Se hizo una costumbre hace ya bastantes días. Se puede perdonar pero nunca olvidar: con una dulce sonrisa contempla un vasito con tequila. Después le pasa el dedo índice de la mano derecha por la boca del vaso, delineando un bonito círculo.

Jálame más cerca al amor.

Canturrea en voz baja mientras le rodea el mundo: el bar que tantas veces la vio tomar y desmayarse, que en otras ocasiones le contempló romper records y partir caras. Ahora para el bar no es más que una antigua clienta que todos los viernes (antes de las guerras) pide un vaso distinto y nunca lo consume. Sólo lo contempla por un largo, largo rato: según era su amor por ese trago, son las horas que le contempla.

Un poco loca, sí.

Ya pasó la etapa del mal olor, cuando el cuerpo trabaja de más y se libera de toxinas no deseadas. Las pesadillas aún van y vienen, cada vez más controladas. Pero las ganas de asesinar no se van. Esas ganas aparecen por la combinación de las pesadillas y el cansancio. Y gracias al cielo los días de ponerse feliz pasaron. ¡Fue desastroso! Su cuerpo recibió demasiado oxígeno, buena comida y reacciones químicas completamente nuevas. Daba saltitos por todos lados y abrazaba a cuanto ser podía (no todos se dejaban). Esos cortos días de extrema felicidad y alegría fueron un momento de su vida que planea dejar atrás.

Pero la batalla no está ganada. Claro que no: falta evitar las tentaciones. Es por eso que cada semana enfrenta al recuerdo, le toma del cuello y le ahorca hasta dejarla inerte en la barra. Sus manos no retiran el cuello hasta que sus dedos se tornen blancos por falta de circulación: campeona sobria vale más que campeona ebria.

Segundos incontables los ha desperdiciado ahí, segundos bien utilizados. No todos miran al frente a sus miedos y tienen el valor de enfrentarles más de una vez.

Con una dulce tonada de respeto aleja el vasito usando el puño izquierdo. Ah, bendito puño.

Nadó entre mares de alcoholes y mezclas peligrosas pero eso terminó. Ahora vuela con los brazos bien abiertos y la sonrisa tan socarrona como siempre.

Eres más grande que yo.


El sentimiento de estar preso (otra vez) es espantoso. Aún le duelen todas las flechas que le llovieron encima mientras su leal amigo corría. Aunque ya sólo tiene cicatrices y recuerdos, cada punta de acero, fuego, hielo y viento le sigue doliendo. Son tatuajes nuevos.

La sencilla estrategia de su amigo fue que el cielo se cubriera aún más de flechas y entre todos esos proyectiles, inmovilizar a Masaho. Entre peso, heridas, dolor y elementos mezclados que le sobrecargaron los nervios, el caballero no pudo hacer mucho.

Mastica aire por millonésima vez y contempla el vacío. Ya ha recuperado el control de sus emociones y de su cuerpo. Ahora mismo se niega a recibir a Eltosian. La vergüenza es tal que se tapa el rostro y le da la espalda cuando éste le visita. O bueno, trata de. Los grilletes y cadenas le tienen bastante inmovilizado: los brazos le desvían al techo y las piernas al piso; más cruel que antes. Es posible dormir sentado pero no puede girar con total libertad y mucho menos ahorcar a quien le visita con las cortas cadenas. Cadenas ahora reforzadas y hechas de material enriquecido.

Extraña despertar por las mañanas y mirar a su amada desnuda en la cocina.

Todo de ti.

Se acomoda: se sienta en el suelo, apoya la cabeza hacia atrás; cruza los brazos sobre su pecho y las piernas extendidas a lo largo de la prisión.

Angellore no lo visita. Está muy enojada con él.

Bailando todo se arregla, pégate un poco más.

Pero otra mujer se acerca porque el destino así lo escribió. Lo mejor de su vida fue él alguna vez. Se inclina con su sensual cuerpo sobre el barbudo caballero quien no se ha percatado de la presencia ajena. Le pasa la mano derecha por la mejilla izquierda, tocando la barba que nunca antes había conocido. Él siempre se rasuraba cuando se amaban. Pasan los segundos y un tirón en los vellos faciales le hace abrir ambos ojos.

Lo siguiente que resuena en el calabozo es un desgarrador grito de dolor.

El caballero sólo siente la sangre correr por su ojo a terribles borbotones y resbalar por la mejilla. No comprende cómo o porqué, mucho menos quién. Lo único que alcanzó a distinguir fue una uña acercándose tan rápido que no pudo reaccionar.

Gime de dolor mientras se retuerce en el suelo. Trata de cubrirse con una mano pero algo le evita jalar las cadenas. Intenta con la otra mano y sucede lo mismo. Torpemente levanta la cabeza y con el ojo sano distingue dos piernas largas y con carne de buena calidad… y la silueta le es muy familiar.

El aroma de un exquisito perfume se estrella contra su nariz. El aroma es demasiado sobresaliente entre la mugre, la humedad y la putrefacción. Y entonces todo le llega de golpe.

-¡Rose!

¿Cuándo fue la última vez que viste las estrellas con los ojos cerrados?

Su rubio cabello está desatado y cae libremente como cascada por el cuello, hombros y espalda. Y como si fuese la peor humillación, desnuda. Su cuerpo sigue tan suculento y preciado como siempre. Algunas cicatrices se aprecian, cicatrices que él nunca antes había visto. El demonio en casa.

Masaho por fin puede taparse medio rostro con una mano. Atónito, incapaz de poder hablar más, mira a su antigua mujer. Todos los pecados ajenos le bailan encima al caído caballero, con besos en alquileres. Y se sorprende pensando en qué hace ahí. Y se sorprende luchando en su interior por decidir una conclusión sólida.

La aterradora escena se congela por varios segundos.

-Siempre me gustó más tu ojo izquierdo.

El dolor físico y emocional se mezcla: el ojo izquierdo es el que ahora mismo ha sido desfigurado, inutilizado. Le arde de una manera exagerada y si pudiera se arrancaba la cabeza para no sentir más. Y su respiración acelerada no ayuda mucho a controlar la situación.

Como si no fuera suficiente, ella le patea el rostro con su pie derecho. El caballero da al suelo y aprieta los dientes. No sabe qué hacer, no en este momento tan inesperado y sucio.

Se acuerda de todas las noches que pasó con ella, de todo el amor que le entregó y de los innumerables sacrificios que hizo en su nombre. Las interminables caricias a las preciosas piernas y caderas. Todas esas madrugadas íntimas con la luna. Los susurros, los besos, los bailes. Todo, absolutamente todo. Hasta el cercano matrimonio que terminó en nada.

Y como si no fuera suficiente otra vez, el corazón le arde tan fuerte que parece un dolor físico. Le ahoga todos los gritos y le roba las lágrimas. Las llamas lo abrazan y le arrancan arteria por arteria.

Así que comienza a respirar más despacio, tratando de agarrar a la situación por la cintura. Aunque tiene pintura de guerra encima debe evitar alimentar al dragón. La canción del destino le llega a los oídos al tiempo que su antigua amante le explica todo.

Como una terrible y adorada hechicera, sedujo a Tristán III. La ola de indiferencia se apoderó del concejo ya que les convenía. Entonces ella mandó al buen soberano a su muerte a la isla lejana de los muertos en vida. Luego le pagó al concejo con el cuerpo y les fue envenenando la mente poco a poco, y el organismo también. Todo para al final provocar caos en el reino y lograr que la república le ataque.

En breve, habrá acabado con Rune Midgard.

Lo mejor de mi vida eres tú.

-¿Ahora entiendes, querido mío, por qué debo evitar que salgas de aquí?


Clava sus colmillos primero y luego el resto de los dientes. Después arranca la carne del hueso y sigue masticando, cenando a las tres de la mañana debajo de una preciosa llovizna. La costilla está muy bien sazonada. Su mujer le ha enseñado a cocinar bien. Y hablando de ella, en circunstancias normales estaría dormido a su lado, protegiéndola en sueños de cualquier amenaza demasiado estúpida para acercarse; pero no, ahora no. Ha tenido problemas para dormir desde que entregó a su amigo a la ley. O a lo que se supone que es la ley.

