Si Goku lo reflexionaba un poco, probablemente él era la persona menos indicada para comunicarle a Vegeta malas noticias. Lo más aconsejable hubiese sido que otro lidiase con él en ese momento. Piccolo, por ejemplo. O Gohan. Pero el primero había preferido desligarse de la situación arrojando al príncipe a la Habitación del Tiempo para que pasara su rabieta a solas, (lo cual probablemente había agravado la situación en vez de mejorarla) y Gohan todavía miraba a Vegeta desde la perspectiva que tenía de él a los siete años. Eso dejaba a Goku como el único disponible para llevar a cabo la ingrata tarea de comunicarle al príncipe las malas nuevas en relación a su matrimonio.

¡Era tan difícil hablar con Vegeta! Goku podía contar con los dedos de una mano las veces que habían tenido una conversación que durará más allá de un par de minutos sin que Vegeta le diera la espalda y se negase a seguir hablando. La mayoría de ellas estaba situada en la época de su combate con Buu.

La fusión con los pendientes de Potara había tenido que ver con eso, probablemente. El hechizo que los había unido en un solo ser se había roto al ser absorbidos por Buu, pero Goku estaba casi seguro que su efecto residual se había prolongado durante el curso de la batalla posterior. Entonces Vegeta lo había mirado como un igual, había hecho a un lado sus objeciones acerca de sus principios terrícolas, y había trabajado con él como un equipo.
Extrañaba ese sentido de camaradería que había fluido de forma natural durante los días que pasaron combatiendo a Buu.

Muy pronto, tras el regreso a casa, los últimos rastros de esa conexión se habían borrado.

Ahora Vegeta le era tan inabordable como cuando llegó a la Tierra la primera vez.

Escaneó el área en busca del ki del otro saiyayín. El Palacio que cobijaba el Portal contenía también las únicas facilidades para el alojamiento de quienes usaban esta dimensión para entrenar, así que Vegeta no podía encontrarse muy lejos.

Tal y como le había dicho Piccolo, era una señal de aliento que el príncipe se hubiese aguantado todo ese tiempo sin intentar alguna acción drástica, como destruir el Portal de salida de la Habitación. Significaba que Vegeta estaba todavía en control de su mente, al menos hasta el punto de no intentar el suicidio.

Su búsqueda pronto arrojó resultados de la localización del ki de su rival en un sector al oeste del templo. Supo que Vegeta también se había percatado de su presencia. Era imposible apoyarse en el factor sorpresa para ninguno de ellos.

Pese a esto, vaciló por un instante entre teletransportarse o llegar hasta allí caminando, preguntándose si la primera opción era demasiado provocadora. A Vegeta siempre le irritaba que usase esa habilidad en su presencia, porque le recordaba que él no la poseía. Luego de un momento de reflexión, sin embargo, decidió dejarse de darle rodeos al asunto: no había manera de suavizar su encuentro con Vegeta de cualquier manera. Llevándose los dedos a la frente, se teletransportó al lugar desde donde provenía las señales de vida del príncipe.

Vegeta lo recibió con una patada antes de que alcanzase a ponerse en guardia. Goku permitió sin oponer resistencia que el golpe lo lanzase a varios metros de distancia, y cuando paró de rodar por el suelo, incluso se permitió permanecer ahí por largos segundos, boca arriba, mirando al cielo. Luego, con más pesadez de lo que acostumbraba, se incorporó hasta quedar sentado, y buscó con la mirada a Vegeta. Lo que vio le sorprendió.

En realidad no se había detenido a imaginar en qué estado físico se encontraría Vegeta, mayormente porque, tras rescatarlo de las ruinas de Satan City, dio por sentado que Piccolo y Dende le curarían cuando lo dejó en el Templo.

Descubrió entonces que Piccolo había arrojado a su rival a la habitación del tiempo sin siquiera hacer que Dende ejerciera sobre el príncipe sus poderes curativos. Y de la misma manera como su propio cuerpo había absorbido el daño de los golpes que Vegeta le había encajado durante su corto forcejeo, cerrando los cortes que tenía en el rostro y regenerando los músculos magullados, las células saiyayines de Vegeta habían luchado en su aislamiento por reconstituir el daño en sus tejidos en el transcurso de los días, a juzgar por la huella pronta a desvanecerse de algunos moretones en su piel y las manchas de sangre seca y suciedad adherida en el pelo y el cuerpo. Pese a esto, su brazo izquierdo colgaba en una incómoda y poco natural posición a un costado del cuerpo.

Pudo ver con incredulidad que Vegeta se acercaba con la intención de darle una nueva patada. Se levantó rápidamente, y alzó las manos para aplacarlo.

— Basta, Vegeta, no vamos a pelear en estas condiciones— negó con la cabeza con preocupación.

—¡Me dejaste aquí encerrado por catorce días, maldito infeliz!

