvieron que apresurarse en levantarse (llevándose parte del desayuno) en un intento de alcanzarle.

Sobra decir, que ni a Pansy, ni a Daphne, ni a Lynsay les gustó demasiado ese... atisbo de complicidad entre Draco y Tracey, pero como a él no podían asaetarlo con sus miradas cargadas de curiosidad, estás recayeron en la mestiza.

Aunque, gracias a Prewett, no fue durante mucho tiempo:

-¿Y se va? ¡Debería de hacer algo! ¡Por Merlín, es prefecto! –gruñó Mafalda escandalizada.

-Como si ese pudiera –siseó Astoria entre dientes.

-¿Hacer el qué? –quisieron saber las hermanas Montgomery, ofendidas por la alusión a los prefectos.

De hecho, Mafalda sin darse cuenta había tocado uno de los temas que actualmente resultaba más delicado en la casa de las serpientes: el abandono de Malfoy de sus deberes como prefecto.

En las mazmorras de Slytherin, era un hecho sabido por todos que la única razón por la que Snape aún no había destituido al rubio era porque Nott se negaba en redondo a asumir esa tarea y Zabini sería una opción muy problemática... sobre todo, para la castidad de más de una alumna.

-¿Quitarles puntos? –sugirió Sophie-. Estoy segura de que hay alguna norma en esta cárcel que llaman escuela que prohíba dar espectáculos tan vomitivos a la hora de la comida...

-Estáis exagerando –Daphne rodó los ojos, aunque en su habitualmente inexpresiva mirada azul se podía apreciar cierta nota de disgusto.

-Eso es normal: Ropers siempre ha sido una reprimida sexual... nunca he entendido como lo compagina con su faceta de cazafortunas –atacó Blaise sin poder evitarlo.

-Silencio, por favor, el calienta-coños oficial de Hogwarts ha hablado –la réplica de la sangre limpia con menos nivel económico de la mesa de Slytherin hizo que sus compañeras la miraran con escándalo... y que varios de sus compañeros soltaran una risotada.

-¿Sabéis? Primero Weasel y luego vosotros me habéis recordado porque prefiero hacer mis comidas cuando no hay nadie por aquí. Me voy a mi habitación a seguir estudiando –anunció William Urquhart, despidiéndose con un gesto casi militar.

De hecho, en aquellos cinco minutos, todos los alumnos menos los de sexto y cuarto, se fueron levantando de la mesa y volviendo a Slytherin para empezar a hacer los trabajos que tenían que entregar la semana siguiente, mayoritaria y concretamente, el mismo lunes.

-Me equivocaba –rompió el silencio Tracey, logrando que todos la miraran con curiosidad. La mestiza de pelo caoba aún tenía la vista clavada en la dispar pareja conformada por Ronald Weasley y Lavender Brown-. No es como la lengua de sapo: me recuerda a la vez que acompañé a mi abuelo al matadero y vi como abrían a una vaca en canal: cuando sus intestinos se desparramaron por el suelo era un poco menos asqueroso que esto...

-¿Lo dices en serio? –era raro que una mujer dejara a Blaise Zabini sin palabras, pero lo que acababa de decir Tracey... bueno, jamás lo habría esperado de ella.

Aunque desde hacía unos meses el comportamiento de la mestiza de pelo caoba había cambiado, pasando de sexualmente provocador a feministícamente castrador. No había que ser un genio para saber que Theodore Nott era el causante directo de ese cambio.

Sí, tanto echarle en cara a Blaise que era un misógino y resulta que era a San Theo a quien las mujeres querían castrar.

Aunque a él también le querían dejar sin genitales unas cuantas...

-Jamás pensé que diría esto: pero extraño tus chistes verdes, Tracey –confesó Daphne, antes de volverse hacia Millicent-. ¿Qué es lo que ibas a decir antes de que te interrumpiera Yaxley?

-Oh, bueno... –balbuceó la mentada morena-. Sólo que creía que Weasel estaba enamorado de Granger y que ella le correspondía... Así que...

-Cierto, -coincidió Blaise-, alguien me dijo que él iba a ser su pareja en la fiesta de Navidad de Slughorn...

-En ese caso, debe estar destrozada –completó Sophie con una sonrisa sádica.

-Vamos –Pansy se puso en pie de la misma manera imprevista que su supuesto novio pero, al contrario que él, esperó a que sus compañeras se levantaran tras ella-. Tenemos que encontrarla...

-¿Con qué objetivo? –Astoria la observó con aburrimiento.

-¿Solidarizarnos con su mala suerte en el amor? –sugirió su hermana mayor.

-Hoy estáis sembradas, ¿eh? –se burló Nathaniel Vaisey, riéndose de lo que pensaba que era una broma de Daphne.

-A lo mejor, deberíais de preocuparos por vuestra ausencia de vida sentimental en lugar de ocuparos de la de de la Sangre Sucia más famosa de la casa de Gryffindor –espetó la más joven de las Greengrass, antes de sacar un libro de su bolso y aislarse del mundo.

-Vale, eso significa que no vienes –Sophie se encogió de hombros-. ¿Mafalda?

-Paso –rechazó la joven Prewett.

Después de todo, a Granger no la odiaba... Bueno, sí la odiaba, porque era una Sangre Sucia repelente, pero en aquellos momentos su odio por sus primos la tenía demasiado ocupada para molestar a nadie más.

-Tú te lo pierdes –Sophie se encogió de hombros y fue tras sus amigas en busca de Granger.

-Debe estar en la biblioteca –estaba diciendo Daphne cuando la castaña se reunió con ellas.

-Es domingo –le recordó Tracey con extrañeza.

-Es Granger –señaló Millicent, rodando los ojos.

-Es imposible que le apetezca estudiar –Tracey señaló a Weasley y Brown, que si continuaban besándose de esa forma unos segundos más, lograrían romperse la lengua.

