Poesías

Severus vagaba por las mazmorras con sus pensativos ojos negros puestos en el suelo, un libro verde bajo su brazo era su única compañía. "Obras completas de KONSTANTINOS KAVAFIS" – se leía en el ennegrecido lomo.

"Una condena está escrita en cada intento mío

y está mi corazón, como un muerto, en su nicho.

¿Hasta cuándo mi alma va a continuar tan lánguida?

Donde vuelvo la vista, mire a donde mire,

de mi vida las ruinas negras las veo aquí,

en donde tantos años pasé, arruiné y perdí".

Granger se había ido a sabe Merlín donde después de su desgraciada noche de graduación. Pensó iluso en aquel entonces que ella se pondría en contacto, vía lechuza o Flu nada mas llegar tan lejos como estaba ahora de el. Sin embargo un largo mes había transcurrido, en un horrible silencio, 30 días obscuros, con 720 horas lánguidas.

No podía decir que amaba a Granger, que soñaba con ella todas las noches, ni que era el súmun de su ensoñación, claro que no. El no era ese tipo de hombre. Pero tampoco podía negar que en sus gélidos años en Hogwarts jamás se había interesado tanto por una mata de rulos y dos ojos castaños como ahora lo hacia. Sonrío ante el pensamiento de simplificarla a ella de tal manera. Jamás tampoco un par de labios rosados habían dejado los pálidos suyos enrojecidos con tal fricción.

No amaba a Granger, no. Pero al recordarla con su vestido de seda dorado sus limitaciones empezaban a flaquear y se pregunto si el corazón muerto y añejo que le colgaba en el pecho soportaría tal visión nuevamente.

Llegó a sus aposentos sin darse cuenta, pasó de su despacho distraído cerrando las puertas sin conjuros, en pleno receso escolar, difícilmente veía en el castillo a alguien más que a él mismo. Abrió el voluminoso libro que traía en manos y café de por medio se sentó en su escritorio a leer.

"Vuelve a menudo y tómame,

amada sensación, vuelve y tómame

cuando despierta del cuerpo la memoria,

y un antiguo deseo atraviesa la sangre,

cuando los labios y la piel recuerdan,

y sienten las manos que acarician de nuevo.

Vuelve a menudo y tómame en la noche,

cuando los labios y la piel recuerdan...."

Sonrió sentidamente, su gran lema de "Leer para olvidar" no estaba funcionando muy bien, era sabido que Kavafis no era precisamente conocido por traer alegría a los caídos, pero a él, melancólico y resentido, siempre le animaba, se sentía acompañado de alguna estúpida manera, por alguien que con su pluma compartía su dolor. Una hebilla dorada brillaba exageradamente con la tibia luz de la tarde que se filtraba por la ventana

Estaba empezando a adormecerse, pasar toda la noche en vela haciendo pociones no era precisamente tener un ciclo del sueño sano, pero hacia ya años que no tenia en su vida de sana, ni las mas minima cosa. Sin darse cuenta se cerraron sus parpados y escondieron sus negras obsidianas al mundo mientras caía dormido.

Sintió una mano sobre su hombro derecho y un tibio aliento en su oído, sus años de mortífago le habían hecho dormir levemente y ante cualquier estimulo reaccionar duramente. Hermione no había alcanzado a tomar el libro del escritorio y Severus ya le ajustaba su la varita en la garganta. Respiró duramente mientras ella tomaba el libro y se alejaba lentamente del respaldo de la silla. Snape sonrío. Ya casi había obscurecido, encendió con su varita las velas del cuarto.

- Miss Granger, es usted toda una delincuente juvenil, roba libros de la biblioteca, intenta irrumpir en morada ajena, lo logra …– dijo haciendo un énfasis exagerado y sarcástico- Y luego intenta volver a robar libros. ¿Es que usted no tiene remedio?- Le replicó divertido y de pronto recordó que se encontraba resentido con ella.

Hermione frunció el seño, llevaba ropa muggle, una ajustada camisa negra y un pantalón gris de vestir, se veía más adulta, mas mujer. Severus la observaba impertérrito, seguro que la bocona de Granger quería replicar, tenia el gran defecto o la gran virtud de nunca callar.

-Pues para serle sincera, espero no tenerlo.- Le dijo esbozando una media sonrisa.

-Oh…Yo creo que si lo necesita, aunque ya no sea su profesor… sigo siendo un hombre sabe… no puede irrumpir en mis aposentos a media tarde sin mas…- Se cruzo de brazos y alzo una ceja como solo el sabia hacerlo, ser intimidante y sarcástico era tan fácil como respirar.

- Créame señor, tengo una muy buena razón- dijo ella acercándose algo tímida a su silla.- Y no puedo dejar de recordar, permítame agregar, que es usted un hombre.

El volvió a sonreír ¿Cuándo se había vuelto Granger tan osada? Ella apoyo sus manos sobre los apoyabrazos de la silla en la que Snape estaba perfectamente sentado. Y le susurró…

"Cuerpo, recuerda no solamente cuánto fuiste amado,

no sólo los lechos en que te acostaste,

sino también aquellos deseos que por ti

brillaban en los ojos manifiestamente,

y temblaban en la voz

y algún obstáculo casual los hizo vanos…- Severus estaba embobado, por segunda vez en su vida, seguía sorprendiéndose ante la astucia de esta bella joven, que además de hermosa recitaba de memoria uno de sus poemas favoritos de Kavafis. Se replanteó si realmente no estaba enamorado, tuvo que dejar de pensar, sus negros ojos no podían dejar de mirarla.

