Bueno pues por fin otro capitulo después de años jajjaa.. la verdad que no se cuanto tiempo me tomo subirlo pero ahora soy una mujer trabajadora con poco tiempo, así que aproveche las vacaciones decembrinas para poder terminarlo. Espero que les guste, cada vez se va poniendo mas interesante desde mis punto de vista hehe ya me dirán si estoy en ol correcto.. Saludos y mil disculpas por la tardanza.

CAPITULO 10

Me había tomado más tiempo de lo que pensé el bajar de aquellas rocas. No lo había hecho sin salir lastimada. Varios rasguños me rodeaban el cuerpo. Pero eso no me importaba. Lo único que quería era poder salir de aquel lugar.

Tomé aire varias veces para calmarme y tratar de orientarme. Tenía que seguir hacia el sur en busca de aquel río que me llevaría a Balamb. Sabía que si lograba concentrarme lo suficiente sería capaz de escuchar el correr del agua. Pero eso era algo imposible. No había calma en esos momentos.

Tratar de tranquilizarme me había llevado más tiempo de lo que creí. Debía apresurarme. Comencé a caminar a paso veloz hacia el lugar donde yo creía que se encontraba el Sur. No había avanzado mucho cuando de pronto una voz corto aquel lúgubre silencio.

-¿Qué haces todavía aquí? –gritó desesperado aquel individuo.

-Es que me tomo más tiempo del que…

-Debiste estar ya en el río –interrumpió-. Ese animal no es de esta tierra. Es de alguna forma superior, más inteligente y no se tragó en nada el anzuelo.

-¿Y dónde está ahora? –pregunté horrorizada.

-Lo aturdí unos minutos. Debemos salir de aquí. Algo me dice que ese T-rex esta tras de ti –dijo en un tono preocupante.

-¿Tras de mí? –pensé. Esto no podía estar pasando. No a mí. No ahora.

-Tenemos que perderlo en el acantilado –dijo esto y me tomo de la mano. Juntos comenzamos a correr rápidamente. Nuevamente solo escuchaba el sonido de mi respiración agitada.

Un gran rugido tras nosotros, me hizo comprender que el T-rex nuevamente nos seguía. Ya estaba cansada de huir. Teníamos que ponerle un fin a esto de inmediatamente.

-¿Hacia dónde vamos? –grité cuando llevábamos algunos minutos corriendo.

-Debemos de rodear el rio. Tenemos que llegar hasta el acantilado y tratar de perderlo allí.

Seguimos avanzando cuando de pronto el camino frente a nosotros se cortó. Había un barranco no muy profundo. Pero sería lo suficientemente útil como para lograr perder al animal.

-Es un camino sin salida –grité con las pocas fuerzas que me quedaban.

-Es perfecto para perderle –dijo mientras miraba hacia ambos lados-. Todo tiene que salir bien.

-¡Hay que bajar! –dije fuertemente-. Así, no nos podrá seguir.

-No –contestó arduamente-. Tenemos que hacer que el baje, así le será más difícil seguirnos. Además, debemos de ir hacia el otro lado.

Me parecía una idea muy absurda. Nosotros podríamos bajar fácilmente con total precaución. Así, a la criatura le sería más difícil bajar y seguirnos.

-Pienso que será un suicidio –grité.

-Confía en mí –dijo con un tierno tono de voz. Su mirada había cambiado por completo. Era una mirada dulce y comprensiva. En ese instante, comprendí de quien se trataba…

-Sube a ese árbol –dijo sacándome de mis pensamientos.

-¿Qué? –respondí tontamente- ¿para qué? –volví a preguntar.

-Tengo un plan –parecía muy decidido-. Tienes que permanecer en ese árbol –había señalado uno que se encontraba a la orilla del acantilado-. Yo trataré de distraerlo. Lo enfureceré y cuando venga a atacarme, correré hacia ti, me aferraré de alguna forma al árbol y así el T-rex caerá.

No podía creer lo estúpido de aquel plan. No habría posibilidad de que aquello saliera a la perfección.

-¿Has escuchado por un momento lo que dijiste? –pregunté sarcásticamente.

-Sé que suena tonto, pero no hay otra opción –dijo un poco apenado-. Tengo que ponerte a salvo y no hay ninguna otra forma.

Aquel sujeto había avanzado hacia mí. Su mirada de ternura me desconcertaba. No podía estar pasando todo aquello. ¿Qué hacía en aquel lugar? Tendría que preguntárselo cuando saliéramos de todo esto.

Me ayudó a trepar sobre aquel árbol. Había una rama que me cubría perfectamente. Estaba asustada. No confiaba en aquel plan. Tenía que permanecer en completo silencio, hasta que aquella criatura desapareciera.

Mi corazón parecía salirse nuevamente de mi pecho. Debía odiarme en este momento. Últimamente no lo había tratado del todo bien. Muchas emociones permanecían encerradas en él. Y debía ponerles fin de una vez por todas.

-¡Hey! ¡Sé que estas en algún lado! –Gritaba aquella persona-. ¡Ven por mi, maldito animal!

Había un completo silencio que erizaba la piel. De pronto, no había rastro de aquella criatura infernal. Ni un solo movimiento. Nada.

Lo único que podía escuchar era mi respiración agitada. Sabía que debía de estar en alguna parte. Pero desde donde me encontraba, no podía visualizar nada. Las múltiples ramas impedían mi visión. Solo trataba de agudizar cada vez más el oído.

-¿Dónde estás? –murmuraba. Me sentía al borde de la locura. No podría soportar esto ni un minuto más.

De pronto, un leve crujir me puso alerta. Al parecer aquel individuo no se había percatado de aquel sonido. Puse toda mi atención a todo a mí alrededor. Trataba de contener mi respiración, ya que parecía impedirme escuchar con determinación. Debía vigilar a mí alrededor. Prevenir desde algún lado.

Y tal y como si se tratase de una persona, aquel T-rex avanzaba a paso sigiloso entre la maleza. Si alguien me lo hubiese contado, jamás lo hubiera creído. No podía creer lo que miraban mis ojos. Ese ser no pertenecía a este mundo. Era demasiado inteligente. Tenía que ponerlo al tanto a aquel joven sin que aquella criatura lo supiera. Todo parecía muy complicado, ya que cada vez más se alejaba tratando de encontrar a la bestia.

Aquel T-rex se acercaba lentamente, tratando de atacar por la espalda.

-¿Por qué no voltea? –pensé-. Tengo que bajar. Tengo que ayudarlo.

Y sin pensarlo, acosté mi cuerpo sobre aquella rama y me giré levemente hacia un lado. Quede colgada de ambos brazos, esperando el momento justo de soltarme. Aquel T-rex ya había dejado atrás el árbol donde me encontraba. Así que era imposible verme colgada de aquella forma.

-¡Hey! –grité con todas mis fuerzas mientras seguía colgada.

-¡¿Qué es lo que haces?! –escuché a la lo lejos.

El T-rex se detuvo en seco e ignoro aquella voz. Su mirada permanecía fijamente con la mía. Veía su deseo de atacarme. No sé qué era esa criatura, pero de lo que si estaba segura, era de que no pertenecía este mundo.

-¡Ven, que esperas! –grité-. ¡Sé que vienes por mí! –Agité mis pies para ganar aún más su atención- ¡Ven lagartija, cómeme! –Todo había salido tal como lo había pensado. Pronto empezó a avanzar hacia mí. Era el momento indicado para soltarme. Pero lo que sucedió a continuación, no lo esperaba.

Solté ambas manos para caer al suelo y huir de ahí, pero la manga de mi chaqueta había quedado atorada. La fuerte sacudida que sufrí a causa de esto hizo que quedara mal colgada dándole la espalda a aquella criatura. Entre en pánico.

Trataba de soltar la parte atorada, pero era inútil. Tampoco podía zafar mi brazo. Era mi fin. Estaba convencida.

Escuchaba muy cerca a aquel T-rex. Avanzaba muy lentamente. Parecía como si disfrutara el momento. Sabía que había ganado. Era una presa fácil, colgada en aquel lugar.

Seguía moviéndome para tratar de zafarme de mi chaqueta, pero seguía siendo inútil. Lo único que logre, fue darle la cara a aquel animal que se encontraba listo para matarme. Si me iba a comer, prefería mirarlo a los ojos.

Después de eso, todo pasó muy rápido. Todo parecía salido de un sueño. Todo sucedió en cámara lenta. Apenas y recuerdo esas escenas.

El T-rex se acercó lo demasiado como para alcanzar uno de mis pies. Pero no me dejé. Empecé a patearlo lo más fuerte que podía, para evitar que mordiera alguna de mis piernas. No dejaba de moverlas. Esto, lo enfurecía cada vez más.

Los rugidos era lo único que escuchaba a mí alrededor. Al igual que los latidos de mi corazón. ¿Por qué tenía que enfrentarme a este tipo de cosas? ¿No le bastaba al destino haberme puesto en el camino de una hechicera? Llegue al punto en el que ya nada me sorprendía.