-Es Granger –insistieron las demás.

-Estará allí: es de las que se vuelca en los estudios para superar las carencias de su vida afectiva –aseguró Pansy.

Ninguna de sus compañeras era tan cruel, ni tan estúpida, como para recordarle que, curiosamente, las notas de la morena nunca habían sido tan altas como las de ese año.

&·&·&

Efectivamente, Hermione Granger se había levantado temprano, había desayunado con el Gran Comedor para ella sola y se había largado a la biblioteca para tratar de adelantar algunas de sus tareas.

A remarcar el "tratar" ya que ese día la concentración de la brillante sangre sucia estaba por los suelos puesto que veía a Ron besándose con Lavender por todas partes: al cerrar los ojos, en sus apuntes, en las fotografías en movimiento de los libros que consultaba, al salir del Gran Comedor...

Bueno, eso en realidad no fue una alucinación, como confirmaba el hecho de que ya hubiera desfilado por su, normalmente, tranquila mesa de la biblioteca media escuela para expresarle sus condolencias. Aunque sólo la mitad lo decía en serio...

En ese grupo, contaba a Ginny: la temperamental pelirroja había pasado para expresarle su apoyo incondicional, comentarle lo rematadamente idiota que era su hermano y ofrecerse a maldecirle si fuera necesario. Hermione había agradecido lo primero, concordado con lo segundo y rechazado lo tercero...

Harry también había pasado, instándola a ser razonable, pero Hermione ya estaba muy harta de ser razonable. Si Ron quería guerra, la iba a tener... Aunque aparte de lanzarle una bandada de pájaros asesinos a la cabeza, no tenía demasiado claro cómo plantear la próxima batalla... ¿Restregarle un chico por la cara en un torpe intento de ponerle celoso? ¿Zacharias Smith, por ejemplo?

Lo que sí estaba claro era que se había vuelto a equivocar de libro: necesitaba "La quintaesencia: una búsqueda" y había cogido "Moste Potente Potions".

Mientras se levantaba y se dirigía a la sección de libros de pociones, se recriminó su desconcentración: no podía ser que el hecho de que un idiota como Ron se liara con Lavender le afectara tanto...

Ya tenía el libro que realmente necesitaba y se dirigía a la salida del pasillo cuando notó que no estaba sola:

-Hola, Granger. ¿Qué tal? –Tracey Davis acababa de aparecer a su espalda, apoyando una de sus largas piernas enfundadas en unas botas altísimas en la estantería frente a ella, bloqueando la salida de la Gryffindor.

-Davis... Bonitas botas –en realidad, a Hermione le parecían botas de prostituta, pero para una Slytherin estarían bien.

-Lo sé –la serpiente se encogió de hombros, como si Hermione no hubiera dicho (o pensado) nada que ella no supiera.

-Vale. Adiós...

-¿Te vas tan deprisa, Granger?

Al escuchar la voz de Pansy, la Gryffindor suspiró con resignación. Lo cierto es que era consciente de que esa visita non-grata se produciría.

A la mayoría de la gente le gustaba definir a la banda de Slytherin como una maraña de víboras retorcidas y resentidas, pero Hermione sabía que estaban equivocadas: exceptuando a Daphne (que más que una víbora era un áspid egipcio con trastorno bipolar), eran una manada de hienas que recorrían la escuela en busca de sangre.

Y esa mañana, con la ayuda inestimable de Ron, habían olido la suya.

Cuando se giró, no le sorprendió ver que las otras cuatro serpientes de sexto estaban allí: Millicent Bullstrode, robusta como un muro, bloqueaba la otra salida; Sophie Ropers, vestida de forma parecida a Davis, aunque con mejor gusto; Daphne Greengras, con esa bellísima máscara inexpresiva que era su rostro y su Némesis Pansy Parkinson, con una túnica de un suave color rosado que daba color a sus habitualmente pálidas mejillas.

En realidad, lo que sorprendía a Hermione es que hubieran esperado a que fuera casi el medio día para pasarse por allí: lo lógico es que se hubieran pasado nada más terminar de desayunar. Le sorprendía tanto, que estuvo a punto de preguntárselo...

No podía saber que ese era el plan original, pero que Daphne había logrado imponer la sensatez y la astucia de los Slytherin a la impaciencia de sus compañeras: ¿no era mejor reunir toda la información posible para enfrentarse a Granger con todas las armas a su alcance?

Así que habían pasado toda la mañana recabando la susodicha información y, además, habían tenido tiempo de ir a sus habitaciones a vestirse para triunfar.

Aclarar que el término "recabar" había incluido además las actividades secundarias de amenazar, coaccionar, seducir, manipular, chantajear y persuadir.

-Pansy te ha hecho una pregunta, Granger –le recordó Sophie Ropers.

-Oh, sí, bueno. Es que esperaba que fuera una inteligente –por el tono de la Gryffindor, sabía que eso era imposible.

Lo que jamás sabría es que tenían esas cinco contra ella.

Pansy Parkinson, era su Némesis.

En realidad, no fue ella quien le dio el título, sino Dean Thomas durante el tercer curso. Fue en la época en la que Ron y ella no se hablaban porque su gato había matado a Scabbers cuando el actual novio de Ginny pilló a la supuesta novia de Malfoy hostigando a la castaña.

Lo curioso del caso es que la fijación de Parkinson con Hermione no empezó hasta segundo curso: hasta ese momento había acosado a todas las Gryffindor por igual.

Otro tanto podía decirse de Millicent Bullstrode. De hecho, en primero ambas chicas se echaron una mano (y no al cuello, eso fue en segundo) con los estudios.

Sí, Millicent ayudó a Granger con los estudios.

