Este oneshot pertenece, sí, a Princess Kitty1! Espero que os guste, porque a mí me ha encantado traducirlo!

Décimo tercer oneshot: Mantente guapa

Igual que en la mayoría de los misterios, el cuerpo se halló una noche oscura y tormentosa, flotando bocabajo en la bahía. Apenas había anochecido y la única persona que tomó nota de aquello fue el detective Ulquiorra Cifer, a quien habían llamado para que investigase. Si no hubiera tenido que rellenar un informe, ni siquiera se habría molestado en llevar un paraguas bajo el brazo, sujeto firmemente y mojando su gabardina con el agua. Pero no podía volver a la comisaría con un papel mojado; no, tenía que estar seco. Por lo visto, únicamente él (y algunos médicos) tenían una escritura absolutamente indescifrable.

- He encontrado su cartera. Sus cosas están intactas- el oficial Kaien Shiba se acercó, deslizando los objetos que encontraron en bolsas de plástico- Se llama Ichigo Kurosaki, edad veinticuatro años. Trabajaba para esa compañía informática de la que se rumoreaba que tenía problemas con la mafia. Ha sido un trabajo muy limpio; un único disparo en la cabeza, a bocajarro. Tal vez fuese alguien que conociera el pobre infeliz.

- Hmm- dijo Ulquiorra, bastante poco interesado, mientras trataba de escribir, usando su mano como apoyo. Si no fuera tan tacaño, se habría comprado una carpeta- ¿Algo más?

- Creemos que la corriente lo ha arrastrado río abajo, aunque es difícil de saber. La lluvia nos está dificultando la investigación. Tendremos que esperar que lleguen los forenses- el oficial Shiba tembló cuando sus compañeros retiraron el cadáver de la bahía- Oye, ¿no crees que se parece mucho a mí? No me parece buen presagio…

- Si fueses a morir pronto, los signos serían más evidentes… como un fantasma entrando por tu ventana- Ulquiorra tapó el bolígrafo- Ahora, si me perdonas…

¿A Ulquiorra le gustaba su trabajo? Era difícil saberlo. No se quejaba y era muy bueno, pero tampoco parecía feliz. Tal vez fuese precisamente su rostro inexpresivo lo que le convirtiese en el mejor detective de la ciudad. Había trabajado con la Policía en muchos casos antes; según los rumores, hasta se quedaba en vela algunas noches, analizando las pruebas y escribiendo nombres, hasta exclamar que sabía quién "lo había visto". En cuanto a sus tácticas en los interrogatorios… Bueno, no había ni una sola persona de la que no hubiese obtenido una confesión, en menos de veinticuatro horas.

Se imaginó que el trabajo de esa noche sería tan rutinario como los demás. Una víctima, una bala, una pistola humeante y una lista de los amigos y familiares de Kurosaki (con las direcciones de sus trabajos y casas escritas junto a sus nombres). Viola hora: las 8:49 de la noche. Sí, mañana podría tenerlo todo listo.

No fue fácil decírselo a la novia de Kurosaki. La chica bajita y de pelo oscuro no mostró signos visibles de estrés, pero de vez en cuando conseguía detener una lágrima que asomaba, antes de que se deslizara. Ulquiorra le agradeció que mantuviera la compostura- no se le daba bien tratar con mujeres histéricas- pero pudo adivinar que estaba sufriendo por dentro. Tal vez otro detective hubiese confundido su comportamiento con una falta de remordimientos por ser la asesina.

- Éramos los mejores amigos- Rukia Kuchiki estaba sentada justo en frente de Ulquiorra, en el sofá, retorciéndose las manos- Cuando desapareció, no… no quise ponerme en lo peor, pero teniendo en cuenta lo que ha pasado con su empresa últimamente… tampoco esperaba tener buenas noticias.

- Así que fue usted quien denunció su desaparición- dijo Ulquiorra suavemente, recordando los detalles que ya le había dado la Policía.

- Sí. Se suponía que ayer tendría que haber venido aquí, a desayunar- Rukia apartó nuevas lágrimas- No era… No era el hombre más romántico del mundo, pero era muy puntual. Siempre mantenía sus promesas. Por eso lo supe…

- Tranquilícese, señorita Kuchiki. Haremos lo que esté en nuestra mano para atrapar al asesino de Kurosaki- Ulquiorra se puso de pie, sorprendiéndola. Ya había visto todo cuanto necesitaba: esa mujer era inocente. Se sacó una tarjeta de un bolsillo interior de su abrigo y la dejó en la mesa, delante de ella- Si recuerda algo que pueda tener que ver con la investigación, por muy trivial que parezca, no dude en llamar.

Rukia asintió y miró la tarjeta. Nada más salir por la puerta, Ulquiorra escuchó cómo empezaba su llanto.

- Kurosaki y yo fuimos juntos al instituto- Uryuu Ishida se encorvó y sacó una foto, para enseñársela a Ulquiorra. Era muy bonita; salía la víctima con su novia y amigos- Estoy seguro de que esta noche verá a algunos de ellos. También está, eh… la señorita Inoue. Debería estar ahora en el trabajo… Dios, me pregunto si alguien se lo habrá dicho…- Ulquiorra se fijó brevemente en la pelirroja, antes de seguir el dedo de Uryuu- Ellos son Sado, Renji Abarai, Chizuru Honsho, Tatsuki Arisawa, Mizuiro y Keigo…

- Sí, los tengo a todos en la lista- Ulquiorra se recostó en su silla, dirigiendo la vista hacia la ventana. La lluvia se aplastaba contra el cristal y los truenos resonaban en el cielo- Vayamos a lo que nos importa, señor Ishida, pues parece ser lo que también le interesa. ¿Puede decirme si alguna de estas personas tenía algún problema con Kurosaki?

- ¿Problema?- el hombre de pelo negro pareció sorprenderse- No… Kurosaki no tenía enemigos. Bueno, Byakuya Kuchiki, el hermano mayor de su novia… no aprobaba que saliesen juntos al principio, pero al final acabó aceptándolo- se inclinó hacia delante, cruzando los dedos al hacerlo- Kurosaki se peleaba mucho con Renji y conmigo, pero nunca por cosas serias.

- ¿Dónde estuvo usted ayer por la tarde?

- Con la señorita Inoue. Me dijo que no se encontraba muy bien y que necesitaba que alguien le ayudase con las compras. Después le preparé el té y volví a casa hacia las siete.

La pelirroja otra vez. Ulquiorra volvió a mirar la foto y notó lo cerca que estaban esa chica tan sensual y la víctima.

- Ya veo- murmuró.

- ¿Sabe qué? Acabo de recordar- Uryuu golpeó sus manos- que Kurosaki no se llevaba muy bien con su vecino, un hombre llamado Grimmjow Jaegerjaques. No se soportaban… y siempre estaban discutiendo- bajó la voz- Además, he… he oído rumores… y se dice que Jaegerjaques está metido en la mafia.

Ulquiorra alzó la ceja.

- ¿Cómo ha sabido que la Policía sospecha de la mafia?

- Soy periodista.

- Oh- comprobó sus notas de nuevo- Es cierto- Ulquiorra se quedó quieto, preguntándose a quién iría a ver a continuación: al hermano mayor, a la pelirroja o al vecino. Detestaba ir a por el más sospechoso desde el principio; le quitaba diversión a su trabajo. Pero hacía frío y tenía hambre, así que tal vez fuese mejor aclarar el asunto cuanto antes- Imagino que sabrá ponerse en contacto conmigo, si recuerda algo más.

- Claro- contestó Uryuu.

- Por cierto, ¿a qué hora sale la señorita Inoue de trabajar?

Las gafas del hombre se deslizaron por su nariz.

- Sospecha de ella.

- Sospecho de todos- le recordó Ulquiorra.

- ¿Kurosaki está muerto?- Grimmjow Jaegerjaques, un hombre de ojos desorbitados, pelo azul y un tatuaje en el brazo, a quien Ulquiorra identificó como uno de los mafiosos más conocidos de la ciudad, se inclinó en el marco de la puerta, mirando la del apartamento de su vecino- Va en serio…- sonrió- Supongo que ahora vas a decirme que soy sospechoso.

- Correcto.

- Pues siento decepcionarte, pero no pude hacerlo… ¿Dónde has dicho que lo encontraste? ¿En la bahía?- Grimmjow negó con la cabeza- Ese día tenía cita con el dentista. Puedes llamar a la oficina y preguntar.

- Tuvo cita con el dentista… ¿Todo el día?

- Claro que no. Antes estuve trabajando en una fábrica que hay en la calle Las Noches y, después de la cita con el dentista, volví a casa, pero Kurosaki no estaba. Las luces de su casa estaban apagadas.

Ulquiorra analizó la expresión de aquel hombre: tenacidad, escondiendo algo de tristeza e ira.

- ¿Por casualidad era amigo de Kurosaki?

- ¡Claro que no!- ladró Grimmjow, con disgusto- ¡Siempre discutíamos por todo! ¡Siempre estaba jodiéndome! ¡Joder, creo que es el tío al que más ganas he tenido de partirle la cabeza en mi vida!- se calmó- Sé que no estoy colaborando, pero te digo en serio que yo no le maté. Que no me gustase no significa que quisiese verle muerto, ¿sabe? No nos llevábamos bien, eso es todo… Aunque a veces me dejaba quedarme en su casa, cuando no podía entrar en la mía y el conserje no estaba cerca.

- No me diga- murmuró un distraído Ulquiorra, mientras llamaba a uno de sus compañeros y le pedía que comprobara la coartada de Grimmjow. Éste se echó a reír.

- Sí… y ni siquiera le di las gracias por hacerlo- volvió a mirar a la puerta- Muerto, ¿eh…?

- Señor Jaegerjaques, ¿recuerda haber visto algo raro en los días anteriores a su muerte? ¿A alguien con él y que usted no conociera? ¿Algún invitado o alguien que no hubiera visto antes?

El hombre de pelo azul se quedó pensando.

- Ahora que lo dices, sí- se apoyó en el marco de la puerta- La tía pelirroja- levantó las manos y se cubrió unos pechos imaginarios con ellas- Unas tetas enormes. Podría haber roto una piñata con ellas.

- Gracias por esa imagen tan agradable.

- Vino a traerle comida a Kurosaki. Él parecía conocerla. Hicieron mucho ruido, aunque no llegó a entrar en su casa. Se marchó en una limusina negra impresionante.

- Ya veo- se hizo una nota mental y se giró, para bajar las escaleras.

- Oye, Ulquiorra. Estás muy tenso últimamente, ¿no?- la voz de Grimmjow le detuvo. Se giró hacia él y lo miró- Me refiero a tanta formalidad y tanta mierda. ¿Qué, crees que eres especial ahora que no estás en la mafia?

- Tú y yo nunca fuimos amigos, Grimmjow, así que voy a tratarte de usted. Por cierto, dile a Yammy que su familia le echa de menos, pero que están bien.

- Ah, es igual. Siempre te ha gustado la justicia y todas esas chorradas- Grimmjow observó cómo se marchaba y lo llamó una última vez- ¡Le daré el mensaje y me ha dicho que te diera las gracias!

En ese punto, Ulquiorra estaba prácticamente seguro de que no haría falta ir a ver a Byakuya Kuchiki. Además, sería muy difícil entrar en su mansión con toda la seguridad que habría. Llovía mucho y sus calcetines estaban mojados, así que estaba demasiado irritado como para que nadie quisiera molestarlo.

Así que decidió ir a pub de la zona; uno de esos bares underground en los que había actuaciones en vivo, de jazz, cada noche. Se dio cuenta del pequeño cartel que había, justo a la entrada: ¡En vivo, esta noche, Orihime Inoue!

Bajando por la pequeña escalera, se adentró en las sombras mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad. Entonces se encendió un foco, que iluminó la curvilínea forma de una mujer, con un vestido carmesí y su pelo pelirrojo recogido en un moño despeinado. Dos mechones rebeldes se deslizaban por sus hombros y señalaban innecesariamente a su escote, pues podría haberse visto a millas de distancia. Acarició amablemente el micrófono que tenía delante y abrió sus rojos labios al empezar a cantar.

- Te espero… No sé por qué. Lo único que sé es que no puedo esconderme. En este ambiente, te adentras en mi mente…- pasó su peso de un pie al otro, moviéndose gentilmente- Me tocas suavemente, como una telaraña… Me invade… No puedo hacer nada… Y me entrego.

Se encendieron dos focos más, que iluminaron a una rubia y a una mujer de piel oscura. La señorita Inoue siguió cantando.

- Dime que me perdonas. Llama y no sé cómo caí bajo su hechizo…- cerró los ojos- últimamente, me ha llevado… sonríe… un hechizo.

Ulquiorra se quedó donde estaba, deseando que ella no lo viera. Quería hablar con ella al acabar la actuación.

- Te espero. Estoy hipnotizada. Este amor es como una poción disfrazada. Camino por la cuerda floja, con la mirada tapada- se movió al ritmo del sonido, con una expresión turbia- No puedo escapar… o eso parece. Quisiera huir… está en mi mente… Tiene un hechizo.

Las otras dos mujeres empezaron a cantar.

- Dime que me perdonas. Llama y no sé cómo caí bajo su hechizo… últimamente, me ha llevado… sonríe… un hechizo.

La música se detuvo y su suave voz atrajo a los caballeros del público.

- Es como caminar despierta, sin fin. Es como un beneficio sin repartir. Es un juego de mesa donde tienes una oportunidad. Podría llamarse saber jugar… Lo sé, lo sabe, llama, voy… Lo sé… