El fic tendrá dos, a lo sumo tres capítulos. Todo depende de mi voluntad y mi inspiración.

Espero que les guste. Ah, y no se asusten, Draco aparecerá, lo prometo!

Disclaimer: Todo le pertenece a Jo y a la WB ( incluido el mimblewimble :D), a excepción de Lucy Jensen y Daisy Miller. Ellas provienen de mi cerebro.


¡Mimblewimble!

-¡Es tu turno, Ginny – Winny!

Hermione oyó el disimulado bufido de irritación de la pelirroja y sonrió. Se preguntó cuántas veces más tendría que escuchar ese horrendo apodo antes de que Ginny estallara.

Levantó la vista de la página del libro de Aritmancia que había estado intentando leer hacía ya una hora, rindiéndose. No podría concentrarse en la lectura con semejante alboroto, a pesar de que las cortinas de su cama estaban corridas y perfectamente cerradas, dándole la sensación de estar en un refugio. Su refugio personal, ése que armaba cuando quería aislarse del mundo en esos días en los que todos parecían hacerle la vida imposible, o cuando simplemente quería estar sola, cansada por el trajín diario.

"O en días como hoy, cuando una horda de adolescentes gritonas invade tu cuarto sin miramientos y no te deja dormir", pensó con hastío.

Con motivo del cumpleaños de Parvati, Lavender había organizado una pequeña reunión nocturna a la que habían concurrido varias alumnas de séptimo, sexto (entre las que se encontraba Ginny) quinto y cuarto de Gryffindor, así como también chicas de Ravenclaw y Hufflepuff. La hermana de Parvati, Padma, había traído a sus propias amigas, con lo que la habitación se encontraba abarrotada al extremo. Hermione había tenido dificultades para llegar a su cómoda cama, tratando de no pisar ni caerse encima de nadie. Al encontrarse con tamaña invasión, se sorprendió por la cantidad de chicas, pero luego recordó que Parvati y Lavender eran mucho más sociables que ella, y por lo tanto era perfectamente normal que hubieran invitado a casi todo el plantel femenino de Hogwarts.

Sintió una pequeña punzada de envidia que se disipó rápidamente. Los amigos que ella tenía eran mucho más que suficientes, y seguramente la hacían mucho más feliz que lo que todas aquellas niñas la hacían a Parvati. Estaba muy orgullosa de ellos y de su lealtad. Pero muy a su pesar, no pudo evitar pensar en cómo serían sus fiestas de cumpleaños con tanta gente, si ella fuera popular como su compañera de cuarto…

Cerró el libro con violencia, apartando esos pensamientos de su mente. Miró por enésima vez el reloj despertador que reposaba en su mesita y que marcaba las diez y media. Recién las diez y media. Hacía una hora que la dichosa fiesta había comenzado, y Hermione rogaba a cada momento que acabara lo más pronto posible. Estaba bastante agotada: ese día había tenido dos exámenes y había tenido que entregar tres trabajos, para los cuales se había quedado prácticamente sin dormir durante toda aquella semana. A causa de esto, lo único que había estado anhelando durante el día era irse a dormir, para poder reponerse y descansar. Mas cuando traspasó el umbral de la habitación y vislumbró la exaltada multitud, el revuelo de almohadas y sábanas y la comida y bebida desperdigadas por el cuarto, tuvo ganas de largarse a llorar. Su descanso se había ido al caño.

Porque, como si no fuera poco, las muchachas iban a pasar la noche allí.

Genial, pensó Hermione. Todo aquello la hizo recordar a esos… ¿cómo se llamaban?... "pijama parties", que organizaban las niñas muggles de su anterior colegio. Claro que ella estaba enterada de las reuniones sólo porque oía los comentarios de las niñas al pasar, no porque la invitaran.

Ella no tenía amigas. Nadie quería hablar con ella ni acercársele, de allí que sus fiestas de cumpleaños cuando era pequeña fueran tan aburridas.

Pero ella tampoco esperaba que se le acercaran, ni quería que lo hicieran. Se creía superior a todos los demás niños de su antiguo colegio muggle. Siempre lo había hecho.

Y ahora estaba allí, soportando el incesante parloteo de sus compañeras. Parvati y Lavender la habían invitado, más por cortesía que por otra cosa, pero ella se había negado amablemente, aduciendo que estaba muy cansada. Ellas no habían vuelto a insistir.