Contrariamente a lo que la gente creía, Millicent sacaba buenas notas, no espectaculares, pero si lo suficientemente buenas como para que sus padres tuvieran motivos para enorgullecerse de ella. O al menos intentarlo...

Además, Granger estaba muy pez en cultura mágica y hay cosas sobre ella que jamás se enseñan en las clases y que no pueden aprenderse de libros.

Por resumir un poco, su relación había sido provechosa para ambas, por eso Hermione se quedó muy sorprendida cuando Millicent intentó matarla durante las clases de duelo de segundo.

Ginny creía que Millicent era lesbiana y que estaba enamorada de Hermione, pero la castaña sabía que su amiga se equivocaba: había pillado varias veces a la morena mirando los traseros de los chicos más atractivos de la escuela (y algunos que no lo eran demasiado) para saber que esa chica era cien por cien heterosexual.

Otra a la que Hermione no entendía era a Daphne Greengrass, ya que mostraba con ella un comportamiento bipolar: tan pronto era cordial con ella, hasta el punto de desearle suerte antes de sus TIMOS, como le lanzaba una mirada perdona-vidas.

Lo cierto, es que a Daphne le traía sin cuidado Granger, aunque sus padres le inculcaron una educación y, de vez en cuando, podía permitirse el lujo de ser amable con ella.

Sophie Ropers era harina de otro costal: ella parecía obtener algún tipo de placer malsano al jalear a Pansy contra ella. Nunca atacaba directamente, pero siempre parecía tener alguna frase a mano que inflamaba a la morena. Lo más curioso, era que si Hermione pasara tantas horas al día arreglándose como Sophie, ambas podrían pasar por hermanas.

En cuanto a Tracey Davis... Ella reía las gracias de Pansy, pero cuando la princesa de Slytherin comenzaba a alejarse, le dedicaba a la sangre sucia una mirada con la que suplicaba sus disculpas. Al menos, sucedía así un año atrás.

Actualmente, la mirada de la mestiza indicaba que nada le gustaría más que verla destruida y arrastrada por el fango, preferiblemente por su mano.

-El caso es que tengo mucho que hacer –retomó Hermione-. Así que, Parkinson, haz el favor de ir al grano...

-Ay, pobre. ¿Sabes, Granger? Si no fueras una Sangre Sucia diría que admiro tu entereza: si el hombre del que he estado enamorada desde los once años estuviera morreándose por todo el colegio con una de mis compañeras de habitación, no podría ni tenerme en pie –suspiró Pansy.

La frase había sonado muy natural, nadie ni siquiera la perspicaz Granger, captaría que su cuidadosa formulación había llevado toda la mañana. Después de todo, era cierto que Draco Malfoy, supuesto amor de Pansy, había sido visto enrollándose por toda la escuela con la mitad de las alumnas de ella... Aunque nunca con una compañera de habitación de la morena.

Además, Pansy había estado pillada por Draco desde que tenía uso de razón (o algo parecido) y no sólo desde los once años.

De todas formas, las serpientes aún tenían una mordedura con un veneno más letal en la punta de sus hostiles lenguas:

-Por no mencionar, lo horrible que es que te traicione una amiga...

-Lavender y yo no somos amigas –interrumpió Hermione antes de darse cuenta del error táctico que estaba cometiendo. Cuando lo comprendió, reprimió el impulso de llevarse las manos a la frente para golpearse.

Las Slytherin, en cambio, estuvieron a punto de relamerse ante la perla que, voluntariamente les había ofrecido Granger. Sólo Millicent emitió un jadeo de sorpresa, el resto logró mantener el rostro inexpresivo mientras que Pansy inclinaba ligeramente el rostro hacia Sophie, indicándole que golpeara ella.

-Granger, ya sabemos que Brown no es tu amiga. Por muy mestiza que sea, ella no es capaz de caer tan bajo...

-Exacto –corroboró Pansy antes de retomar el control de la conversación-. Nosotras nos referíamos a la Weasel. Ya sabes: a la hermanita de tu amado.

-¿Y exactamente qué tiene Ginny que ver con todo esto? –quiso saber la joven Gryffindor, tan sorprendida por la alusión a su pelirroja amiga que ni se molestó en tratar de negar que amaba a Ron.

-¿Realmente no tienes ni la menor idea, verdad? –Pansy le dedicó una sonrisa de superioridad antes de continuar-. Resulta que fue tu querida amiga pelirroja quien le reveló a Ron tu pequeña... indiscreción con Krum.

-Eso me recuerda (perdona la interrupción, Pansy) que Patrice Montgomery te manda sus disculpas: cree que Krum era el único hombre de verdad que había en Hogwarts durante el baile de Navidad y pensaba que tu no te darías ni cuenta. Sin embargo, ella no teme reconocer sus errores –tras decir esto, Daphne retrocedió un paso y le devolvió la palabra a Pansy.

-El caso es que... bueno, tú conoces a ese pelirrojo mejor que nosotras: adivina lo bien que supo digerir esa información –concluyó Pansy, tras dedicarle a la rubia una mirada cargada de molestia.

De puta pena.

De hecho, aunque Hermione no hubiera sido una de las brujas más inteligentes de la escuela habría podido deducir que conocer esa información había influido bastante en la actual vida amorosa de Ron.

Y Ginny aún lo conocía mejor que ella...

Sin embargo, no podía permitirse el lujo de mostrar su enfado con la pelirroja delante de la maraña de víboras, que aguardaban impacientes su reacción.

-Eso... –maldición, su voz sonó temblorosa. Control, Hermione, control-. Eso no es cierto. ¿No tenéis nada mejor que hacer que ir calumniando a la gente?

-Ay, los Gryffindor sois siempre tan confiados, nunca he entendido porqué se le da esa etiqueta a los Hufflepuff...

