AMARGA ESPERA

"Me asomo nuevamente por la ventana y no lo veo aparecer, hay veces que siento que esta espera en realidad es inútil y que él seguirá ahí, con sus misiones, sus trapicheos y sus demás asuntos y cada uno de ellos lo va alejando más de mí.

Estoy cansada de esperar a mi marido y aunque sé que no lo hace con esa intención, a veces tengo esa desagradable sensación de que prefiere estar más lejos de mí y concentrarse en sus objetivos. ¿Y si está con otra mujer? y aunque sé que eso destrozaría mi alma para siempre, no podría evitar esa unión".

La mujer apoyó su frente en el cristal de la ventana y cerrando los ojos no pudo evitar que una diminuta lágrima resbalara por su mejilla. Gimió con dolor y se abrazó a sí misma para sentirse protegida. Quería tenerlo y sentirse amada por ese hombre con apariencia de Lobo.

"Gruñó con rabia al saber que mis pensamientos nuevamente se dirigían a él. Mis manos se dirigen hacía mis labios y comienzo a gemir violentamente, estoy destrozada y humillada, me siento una mujer abandonada y estoy cansada de esta terrible situación. Quiero a alguien que me valore de verdad y que esté conmigo, no pido que sea mi sombra, pero por lo menos, que esté presente en mi vida y no como si fuera un fantasma."

Apartó su frente del cristal y abriendo los ojos podía sentir como estaban bañados por las lágrimas. Ella siempre había sido una mujer muy fuerte, con un carácter demasiado elevado para alguien como ella y fue esa personalidad que consiguió doblegar a ese Lobo. Pero ahora todo ese poder espiritual se había reducido para acabar encallado en lo más profundo de su corazón, ya que ese maldito esposo que tenía se lo había llevado consigo.

Ladeó su rostro hacía un lado y vio la maleta que estaba apoyada justo en la entrada. Tragó saliva compulsivamente y sintió como todas sus emociones iban variando de la soledad a la amargura. Estaba agotada de esta espera eterna y solo deseaba escapar y sentir como el aire se iba filtrando por todo su cuerpo para llegar a sus pulmones. Aquellos que habían dejado de sentir ese aire tan caliente de su amado marido.

Por que no debía engañarse y es que aún seguía amando a ese irónico y cruel policía de Kyoto.

-Maldito seas Hajime Saito..-gruñó con rabia al morderse los labios.

"Mi decisión de abandonarte la he estado fraguando en mi interior desde hace mucho tiempo, tanto que no entiendo como aún he permanecido en nuestro hogar a la espera de que tú llegarás y me rodearás entre sus brazos fuertes y maravillosos. Bueno..,claro que sé por que he estado aquí esperándote como una amargada más.

Te amaba y esa es la única razón suficiente para seguir en esta casa. A veces he tenido la sensación de que nuestro hogar solo lo estaba llevando yo y tú estabas en una de tus eternas misiones. Aquellas en las cuales nuestro País dependía de un hilo, pero..¡maldita sea Hajime Saito, ¿por qué me mantienes al margen de tu vida?!."

-Te odio Lobo estúpido..-murmuro con rabia.

Curvó sus labios y alzando su rostro con orgullo avanzó hacía su maleta. La agarró y mirando por última vez su hogar, nuevamente sus ojos se bañaron de lágrimas. Está iba a ser la última vez que vería su maravilloso hogar y aunque lo extrañaría prefería salir de esta vida de absoluta soledad y formar una nueva.

La puerta de su antiguo hogar se cerró bruscamente y sintió como todos los pelos de su cuerpo se erizaban violentamente. Sabía que estaba la posibilidad de que la buscará por todo Japón y estaba convencida que él la encontraría, pero aún así no le temía. Es más jamás le había dado miedo, siempre se había impuesto su carácter cuando él la trataba como si fuera una de sus estúpidos lacayos, pero ella saltaba y le colocaba en su lugar.

"Soy tu mujer no un sirviente", en miles de ocasiones esa frase había parado los pies de su Lobo y aunque refunfuñaba por retarle de esa forma, asentía a sus palabras y volvía a calmarse. Él tenía el derecho de tratarla con respeto al igual que ella se lo demostraba, pero nadie, ni siquiera el todo poderoso Hajime Saito le hablaba con ese tono, antes muerta que permitir ese tono de superioridad.