Hermione no dejaba de sorprenderse ante lo que escuchaba: las niñas más pequeñas eran dueñas de las peores confesiones. Habían jugado a un juego que prácticamente consistía en escupir el nombre de tu enamorado o tu chico ideal ante las presentes, y de allí en más la víctima debía compartir sus experiencias con el chico en cuestión. La mayoría de las invitadas había hablado sin inhibiciones, pero las pocas tímidas que se encontraban allí debían someterse a un hechizo para revelar sus secretos. Agradeció a los cielos no haberse encontrado entre ellas; hablar de su pseudo – experiencia en el amor sería penoso.

Al final del juego, Hermione era poseedora del más variado repertorio de experiencias sexuales y parecidas de todo Hogwarts, la mayoría de los cuales eran desconocidas para ella.

Luego, habían charlado sobre maquillaje, moda y chicos; luego habían comido y habían reanudado la conversación: maquillaje, moda y chicos. Hermione estaba empezando a creer que eran los únicos tres temas de conversación, cuando de entre todas las voces se destacó la de Lavender, más chillona que la de las demás.

- ¡Se me acaba de ocurrir una idea brillante! – Hermione ahogó una risita sarcástica desde su búnker. ¿Lavender, pensando? - ¿Qué les parece si jugamos a "Verdad, Reto o Hechizo"? – finalizó con voz teatral, buscando crear conmoción.

Y vaya si lo logró, pensó Hermione azorada. La habitación pareció entrar en estado de caos. Las chicas vociferaban presas de la emoción, mientras Lavender y Parvati trataban en vano de aplacarlas, sus voces pequeñas en comparación con el rugido de la multitud. Hermione se preguntó hasta cuándo duraría el bullicio, cuando un sonoro estruendo hizo reinar el silencio.

- ¡Ya BASTA! – la voz autoritaria de Ginny inundó el cuarto. Al fin alguien con sentido común, se dijo Hermione mentalmente. – Si siguen gritando así… – Hermione se imaginó las facciones aterrorizadas de las chicas y supuso que su pelirroja amiga haría desalojar la habitación - … ¡no podremos jugar! – el tono amenazante de su voz había desaparecido y la castaña suspiró decepcionada. Definitivamente el sentido común de la menor de los Weasley se había evaporado, esfumado o algo así. Al menos, pensó con alivio, no había tenido que oír ningún desagradable relato erótico de labios de la pelirroja. La imagen que tenía de ella se hubiera distorsionado considerablemente.

- Ginny – Winny tiene razón. Tranquilas, chicas, habrá juego para todas – soltó una risita afectada – Propongo que la cumpleañera comience – una salva de aplausos sobrevino a su decisión – y luego iremos jugando de acuerdo a lo que decida la varita – pronunció como si estuviera afirmando una verdad científica. El silencio se mantuvo, por lo que Hermione supuso que la rubia estaría mostrándole la famosa varita a la multitud.

Como si fuera algo digno de reverencia, pensó con ironía. Nunca había oído hablar de ese juego, y la reacción de las muchachas le dio a entender que era muy famoso y que ya lo habían jugado varias veces. Ella nunca había jugado a nada parecido ni asistido a una fiesta "de chicas". Se preguntó si ésta sería la primera vez que se reunirían sin ella, pero no le dolió mucho la respuesta.

Admitiendo a regañadientes su curiosidad, apoyó el libro sobre la mesita y acto seguido se acercó al punto de unión entre las cortinas que la ocultaban, formando una especie de pared. Se acostó boca abajo, con la cabeza sobre el extremo de su cama, apoyando sus pies sobre la almohada.

Con sigilo, corrió apenas un centímetro de la cortina y se dispuso a espiar, quedándose muy quieta por temor a ser descubierta. El crujir del viejo colchón no la ayudaba en absoluto.

Pudo ver cómo la mayoría de las chicas estaban sentadas en el suelo formando un círculo en torno a una especie de tablero rectangular de color fucsia, al parecer ajado y maltratado por el uso. Sobre él, se hallaban dispuestas tres pilas de tarjetas de color rojo sangre, perfectamente acomodadas una al lado de la otra en uno de los lados del tablero. La primera pila decía "Reto" en letras grandes y refinadas, la siguiente "Verdad", y la última "Hechizo". Hermione distinguió un tenue brillo dorado en esa pila de tarjetas en particular, y se preguntó la razón.