De pronto, un gritó me devolvió las esperanzas de salir con vida. Aquel extraño sujeto había aparecido de la nada. Y lo mejor de todo, había trepado al dorso de ese T-rex, haciendo que su furia fuera en aumento. Era mi gran oportunidad. Tenía que zafarme mientras estuviera distraído.

Aquella persona se aferraba con todas sus fuerzas para no salir por los aires. La criatura giraba como loca para tratar de bajarlo de encima. Pero no solo trataba de lanzarlo lejos, también intentaba morderlo.

Mientras trataba de zafarme, pude ver que aquel joven que arriesgaba misteriosamente su vida por mí, traía un cuchillo sobre su boca. Intentaba clavárselo de alguna forma. Tenía que acabar con él.

-¡Maldita sea! –grité desesperada. No podía zafar mi brazo. Estaba completamente atorado con la chaqueta del uniforme. –Odio los uniformes –pensé.

-¡Trata de soltarte! –gritó de pronto-. ¡No se cuánto tiempo más resista!

-¿crees que no lo intento? –respondí sarcásticamente-. Esta atorada…

Un rugido de dolor me había interrumpido. Perfectamente en el cuello del animal, yacía un gran cuchillo que segundos antes se encontraba sobre la boca de aquella persona. Pero nada salió bien. Aquel T-rex había enfurecido mucho más y comenzó a sacudirse con tanta fuerza que pronto, aquel extraño salió por los aires.

-¡Nooooooo! –grité asustada. Había ido a parar justo a unas rocas no muy lejanas. El impacto había sido fatal, ya que no se volvió a poner en pie.

Mi desesperación fue en aumento al ver que nuevamente la criatura se dirigía hacia mí. Era inútil tratar de zafarme. No podía. Solo me quedaba luchar justo con una mano.

Cerré mis ojos y empecé a sentir como mi mano derecha, que era la que estaba libre, comenzaba a arder. Un hechizo con el elemento fuego me daría más tiempo. Así que, sin pensarlo, lo lance directo a la cara del T-rex.

No pareció hacerle mucho daño.

-¿Por qué mi magia no funcionaba cuando entraba en pánico? – pregunté desesperada.

Rápidamente avanzó hacia mí. Y sin darme tiempo de atacarle una vez más. Tomo mi pierna izquierda entre sus fauces. Fue un dolor terrible, ya que me sujetaba fuertemente. Mi respiración se agitaba cada vez más. Me dolía mi pecho pero no tanto como mi pierna en ese momento.

Comencé a patearlo nuevamente con la otra pierna. Trataba de darle directamente en la cara, para que pudiera soltarme. De pronto, un jalón hizo que me soltara de donde me encontraba atorada. Pero tal y como enuncian las leyes de gravedad. Me precipite hacia el suelo, sin ninguna oportunidad de sujetarme de alguna parte.

El T-rex jamás soltó mi pierna, así que caí libremente sobre mi espalda ocasionando que perdiera el aire. El sonido de mi cuerpo rebotando sobre todo aquel fango, fue mitigado por el sonido de mis huesos rotos. Mi pierna izquierda que aún se encontraba sobre las fauces de aquel animal, había sido destrozada.

Todo aquel dolor estaba ocasionando que me desvaneciera. Sentía que el aire me faltaba. Aquel impacto había sido muy fuerte. Pero no paro ahí.

Pronto sentí como me elevaba por los aires. Me había tomado por mi pierna ahora rota y me había lanzado hacia algún lugar. Cerré mis ojos esperando el impacto. Pronto lo sentí.

Había caído a varios metros de donde estaba. Ya no podía ponerme en pie. Mis fuerzas me habían abandonado y el dolor era insoportable. No quería morir ahí. No quería morir sola.

-¿Dónde estás Squall? –las lágrimas habían empezado a caer-. Ayúdame.

Cerré mis ojos y me giré por última vez hacia donde se encontraba el animal. Me encontraba boca abajo cerca de aquella ladera. Si lograba avanzar un poco más, podría bajar y perderlo.

En ese momento, había apareció una esperanza…

Juntando todas las fuerzas que me quedaban, logré arrastrarme rápidamente hacia la orilla de aquella pendiente. El dolor iba en aumento.

Estaba segura que ahí no podría seguirme. Me acerque lo bastante y tome impulso. Pronto sentí como mi cuerpo iba resbalándose solo por aquella ladera. Tras de mí, un rugido me aviso que había dejado atrás a aquel animal. Lo había logrado. Ahora, solo rogaba que me detuviera pronto.

La superficie se encontraba muy resbalosa a causa de las torrentes lluvias. Mi caída iba en aumento. Rocas, arbustos, en fin, todo tipo de cosas me topaba en el camino. Sentía como me llenaba de rasguños a causa de todas estas cosas. Trataba torpemente de detenerme, pero mis fuerzas ya no estaban conmigo.

Una roca detuvo mi caída. Había logrado sostenerla con mi mano, pero rápidamente fue vencida ante mi peso y nuevamente, comencé a deslizarme. No sabía cuan honda seria la caída. Pero ya no me importaba. Había logrado dejar atrás al T-rex, pero también, había dejado a su suerte a aquella persona que me había salvado más de una vez.

Pronto, todos estos pensamientos desaparecieron, cuando finalmente el tronco de un árbol me paró en seco, haciendo que un gritó saliera al sentir el violento golpe. Me había frenado con mi costado derecho y nuevamente sentí como se partían algunos huesos.

El dolor rápidamente me venció. No había forma de salir de ese lugar, no con una pierna y varias costillas rotas. Estaba agotada, no tenía ni una sola pizca de fuerzas. Me encontraba boca arriba, observando la copa de los árboles. No era una mala vista después de todo. Moriría en pleno contacto con la naturaleza.

-Sq..uall… -mi voz sonó como un suspiro.

Muchos recuerdos vinieron al instante. Selphie, Irvine, Edea, Zell, Quistis, Squall, incluso hasta Seifer estaba en ellos.

Recordé la primera vez que conocí a los chicos. Estaban realmente nerviosos de tener que ayudar a un grupo tan mediocre como los búhos del bosque. Sonreí al recordarlo. No podía creer el alcance que tuvo ese encuentro. Y pensándolo bien, ese contrato aun seguía vigente.

-Tendré que recordárselo a Squall cuando lo vuelva a ver… -pensé casi agonizante.

Aun podía sentir la calidez de aquellos labios tan nerviosos al encontrarse con los míos la primera vez. Lo recuerdo a la perfección. Había sido un momento inolvidable. Tenía que salir de esto. Necesitaba volverlos a sentir. No podía quedarme ahí y morir. No lo quería…

El dolor iba en aumento, pero no podía gritar. Mis fuerzas no me lo permitían. Traté de levantarme por una última vez, pero fue inútil. No podía mover un solo musculo sin que no sintiera el más mínimo dolor. No sentía mi pierna, o lo que quedaba de ella. Estaba destinada a morir en aquel lugar. No había esperanza alguna de que alguien pudiera encontrarme.

¿Dónde estaban aquellos poderes de bruja cuando realmente los necesitaba? ¿Realmente podrían ser útiles? No podía saberlo. No podía mover un solo dedo y mi concentración era mitigada por aquel dolor insoportable.

-Mamá, ayúdame –mi voz sonó como un breve susurro mientras varias lágrimas caían sobre mis mejillas rodando hacia mi cuello-. Necesito regresar y decirle cuanto lo amo. Necesito verlo una última vez más.

Mi pecho comenzó a agitarse cada vez más. Me dolía el cuerpo cada vez que lo hacía. Necesitaba dejar de hacerlo. Necesitaba calmarme, relajarme. Controlar mi respiración.

Pronto lo conseguí. Todo comenzó a parecer un sueño, nada parecía real. Mi alrededor fue perdiendo claridad. La oscuridad empezaba a ganar terreno y mis sentidos me abandonaban cada vez más.

Un último recuerdo apareció en mi mente. Una única persona me sonreía de algún lado. Un hombre que había cambiado mi mundo desde el primero momento en el que había aparecido frente a mí. Aquella persona que hacia girar mi mundo aunque quizá, él no lo supiera.

Quise aferrarme a aquel recuerdo. Tenía que ser el último antes de morir. Tenía que llevármelo conmigo.

-Squall… -fue lo último que pensé, fue lo último que cruzo mi mente, antes de quedar sumergida en aquella soledad.

/

La oscuridad de aquel bosque impedía en gran medida la marcha de Selphie. Tenía que apresurarse y encontrar a Rinoa. Tenía que dar con ella a como diera lugar.

Selphie se movía con agilidad sobre los árboles. Era la mejor en esa materia. Su pequeño cuerpo y corta estatura hacia una combinación perfecta en aquel momento.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que había dejado a los chicos. Parecían horas, aunque quizá eran tan solo unos minutos. Minutos en los cuales, no dejaba de angustiarse cada vez más. Le preocupaba la seguridad de Rinoa. Estaba indefensa en aquel bosque.

