Morfeo

Notas de Autor: Shaman King no me pertenece. Tampoco Hao y Anna. Y ésta pieza de fanfiction no tiene ningún punto, sin embargo espero que aunque sea, agrade.

En el mismo momento en que Hao volteó hacia ella; silencioso, expectante, y la observó por sobre su hombro con una expresión de curiosidad en sus jóvenes, atractivas facciones, Anna supo que algo no estaba bien. Quizá era por la forma en que el aire, de repente, comenzó a hacerse más pesado, opresivo, a su al rededor, o quizá fuese la pequeña descarga de electricidad que recorrió su espalda, haciéndola pararse derecha; desafiante.

Por un momento, la muchacha quiso correr y, por primera vez, experimentó el miedo. Pero ni en un solo momento quitó sus ojos de los de él, ni se movió un centímetro---su orgullo pudo más, como de costumbre, y por un ínfimo segundo, se odió por ello.

Pero simplemente alzó su rostro; el mentón apuntando al cielo y su expresión calma, vacía, mientras el joven se movía con gracia inhumana hacia ella; y por un momento Anna pudo haber jurado que él flotaba sobre el suelo; los pies ocultos bajo la larga capa que lo cubría del cuello hacia abajo.

Su frialdad parecía no tener efecto sobre Hao. Si le provocaba algo, realmente, pensó Anna conteniendo su frustración, podría jurar que al shaman su actitud le divertía. Podía verlo en sus ojos---oscuros como los de ella misma, y en la forma en que su cuerpo se inclinaba levemente hacia ella, buscando establecer los roles. Él, el predador, ella, la presa.

Finalmente, se detuvo a meros centímetros de ella; su pecho casi rozando el suyo; irradiando calor y contrastando con la piel de la niña quien, silenciosamente, sentía su sangre helarse en sus venas y su corazón---maldito traicionero, único delator del pánico que experimentaba--- acelerando el ritmo de sus latidos.

No necesitaba leer sus pensamientos para saber lo que Hao quería. Podía verlo---olerlo---claramente: todo en su lenguaje corporal lo delataba. La observaba con una expresión curiosa en el rostro, y sus ojos estaban enfocados en los de ella, y pudo sentir cómo se tensaba por debajo de sus ropas, sin siquiera tener que tocarlo. Lo sintió reprimirse y aguantar la respiración por un largo momento; y pudo ver, sin mirar, sus dedos tensándose, impacientes.

A pesar de sus grandes deseos de hacerlo, no se movió.

Sin más, el joven se inclinó ligeramente, ladeando su rostro, y dejó que sus labios pasaran sobre la suave, tersa superficie de la mejilla de la joven; inhalando su perfume por unos cuantos segundos, antes de dejar que su lengua se aventurara fuera; buscando probarla.

"No." -

Y Hao tuvo que controlar sus facciones para que éstas no delataran su sorpresa. La voz, fría y carente de toda emoción de Anna se elevó por sobre un suspiro; cortante y demandándole espacio.

Pero Hao, naturalmente, no respondía a ninguna demanda más que la propia.

Sin más, bajó su cabeza ligeramente presionando su boca contra su cuello; y capturó entre sus dientes una pequeña porción de piel; recorriendo la misma con la punta de su lengua luego.

El sabor lo hizo estremecerse por un momento, y se vio obligado a resistir el impulso de hincar sus dientes en su carne en ese mismo instante.

Anna sintió un espasmo recorrerla entera. No sabía qué era; y aquello le molestó: una sensación cálida atravesando su cuerpo que la hizo temblar, y contener el aliento apenas sus dientes rozaron su piel. Algo que hizo que sus rodillas se debilitaran y su pecho ardiese cuando sus latidos se aceleraron.

Y, como todo aquello que la hacía sentir débil, lo odiaba---o al menos eso se dijo a sí misma, y no se atrevió a cuestionarse. No era el momento.

Con un siseo enfurecido; dio un paso atrás y, curvando su mano en un puño, impactó el mismo contra la mejilla del joven con todas sus fuerzas.