Camino por las calles del pueblo. Desgraciadamente no conocía a nadie y eso era por permanecer tanto tiempo encerrada en su propio hogar, la verdad es que su vida corría peligro en cuanto todos sus enemigos descubrieran que estaba casado y claro, ella era su punto débil, aquel que guardaba con celosía. Pero por seguir esas instrucciones había permanecido ajena al mundo exterior y apenas recibía visitas y en esos encuentros no contaba la presencia de Cho.

-Pobrecillo..-murmuro con pena.

"Pero todo se acaba y no puedes seguir guardándome como un objeto de delicadas formas. Soy una mujer y tengo derecho a seguir viviendo aunque tú no estés conmigo. Jamás me he quejado de ese horrible trabajo, hasta que mi autoestima comenzó a caer en picado y tú, maldito seas Hajime Saito eres el culpable de toda esta situación.

Ojala pudiera odiarte de corazón, ojala pudiera repudiar mis asquerosos sentimientos, pero no puedo hacer eso y he de conformarme con lo que siento. Y es que tú siempre formarás parte de mi vida y nadie se podrá igualar a ti. Pero nada dura eternamente y ahora lo sé, ojala no tuviera que hacer esto pero necesito hacerlo para vivir en paz y con felicidad, aquella que tú mismo te has encargado de estropear de las peores formas posibles.

Me detengo en mitad de la calle y ladeando mi rostro hacía atrás, veo parte del tejado de nuestro hogar y furtivamente una lágrima escapa de mis ojos, alzó mi mano y apartándola de mi mejilla, tragó saliva con dolor y decido hacer mi nuevo viaje.

Abandonarte para siempre Hajime Saito."

-Adiós mi Lobo.

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Alejó el cigarrillo que tenía en su labios en el cenicero y alzando la vista la dirigió hacía su lacayo que permanecía enfrente suya con la mirada cansada. Definitivamente no se podía quejar de su trabajo y por una vez en mucho tiempo lo había echo perfecto, estudió su expresión y compobó para disgusto suyo que si permanecía más en silencio su Escoba se quedaría dormido.

Vio como el bostezo quería salir de los labios de Cho y éste se mordió los labios para impedir que saliera al exterior, arrugó su frente al ver como su esfuerzo era innecesario y como estaba más dormido que despierto. Curvó sus labios y bajando los papeles de su vista, se sentó cómodamente en su sillón y juntando sus manos, esbozó una cruel sonrisa.

-Tierra llamado a Escoba..-soltó con humor.

Cho alzó las cejas curioso por ese tono de voz y aunque muchas veces replicaba esta vez el sueño podía con su cuerpo.

-¿Cómo?.

-Te vas a quedar dormido patán..-soltó..-¿tienes sueño?.

El hombre asintió a la pregunta de su jefe y bostezó violentamente.

-No he pegado hoy en muchos días y estoy realmente agotado..-sentenció con dificultad..-creo que estaría una semana entera durmiendo.

-No puedo esperar tanto..-se levantó de su sillón y se inclinó para coger su cigarrillo..-te quiero mañana enfrente de mi mesa, ¿me oyes Escoba?.

-Alto y claro..-soltó pausadamente..-¿puedo irme ya?.

-Lárgate de mi presencia que me estás dando sueño.

En cuanto su subordinado había abandonado la salan sus pasos le dirigieron hacía la ventana y la estela de humo venía tras suya. Clavó sus ojos ámbar en los cristales de la ventana y observó como la gente pasaba por las calles ajenas a que eran espiadas por su persona. Escupió el cigarro al suelo y lo pisoteó. Mientras sus ojos seguía observando el venir de los transeúntes, inconscientemente su mano se dirigió hacía el anillo que tan secretamente guardado tenía en el bolsillo y extrayéndolo desvió su mirada hacía ese objeto.