Sabía que era muy poderosa, pero conocía a su amiga. Sabía que los nervios acabarían atacándola y no podía permitir eso. Por otro lado, le preocupaba no saber nada del infeliz de Irvine. A pesar de todo lo que le había hecho, no dejaba de preocuparse.

Siguió corriendo durante algunos minutos más, hasta que un claro a lo lejos llamo su atención.

Era un gran claro en medio de aquel sombrío bosque. Al fondo, un conjunto de rocas lo rodeaban. No eran muy altas. Podrían ser un escondite perfecto. Rogó por que Rinoa estuviese ahí.

De pronto, un destello brilló ante sus ojos. Avanzó rápidamente hacia el origen de aquel reflejo, pero lo que encontró no fue nada de su agrado.

La espada de Rinoa se encontraba tendida sobre el suelo. Selphie sintió un vacío en el pecho. ¿Dónde estaba Rinoa? ¿Qué hacia su espada en este lugar? Todo esto empezó a alterarla.

¡Rinoa! –gritó instintivamente ignorando lo peligroso de aquella acción.

Corrió hacia aquellas rocas siguiendo las huellas de lo que parecían pertenecer a Rinoa. De pronto, otro salto en el corazón de Selphie. Las pisadas desaparecían a unos centímetros de aquel conjunto. Acaso, ¿había saltado?

No había posibilidad de aquello. No a esa distancia y altura. Alguien debió de ayudarla… -Seifer -. Pensó. ¿Acaso aquel cretino había llegado a ella? Confiaba en que sí.

No podía creer que ahora estaba depositando todas sus esperanzas en aquel estorbo de Seifer. Pero era eso, o Rinoa había sido devorada antes de lograr saltar a las rocas.

Un absurdo pensamiento.

Selphie siguió investigando alrededor y pronto noto como unas pisadas seguían hacia el este. Parecían de algún hombre. Rogó por que fueran de Seifer.

Aquellas huellas eran seguidas sin lugar a dudas por pisadas de T-rex. Nuevamente, su corazón dio un brinco. Pero, ¿Dónde estaban las pisadas de Rinoa? ¿Por qué aquellas pisadas se encontraban solas?

Sin pensarlo siguió aquellas huellas. No parecían tener mucho tiempo. Parecían un poco frescas. Tenía que seguirlas a toda prisa. Tenía que encontrarlos.

Avanzó no por mucho tiempo, ya que súbitamente las pisadas comenzaban a volver al mismo sitio donde se encontraba la espada. ¿Qué había pasado? ¿Por qué habían regresado?

Las siguió detalladamente y pronto se encontraba en aquellas rocas. Empezó a rodearlas lentamente y observó que avanzaban hacia el sur. Una nueva exaltación surgió en Selphie al distinguir pisadas de lo que parecían de una mujer. Tenía que ser Rinoa. No estaba herida. Eso la reconfortaba.

Las huellas tenían pocos minutos. De eso estaba muy segura. Avanzó a gran velocidad.

De pronto, un sonido fuera de lo común hizo que se detuviera. Tenía que tenerlo en algún lado. Selphie buscaba por todo su cuerpo el transmisor que le había sido otorgado al momento en que la misión había comenzado.

-¡Aquí estas! –Dijo al momento de colocarlo sobre su oído-. Adelante, aquí Selphie –dijo sin contratiempos.

-¡Selphie! –escuchó el fuerte gritó de su amiga al otro lado de la línea-. Cuanto me alegro de poderte localizar. Estábamos muy preocupados, ¿Dónde te encuentras? ¿Estás bien?

-Estoy bien, Quistis –contestó agitada-. No te preocupes. Ahora me encuentro siguiendo unas huellas que no parecen tener mucho tiempo. Parecen ser de Rinoa y Seifer. Se dirigen hacia el…

Selphie había quedado paralizada al ver una figura a lo lejos. Aquella figura corría a toda velocidad por aquel bosque. Era sin duda aquella persona en la cual había depositado toda su confianza. Aquella persona la cual esperaba encontrar con Rinoa.

-¿Selphie? –preguntó rápidamente Quistis, al escuchar que no terminaba su frase- Selphie ¿Qué sucede? –volvió a preguntar.

Aquella gabardina blanca era sin duda alguna de Seifer. Pero, si no eran sus huellas las que se encontraban junto con las de Rinoa, entonces, ¿a quién pertenecían? ¿Acaso podrían ser de Irvine? No parecían pertenecerle. Pero no podía descartar nada.

Sin dudar un segundo más y sin dar respuesta alguna, Selphie avanzó rápidamente tratando de alcanzar el paso veloz que Seifer mantenía.

-¡Seifer! –gritó fuertemente para ser escuchada-.

-¿Seifer?, ¿Qué es lo que está sucediendo Selphie?, ¿Los has encontrado? –preguntó impaciente Quistis al otro lado de la línea.

-Me he equivocado –dijo Selphie sin dejar de correr-. No tengo las más mínima idea de quien este con Rinoa… Acabo de ver a Seifer –dijo con la respiración entrecortada-.

-¡Seifer! –un segundo grito logró captar su atención, provocando que disminuyera su paso.

Pronto, Selphie llegó hacia donde Seifer se encontraba. Sin dudar por un segundo, la pequeña instructora quiso ponerse al tanto de la situación sin permitirse respiro alguno.

-¿Sabes algo de Rinoa? –preguntó pausadamente, tratando de recuperar su aliento.

-Nada –negó con la cabeza-. Hace poco encontré lo que parecían ser pisadas de algún hombre, pero no estoy seguro.

-Yo encontré el rastro de Rinoa. Parece ser que se dirige hacia el sur, pero no está sola –Selphie hizo una pequeña pausa para dar un gran suspiro-. Un hombre la acompaña y pensé que eras tú, ahora veo que estaba equivocada.

Selphie observó detenidamente los gestos de Seifer. Su rostro cambiaba cada segundo. Pensaba y trataba de unir todos y cada uno de los misterios a los que se estaba enfrentando.

-¿Squall? –preguntó después de algunos segundos.

-No –contestó rápidamente Selphie-. El viene en camino con Quistis.

-¿Tu novio el vaquero?

El rostro de Selphie cambio por completo a escuchar aquella expresión. Si ya sentía algún tipo de odio hacia Seifer, al escuchar aquella pregunta no había hecho otra cosa que aumentarlo más.

-Irvine no es mi novio –contestó muy molesta-. Además si lo fuera, eso no sería de tu incumbencia.

-Disculpa, pero solo estoy tratando de averiguar dónde demonios se encuentra Rinoa y quien se encuentra con ella.

-Entonces trata de hacer cosas productivas y no me molestes con tus estupideces –dijo Selphie con cierto odio-. A mí me importa demasiado el encontrarla y no descansare hasta haberlo hecho, así que, si no vas a ayudar, mejor no me estorbes.

-Rinoa me importa mucho más de lo que te puedas imaginar, así que no pienses que estoy aquí perdiendo el tiempo –Seifer había contestado entre dientes.

Las miradas de ambos permanecieron fijas durante algunos segundos, hasta que la repentina voz de Quistis hizo que Selphie se exaltara.

-¿Saben algo de Rinoa?

-Aun nada –Selphie hizo una pausa-. Quistis, ¿hay posibilidad de que Irvine sea la persona que se encuentre con Rinoa?

-Imposible. Irvine viene con nosotros.

En el fondo deseaba escuchar aquella respuesta. Había sido algo de lo más reconfortante saber aquello. Aunque, por el otro lado, no tenía ni idea de quién era el acompañante de Rinoa.

-Seifer y yo seguiremos hacia el sur. No deben estar lejos. Aunque –Selphie hizo una pequeña pausa-, el T-rex va tras ellos.

-Dime donde se encuentran, no creo que estemos muy lejos.

-Pues… –Selphie giró hacia ambos lados-, no lo sé muy bien. Llevo corriendo varios minutos, así que estoy un poco desorientada y…

-Dile al comandante –Seifer había interrumpido de manera abrupta-, que estamos como a 5 kilómetros al sur del lugar donde siempre entrenábamos –dijo esto último con cierto tono sarcástico.

-¿Escuchaste Quistis? –preguntó Selphie inmediatamente.

-Si –contestó la rubia instructora-. Pronto estaremos allí.

Fue lo último que llego hasta los oídos de Selphie antes de que Quistis cortara la comunicación. Pronto llegarían hasta donde ellos se encontraban, pero no podían esperarlos. Tenían que apresurarse y encontrar a Rinoa a como diera lugar.

-Tenemos que apresurarnos –gritó Seifer justo antes de comenzar a avanzar. Esa era justo la actitud que Selphie odiaba de él. La forma en la que se sentía superior a todas las demás personas. Aquella actitud de mandar a cuanta gente pudiese. Pero ahora no era el momento. Su mejor amiga se encontraba en peligro y su paradero aún era un misterio.