Se encogió involuntariamente, avergonzado por su descuido. Si, catorce días era bastante tiempo. Se preguntó cómo se las había estado arreglando el príncipe durante todos esos días. Al menos parecía haberse alimentado. Aunque no demasiado, a juzgar por lo demacrado de su semblante.
No podía creer que todavía quisiese llevar a cabo un combate en esas condiciones.

—Lo siento mucho Vegeta. Pero no fue decisión mía. – dijo poniéndose de pie y sacudiéndose la ropa como una manera de ocupar sus manos y evitar mirar a su oponente al mismo tiempo-Fue Piccolo el que decidió ponerte en la habitación del Tiempo mientras te calmabas y yo no estuve presente en ese momento.

Deliberadamente optó por omitir adonde había ido. Su rival no respondió. Al menos, no con palabras. A esas alturas, Vegeta había avanzado hasta quedarse parado frente a él, y solo tuvo que levantar su brazo en buen estado para soltarle una bola de energía en pleno rostro que lo volvió a arrojar al suelo.

Eso fue malintencionado. Los peores golpes de Vegeta se producían a corta distancia, cuando se descuidaba lo suficiente para dejarlo acercarse. Según Goku, Vegeta nunca había tenido ataques de ki muy poderosos. La mayoría, pese a lo que Vegeta creía, eran fáciles de desviar y tenía la costumbre de desperdiciar energía. Por otro lado, el príncipe nunca había tenido asco de usar golpes bajos.

— ¡Uuuuh!¡ Veegeta! — Se quejó. Sacudió la cabeza, sintiendo que los músculos del rostro le palpitaban por el dolor y los cortes a medio cerrar se volvían a abrir.

— En el fondo siempre has sido un cobarde, Kakarotto— le espetó su rival mirándolo con desprecio y probablemente sólo el incómodo estado de su brazo izquierdo, evitó que tomase esa pose de autosuficiencia que siempre acostumbraba frente a él, cruzándose de brazos para reforzar su sentido de superioridad—Siempre has dejado que el insecto verde haga el trabajo sucio…

¡Oh, miren nada más quien habla acerca de trucos sucios!

A pesar de todo, hizo un nuevo esfuerzo para intentar la aproximación racional al asunto.

— No tengo intenciones de combatir contigo hoy día Vegeta. ¡Sólo date cuenta lo que pasó hoy! ¿Acaso no te molesta en lo más mínimo que Bulma estuvo a punto de morir por tu mano? ¡Ella es la madre de tu hijo!¡ Destruiste media Satan City Los Kaios han estado comunicándose con Dende todo el día, exigiéndole explicaciones— levantó la vista, para ver a Vegeta apretando los puños: —¡Se suponía que no harías esas cosas, Vegeta! ¡Se suponía que eras de los buenos! No estoy de acuerdo con lo que hizo Piccolo, pero lo entiendo. Estamos tratando de ayudarte ¡y lo único que haces es empeorar las cosas!
— ¡Cállate! - gritó Vegeta, abalanzándose sobre él nuevamente.

En esta oportunidad, cuando Vegeta quiso darle una patada, Goku estaba preparado para bloquear el golpe: se agachó justo a tiempo para esquivarlo, y tomándolo por el torso lo giró sobre su hombro, consiguiendo botarlo al suelo. Vegeta cayo pesadamente al suelo, con el rostro contorsionado por el dolor de su brazo. Goku podía imaginar lo que debía sentirse el impacto sobre el brazo lesionado, pero, sin dudarlo, salto de inmediato sobre el para inmovilizarlo con el peso de su cuerpo.

Por supuesto, y mientras estaba concentrado en inmovilizar sus brazos para evitar que pudiese invocar un golpe de energía con sus manos, supo que Vegeta no se iba a dar por vencido tan fácilmente. Este se dispuso a contratacar con la parte de su cuerpo que había quedado libre: aprovechándose de la fuerza de sus piernas.

El muy canalla enganchó sus piernas para atrapar el torso de Goku entre ellas y comenzó a apretar. Goku sintió el crujir de sus costillas bajo el poder de los muslos del hombre más pequeño. La única alternativa que le quedaba era noquearlo y para eso se vio obligado a soltar su agarre de uno de sus brazos, pero Vegeta reaccionó rápido y le soltó una bola de energía (en la cara nuevamente) antes que el propio Goku alcanzase a soltar su golpe.

Terminaron forcejeando de la manera más indecorosa posible para un par de guerreros entrenados, Goku tratando de inmovilizarle el brazo en buenas condiciones sin dañar el lastimado, para que Vegeta no pudiese invocar su ki, al mismo tiempo que trataba de liberarse del férreo agarre de las piernas de Vegeta, el otro luchando con uñas y mordiscos para sacarse al hombre más grande de encima. Goku resistió todo lo que pudo para detener a Vegeta, pero en un momento decidió aflojar, para, en un movimiento rápido, intentar noquearlo nuevamente, pero solo consiguió que Vegeta lo sorprendiera con otra bola de energía (¿"¿En realidad, ¿Vegeta, estabas calentando?") lo suficiente poderosa como para descuidarse por un segundo en el que Vegeta logró zafarse por completo del agarre de sus manos.