"¿Cuanto tiempo hace qué no te veo?" se preguntó inconscientemente.."Seguro que estarás furiosa y me reclamarás mis obligaciones como marido y aunque tienes razón, jamás te diré esa gran verdad. Últimamente mi trabajo me tiene más absorbido y en las pocas ocasiones que nos hemos visto para disgusto mío pero luego para admiración hacía ti, tú te revelas y me dices que eres mi mujer y no un sirviente.

Llevo días soñando contigo, con tu sonrisa, con su carácter tan atrayente que me tiene loco de placer y sobretodo con esas maravillosas noches que paso contigo, sé que eres la mujer perfecta para mí y que sin ti una parte importante de mi humanidad se va al garete. Tú eres todo lo bonito de mi vida oscura y aunque te mantengo al margen de todos los asuntos peligroso que hay alrededor de mi vida, quiero que sepas que tú eres lo primero en lo que pienso.

En muchas ocasiones me he parado a pensar en los motivos por los cuales accediste a casarte conmigo, realmente no soy cariñoso, ni tierno, ni mucho menos romántico, soy todo lo contrario, cruel, déspota, irónico, chulo y un auténtico desgraciado con todas las personas que hay a mi alrededor, así que no entiendo que hace una belleza como tú a lado de un ser tan bastardo como yo.

Sé que muchas veces me he portado muy mal y aunque soy una persona de esa calaña no tengo el derecho a tratarte de esa forma. Tú eres la luz de mi oscuridad, la enfermera de las heridas que forman mi alma y el paño de la sangre que hay en mis manos, así que amada Tokio..¿por qué me amas?."

Un golpe en la puerta consiguió atraerle a la realidad del momento y guardando con velocidad el anillo en su bolsillo carraspeó con fuerza.

-¡¿Qué?!..-rugió con ferocidad.

La puerta se abrió débilmente y de esa abertura se asomo un diminuto rostro.

-Señor Fugita Goro tenemos problemas abajo..-susurro con temor.

-¡Panda de incompetentes!..-exclamó con fastidio al dirigirse hacía su mesa y coger su espada..-¡siempre os pasa lo mismo!.

Y salió de su despacho.

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Se había sentado en uno de los vagones del tren y como había echo antes sus ojos permanecían absortos en el exterior. En ningún momento prestó la debida atención a todos los pasajeros de esta locomoción y bostezando disimuladamente alzó una ceja al escuchar como el aparato comenzaba a hacer sonar la campana.

Eso era el principio de su viaje en solitario. Sus ojos se nublaron ante estos nuevos pensamientos y arrugando la nariz, intentó ejercer un poco de presión para que las lágrimas no abandonarán sus bellos ojos oscuros. Notó una presión a su lado y ladeando su rostro vio a una hermosa mujer con la mirada igual de perdida que la suya.

Se la veía destrozada y apenada por algo y aunque sus ojos eran el espejo que simbolizaba estos sentimientos tan negativos, su rostro estaba bastante demacrado. Si tuviera su expresión en mejores condiciones podía estar segura que era una mujer hermosa.

Encogió los hombros con imparcialidad y volvió a concentrarse en sus pensamientos, ya tenía bastante con sus propios problemas que escuchar las lamentaciones de su compañera desconocida. Escuchó como su visita gemía con dolor y mirándola de reojo vio como sus muñecas estaban tapadas con unas vendas.

"¿Qué ha echo está mujer?, ¿suicidarse?, ¿por qué?".

-Si, me he intentado quitar la vida..-habló pausadamente la extraña..-un echo cobarde pero que antes tenía un significado para mi.

Tokio tragó saliva al sentirse descubierta y con un tono carmesí entre sus mejillas, tragó saliva con nerviosismo.

-Y me temo que tú vas a hacer algo parecido..-la mujer se giró hacía ella y dulcificando su rostro..-no hagas esos pensamientos que tienes en la cabeza.

-Tranquila no me voy a quitar la vida..-dijo Tokio con seriedad..-además no sabes que tengo en la cabeza.

-Ya lo sé pero seguro que huyes por un hombre..-le guiñó un ojo al acariciarse las vendas..-todas nuestras decisiones son por ellos..-sus ojos bajaron y suspiró con dolor..-lo peor de todo es que a veces esas decisiones que tomamos nos hacen sentirnos estúpidas.