Daphne carraspeó discretamente, recordándole a Pansy que no era el mejor momento para que se pusiera a divagar. La morena de pelo corto le dedicó una mirada irritada a la rubia antes de retomar la conversación:

-El caso es que lo que te acabo de decir es totalmente cierto: tu amiguita te traicionó. Es una gran desgracia que no estés dispuesta a creernos –Pansy dejó escapar un suspiro compungido tan auténtico como un Knut de chocolate.

Sophie extendió un brazo hasta palmear el hombro de su supuesta líder.

-No pasa nada, puede corroborarlo si quiere con los cuadros del pasillo del segundo piso, unos que están frente a un pasadizo oculto bajo un tapiz que os sirve de atajo –susurró la serpiente castaña.

-¿De qué diablos estáis hablando? –soltó Hermione sin poder contenerse.

-¿Tampoco te lo ha contado Potter? Vaya, la traición es doble, entonces –Pansy fingió una mirada cargada de compasión.

-Verás, Granger –intervino Tracey, justo cuando Hermione empezaba a sospechar que sólo estaba ahí para evitar que huyera-, resulta que el otro día, después del entrenamiento de Gryffindor, Weasley y Potter pillaron a tu amiga... dándose el lote con Thomas.

-Y cuando Tracey dice "dándose el lote" piensa que el significado del término se amplia o reduce según la versión –interrumpió Sophie.

-En fin, el caso es que ahí fue cuando tu amiga sin venir demasiado a cuento...

-Y en eso coinciden todos los testigos –hizo constar Sophie.

-Le soltó que tu te habías dado el lote con Krum –concluyó Tracey.

-Y que Potter lo hizo con Chang –agregó Millicent.

-Aunque eso ya son noticias viejas... –bufó Daphne con tono de aburrimiento.

-Sabemos lo que estás pensando, Granger –aseguró Pansy.

Aunque estaba equivocada, porque lo que Hermione pensaba en aquellos momentos era que si esas cinco en vez de utilizar sus talentos para el mal, los pusieran al servicio de la justicia habría muy pocos criminales sueltos por el mundo.

Probablemente, sólo ellas cinco.

-"¿Cómo han podido saberlo ellas antes que yo?" Deberías hablar más con tus otras dos compañeras de cuarto. Esas, que Patil, Brown y tu tanto ignoráis –Pansy soltó otro cuidadoso suspiro-. El mito de que los Gryffindor estáis muy unidos... ¿No envidiáis que nosotros sí lo estemos? –agregó señalando al grupo de Slytherin.

-¿Envidiar el hecho de que sólo ataquéis cuando estáis en superioridad numérica? –al escuchar la voz masculina, las seis chicas se sobresaltaron aunque por diferentes motivos.

Las Slytherin porque la reconocieron al instante y comprendieron que su diversión tocaba a su fin mientras que la Gryffindor creyó que su héroe venía al fin al rescate y no estaba muy segura de cómo enfocarlo.

Pero Hermione se llevó la decepción del siglo, porque quien había acudido en su ayuda era Cormac McLaggen y no Ronald Weasley.

-Hola, McLaggen –saludó Tracey con un alzamiento de cejas la mar de sugerente.

El aludido Gryffindor fingió ignorarlo, aunque sin mucho éxito puesto que un leve rubor tiñó sus mejillas y su voz carraspeó lo suficiente como para arruinar su tono pomposo y despectivo.

-¿Te importaría mucho apartar la pierna, Davis?

-Si es ahí donde quieres que te la ponga... –contestó la joven serpiente con tono sinuoso al tiempo que dejaba pasar al chico.

Eso, Hermione tuvo que admitir que fue valiente: ella jamás le hubiera dado la espalda a ninguna de esas hienas rabiosas, menos aún, cuando la hiena en cuestión estaba jugueteando con su varita.

Claro que, dado que Davis parecía más interesada en admirar el trasero de McLaggen a lo mejor el chaval no corría ningún peligro inmediato. Salvo el de llevarse un bocado en esa parte de su anatomía.

Hasta ese momento, Hermione no había reparado realmente en el chico al que había boicoteado para que Ron lograra su puesto en el equipo de Gryffindor, pero ahora, al fijarse en él... La verdad es que McLaggen era atractivo.

Y por lo visto, no era la única que lo pensaba: hasta las exigentes Slytherin parecían haber olvidado que era un león y se dedicaban a babear por él.

Bueno, Daphne Greengrass permanecía tan inexpresiva como siempre y Sophie Ropers parecía estar más fastidiada que fascinada, pero Millicent literalmente salivaba (y Ginny diciendo que era lesbiana), Tracey había ladeado la cabeza en busca de mejores vistas y Pansy transmitía un interés... muy poco auténtico, la verdad.

-McLaggen, es un placer verte de nuevo –susurró sin embargo la morena-, aunque te estés metiendo en algo que no te incumbe en absoluto...

-Estáis metiéndoos con una de mis compañeras de casa así que creo que sí me incumbe...

Un brillo letalmente malicioso apareció en los ojos de Parkinson y Hermione lo comprendió: ellas sabían que había aturdido a Cormac durante la prueba. ¿Cómo lograron enterarse? Jamás lo descubriría, pero fijo que lo sabían.

Y Parkinson estaba dispuesta a contárselo a Cormac para que él la abandonara y ellas pudieran seguir divirtiéndose a su costa.

Sin embargo, Granger fue salvada por lo que ella consideraba uno de los ataques de bipolaridad de Daphne:

-Oh, vamos, McLaggen, sólo estábamos apoyando a Granger en el duro trance que está atravesando –la rubia se volvió hacia Hermione con una sonrisa casi maternal-. Si necesitas cualquier cosa, no dudes en pedírnosla: estaremos encantadas de ayudarte. ¿Verdad, chicas?

-Oh, sí, cierto –en honor de las Slytherin, cualquiera que no las conociera, habría pensando que realmente las entusiasmaba la idea.

