AMARGA ESPERA

"Es ahora o nunca y aunque deseo girarme y volver sobre mis pasos, tengo que plantarle cara. Siento que mi corazón desea salir de mi pecho y alejarse de su dueño y aunque los nervios están destrozando todo mi interior, sé que debo avanzar y mostrar mis argumentos a mi esposo.

Después de todo se lo debo, bueno, le debo esa explicación por abandonarle."

Tokio Hajime avanzó hacía su marido con el clásico temblor de un animalillo acorralado por su depredador. Podía sentir como esos ojos tan penetrantes se estaban clavando en el interior de su cabeza y la removían en busca de respuestas. Pero esta vez no daría su brazo a torcer y se dejaría convencer para ser nuevamente abandonada.

"No consigo ver que hay en su cabeza y aunque siempre he usado el mismo truco, esta vez no me está dando los resultados esperados. Sé que ella me está guardando un gran secreto y que ese secreto será el que me lleve a la perdición..,¿Es posible qué ella esté con otro?, inconscientemente la rabia comienza a bullir de mi interior y me intento convencer a mi mismo que le daría muerte de la forma más cruel posible a ese necio.

Nadie le pone un dedo encima a mi esposa. Pero en un segundo mis deducciones quedan reducidas a la nada y mi inteligencia sale a flote, hacía tiempo que los celos no me cegaban de esa manera, pero es que pensar aunque sea momentáneamente que ella ha estado con otro, hace que mi instinto asesino se adueñe de todo mi ser."

El policía permanece estático en el mismo sitio y cada vez la distancia que le separa de su esposa se va acortando. Puede oler el temor de la mujer y aunque tendría que sentir satisfacción por eso, siente como el miedo a que le cuente el verdadero motivo de su visita pueda hacerle daño.

Después de todo siempre ha sido su punto débil. Y aunque no es una persona nerviosa, por primera vez en mucho tiempo siente la necesidad de fumar para calmar todo su cuerpo, mete su mano en su bolsillo para tocar alguno de sus cigarros, pero con tan mala fortuna que no hay ninguno ahí. Desvía levemente su mirada para intentar normalizar las pulsaciones de su cuerpo.

Los nervios le están comiendo con ferocidad.

"Lo que estoy presenciando no me lo puedo creer, mi Hajime Saito, el tonto de mi Lobo está nervioso y aunque no tendría que hacer este gesto, mis músculos no responden y sonrió ante la escena de mi esposo. Jamás se ha mostrado tan indefenso por algún tema que desconociera, en realidad suele ignorarlos por completo, pero esta vez, el echo de que yo esté aquí ha despertado su curiosidad y sobretodo esos nervios que tenía olvidados.

Parece ser que parte de la victoria ya la tengo ganada"

Hajime Saito entrecierra sus ojos al ver la sonrisa emanar en el rostro de su esposa y como buen luchador que siempre ha sido, la desconfianza comienza a darle sus frutos. Siente como los nervios se han apoderado de su cuerpo y sobretodo esos celos, siente que ese sentimiento tan mundano para la gente normal, se ha apoderado de cada fibra de su cuerpo y la necesidad de acabar con el origen de ese descubrimiento se está haciendo notar.

"¿Por qué sonríe?,¿qué me estás ocultando?,..¡¿Acaso...?!, ¡no! ella no es capaz de hacer eso, jamás me traicionaría por nadie, sabe que nadie debe jugar conmigo y que si osas reírte de mi, mi venganza no tiene límites. Así que..¿por qué te ríes de mi, mujer?."

-¡¿Qué haces aquí Tokio?!..-bramó con ferocidad el policía.

La mujer se detuvo de golpe y mirando con extrañeza a su marido, vio como un brillo inusual surcaba el interior de sus ojos. Él nunca le hablaba de esa manera o mejor dicho, en ese tono y ahora.."¡¿por qué me habla así?!".

-¿Qué hacías hablando con Kamatari?..-se llevó las manos a los bolsillos..-¡¿no te he dicho qué nunca hables con extraños?!,¡pueden ser rivales míos y estarían orgullosos de acabar con tu vida para hacerme daño!..-se llevó una mano a su frente..-¿no lo ves mujer?.