Tokio sonrió débilmente ante las palabras de su desconocida compañera y pasándose una mano por el contorno de sus ojos, apartó los restos que aún había por culpa de esas lágrimas.

-¿Y a dónde vas tú?..-le preguntó Tokio.

-A ver al hombre que me abrió los ojos..-respondió la mujer.

-¿Estás enamorada de ese hombre?..-preguntó con curiosidad Tokio.

La mujer comenzó a reír y volviéndole la vista, Tokio vio como sus ojos demostraba más felicidad a causa de esa risa. Y sin poder evitarlo la acompañó en sus carcajadas.

-Imposible que le ame..-comentó la mujer..-es el tío más feo que he visto pero el único sincero que me ha abierto los ojos..-alzó sus muñecas a la vista de Tokio..-¿ves las vendas?..-la mujer del Lobo asintió a su pregunta y la mujer ladeó su rostro ambos lados y viendo que no había nadie que estuviera escuchándolas, se aproximó con sigilo hacía su compañera..-intenté quitarme la vida hace unos cuantos días..-el horror quedó plasmado en el rostro de Tokio..-pero este hombre apareció y me salvó.

-Entonces ¿él está...?..-preguntó Tokio asombrada.

La mujer alzó su dedo y lo movió con negación a la continuación de su pregunta.

-No me ama solo es un amigo..-explicó..-antes estábamos en el mismo bando y él lo abandonó antes por que perdió contra un magnífico luchador y yo..-encogió los hombros..-intenté quitarme la vida antes pero dos jovencitas se negaron a darme ese placer, así que una noche decidí desaparecer de este mundo para reunirme con mi amado..-juntó sus manos..-pero ese amigo apareció y estuvo pendiente de mi.

-Que gran amigo..-comentó Tokio..-ojala yo tuviera a un hombre así.

-¿No tienes a ningún hombre a tu lado?.

Tokio le negó con la cabeza pero al instante suspiró con resignación ante esa mentira a medias.

-Bueno mi marido es alguien muy importante en su trabajo y pasa largas temporadas alejado de mí..-sus ojos se volvieron vidriosos..-a veces he pensado que tenía a una querida pero luego me he puesto a pensar en quién lo aguantaría..-esbozó una sonrisa apenada..-es un hombre cruel, déspota, chulo, engreído y un auténtico desgraciado, pero es el que amo..-apretó con fuerza sus manos mientras la mujer le mirada apenada por su expresión..-hemos llegado a estar un año separados y aunque nos hemos visto ocasionalmente, no dejo de sufrir su abandono. Él dice que debe hacerlo por mi seguridad por que soy su punto débil pero no dejo de comerme la cabeza pensando que lo único que le interesa de mi son las escasos noches que pasamos juntos y que soy un estorbo.

-¿Y si es todo eso por qué le amas?..-preguntó la mujer.

Tokio se mordió los labios y observando de reojo a su compañera encogió los hombros secamente. No sabía por que seguía amando a un bicho tan malo como ese, pero estaba convencida que ningún otro hombre le llamaría la atención como lo hacía su Hajime Saito. Él desprendía toda esa chulería que le atraía con locura y aunque muchas veces había pensado en buscarse a uno más bueno, estaba convencida que se aburriría mucho.

-Es mi maridito..-murmuro con una pizca de humor.

-Pues como lo describes debe ser un hombre bastante varonil y aunque tiene esa personalidad debe sentirse neutralizado por ti..-suspiró..-nadie con semejantes apelativos consigue retener tanto tiempo a una mujer, así que he de entender que tienes algo que le atrae de tal manera que no puede desprenderse de ti

-Soy la única que le planta cara y jamás he retrocedido con miedo..-esbozó una divertida sonrisa..-me mantengo firme y soy muy cabezota.

-¿Enserio?..-dijo la mujer..-¡pues ahí tienes el motivo por que continua contigo!..-chocó sus manos..-yo creo que sí te ama, pero al ser así expresa sus sentimientos de esa forma tan..¿brusca?¿ruda?..-encogió los hombros..-yo no sé como es tu marido pero algo bueno debe tener si has aguantado mucho tiempo.