O a lo mejor sí que las entusiasmaba: cualquier información personal era siempre bien recibida.

-Ya lo habéis hecho y habéis sido todas muy amables. Gracias –oh, sí, Hermione también podía ser una falsa.

-Nos vamos, pues, chicas –Daphne se hizo un paso hacia atrás hasta que Pansy, que había mantenido una expresión enfurruñada, sonrió y alzó la cabeza, adoptando una pose regia.

Luego, la morena desfiló hacia donde Milicent bloqueaba el paso seguida de Sophie, mientras que Daphne iba hacia el lado de Tracey y la indicaba que la precediera por el pasillo. Aún así, todas pudieron escuchar como la rubia se despedía con un:

-Por cierto, Patrice tiene razón: haríais buena pareja.

Tracey volteó sorprendida hacia la rubia y las otras tres serpientes las miraron desde el otro lado del pasillo. Daphne las guiñó un ojo de forma juguetona e indicó a las otras chicas que se adelantaran hasta su Sala Común mientras ella lanzaba un encantamiento para camuflarla a ella y a la mestiza de pelo caoba.

Después de eso, ambas volvieron al pasillo de los libros de Pociones para asistir a la conclusión de su charla.

Granger y McLaggen fingían ignorar la frase de despedida de la serpiente rubia, pero era obvio que había dejado el ambiente entre ellos enrarecido.

Él era la viva imagen de la caballerosidad, asegurándose de que las Slytherin no la hubieran herido (físicamente, se entiende) y ofreciéndose para apalizar a Weasley.

Ella... bueno, Granger siempre había sido tan transparente para Daphne como la misma Pansy. En realidad, todas las chicas de la escuela (a excepción de su hermana) lo eran.

El caso es que la rubia no tenía que esforzarse demasiado para saber los pensamientos que cruzaban el ordenado coco de la Sangre Sucia: había notado la evidente atracción que McLaggen inspiraba en al menos dos de sus compañeras y ahora se planteaba seriamente cómo de rastrero sería utilizarle para dar celos a Ronald Weasley.

Finalmente, se impusieron los deseos de venganza (tal y como Daphne sabía que ocurriría) y cuando la Gryffindor habló fue para preguntarle si tenía pareja para acudir a la fiesta de navidad de Slughorn.

Daphne escuchó el jadeo de sorpresa de Tracey, así que decidió que era un buen momento para arrastrar a su compañera lejos de allí antes de que se pusiera llamar zorra a Granger en plena biblioteca.

De hecho, la rubia le lanzó un hechizo enmudecedor que no deshizo hasta que no estuvieron cerca de las mazmorras de Slytherin. A partir de entonces, empezó a soportar el discurso que incluía la particular filosofía sobre la vida, el amor, los hombres y el sexo de Tracey Davis.

Daphne ya lo había escuchado en alguna otra ocasión, pero nunca dejaba de... ¿entretenerla? Sí, entretenerla, porque aunque la rubia odiaba cuando Tracey se mostraba soez, sí que le divertía verla regresar a sus orígenes de nieta de carnicero, más aún cuando estos se entremezclaban con la flexible moral Slytherin.

De cualquier manera, la filosofía de Tracey se basaba en una sola premisa: si el chico del que estás secretamente enamorada pasa de ti, engánchate con el que te venga más a mano.

Pero...

-Hay que ser muy puta, para hacer lo que acaba de hacer Granger. No sólo hizo que ese pobre chico...

-¿MacLaggen pobre chico? –interrumpió Daphne alzando incrédulamente una ceja.

-Bueno, hizo que ese idiota con buen culo de McLaggen fracasara en su prueba de Quidditch para que su amorcito entrara en el equipo. Se ve que el enchufe con Potter no le era suficiente para entrar ahí...

-Te recuerdo que ayer nos machacaron: puede que no fuera enchufe después de todo –señaló Daphne, justo cuando giraban una esquina y se encontraban con el resto de sus compañeras de curso.

-No, se debe a que Urquhart no escogió a los jugadores adecuados –intervino Sophie, muy molesta porque ella se consideraba así misma una de esos "jugadores adecuados".

-¿A qué ha venido lo que acaba de pasar? –quiso saber Pansy, molesta porque la hubiera detenido antes de que soltara la bomba.

-Por alguna razón, Daphne quería que Granger y McLaggen fueran juntos como pareja a la fiesta de Navidad de Slughorn –explicó Tracey.

-¿Qué? –se sorprendieron las demás.

-Eso suena tan... enfermizo –tras la sorpresa inicial, Sophie mostró una sonrisa de retorcida aprobación.

Esta vez, las miradas cargadas de sorpresa se dirigieron hacia la castaña de Sangre Limpia.

-Oh, vamos. ¿No me digáis que os cae bien McLaggen? Es un capullo, además de un patético Gryffindor más –señaló la joven.

-Si no es más que un patético Gryffindor, no sé porqué le tienes tanta inquina... –observó Millicent con ese talento que tenía para lanzar el Crucio en la llaga sin ser siquiera consciente de ello.

-Muy cierto, Milly. ¿Qué pasa, Sop? ¿Tus padres le consideran candidato para ser tu primer marido? –aventuró Daphne.

-Ojalá... por muy patético Gryffindor que sea, al menos tiene un buen culo y no me lleva unos veinte años –bufó Sophie con un tono que indicaba a las claras que insistir en el tema conllevaría recibir una Imperdonable.

-Aún así, creo que es una putada –intervino Tracey.

-¿Lo de Sophie? –preguntó Pansy.

-No, lo de McLaggen –matizó la mestiza.

-Somos Slytherin –Pansy se encogió de hombros, como si el ser de la casa de las serpientes lo justificara-. ¿No te irá a nacer conciencia a estas alturas, verdad?

