Como Decirte Lo que Siento

Capitulo 10

Como Decirte Lo Que Siento

Capítulo Final

El siguiente capítulo contiene escenas de carácter fuerte no aptas para menores de 18 años, si se siente ofendido por este tipo de lectura por favor absténgase de leerlo. Gracias

Candy podía sentir el temblor en los brazos de Albert quien la sostenía con fuerza pero delicadamente, su respiración era agitada, tenía el rostro hundido en los rizos de ella sin decir nada, su pecho pegado a la espalda de Candy la dejaban sentir el palpitar desbocado de su corazón, Albert estaba desesperado, por la mirada de Candy sabía que ella no quería creer lo que él le había dicho, ella estaba convencida de que él y Elizabeth tendrían un hijo y sabia que la sola duda era razón para que ella lo dejara y se alejara para siempre. Albert la apretaba desesperado sintiendo que la vida se le escaparía de los brazos si la dejaba partir. Candy comprendió que si no lo encaraba de una vez por todas no podría alejarse, tenía que verlo a los ojos para que el comprendiera que nada podía ser y que ella debía partir, estaba decidida a despedirse en ese momento, con un poco de esfuerzo logro que el aflojara ligeramente el agarre para poder voltear y verlo de frente. Estaba dispuesta a decirle que no lo amaba, que solamente le tenía cariño y luego partiría aunque el corazón y el alma se quedaran con él para siempre. Al quedar frente a frente busco la mirada de él, hasta entonces pudo notar la expresión de tristeza y angustia que había en el, aquellos ojos celestes lloraban desesperados al saber que por una tontería la estaba perdiendo, pudo ver aquel amor profundo que él sentía por ella y que con desesperación le había confesado hacia unos momentos. Los ojos de él se fijaron en los de ella buscando una luz de esperanza, algo que le dijera que ella también lo amaba y no lo dejaría. La angustia que sentía era indescriptible, conocía bien a Candy y sabía que estaba determinada a dejarlo aun cuando ella sufriera también. Candy vio en aquellos ojos el enorme amor que contenían al verla, las lagrimas seguían saliendo de ellos con desesperación, sus brazos aun temblaban mientras la apresaban rodeándola por la cintura. No podía, no podía decirle todo lo que había pensado decirle, no ante aquel amor que veía frente a ella desesperado por no perderla. Sin tener más fuerza de voluntad no pudo resistirse, ante el asombro de el subió sus brazos hasta rodearle el cuello atrayéndolo a ella hasta besarlo, sus labios se apropiaron de los de el besándolo con desesperación, no tardo en sentir como él le correspondía con la misma pasión que ella lo había besado, los brazos de Albert comenzaron a atraerla más hacia él mientras ella había perdido totalmente la voluntad, su cuerpo comenzaba a sentir un deseo incontenible, necesitaba más de lo que hasta ahora tenia, sin saber cómo ni por que comenzó a empujar al rubio hasta que este tropezó, aun con ella entre sus brazos perdió el equilibrio y ambos cayeron sobre la enorme alfombra frente a la chimenea, Candy no parecía haberlo notado, de pronto se encontraba completamente sobre él quien estaba acostado de espaldas sobre la alfombra aun besándola con desesperación. El aire comenzó a faltarles, el fuego de la chimenea no hacía más que aumentar aquel calor que ambos habían comenzado a experimentar, sus cuerpos estaban al borde del delirio, Candy seguía sobre él con la bata medio abierta sin notar que él estaba en la misma condición, su piel comenzaba a rosarse con la piel desnuda de él, Albert reacciono ante aquel roce sobre su pecho cuando sin poder evitarlo uno de los senos de Candy había quedado descubierto rosándose contra su pecho desnudo.

(Albert) (Gimiendo ante aquel contacto) détente pequeña!

(Candy) (Respirando agitada) no puedo… no quiero!

(Albert) (Asombrado) Candy!

(Candy) (Llorando) no quiero perderte, no quiero dejarte, no quiero no quiero! (besándolo apasionada) no me dejes ir mi amor! No me dejes escapar esta vez!

(Albert) (Emocionado al escucharla) nunca, nunca voy a soltarte Candy!

(Candy) (Agitada) déjame estar contigo! Pruébame que todo lo que dijiste es verdad, pruébame con hechos lo que hasta ahora confesaste!

(Albert) (Sentándose con ella aun encima) Candy, yo te amo! Pero no podemos, no ahora, no sería correcto!

(Candy) (Acercándose) ahora o nunca!