Ambos comenzaron a correr. Solo trataban de seguir aquellas pisadas lo más detallado posible. Tenían que apresurarse, la lluvia comenzaba a caer nuevamente y perder aquel rastro, seria perder a Rinoa para siempre.

Corrieron durante algunos minutos en silencio. Solo el ruido de las gotas de lluvia y las pisadas sobre la tierra mojada resonaban alrededor. Aquello ya estaba resultando más difícil de lo que pensaron. Selphie no lograba ubicarse dentro de aquel inmenso bosque y eso la inquietaba cada vez más.

Seifer, sin embargo, parecía conocer perfectamente aquel lugar. Tenía que darle la oportunidad a aquel hombre. Confiar por primera vez en que podría ser de gran ayuda.

Selphie lo observaba atentamente. No iba muy lejos de ella, pero no le perdía de vista. Intentó alcanzarlo, pero las condiciones del terreno eran inútiles. La lluvia caía nuevamente en gran abundancia y toda pista que llevaba al paradero de Rinoa se había borrado con ella.

No llevaban mucho avanzando, cuando Selphie notó como Seifer fue disminuyendo su paso hasta detenerse por completo.

-¿Encontraste algo? –preguntó Selphie sin perderlo de vista.

Seifer no contestó a aquella pregunta. Sin embargo, mantenía la vista fija en algún punto a lo lejos. Algo llamaba su atención de manera cautivadora. Algo que había cortado su respiración al momento de ser descubierto.

Selphie sin decir palabra alguna, siguió la dirección en la que Seifer miraba fijamente. Pronto, aquel salto en su corazón le indico que en aquel lugar se había producido una pelea no hacía mucho tiempo. Pero lo que realmente la había dejado sin aliento, había sido aquella prenda tendida justo al centro de aquel lugar. Una prenda que sin lugar a duda era de Rinoa.

Selphie corrió hacia la chaqueta. Tenía un mal presentimiento. Había sangre por todo aquel lugar. No podía con toda aquella presión. Todo empezaba a darle vueltas. ¿Dónde se encontraba su amiga?

-¡Rinoa! –Gritó dando lo mejor de si-. ¡Rinoa!

-Debemos mantenernos en silencio –interrumpió Seifer-. No sabemos si haya criaturas cerca.

-Rinoa puede no estar lejos, debemos llamarla.

-Yo también me preocupo por ella –dijo Seifer-. Pero no podemos alertar a cualquier bestia que ande suelta por este lugar. Tenemos que mantener la esperanza de que esté bien y que muy pronto la encontraremos. Por lo que veo –continuó-, parece estar herida, puede que esté cerca, así que, hay que buscarla por cada rincón sin importar cuanto tiempo nos tome.

Selphie observó muy atenta a Seifer. Sus palabras la hacían olvidar todo el mal que había causado en el pasado. Parecía otra persona cuando se sinceraba de aquella manera. Confiaba en encontrar pronto a su amiga y parecía que Seifer no deseaba otra cosa más que hacer lo mismo.

-Debemos de rodear aquella ladera –dijo Seifer después de algunos segundos, indicando una pendiente cercana.

-Rinoa pudo haber bajado por ese lugar ¿no crees?

-Es muy inclinada –contestó Seifer-. Hubiera sido muy peligroso para ella. Tenemos que rodear y llegar al rio, para empezar desde ahí.

-Perderíamos mucho tiempo si vamos los dos –interrumpió Selphie-. Debemos separarnos para ahorrar tiempo. Tú ve hacia el rio, yo rodeo la ladera y la busco por debajo.

-Pero, ¿Cómo sabríamos si la llegamos a encontrar?

-Traes un reloj contigo ¿cierto? –Preguntó Selphie-. Regresemos a este lugar en una hora exactamente. Si por alguna razón alguien no vuelve, el otro va a buscarlo.

Seifer dudó un poco sobre las limitantes de aquel plan. Era demasiado arriesgado separarse, pero no había otra forma. Rinoa se encontraba herida, y podría no tener mucho tiempo.

-Está bien –dijo después de unos minutos-. Ajustemos nuestros relojes y nos vemos en una hora.

-Bien –dijo Selphie y rápidamente dio media vuelta.

-Selphie –gritó Seifer causando que Selphie se frenara de golpe-, ten cuidado. Mantén los ojos muy abiertos.

Selphie le devolvió una sonrisa a Seifer indicándole que haría lo posible por encontrar a Rinoa. Sabía que seguía queriéndola de alguna forma. No dudaba que quisiera localizarla. Pero algo en el fondo le decía que había algo más. No quería pensar en ello. Tenía que apurarse y bajar aquella ladera. Contaba con tan solo una hora y no la desperdiciaría en lo más mínimo.

Seifer avanzaría hacia el rio que no estaba muy lejos. Tenía que encontrarla antes de que acabara el tiempo. Antes de que el sol se metiera ya que esto haría imposible su búsqueda. No podía perderla en aquel lugar. No de aquella manera.

-Resiste Rinoa –pensó Seifer Almásy, cuando comenzaba a correr bajo la lluvia que nuevamente caía sobre aquel misterioso bosque…

/

Las pisadas sobre aquel lodoso suelo cortaban de manera instantánea el silencio que se había apoderado del grupo después del último contacto con Seifer y Selphie. Los chicos habían comenzado a correr después de la explicación de Seifer, acerca del lugar donde se encontraban exactamente.

Squall supo al instante su posición. ¿Cómo no saber llegar a aquel sitio? Si era el lugar donde se había conseguido aquella cicatriz que le atravesaba el rostro. Era el lugar donde "practicaba" con Seifer cuando ambos tenían tiempo. Así que no dudo en ponerse en marcha para llegar lo más pronto posible a aquella ubicación.

Rinoa se encontraba dentro de aquel misterioso bosque. No dudaba de sus habilidades, pero un T-rex era demasiado imposible hasta para alguien tan preparado como un See'D. Tenía que resistir hasta su llegada, ya faltaba poco.

-Resiste, resiste –eran las únicas palabras que pasaban por la mente de Squall. No podía perderla de aquella forma. No podía dejarlo solo, era algo que nunca se lo perdonaría. Tenía que volver con bien, aunque… no podrían nunca estar juntos.

Squall sacudió su cabeza intentando aclarar esos pensamientos. No era el momento para pensar en ello. Ya habría todo el tiempo del mundo para preocuparse. Pero por ahora, solo quería encontrar a Rinoa sana y salva, costara lo que costara…

/

-¿Rinoa? …

Aquella voz en mi cabeza me hizo despertar en algún lugar desconocido. Sin lugar a duda no parecía estar viva. Vestía una especie de bata blanca que hacia resaltar la palidez de mi piel. Podía sentir la frescura del césped sobre mis pies desnudos. Había perdido mis zapatos en algún lado.

Me encontraba en lo alto de alguna montaña. Rodeada de gran vegetación y miles de flores. Había una cascada cercana que hacía que pudiera sentir la brisa sobre mi rostro. Estaba segura que esto era realmente el cielo.

Avancé un poco hacia adelante, solo para caer en cuenta que no podía seguir caminando. No había salida a aquel lugar. Estaba atrapada en donde quiera que me encontrara. Estaba rodeada de un gran abismo del cual no veía su fin.

¿Qué era este lugar? ¿Por qué me encontraba aquí? ¿Acaso merecía esto después de mi muerte? Empecé a sentir pánico. Parecía muy real este sentimiento. Acaso, ¿así sería toda la eternidad? Me senté sobre el césped y abrace mis rodillas. Tenía que calmarme y encontrar una forma de salir.

-Eres muy hermosa –dijo una voz a mis espaldas. Me había puesto de pie tan rápido como pude al escuchar esto.

Había una mujer cerca de aquella cascada. Parecía jugar con el agua que caía. No pude verle el rostro, ya que se encontraba de espaldas. Vestía una bata blanca al igual que yo. Esto solo me convencía más acerca del lugar donde me encontraba.

-¿Quién eres tú? –pregunté pausadamente-. ¿Qué es este lugar? ¿Estoy muerta?

-Sigues siendo la misma preguntóna de siempre –aquella mujer tenía una voz realmente dulce-. No has cambiado en nada mi pequeña–dijo al momento de darse la vuelta.

Mi respiración se detuvo por completo. Sentí que mi corazón quería salirse de su lugar al momento en que mire a la cara a aquella mujer. En un segundo sentí como caían rápidamente las lágrimas sobre mi rostro. No podía estar pasando aquello. Aunque era lo más lógico encontrándome en aquel lugar.

-Te has vuelto toda una mujer, hija mía –la voz de mi madre era tal cual la recordaba.

Estaba petrificada en aquel lugar. Nunca pensé en volver a ver a mi madre. Seguía siendo la misma desde la última vez que la vi. Antes de aquel accidente que le arrebató su vida. Era idéntica a las fotos que conservaba. El tiempo no había pasado sobre ella.

Se acercó a mí y me tomo sobre sus brazos. Podía sentir una calidez indescribible. No podía dejar de temblar. Estaba abrazando nuevamente a mi madre. Ya no volvería a estar sola nunca más. Ya no tendría por qué separarme de ella.