Dirigió su atención fuera de la ronda, y observó al resto de las invitadas acomodadas sobre las camas restantes o en cualquier otro espacio libre que hubieran encontrado. Todas se encontraban absortas, con la mirada fija en el centro del círculo y una expresión de fascinación en sus rostros. Hermione siguió la dirección de sus ojos y se encontró con un detalle en el que no había reparado antes. Colocada de manera horizontal frente a las tarjetas, se encontraba la varita. Hermione no notó nada de especial en ella: era una varita común y corriente, y se encontraba en el mismo estado de deterioro que el tablero. Lo único que la hacía destacar era su color, un rosa impactante, y que al parecer disimulaba sus desencantos. Pronto Hermione descubrió que al igual que las demás, no podía quitarle los ojos de encima a esa estúpida varita. Siguió el recorrido que hizo en manos de Lavender, quien la depositó suavemente a los pies de Parvati. La mano de ésta temblaba furiosamente, y cuando su amiga le acercó el tablero frente a ella, no pudo evitar dejar caer la varita sobre las tarjetas. Éstas permanecieron en su sitio, inmutables. Parvati respiró hondo y Hermione supo que el juego estaba a punto de comenzar.

- Bien… - susurró su compañera de cuarto – aquí va. – Cerró los ojos, muy concentrada en lo que sea que fuera a hacer, y luego hizo girar la varita sobre el tablero. Unos instantes después, la varita se detuvo secamente apuntando a la primera pila de tarjetas. Reto.

Parvati, al igual que las demás, quienes hasta ese instante habían estado rígidas de expectación, sonrió aliviada. Hermione pensó que las dos opciones restantes no debían ser muy agradables.

La joven tomó la primera tarjeta de la pila y la leyó para sus adentros. Soltó una risita y luego se dispuso a leerla en voz alta a las presentes.

- "Si tu amor quieres compartir, tus besos deberás repartir. Los morenos son mi consejo, aunque debas buscarlos con un catalejo" – terminó riendo. El resto la acompañó con una risa suave y Parvati se sonrojó. Hermione alzó una ceja en señal de incomprensión. ¿De qué demonios se trataba todo aquello?

Lavender le quitó la tarjeta de las manos a Parvati y volvió a leerla, como si no hubiera comprendido lo que había dicho su amiga. Luego procedió a guardarla sin mucho cuidado en una pequeña caja de madera que reposaba a su lado. Hermione recordó haber visto esa caja varias veces en manos de la rubia, suponiendo que guardaba una bola de cristal o alguno de esos ridículos libros que leía sobre adivinación. Jamás hubiera dicho que encerraba aquel jueguito de niñas. Abandonó sus suposiciones y volvió a prestar atención a las chicas.

- Muy bien, Parvy – felicitó Lavender a la agasajada y Hermione sintió sus tripas retorcerse. ¿Es que no había una poción anti- apodos ridículos? Anotó mentalmente este interrogante para después buscarlo en la biblioteca – Ya todas sabemos que te gustan los morenos, sobre todo los de Ravenclaw – le guiñó un ojo a las representantes de aquella casa, quienes se limitaron a reírse tontamente – Así que nuestras queridas invitadas van a ayudarte a repartir tus besos, ¿no es cierto, chicas? – las aludidas asintieron fervientemente.

Parvati sonrió complacida. Abandonó el lugar central que ocupaba en la ronda y procedió a devolver el tablero a su lugar original. La tensión volvió a instalarse en el semblante de las concursantes y Lavender tomó la varita y la colocó en el suelo, para que todas pudieran verla.

- Y ahora, es el turno de la varita para escoger a la próxima – susurró con misticismo. Todas dieron un respingo, menos Ginny, quien jugaba pero parecía inmune a la sensación general de nerviosismo. Lavender hizo una extravagante floritura con la mano y acto seguido hizo girar la varita con fuerza. Hermione siguió con embelesada atención la punta de la varita, que se detuvo en una chica de Hufflepuff de cuarto, sentada en el borde de una de las camas. Si la memoria de Hermione no fallaba, su nombre era…

- Lucy Jensen – pronunció Lavender con una sonrisa y la chica titubeó antes de ingresar a la ronda. Estaba pálida como un fantasma. – Acércate, querida, no tengas miedo – la animó, en un tono maternal. La chica tomó asiento con las piernas cruzadas delante del tablero y extendió la mano para tomar la varita que le entregó Lavender. Se puso más pálida (si eso era posible, pensó Hermione) y apoyó la varita sobre el tablero, decorado con arabescos y estrellas de color plateado. La varita comenzó a girar rápidamente y luego de un segundo se detuvo sobre la segunda pila, certera.