Los labios de Tokio comenzaron a temblar ante las palabras de su esposo y aunque podía notar la rabia que habitaba el corazón de su marido, no entendía que su estancia fuera un inconveniente para él. Apretó con fuerza sus puños y moviendo sus pies siguió avanzando hacía su marido.

Nunca había llorado delante de suya pero debía evitar que se hiciera realidad. Notaba como las lágrimas se estaban conteniendo en sus ojos y aunque sentiría algo de calma al hacer ese gesto, tenía que recordar que ella era la mujer de este despiadado hombre y que nadie, incluyendolo a él, se elevaba de esa forma.

-¿Estás llorando?..-preguntó asombrado.

Se detuvo enfrente de su marido y mordiéndose los labios con fuerza pensó en su nuevo gesto, era la única manera para que dejará de hablarle de esa forma tan desastrosa. Tragó saliva y con todo el dolor del mundo encima de sus hombros, alzó su mano y la estrelló con rabia en esa mejilla que tantas veces había besado y acariciado.

Esa acción le dejó totalmente perplejo. Nadie en toda su vida le había golpeado con esa facilidad y había salido con vida, nadie se había atrevido a levantarle la mano sin llamar antes a la muerte. Y tan rocambolesca era la situación,que aquella mujer que prometió cuidar y amar, había sido la primera en levantarle la mano.

Por instinto se llevó la mano a su mejilla y clavó su mirada perpleja sobre la orgullosa de su esposa.

-¡Nunca vuelvas a hablarme de esa manera Hajime Saito, ¿me oyes bien bastardo?!..-se cruzó de brazos..-¡soy tu esposa y no tu subordinada y ahora mismo dejaré de tener ese título por que no hay nada que me una a ti, si no, desprecio!..-entrecerró su mirada..-y a esa mujer le he dicho que soy Hajime, por si no lo sabes es tu nombre y todos te conocen por tu apellido..-se llevó un dedo a su cabeza..-no soy tan estúpida para dar mi apellido verdadero.

-¿Me has golpeado?..-preguntó en un hilo de voz.

-Y tendría que haberlo echo antes Fugita Goro pero ahora que nada me une a ti es la mejor manera para acabar con todo..-sus labios temblaron al ver la sorpresa reflejada en el rostro del Lobo..-te abandono Saito, no puedo vivir sola en ese maldito pueblo en el que me tienes oculta..-sus ojos se estaban llenando de lágrimas..-estoy cansada de vivir ajena a tu miserable vida, por si no lo sabes yo formaba parte de ella pero a ti eso no te importaba..-y sin poder evitar la fuerza que había ahora en sus ojos, estos comenzaron a desprender las lágrimas de su interior..-me he sentido sola, utilizada y destrozada por mi inexistente vida junto a ti y ahora ya no quiero eso.

-¿Me abandonas....?..-repitió perplejo.

-¡Si!..-gritó con rabia y consiguió que todas las personas desviaran sus miradas hacía ellos..-¡maldito seas Hajime Saito ya no quiero formar parte de tu asquerosa vida de Lobo solitario!..-se mordió los labios mientras las lágrimas caían por su rostro..-si quieres vivir solo, adelante bastardo y a partir de ahora disfrutarás de tener un problema menos en esa cabeza superdotada.

Saito dio un paso hacía su esposa y sujetándola con fuerza del brazo la acercó más a él. Podía sentir la respiración de esa mujer infiltrándose en cada fibra de su cuerpo y aunque era una sensación fascinante, las palabras insultantes que le había soltado le estaban haciendo afectando más.

-¡No lo permitiré mujer!..-masculló entre dientes.

-¡Ja!..-le golpeó la muñeca..-¿no te das cuenta de lo has echo?¡tú no eres el Saito del que me enamoré, es más, eres la sombra de ese luchador!..-gimió de dolor..-tanto tiempo rodeado de personas de muy bajo nivel han conseguido pegarte sus emociones..-sus labios temblaron..-es el final de lo que tuvimos y debes aceptarlo Saito.

-Lo hice para protegerte..-susurro con dolor.

-El mejor método para protegerme era estar a tu lado..-le dijo al esbozar una sonrisa tierna..-me daba igual sufrir pero ese dolor se vería aplacado con tu presencia.

Dio dos pasos hacía atrás y quitándose las lágrimas con el dorso de su manga. Volvió a clavar su vista en esa tan descontrolada.

-Adiós amado Lobo.

Y se giró bruscamente para volver hacía la estación de tren. En ningún momento observó de reojo la figura encorvada de su esposo y aunque deseaba retirar las palabras que le había dicho y volver a su lado, debía seguir avanzando para encontrar la felicidad que le fue denegada. Nunca encontraría a otro hombre como su Hajime Saito, es más, sus sentimientos jamás cambiarían y para ella solo existiría su Lobo. Pero hasta una persona enamorada tenía sus límites y esa amargura se había echo dueña de sus esperanzas fantasmales.

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En ningún momento vio la figura de su marido y aunque tenía la esperanza de verle aparecer, ese fugaz deseo se vio eclipsado por su ausencia. Se sentó enfrente de la ventana y observando el exterior vio el venir de las personas. Los abrazos a las personas amadas y los besos de los enamorados. Pero en ningún momento sintió los brazos de su amado Lobo.

Solo le bastaba recibir ese abrazo para deshacer por completo su idea, pero desgraciadamente se había encontrado con otra acción. Le había recriminaba su conversación con esa mujer tan simpática pero triste a la vez y ese odio visceral que había visto en sus ojos, le estaban indicando que el Saito que ella conocía se había muerto. Nuevamente sentía como un cosquilleo pasaba con velocidad por sus ojos y sabía a que se debía, tenía ganas de llorar y desbordar todo el sufrimiento que llevaba tanto tiempo guardando.

Se llevó una mano a su pecho y cerró los ojos como un intento vago de impedir el torrencial que estaba a punto de salir. Lo notó bastante caliente, su pecho se movía con velocidad y aunque sentía como una parte suya se había muerto para siempre, debía seguir viviendo por ella misma.

Sintió como una presencia se sentaba enfrente suya y sonriendo con ilusión deseo ver a su nueva amiga, después de todo había ocurrido lo mismo hacía unas horas atrás. Abrió lentamente sus ojos para después dejarlos completamente perplejos.

Ante ella estaba su marido y aunque no se lo esperaba en estos momentos, el susto fue tremendamente fuerte.

-¡Hajime qué...!..-se tapó la boca con las manos.

El Lobo permanecía sentado enfrente de su esposa, con los brazos apoyados en sus rodillas y sus manos juntas, mientras su mirada de color ámbar la estudiaba fijamente. La expresión de su cara no había cambiado nada y continuaba indiferente al temblor de su mujer. Arrugó su frente al verla actúar de esa manera y chasqueando la lengua gruñó con ferocidad.

-Parece mentira que no me conozcas mujer..-siseó..-jamás te haría daño y nunca permitiría que nadie te dañará..-alzó una ceja..-así que no veo el motivo de ese temblor.

-Me has asustado Hajime..-masculló entre dientes la mujer..-no te esperaba.

-Venga no me seas mentirosa..-comentó pausadamente..-sabía que me estabas esperando, así que he decidido darte un pequeño susto..-sonrió con malicia..-¿no lo esperabas?.

Tokio desvió su cabeza hacía la ventana y cruzándose de brazos curvó sus labios con amargura. Había olvidado lo egocéntrico que era.

-¡Bien!..,¿qué quieres?.

-Lo sabes perfectamente..-soltó con seriedad..-he venido a dar mis puntos de vista sobre ese abandono del que hablas.

La mujer gruñó con rabia ante el tono irónico que había empleado el policía y con un tic en la ceja, intentó evitar que la sangre le hirviera con más fuerza. Mientras tanto Saito se había apoyado en su asiento y estudiando la fisionomía de su esposa, expulsó el aire que le sobraba en los pulmones.

Entrecerró su mirada para ver con alivio como estaba ansiosa por saber su versión y sin querer mantener la intriga durante mucho tiempo, comenzó a mover sus labios con tranquilidad.

-Es la mejor idea que has tenido..-vio la sorpresa reflejada en el rostro de su esposa..-es lo más conveniente para ti.