"Ahora que todo ya está en el pasado,

parece casi como si a los deseos

aquellos te hubieses entregado

cómo brillaban,recuerda, en los ojos que te miraban;

cómo temblaban en la voz, por ti, recuerda, cuerpo."

Ella se acercó tanto, que él sentía como su aliento humedecía sus labios y sin tiempo a replicas le besó. Sus labios se unían en frenética cadencia, él le tomo del cuello para profundizar el beso, ella se acomodó nuevamente en su falda.

"La alegría y perfume de mi vida es la memoria de esas horas

en que encontré y retuve el placer como lo deseaba…-Siseó Severus con voz entrecortada mientras tomaba a Hermione en brazos y la depositaba sobre su cama.

Alegría y perfume de mi vida, para mí, que detesté

Cualquier goce de amores rutinarios."

El se recostó a su lado, con una mano en su cintura y la otra en sus cabellos, pegó su torso al suyo, sus cuerpos se amoldaban de maravillas, eran los milagros del deseo que hacia que todo fuese perfecto.

Iba a volver a besarla pero ella interpuso una mano entre ellos, el se tensó apenado, quizás ella no había querido llegar tan lejos. Se sentó en la cama y espero que ella hiciese lo mismo, iba a disculparse pero Hermione habló primero.

- Disculpe, pero creo que hay algo muy importante que usted debería saber.- El corazón de Snape revivió de golpe de sus años de letargo y ahora retumbaba feroz contra sus costillas. No fue capaz de articular palabra.

- Aquella noche… la de su despacho…- ella movía sus dedos de un lado al otro nerviosa, estaba claro que ambos recordaban esa noche, Severus quiso reír, pero el gesto pálido de la muchacha le hizo retenerse. Movió la cabeza asintiendo algo nervioso también.

- Pues bueno fui al despacho del director y él me dijo…- El pensó que si hacia un silencio intrigante más, el deseo de momentos atrás se esfumaría plenamente y comenzaría a zamarrearla de los brazos para que terminara las benditas oraciones.

- Me dijo que tenía una gran noticia para mí. Que usted había firmado mi carta de recomendación para mi master en pociones, y que tomando eso en cuenta, él mismo había escrito una carta de recomendación a Durmstang, donde necesitaban un profesor de dicha área. Y… y… y me aceptaron sin mas.

Severus sonrío y quiso felicitarla, pero algo se lo impidió, Granger no era estúpida, ni una mujer sentimentalista, no cortaría un momento como el vivido si no creyese que era de incumbencia. Volvió a mirarla expectante.

- Pues a razón de esto y de que la profesora McGonagall entro al despacho diciéndole al director que se había sorprendido de la "grandiosa" afinidad que había entre nosotros- Hermione no pudo evitar sonreír, Minerva había sido por demás filosa en el comentario.-El director me confíó, que había escrito una segunda carta de recomendación que había sido escuchada, pero esta era para el puesto de Director. Y ese recomendado… - Severus contuvo el aliento- Es… Usted.-

No podía creer lo que oía, después de ser director de Hogwarts, ser director de Dumstang era una de sus grandes metas, aquel colegio tenia mucho de su personalidad y su antiguo director viejo amigo. Hermione sonrió como dándole las felicitaciones, el aun no podía comprender por que ella podía pensar que era esta genial noticia, un impedimento para la relación.

- El profesor Dumbledore va a comunicárselo esta tarde, pero yo quería que lo supiese, ya que seremos compañeros de trabajo de ahora en mas… y quizás usted no querría… ya sabe… involucrarse conmigo, si va a tener la obligación de verme todos los días.

El sonrío abierta y libremente como no lo hacia desde pequeño, miro entre la luz tenue de las velas los ojos expectantes de Granger, tan hermosa, tan considerada, pues si, se declaro completamente enamorado en su foro interno, la vida se le corregía en minutos y no esperaría un segundo más en entregarse a ella.

-La obligación no Granger… -dijo tomándola en brazos y volcándose sobre ella en la cama- El placer… –Le susurró al oído mientras le besaba el terso cuello.

Hermione sonrió, la dicha le brotaba por los poros, era feliz en aquella cama verde, en aquel recinto Slytherin, con aquel hombre que amaba. Mientras disfrutaba los besos, buscó de su pantalón su varita, él se movió un poco para separa su cadera de la de ella y permitirle sacarla. Desde allí fue apagando una a una las velas del cuarto, hasta dejar solo una y mientras sentía sobre su pecho los hábiles dedos de Severus desabrochar su camisa, soltó en un meloso susurro…

"Una vela basta. Su dudosa luz

se presta más, será más cordial,

cuando vengan las Sombras, las Sombras del Amor…

Una vela basta. Que el cuarto esta tarde

no tenga mucha luz. En la ensoñación

y en la sugestión, y con poca luz,

tendré la visión de que vienen las Sombras, las Sombras del Amor."

Fin.