-No me refiero a lo que le hemos hecho nosotras, sino a lo que va a hacerle Granger –explicó Tracey-. Primero jode sus posibilidades de entrar en el equipo de Quidditch de Gryffindor y ahora va a utilizarle para dar celos a Weasel... Eso es una putada tan grande que ni siquiera a una Slytherin se le pasaría por la cabeza.

-Blanche Beaumont –señaló Daphne.

-Un caso aislado y totalmente excepcional –replicó la mestiza.

Blanche Beaumont fue una Slytherin que cursó sus estudios en Hogwarts a principios de la década de los ochenta y cuyas andanzas (casi todas sexuales) eran legendarias entre las jóvenes serpientes. Por extrapolar un poco, serían el equivalente a los merodeadores entre los Gryffindor más alborotadores.

Fuera como fuese, Blanche sí que arruinó las posibilidades de un chico para luego salir con él con el objetivo de poner celoso a otro. Las diferencias fueron que ese chico no era de su misma casa, la prueba que le fastidió no fue de Quidditch sino los TIMOS y que luego le compensó generosamente por ello.

-En cualquier caso, y jamás pensé que diría algo así, la mestiza tiene razón en una cosa: Granger va de santa cuando nosotras somos un poquitín menos malas que ella –retomó el tema Pansy, pateando el suelo como una niña pequeña.

-Sí, es una pena que el resto de la escuela no pueda enterarse de eso –concordó Millicent con timidez.

-¿Y por qué no iban a poder enterarse? –Daphne ladeó la cabeza y contempló a la robusta morena con interés.

-Sí, que se enteren –aplaudió Sophie con expresión sádica-. Hace tiempo que no hundimos la reputación de nadie...

-Desde lo de Eloise Midgen –señaló Pansy con una sonrisa cargada de malicia.

-Aunque no sólo fue su reputación lo que hundimos –señaló Tracey con expresión nostálgica al tiempo que Daphne observaba a sus súbditas complacidas.

La operación "perra con acne" fue el primer éxito como abeja reina de Daphne: todo empezó cuando a la citada Eloise, una preciosa Hufflepuff de su mismo curso, se le ocurrió llamar a Millicent "estúpido engendro anormal".

Fue, precisamente, al poco tiempo de que la morena se peleara con Granger durante el club de duelo pero, lo peor de todo, es que tuvo el descaro de tomarse tal libertad delante de Pansy.

Basta haber leído la reacción de la morena al insulto de Sherman Selwynn para intuir que a la sangre limpia no le gustaba nada en absoluto que cuestionaran la inteligencia de Millicent.

Oh, sí, ella podía hacerlo. De hecho, lo hacía unas treinta veces al día, pero, como buena hija única, mimada y consentida, Pansy era la única que podía destrozar sus juguetes.

Por tanto, Eloise Midgen debía de ser colocada en su sitio: a los pies de las Slytherin.

De no haber asumido Daphne el mando, el asunto habría quedado reducido a un par de maldiciones de cosquillas que habrían conllevado una espectacular bajada de puntos para la casa de las serpientes. Pero, gracias a ella, sus compañeros de verde y plata no se vieron afectados... y la belleza de Eloise quedó en el olvido.

Fue un trabajo muy preciso y sutil.

Fue una verdadera maravilla.

Primero, Tracey (a la que todos los idiotas de Hogwarts tomaban por inofensiva en aquella época) empezó a suministrar a la Hufflepuff una poción que gradualmente iba llenado su cara de granos. De granos feos, gordos, asquerosos y cargados de pus.

Luego, Sophie, Daphne y Pansy empezaron a entrar a los baños detrás de Eloise y a mantener interesantes conversaciones fingiendo que no sabían que ella estaba allí. Conversaciones del tipo "el pus de bubérculo es muy peligroso" (casualmente era la única cura para la poción que le administraban) y un día sugirieron un hechizo que los hacía desaparecer.

Eloise fue lo bastante estúpida para hacerlas caso... terminó sin quitarse los granos y con la nariz desplazada. Actualmente, se consideraba a la Hufflepuff una de las alumnas más feas de su promoción.

Moraleja: si cabreas a una serpiente, sufrirás su veneno.

-Por desgracia, Granger no será tan estúpida para creernos como Midgen –suspiró Sophie con resignación.

-No sé yo, picó en el anzuelo que le lanzó Daphne –señaló Tracey.

-Y no necesitamos que ella haga nada, no en este caso –Daphne sonrió con astucia y esperó a que Pansy atara cabos y anunciara el plan.

-No, es cierto. No somos las únicas a las que Granger cae mal: basta con verter esas palabras en los oídos adecuados y... un rumor en Hogwarts se esparce tan rápido como una Avada a dos centímetros de su víctima –la morena serpiente no llegó a pronunciar los nombres de Cho Chang y Marieta Edgecombe, pero todas pensaron en ellas al instante.

-Hay un problema: ellas la odian tanto como nosotras. Igual no se lo creen... –era patético, pero Daphne aún estaba lo bastante colgada de Chang como para querer dejarla fuera de esa sucia maniobra.

-Tonterías. Son perfectas –rebatió Pansy.

-Creo que Daphne tiene razón: ese par está quemado. Pero... no son las únicas de la escuela que odian a Granger. Es decir, una no se puede enrollar con uno de los Buscadores más famosos del mundo sin crearse unas pocas enemigas –intervino Tracey.

-¿Alguna de reputación intachable y lo bastante crédula como para confiar en una Slytherin? –quiso saber Pansy observando a la mestiza con renovado interés.

-Morag McDougal, de Ravenclaw y su amiga Sally-Ann Perks... Se pasaron todo el mes previo al baile de Navidad exhibiendo sus pechos (falsos, por cierto) sin lograr nada, salvo pillar un resfriado. Fingen que les cae bien, pero nunca se lo han perdonado –Tracey guardó silencio unos segundos, antes de dar otro nombre-: Megan Jones.