-¡¿Cómo?!..-se mordió los labios con asombro..-¿te importa bien poco que te abandone?.

Saito se llevó las manos a la sien y masajeandóselas con calma intentó pensar nuevamente en sus palabras. La verdad es que sonaba bien distinto a lo que tenía pensado. Pero que quería, era alguien inteligente y la gente no le seguía.

-No boba..-susurro pausadamente..-es mejor que me abandones y de esta manera vivirás más tiempo y sobretodo..-se acercó más a su esposa..-nadie te hará daño Tokio.

-¡¿Qué?!..-sus ojos se llenaron nuevamente de lágrimas.

El policia se levantó de su asiento y cogiendo las manos de su mujer las apretó con fuerza. Se puso de rodillas y mirándole con la escasa ternura que él podía transmitir, tragó saliva con nerviosismo.

-Prefiero mil veces sufrir tu abandono que saber que has muerto a manos de un indeseable y aunque has de saber que le daría la muerte más cruel que mi cerebro pudiera imaginar..-bajo su rostro..-ese dolor no se iría con la muerte de ese miserable.

-¿Tú me...?..-sus labios temblaron.

-Si te tengo protegida es por tu bien..-se mordió los labios..-aunque tú creas que lo hago por gusto, cuan equivocada estas tonta..-sonrió con malicia..-pero si nadie sabe de ti yo puedo actuar libremente, ¡¿no lo entiendes Tokio?! tú eres mi punto débil.

Acercó su rostro al de su esposa y colocando sus labios con los suyos. Sintió como todos los pelos de su cuerpo se erizaban considerablemente, pero esa sensación solo duró escasos segundos para ver como su esposo se alejaba lentamente de sus labios.

El policía se puso de pie y observando el rostro sonrojado de su esposa, decidió quedarse unos segundos más para poder retener esa imagen en su cerebro. Da igual el tiempo que transcurriera, nadie había conseguido llamarle la atención de esa forma tan espléndida.

Y si, él la amaba más que a su propia vida. Prefería sufrir por su abandono que saber que ella ya no estaba caminando en este mundo.

-Adiós Tokio.

Y tan pronto como esas palabras salieron de sus labios, el Lobo le dio la espalda y emprendió el camino de regreso a su cuartel. Allí se maldecería por haber sido un cobarde y permitir la huida de su esposa, aquella que amaba con locura.

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Tokio permanecía en el interior del tren completamente estático mientras removía en su cabeza las palabras dichas por su esposo, levantó su mano hasta sus labios y pasando por ahí, pudo sentir el aroma que desprendía su endemoniado Lobo. Su labio tembló y con el corazón apretado con agonía, se levantó del asiento.

"¡Tonta, tonta, eres una auténtica tonta! él prefiere sufrir mi abandono que verme muerta, es la prueba de amor más bonita que me ha echo mi engreído esposo.

Mi cuerpo sigue temblando ante la claridad de mis pensamientos, el muy lerdo es capaz de aguantarse el dolor con tal de demostrarse fuerte y decidido, será bobo, definitivamente jamás cambiará"

Amplió su sonrisa y se detuvo en la puerta del tren y aspirando con fuerza decidió dar el paso que marcara el comienzo de su nueva vida. Pero justo en ese momento la campana de la locomotora comenzó a sonar fuertemente y abriendo los ojos con espanto, vio como todo empezó a moverse lentamente.

-¡No!..-gritó espantada..-¡aún no!

Giró a ambos lados su rostro para ver algún responsable, pero desgraciadamente todo estaba vacío y las únicas personas que había a su alrededor eran los pasajeros. Arrugó su frente y apretando con fuerza sus puños, echó a correr hacía la cabina del tren, debía detener ese trasto antes de que la alejará más de su marido.

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Saito se detuvo y mirando de reojo vio con amargura como el tren comenzaba a avanzar. Se giró sobre sí mismo para permanecer de frente ante ese trasto y que era el responsable de la marcha de su esposa.

Suspiró con amargura al sentirse solo, no le gustaba nada esta sensación tan asfixiante pero era lo mejor para los dos. Si pensaban que no tenía a nadie que proteger, ella podría vivir en paz, tal como se merecía.