En toda esta pasión se esconde su nombre. No sabe cómo ha hecho pero al final está grabado su nombre, tan grande.

Mientras se come la quinta costilla (su apetito también ha aumentado de forma considerable), contempla su bella Yuno. Es una ciudad que todo lo perdona, o eso parece. Ya no está seguro de muchas cosas. ¿Hizo lo correcto? ¿Estará bien su amigo? ¿Hay esperanza? ¿Es lo correcto?

Tantas son las preguntas que prefiere entretenerse con una sexta y última costilla.

El cielo nublado le sigue escupiendo agua muy fina y discreta. Le añade sabor a la comida.

La temperatura es bastante agradable y debe estar buscando donde está. Al menos ahora se hablan a solas. Será que está harto de tanto pensar. A uno termina por dolerle la cabeza si le da mil vueltas a lo mismo de forma infinita. Aún siendo un tema bonito y que conozca, al menos ahora siente que no sabe quién es.

Todo se le inculcó de niño: modales, cortesía, caballerosidad, conocimientos, la ley misma. Y por sobre todo, el honor.

¿Está dispuesto a arriesgar el honor por su amigo? Creo que sí. A fin de cuentas la realidad es subjetiva.

Arruga el papel de cocina donde trajo su comida. Camina unos pasos y lo tira en un bote de basura. Los pasos continúan apareciendo y poco a poco lo guían lejos de su casa. Cruza el elegante puente de piedra que da a la tierra, al mundo mortal. Arcos y figuras adornan esta obra.

Ciertamente me odiarás.

Camina, camina. Sus pisadas lo llevan por la meseta, por los campos, por viejos fuertes, a Aldebaran, por laberintos naturales y al final por los castillos tan amados. Muy poco empapado y con el manto de la noche abrazándolo, transformándolo.

Llega a la capital sin pena y sin gloria.

Contra el silencio entra a la prisión sin formalidades y sin forma. Sigue andando al mismo ritmo, como un imparable constructo de piedra mayor. Cruzando puertas grandes lo busca. Lo encuentra en lo más hondo de la mazmorra, con su cuerpo desecho y como laberinto eterno.


Después de tragarse el orgullo y recordando las infinitas espadas que él rompió, sólo para verla, se obligó a sí misma a buscarlo. Con su tonificada y sensual silueta, vestida con su uniforme, busca en el castillo en donde debería estar él. Siguió el mismo camino que el caballero de brillante armadura que cenó a unas horas de la medianoche.

Por ti daría la vida. Si confundo tu sonrisa por caramelo me miras.

Lo primero que nota, es un alboroto ruidoso y campanas sonando aquí y allá, y espadachines y cruzados corriendo de un lado a otro, buscando. Ella se sorprende pero no hace caso y sigue caminando, imitando el mismo paso que Eltosian.

Él es lo que más quiere ella. Su pensamiento más profundo.

En la celda que según ella debería estar (la más recóndita y escondida), no se encuentran más que pistas de su amado. Sangre en el suelo, grilletes rotos y un cerrojo forzado. El aroma de su hombre sigue presente, luchando contra el olor de la putrefacción y la basura. Ese fue siempre un defecto que nunca le agradó mucho: un aroma delicadamente pesado. Aunque ahora mismo ese pequeño defecto es una bendición. Sabe que está bien aunque el mundo pinte las cosas de otra forma. Digo, los muertos huelen más feo.

Tarareando y tronando los dedos al ritmo de la canción que los unió, camina hacia afuera. Tarde o temprano aparecerá. Eso de que no lo encontrara cuando lo buscó, es una señal divina de que tiene que esperar.

-¿Dónde estás? Te busco.

Canturrea mientras anda y corre de los monstruos salvajes que tratan de abrazarla.

Lo primero que nota al llegar a su hogar, es que el tapete está acomodado. Ella NUNCA lo acomoda. Siempre que sale, lo desacomoda a propósito, para que quien entre lo regrese a una posición correcta. Nadie suele fijarse en esos detalles.

Abre la puerta de madera y nada se ve en desorden: el espejo del pasillo de la entrada ahí sigue, la sala tiene todos sus cojines y la cocina a lo lejos no se ve destrozada. El cuarto de los dos no se ve porque la puerta está cerrada.

Desarmada.

Sale de su casa, corre el tapete y luego levanta una ancha puerta trampa. De ahí jala una enorme hacha de dos filos, uno más grande que el otro. Un diamante negro se encuentra en el ojo. La empuñadora es ergonómica y la uña tiene adornos. Es un hacha gigante y ridículamente pesada que requiere de gran fuerza para ser usada propiamente.

Armada.

La empuña y anda hacia adentro. Mira a todos lados, buscando al intruso. Nada. Todo está libre… excepto su nido de amor. Sus dedos aprietan más fuerte la empuñadura y rechina los dientes.

De una feroz patada tumba la puerta y grita como una temible bárbara, sedienta de sangre y dispuesta a descuartizar a cualquiera.

El arma cae de sus manos.

Reconoce a su amado, desnudo y recién bañado y con cicatrices nuevas, además de un ojo menos. Él no se puede contener y corre hacia ella para apretarla en un feroz abrazo, en un duelo de amor y a muerte. Lágrimas se desbordan por las mejillas de ambos y el corazón palpita con aún más amor, a punto de explotar de respeto, cariño y eternidad.

El sol los presentó y la luna los juntó.

Está entregando cada parte de su corazón. Cada canción que le ha cantado de sus labios y cualquier miedo que tenía su alma lo está dejando ir. Y cualquiera que pregunte él les hará saber: Ella es la correcta, lo dirá alto, ella es la correcta; lo dirá orgulloso.

Toca la campana, toca la campana.

Él le dirá al mundo que ha encontrado a la chica por la que puede vivir, la que él se merece. Para darle a todo su corazón un motivo para volar.


-Eres demasiado lento, debes alcanzarme.

Y baila sacudiendo los brazos, las caderas y moviendo el cuello mientras el torso anda por todos lados.

Quiere ir de fiesta, quiere ir de samba, quiere ir de fiesta, quiere ir de samba. Y vivir su vida e ir de fiesta y volar como un ave. Así que déjala volar como un cohete y entonces volar tan alto que deberá bajar por oxígeno, porque una vez que empieza, nunca termina. Eso porque bailar requiere menos condición física que entrenar y luchar.

Ella sólo quiere ir de fiesta, cantar y vivir su vida.

Se encuentra en Comodo y es el alma de la fiesta. Lleva bailando toda la noche bajo las luces y sin efecto alguno del alcohol. La gente alrededor se contagia de su rutina exagerada y animada. De un segundo a otro le dio por bailar. Y es que sabe que si no hubiese sido discípula de dios, habría sido discípula del pecado, está en sus caderas.

-Déjame llevarte a Comodo.

Canturrea a los turistas que pasan por ahí, invitándolos con una gran sonrisa a visitar el bar. Esta ciudad podrá ser considerada uno de sus hogares.

Es una terapia nueva que ella está inventando y saldrá a relucir en el futuro.

Ahora mismo Blood es una estrella en el bar cómodo y de buen ambiente.


¡Libérenme!

Grita, retorciéndose sobre sus ataduras mentales y sobre el suelo. Se arrastra con sus brazos rodeándole su torso, como si tuviera la peor comezón de la historia. No se encontraron restos de ella, sintiéndose caliente con cada sonrisa falsa. Aunque no se encontró evidencia alguna de que el rey cometió el crimen, ella lo sabe. Esa idea nunca se le fue completamente, trataba de esconderla pero el sonido impío le apartó los días y le apartó las noches. Además de que se la implantaron muy bien, muy hondo.

Oscuras fuerzas la jalan bajo tierra y el sentimiento nunca se fue. ¿Cómo puede sentirse tan vacía? No se recuperará con el tiempo, esa soledad la está matando. Gime, grita y gruñe, poseída. ¿Alguna vez conocerá la paz de nuevo? No lo cree, no podrá lograrlo. Lo tomará como otra señal, el terror la cruza, temiendo el momento en el que tenga que soñar y sentirlo morir de nuevo, a su amado. Lo pierde cada noche que le es posible dormir.