Para ese momento los repetidos golpes de su rival habían aflojado su autocontrol. Con más fuerza de los que pretendía en un primer momento le asestó un severo golpe de puño en pleno rostro: fue una reacción automática, de la que sólo se dio cuenta cuando la sangre de la nariz de Vegeta le salpicó en su propia cara.

Esa era una de las razones por las que no les gustaba pelear con Vegeta. Siempre, o casi siempre, los combates se volvían enmarañados y confusos. Nunca había sido lo mismo con Freezer, ni Cell, ni Broly, ni mucho menos con Buu. Era distinta, esa dinámica que surgía entre ellos y así también lo era la ira que emergía dentro suyo, muy diferente de aquella que lo había acompañado en esas oportunidades, empapada por el ímpetu de hacer justicia. Este era un sentimiento de otra naturaleza, enmarañado y confuso, compuesto por frustración e indignación y otras cosas que no podía darles nombre. Y si bien nunca se había detenido a examinar esas emociones detenidamente (sólo el pensamiento de evocar dicha agitación durante sus sesiones de meditación lo perturbaba) estaba seguro que si, en alguno de sus duelos la hubiese dejado fluir libremente, podría haber convertido a Vegeta en una masa de carne indiferenciada, incluso sin necesidad de invocar su ki o convertirse en supersaiyayin tres. Reconocía que casi había dado rienda suelta a ese impulso durante el combate en el desierto mientras el huevo de Buu captaba la energía que ellos liberaban: había demandado de toda su fuerza de voluntad y autocontrol para no devolverle a Vegeta la agresión con todo su poder y no cazarlo y golpearlo hasta incrustarlo en el suelo arenoso de la zona. El reto era manejar la irritación emergiendo en su interior que se desparramaba como acero líquido, caliente, lacerante, mientras su mente racional hacia esfuerzo por apaciguarla y se las arreglaba para seguir poniendo atención a las acciones de su oponente.

De cualquier manera, se levantó de un salto y se puso en guardia antes de que Vegeta mostrarse la primera señal de volver a atacarlo. Vegeta no se amedrentó (en realidad, pocas cosas tenían el poder de disuadir a Vegeta) e invocó su ki para convertirse en supersaiyayin.

Las baldosas que tapizaban el suelo temblaron y se resquebrajaron ante el impacto de la energía. Goku imitó a su rival, y para un mayor golpe de efecto, siguió y siguió hasta alcanzar el nivel de supersaiyayin tres.

— Bulma es mi mejor amiga. Violaste los términos de la convivencia con humanos y con los dioses que te han proporcionado una nueva oportunidad. ¡Shen Long te dio una nueva vida, Vegeta! ¡Todos creímos en ti!

Esto pareció volver loco a Vegeta. Desato con más fuerza su ki, y por un momento Goku se sorprendió a si mismo preguntándose si Vegeta había alcanzado nuevos límites de poder en su entrenamiento después de Buu, y si la Habitación del Tiempo aguantaría esa cantidad de energía. Lo siguiente que sintió fue el sonido del cuerpo más pequeño chocando contra el suyo propio.

—¡¿PORQUE ERES ASI, ¿¡PORQUE NO TIENES ORGULLO!?— aulló su rival entre golpes —¡Vives una maldita fantasía! ¿Acaso crees que ellos te quieren realmente?¡ Ellos te temen tanto como a mí! solo fingen quererte para tenerte como un animal domesticado ¡Y TÚ LOS PREFIERES A ELLOS POR SOBRE TU RAZA!

Goku aguantó la lluvia de golpes e improperios bloqueando con sus brazos lo que venía en dirección a su cara, pero recibiendo de lleno los golpes en el tórax y partes bajas, hasta que, abrumado por el acoso, hizo estallar su ki para lanzarlo al suelo.

Vegeta cayó ante el huracán de energía con menos resistencia de la que Goku esperaba, desparramándose en el suelo como una muñeca rota. Al fijar la vista en él, Goku no pudo evitar sobrecogerse con el aspecto que ofrecía, el brazo descoyuntado, la nariz sangrante y el cuerpo visiblemente magullado. Vegeta se enjugó la sangre del rostro con la única mano que todavía podía mover y se río oscuramente, de una forma que hizo que Goku se le erizara el vello de la piel.