Iba a volver a avanzar para irse hacía su cuartel, cuando una sombra pasó velozmente por los pasillos del tren. Achicó su mirada y volvió a comprobar como esa sombra seguía avanzando hacía la cabina de la locomotora.

-¿Un atraco?..-se preguntó curioso..-¿a estás horas del día?..-y un flash lo absorbió..-¡dios, Tokio está dentro!.

"Maldita sea, justamente hoy tienen que atracar el tren y encima el mismo donde está Tokio. Como ese ladrón le haga algo, me lo cargo sin miramientos".

Echó a correr hacía la locomotora y con asombro pudo comprobar como seguía avanzando con lentitud. Normalmente ya hubiera cogido la velocidad adecuada, pero en estos momentos seguía yendo despacio.

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Había un revisor detrás de la mujer y con toda la paciencia del mundo intentaba tranquilizarla, pero las palabras bondadosas del hombre no le ayudaban en nada y continuaba golpeando la puerta con frenesí. Sintió como unas manos se colocaban en sus hombros y con toda la rabia que estaba experimentando, le golpeó con el codo en el estómago. Rugió con rabia y observando de reojo, vio al revisor con las manos en su barriga.

-¡Jamás vuelvas a ponerme una mano encima!..-sentenció rudamente..-te puedes buscar un buen problema.

-Señora debe tranquilizarse..-murmuro adolorido..-debemos avanzar.

-¡Al cuerno!..-exclamó furiosa..-¡paré esta máquina y déjeme bajar, es lo único que quiero!

-Señora haremos avisar a la policía por este altercado..-amenazó el revisor.

Una sonrisa se formó en sus labios y con los ojos llenos de purpurina asintió a la amenaza del revisor.

-¡¿A qué esperas?!..-alzó la voz..-¡paré esta máquina y avise a la policía, me vas a ahorrar trabajo!

Todos los pasajeros se observaron curiosos ante las palabras de la mujer, lo más normal sería que suplicará para que no avisaran a esos hombres, pero ella estaba más que entusiasmada con la idea de ver a los hombres de uniforme.

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Saito se paró en seco al ver como la máquina frenaba ruidosamente, sus ojos captaron una puerta y con más decisión decidió entrar por ahí.

En unos segundos ya había llegado a su destino y entrando al interior del tren, fue recibido con aplausos por su presencia. Ladeó extrañado su rostro por ambos lados para verificar que no había ningún herido y sobretodo con la esperanza de ver a su esposa sana, pero desgraciadamente su asiento estaba vacío y con un extraño presentimiento que le iba consumiendo el interior decidió seguir avanzando.

La primera persona que le recibió fue el revisor que había sufrido el golpe y con una expresión de alivio reflejada en su cara, se quedó enfrente de este hombre.

-¿Qué ha ocurrido?..-preguntó toscamente al mirar por ambos lados y buscar la figura de su esposa.

-¡Una tragedia!..-exclamó al levantar las manos y ante esa palabra sus ojos se volvieron vacío del espanto, no podía ser cierto, su mujer no podía haber muer...-¡una loca quería detener el tren por las malas!.

-¿Una loca?..-su corazón bombeó con fuerza.

-Si agente..-siguió hablando..-esa señorita quería detener el tren a la fuerza..-levantó su dedo y lo alzó hacía el fondo del tren donde se encontraba la culpable del altercado..-encima me ha golpeado..-Saito entrecerró su mirada al ver como su esposa le devolvía el gesto con orgullo.

El Lobo apartó bruscamente al revisor de su camino y avanzando hacía el fondo del tren, vio como su adorada y gentil esposa estaba arrinconada por varios trabajadores de la locomotora y como estaba de brazos cruzados observándoles con indiferencia. Sonrió con malicia al verla, definitivamente su mujer tenía las agallas suficiente para hacer detener un tren y golpear a todos lo que intentaban obstaculizarle su camino.

Se detuvo enfrente de Tokio y la mujer curvó sus labios con amargura.

-No me dejaban bajar..-habló pausadamente..-así que he decidido hacerlo a las malas..-vio el tic en el rostro de su esposo..-después de todo tú lo has echo, así que no entiendo por que yo no puedo hacerlo.

