Morfeo

Notas de Autor: De nuevo, Shaman King y los personajes usados en esta pieza de fanfiction no me pertenecen.

La sintió resistirse. Sintió sus manos presionando contra su pecho, buscando crear distancia. Pudo notar sus músculos tensándose bajo su vestido, y el temblor que la recorrió de pies a cabeza cuando su lengua invadió su boca, buscando la suya; y saboreó un jadeo que escapó de sus labios cuando su mano se cerró en un puño en su cabello; obligándola a ladear la cabeza ligeramente. Y profundizó el beso sin importarle que, quizás, la fuerza empleada le marcara los labios.

Por fin, supo que las piernas de la joven se habían rendido, y, con facilidad, la atrapó por la cintura mientras Anna envolvía sus brazos en torno a su cuello, tímida, temblorosa, y comenzaba a corresponder su beso con una inexperiencia y lentitud que le llamaron la atención.

No le importó. La batalla estaba ganada.

Paseó sus dedos por su espalda; arrastrando la cremallera del vestido; dejando que la tela se hiciera a un lado; y presionando los dígitos contra la piel---suave, cálida y firme---hundiendo sus uñas en la misma y dejando pequeñas líneas rojas sobre esta.

Comprobó con interés que la pequeña dosis de dolor no parecía molestarle, sino que notó un cambio en su esencia---se volvió más pesada y húmeda---y sintió su boca abriéndose en un gemido silencioso dentro de la suya; sus manos jalando de su cabello por unos momentos, antes de presionar su pecho contra el de él. Experimentalmente, su mano libre pasó por el cuello de la chica; y sus dedos soltaron los breteles del vestido; sorprendido al ver que la joven no hizo movimiento alguno para detenerlo. Aún así, pareció encogerse ligeramente, y una de las manos de Anna soltó su cabello y se apresuró a cubrir sus senos---pequeños, llenos--- y, con satisfacción, Hao observó cómo sus mejillas se teñían de rojo. Aun así, el joven, con un movimiento rápido, sostuvo la muñeca de la muchacha, manteniendo su vista clavada en los ojos de la misma; al tiempo que sus dedos se aventuraron por la suave línea de separación entre sus pechos; haciéndola temblar.

"Hao…"- oyó el quejido, suave, y sin más se dejó caer de rodillas al suelo; sus manos posándose en las caderas de Anna, jalándola con facilidad, y provocando que cayera en su regazo; las piernas envueltas en su cintura; y la espalda arqueada. Sintió su sexo a través de las finas capas de ropa, y la aferró a él; alzando las caderas; presionando su boca contra su oído y sosteniendo el cuerpo tembloroso contra el suyo; hundiendo los dedos en su carne.

Rozó sus dientes sobre la delicada, sensible piel de su seno; y su lengua pasó con delicadeza por uno de los pequeños pezones, jalando la tierna carne con cuidado, y descubrió que le gustaba la sensación del cuerpo, delgado y frágil, de la itako sobre el suyo.

Pero algo lo detuvo. Aunque su falta de resistencia era alentadora… le preocupaba la falta de reacción. La joven se hallaba aferrada a él; con el rostro hundido contra su hombro; leves jadeos dejando su boca con cada atención que le proporcionaba.

A través de la fragancia suave e invitadora de su piel; pudo sentirlo: miedo. Miedo que la impregnaba y manchaba su perfume, el mismo miedo que la mantenía inmóvil y, por algún motivo, a Hao le molestó; y sintió la turbación de la joven atravesando su piel; envolviéndose en sus huesos y cortándole la respiración.

"Miedo," – siseó él, y la sintió tensarse contra él – "¿Por qué temes?"

Anna no habló. No creyó necesitarlo. En cambio, su respuesta fue separarse, muy lentamente, de su hombro, y ladear el rostro ligeramente, mirándolo a los ojos por un ínfimo instante, antes de presionar sus labios contra los de él, envolviendo sus brazos en torno a su torso y, suavemente, estrechándolo contra ella.