Vive en un asilo, una mentira. No sabe que sigue enamorada de él, que por eso sigue cometiendo pecados y desastres. No estaba lista para el asilo, para dejarlo ir y ahora mismo le está arrastrando a la tumba de él.

Imágenes de la muerte le rodean de nuevo, están detrás de ella y le van a encontrar. Juicio para el pecado inmortal que la ha envuelto completamente. Sabe desde hace rato que nunca más iba a toparse con una noche pacífica, adorada. Está temerosa aún de que ellos le escuchen, de que no le teman y de que le apliquen castigo por el crimen inmoral. Su cabeza truena una y otra vez como neuronas en orgasmo. En el final no habrá sufrimiento (más sufrimiento), en el final ellos se enterarán de todo (de nada), en el final tú cuestionarás tus creencias (qué creencias) y al final ella descubrirá como ella fue engañada. Esto ha ido demasiado largo: no más sueños demoniacos.

¡Destructor, ven hoy!

Rueda sobre las sábanas del difunto rey, sobre la cama real. Se enreda en las lujosas telas y después comienza a andar, como reina vestida y elegante. Balbucea cosas sin sentido y da órdenes al aire. Luego se despoja de su atuendo improvisado y gatea sobre los tapetes, buscando pedazos de corazón de su antiguo amor, el ejecutado por órdenes del rey. Encuentra un par, todos ilusorios, por supuesto. Los junta y los arma en un enorme y precioso corazón mental, cada día más grande. Y cada día su rutina es la misma, desde que se acuerda del incidente.

Mientras fantasea de día, de noche también lo hace. No se ha alimentado en varios días, a pesar de que sus enemigos se acercan cada vez más. No lo sabe ella ni lo saben sus enemigos, pero el destino nos tiene sorpresas y por eso lo podemos culpar, ya que no nos avisa. Todo es negativo, negro, cruel y huesudo en su futuro. De haber nacido en otro día, quizá nada de esto hubiera sucedido. De haber nacido con menos amor, quizá nada de esto hubiera sucedido. Todo es una prueba de Dios, o quien se supone que es dios en realidad. Habiendo tantas religiones en existencia, ¿a cuál creerle?

-Te liberaré.- dice una voz familiar, ronca. Su rubio cabello es lo primero que nota la gitana. Es ese oro opaco que vio antes. Un tono de piel bronceado, quemado. El sol, como él, es implacable. Un caballero que es experto en la lanza. Lleva su armadura típica, el uniforme de soldado y de justiciero.

Rose reacciona y comienza a arrastrarse hacia él, como polilla al fuego. Sin darse cuenta se cae de bruces de la cama y comienza a gatear otra vez, importándole poco lo mucho que le arde el mentón y las manos. El caballero la contempla y se arrodilla para recibirle con los brazos abiertos después de un largo trayecto. Ella se acomoda como puede, sobre la dura armadura y le rodea por la cintura con sus delgados brazos, apoyando la cabeza en el vientre ajeno. Eltosian le pasa la mano derecha por el rostro, con el metal y el cuero lastimando la exquisita piel. Ya no hay enemigos imaginarios y tampoco rutinas de combate, sólo ideas patrióticas y fanáticas. La bailarina gime tantito al sentir el duro, tosco tacto. En todo el tiempo en que él la estuvo manipulando, nunca pudo poseerle una caricia de verdad. La trata de forma cruel, haciéndola parecer un títere maltratado y con pintura rasgada, con astillas y cuerdas rotas.

-Lo único que te pedí es que causaras la guerra. Y no pudiste.- se queja Eltosian con un tono de voz desconocido para nosotros: áspero, grosero. Comienza a susurrarle insultos y Rose comienza a chillar.

Ella está ahí otra vez, a miles de millas de distancia de él como un desastre roto. Trató tanto, pensó que ella podría sola y por su cuenta pero se dio cuenta de que no. Ha perdido demasiado en el camino. Entonces Rose mira la cara de su amado, en el rostro de Eltosian. Sabe muy bien que es imposible que viva pero le sigue viendo ahí. Ella por fin es de él, nuevamente. Lágrimas se desbordan por sus mejillas y dan al suelo mientras sigue delirando a su amado en el ser que no es. Por fin todo tiene sentido y pensó que ella le había perdido antes. La bailarina vino a él en forma de piezas cuando él la llama por su nombre, para que él pueda hacerla completa. Vino desecha pero Eltosian le da un sentido a su identidad como piezas de rompecabezas en su mano.

El caballero repara en su error y comienza a arrullarla, balanceándose un poco mientras le hace ruidos con la boca. Las lágrimas ya no salen y las que están en el piso se evaporan.

Cuarto enorme y elegante, el cuarto real. Pinturas, muchas pinturas y adornos exagerados. Es por ese tipo de cosas que Eltosian comenzó a hacerla de titiritero con la mujer en pedazos. Demasiados lujos innecesarios que no tienen función real, sólo dan emociones.

-Si tan sólo pudiera hacer un trato con Dios.- se ríe Eltosian sin dejar de arrullar a Rose.

No le duele. ¿Quieres saber cómo se siente? No podrías. La mezcla de experiencias, enseñanzas y pensamiento necesitan ser demasiado precisas para saber qué siente. Podrás entenderlo pero nunca saber qué siente.

-Pero te liberaré.- le susurra al oído mientras la suelta. Ella al principio se resiste a abandonarlo pero la fuerza ajena es superior, así que no le queda más remedio que permitirle irse. Cierra los ojos ella y se desparrama sobre el suelo como vino desperdiciado.

Cuando recupera el conocimiento, no entiende.

-¡Justicia!

Grita una muchedumbre salvaje que le rodea. Ella se encuentra con grilletes en manos y pies, acostada en lo que parece ser madera. Alza un poco sus ojitos y es una plataforma de madera de unos dos por dos por tres metros con un mar de gente alrededor. Reconoce algunos edificios a ojo rápido y se encuentra en la capital, Prontera.

El cielo está muy azul y brillante. Eso significa que ha pasado al menos una noche, suponiendo lo más positivo.

Pero está viva y eso no va a cambiar ahora.

Se levanta de forma inmediata y contempla rutas de escape. ¡Tiene que sobrevivir! Al final el instinto de los fuertes es el mismo: prevalecer. Está tan concentrada buscando como eludir a todos que no se da cuenta de que sus manos están atadas con grilletes de pies y manos pero eso no le reduce el espíritu. Este brilla con más fuerza, haciéndonos saber que en realidad sólo tuvo un mal pasado, ella nunca fue mala del todo.

Pero sus preciosos esfuerzos son en vano: el piso se derriba debajo de ella y entonces su propio peso le traiciona: una soga está atada a su cuello, comenzando a asfixiarla. La soga está en forma vertical y se sostiene de arriba, una columna que no vio al principio.

Una horca.

Sacude los pies como puede, tratando de nadar hacia arriba. La gente grita más enardecida, culpándola de todos sus males: la pobreza, el hambre, la mala sociedad, problemas de amor y demás tonterías.

Comienza a asfixiarse por su propia lengua. No se produce un ahorcado azul ya que el nudo es lateral. La altura no fue la suficiente, así que no muere por shock medular. Luego una sensación de dolor de cabeza se apodera de ella, sus oídos zumban y su cerebro deja de analizar bien la situación. El cuello duele todavía más que la cabeza. Y tristemente no pierde el conocimiento. Sólo después de varios segundos comienzan las muecas producidas por contracciones de los músculos en la cara. Aún sigue tratando de sacudirse, de nadar.

Su último respiro es de perdón al mundo. No sirve de mucho morir con rabia, ahogado en ira.

Lo más especial es cómo cae un arete suyo al suelo. Es un arete de un sencillo diamante y que estaba en su oreja derecha. Besa el suelo con un clinc inaudible para el mundo pero no para Dios.