Ira.

Por un momento, Hao sintió su vista siendo teñida de rojo, al mismo tiempo que su cabeza giraba en un ángulo incómodo hacia un lado con la fuerza del golpe, y sus dientes se cerraban en torno a su propia lengua, rompiendo la delicada barrera de piel y dejando que un pequeño hilo de sangre escapara de sus labios; cayendo al suelo.

Con un movimiento rápido, se volvió hacia la niña---no, la joven mujer--- que lo observaba impasiva; con los hombros hechos hacia atrás y la espalda derecha, buscando crear una presencia intimidante.

Pero Hao siempre había sido bueno juzgando a la gente; y, sin falta, no tardó en notar brechas en la máscara que Anna había decidido colocar sobre su persona para ocultar el miedo, puro y condensado. Pudo reconocerlo todo; los puños a los lados; el ligero temblor de sus piernas, su respiración agitada y la forma en que se negaba a dejar de mirarlo a los ojos. Su esencia, la fina capa de sudor que cubría su piel, y la manera en que, quizás inconscientemente, su postura inclinaba a alejarse de él.

Deliberadamente, ladeó el rostro, observando cómo la joven se tensaba y apretaba los dientes con cada movimiento que él hacía, como una reacción en cadena. Con cada respiro agitado; Hao sintió su enojo disipándose lentamente, a medida que la disconformidad de la chica aumentaba. A medida que pasaban los minutos, descubrió que, sin el enojo, podía analizar mejor la situación e ignoró su hambre, simplemente paseando su mirada por el rostro de su acompañante.

Anna, por un momento, se olvidó de respirar. Su aliento literalmente se atascó en los confines de su garganta, atrapado cuando la joven sintió la mano cálida de Hao sobre su mejilla, y el pulgar del mismo quitando, con suavidad sorprendente, los vestigios de sudor de su piel; y luego presionando los dedos contra esta, quitando un mechón de cabello castaño de su rostro.

Alzando una mano, Anna cerró sus dedos en torno a la muñeca de Hao, haciendo fuerza para alejarlo, pero él no se movió ni un milímetro.

"No."- susurró Hao, firme, imitando su comportamiento de hacía solo unos instantes, con una sonrisa curvando sus labios.

La expresión de sorpresa en el rostro de la joven le resultó exquisita y, aunque no lo había notado hasta ahora, no tardó en darse cuenta de que su hambre había sido efectivamente silenciada. La idea de devorarse a la chica ya no le llamaba la atención. Al menos, definitivamente, no en el sentido literal.

Era algo en su expresión, era la manera en la que su orgullo no le permitía vocalizar el temor, en la forma en que su mano continuaba en su muñeca, buscando crear un límite que ambos sabían no existía realmente. Era, quizá, la manera en que pretendía resistirse, sabiendo que sus intentos culminarían en nada, y que solo los deseos de él podrían ser llevados a cabo en aquella situación.

Divertido, Hao movió su mano, deshaciéndose con facilidad del agarre de la chica, y luego envolviendo sus dedos en torno a su puño, más gentilmente de lo que Anna jamás lo hubiera creído capaz. Y aquello, inexplicablemente, provocó que algo dentro suyo se agitara; y sintió su sangre corriendo a toda velocidad por sus venas, y, casi, se rindió al impulso de dejarse caer de rodillas; reprimiendo una seguidilla de deliciosos escalofríos que amenazaban con apoderarse de su delgada figura.

"¿Qué es lo que quieres de mí?"- siseó la joven, luchando por mantener la compostura.

El muchacho arqueó las cejas, y, por un momento, Anna tuvo la impresión de que ignoraría sus palabras. Pero, sin más, Hao se acercó aún más, y sus labios rozaron los de ella; su aliento acariciando su piel.

"Todo."-

Decidiendo que las palabras estaban de más, y satisfecho con el hecho de que había probado su punto; su boca se apoderó de la de ella.

Sigue en el próximo capítulo. Sí, es lemon. Regalo para una amiga.