Hao no pudo evitarlo: sintió su propio cuerpo tensándose, de la nada; y Anna apreció una extraña satisfacción al verlo estremecerse bajo su tacto, al sentir su respiración comenzar a acelerarse en su boca mientras, tímidamente, introducía su lengua entre los labios del joven. Cuando iba a tomar distancia una vez más, el coraje abandonándola; la mano del shaman subió a su cabeza; enredando los dedos en su cabello y, con una ternura que Anna jamás podría haber imaginado en él, impulsándola una vez más contra él; su boca capturando la de ella nuevamente.

La joven sintió su corazón encogiéndose dolorosamente con un sentimiento---nuevo, sin explorar--- que se desató dentro de ella; con fuerza sin precedentes y que, inexplicablemente, estuvo a punto de traer lágrimas a sus ojos. Dispuesta a descubrir de qué se trataba exactamente, sus manos bajaron por la espalda del joven, jalando la capa que lo cubría; y su boca exploró; dócil, la tersa piel que unía el cuello y el hombro del muchacho.

Hao contuvo un gruñido; y sus dedos se cerraron en su pelo, jalando de éste ligeramente; mientras su mano libre se arrastraba por su espalda en una caricia tosca; sus caderas impulsándose, quizá inconscientemente, contra las de ella. Podía sentirla. Cada movimiento creaba una fricción casi imposible de resistir; su sexo presionando contra el de ella a través de la ropa; su pecho desnudo estrujado contra el suyo y su respiración---jadeos, nada más--- golpeando su cuello.

No pudo más---y sabía que Anna entendía, porque había cesado sus caricias para mirarlo a los ojos y, quizás a propósito, hundió sus caderas en las de él, ahogando un gemido cuando sus sexos se encontraron---aún con las capas de tela de por medio. Pudo sentir su humedad y los latidos de su corazón; y sus manos acariciaron su rostro—pidiendo un permiso que sabía no necesitaba.

Y entonces sucedió: en menos de un segundo los roles cambiaron, y Hao se encontró sobre la joven; dejando que ésta le besara los labios, y el cuello, y los hombros, y el pecho, y que sus manos lo desnudaran por completo, mientras el, suspendiendo su peso en sus manos, se dedicaba a mirarla, esperando, admirando sus facciones y sus ojos oscuros—entrecerrados.

En silencio, una de sus manos dejó su puesto en el suelo y, con cuidado, pasó por su costado, recorriendo las pequeñas curvas; arrastrando consigo el vestido y, con su dedo índice, llevando consigo la ropa interior de la joven, dejando ambas piezas de vestuario en el suelo, olvidadas.

No necesitó decir nada, y ella no lo hizo tampoco. Los ojos castaños del shaman de fuego se encontraron con los oscuros, fríos de la sacerdotisa, los cuales presentaban una calidez inédita hasta entonces. El miedo, perdido en algún momento del encuentro, se hallaba aún ausente, para su sorpresa, y había sido reemplazado por algo más, algo más que deseo, algo más que cariño, y Hao se sintió correspondiendo, aquél sentimiento floreciendo en los lechos más profundos de su pecho y agitando su cuerpo, como una descarga de electricidad que lo atravesó entero.

"Asakura…"- susurró y, su voz, escapó como un suave, ligero ruego; y sus caderas empujaron las de él con cuidado, y el joven estuvo a punto de olvidarse de respirar cuando sus piernas---largas, delgadas---se abrieron para él; su cuerpo arqueándose bajo el suyo mientras sus manos acariciaban sus mejillas.

Se deshizo. El muchacho sintió su autocontrol siendo destrozado en ese mismo momento, y no le importó en lo absoluto---y su cuerpo se posó sobre el de ella; y sus brazos la envolvieron en un abrazo, y la alzó por la cintura; sintiendo sus pechos contra su abdomen y su rostro contra su pecho mientras su miembro se introducía en ella con toda la delicadeza de la que era capaz; sintiéndola tensarse y sus uñas en su espalda, rompiendo la carne.

