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Reino subteráneo de Bezmorra.

- ¿Y cómo es la tierra de los hombres, su alteza?

La princesa Moanna dio una pequeña risita de niña traviesa.

Orara, pero si tú también estuviste ahí- dijo la princesa dejando de ver por la ventana.

Sí, pero yo fui sólo un pequeño insecto en un bosque interminable, nunca trate con los humanos como vos- dijo la ninfa de color azul- ¿cómo es la vida de los hombres?

La princesa no pudo más que sonreírse, después de regresar al reino de su padre esa era la pregunta recurrente por todos los cortesanos, por todos los súbditos ¿cómo es la vida de los hombres?

La vida de los hombres está llena de mentiras- dijo una voz desde la puerta de la habitación de la princesa.

La princesa Moanna pareció asustada al principio, Orara se puso de pie al momento entre la princesa y el desconocido.

Los guardias no tardaron en llegar.

¿Podeís decirme por qué la interrumpción?- preguntó la princesa intentando verse más alta de lo que era.

El recién llegado hizo una reverencia.

No deseaba importunarla- dijo- pero esas conversaciones del reino mortal no son apropiadas para una princesa...

Y aun un príncipe no puede entrar de esta forma en las habitaciones de una princesa- dijo Orara.

El error ha sido vuestro, ninfa- dijo el príncipe- vos habeís dejado abierta la puerta.

Orara se sonrojo lo que provocó que sus mejillas azuladas tomaran un color azul marino.

Sólo he venido a informaros que vuestro padre os espera en la sala del trono- dijo el príncipe retirándose.

Los guardias de la princesa al ver que no había ningún problema también regresaron a sus puestos de vigilancia.

Da miedo- dijo la princesa Moanna cuando ella y Orara se vieron solas de nuevo.

Un poco- dijo la ninfa.

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En la sala del trono del rey de Bezmorra, con sus tres tronos de oro al centro, con los palcos repletos de cortesanos. La reina la luna con su pequeño en brazos a la izquierda del rey, el rey al centro con la blanca cabeza coronada por la corona de oro y a la derecha el trono de su hija la princesa Moanna aun vacío por su retraso.

¿Tarde?- preguntó el fauno con una media sonrisa al ver llegar a la princesa junto con Orara.

Nos retrasamos un poco- dijo la niña arreglando su vestido.

Orara con un paño limpiaba un poco los rojos zapatos de la princesa.

Entrad, os esperan- dijo el fauno con una reverencia.

La princesa Moanna hizo una reverencia al estar frente a su padre, el rey se sonrió; era el morador de Bezmorra más feliz de todos desde el regreso de su hermosa hija.

Su majestad- dijo el fauno haciéndose escuchar por todos los presentes- el príncipe Nuada, lanza de plata; hijo del rey Balor rey de los elfos, señor del reino de Bethmoora.

Al momento el príncipe Nuada, con la tez blanca como la nieve, el cabello rubio albino como la plata y las puntas de oro hizo su entrada.

La princesa Moanna miro rápidamente hacia donde Orara y el Fauno se encontraban, la ninfa entendió la mirada de la niña y asintió.

El príncipe no estaba ahí solo para dar sus respetos a los soberanos...