-¿No es la que tiene esas extrañas extensiones en su pelo que cambian de color según su estado de ánimo? ¿Odia a Granger? –se sorprendió Sophie-. Pensaba que, como buena Hufflepuff, no concebía ninguna emoción más fuerte que el desagrado.

-No la odia, pero está más desesperada por conseguir dinero que tu propia madre –la castaña de sangre limpia entornó los ojos ante la respuesta de Tracey, pero tuvo que contenerse cuando Pansy rió la gracia de la mestiza.

-Bueno, si el dinero es lo que necesitamos para que el rumor empiece a correr por Hufflepuff –Pansy se encogió de hombros, ya que el dinero era una bagatela para ella-. ¿Puedes hablar mañana con ella?

-Puedo arreglarlo –se había citado con ella para aprovisionarse al día siguiente.

Era perfecto, Tracey aparecería como su alter ego de poción multijugos por lo que podría persuadir (o chantajear) a Megan sin que Slytherin se viera comprometido.

Pero Pansy tuvo que joderlo:

-Bien, que Daphne te acompañe...

Tracey abrió la boca para protestar, pero la cerró cuando se percató de dos cosas: seguía siendo incapaz de razonar con Pansy y Daphne había visto el gesto de la mestiza.

Conocía lo bastante a la rubia para distinguir sus expresiones (bueno, haciendo honor a la verdad, eran más bien micro-expresiones) y la que la mayor de las Greengrass mostraba en esos momentos indicaba que acababa de sumar dos más dos obteniendo un enorme cuatro.

O, en otras palabras, Daphne acababa de deducir que Megan Jones era quien proveía a Tracey de artilugios Weasley. Y, con la perspicaz rubia de por medio, pronto llegaría a la conclusión de que eso era lo que Malfoy quería de ella: un contacto con los Weasley.

Y por supuesto, al día siguiente, Tracey no encontró forma de evitar que la rubia quisiera ir con ella a su cita con Megan. Ambas estaban en el lugar de la cita con la Hufflepuff: los aseos de Mirtle la Llorona.

-Pero tendrás que tomarte poción multijugos –explicó Tracey, tendiéndole un vial a la rubia mientras ella misma apuraba el suyo.

-¿De la cosecha de Slughorn? –quiso saber Daphne una vez transformada en una joven de pelo castaño oscuro ligeramente regordeta.

-No, aún tenía algunos viales de mis cosechas del año pasado –contestó Tracey, que ahora era una muchacha negra con el pelo totalmente trenzado.

Luego, procedió a explicarle que aquello en realidad tenía más que ver con evitar que la gente supiera que Megan se reunía con Slytherins que por proteger sus identidades.

-Me pilló hace un par de meses –por culpa de Crabbe.

Aunque, técnicamente, eso le pasaba por fiarse de Malfoy. ¿Era imprescindible que les confiara toda la información a sus dos gorilas?

Aunque lo cierto era que Malfoy no lo hizo: Megan sospechó de esa extraña niña y le pasó una encuesta "para que evaluara la calidad de sus servicios". En una de las casillas de la encuesta estaba la típica pregunta de "¿cómo me has conocido?" y al lado de la casilla marcada por Crabbe (por un amigo) se pedía el nombre de ese amigo.

Cuando Megan leyó "Draco Malfoy" no le costó demasiado trabajo seguir las migas de pan hasta Tracey Davis. Después de todo, se decía que ella se había saltado alguna clase gracias a los artículos de los gemelos...

Aún así, Megan no estaba para hacerle ascos al dinero por sucio o rancio que fuera su origen.

Ella misma era mestiza, pero había pasado la mayor parte de su vida en el mundo Muggle y estaba más unida a la familia sin magia de su padre que a la prestigiosa familia de Sangre Limpia con la que su madre ya no se hablaba.

Por eso, cuando su tía, la hermana de su padre, cayó enferma con cáncer, todos se volcaron en ayudarla. Megan se planteó incluso dejar de acudir a Hogwarts para que sus padres pudieran dar mejor fin a ese dinero, pero toda la familia se negó.

De esa forma, la Hufflepuff decidió que los niños ricos de Hogwarts serían los encargados de favorecerla económicamente. Como buen miembro de la casa de los tejones, no le asustaba en absoluto trabajar duro y a eso se le podía sumar el hecho de que Megan estaba cada vez más segura de que había fines que justificaban todos los medios.

Por eso cuando entró al lavabo de Mirtle y se encontró con que su cliente de la casa de las serpientes favoritas había traído compañía, ni se inmutó. Y tampoco lo hizo cuando además de recoger su encargo, Davis le propuso ganar un extra difamando a Hermione Granger.

Megan no tenía nada contra la emblemática Gryffindor aunque tampoco le caía lo que se dice muy bien. Pero necesitaba ese dinero.

Y encima de todo estaba le exasperante mirada de superioridad que le dedicaba la compañera de Tracey, la serpiente sin identificar. Dicha mirada, indicaba que su dueña no le creía capaz de decir que sí.

Casi podía escuchar los engranajes del cerebro de la serpiente desconocida girando al ritmo de "los Hufflepuff son demasiado buenos para prestarse a estos juegos".

-Zacharias Smith, hizo una apuesta sobre Granger. Como, según me decís, va a perderla, estará bastante receptivo a la hora de ayudar. ¿Es cierto algo de lo que me habéis contado?

-Todo –aseguró Davis-. Además, está contrastado con varias fuentes.

-Vaya –silbó Megan-. Recordarme que nunca sea vuestra enemiga.

-Tranquila, sólo tienes que echarte a un lado y no cruzarte en nuestro camino –medio bromeó Tracey con tono juguetón.