Traspasó la barrera sin dificultad; sintiendo las paredes de su sexo, dolorosamente tensas; cerrándose en torno a su miembro y ahogó un gruñido; una mezcla de dolor y placer extraordinarios. Presionó su frente contra el hombro de la joven, ahogándose en su aroma; sintiendo la sangre---dulce, fresca---deslizándose por los muslos, manchando su piel.

Sus besos ahogaron los gritos de la muchacha, y su peso presionó su figura contra el suelo, manteniéndola tiesa, dentro de lo posible; mientras sus manos acariciaban su cabello; y su boca rozaba sus mejillas; bebiendo sus lágrimas.

Los brazos de Anna se aferraban a él, sus manos pasaban por su cabello, y su boca, curvada en una mueca de dolor, descansaba contra su mejilla, susurrando palabras sin sentido en su oído, como si fuese él quien necesitaba la contención. Y aquello, aunque innecesario, lo hizo moverse con más cuidado, a pesar de sus crecientes deseos de acelerar el ritmo, de tomarla con todas sus fuerzas, de hacerle sentir lo que ella le hacía sentir.

La itako sentía su cabeza dar vueltas mientras lo sentía ingresar en ella, una y otra vez; suavemente, con energía contenida, y, a través de la cortina de dolor que amenazaba con invadirla, por primera vez, sintió un halo de placer rodeándola. Despacio, muy despacio, colocó sus manos en las caderas de Hao, y, experimentalmente, movió las propias, impulsándolo con más fuerza dentro de ella.

"¡Anna…!"-

Hao gimió en su oído, ciego; mientras la sentía guiarlo, permitiéndole ganar la intensidad que deseaba al tiempo que la sentía relajarse contra él, y su boca acariciando su hombro le dijo con claridad que el dolor se había ido.

Bruscamente, la joven envolvió los brazos en torno a su cintura y, con algo de esfuerzo, se colocó sobre el regazo del muchacho, mordiendo su labio inferior para evitar gemir en cuanto éste la penetró una vez más, y su boca capturó uno de sus pezones; tirando de éste mientras sus manos descansaban en los muslos de la joven; sus dedos presionando contra los firmes músculos de su cuerpo.

Finalmente, Anna no pudo ahogar un grito cuando un espasmo agitó su cuerpo, y se aferró a él con todas sus fuerzas, sintiendo como el joven se tensaba y gruñía su nombre una, dos, tres veces mientras hundía el rostro contra su pecho y la asía a él, forzándola a caer al suelo junto con él mientras terminaba dentro de ella con un delicioso, irresistible escalofrío.

Temblando, jadeante, la joven dejó que el muchacho presionara su rostro contra su pecho, abrazándola con fuerza, atrapándola efectivamente entre sus brazos. Ninguno de los dos dijo nada por un buen rato: Hao se entretenía besando su piel lenta, cansadamente, y Anna, pasando sus dedos por el largo cabello oscuro del joven. Ninguno de los dos era bueno con las palabras, y no había motivos para pretender.

Únicamente cuando la noche empezaba a caer en el bosque y una brisa fría comenzó a correr entre los árboles, llegando a la piel desnuda de ambos, Anna Kyoyama intentó separarse, pero los fuertes brazos de Hao se lo impidieron, acercándola aún más contra él; y la boca del Shaman cayó en su yugular, besando la delicada piel con afecto.

La joven mujer suspiró. "Hao…"-comenzó, sin saber bien qué decir. Pero la voz del hombre la interrumpió, apenas un susurro.

"No quiero irme a dormir aún."-

Anna enmudeció, y se sintió a sí misma relajarse entre los brazos de Hao, y, sin más, pasó los suyos por su torso, abrazándolo contra ella febrilmente.

"No tienes que hacerlo."- murmuró, y presionó su boca contra la de él.

Hao Asakura durmió sin pesadillas sobre lo que pasaría al próximo día esa noche, y a Anna no le importó quedarse despierta para guardar su sueño.

Lo haría por el tiempo que él se lo permitiera, de todas formas.

Owari.

Aquí termina. No es la gran cosa, pero es mejor que nada. Un Hao x Anna para aquella que me lo pidió, espero lo disfrutes.

~Vox