-No llores mi niña –dijo tiernamente-. Siempre he estado a tu lado.

-Te he extrañado tanta mama –dije con el rostro bañado en lágrimas-. Pero ahora ya nada nos separara.

-No es así.

-No entiendo –dije al momento en que me apartaba.

-Tú no perteneces a este lugar, todavía tienes un largo camino por delante.

-Pero, estoy muerta. No quiero ir a ningún otro lugar. Quiero estar contigo –dije demasiado aturdida.

-Tu no estas muerta, te encuentras entre una línea bastante fina entre la vida y la muerte. Hay una parte de ti que no quiere regresar, por eso estas aquí.

-¿Qué no quiero regresar? –pregunté confusa.

-Has perdido tu misión en la vida. Te has vuelto una persona triste, sin objetivos personales. Puede que no sepas a que me refiero, pero es así. Hay algo en el fondo, dentro de ti que ha perdido las ganas de vivir. Pero hay otra parte –hizo una pequeña pausa-, la parte donde pediste mi ayuda para poder regresar y poder confesar tu amor a una persona.

Sentí como me ruborizaba en aquel momento. Recordé esa parte, la última antes de perder el conocimiento en aquel bosque. Miles de pensamientos pasaban por mi mente. ¿Por qué no habría de querer regresar? No sabía que existiera ese sentimiento dentro de mí. Aunque deseaba tanto poder quedarme con mi madre.

-Quiero quedarme aquí contigo –dije decididamente después de un tiempo.

-No –mi madre había negado con la cabeza-, tú no perteneces a este lugar. Por más que quisieras quedarte, jamás permitiría que lo hicieras. Además tu padre sufriría tanto al perderte.

-Nunca le he importado a mi padre –dije despectivamente-. Nunca le ha interesado nada que tenga que ver conmigo.

-Estas equivocada. Tu padre escogió tu vida sobre la mía. Algo que en verdad le agradeceré eternamente –una sonrisa se dibujó en su rostro.

-No entiendo.

-Después del accidente, ambas necesitábamos una transfusión de sangre urgentemente. En el hospital, solo había la suficiente para alguna de las dos. Así que tu padre tenía que tomar una decisión urgentemente.

-Pero… ¿tú se lo pediste? –dije con cierto odio en mi tono de voz, no podía creer lo que escuchaba.

-No, yo estaba inconsciente. No pude hablar con él. Ya no pude despedirme de tu padre.

Me puse de pie apartándome de mi madre. Todo aquello me tenía aturdida. Mi padre había preferido salvar mi vida sobre la de mi madre. Entonces por eso me odiaba. Por haber tomado esa decisión.

-Él no te odia, te ama con todo su corazón.

Me gire rápidamente. Era como si hubiera leído mis pensamientos.

-¿Cómo puedes saberlo? El me odia realmente. Nunca ha existido una buena relación entre ambos.

-Siempre he estado con ustedes –dijo de forma muy dulce-. Nunca los he abandonado. Tu padre habla conmigo todas las noches, no ha pasado una sola vez en la que no lo haga. Y siempre me pide por ti. Me pide por tu bienestar, por que sigas un buen camino y me pide que haga que no te conviertas en él.

Un nudo se formó en mi garganta. Ese no era el General que yo conocía. Siempre habíamos sido unas personas distantes, unos desconocidos uno del otro. Nunca me había contado la verdad. O quizá nunca se lo permití.

-Tienes que regresar y seguir con tu vida. Habrá muchas personas que entren y salgan de ella. Pero pase lo que pase, tú debes de seguir adelante. Eres una persona muy fuerte y sé que podrás cuidarte tu sola. No siempre podre estar enviándote ayuda –mi madre me había tomado de la mano.

-No sé cómo seguir adelante –dije con un sollozo al momento en que nos abrazábamos-. No puedo seguir yo sola. No puedo…

-Claro que puedes y no estás sola. Estas rodeada de mucha gente para la cual tu eres muy especial. Solo abre tu corazón y no te encierres en la soledad. Estas apunto de pasar por algo nuevamente difícil y no debes de apartarte de la gente que más te quiere.

-¿Algo difícil? -pregunté consternada.

-No puedo contarte nada mi niña –dijo con cierto tono de tristeza-. No tengo permitido contarte el futuro. Solamente tú lo puedes ir descubriendo.

Veía la mortificación en el rostro de mi madre. Sabía cuanto estaba sufriendo al no poderme decir nada.

La observé detalladamente. Era tan hermosa. Sabía que el General había sido muy afortunado al tener a mi madre en su vida.

Estaba tan sumergida en su mirada que un fuerte escalofríos me sacudió de manera abrupta. Mi madre pareció notarlo.

-Es hora de marcharse –dijo con una linda sonrisa-. Alguien te está llamando.

-No quiero hacerlo –corrí a sus brazos-. Quiero quedarme contigo para siempre –dije sollozando sobre su hombro.

-No hay forma de que eso pase. No por ahora –dijo apartándome lentamente-. Aun no es tu tiempo.

La forma en la que me miraba era hipnotizante. Sabía que nunca olvidaría aquella mirada tan tierna y dulce. ¿Por qué no podía quedarme con ella si era mi propia decisión? ¿Quién se encargaba de decidir quién se iba y quién no? No podía comprenderlo en aquel momento.

Pronto, sentí como mi madre me apartaba lentamente de entre sus brazos y me tomaba de ambas manos. Sentía una gran calidez recorrer todo mi cuerpo. Era una sensación que estaba segura, jamás llegaría a sentir.

-Necesito que conozcas a alguien antes de que te marches–dijo sacándome de mis pensamientos.

Mi madre miraba por encima de mi hombro fijamente. Ocasionando que me girara hacia aquel origen. Había una mujer a poca distancia. Era una mujer de larga cabellera de color café oscuro. Vestía de blanco al igual que nosotras dos. Era muy bella.

Al verme, dibujó una gran sonrisa sobre su rostro y avanzó hacia nosotras. Tenía una mirada muy profunda. Estaba segura que ya la había visto en algún otro lado.

-Tu madre y yo tenemos muchas cosas en común –habló de pronto aquella mujer-. En el pasado, ambas nos enamoramos del mismo hombre. Claro, en épocas distintas –dijo rápidamente al ver mi cara de confusión-.

-¿El General? –me giré confusa hacia mi madre.

-No –negó con la cabeza-. Esto fue mucho antes de que tu padre apareciera en mi vida. Yo era pianista en un bar y me enamoré de un soldado que había prometido volver al terminar la guerra. Pero nunca apareció.

-Él fue herido gravemente en combate –interrumpió aquella mujer-. Por eso nunca regresó. Yo me encargué de sanar sus heridas por meses. Y al final me enamoré de él.

-Pero… No entiendo porque me están contando esta historia –dije muy confundida.

-Nuevamente –habló mi madre-, el destino decidió juntar nuestros caminos, pero ahora no de manera directa.

-Ahora el destino se encargó de cruzar los caminos de nuestros hijos –dijo aquella mujer.

Todo esto me confundía demasiado. ¿Por qué me contaban aquella historia salida de un libro?

-Tú llegaste a cambiar el corazón de mi hijo –continuó la mujer-. Despertaste en él un sentimiento que parecía estar muerto dentro de su interior. Lo llenaste de vida y estoy muy agradecida por ello.

En ese momento comprendí todo. Aquella mirada tan penetrante era la misma que veía todos los días en Balamb. Aquella mirada que hacia me perdiera en ella. Aquellos ojos tan verdes que hacían que mi mundo se detuviera.

La mujer asintió levemente al ver mi reacción. Sabía lo que pensaba. Sabía que había comprendido el significado de sus palabras. Pero, ¿Cuál era su propósito?

-¿Usted es la madre de… -dudé por unos segundos- Squall?

-Si –la mujer asintió con una leve sonrisa-. Y necesito pedirte un favor. No podemos cambiar el futuro, pero…

-Se avecina algo muy grande Rinoa –interrumpió mi madre-. Y todos estarán en peligro.

-Sobre todo Squall –habló la mujer.

En ese momento sentí como otro fuerte escalofrió recorría todo mi cuerpo.

-Ya no hay tiempo –escuché decir-.

-Squall está en grave peligro. Debes impedir que viaje a ese templo –alguien gritó-. Debes cambiar el futuro, evitar que muera.

Todo parecía dar vueltas a mí alrededor. Todo comenzaba a desvanecerse poco a poco. Aquellas palabras parecían no tener significado en aquel momento.

-¡Mama! –entré en pánico.

-¡Dile a Squall y a Ellone que los amo y que siempre he estado con ellos!

-Te amo Rinoa. Salúdame a tu padre…

Una gran fuerza tiraba de mí hacia algún lugar desconocido. Por momentos sentí como me faltaba el aire. Todo se encontraba oscuro, parecía como si viajara por una especie de túnel. Todo fue aclarándose poco a poco. Había una luz al final que parecía guiarme hacia algún lado. Era tan hermosa y brillante.

