¿Tengo Alguna Oportunidad Contigo?

By LadyCornamenta

.

I: No.

Hacía exactamente un mes desde que la había visto por primera vez. Había sido un diez de enero, de forma casual, acompañado por el frío despiadado del invierno en su plenitud. Había salido de la universidad, con una enorme pila de trabajo por delante y con unas cuantas obligaciones personales relacionadas con mi familia, que residía a unos cuantos kilómetros de allí. Había entrado a aquella cafetería, intentando refugiarme de la helada lluvia que amenazaba con intensificarse cada segundo que pasaba. Después de quitarme mi abrigo, me acomodé en una de las mesas cerca de la ventana, apoyando mis libros y mi bolso. Después de pedir unos de esos cafés que me gustaban y alguna cosa para comer, me había entretenido viendo las formas de las gotas contra el cristal.

Entonces, ella había entrado. Debían haber sido alrededor de las cinco de la tarde, y ella había parecido estar en la misma situación que yo: estaba mojada de pies a cabeza, con un pequeño morral colgando de su hombro y el cabello despeinado. En un principio sólo había captado mi atención como otra persona que entraba al lugar, como otro entretenimiento para mi espera; sin embargo, aquéllo no había durado demasiado. En un bar de moda como aquél, era habitual ver los grupos de jóvenes hablando sobre los últimos discos, las más nuevas películas o aquellos actores que les gustaban, sobre lo que harían el fin de semana o sobre los más recientes entretenimientos de la ciudad; sin embargo ella, solitaria al igual que yo, se había sentado en uno de los altos taburetes de la barra, sin nadie que le hiciera compañía. Después de haber cruzado unas castas palabras con la camarera, había levantado su morral y había sacado de él un libro antiguo y algo destartalado. Entonces, en medio del ruidoso ambiente, había comenzado a leer con una tranquilidad envidiable. No sabía cuánto tiempo me había quedado observándola, pero lo cierto es que, desde ese día, no había podido dejar de hacerlo.

Un mes después del primer encuentro, ya sabía varias cosas de ella, pequeños detalles superficiales: sabía que siempre llegaba entre las cuatro y media y las cinco, que tenía una extraña preferencia por la ropa oscura, que las novelas que usualmente llevaba con ella pertenecían a Jane Austen —una antigua y reconocida autora del género romántico—, que siempre pedía el mismo café con crema y caramelo, que su posición en la cafetería nunca cambiaba y que parecía molestarse cuando las muchachas se ponían a su lado a hablar a los gritos sobre cosas sin sentido. La forma en que fruncía sus labios, la manera en que movía su nariz o sus ojos, todo en ella me cautivaba. Su espeso y desordenado cabello castaño, moviéndose al son de su cabeza, desprendía destellos que iban desde el rojizo hasta el chocolate. Ella se había convertido en mi pequeña distracción, en mi motivo para esperar la tarde con ansias, para que la mañana de estudio pasara rápido. Ella se había transformado en mi silenciosa obsesión, aún cuando no sabía su nombre; se había convertido en mi pequeño incentivo, aún cuando nunca habíamos cruzado una palabra.

Aquella tarde fría y ventosa del diez de febrero llegó a las cinco menos cuarto. Después de acomodarse en su puesto habitual, había sacado su novela. La mesera se había acercado y ella había hecho su pedido, para luego enfrascarse en su lectura.

Me apoyé sobre mi asiento, mirando cada uno de sus movimientos con cuidado, preguntándome cuál sería su nombre, como hacía cada una de las tardes que la observaba. Ni siquiera podía imaginarlo, las posibilidades eran demasiadas como para hacer conjeturas que no me llevarían a ningún sitio.

Yo sabía cuál era la mejor solución, sabía lo que debía hacer, lo tenía claro desde el primer día en que la había estado observando por un largo rato, desde ese día en que me había dado cuenta que me tenía cautivado por completo; sin embargo, era lo suficientemente cobarde como para no acercarme a ella.

Entonces, aquella estúpida seguridad comenzó a correr por mis venas, aquella certeza de que todo estaría bien. ¿Por qué no acercarme a la misteriosa joven y hablarle? ¿Qué sentido tenía observarla desde lejos si podía conseguir algo más? Casi sin darme cuenta me encontré de pie junto a mi mesa. Si alguien me hubiese estado mirando, muy posiblemente hubiese pensado que era idiota, por avancé un paso y retrocedí otro varias veces, como si estuviera bailando o algo por el estilo. Sin embargo, antes de que pudiera hacer ningún otro movimiento más que ese estúpido balanceo, su teléfono móvil sonó. Con prisa atendió y cruzó algunas palabras rápidas con aquel o aquella que estuviera del otro lado de la línea. Después tan sólo la vi guardar su teléfono rápidamente y ponerse de pie. Entonces desapareció por la puerta de la cafetería y yo me quedé allí, de pie y con la boca desencajada por la repentina retirada, como un idiota, en el medio del local.

De mi estado de estupefacción sólo me sacó una cantarina risa. Me volví para ver un par de ojos del color del topacio y el pequeño rostro de la camarera.

—Ella volverá, siempre lo hacer —comentó conciliadoramente, dándome unas amistosas palmaditas en el hombro.

—¿Sabes su nombre? —pregunté, aún mirando fijamente el lugar por donde ella había ido. Ni siquiera me molestó el hecho de que la camarera hubiese descubierto mi interés por aquella muchacha.

—Isabella, pero le gusta que le digan Bella —respondió.

Bella. Sin dudas, aquel nombre sonaba mejor que todos los de mi cabeza.

Además, aquella muchacha era hermosa, en todos los sentidos y en cualquier idioma.

Aquella noche fue la primera noche que soñé con ella.

Sin embargo, para Bella, yo era sólo un completo desconocido.

No, no había oportunidades con ella, más allá de mis imposibles sueños.

Bueno, primero que nada les cuento que este es un pequeño mini-fic que consta de sólo cinco capítulos. Lo escribí cuando nos quedamos «varados» en la ruta y no tenía otra cosa que hacer, en respuesta a un reto se San Valentín del foro Las Tres Escobas. Planfiqué todo para subir el último capítulo el catorce, como pequeño regalito para todos los que, a pesar de todo, todavía creen en el amor.

Y no, no se preocupen, no me va a atrasar con mis otras historias porque ya está completamente terminado.

Puse un video adjunto en mi blog (está en mi perfil), para que puedan ver la canción que, en cierta forma, inspiró la historia. Ya saben, en la ruta no hay demasiado para hacer, y escuchar música es una buena opción jaja.

En fin, ¿qué les pareció? Espero ansiosa sus comentarios.

¡Saludos para todos!

LadyC.