Como una panda de criaturas inferiores a los animales, vitorean su muerte. Una justicia inexistente por fin se realizó y ya están pagados los crímenes que ella cometió en contra de su reino.

A lo lejos, Eltosian contempla con una sonrisa y con la mano en la empuñadura de su arma. Ha quedado impune.


Al principio se niega a creerlo. Pero conforme corre hacia la plaza central donde encuentra una muchedumbre dispersándose después de varias horas, asimila que es verdad. Todos se marchan con una cara de satisfacción perversa, inútil.

Su armadura es nueva pero no la utiliza por celebración, la utiliza porque Angellore en secreto le hizo una armadura aún mejor que la anterior, para distraerse en sus días de ausencia. Es brillante, a diferencia de este día. Placas más delgadas pero muy bien dobladas de tal manera que imita la dureza de modelos anteriores y por lo mismo encarece costos, aunque permite mayor movimiento.

Un vendaje hecho con amor cubre su ojo perdido. Le da varias vueltas a la cabeza y le peina de una forma graciosa.

Segundos después, llega a la plaza central. Un terrible remolino de emociones le revuelve las entrañas y la lógica. Trata de vomitar y llorar a la vez pero logra contenerse apretando los dientes y los puños. Su único ojo comienza a batallar para mirar bien, así que lo cierra y se fuerza a sí mismo a respirar con más calma.

Dura un minuto así, donde es imposible calmarse. Intenta mantener su color. Le empapa la sensación, los demás colores que se le quieren pegar encima y arrojarlo a la pared. Ella le miró a los ojos tiempo atrás y vio lo que había debajo. Él trató de cuidarse en ese entonces pero no resultó. El círculo estaba completo y todos los veían. Sólo ella podía tocarle.

Anda hacia adelante con una voluntad inquebrantable y frágil.

Sus protegidas manos le toman los pies con sumo cuidado. El guantelete de metal no deja marcas en la piel seca, pálida. Esos pies probaron alguna vez miles de zapatos. Luego él con sus brazos trata de rodearla entera, como Dios manda en un abrazo, pero sólo logra tomarle de las piernas y ocultar su rostro en la corta falda. Aún cuando le lastimó de forma física y emocional, la amó como a nadie. Magia indescriptible, conexión real. Fue una relación muy peligrosa pero también un amor muy puro. Astillas, espinas y armas punzocortantes atacaban sus corazones de forma mutua y diaria. Aprendió muchísimos trucos en la cama, en la vida diaria y sobre las señales de un buen amor. Le debe mucho, quiera o no.

Masaho no derrama ni una lágrima.

¿Por qué, por qué?


El cuerpo dura colgado al menos seis horas.

Nuestro reino se está pudriendo desde adentro. Cuando había esperanzas de mejora, una corona de espinas les cayó a todos.

De forma particular, una figura pasea por ahí. Dejó Comodo porque estaba preocupada, curiosa. ¿Una ejecución pública? No es algo que suceda todos los días. Y si fue algo tan fuerte, seguramente no permitirán que los sacerdotes limpien el cuerpo y le den un entierro digno. Así que ahí es donde entra ella, a pasear y a aprovecharse de la situación. No será una gran servidora de Dios pero te aseguro que transmite su mensaje general: paz, perdón, amor. Siempre lo hizo, sólo que de forma distorsionada. Y luego cuando dejó la bebida y las guerras, miró con mayor facilidad el rostro de su creador. Pero no, no es una fanática religiosa. Sólo es una persona inteligente que comprende que existe un poder más allá de su comprensión y que para sobrevivir como humanidad hay que trabajar juntos.

Se acerca más rápido de lo que se acercó Masaho.

Y las memorias de ella también se revelan pero de una forma menos violenta, sólo triste. Es la gitana que alguna vez conoció y le ayudó a enterrar a su novio, quien era un sacerdote de Dios. Ella, quien nunca supo su nombre, fue la primera mujer fuerte que conoció. A lo largo de los años ha conocido a varias pero ninguna dejó una impresión tan sólida como ella: cubierta de tierra, uñas rotas y sudada para darle una sepultura digna a su amado. Y debajo de toda esa cubierta terrenal, una belleza extraordinaria.

La contempla por varios segundos, preguntándose millones de cosas.

De un salto certero aterriza sobre la plataforma de madera. Toma la cuerda con la mano derecha a una altura sin importancia y usando su palma libre como navaja, corta la soga por encima de la otra mano y el cuerpo no toca el suelo. Jala la cuerda hacia arriba, arrojando el cadáver de la gitana al aire para luego atraparla con ambos brazos. Como podrás notar, su fuerza no está ausente ni se ha perdido. La aprieta contra si sin importarle si la descubren o no. Después se marcha a paso rápido, desmintiendo su falta de preocupación.

¿Quién es inocente? Nadie lo es. ¿Acaso es relevante al mundo hoy? Ella sacude su cabeza en desaprobación mientras el asesino camina, liberado por hombres malvados en su farsa oscura. ¡Esto no puede estar pasando! El orgullo egoísta de un caballero, el homicidio de una criatura, ¿pueden culpar a esta última? Los buitres dando vueltas, acechando. La crueldad de un caballero asesinó a una familia, ¿el mundo está loco? Los defensores listos para abrazar las mentiras de sus sinuosas sonrisas.

¡Le debes al mundo una disculpa!

Tu corrupción es como un cáncer creciendo adentro. Te han enseñado que la verdad es fácil de esconder pero enfrentarás tu juicio otro día y sufrirás eternamente.

Un par de cuartos de horas después, Blood está detrás del templo de Dios donde conoció a la gitana. Entró sin que le vieran sus compañeros de fe y tomó prestada una pala del cuarto de herramientas. Grave error porque le faltó tomar el pico para suavizar primero la tierra. Se da cuenta de esto muy tarde y comienza a luchar contra la tierra, rodeada de tumbas y cansancio.

Pasan muchos minutos y cuando por fin logra cavar un hoyo lo suficientemente grande para depositar a la dama y permitir que descanse de forma eterna y agradecida, la muchacha viva nota que le falta un arete.

A puro ojo trata de percibir el objeto perdido pero sólo la mira a ella con una manta debajo, postrada y tranquila. Parece que estuviera dormida, esperando la siguiente función para actuar en el circo. Hasta le entrelazó los dedos sobre el vientre para hacerle la espera más dulce.

La noche le contempla y le contempla, curiosa. ¿Cuál será el siguiente movimiento de nuestra heroína?

Delibera por varios minutos y suspira, rendida. Tendrá que regresar al lugar de la ejecución para encontrar la pieza, asumiendo que efectivamente se encuentra ahí.

A veces siente que nunca tendrá una pareja. La Vie en Rose, que murió por su amado y esta por ella, al parecer, le hace pensar eso.

A veces siente que ella es su única amiga. Aún cuando convive a diario con su adorada Valsione y otros vecinos, no se siente del todo bien. Parece que vive en una ciudad de ángeles. Al final nadie la comprende por completo. La entienden pero no la comprenden. Ella siente que entender es saber porqué hace eso y que comprender es sentir lo mismo.


¡Ahí debería estar!

¡Pero no está!

Su calmado rostro está endurecido, arrugado.

¿Quién se atrevería a robarle el cuerpo que le pertenece? Cuerpo que poseyó y amoldó más de una vez. No logró convencerla de olvidar a su viejo amor pero logró manipularla para sus planes: ¡El bien común! Sí, como un tablero de ajedrez. A veces para poder alcanzar a la victoria se requieren sacrificar piezas.

El bien común: purgar el reino de la mala hierba y la suciedad. Limpiar por completo los pecados y empezar desde cero. Él cree en el orden cívico y es mal visto como un villano por nosotros. No debemos verlo así. Él sólo quiere mantener el orden y el control a todo costo. Aunque es mucho más fácil dominar el mundo explotando una debilidad en el sistema o romper el actual y empezar uno nuevo. Es gobernar con puño de hierro. ¡Adora al puño de hierro! Lo que en realidad hizo nuestro héroe fue obtener buena publicidad jugando por las reglas establecidas para luego desatar sus mal comprendidos planes. Su forma de ser es MUY peligrosa: representa una forma intencional y metódica, y frecuentemente exitosa de maldad.

