ADVERTENCIAS: NINGUNO DE ESTOS PERSONAJES ME PERTENECE. ( BASADO EN EL ANIME KUROSHITSUJI .)

NO HAGO ESTO CON FINES LUCRATIVOS.

NO RECOMENDADO PARA MENORES DE 18.

SI ALGUIEN QUIERE CONTINUAR ESTA HISTORIA O QUIERE DAR SU VERSIÓN, ES BIENBENIDO/A!!

ESPERO QUE OS GUSTE, Y ACEPTO SUGERENCIAS DE CÓMO QUERRIAIS QUE CONTINUARA LA HISTORIA. SALUDOS!!

EN EL BAÑO

Ciel se sentía extraño esa noche. Desorientado y mareado, como una frágil barquita en el océano enfurecido y traicionero que era su vida. Tumbado en la cama intentaba serenarse y poner en orden la marabunta de sucesos del día, sus obligaciones, sus tareas pendientes y su agenda semanal que parecía ser un monstruo esperando a devorarlo. Y todo ello sin contar con su principal ocupación, ser el perro guardián de la reina.¿ No era todo aquello demasiada responsabilidad para un chico de 15 años? Una leve taquicardia comenzó a perturbar su corazón, y pensó que necesitaba serenarse si no quería que Sebastian, su solícito mayordomo, apareciese en su habitación inmediatamente tras percibir que su amo no se encontraba bien. Una, dos, tres respiraciones profundas y sus pulsaciones comenzaron a normalizarse. Eso estaba mejor. Sebastian era lo último que quería en aquel momento. Necesitaba al menos unos minutos para poder confrontarlo. Se rió de si mismo. Era lo que le faltaba, ¡necesitaba prepararse para ver a su propio mayordomo! Ciel se encogió un poco más sobre las sábanas, contrayendo su cuerpo de adolescente delgado y pálido, pequeño para su edad, pero definitivamente ya no el de un niño. No, ya no era un niño, y Sebastian había podido dar fe de ello hacía dos días, a la hora del baño. El recuerdo cruzó la mente del chico como un relámpago, haciendo que cerrara los ojos con fuerza, como para ahuyentar la vergüenza que le desbordaba.

¿Cómo podía haber pasado aquello? ¿Cómo? Pero en aquel momento, pareció ser algo normal, cotidiano, como si siempre hubiera pasado y siempre fuera a pasar. Como un hecho más dentro del continuo de los insignificantes sucesos del día, absolutamente normal.

Ciel volvió a recordar aquel momento de una forma tan vívida que le pareció estar reviviéndolo, en el más estricto sentido de la palabra. Recordó como se había sumergido en la bañera mientras Sebastian preparaba la ropa limpia, y rebuscaba entre los frascos hasta encontrar la pastilla de jabón que frotaría con la esponja antes de empaparla en el agua , como acostumbraba. Recordaba como empezó a frotarle el cuello con parsimonia y suavidad, hasta que de pronto notó como su mano se detenía.

-Bocchan, está tenso, parece que ha tenido hoy un día especialmente malo- la ironía bailaba en su voz.- ¿Le apetecería un masaje relajante, señor?

- Esta bien- contestó el chico tras un instante de duda. Y a partir de ese momento, todo dejó de ser mecánico y previsto, como lo había sido siempre. Las manos desnudas del mayordomo se posaron en la espalda del muchacho y comenzaron a ejecutar movimientos circulares, suaves y lentos, aunque firmes. Ciel empezó a sentirse extraño y excitado como no lo había estado jamás, y de pronto un leve jadeo escapó de su boca. Se sentía extraño, febril, alterado , necesitaba algo pero no sabía qué.

- Bocchan- el susurro de Sebastian sonó a un palmo de la oreja de Ciel- ¿quiere que continúe ?-Éste lo observó de reojo para ver en sus labios la típica sonrisa enigmática. Ciel asintió y las manos del mayordomo se deslizaron hasta su pecho, para sumergirse después en el agua y rodear con sus dedos el miembro del chico. Su sorpresa inicial pronto se derritió en el placer de la caricia nunca experimentada. El jadeo se hizo ostensible y continuo, hasta que una de las manos de Sebastian resurgió del agua para tapar los labios de Ciel.

- Shhhh, Bocchan, se que es muy placentero, pero no tan alto, no querrá que los demás se enteren,¿ verdad?- haciendo clara alusión al resto de los criados, Sebastian jugueteó con sus dedos entre los labios del chico, a la vez que su otro brazo continuaba con la suave y enloquecedora candencia . Hasta que Ciel mordió los dedos del sirviente y su cuerpo se tensó, para después quedar lánguido y relajado.

- Muy bien…susurró de nuevo la voz acariciadora del mayordomo- ahora se siente mejor,¿ verdad Bocchan?

-¿Por qué lo has hecho?- fue la única pregunta que cruzó la mente de Ciel al cabo de unos momentos. Cerró los ojos esperando la respuesta de Sebastian- ¿esto también es estética?

- El placer es lo más estético que hay… y por otra parte- Ciel pudo sentir como aquella sonrisa extraña se dibujaba de nuevo en los labios de su mayordomo- usted lo necesitaba Bocchan. Ahora su mente y su cuerpo están descansados y tranquilos, y pueden hacer frente a la semana de trabajo que tiene por delante, ¿no es así, señor?

Ante el silencio, Sebastian continuó con su discurso:

-Como habrá notado, señor, ya no es un niño, su cuerpo ha cambiado y ahora tiene otras… necesidades.-la mano de Sebastian acarició el cabello húmedo de Ciel- ¿Y qué tipo de sirviente sería yo si no pudiera satisfacerlas?

-Además, si le parece bien, señor, creo que debería encargarme de mostrarle ciertos rudimentos en lo que a placeres físicos se refiere. ¿No está de acuerdo, señor?- a esas alturas, las pupilas del demonio se habían convertido en dos finas rayas sobre un iris rojo y brillante.- Porque… no querrá llegar a la noche de bodas sin haberse librado del obstáculo de la inexperiencia, ¿verdad?

Ciel escuchaba vagamente las palabras de su mayordomo, incapaz de apartar su atención de los labios de su interlocutor, perfectos e invitadores, que escondían aquella dentadura blanca y también perfecta, excepto por los colmillos, demasiado afilados para ser humanos. Y allí estaba el joven, demasiado asustado y demasiado atraído como para moverse, como un ratoncillo hechizado por la serpiente que lo iba a devorar, mientras el agua se enfriaba a su alrededor, en la bañera.

El hilo de sus recuerdos se desvaneció cuando unos golpes resonaron en la puerta de su dormitorio y una voz suave lo trajo de golpe al presente sin aviso:

-¿Bocchan…?

CONTINUARÁ....