Lucy, recuperando un poco de color en sus mejillas, tomó una tarjeta de la pila con la palabra "Verdad" escrita en el dorso y la leyó en voz muy baja. Esbozó una sonrisa de resignación y se aclaró la garganta para leer en voz alta. Su tono de voz era claro y suave.

- "El interrogante presentado deberá ser contestado" – bajó la mirada para leer lo que seguía y suspiró – "¿Eres capaz de confesar ante la audiencia, el castigo que tu prefecto te otorgó por tu desobediencia?"- concluyó, con un estridente rubor escarlata en tus mejillas, para luego entregarle la tarjeta y la varita a Lavender con cierta reticencia. Ésta arrojó la tarjeta en la caja y conservó la varita fuertemente aferrada. Se dirigió hacia Lucy con picardía brillando en sus ojos, y Hermione percibió cómo el resto de las chicas la observaban con ansiedad, esperando a que hablara.

- ¿Y bien? ¿Cuál fue tu castigo, Lucy?

Hermione abrió los ojos desmesuradamente ante la sorpresa. ¿Qué había hecho QUÉ con el prefecto? Su grito ahogado se hizo inaudible entre las exclamaciones de asombro y las risas de las chicas. Lucy, todavía sonrojada como una amapola, volvió tambaleándose a su sitio. Hermione meneó la cabeza en señal de incredulidad. ¿Qué era lo que estaba sucediendo en Hogwarts? ¿Acaso todas las chicas se habían convertido en sacos de hormonas, que en lo único que pensaban era en… eso? ¿Dónde estaban la decencia y la moral?

- Por todos los cielos… - susurró quedamente.

Una vez apagados los murmullos, se reanudó el juego. Hermione contempló cómo el resto de las chicas participaban activamente, respondiendo preguntas (algunas demasiado personales, en su opinión) y recibían retos que debían cumplir. Algunos de ellos eran tan absurdos, que no pudo evitar reírse al ver a Ginny bailando una suerte de danza tribal en el centro de la ronda, mientras las concursantes se desternillaban de risa. Hermione cubrió su boca con su mano, para no ser escuchada. Padma debió beberse tres botellas de cerveza de manteca de un tirón y Daisy Miller, una alumna de Gryffindor de quinto, tuvo que quitarse su pijama de corazones rojos y verdes y entregárselo tranquilamente a las demás, para que organizaran una suerte de búsqueda del tesoro mientras ella tiritaba de frío en ropa interior. Se estaban divirtiendo a lo grande, Hermione incluida.

Al cabo de media hora, casi todas las chicas habían jugado. Lavender tomó la varita por enésima vez, con un brillo especial en los ojos. Realizó la extravagante floritura una vez más y amagó con posarla en el suelo, pero en cambio la sostuvo en la mano derecha firmemente, con la vista perdida en ningún lugar y una sonrisa que desconcertó a las que la observaban. Todas, incluida Hermione en su calidad de espía, aguardaron con el corazón en la boca. ¿Qué era lo que la rubia tramaba ahora?

De repente, Lavender clavó bruscamente sus ojos en los suyos y enarcó las cejas, y Hermione supo que estaba perdida.

Apuntó con la varita rosa hacia el refugio de Hermione y las cortinas se abrieron de par en par. La castaña y su posición cuerpo a tierra quedaron a la vista de todas en un segundo, y una risita sofocada se expandió por la habitación. Para colmo, la abundante melena de Hermione se hallaba volcada hacia un lado, por lo que cuando se incorporó lucía como un extraño león despeinado, lo que le dio un aire todavía más gracioso a la situación. Notó como el rubor acudía a sus mejillas y rogó a Merlín que la tierra la tragara en aquel mismo instante. Veinte pares de ojos se posaron en ella y de pronto se sintió muy pequeña.

- ¿Desde cuándo nos has estado espiando, Herms? ¿Una hora, dos tal vez?- le preguntó Lavender, mordaz.

- Yo… eh… bueno – balbuceó la castaña. Se sentía como una completa estúpida por haber sido descubierta. – Sólo estaba mirando, lo siento… - se acurrucó en su cama – lo siento… sigan jugando, chicas, no las molestaré – concluyó con una risa nerviosa. Hizo ademán de volver a cerrar los doseles de su cama, pero se detuvo en seco al ver que Lavender la apuntaba con la varita y le lanzaba una dura mirada, idéntica a la del resto. Buscó a su amiga con la mirada, y cuando la halló, Ginny parecía estar asombrada e irritada a partes iguales. Le suplicó silenciosamente que la auxiliara, pero la pelirroja desvió la mirada y le susurró algo a la muchacha que tenía al lado, una chica morena de ojos verdes. Ahora se encontraba sola.

Devolvió la vista al frente y la clavó en el rostro de Lavender, ya sin rastro de la vergüenza que la había inundado segundos antes. Ella era una Gryffindor, no debía temerles, podía vencerles. Después de todo, eran sólo un grupito de niñas indefenso. ¿Qué podrían hacerle?

- Lo siento, Hermy – ante la sola mención de ese diminutivo se enfadó enormemente – pero ahora tienes que pagar el precio por lo que hiciste – una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro de todas las presentes y Hermione recordó con horror a una película muggle que había visto en la que un ejército de clones atacaba a los humanos. Lavender se acercó lentamente hacia el borde de la cama de Hermione y la tomó del brazo para acercarla al centro del círculo, pero la chica no se movió ni un centímetro.

- Ya les he pedido disculpas, ¿sí? No pienso dejar que me obliguen a hacer ni una de las tonterías que ya han hecho ustedes – afirmó con altivez y un murmullo de irritación inundó el ambiente. Hermione pensó que quizás había sonado más petulante de lo que había querido, pero no le importó.

- Mi querida Hermione – comenzó Lavender y la castaña se sorprendió de que no la llamara por uno de sus ridículos apoditos de su invención – insisto en que me acompañes – le tironeó del brazo con más fuerza pero Hermione no cedió – Eres poseedora de una información demasiado valiosa para nosotras – por el rabillo del ojo observó cómo la mayoría se sonrojaba – y además, es evidente que te mueres por jugar. De lo contrario, ¿por qué nos habrías espiado? – finalizó con una sonrisa de suficiencia. Y en ese momento supo que estaba acorralada.

Sí, se moría por jugar, ¿y qué? ¿Había algo de malo en eso?

La verdad es que no, se respondió a sí misma. Claro que había muchas cosas en riesgo: su reputación como prefecta y como persona. En boca de Lavender, las posibles confesiones o los ridículos que pudiera hacer a causa del maldito juego correrían como pólvora por Hogwarts, y ella sería víctima de la humillación y las burlas. Las demás concursantes se hallaban protegidas por el sólo hecho de haber sido invitadas a la fiesta, pero Hermione no contaba con ese halo de protección impuesto por Parvati y Lavender, y al fin de cuentas, ella no pondría las manos en el fuego por su discreción. Todas, de una manera u otra, se hallaban en sus manos.

Sumida en sus cavilaciones, no notó que Lavender la había arrastrado hacia el centro de la ronda y la había sentado frente al tablero. El círculo se había reducido conforme las chicas se habían ido acercando al tablero. Ninguna quería perderse lo que la prefecta perfecta Hermione Granger tenía para contar.

- … y verás que es muy sencillo y fácil, Mioncita. Sólo es un simple juego. – alcanzó a escuchar Hermione que le decía Lavender cuando volvió en sí. Intentó retirarse del lugar impuesto pero la rubia volvió a sentarla bruscamente en el suelo de madera, apoyando sus manos sobre los hombros de la muchacha. Apartó su cabello revuelto de su hombro y le susurró al oído:

- ¿Estás lista, Hermsie?

- ¡No, no lo estoy! ¡No pienso jugar!- protestó Hermione y Parvati puso cara de "aquí vamos de nuevo". En el aire se percibía un clima de impaciencia y varias rodaron los ojos. - ¿Es que esto no tiene un libro de reglas? Tiene que estar escrito que nadie debe jugar contra su voluntad, ¡tiene que estarlo! – reclamó con su familiar tono de superioridad. Lavender puso los ojos en blanco y buscó la bolsa de terciopelo en la que se encontraban las tarjetas ya utilizadas. Revolvió durante unos instantes para al final rescatar un pequeño libro de tapas negras. Hermione, en sintonía con el resto, ahogó un grito. El libro nada tenía que ver con el tablero y la varita rosa, de apariencia inocente y romántica. Era un libro muy antiguo, con grabados en la contratapa de aspecto grotesco y una sola inscripción en la tapa que rezaba, en letras doradas y extravagantes, "Mimblewimble".

