Capítulo 1.

Bienvenidos a la Europa del siglo XV. Es una época llena de palacios, grandes fiestas, pelucas, largos vestidos y príncipes encantadores. ¿Suena lindo verdad? Sin embargo no debemos olvidar como es la vida en la corte, intrigas, envidias, pasiones, traiciones…

Y el reino del rey Carlisle V y la reina Esme no es la excepción. Su gobierno es uno de los mejores que ha habido en Inglaterra desde hacía varios siglos. Han terminado con la guerra en Alemania con los reyes Black y evitaron la invasión de Italia (n/A: sí, son exactamente a quienes se están imaginando).

El día de hoy hay una importante celebración en el castillo Cullen, por lo que todos los nobles se encuentran ahí. Todos engalanados de la mejor manera, bailando en el salón con elegantes vestidos, túnicas y pelucas. En el fondo se encuentran sentados los reyes en sus tronos y tras ellos, están cinco personas.

Edward es el mayor, a sus 22 años es un príncipe increíblemente guapo con un cuerpo esculpido y bien formado. Sus ojos son verdes como las esmeraldas y su cabello es de un tono cobrizo divino. Pero este hermoso envoltorio sirve sólo para ocultar la verdadera identidad de este hermoso príncipe; pues por dentro es la persona más egoísta y ególatra que puede haber. Él está sentado justo en el medio.

A su lado está la joya de toda Inglaterra, la chica más bella que podría haber en todo el mundo. Sus hermosos ojos azules se esconden tras unas largas y curvadas pestañas, su cabello dorado como el oro, le cae en tirabuzones pulcramente arreglados hasta su esbelta cintura. Su vestido de brocado azul acentúa su figura, reduciendo su cintura, realzando sus pechos y ensanchando sus caderas. Rosalie, una princesa austriaca de 19 años traída por medio de acuerdos entre ambos países, y futura reina y esposa del príncipe heredero, Edward.

Junto a esta joya, está el príncipe infante (N/A: así se les dice a los príncipes que no aspiran a la corona. Yo lo investigué para este fic en especial) su porte es distinguido, de enorme musculatura, facciones varoniles, unos ojos grises profundos y cabello negro ensortijado. Su piel dorada parecía terciopelo sobre sus músculos marcados debido a su habilidad en el manejo de la espada. De 21 años, el príncipe Emmett, al igual que su hermano tiene unas aspiraciones muy altas y sus deseos son simples, el trono y la princesa que lo acompaña.

Del otro lado del príncipe heredero se encuentra la pequeña princesa Alice. Cuenta con apenas 16 años y éstos se ven reflejados en unos ojos cafés increíblemente inocentes al mundo que la rodea. Su cabello, usualmente despeinado, ahora se encuentra alisado hasta su esbelta cintura. Frágil y no muy llamativa, con unas formas de mujer aún no desarrolladas completamente. La pequeña Alice no conoce el mundo en el que sus hermanos viven, para ella no existen las rivalidades, las traiciones ni los engaños. O hasta ahora no existían.

Junto a ella está sentado otro príncipe austriaco, de dorados cabellos rizados y unos ojos azules, como un mar tempestuoso, oscuros y profundos. Su figura elegante, fuerte y visiblemente varonil lo convierten en un hombre completamente deseable. Jasper, ese es el nombre de este joven príncipe de 20 años. Hermoso a la vista, este príncipe fue traído al igual que Rosalie, para casarse con la menuda y dulce princesa Alice. Pero el príncipe suele no ocultar su indiferencia a la pequeña princesa.

Mientras se lleva a cabo la gran celebración, los sirvientes de aquel enorme castillo, preparan la cena, enfrían el vino, lavan los cubiertos para que queden impecables. Una joven de 18 años está lavando una olla enorme y, la pobrecita se cayó dentro.

- Bella, ¡Bella! – otro de los sirvientes corre a ayudar a su, un poco torpe, compañera

- Gracias, Mike – la joven de 18 años, ojos café chocolate y cabello castaño ondulado agradeció a su compañero mientras se arreglaba su sencillo vestido de algodón – odio lavar estas cosas

- Ten más cuidado – le previno su compañero mientras se alejaba.

Para Bella Swan, una simple sirvienta del castillo, los días de fiesta eran una tortura de su infierno personal. Si de por sí tenía mucho trabajo por hacer, los días de fiesta eran aún peores. La pobre chica había sido encontrada bajo un puente cuando era una bebé por una de las sirvientas del castillo. A la muerte de ésta, la pequeña de apenas unos diez años, fue contratada para trabajar en el palacio fregando pisos.

- Bella, la señora Weber desea verte – una joven le avisó a su compañera

- Gracias, Lauren, ahora mismo voy

Bella se arregló lo más que pudo el cabello y su vestido sucio y raído, no podía hacer mucho, su aspecto era el de una simple sirvienta. Subió hasta la "oficina" de la encargada del servicio del castillo.

- Buenas noches, Bella – la saludó la mujer mayor.

- Buenas noches – respondió la chica al saludó y se sentó en la silla que se le ofrecía.

- Bella, has trabajado aquí por ocho años y has hecho un gran trabajo – inició la señora Weber – verás, la joven que se encargaba de los aposentos del príncipe Edward está embarazada y no es posible que continúe sirviendo en el castillo en ese estado por lo que hemos decidido que tú la reemplazarás en su trabajo.

La joven Swan se quedó atónita de la sorpresa. Durante ocho años había servido al castillo y creía que nadie conocía su existencia, o más bien la conocían pero no era merecedora de atención. Esta noticia la hizo sentir bien, importante.

- Contamos contigo para que la habitación del príncipe esté impecable – dijo la señora Weber reprimiendo un estremecimiento, era bien conocido que el príncipe Edward era el más meticuloso y si su recámara no estaba en orden, pegaba el grito en el cielo

- No se preocupe señora Weber, no habrá nada fuera de lugar – prometió la joven

- Sabes que los encargados de los aposentos de los príncipes y reinas son arriba así que dormirás en este piso, tu uniforme está ya lavado y planchado, mañana por la mañana asegúrate de dejar las habitaciones del príncipe listas después de que se haya levantado – ordenó la señora Weber.

Bella salió presurosa de ahí y fue a ver su nueva habitación, su cama era una cama decente, no como los colchones rotos que había para los encargados de la cocina. Miró su uniforme colgado en la pared, estaba limpio y olía rico, no como el vestido que llevaba.

En su habitación había una puerta que conducía directamente a la habitación del príncipe Edward. No aguantando la curiosidad, entró a la habitación y su boca se abrió de asombro, jamás en toda su vida había visto algo así.

Hermosos tapices decoraban las paredes y todo estaba lleno de joyas y oro. Bella miró todo, asegurándose de que recordaba el perfecto orden de la habitación para que nada estuviera fuera de lugar cuando ella se hiciera cargo de esas habitaciones.

Con un suspiro regresó a su nueva habitación, se acostó en la cama y se quedó dormida en un sueño profundo.


¡¡Hola a todos!! Heme aquí con un nuevo fic que espero que disfruten mucho. Es una idea que tenía desde hacía algún tiempo y pues hasta ahora me decidí a subirla así que espero que les guste y pues espero contar con su apoyo así como lo he tenido con mis otros fics.

Besos a todos

Dayan Hale