Mantiene su conducta, su propio código siempre. Nunca lo rompe. Incluso ahora, que mira de frente a Blood, a su mejor amiga.

Eltosian se fue unas muchas horas para despejar su mente y planear el siguiente paso de su gran golpe. Cuando regresó a contemplar su bella obra de arte, la colgada, esta desapareció. Preguntó en los alrededores pero nadie vio nada. De un segundo a otro se había esfumado.

Ambos en la plaza, mirándose fijamente, esperando a que el otro hable. Están a una docena de metros del sitio de ejecución, así que no se levantan sospechas de inmediato. Sólo actúan con cautela, esperando a los movimientos del otro. Encontrar a alguien en un lugar tan curioso causa paranoia.

¿Cuándo llegó ahí su amiga?

-¿Por qué el enojo?

Suelta la campeona, curiosa. Ladea su cabeza un poco, imitando a un gato que no entiende lo que sucede. Nunca lo había visto así. Quizá serio o preparado, pero nunca tan enojado.

-Oh, nada. Estrés. Ya sabes, cosas de la vida diaria.

Responde de una forma seca y evasiva Eltosian. Su tono es nuevo. Algo que no le ha dicho se nota de forma simple.

-Ven acá.- se ríe Blood y le rodea con sus brazos sin pensarlo. Ha abrazado a Eltosian en ocasiones anteriores pero muy contadas. Ella sólo tiene cuidado de mantener su mano derecha en puño. La izquierda sí se amolda a los hombros del caballero. Suspira y luego respira. Y cuando respira, el mundo que construyó con él se destruye. Un aroma curioso, conocido, le entra en la memoria. Es el perfume de la gitana, de La Vie en Rose. Es un olor dulce con especias y productos naturales. ¿Qué significa eso?

Antes de que Eltosian pueda responderle al gentil abrazo, ella lo suelta y lo empuja. Eltosian retrocede unos pasos, notando que efectivamente la fuerza de su amiga no es la de antes. Luego le pregunta en voz alta:

-¿Qué sucede?

Ella sin pensarlo abre su mano derecha. Los dedos medio y pulgar detienen algo.

Los ojos de su aún amigo se dilatan. Entre todas las personas que pudieron haber encontrado ese mísero objeto, ¿por qué ella? ¿Por qué ella, Dios? ¿Acaso ella es la única que le conocerá mejor que su esposa? No, no tiene sentido. ¡No ella! ¡No una guerrera loca y ex alcohólica! Es entonces que Eltosian comienza a asimilar que todos estos pocos años de amistad y amor fueron en vano. Que todos sus planes, éxitos y riesgos se tiraron por la borda. Ya no hay vuelta atrás, ya no hay forma de perdón. ¡Todo acaba ahora!

Blood, entre sus dedos protege un arete de diamante. Arete que pertenece a la misma dueña del perfume. Ella se pregunta qué hizo Eltosian. ¿La entregó, la mandó ejecutar, sólo la capturó? Algo no le está diciendo, y por cómo arruga su rostro el caballero, es algo muy serio.

La temperatura se eleva. Los ánimos se encienden y los corajes son enormes hogueras que besan a Dios. Pero todo se interrumpe cuando Blood adopta una pose desafiante: mano izquierda en la cadera, espalda hacia atrás y con la mano derecha en pulgar que señala al suelo.

-Aquí no.

-¿Dónde?

Y prendiendo fuego en cada madrugada.

Salta, ríe, baila.

Ambos marchan, imponentes, hacia una guerra que ellos mismos crearon. Dan pasos pesados y lentos, moldeando el suelo a sus gustos. Si no los conocieras dirías que van a dominar la torre de Thanatos o el volcán de Thor. Con sólo mirarle a los ojos entenderías que son más que humanos, son dioses de la guerra y de la victoria. Más de mil se pensarían estorbarles en su caminata.

Las respiraciones tranquilas y pausadas, agarrando ritmo de la batalla que está por venir. Corazón de mitral, ojos de fuego y nervios de acero.

La sed de sangre no es muy obvia que digamos. Se contienen sólo unos minutos, casi horas, en lo que consiguen una arena adecuada para sus necesidades. Hay un vacío y se piden perdón sin gritos. Y si pudieran pedir un deseo, desearían que no fuesen así.

Por los viejos tiempos han regresado a un castillo de Aldebaran. Se encuentra al noreste del jardín de piedra. Su amplia entrada dirige a unos escalones sin propósito alguno más que el de presumir la bandera del dueño del castillo. Después un corredor largo y especial como serpiente con tres escaleras dirigen a una puerta con engranes y un elegante reloj encima del arco. La siguiente habitación lleva a una amplia sala de estar con lechos a la derecha y una fuente seca a la izquierda. El camino hacia arriba se divide en dos escaleras diferentes para luego unirse en el mismo sendero. Un trono a la izquierda y una puerta en la pared siguiente.

Un cubo con el portal a la siguiente habitación se nota después de varios metros. El cubo se eleva del suelo más de cinco metros de altura. Al oeste, norte y este del cubo se encuentran los portales que podrían llevarte a la cima del cubo o no.

Para ahorrarse molestias y para presumir, la campeona dobla sus piernas y extiende los brazos hacia adelante. Luego echa a correr en dirección al cubo cuando se encuentra a tres metros de distancia. Con el pie izquierdo crea su propia gravedad y con el pie derecho desplaza esa misma gravedad hacia adelante: camina en la pared. Varias zancadas después termina encima del sol tallado con horas y amores derramados. Muchísimos segundos de su vida desperdició aquí, esperando la orden impaciente para entrar y armar caos en el gremio enemigo. A veces entraba sola y sin control para sólo burlar las defensas con saltos y provocaciones vulgares. Eso le otorgaba a su gremio impresionantes entradas. Pero claro, no todos caían. Había gente que lograba mantener su temple, gente como su mejor amigo. Él esperaba el momento justo para ordenar que la abatieran: en el aire. Estando en el aire es imposible esquivar ataques. Los más comunes eran las flechas duplicadas. Estas siempre se clavaron sobre el torso de la campeona y su espalda. Ella en el aire, giraba para proteger sus brazos y piernas. Prefería perder el corazón o sus pechos que sus armas.

De tanto caer al suelo sin gracia y bañada en flechas, poco a poco aprendió a atrapar las flechas con sus manos y a rechazarlas con sus piernas. Fue entonces que Eltosian ordenó a sus hombres a que la atacaran con lanzas y jabalinas. Estas aprendió a regresarlas con feroces coz. Fue entonces que se vieron OBLIGADOS a atacarla con magia para que no les cayera encima como perro rabioso destrozando un campo de girasoles.

La magia, la complicada magia. A esta nunca aprendió como burlarle. Tan volátil, poderosa y dependiente. Siempre eran necesarios los malditos profesores y sabios. Nunca le han simpatizado del todo. ¿Qué clase de persona no usa su propio cuerpo para vencer? ¿Qué es eso de callar a las leyes de la física? Ella, por el contrario, desobedece a las leyes una por una. Vuela cuando debería.

Estaba absorta en sus pensamientos vacíos cuando el rubio por fin entra y aparece frente a ella. Su mirada se ha suavizado, como reconociendo su destino. Si va a luchar por lo que cree, que sea en sus plenas facultades.

Imponente, guapo y bien preparado para todo: dejó el corazón atrás y carga su fiel lanza en la mano izquierda. Ella no está preparada del todo pero no lo necesita.

El caballero renacido hace un ademan con la mano derecha para que ella entre primero, porque vamos, es una dama al fin y al cabo. La campeona, lejos de ofenderse como le es costumbre (golpeo demasiados hombres que querían ser corteses con ella) acepta.

Todos saben cuándo deben asustarse.

-Moriré enojada si te atreves a subestimarme.

Brama sin darle la cara.

-Como gustes. No será bonito.

-Y tú no vas a disfrutarlo.