-Es alto y fuerte..-soltó con humor..-un hueso duro de roer y muy perspicaz..-alzó un dedo al aire al poner morros..-todos le temen o sienten empatía por él y encima mi marido disfruta sabiendo que sus compañeros de batallas le desagradan su visita, es como si fuera la más completa felicidad para él.

-Vamos un dolor de muelas..-concluyo la mujer al reír con su compañera.

Y ambas mujeres comenzaron a reír escandalosamente, pero en unos segundos Tokio clavó su mirada más allá de la ventana y vio con algo de tristeza como la próxima parada le indicaba el lugar donde su querido marido estaba.

Bienvenidos a Kyoto.

La mujer se levantó y quedándose enfrente de Tokio le acercó su mano y sonriendo con amabilidad consiguió la atención de la mujer del Lobo.

-¿Él está aquí?..-preguntó dulcemente al obtener la afirmación..-¿entonces vas a quedarte aquí o le plantarás cara?.

Tokio desvió su mirada hacía su compañera y tragó saliva con nerviosismo. Estaba sintiendo una oleada de sentimientos y no estaba segura de que camino tomar, si el primero y era alejarse para siempre de él o volver a su lado y esperar a que cambiara.

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Se quitó los guantes con fastidio para tirarlos bruscamente al suelo. Gruñó con amargura al ver como había gotas de sangre en su ropa y lo peor de todo es que sus guantes favoritos habían quedado para el exilio. Desde que su lacayo había llamado a la puerta de su despacho todo se había vuelto distinto.

Un loco se había atrincherado en una sala con varios rehenes, increíble pero todo esto había ocurrido en su propio territorio. Y después de escuchar con fastidio como intentaban convencerlo de que debía dejar salir a sus secuestrados, al final había optado por tomar su propia voluntad.

Y después de ese momento de lapsus en donde se había quedado al margen, decidió que era hora de acabar con toda esta morsenga y hacer algo bajo su consentimiento. Atacar y luego preguntar.

Y ahora estaba nuevamente en su despacho con marcas de la batalla que había tenido lugar en su territorio y que por culpa de ese altercado le habían quitado de la cabeza el rostro de su esposa, aquella que no veía desde...

-Seis largos meses..-murmuro abatido..-creo que tendría que hacerle una visita, mejor dicho quedarme unos días si no..-curvó sus labios con amargura..-estará cabreada y será insoportable..-se cruzó de brazos..-y luego dice que yo tengo mal genio.

Negó con la cabeza a esas últimas palabras, el no tenía mal humor, tenía un humor excepcional y muy difícil de interpretar. Pero no era un amargado. Levantó su mirada hacía la ventana y pensó en su mujer, lo mejor era hacer las cosas bien y estar con ella, luego ya se volvería a ir.

Bufó con desgana y se dirigió hacía la puerta para salir y liberarse de esta mala tensión que había en el ambiente.

En cambio el tren volvió a salir de la estación y sus ojos observaban como esa locomotora decía irse sin ella. Al final su nueva amiga la había convencido para retar a su marido y aunque nunca le había temido, ahora si sentía cierto terror a una posible reacción suya. Sintió como las manos grandes de la mujer se retenían en su brazo y girando levemente su rostro, sus ojos se toparon con esa expresión demacrada.

-Creo que he sido una maleducada..-habló pausadamente..-me llamo Kamatari Honjo ¿y tú eres?.

Las mejillas de Tokio se tiñeron de un color carmesí y sonriendo educadamente a la vez que se inclinaba.

-Me llamo Tokio Hajime.

Kamatari se llevó una mano a su mentón y alzó la vista al cielo, ese apellido le sonaba de algo pero ahora mismo no le sacaba parecido con nadie. También era lógico que había intentado olvidar a personas del pasado y aunque sabía que ese apellido le decía algo, decidió callar por si algún extraño motivo ella le hubiera matado.

Después de todo era la primera amiga que se hacía en muchos años y desearía conservarla.

-Vaya tontas..-soltó Kam..-hablando de nuestras cosas y en ningún momento hemos caído en presentarnos.

-Es cierto..-comenzó a reír Tokio..-somos unas olvidadizas.

Y continuaron riendo en medio de la estación ante la escena anterior.

Hajime Saito caminaba por las calles de Kyoto y su mirada siempre marcado orgullo a su éstatu estaba más apagada de lo normal. Siempre le pasaba lo mismo cuando pensaba en ella y es que tenía la culpa de su cambio brusco de personalidad. A su lado era distinto y aunque era irreconocible a veces le gustaba sentirse de esa manera, pero otras veces deseaba con fervor que llegará su antigua personalidad, aquella áspera e irónica que sacaba de sus casillas a todos. Le era más fácil aparentar ese carácter que el otro.

Su paseo le estaba llevando hacía la estación y por una vez en mucho tiempo decidió irse en tren hasta casa, tal vez no le sentará tan mal hacer ese trayecto de la forma más normal y fácil, de este modo no se cansaría tanto. Levantó su mirada hacía delante y por unos momentos sintió como su corazón se estrujaba, su respiración se iba hacía más corta y aunque era una nueva sensación, no tenía ni la menor idea que esto doliera tanto.

Su boca se había resecado y lo que sus ojos ámbar le estaban mostrando era el peor de todas las pesadillas. Allí como si su vida no estuviera en peligro por ser quién era, estaba la culpable de sus cambios bruscos de humor. La única persona que no se doblegaba ante ella y que justamente él se rendía como un principiante, la única persona que conseguía aguantarlo sin mandarlo a freír gárgaras.

Su Tokio su hermosa mujer. Pero eso no era lo que más temía, si no, el echo de que estaba acompañada por el rarito del ex-juppongatana, claro que sabía cual era su verdadero origen por que Cho le informó de esa noticia. Su esposa estaba riendo con ese esperpento, el mismo que hacía unos días había intentado quitarse la vida para acompañar a su amado Makoto Shishio.

"¿Por qué está hablando con él?, ¿no se da cuenta la tonta qué está en peligro? por eso la mantengo al margen de todas mis batallas, para que no tenga que ensuciarse las manos y encima..¿qué rayos hace aquí?, ella tiene que estar en casa, mejor dicho en ese pueblo apartado de todos mis asuntos negros. Ella es inocente en cuanto a mis misiones y ahora una de ellas se ha encontrado con mi punto débil".

Sin más pensamientos avanzó con velocidad hacía las dos mujeres pero cuando iba a abrir la boca para gritar y conseguir que le prestará atención, Kamatari Honjo comenzó a alejarse de su esposa mientras se despedía y le lanzaba besos. Y ante eso echo quedó más bien asombrado por la forma en que se comportaba el rarito.

-Increíble..-se detuvo de golpe..-¿de qué hablan....?

Y entonces ocurrió el temor de la esposa de Hajime Saito. Sus bellos ojos oscuros se cruzaron de golpe con esos ojos ámbar. La mirada del Lobo la atravesaba como una espada afilada.

Y ahora era el momento de hablar y aclarar las cosas.

Continuará.

Hola y lo reconozco, no debería empezar una nueva historia cuando tengo miles rulando por ahí. Pero..¿qué se le va a hacer? de todas formas esta solo va a consistir en dos capítulos por que mis ideas me llegan para eso...jejejeje! la verdad es un capítulo bastante largo y aunque al principio pensé en hacerlo ONE-SHOT, me estaba dando cuenta que la trama seguía avanzando y he decidio cortar y finalizarlo todo en el Segundo capítulo.

Y si...uno de los pocos fics en donde Aoshi y Misao no aparecen ni de casualidad, esta vez he querido meterme de lleno en la trama de Tokio y Saito, sinceramente no he visto fics de esta pareja, ya que apenas se trata mucho sobre su matrimonio, pero aunque parezca imposible nuestro Lobito tiene un punto débil. Así que he decidido hacer un fic exclusivamente para ellos y espero que os guste mucho.

¡Ah! como no sale mi Kamatari, pero aquí es más serio. JEJE.

Nos vemos en el final de la historia y tranquilas continuaré con las demás historias que estan todas bastante interesantes.

¡FELIZ DÍA DE SAN VALENTÍN!.