—Así que he ofendido tu sentido de justicia… Muy bien, lo acepto. Hasta los saiyayines tenemos sentido de la justicia, aunque tú pareces no creerlo. Si te pones a pensar, no hubiéramos podido sobrevivir tanto tiempo si no tuviéramos ciertas normas de civilidad. Así que puedo entender lo que tratas de decir, Kakarotto ̶ Vegeta hizo una pausa en la que le dirigió una mirada siniestra—Sólo que si quieres justicia… ¡al menos se lo suficientemente saiyán para ejercerla como uno!

El comentario le impactó hasta lo vergonzoso. Por un breve instante, y pese a la ira que sentía, un atisbo de compasión lo azotó: se preguntó fugazmente si acaso Vegeta en el fondo estaba tan avergonzado de sí mismo que prefería morir. No era algo tan extraño proviniendo de su rival: casi en cada instancia en que se habían encontrado, el príncipe quería llevarlo todo a términos absolutos: todo o nada, vida o muerte, éxito o fracaso. Por un momento relampagueó en su cabeza la idea que todos los crímenes entre saiyayines debían terminar en duelo a muerte entre ofensor y ofendido, en sentencia de muerte o autoeliminación. De ser así la muerte de Napa, durante su primer encuentro, adquiría un significado completamente distinto. Pero por sobre todo, predominó la ira acerca de que Vegeta se atreviese a tratarlo de llevar a actuar bajo sus propios términos.

Goku no era un saiyan. Así lo había decidido, ya hacía muchos años, y lo había repetido en cada instancia en que se había presentado la necesidad de dejarlo en claro. Y si Vegeta quería seguir viviendo bajo esos términos, pues bien: él no se convertiría en quien ejecutaría la sentencia.

—No tengo intenciones de combatir más contigo ¡Por el amor de Kami, ¡Vegeta, tienes un brazo roto, detén este comportamiento estúpido de una buena vez, y permite que te de una Semilla del Ermitaño!

En su silencio, Vegeta había aprovechado para ponerse de pie y en guardia nuevamente. Haciendo arder su ki, comenzó a reunir energía en sus manos para lanzarle un nuevo golpe, como una manera de provocar su respuesta.

—Combáteme como un saiyán— declaró su rival y Goku no pudo dejar de notar la nota de desesperación en su voz— Dame la muerte honorable que un saiyán me daría.

—¿COMO TÚ SE LA DISTE A NAPPA? — aulló, fuera de sus casillas.

Antes de que la bola de energía lo impactara, Goku la desvió con su ki. Determinado y furioso, avanzó hasta Vegeta y le dio un gancho limpio en el mentón, que tiró su rival al suelo y eliminó toda posibilidad de contrataque.

—No te daré ninguna muerte; deberás vivir con lo que hiciste. Tu hijo te está esperando al otro lado y no seré yo el que le ponga el cadáver de su padre a los pies—declaró seriamente, y buscando en su cinturón, extrajo la bolsa con semillas del Ermitaño para ofrecerle una.

Contrario a lo que esperaba, Vegeta accedió a recibirla sin ofrecer resistencia. Sin embargo, antes de echársela a la boca, comentó con amargo sarcasmo:

—Eres el menos indicado para hablar de paternidad. El insecto verde es más padre de tu hijo de lo que tú has sido. Delegaste la educación de tus hijos a una terrícola y a un Namek, no le has entregado ninguna de las cosas que un padre saiyayín debería enseñarles.

— No existe nada de los saiyayines que merezca ser enseñado— contesto Goku, con un desprecio en la voz que lo sorprendió a él mismo.

Vegeta ya estaba masticando la semilla del Ermitaño cuando acusó el golpe de su respuesta. Pudo ver que las cejas de su rival se arquearon por la sorpresa. ¿Alguna vez había respondido a sus continuas provocaciones con la misma dureza? Goku no pudo recordar ninguna oportunidad en que se hubiera atrevido a llevarle la contraria de manera frontal: Las respuestas hirientes también se las había dejado a Piccolo.

Bueno, pues esta vez, no.

La expresión del rostro de su rival había cambiado nuevamente; ahora hacia la abierta hostilidad, las cejas fruncidas y los ojos empequeñecidos, todo mientras la semilla realizaba su trabajo mágico, el compacto cuerpo sacudiéndose con el efecto de los tejidos y huesos reconstituyéndose a extrema velocidad, el pequeño y anguloso rostro mostrando a pesar de sí mismo el dolor subyacente a la rápida recuperación.

Goku observó con fascinación el proceso, pero no esperó que terminase: antes de que los últimos trazos de las heridas de Vegeta desaparecieran y el brazo lesionado volviera a su lugar, se acercó con los puños cerrados, para asestarle una certera patada en la nuca que dejó a su eterno rival inconsciente.
El cuerpo del príncipe seguía estremeciéndose por el efecto de la semilla cuando cayó desmayado.

A Goku sólo le quedaba sentarse a esperar.