Él dejó caer su corazón y mientras ella se acercaba para reclamarlo, Masaho estaba en la oscuridad y exterminado. Hasta que ella le besó los labios y le salvó. Sus manos siempre han sido fuertes, las rodillas no. Él aprendió a pararse en os brazos de su amada sin desfallecer en ambos extremos inferiores.

Pero hubo un lado que Angellore nunca le conoció a su amado. Todas las cosas que la otra dijo nunca, nunca fueron verdad. Los juegos que jugaron Masaho y La Vie en Rose siempre ganó la fémina. Pero él enciende fuego a la lluvia. Lo pudo apreciar mientras le tocaba el rostro a su amada herrera. Bueno, en realidad quemaba mientras lloraba porque la escuchó gritando su nombre. Cuando se encuentra a lado se su futura esposa puede quedarse ahí para siempre, cerrar sus ojos y ellos dos juntos eternamente, nada es mejor.

A veces cuando ella se despierta cerca de la puerta y lo escucha gemir su nombre en sueños, sabe que él la está esperando.

Se aburre de contemplarlo y le salta encima con un brinquito. Su novio se sobresalta y abre sus ojos, recién despertado. La cama tiembla y las sábanas se arrugan con el peso de los dos. Masaho desnudo mastica el aire y luego la busca torpemente con sus brazos para rodearle y apretarle contra sí. Batalla unos segundos para dar con ella. Entonces sus dedos le perfilan la moldeada espalda a su bella amada y delinea los músculos como pintándolos.

-Buenos días.

-Buenas.

-¿Qué me harás de desayunar, chiflado?

-Uh…


El cielo se quema literalmente para ellos dos. Todo lo que han creado, cuidado y construido no es nada ya. La confianza, el amor y el respeto. En estos momentos se entregan un coraje intenso y una rabia más que exagerada. Vamos, yo estaría igual, ¿tú no? Esa hermosa máscara que tenía tu mejor amigo por fin se revela como tal. Debajo de su piel sólo hay sombras, caos y mentiras. Esto aplica para ambos: Eltosian se presentaba como un ángel del señor, alguien respetable y amable. Blood se presentaba como una demente demonio, sedienta de sangre y desorden.

Cada uno posee la fuerza de mil hombres.

A cada impacto y pedacito de amor que se arrebatan todo el cuarto retumba. Truena, truena. Ambos mantienen su línea de fuego como si fueran superados cuarenta a uno. El cielo nuevamente arde, poseído de sus indomables almas.

La pierna derecha de Blood la mantiene firme. La lanza de Eltosian le ayuda a erguirse. Sangre a mares se mezcla con la bella agua que adorna el cuarto del emperio. Ésta adquiere un tono rojizo que es reflejado la cerrada edificación. La luz natural del castillo les ilumina perfectamente.

Sus alientos son eternos.

A través de estas semanas la campeona ha aprendido a manipular sus puñetazos para abrir cortes o perforaciones en la carne desprotegida. Endurece su palma o junta sus dedos y es entonces que deja de ser un puño y parece más un estoque o una espada larga. Le ha retirado ya varios pedazos de armadura al caballero con éste método tan particular.

Ahora es el turno de él: baila arrastrando pasos, empujando el agua. Forma un templo de oscuridad con su postura tan cerrada. No hay ninguna abertura. Los espacios del cuerpo son nulos y la lanza se encuentra en su mano derecha, con el resto de su ser inclinado un tanto hacia la izquierda. Cualquier ataque que se le realice será obligatoriamente hacia la izquierda. Tiene tiempo y velocidad para cubrir lo que le avientes.

El portal le saluda a Eltosian a dos metros de distancia. Y saluda a Blood a cinco metros de distancia.

Piezas de metal forjado y bellamente trabajado se esparcen por toda la habitación. Las cadenas que protegen el emperio están incompletas y esos pequeños pilares también. El piso presume de quebraduras y fracturas. La lucha ha sido tan bárbara e inhumana que incluso se aprecian ropas de mujer por ahí perdidas en el agua. A veces uno se pregunta quién resiste más: ella o él, porque él necesita armadura y ella sólo necesita voluntad.

El ángel entonces extiende sus alas. La demonio relame sus colmillos.

A veces he pensado como sería yo de rubia.

Seguramente has sentido cuando alguien manipula tus decisiones, tus sentimientos. Como si una fuerza externa te arrebatara pequeñas gotas de voluntad para luego envenenarlas y devolverlas a ti. Un vacío impresionante se apodera de ti. Impresionante, muy impresionante. Sólo queda seguir apretando los dientes y tensar aún más los músculos. Al final del día, si sobrevives y vuelves a tu cama, habrás aprendido algo. Que la vida no es justa, ¿verdad?

La cota de mallas que protege al rubio ha sido rajada en más de una ubicación de forma inteligente.

Entonces sucede algo que sorprenderá a las nuevas generaciones (bueno, en realidad no ya que esas nuevas generaciones ya están con nosotros, pero en su tiempo, se hicieron la base): Eltosian empuña su Brocca con ambas manos y la extiende en contra de Blood. Logra prendarla por debajo de su hombro izquierdo y jala contra sí, como un feroz titán de las profundidades en busca de venganza. Es como una estocada fantasma. Los dos cuerpos chocan en el aire y es obvio quién sufre más al no poseer armadura.

Blood aprieta los dientes y sus movimientos se congelan. Los nervios comienzan a fallarle.

Para obtener aún mayor poder, debe dejar a un lado su humanidad y convertirse en espectro. Ese será su nuevo principio; para hacerle un artista marcial de talla superior, uno debe olvidar su debilidad, la debilidad se tener clemencia contra sus enemigos. Ahora hará un camino solitario para incrementar su poder y olvidar su humanidad, es entonces que se hará un arma de guerra: implacable, despiadada, cruel.

Aprieta sus puños y sus músculos, fibra por fibra. Invoca ahora no un fragmento de su alma ni cinco. Sino quince. Por si fuera poco entra en el mismo estado de furia y además se hace daño a sí misma cada segundo, quemando su bello cuerpo.

Eltosian no da crédito a lo que ve. ¿Quince? Ahora tenerla tan cerca no parece buena idea: la golpea con su lanza una vez más y la azota contra la pared contraria a la entrada del cuarto. Pero nuestra querida no se inmuta ahí, apoyada en el muro. Este incremento de poder durará poco más de minuto y medio.

Como un dragón que sale de lo más profundo de la tierra hacia el cielo para burlarse de éste último.

La sorpresa de Eltosian es evidente. ¿Cuándo adquirió tanto poder? ¿En qué momento decidió ignorar a Dios? ¿Es ella la nueva avatar de la destrucción? ¡Pero basta de tonterías! Estamos aquí por los dos, no sólo por Blood. Eltosian tiene seguidores también.

El caballero, que está cerca de trascender una vez más, contempla a la cornuda frente a sí. Da unos ligeros pasos hacia adelante, moviendo el agua rojiza y creando ondas divertidas. Es una suerte que no haya dientes flotando. El metal de sus botas rechaza el cariño ensangrentado. El agua le estorba en sus maniobras, le distrae con el ruido y el aroma se está tornando desagradable.

¿Cuándo habrá acción? Justo ahora.

Sus sutiles pasos ahora son feroces zancadas que lo acercan a su contrincante en una poderosa carga, digna de una justa de los más nobles caballeros del reino. Pisotea el suelo con rabia y se prepara para la gloria. A unos segundos de colisionar con una estática campeona, ésta libera un rugido más potente que todos los anteriores que les he compartido. Es un grito de guerra, un aullido de los ángeles. Una voz infernal que congelaría hasta al mismo Dios.

No va a dejarlo, no para bien. Él fue el real y ella fue su tonta. Engañados por la noche y tomando el veneno. La campeona sanguinaria se fue del reino por días y el caballero leal se encontró abandonado y vulnerable. Una marioneta en la noche canta su canción mientras el rubio se bebe el tóxico. Sus inexistentes tacones en la acera añaden ritmo al sonido de la capital más difícil de habitar. Ningún bar en la capital sostiene mano nueva. Ella no se sabe su nombre oculto y no necesita angustias o penas.

Dicen que la música la llevó por mal camino.

Eltosian poseía un lugar que estaba en la misma calle si ella iba caminando por ahí. Caballero orgulloso que tenía una visión invencible y frágil ante las apariencias y las palabras. Él puso la música correcta para los dos, música que la llevó por mal camino, tocándola como él debería pero Blood estaba liderando el andar. Moviéndose por el perímetro femenino. No puede hablar, no puede respirar. Simpatizando con un accidente cuando el tiempo parece detenerse. La mañana respira muy suavemente cuando yo estoy despierto. Necesito algo para matar este aburrido dolor. ¿Has estado durmiendo bien o sigues en la capital? ¿Estás tomando el veneno e ignorándome? Ella está cerca y él no lo sabe.

Su poderoso pie le da un hachazo en el torso, deformando y tronando el metal que protege el hombro izquierdo. La pierna cruza la vista de los dos combatientes. Todo vuelve a la realidad: le duele el cuerpo, le sangran las heridas y le odia el corazón. Hace unos instantes se congeló en el tiempo porque tuvo miedo: ese desgarrador rugido le despojó de su valentía por unos cortos instantes. No supo más hasta que la tortura reapareció en forma de demonio.

Pero es momento de componerse: sin separar su dolido ser de la agresora, levanta su lanza en forma de luna menguante con sus dos manos y golpea el suelo. Lo que se forma como resultado es una terrible onda de choque que rompe la barrera del sonido y estalla contra el ente demoniaco. Dicha forma de daño no posee efectos visuales más que la grieta en el suelo y la nueva sangre de la campeona.

La pierna izquierda cede y Blood cae al suelo sobre sus rodillas, cansada. Respira sin control y su cuerpo ha comprobado que no es el mismo de antes. En situaciones donde era inmune a la fatiga, ahora se muestra delicada. Pero eso no es lo peor de todo. Lo peor es que Eltosian sigue frente a ella. Se encuentra expuesta a un ataque o incluso un golpe de gracia. Escena memorable: el hombre baja su lanza y enseguida se sienta frente a la mujer, adoptando una pose de relajación. La tensión comienza a esfumarse. El arma yace atrás de sus pies mientras las manos se encuentran en sus propios muslos.

Un pequeño intervalo de paz.

-¿Por qué?

Jadea Blood.

-Porque es necesario.

Bufa Eltosian.

La forma perfecta de esclavizar a un ser es decirle que es libre.

Minuto, minuto. Pasan dos de ellos para que Eltosian se recupere un poco y Blood pueda recuperar energía espiritual. No es que la esté subestimando sino que ambos han adquirido habilidades nunca antes pensadas que deberán transmitir de una forma u otra a las siguientes generaciones. Probablemente con leyendas. Y ser una leyenda mata.

Una corta e innecesaria tregua. Ya está escrito todo. Bueno, forjado.

Cada vez se están rompiendo más. Entonces la campeona choca sus puños con fuerza al tiempo que se levanta de un salto. El caballero asiente con la cabeza y se reincorpora despacio. Ellos nunca más serán deshonrados ni les matarán la inspiración. No permitirán que esto pase de nuevo. Las opciones son infinitas, negando el pecado.

Un metro los separa y entonces nada los distancia: Blood le surte una ráfaga de rápidos golpes que son desviados por una serie de feroces estocadas. Movimientos sobrehumanos y rápidos como el trueno y la sangre. Parecen dos indomables almas luchando por un pedazo de cielo.

Y en realidad parece una práctica de boxeo donde se enseñan el uno al otro sus movimientos básicos. Giros aquí, giros allá. La dama ha recurrido a patadas bajas pero el hombre logra defenderse con la punta no afilada de la lanza. El equilibrio se rompe: Eltosian da una punzada y Blood sube su brazo derecho y desvía su torso unos centímetros y de inmediato baja su extremidad, atrapando la lanza de su amigo por debajo de su axila. Sin esperar su mano aprieta lo largo de la alabarda y jala hacia sí misma. Sin esperar levanta la rodilla y luego da un salto con la pierna sana. El resultado es un brutal y duro impacto en la mandíbula de Eltosian que amenaza con dejarlo inconsciente. Trata de darse un respiro liberando su alma pero Blood no lo permite: tan sólo de aterrizar le propina tremendo guantazo en el vientre, liberándole sin preguntar todo el aire necesario.

Un agudo quejido se alcanza a escuchar. La salvación no será para ninguno de los dos. ¡Salvación! ¡Salvación! ¡Salvación! Está sobrevalorada estos días.

La campeona se arrodilla por un breve instante y aprieta con todo su coraje la mano izquierda. Con sangre nueva libera parte del poder de Dios de nuevo en la mandíbula de su mejor amigo al tiempo que se eleva hacia el cielo y gira ligeramente hacia un lado, producto del intenso choque de cuerpos.

Tú debes ser una ilusión.

Alguien está apagando las luces y la música sube de volumen. ¿Sientes el ritmo? Lo veo por la forma en que te mueves. Eltosian se retuerce en el suelo, adolorido.

-¿Me dirás por qué?

El rugido de los leones dorado se extingue y la campeona se arrodilla a lado del rubio. De vez en cuando ella piensa de cuando estaban juntos. Eran tan felices como amigos y compañeros que podían morir en los brazos del otro sin arrepentimiento alguno. Pero él se sintió muy solo en compañía de la sangrienta campeona. Pero eso es amor y es un dolor que aún recuerdan ambos.

Uno puede hacerse adicto a cierta tristeza, sabes. Como la resignación al final, siempre al final.

-Es bastante obvio, querida.

El caballero andante renacido musita tal cual caminante del horizonte. Para él es MUY obvio que un nuevo orden es necesario. Es mucho más efectivo y eficiente arrancar el problema de raíz que limpiar rama por rama.

Si lograba derribar todo de la mano de Dios, podía sobrevivir y levantarlo desde el infierno hacia la tierra. Y si no llegase a sobrevivir de igual forma habría cumplido su cometido: purgar. Alguien más fuerte habría tomado su lugar y habría guiado a todos a su santo destino. Más, no contaba con la suerte. La suerte del ángel.

-No, para mí no lo es. Dime.

Blood insiste. Realmente no se imagina un escenario lo suficientemente macabro como para que su mejor amigo se destroce a sí mismo por dentro y se una a la corrupción, a la oscuridad. Inocencia tal vez, o falta de creatividad. O simplemente falta de experiencia.

A Eltosian le pesan los párpados. Quisiera poder dormir y echar todo atrás. ¡Le es imposible, claro! ¿Quién se encargaría entonces de tan bella misión encargada por Dios mismo? Claro, Él nos dio libre albedrío. ¿Por qué no iba a permitirle su misión?

Sus frentes se juntan tiernamente. Eltosian yace en el piso con el agua hasta sus orejas y cubriéndole del cuello hacia abajo. Han paseado tanto por el cuarto que se encontraron de nuevo en la entrada. Blood yace arrodillada a su lado y tomándole de las mejillas con sus rojizos dedos.

La sangre, obviamente, se disuelve entre más sangre.

Intervención divina de los dos, juegos macabros de los dioses. Ambos son devotos así que no necesitan decir más palabras. Están en calma, posicionándose. Están reconociendo y saben que ninguno de los dos puede escapar. Podrás alentarlos pero nunca detenerlos.

Son a prueba de ideas.

Ella le besa rápidamente la frente y se para enseguida al tiempo que le jala de ambas manos. Se ha dado por perdida desde hace tiempo. Sólo nos estuvo engañando con su supuesta superioridad. No es nadie ya. Es sólo una vil sombra de lo que alguna vez pudo haber sido.

Como resultado los dos combatientes se mantienen firmes, o tratan de. Sus cuerpos tiemblan un poco. Cansados, heridos, erguidos sólo por obligación y voluntad. Son más que humanos como ya sabemos, son ángel y demonio. Son leyendas.

Tan divino. Todo mientras la fortuna se desvaneció. Nunca le tomes importancia a las consecuencias del crimen; esta vez la fortuna se desvaneció.

