Tom Riddle y el barreño de lejía

¿A qué se debe la palidez extrema de Lord Voldemort? ¿Al rebote de la maldición contra Harry? ¿A la pócima de su resurrección? Un fanfic de humor descubre la absurda y divertida verdad. Si no te ries, estás bajo la maldición Imperius.

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Esto ocurrió un sábado, durante la colada.

Como cada sábado, Bellatrix Lestrange se había acercado a la casa de Lord Voldemort para hacer un poco de limpieza y hacerle la colada. A ella no le importaba, al contrario, le encantaba restregarse con los calcetines sucios de su adorado maestro.

El sábado en cuestión, Bellatrix había estado particularmente distraída. Sabía que la victoria del Señor Oscuro se aproximaba. Lo había leído en un post que Voldemort había dejado en la puerta de la nevera: "La victoria está cerca. Comprar sardinas".

Bellatrix había echado botella y media de lejía al barreño donde iba a lavar, a mano desde luego (nada le producía más placer que frotar la ropa interior del Señor Oscuro), la ropa blanca de su maestro. Pero se distrajo y agarró el montón de ropa negra (capas, capuchas, túnicas,…) y ya se disponía a dejarla caer en el barreño lleno de lejía cuando Voldemort, que cruzaba el umbral ataviado con su batín de "Hello Kitty!" la vio.

En su interior supo que algo iba mal. (En ese mismo momento, Dumbledore acababa de borrar su nombre de la lista de la cena de exalumnos de Hogwarts). Pero no era eso, era más grave aún. Supo, sabe Merlín cómo, que aquel barreño contenía lejía y que su ropa oscura, que justo entonces Bellatrix dejaba caer, quedaría descolorida.

- ¡Nooooo! -gritó. Con uno de aquellos gritos con altavoz que podía hacer, y que hizo que a centenares de kilómetros a la redonda todos se detuvieran en sus ocupaciones y mirasen alrededor un instante.

Fred y George Weasley detuvieron sus experimentos temerosos que su madre los hubiese descubierto. Ron dejó de hurgase la nariz. Y Herminone NO dejó de estudiar la guía telefónica (¿creéis que se logran buenas notas si nos distraemos por un aterrador grito de origen desconocido?).

Más lejos aún, en el número 4 de Privet Drive, a Harry Potter le dolió la cicatriz. Se la frotó con empeño y dijo:

- Tía Petunia, me duele la cabeza…

- Ah –exclamó Tío Vernon-, así que te duele el melón, ¿eh? Pues eso no es excusa para que no sigas con tu trabajo.

Y Harry siguió con su tarea, que consistía en hacer de mueble reposa-pies para su Tío Vernon.

- Es que me duele mucho –se quejó el chico, que estaba estirado como un felpudo bajo las zapatillas peludas con forma de cabra que calzaba Tío Vernon.

- A mi me duele el bolsillo, chico, -dijo Tío Vernon-, y no me verás quejarme. Si te duele haz como Herodes…

- … ¡te jodes! –chilló Dudley, que estaba soplando su muñeca hinchable de Angelina Jolie (una muggle).

- ¡Dudley! –chilló Tía Petunia, y se acercó desde la cocina con las manos en jarras- ¿Qué vocabulario es este?

Harry sonrió, por fin se haría algo de justicia.

- Yo… yo sólo… -musitó Dudley. Y mientras buscaba una excusa, se olvidó de su muñeca y Angelina Jolie salió volando por la habitación.– sólo repito lo que oigo en la tele…

- Repite lo que oye en la tele… ¿Has oído Vernon?

- Sí, Petunia –dijo sin apartar la vista del periódico, concretamente de la sección de contactos "hombre busca hombre".

Y en contra de lo que Harry esperaba, Tía Petunia se agachó, agarró por los mofletes a su hijo y dijo:

- ¡Qué maravilla de hijo tengo! Oye una grosería por la tele y enseguida la aprende… tú –dirigiéndose a Harry-, deberías aprender algo de la televisión.

- A mí no me dejáis ver la televisión –musitó Harry desde el suelo.

- ¡Este chico siempre tiene una excusa para todo! Anda –dijo Tío Vernon levantando los pies de los riñones de Harry-, coge un par de cubos y ve a buscar agua a la fuente…

- ¿Qué fuente? Pero si sale agua del grifo…

- ¡A buscar agua, se te dice! ¿O crees que dejaremos que uses nuestra preciosa bañera otra vez? Te traes agua y te llenas un barreño.

- ¿Y me froto con un cactus? –sugirió Harry con ironía yendo hacía la cocina.

Pero dejemos esta amable charla doméstica y volvamos a casa de Voldemort. Donde la ropa negra seguían cayendo, muy lentamente, hacia el barreño lleno de lejía y entonces, cuando eso ocurriese, el Señor Oscuro tendría que llamarse el Señor Descolorido.

Voldemort agarró su barita, apuntó al barreño y chilló:

¡Apartarus!

La terrible maldición Apartarus (una maldición que sólo podían usar los magos que trabajaban en empresas de mudanzas) chocó contra el suelo bajo el barreño. Pero… para desgracia de Voldemort, Bellatrix había encerado el piso con tanto esmero y tanta pulcritud que la maldición rebotó y el barreño saltó por los aires. Y así, el contenido del barreño, que era agua limpísima y lejía potentísima cayó encima de Voldemort que quedó blanco como un vaso de leche sin colacao.

¿No quedó descolorida también Bellatrix? Obviamente no. Cuando la bruja vio el error que había cometido, se lanzó para abrazar con todo su afecto y ternura la ropa sucia de Voldemort, y las capas negras y sucias la protegieron. La protegieron y quedaron emblanquecidas a tiras, como un traje de zebra.

Continuará…