-Algo que siempre se os ha dado muy bien a los de las demás casas... –agregó Daphne, que, por alguna razón era incapaz de controlar la antipatía que le producía aquella mestiza.

-No se me dan muy bien las sutilezas, así que, por favor, aclara eso –exigió Megan ruborizándose ligeramente.

-Con gusto, sólo trataba de decir que siempre dejáis que los Slytherin hagamos el trabajo sucio. A no ser que haya una forma de ennoblecerlo, que es cuando se dignan a hacerlo los Gryffindor.

-Supongo que en ese trabajo sucio está incluido el asesinato de Diggory, ¿no? –sugirió Megan con una falsa candidez que habría sido la envidia de cualquier serpiente.

Tracey rodó los ojos, consciente de que la Hufflepuff acababa de rebasar una línea que nadie debía de cruzar con Daphne. Sin embargo, al tiempo, estaba divertida de que la primera persona que osara hacerlo fuera de la "cobarde" y "conformista" casa de los tejones.

- Jones, haz el favor de no asumir que todos los Slytherin somos mortífagos, sólo porque la mayoría de ellos llevaron nuestros colores cuando estaban en Hogwarts. Además –Daphne hizo una pausa para aproximarse a la Hufflepuff -, el que le mató era de Gryffindor.

Y con esto, la rubia hizo un giro de 180 grados, haciendo hondear su capa al más puro estilo Snape y abandonando la habitación. Tracey la siguió después, aunque su despedida fue una sonrisa de disculpa acompañada de un encogimiento de hombros antes de correr para alcanzar a su compañera.

Estaba furiosa, aunque alguien no familiarizado con la forma Greengrass de expresar las emociones (o mejor dicho, de no expresarlas) jamás lo hubiera notado. Y que alguien lograra desquiciar a Daphne, alguien que no fuera Pansy, se entiende, era divertido.

-¿Sabes algo? Me gusta para ti –se atrevió a decir la mestiza.

-No sé de que me hablas –negó Daphne.

-Ya –replicó Tracey burlona.

-Tray, si lo dejas ahora no trataré de sonsacarte el motivo por el que Draco necesitaba algo de Sortilegios Weasley.

-Es un buen trato, Daphy –aceptó la mestiza, tras unos segundos de meditación.

Después de todo, ya tendría tiempo de jugar a las Celestinas.

O mejor, de comentarle a Astoria lo que acababa de ver y que ella se encargara de emparejar a su hermana.

¿Para eso es la familia, no?

Y fin. Por ahora... Como habéis notado, en este capítulo he aprovechado para hacer varias cosillas.

La primera, volver a hacer que mis niñas malas sean malas. Porque en los dos capis anteriores, no se notaba demasiado entre tanto "no todas somos mortífagas en ciernes" y "pobrecitas, que las robaron la copa de las Casas", no en este capi se ve que son unas, por usar la expresión de Herms, "hienas sedientas de sangre".

Mostrar cómo las ven personas fuera de su casa, es la segunda cosilla. ¿Y quién mejor para ello que su archirival, Hermione Granger? Esa escena, personalmente, me encanta. Sobre todo, cuando Hermione desea que las cinco serpientes estas consagren sus talentos a la causa del bien... ¿Nunca os habéis planteado cómo habría sido si a Bellatrix le hubiera dado por enamorarse de Dumbledore o Moody en lugar de elegir a Voldemort? Todo ese fanatismo consagrado a la justicia y tal.

¿Qué estaba diciendo? Ay, sí, Hermione... Sinceramente, usar a Cormac para darle celos a Ron me parece una de las cosas más bajas e idiotas que ha hecho la castaña en siete libros. Así que para mi tiene más sentido que la inspiración procediera de una de sus peores enemigas sumado a un alto grado de desesperación.

Y la tercera cosilla es que he introducido un poco más de los orígenes de la Banda, concretamente, su primera masacre en grupo. Obviamente, lo de Eloise no es cien por cien cannon, aunque tampoco hay nada que indique que no lo sea, ya que la primera mención de Eloise aparece en el cuarto libro, cuando Ron no quiere ir con ella al baile porque la considera fea, y los hechos que describo sucederían en el segundo.

El caso es que necesitaba una chica para que las BG destrozaran y ella me pareció más idónea que introducir un OC.

Sobre la no participación de Mafalda ni Sophie en el partido Gryffindor-Slytherin... por desgracia, JK insiste en que no hay chicas en el equipo de las serpientes y, si las hay, Harry está agilipollado y no las reconoce. Una pena, porque Mafalda habría marcado más goles que nadie y Sophie no se hubiera dejado distraer por el cara rajada tan fácilmente. Vamos, eso que nadie lo dude.

En cuanto a la última parte... A mi también me gusta Megan para Daphne. ;-)

Y no sé si me he dejado algo más para comentar, si es así, por favor, disculparme.

Un millón de besos.

Carla Grey.

Orgullosa Lupina. MOS. Hermana de Mya, Paula & Maru Malfoy. Tía de Azi Black & Mai. Paciente de Serenity. Hija política de Veronika. Emperatriz consorte de Alonning. Ahijada del hada madrina Noriko. Prima de Miss Molko e Inna. Miembro de las 15 de Mey. Amiga por correspondencia de una miembro de LODF. Pariente de Anvy Snape. Casi pariente de Libertad, la amiga de Mafalda. Chica del espejo de lujuria de Dreaming. Hermana Escorpio de Moony Lunática. Musa de Mika_Granger. Ganadora de dos premios anuales de HA. Luz al final del túnel de Deathkisse. Creadora del amor platónico de Liesl Von Kaulitz. Alumna de la Casa de Ravenclaw en HA. Autora de la versión de Sirius favorita de Elarhy, Fd-Potter y Karen Black.

Y tardona sin remedio.