Ella se deja caer sobre él, exhausta, abrazándole con lo poco que le queda de vida. Él responde con sus fuertes brazos estrechándole contra su pecho desnudo y sin peto. La victoria y la historia ya están escritas, sólo hay que alargar la presentación de la misma. Su andar es torpe y descalzo. Ella perdió sus dos botas hace minutos atrás. Él aún conserva las dos enteras, o casi enteras.

Lágrimas corren por las mejillas de la campeona, goteando al suelo y besando la sangre. Ésta es su última resistencia. Su gran poder demoniaco va a caer, se irá a lo más profundo del abismo donde ella nunca más podrá encontrarle. Habrá otros que podrán dominar semejante poder pero ella, quien fue la primera, nunca más lo hará. Todo termina aquí.

Saca el pecho, engañando a cualquiera sobre su futuro fin. El ángel también ha tensado ya su cuerpo.

Sin aliento. Más allá del cielo donde las aves vuelan. En la infinidad desaparecerá.

Ella realmente nunca tuvo la visión sobre su victoria. Sólo exterminaba su cuerpo desde adentro, añorando el poder que Dios nunca le entregó por derecho propio. La gloria, la historia, todo eso que añoran los jóvenes guerreros para compartir con sus descendientes y su tribu. Entre más dominio obtuvo en esta corta batalla más terminó con sus años de vida, que al final se reducen a nada. No más energía, no más potencia.

Él siempre tuvo la certeza de que su derrota es imposible. Cada minuto más fuerte, más poderoso. Con su ágil mente predijo infinidad de variables en su rama de habilidades y las de su oponente. Al final, ella fue quien le enseñó todo lo que tenía que saber de él mismo. El futuro y el porvenir son todo lo que desea tomar por el cuello para partirle en dos y reacomodarlo a su antojo.

Un segundo nos separa del final. Ese segundo transcurre ahora.

Se encuentran rotos desde el corazón hasta el alma pero eso, como ya sabes, no los detiene.

Brocca se encuentra al rojo vivo, quemándole las propias manos al caballero. El humo chispea y la sangre se evapora de su piel al tiempo que sus piernas arremeten con violencia en contra de su mejor amiga. La fórmula ya está hecha, falta sólo el catalizador que es la víctima, en este caso Blood.

Los puños sin nombre retroceden y se refugian a los lados de los hermosos pechos de la campeona. Tiemblan de miedo y excitación de por fin conocer lo que el destino les depara, por muy escrito que esté. La vibración se extiende a los brazos y al resto del cuerpo. El demonio está preparado para morir con un último ataque, con las puertas del infierno abiertas por ella misma.

La lanza atraviesa el aire en diagonal y hacia el frente con negras intenciones. Con blancas intenciones las manos se extienden y toman la fatalidad para transformarla.

Una terrible explosión de fuego detona en medio de los dos. Las cadenas casi de derriten y los pilares son destrozados. De haber existido un emperio ahí mismo éste habría tronado en cinco pedazos. El cuarto entero tiembla y los cimientos del castillo se han debilitado. Ladrillos se destraban de sus posiciones y el polvo invade todo el cuarto. El agua se ha evaporado casi en su totalidad.

Sólo se escucha el siseo del calor y de cómo Brocca se enfría poco a poco, triunfante. Quedan ahora también cicatrices que comienzan a cerrarse.

La triza desciende poco a poquito, tratando de enterarse de qué demonios ha pasado.

Minutos pasan y lo único que se puede distinguir es una respiración triste, abandonada. Tose un par de veces y trata de levantarse pero es imposible ahora. Sus huesos le duelen y sus músculos están casi tironeados al máximo. Sus órganos trabajan a máxima capacidad para darse de abasto con la demanda de vida que exigen.

La lanza se mantiene clavada al suelo, orgullosa y aún triunfante. Todo se viene abajo cuando notamos que los dedos que la sostienen … están desnudos y con guantes de tela rotos. El brazo se extiende y termina en un hombro casi desmenuzado. Estos guían a los senos de la bella mujer y al cuello de la misma. El torso entrenado presenta serias quemaduras y el resto del cuerpo presenta carbonización menor. La piel de las manos está casi derritiéndose.

Esto explica que la campeona atrapó la fuerza de su oponente entre sus palmas y la contuvo por fracciones de segundo para luego abrir las puertas del infierno y con exceso de puñetazos derribó a su mejor amigo.

Innumerables impactos recibió el caballero al tiempo que la explosión se le escapaba de las manos a la campeona. Los impactos consumieron todas las esferas de energía previamente invocadas y le derribó toda la energía espiritual que le quedaba. Tras el último golpe Eltosian no tuvo más remedio que dejar ir la victoria y soltar su alabarda. Cayó estrepitosamente al suelo junto con el polvo y Blood atrapó el arma para mantenerse con las rodillas firmas por el honor de su amigo.

La triste sonrisa que baila (como todo en esta historia) en los labios de nuestra amada nos recuerda que está en una misión de libertad y buen caos.

Ha sido lo diabólico lo que ha salvado al reino y a la población actual. Han sido los trastornos y el desorden quienes comienzan a forjar el caminar de nuestras siguientes historias.

A modo de bastón Brocca es utilizada e insultada. Torpes andares revelan que el rubio terminó en el otro extremo de la habitación. Fue disparado como un sueño arrancado del corazón de uno. No hay más agua que amortigüen las caídas de la campeona (quien sufre varias). Las arenas del tiempo parecen eternas. Blood recurre a arrastrarse.

No puede levantarse.

Sus alas se han extinguido por completo. Raspones adicionales se unen a las heridas del día de hoy y ella se pregunta:

¿Cuándo te veré de nuevo?

Te fuiste sin despedirte, ni una sola palabra me dijiste. Ni un beso ni un abrazo.

Por favor, recuérdame una última vez.

Pesadamente arrastra el honor no propio y termina acostándose a lado de Eltosian. Extiende su brazo izquierdo y trata de tomarle del mentón, de la cara. La posición es incómoda, así que rueda hacia él a medias.

Es una escena curiosa: el suelo de ladrillos agrietado, el agua evaporada y la luz al extremo del túnel. Los dos cuerpos acomodados como si durmieran una siesta. Amistad eterna sellada con fuego y con sangre, mucha sangre. Ideales rotos que se astillaron entre sí, de cabeza a cabeza. Uniformes despedazados, herramientas quebradas, tez quemada.

Él no respira. Tiene varios minutos sin hacerlo.

El instinto de supervivencia aclara las ideas de nuestra campeona y la ayudan a arrodillarse enfrente de él. Entrecruza sus dedos y comienza a masajearle el pecho con nulas esperanzas. Lo hace más por masoquista que por una verdadera realidad. Las costillas de Eltosian crujen ante la desesperada fuerza de la campeona.

Sigue sin aliento.

Entonces, sólo entonces, ella se da el lujo de llorar frente a él. Se desploma sobre el cuerpo ajeno y solloza como poseída. Son lágrimas de felicidad y tristeza: felicidad porque no deben combatir más y tristeza porque ella ha triunfado.

Ahora son libres. Libres como gladiadores reales. Las lágrimas le bañan el pecho descubierto, herido.

Con un hilo de vida es ella ahora quien se pregunta si realmente va a sobrevivir la noche. Es una tarde fresca y muy bella, el día con la mejor temperatura desde hace meses. Posa su mano en donde puede sentir su propio corazón latir. Éste aún hace esfuerzos, bombea. Cuando vaya a morir quiere saberlo, quiere sonreírle a la muerte y buscar a su mejor amigo del otro lado.

Poco a poco lo que pierde es la sensibilidad en su mano, no en el pecho. Después sus párpados se cierran y su aliento se hace dócil, tranquilo.

Sus sentidos comienzan a deambular, perdiéndose uno a uno. El hierro ya no sabe en su boca, el tacto se perdió hace poquito. No puede mirar, no puede observar. El olor a quemado de su piel ha desaparecido. Lo último que escucha es su propia respiración.