Lavender, quien al parecer no se había percatado del aura de malignidad que poseía el libro, se lo arrojó a Hermione que atinó a atraparlo. Observándolo superficialmente, le recordó a los libros de magia negra de la Sección Prohibida.

- Revísalo si quieres, no encontrarás nada que diga que no puedes jugar – le aclaró con voz meliflua. Hermione decidió creerle; el libro le provocaba una indescriptible repulsión y no quería seguir sosteniéndolo. Se lo devolvió a Lavender, quien satisfecha volvió a guardar el libro en la bolsa. Hermione se restregó las manos contra el pantalón del pijama; las sentía sucias y pegajosas.

Una vez desaparecida la sensación, se encontró con Lavender frente a ella, entregándole la varita. Suspiró. Estaba cansada, quería dormir y sabía que su compañera de cuarto no descansaría hasta salirse con la suya. Encomendándose a Merlín para que todo aquello no terminara en una gran humillación pública, tomó la varita que le ofrecía la rubia y la colocó sobre el tablero.

- Al diablo – murmuró y las chicas la aplaudieron fervorosamente. Hermione no pudo evitar sonreír. Quizás no fuera tan malo después de todo.

- Creo que ya sabes lo que tienes que hacer, Mione – la animó Lavender, guiñándole un ojo.

Hermione cerró los ojos, inspiró profundamente, y luego hizo girar la varita con los dedos índice y pulgar de la mano derecha. Con los ojos cerrados, pudo percibir los murmullos expectantes de las muchachas que seguramente tenían sus ojos fijos en ella.

Aguardó pacientemente unos instantes y supo que la varita se había detenido cuando oyó simultáneos grititos y exclamaciones de horror.

Abrió los ojos abruptamente y lo que vio no le gustó para nada. Todas las caras estaban unificadas en una auténtica expresión de pánico, incluida la de Lavender, observando el tablero. Hermione se impresionó al verla: la mandíbula desencajada y los ojos amenazando con salírsele de las órbitas. Hermione se hubiera reído un buen rato de no ser por lo que encontró a continuación.

La atención general estaba concentrada en la varita, que con uno de sus extremos apuntaba a una de las pilas de tarjetas.

Más concretamente, a la de "Hechizo".

Una extraña opresión en el pecho sumada a la reacción de las concursantes le dijo que aquello no era para nada bueno. Estiró la mano para tomar la tarjeta, vacilante, pero la mano de Lavender se cerró alrededor de su muñeca rápidamente.

- ¡Hermy, no lo hagas! – exclamó la chica con un leve tono de desesperación en su voz. Al parecer, todas habían atinado a hacer lo mismo que Lavender. – Déjalo, volverás a girar la varita y jugarás… quizás no fue una buena idea que participaras… - concluyó pensativa.

Hermione comprendió en ese momento el por qué de la tensión generalizada mientras la varita giraba. Hasta entonces, a ninguna de las participantes le había tocado esa opción. Pero la curiosidad de Hermione (y secretamente, las ganas de vengarse de Lavender por haberla obligado a participar de ese estúpido jueguito) fue más fuerte que el miedo y la sensación punzante de su pecho. Con una voz suavemente peligrosa, se dirigió a Lavender, quien la observaba como si fuera una bomba a punto de explotar.

- Pero, Lav – Lav - se regodeó internamente al oírse a sí misma burlándose de manera poco sutil - ¿qué es lo grave del asunto? Sólo es un simple juego, ¿recuerdas? – prosiguió en el mismo tono de fingida inocencia, ahora dirigiéndose al resto – Vamos, niñas, no me digan que creen en esto – dijo, golpeando suavemente la madera del tablero – Como anteriormente dijo nuestra buena amiga Lavsie – reprimió una risotada – no tiene nada de malo. Y ahora, déjenme leer la tarjeta, ¿sí?

Las demás la observaban como si se hubiera vuelto loca. Con una sonrisa burlona plasmada en su rostro, realizó un extravagante gesto con la mano, idéntico al de Lavender, y tomó la tarjeta. El brillo dorado de la palabra "Hechizo" se insentificó, al igual que la punzada en su pecho. Tomó aire para comenzar a leer, pero sufrió una segunda interrupción

- Detente, Hermione. No sabes lo que puede pasar.

La voz y el semblante serios de Ginny introdujeron la duda en su mente.

No se tragaba la preocupación de Lav – Lav, pero si Ginny opinaba lo mismo que ella, era cuestión de empezar a preocuparse. Hermione la observó fijamente durante unos instantes, sorprendiéndose de la aflicción en sus ojos. Ninguna de las dos dijo nada, y ninguna de las presentes se atrevía a emitir palabra. Parvati, sin poder resistirse más, rompió el silencio.

- Ginny tiene razón, Hermione – dijo con voz tenue. Hermione la miró, perpleja. La duda estaba echando raíces. – Es muy peligroso leer una tarjeta de "Hechizo", no sabes lo que puede llegar a tocarte – Lavender asintió fervientemente, al igual que varias de las chicas más grandes. Hermione notó que una o dos de las más pequeñas mostraban signos de incomprensión al igual que ella.

- Este juego es muy antiguo, Herms, se dice que proviene de los tiempos de Morgana – explicó Lavender, y Hermione enarcó una ceja, sonriendo con escepticismo. ¿Desde los tiempos de Morgana?. La chica prosiguió sin inmutarse. – Los hechizos que aparecen en las tarjetas pueden llegar a ser extremos, de duración indefinida. Si lees esa tarjeta, lo que contenga puede afectarnos sólo a nosotras… o a todo Hogwarts. Por eso no las usamos. Cuando te toca una tarjeta "Hechizo" simplemente la descartas y haces girar la varita otra vez. Pero nunca, ¿entiendes?, nunca, las usamos. Ni las usaremos – concluyó Lavender en el mismo tono que Hermione hubiera utilizado para una lección oral de Transformaciones.

Sin embargo, había algo que no cuadraba. - ¿Y entonces para qué ponen las tarjetas "Hechizo" en el tablero? – inquirió Hermione.

- Porque si no están las tres pilas de tarjetas, no se puede jugar. Ya lo han intentado antes, creéme – le respondió Ginny, claramente ofuscada por la falta de confianza de su amiga – Hay historias, Hermione, hay historias aterradoras de brujas a lo largo de la historia que por usar esas tarjetas – dijo señalando la que Hermione aún sostenía en la mano – han sufrido cosas terribles, junto a sus amigos o a su familia. La mayoría de estos acontecimientos ocurrieron aquí, en Hogwarts. Por eso el juego está prohibido – finalizó la pelirroja contestando a la pregunta no formulada de Hermione.

- Pero, entonces… ¿cómo lo consiguieron? – preguntó Hermione suspicaz.

- Lo encontramos con Lavender. En el aula de Adivinación. – confesó Parvati, evidentemente orgullosa de su hallazgo – Por asuntos que no vienen a cuento – a Lavender se le escapó una risita – aquel día llegamos tarde. Claro que fue el primero y el último – aclaró antes de continuar – La única mesa disponible era la más alejada de la profesora Trelawney. Cuando llegamos, vimos que no era un rincón muy frecuentado por los alumnos, pero de todas formas nos sentamos. Y entonces…

- … cuando se te cayó la pluma… - acotó Lavender.

- …cuando se me cayó la pluma, me agaché para recogerla y estaba allí. Esperándome – Parvati sonrió con nostalgia – Y desde ese entonces lo hemos estado utilizando. Ya habíamos oído de él antes…

- Mi madre me contó que también lo había jugado y que se había divertido mucho con sus amigas – interrumpió la chica morena de ojos verdes sentada al lado de Ginny. También se encontraba seria. – Pero también me advirtió de sus peligros. Me dijo que el juego escoge a sus víctimas.

A Hermione la recorrió un escalofrío. Todas temblaron ante la última frase de la muchacha. La castaña, sin embargo, tenía una pregunta más.

- Si es tan peligroso como dicen, ¿por qué lo siguen usando? – cuestionó en un tono un poco desafiante

- Vamos, Hermione, tú nos viste. Dejando de lado este pequeño detalle, no me puedes negar que el juego es genial – replicó Ginny esbozando una sonrisa, y Hermione tuvo que admitir que estaba en lo cierto. – Lo seguimos usando porque es muy divertido, y además nunca nos habían tocado las tarjetas "Hechizo"… hasta hoy – reconoció con pesar.

