2x1 de pizza y fainá


Notas y excusas previas:

Y bueno... Los fics románticos se me suben a la cabeza. No puedo con el vicio.

Terminé ADM (Aroma de madreselvas) con gran disgusto, puesto que su trama me mantuvo entretenida cerca de medio año.

Pero bueno... como alguien me ha dicho "todo lo que empieza tiene que terminar". Cuando creí que la inspiración me abandonaría para siempre sucedió algo extraño. Aquella noche, en el restaurant, una corta escena, de apenas diez segundos de duración, logró motivarme a escribir.

Y decidí arriesgarme. Espero que les guste mi pequeño ejercicio literario.

No sé cuánto durará. Los que se atrevan a seguirme, lo descubrirán al final. ¡Y sí! Lo más lindo de los fanfics es no saber cuándo el autor les pondrá un punto final definitivo e irrevocable, capaz de despertar inquietudes, pasiones o profundos odios.

Contenta de comenzar con algo nuevo, espero les agrade lo que tengo para ofrecerles.

Empecemos...


Tarde, como siempre

Tropezamos cuando entraba rápidamente a la pizzería. La bandeja giró en el aire, y gracias a las leyes de Newton, las milanesas a la napolitana con fritas no cayeron.

Sus jóvenes reflejos y sus manos hábiles supieron cazar los platos y los cubiertos en el aire, mientras que los alimentos caían casi que mágicamente en su sitio, como la pelota de baloncesto cuando es lanzada de manera certera en la canasta.

- Lo siento... discúlpame... - musité nervioso, aunque sin poder evitar la sonrisa al ver la expresión divertida de su rostro.

- No te preocupes... - respondió enfocando sus ojos claros en las cosas, y poniendo disimuladamente orden en ellas.

- ¿Nueva? - inquirí sin poder dejar de mirarla.

- Así es. Estoy de estreno...- respondió sonriente, mostrándome su dentadura perfecta, mientras comenzaba a avanzar lentamente hacia su zona del local.

Chisté por lo bajo para llamar su atención. Señale el cuello de su camisa.

- Salsa ketchup...

La joven se inquietó y se limpió con diplomacia el pedazo manchado de tela.

Yo emprendí la corrida hasta el mostrador.

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Iba tarde, como siempre. Y lo peor es que era sábado de noche, el local estaba lleno de gente, y pese a eso, llovían los pedidos telefónicos. Apreté los dientes deseando que la tierra me tragara.

Mis compañeros del delivery me miraron con cara de pocos amigos.

- No te cubrimos más. O empezás a llegar a tiempo, o estás frito... - reprochó uno de los ellos muy enfadado.

- De acuerdo... ¿A dónde tengo que ir?

- Acá están los pedidos junto con las direcciones. Suzie tuvo que armar todos los paquetes... - murmuró el joven con disgusto.

- ¿Suzie? ¿Quién es Suzie?

- La hija del dueño.

"Mierda", pensé avergonzado.

- Mejor me voy... - añadí, cargando con la primera tanda de pedidos a repartir en aquella calurosa noche de verano.