¿Qué habría de aquel lado? ¿Regresaría aun en contra de mi voluntad? Solo había una forma de saberlo.

Comencé a correr hacia aquel camino y pronto empecé a deslumbrarme con aquella luz, pero no paré. Seguí sin detenerme. Fue entonces cuando comencé a escuchar una voz detrás de aquella salida. Alguien me llamaba. Aumenté mi paso y cruce aquella luz sin dudarlo. De pronto, todo se iluminó y desperté justo en el mismo lugar donde había caído después de deslizarme por aquella ladera.

-Gracias a dios despertaste –dijo una voz a mi lado-. Tu pulso era extremadamente débil. Creí que morirías.

Aquel extraño que me había salvado tantas veces se encontraba justo a mi lado. Había salido con vida después de aquella aparatosa caída. No cabía duda que era un gran luchador.

-¿Dónde está el T-rex? –pregunté confundida. Tratando de incorporarme pero un fuerte dolor atravesó todo mi cuerpo. Cada una de mis costillas parecían a punto de partirse.

-No te levantes –dijo rápidamente, mientras me acomodaba-. Tienes dislocada tu rodilla izquierda y parece que algunas de tus costillas.

-Fantástico –pensé.

-Tenemos que salir de aquí –dijo después de un momento-. Tienes que ver a un doctor.

-¿Tú crees que voy a poder salir de este lugar con una sola pierna? –dije sarcásticamente.

-Pues si la única forma de sacarte de aquí es en brazos, no dudare en hacerlo.

Nuestras miradas permanecieron fijas durante algunos segundos. No podía saber que era lo que pasaba por su mente. ¿Por qué me hablaba de aquella manera? ¿Quién era él? Y lo más importante ¿Qué hacía en aquel lugar?

Desde el primer momento en que nuestros caminos se cruzaron, se había comportado de una extraña forma. Parecía conocerme tan bien y no dudaba en poner en peligro su vida por salvar la mía.

-No sé quién eres y no sé por qué haces todo esto por mí –pregunté sin separar mi vista de la suya.

-Haría cualquier cosa por ti –dijo sin dudarlo-. Y ahora, necesito sacarte de aquí.

-¿Quién eres? –pregunté casi sin habla.

-Eso no importa ahora, debemos de marcharnos ya –su mirada era tan intensa que hacia me perdiera en ella- Necesito inmovilizar tu pierna, así que trata de no moverte.

Después de esto se puso en pie y comenzó a buscar algo a nuestro alrededor. No estaba segura de que podría ser. Yo solo espere sin perderlo de vista. No había tenido el tiempo de observarlo fijamente con anterioridad. Era un hombre muy apuesto. Su cabello era castaño obscuro y sus ojos de un color chocolate claro. Tenía una ligera barba crecida sobre su mentón y era tan alto y musculoso como Seifer.

-Mi tipo ideal –sonreí tontamente al pensar esto. ¿Cómo podía sonreír en un momento como este?

-¿Qué es tan gracioso? –preguntó de pronto sacándome de mis pensamientos.

-N..nada –contesté sonrojada. Había sonado como una tonta.

-¿Nada? Bueno, si no quieres decirme, lo entiendo.

-No es eso –hablé enseguida-. Lo que pasa es que me parece gracioso que todo me pase a mí. Nunca puedo tener un entrenamiento normal, una clase o mucho menos una práctica sin salir lastimada. No lo entiendo.

-Eso pasa por que eres una persona muy especial –dijo al acercarse a mí. Traía consigo una rama. Al principio no entendí para que pero pronto comenzó a acomodarla junto a mi pierna lastimada.

-Gracias –contesté apenada.

-Ahora –dijo sacándome de mis pensamientos-, necesito que muerdas esto –había acercado un pedazo de tela.

-¿Para qué? –pregunté confundida.

-Necesito que no hagas ningún tipo de ruido. El T-rex puede estar muy cerca.

-¿Y … por que no querrías que hiciera algún tipo de ruido? –pregunté muy nerviosa. Pregunté ya sabiendo su respuesta.

-Necesito inmovilizar esa rodilla y estoy seguro de que dolerá mucho.

No estaba segura de como lo hacía, pero lograba perderme en su mirada. No podía negarme a tal petición aun sabiendo el dolor que me llevaría. Podía sentir el mundo entero pausado a mí alrededor. ¿Por qué me daba esa sensación? ¿Quién era en verdad esta persona? ¿Por qué era tan atento?

Coloqué lentamente aquel trapo sobre mi boca y me recosté con cuidado. Sentía como mis costillas presionaban algo dentro de mi interior, pero no estaba segura de que podría ser. Lo único que sabía era que estas lesiones tardarían tiempo en sanar.

-Necesito… tu falda –dijo de pronto en un tono muy bajo.

Escuchar aquello hizo que reaccionara muy bruscamente haciendo que un gran dolor cruzara por todo mi cuerpo.

-¿mi falda? –pregunté con cierto tono de desconfianza.

-¡No pienses mal! –se apresuró en decir bastante apenado-. Necesito algo con que atarte la tablilla. Y… yo no quisiera… quedarme sin… ropa –dijo demasiado sonrojado.

-Y prefieres que yo me quede sin ropa ¿no? –pregunté sarcásticamente.

-¡No, no! No es eso. Yo solo… pensé… que… tú

-Está bien –sonreí un poco-. Solo bromeaba, me harías un gran favor si te deshaces de ese estúpido uniforme –su mirada de asombro era genial, no podía saber que pasaba por sus pensamientos en estos momentos pero parecía que no se esperaba nada de aquello.

Me estiré con cierto cuidado para desabotonar aquella falda. Era un gran alivio saber que traía pantalones cortos debajo de ella. Siempre estuve en contra de usar uniforme de falda para una prueba como esta. Eran tan incomodas y torpes en todos los sentidos.

La quité con cuidado, con ayuda de aquel extraño y de pronto empezó a escuchar como rasgaba la tela. Cortaba tiras para poder sujetar aquella tablilla sobre mi pierna.

-Necesito que respires profundo y no pienses en nada.

-¿Cómo no quieres que piense en nada si sé que me torcerás la rodilla? –dije un poco nerviosa.

-Piensa en algo lindo, entonces –dijo sonriendo.

Aquella sonrisa era espectacular. Claro que pensaré algo bonito- me dije a mi misma.

Volví a recostarme esperando aquel momento de dolor. Me coloqué aquella tela sobre la boca y la apreté fuertemente. Abrí mis ojos tanto como la claridad me lo permitía. Parecía que la lluvia había pasado de largo ya que varios rayos de sol se filtraban entre la copa de los árboles.

Había quedado empapada desde el primer minuto de la prueba. Necesitaba un buen baño caliente, pensé de pronto. También, Zell vino a mis pensamientos, ¿Qué habrá pasado con él? ¿Estará con bien? ¿Habrían logrado sacarlo del bosque? Rezaba con todas mis fuerzas.

-¿Por qué tardas tanto? –pregunté con la tela en la boca.

-Necesito acomodar todo primero, ¿quieres ver? –preguntó sarcásticamente.

-¡No! –dije y me recosté nuevamente. Podía sentir mi rodilla inflamada. Estaba segura que no podría salir de este lugar con ambos pies, pero confiaba en aquel extraño del que no sabía nada.

-¿Lista?

-¡No me digas cuando lo vas a hacer! –dije abrumada-. Prefiero que sea sorpresa.

-¿Sorpresa?- dijo con un tono de burla-. Si no es un regalo.

-Lo sé, pero no quiero que me digas cuando lo harás. Hazlo sin que yo sepa.

-Muy bien, entonces vuelve a recostarte y cuéntame algo sobre ti.

Levanté mi cabeza y despeje mi boca.

-Creo que sabes tanto de mí que tú mismo podrías contarme cualquier cosa ¿o me equivoco?

Creo que aquello lo había tomado por sorpresa. Su mirada era de demasiado asombro. Quizá nunca se esperó a que le dijera algo parecido.

-Todo a su tiempo –fue todo lo que contestó -. Ahora, vuelve a recostarte y tapa tu boca.

Le lancé una mirada amenazadora antes de volver a recostarme. Cada que esto ocurría algo se presionaba cada vez más en mi interior. Respiré hondo varias veces y cerré los ojos. Me disponía a concentrarme e olvidar todo lo que estaba a punto de pasar, pero algo a lo lejos no me dejo…

Todo sucedió en cuestión de segundos.

-¡Rinoa!

La voz de Selphie se escuchó a lo lejos. Me había estado buscando, me había encontrado…

-¡Selphie! –grité con todas las fuerzas que mi cuerpo me permitía, pero este grito pronto fue opacado por el gran dolor que sentí sobre mi pierna. Aquel extraño aprovecho aquella confusión para poner mi rodilla en su lugar. Sentí desvanecerme por algunos segundos. No podía pensar en ninguna otra cosa.