- Por eso te pedimos que no la leas, Hermione – rogó Parvati – Sigamos jugando. Dale la tarjeta a Lavender y haz girar la varita nuevamente. Por favor…

Lavender extendió la mano para recibir la tarjeta, pero Hermione no se la entregó. En cambio, se dirigió hacia Ginny. La pelirroja la miraba con ansiedad, esperando que actuara. Hermione estuvo a punto de girarse para obedecer a Parvati, pero el pequeño genio vengativo e imprudente que se había despertado en ella le recordó que Ginny tenía parte de culpa en ello. Después de todo, ella no había impedido que Lavender la arrastrara hacia allí. Un enojo que realmente no sentía se apoderó de ella y su rostro se transformó. Una sonrisa maléfica afloró a sus labios y empleó su tono de voz más melifluo y a la vez peligroso para responder:

- ¿Saben qué? Creo que sus tontas advertencias han desatado el efecto contrario. Ahora… siento una terrible curiosidad… - habló lentamente, disfrutando del efecto que sus palabras causaban en las demás. Ginny se acercó lentamente hacia donde estaba su amiga, con la clara intención de quitarle la tarjeta de las manos. Pero Hermione, de espaldas a la pelirroja, fue más rápida.

- Ni lo sueñes, Ginny – Winny – la detuvo secamente. Ginny se quedó quieta a pocos centímetros de la castaña, quien se dirigió a Lavender con un destello maniático en los ojos.

- Me pregunto que sucedería si… - fingió titubear, mientras giraba lentamente la tarjeta para leerla. El brillo dorado se hacía cada vez más intenso. - ¿Qué dices, Lavender? ¿Qué opinan ustedes, niñas? – añadió, ahora hablándole al resto - ¿La leo?

Todas gritaron fuertemente ¡NO! al unísono, pero ya era demasiado tarde. Hermione ya había tomado la decisión en su mente.

Pues, si ustedes no quieren que la lea… - comenzó aparentando sumisión - … entonces la leeré de todas formas – decidió con una sádica sonrisa.

Lavender se aferró al brazo de Parvati y Ginny se cubrió el rostro con las manos, conciente de que no podría detenerla. La ronda se agrandó, al alejarse las muchachas de Hermione. Todas contuvieron la respiración.

La castaña tomó aire, ignorando nuevamente la intensa punzada, y leyó.

"A Hogwarts mañana le depara

Un día de cambios hechos para

Hacerte creer en nosotros

Entiéndelo, somos peligrosos.

El sol y la luna desunidos

El hombre y la mujer invertidos.

Pero no estés preocupada

Estarás sola pero no mal acompañada,

Tu rubio camarada te ayudará a resolver,

El problema en el que a Hogwarts acabas de meter"

"Hasta medianoche. Mimblewimble"

El párrafo, antes de letras doradas, lanzaba destellos de color rojo sangre. Hermione recordó que debía respirar para vivir, y exhaló el aire que había estado conteniendo. A su alrededor, todas parecían haberse convertido en estatuas. Absortas contemplaban el centro de la ronda, como si esperaran que de un momento a otro sucediera algo fantástico y espectacular.

Hermione salió de su embotamiento y notó que nada extraño había sucedido. Ella seguía allí, las demás seguían allí, todo se encontraba como de costumbre. Sonrió como quien se sabe vencedora y se aprestó a cantar victoria.

- ¿Lo ven? Se los dije, chicas. Nada malo va a sucedern… ¡Ay! - se quejó al notar cómo le ardía el contacto de la varita en la mano. La soltó bruscamente y ésta rodó por el suelo. Acto seguido, comenzó a girar frenéticamente, como forzada por una mano invisible. Hermione sintió el piso temblar bajo sus pies, y de pronto vio cómo las almohadas y las sábanas volaban en todas direcciones, y las chicas se aferraban a los postes de la cama para no salir disparadas, y las cortinas de las camas se rasgaban… luego todo se puso muy oscuro, y no recordó nada más.


Si Hermione hubiera sabido lo que le esperaba al otro día, jamás hubiera leído aquella tarjeta.

Menos, si lo que le esperaba estaba relacionado con Draco Malfoy.


Bien, acá va el primer capítulo.

Si te gustó, dejame review. Si no, también :)

Gracias por leer!

Elianela