-Eres más débil..-murmuro serio.

-Si fuera tan débil no te aguantaría..-respondió molesta.

-Me has abandonado..-le recordó con malicia.

-Tú me has abandonado antes..-finalizó con rabia.

Saito alargó su brazo hacía ella y con ello iba su mano para que colocará sus manos encima de la suya. Tokio vio maravillada ese hermoso gesto y levantándose de su asiento se apoyo en su marido.

-¿Supongo qué va a detenerla?..-exigió el revisor..-¿quiero poner una denuncia?.

La mujer se mordió los labios al pensar que ya tenía en su historial una pequeña mancha por culpa de altercado, pero Saito encogió los hombros y devolviéndole la vista al hombre bufó con desgana.

-Pues váyase al cuartel y póngala..-soltó bruscamente..-no es asunto mío, pero si está noche recibe una visita nada amistosa y decide acabar con su vida ya sabes por que debe ser.

-¿Me amenaza?..-preguntó con miedo.

-No..-bufó con humor..-solo le advierto si hace eso..-se acercó al revisor..-es un consejo.

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En ningún momento salieron cogidos de la mano e iban a una distancia prudente, Tokio levantó lentamente su rostro hacía la espalda de su esposa y suspirando con melancolía dio dos zancadas para ponerse a su altura.

El Lobo la miró de reojo y curvó sus labios con enojo.

-¿Qué piensas hacer Tokio?..-preguntó bruscamente..-deja de marearme y decide de una maldita vez.

-He pensado..-se llevó una mano a sus labios y sonriendo con malicia..-quedarme a tu lado pero para comprobar que todo esto funciona.

-Haz lo que quieras pero debes saber que volverás a casa y seguirás ahí..-le recordó con maldad.

-Ya, pero..-dio dos saltitos para detenerse enfrente del policía y llevándose las manos a la espalda le retó con la mirada..-antes quiero conocer a todos tus odiosos amigos y en especial quiero volver a ver a mi amiga.

-¡¿Qué?!..-se detuvo con espanto..-¡¡no son mis amigos y mucho menos te llevaré ante el rarito!!.

-¿Seguro?..-se llevó ambas manos a su cintura.

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Unos cuantos golpes se dejaron escuchar en el interior de la casa y arrastrando los pies con pesadumbre se dirigió hacía la entrada. Estaba realmente agotado y por culpa de Kamatari no había podido dormir tranquilamente. Abrió la puerta con rabia y al alzar su vista vio con espanto como su jefazo estaba ahí pero lo que más escalofríos le había dado era el echo de que Tokio le sonreía con amabilidad.

-Tokio..-habló con nerviosismo.

-Hola Cho he venido a presentarme oficialmente y a ver a mi amiga..-saludo amigablemente y colocó su mano en el pecho de su Lobo..-después de todo Saito se ha ofrecido a presentarme a todos sus conocidos, ¿qué majo es?.

-¿Cómo?..-abrió los ojos de golpe al dirigir su mirada perpleja a su jefazo.

Pero al hacerlo comprobó como su jefe no estaba por la labor de sonreír ante la propuesta de su esposa.

FIN

Bueno ya tengo finalizado este fic y espero que les haya gustado. Aunque me ha costado hacerlo por que no estoy acostumbrada a utilizar el personaje de Tokio, más que nada, por que apenas se sabe cosas de ella, me ha entusiasmado hacer la historia.

Muchas gracias por que os haya gustado a Midory, Okashira Janet,Natsumi Niikura, Orquidblack, gabyhyatt, Shumy,Yun tao 19.

En cuanto al asunto del apellido, al Lobo se le conoce con este apodo, como Saito (su apellido) o Fugira Goro (un poco), y su nombre Hajime rara vez se le ha nombrado (a excepción de Makoto Shishio en la última batalla), así que decidí ponerle el nombre a Tokio por que de esta forma podría ser más fácil pasar inadvertida que si dijiera que es Tokio Saito.

Eso es lo que yo opino, ahora bien cada uno piense lo que más le interese jejeje. Para opiniones hay miles, ¿verdad?.

Así que muchas gracias por el apoyo recibido por este fic. Nos vemos en las demás historias.