No supe si había pasado mucho tiempo o no. Me encontraba aturdida por el inmenso dolor. Pero tan pronto y como pude, identifiqué la voz irremplazable de Selphie.

-¡Rinoa! Cuanto me alegro de haberte encontrado. Estaba tan preocupada por ti.

Selphie se encontraba arrodillada a mi lado con una cara de angustia mezclada con felicidad.

-Selphie, cuanto me alegro –dije casi como un susurro.

-No digas nada, descansa, Squall y los demás ya vienen en camino y pronto te sacaremos de aquí.

-De eso ya me estaba encargando.

En algún momento Selphie había olvidado a aquel hombre que se encontraba junto a mi cuando me encontró, porque su reacción había sido de asombro al escucharlo hablar.

-¿Quién eres tú? –Selphie se había puesto en guardia.

-No te ofendas pero tú acabas de llegar, así que yo hago las preguntas.

-¿Quién te crees que eres? –Selphie se había acercado peligrosamente a aquel individuo. La conocía a la perfección y sabía que si aquel hombre no dejaba de cuestionarla, pronto habría una batalla.

-Él me ha ayudado Selphie –hablé tratando de controlar la situación-. Gracias a él, sigo con vida.

-Y… ¿Sabes quién es él?

-Lo último que quiero es hacerle daño –dijo con un tono fuerte de voz.

-Eso lo decidiré yo.

Selphie permanecía a la defensiva. No era fácil de persuadir. Sabía que si no intervenía de algún modo, esto no acabaría bien.

Intenté ignorar mi dolor y comencé a ponerme en pie. Cada milímetro de mi cuero me dolía. La gravedad de mis heridas era increíble. Sentía como si algo se estuviese partiendo dentro de mí. Respiraba profundamente a cada movimiento.

-¡No te levantes! –escuché la voz de aquel individuo.

Al momento, Selphie corrió hacia mí y me ayudó a sostenerme. Lo había logrado. Ahora solo faltaría la peor parte: salir de aquel lugar con ambas piernas.

-Hay que sacarte de aquí –dijo Selphie tomándome para que me apoyara en ella.

-No vas a llegar muy lejos con ella así –gritó aquel individuo-. Déjame sostenerla.

-Tú no vendrás con nosotras –gritó amenazante Selphie.

Podía sentir la mirada de odio de ambos. Sabía que Selphie nunca aceptaría su ayuda pero también sabía que nunca podríamos salir de aquí sin él. Parecía que conocía a la perfección aquel inmenso bosque.

-Selphie, por favor –dije entrecortadamente-. Él nos puede ayudar a salir de aquí.

-Rinoa –contestó-, ni siquiera sabemos quién es él.

-Gracias a el estoy viva. No necesito saber nada más –respondí.

Selphie suspiro después de escuchar aquello. Sabía lo mucho que le costaba confiar en un completo desconocido.

-Solo quédate donde yo te pueda ver –Selphie se había girado hacia aquel extraño después de pensarlos algunos segundos.

Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de aquel desconocido, sabía que había logrado su cometido. No pensaba separarse de mí y eso me reconfortaba más. Junto a ellos dos, no corría peligro alguno.

-Tenemos que seguir ese sendero –de pronto el silencio había sido cortado por la voz de aquel hombre.

-Tenemos que subir –interrumpió bruscamente Selphie-. Seifer y los demás estarán esperándonos cuesta arriba.

-¿Y dime como la piensas subir con la pierna destrozada?

-Para eso estas tu ¿no? Por eso querías quedarte, para ayudarnos a salir de aquí ¿O me equivoco? –La actitud de Selphie era demasiado grosera, pero la comprendía un poco, no sabíamos nada de aquella persona.

-¡Ya basta! –interrumpí de golpe -¡Dejen de pelear! Necesitamos salir de aquí a como de lugar. Sea por arriba o por abajo.

-No podemos regresar –dijo aquel joven-. El T-rex puede seguir cerca y debemos evitarlo a toda costa.

-Yo vengo de allí arriba, y ahí, no había nada.

-No entiendes nada –aquel extraño comenzaba a exasperarse, Selphie no daba ninguna solución. Solo se limitaba a atacarlo sin problema alguno-. Rinoa, ese T-rex no es de esta dimensión.

-¿Qué? –Selphie y yo preguntamos al mismo tiempo.

-¿Qué es lo que estás diciendo? ¿Qué es lo que sabes que no nos has dicho? ¿Quién eres tú y de dónde vienes? –preguntó fríamente.

-Ahora no puedo decirles nada, solamente tengo que sacar a Rinoa con bien de este bosque.

-¡Lo sabía! –de pronto grito Selphie haciendo que me exaltara de pronto-. Sabía que no eras nadie de fiar –se acercaba muy lentamente hacia aquel individuo- ¿Qué es lo que quieres con ella?

-Como dije, solo quiero sacarla con bien de…

De pronto, todo sonido a mi alrededor perdió sentido. Todo se paralizó. Ni siquiera el golpetear de las gotas de lluvia que nuevamente comenzaban a caer me perturbó en ese momento. De nuevo, aquel hueco en el pecho se hacía presente. Había perdido el aliento en cuestión de segundos y aquel extraño hombre sabía muy bien que lo había provocado.

Selphie se giró rápidamente para ver que ocasionaba tal asombro. Su respiración había comenzado a agitarse al percatarse de que aquel oscuro y temible T-rex nos observaba fijamente, esperando el momento adecuado para atacar…

/

Seifer llevaba ya varios minutos recorridos. No había encontrado indicio alguno de Rinoa o de cualquier otra persona. Parecía como si nadie nunca hubiese estado en aquel lugar. Todo eso le parecía muy sospechoso, toda aquella calma, todo aquel silencio. Algo no andaba bien.

Corrió sin pensarlo al lugar donde se había separado de Selphie. Esperaba que la pequeña instructora hubiera corrido con mejor suerte que él. Solo quería encontrar a Rinoa a como diera lugar.

No tardó mucho en llegar. Observo minuciosamente algún signo de que alguien hubiese estado recientemente. No parecía haber cambiado en nada. Decidió bajar para ir en busca de la instructora. No debieron separado nunca.

-¿Qué hacías allá arriba Rinoa? –se preguntó hacia sí mismo observando la parte alta de aquel árbol. ¿Y de quien es esa sangre? –se giró observando la mancha sobre una roca cercana.

Estaba convencido que había algo extraño en todo esto. Si no era Squall, ¿Quién sería la otra persona con la que ella estaba? ¿Sería un viajero que solo pasara por el lugar? ¿Un See'D que se adentró rápidamente para auxiliarla? Una teoría que pronto seria descartada.

Avanzó algunos pasos cuando de pronto un sonido corto el aire a su alrededor. Una flecha había pasado muy cerca de su rostro. Se había girado rápidamente con su espada en guardia al momento de ver esa flecha clavarse sobre aquel árbol enorme.

Jasón sostenía aquel arco sobre sus manos. Quistis puso su dedo índice sobre su boca en señal de que no hiciera ruido alguno. Aquella flecha haba sido lanzada para alertarlo de la presencia de los chicos.

Avanzo de mala gana hacia ellos. Su mirada se topó con la de Squall que fue recibida fríamente, tal y como el comandante sabía hacerlo.

-¿Dónde está Selphie? –preguntó Irvine desconcertado.

-Nos separamos –contesto Seifer en completa calma.

-¿Por qué? –dijo Quistis alterada.

Seifer les había contado de mala gana todo lo que había ocurrido desde aquel temblor. Como se encontró con Selphie y como habían decidido separarse.

-¿Quién es la persona con la que esta Rinoa? –preguntó Squall de pronto.

-Eso quisiera averiguar también, pero me están haciendo perder mi tiempo.

-¿Hacia dónde fue Selphie? –interrumpió de pronto Irvine.

-Fue cuesta abajo –respondió Seifer alterado-. ¿Pueden ya dejar de interrogarme de una vez y comenzar a buscar a Rinoa? Después de que la encontremos me preguntan todo lo que quieran ¿sí?

Seifer había dado media vuelta. No quería perder más tiempo con tantas preguntas. Lo único que le importaba era encontrarla con bien. Tenía que recuperar su amistad y hacer que lo perdonara. No había sido del todo bueno en el pasado, pero ¿Cómo podía haberse negado a todos aquellos sueños de la infancia? Nadie lo comprendería. Solamente él sabía por qué había hecho todas aquellas atrocidades, ¿atrocidades? No, aquello solo había sido un plan fallido.

Sintió como todos los demás lo seguían. Tenían que levantar la guardia. No podía sorprenderlos nada. En aquel bosque había creaturas inimaginables. Cosas que nunca antes existían en aquel lugar. Algo malo estaba sucediendo y tenían que averiguar que era cuanto antes.

De pronto, una fuerte explosión los alerto, seguido de un grito. Era la voz de una mujer. Una mujer que conocían a la perfección. En algún lugar cuesta abajo, Selphie necesitaba ayuda. Ayuda urgentemente…

/

Aquel t-rex avanzó a toda velocidad hacia nosotros. Aquel individuo corrió justo para toparse en su camino.

-¡Saca a Rinoa de aquí! –gritó fuertemente al momento de sacar su espada.

Selphie me rodeó con sus brazos tratando de ponerme en pie. –Tenemos que ayudarlo –dije mortificada.

-¿Cómo pretendes que lo hagamos?- respondió -. Jamás podremos solos contra él.

-¿Pero? … morirá –volví a insistir.

Selphie me miró con gran angustia. Ella sabía que si aquel extraño se enfrentaba solo con el t-rex no tendría ninguna posibilidad de vivir. Pero tal y como ella lo dijo, de ningún modo tendríamos posibilidades de derrotarlo si ambas lo ayudábamos.

-Deja ponerte a salvo y prometo que regresaré a ayudarlo –dijo cuando empezábamos a avanzar un poco. De pronto una fuerte explosión detrás de nosotras casi provoca que perdiéramos piso.

Aquel individuo había salido volando por los aires hasta detenerse con un árbol cercano. Parecía muy aturdido porque tardo algunos segundos para ponerse en pie. Su rostro se veía decidido a volver a atacar, pero su cuerpo no parecía responderle muy bien.

El t-rex avanzaba lentamente dispuesto a devorarlo, pero Selphie apareció por un costado haciéndolo retroceder.

-¡Sal de aquí! –me gritó fuertemente –Nosotros nos encargaremos.

Pero todo aquello no pareció funcionarle. Pronto, sufrió la misma suerte que aquel extraño. Había sido lanzada por los aires con mayor fuerza.

-¡Selphie! –grité con fuerza.

Pero Selphie no se levantó. La caída había sido abrumadora. No alcanzaba a ver la gravedad de sus heridas o si ella estaba… ¡No! No podía pensar en eso.

Avance a la velocidad que mi cuerpo me lo permitía. El dolor parecía haber disminuido. Sentía como una extraña fuerza recorría mi cuerpo. Estaba furiosa. Mi cuerpo ya no me pertenecía. Mi mejor amiga en el mundo yacía tendida en aquel frio y oscuro bosque.

-¿Qué es lo que estás haciendo? –escuché preguntar a aquel individuo al verme avanzar hacia aquella creatura -¡Detente!

Había algo que me movía. Había algo dentro de mí que no había sentido en mucho tiempo. La última vez que lo había sentido, me encontraba en el espacio siendo poseída por una hechicera. Sabía que si no lograba contenerme un poco esto se saldría de control. Pero no quería hacerlo. La vida de Selphie corría peligro. Tenía que protegerla a como diera lugar.

Sentía una gran energía proveniente de mis manos. Estaba lista. Sabía que ya no había vuelta atrás.

-¡No te atrevas a hacerle daño!- grité fuertemente dirigiéndome a aquella creatura-. No es a ella a la que quieres.

Y en efecto. Aquella mirada llena de maldad pura me confirmo lo que acababa de decir: solamente me quería a mí. Un extraño brillo surgió en aquellos ojos. Algo que no pertenecía a este lugar. ¿Pero… de dónde provenía? Solo había una forma de averiguarlo.

-¡Ven por mi entonces! –había levantado ambas manos para atraerlo hacia mí.

-¡No! ¿Qué haces? ¡Corre Rinoa! –gritó aquel extraño que aun yacía en el piso.

Pero omití todo aquello. No estaba dispuesta a correr. Si me quería a mí, no podía seguir huyendo. Era la única solución.

Avancé poco a poco. Tanto como mi pierna lastimada me lo permitía. Aquel t-rex me esperaba con paciencia.

Me sentía perfectamente tranquila. Sabía que esto era parte de ser una bruja. Ser uno mismo con la magia. Bloquear todo alrededor. Solo el t-rex y yo existíamos.

Entendía que yo sola no podría contra aquella creatura. Pero era necesario distraerlo para que Selphie y aquel individuo salieran con bien.

-Llévate a Selphie contigo –dije sin dejar de caminar-. No se preocupen por mí.

-¡No! – gritó con desesperación aquel hombre que apenas conocía. No estaba segura la relación que había entre nosotros pero estaba convencida que algo muy extraño nos unía - ¡Corre Rinoa! – volvió a decir y con todas las fuerzas que le quedaban intentó avanzar hacia mí. Pero una cantidad de energía lo paró en seco. Un hechizo escudo lo freno por completo, impidiéndole seguir avanzando.

-¿Qué es lo que haces? –su tono de voz sonaba desgarrador al intentar pasar sobre aquel hechizo-. ¡No se supone que termine así! –golpeaba con las pocas fuerzas que le quedaba aquel escudo-. Tu no debes de morir aquí –había caído al piso con ambas rodillas y agachando la mirada. Parecía sufrir demasiado ante mi decisión-, no también en esta dimensión.

Aquello no me había sonado raro en aquel instante. Toda mi concentración estaba sobre aquel t-rex que me esperaba con ansias. Estaba dispuesta a sacrificarme por mis amigos. Quizá era la razón por la cual mi madre no me permitió quedarme a su lado. Tenía que hacer una última cosa. No faltaba mucho para llegar a aquella creatura. Solo esperaba que mi muerte no fuera tan dolorosa.

-¡Rinoa! –una voz a lo lejos me saco de mi concentración. Aquella voz la conocía a la perfección.

Squall y los chicos habían llegado a aquel lugar. Nos habían encontrado.

Todo aquel alboroto pareció sacar de sus casillas a aquel t-rex. Ya que pronto comenzó a alborotarse.

-¡No se muevan! –grité-. Él me quiere a mí. No tiene por qué salir nadie más herido.

-¿Acaso has perdido la cabeza? –escuché decir a Seifer-. Después de que te devore nos atacara de todas formas.

El t-rex comenzó a avanzar hacia ellos. Lo habían enfurecido. Rápidamente los chicos se esparcieron para tener más oportunidad de atacar. No podía dejar que alguien más saliera lastimado. Observé a lo lejos que Irvine había llegado hasta Selphie que parecía moverse un poco. Un gran alivio recorrió mi cuero. Así como aquel inmenso dolor.

Aquel trance en el que me encontraba parecía haber desaparecido. Pronto, todo pareció quebrarse dentro de mí. Me sostenía con la única pierna sana que me quedaba, pero aun así, avancé un poco.

-¡Jasón! –Squall había gritado a lo lejos.

De pronto, dos flechas cruzaron el aire, yendo a parar justo sobre el cuello de aquel animal. Aquello lo había enfurecido como nunca.

-¡Déjalos en paz! –grité al momento de lanzar una gran bola de energía. Era magia muy avanzada y sabia sus consecuencias.

Aquel t-rex la había recibido por completo, lanzándolo varios metros de distancia. No estaba segura si había sido lo suficiente para matarlo, pero por lo menos nos daría algunos minutos de ventaja.

Toda aquella energía gastada en aquel hechizo me debilito más de lo que ya me encontraba. Y fue en cuestión de segundos que me desplomara. Aún seguía consiente, pero no podría volver a ponerme en pie. Escuchaba gritos y en veces mi nombre. Sabía que aquella creatura se había vuelto a poner en pie pero yo ya no pertenecía a esa batalla. No como quisiera.

Me había vuelto a convertir en una carga para los chicos tendida en aquel húmedo bosque. Sabía que tendrían que luchar cuerpo a cuerpo contra aquel animal salvaje mientras yo me encontraba tendida en aquel lugar. Solo escuchaba murmullos y ya no podía mantenerme despierta. El dolor parecía partir mi cuerpo por la mitad. No sabía si realmente lo lograría.

-¿Rinoa? –la voz de quistis me sacudió-. No cierres los ojos nena, resiste.

No sabía que estaba ocurriendo. Yo me encontraba en algún tipo de limbo ya que nada me parecía real. Escuchaba lo que parecían voces, pero ninguna era entendible. ¿Acaso ya habían derrotado a aquel t-rex? ¿Estarían todos con bien?

-Ponte en contacto con el helicóptero de Balamb Garden –ordenó Squall a quistis.

-¿Crees que pueda accesar a este lugar? –preguntó

-Tendrán que intentarlo, es la única forma de sacarla de aquí.

-Zell – mi voz salió como un suspiro.

-Rinoa, tienes que calmarte –Squall sonaba muy preocupado- ya pronto vendrá la ayuda y te sacaremos de este lugar.

-El t-rex – mi voz apenas salía

-No te preocupes, ya todo acabo.

Aquello pareció tranquilizarme del todo. Nunca desconfié de las habilidades de los chicos. Ahora todo volvería a la normalidad. O eso era lo que pensaba en aquellos instantes. Aun así, varios pensamientos cruzaron mi mente antes de desvanecerme por completo a causa del dolor. ¿Quién era aquel individuo que había salvado mi vida en varias ocasiones? Y mejor aún ¿Por qué apareció en mis sueños, si nunca antes lo había conocido? …