Sin poder decir más Albert sintió como ella lo besaba una vez mas, empujándolo de vuelta contra la alfombra, aquello era toda una locura, podía sentir como ella comenzaba a acariciar la piel desnuda de su pecho, sus toques eran tímidos pero muy decididos, sus besos cada vez más profundos y seductores, como podía negarse a aquel placer tan divino, como decirle que se detuviera cuando el mismo había comenzado a acariciarla, sus manos comenzaron a entrar en la bata de ella hasta encontrar la piel de aquellos hermoso pechos, Candy gimió al sentir el rose de aquella mano tan fuerte sobre uno de ellos, acariciando, apretando con delicadeza la redondez de su seno. El deslizo su mano hasta el hombro comenzando a sacar aquella molesta bata que la cubría, ella había temblado al sentir el aire hacer contacto con la piel de su cuerpo desnudo, aun estaba sobre él, separada de el por aquella bata que aun no se había atrevido a quitarle, las manos de él se deslizaban por su cuerpo con delicadeza, sus labios ahora le besaban el cuello mientras ella cerraba los ojos sintiendo aquella oleada deliciosa recorriendo todo su cuerpo. Decidida metió la mano en la bata de Albert acariciando su pecho bajando lentamente mientras él seguía besando su cuello, había bajado un poco más allá de la cintura lo que lo hizo estremecer y darse cuenta de lo que estaban haciendo, lentamente la detuvo obligándola a sacar la mano de su bata, Candy lo veía confundida, no sabía que había hecho mal para que el reaccionara de esa forma, sin decir nada Albert la aparto para levantarse mientras ella lo miraba a punto de llorar, Albert la vio aun sentada en la alfombra, sin decir nada se agacho, la tomo en sus brazos y la levanto de la alfombra.

(Candy) (Confundida) hice algo malo Albert?

(Albert) (Sonriéndole) este no es un lugar para algo tan importante! No quiero lastimarte!

Albert se encamino hacia la habitación en donde coloco con delicadeza la preciosa carga que llevaba entre sus brazos, Candy estaba sorprendida ante aquella delicadeza que había tenido él cuando ella pensaba que todo iba a terminar en ese momento cuando él se detuvo, lo vio recostada en la cama completamente desnuda, su cuerpo se estremecía al sentir la mirada de Albert recorrerla toda, lentamente lo vio quitarse la bata que aun llevaba, dejando a la vista aquel hermoso y bien formado cuerpo que ella había estado acariciando sin imaginar la espectacular figura que ahora tenía frente a ella. Por un momento sus ojos vagaron por el cuerpo de el hasta llegar a aquella parte que ella había estado a punto de acariciar cuando él la detuvo, su corazón comenzó a palpitar rápidamente mientras su respiración se agitaba, por un momento había tenido temor pero fue reemplazado rápidamente por un deseo desmedido cuando lo vio a los ojos mientras el volvía a acercarse a ella clavando su mirada en los verdes ojos de Candy. Suavemente se recostó a su lado, esa noche todo estaba dicho, no había nada más que agregar, no habían palabras que expresa, solo existía ese fuego que tenían que apagar. Sus cuerpos se fueron uniendo mientras los dos comenzaban a besarse, sus manos recorrían tratando de memorizar cada palmo de piel, sus respiraciones comenzaron a ser más profundas mientras sus labios recorrían todo lo que necesitaban conocer. Albert la acariciaba como nunca antes la habían acariciado, podía sentir cada movimientos de sus manos sobre su cuerpo, la torturaba con caricias ardientes que no la dejaban pensar, no se dio cuenta cuando él fue acomodándose sobre su cuerpo, las sensaciones que él le provocaban eran más fuertes que la realidad en la que estaban, lo escucho susurrar algo a su oído que no pudo comprender, repentinamente sintió algo extraño, un fuerte dolor que la hizo estremecer y luego un calor abrazador que le recorrió todo el cuerpo haciéndola gritar apasionada, en qué momento había Albert comenzado a amarla no lo sabía, eran un mar de sensaciones que su mente aun no podía terminar de comprender pero allí estaban los dos, Albert dentro de ella amándola apasionado, sus movimientos lentos y delicados, su respiración completamente agitada mientras la escuchaba gemir de aquella forma. Candy abrió los ojos y pudo verlo al fin, estaba sobre ella amándola apasionado, sus ojos la veían de una forma diferente, sin saber porque al fin pudo notar que no solo él se movía, ella también había comenzado a moverse de la misma forma acoplándose a los movimientos que él hacia sobre ella. Ambos estaban a punto de explotar, sus cuerpos empapados entre las sabanas revueltas se comenzaban a estremecer, los movimientos comenzaron a ser cada vez más rápidos, más profundos, más intensos, de un momento a otro Candy comenzó a gemir descontrolada sentía su cuerpo convulsionar por oleadas eléctricas que le recorrían todo el cuerpo, Albert continuaba sin parar, sus embestidas cada vez más constantes, su respiración completamente descontrolada, estaba a punto de llegar, Candy lo podía escuchar gemir de la misma forma que ella lo estaba haciendo, de pronto sintió como él se estremecía y después de sentir como su cuerpo se sacudía sobre ella lo escucho gritar fuertemente ¨Te Amo Candy¨ antes de dejarse caer sobre ella, completamente agotado, su respiración mas acompasada pero aun profunda. Lentamente Albert se acomodo junto a ella, la rodeo con sus brazos y la jalo hacia él, Candy lo abrazo y sin poder decir nada en silencio en la oscuridad de la habitación los dos dejaron las lagrimas salir, no eran lagrimas de tristeza, ni de arrepentimiento, eran lagrimas de felicidad al poder comprender que al fin habían encontrado la forma de expresar lo que realmente sentían. El sueño y el cansancio comenzaron a vencerlos, aun abrazados bajo las sabanas, sus cuerpos desnudos y cansados pudieron al fin encontrar aquella paz que tanto necesitaban. Durmieron profundamente sin separarse. Eran casi las siete de la mañana, George y William habían llegado la noche anterior muy tarde, todos en la mansión estaban preocupados, no habían podido descansar en toda la noche. No tenían idea de donde habían pasado la noche Albert y Candy, no sabían si algo les había sucedido, la tía se veía nerviosa y los comentarios de Eliza no hacían más que atormentarla. En la cabaña Candy despertó, al abrir los ojos lo pudo ver aun allí, abrazándola con la misma fuerza que lo había hecho después de amarla, como si tuviera miedo de que ella escapara mientras el dormía, estaba tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta que el la observaba desde hacía unos segundos.

(Albert) (Sonriendo) cásate conmigo Candy!

(Candy) Albert, lo que sucedió anoche…

(Albert) (Callándola con un beso) no digas nada Candy! (viéndola a los ojos) no digas nada hasta que estemos en casa!

Sin dejarla hablar Albert la beso nuevamente, momentos después los dos salían de la cabaña, su ropa se había secado al calor del fuego durante la noche, caminaron lentamente por el bosque, ninguno de los dos tenía prisa por llegar a la mansión, ella porque sabía que a llegar Elizabeth estaría allí y no tendría como verla de nuevo a la cara después de lo que había pasado entre ella y Albert. El en cambio no tenía prisa, pues quería saborear cada minuto con la que a partir de ahora, era su mujer, la mujer que mas amaba en el mundo y a la que nunca más dejaría marchar. Llegaron a la mansión, al entrar encontraron a toda la familia en el salón. La tía Elroy los observo sin decir nada, la mirada de ambos hablaba por ellos. No había nada más que decir, Elizabeth se acerco sonriendo al ver aquellas miradas tan brillantes en ellos dos. Candy no podía verla, no podía levantar la mirada y verla a la cara. Junto a ella venia un hombre joven al que Candy nunca había visto.

(Elizabeth) que bueno que llegan! Pensamos que algo les había sucedido con la fuerte lluvia de anoche!

(Albert) (Sonriendo) me alegra ver que llegaron bien!

(William) (Reprimiendo la sonrisa) acaso no vas a presentarme Elizabeth?

(Elizabeth) (Riendo) Candy! (viéndola levantar la mirada avergonzada) te presento a William, mi esposo!

Candy escucho aquellas palabras y no pudo más que abrir los ojos enormemente al darse cuenta de lo que equivocada que había estado, la felicidad era tan grande en ese momento que sin poder evitarlo se lanzo a los brazos de Albert llorando emocionada. Albert reía mientras la abrazaba apretándola a el mientras en el salón las emociones variaban, la tía no hacia más que reír resignada, era obvio que al fin Albert le había confesado su amor a Candy. Eliza y Sarah salieron de la mansión muy ofendidas después de escuchar la notica de la próxima boda entre Candy y Albert. Annie, Archie, Tom y Patty reían emocionados mientras William y Elizabeth sonreían al ver que al fin su gran amigo había conseguido hacer lo que nunca antes se había atrevido. La boda se llevo a cabo un mes después, en el mismo jardín de la mansión de las rosas, la luna de miel en la cabaña donde después de amarse una vez más Albert recostado con Candy a su lado conversaban alegres de al fin poder estar juntos.

(Albert) (Sonriendo) te amo Candy? Siempre te ame!

(Candy) (Riendo) siempre lo sospeche! (viéndolo a los ojos) Albert!

(Albert) (Feliz) si Candy?

(Candy) (Sonriendo) Como decirte lo que siento?

(Albert) (Susurrando) no me lo digas! (ante la mirada confundida) solo demuéstramelo!

Los dos sonrieron mientras comenzaban una vez más a dejarse llevar por el juego del amor.

FIN

Yajaira

NOTA: espero que haya sido de su agrado este pequeño fic hecho con mucho cariño para todos ustedes.

FAFER 2,008 GUERRA FLORIDA

TODO POR ALBERT, PARA ALBERT Y CON ALBERT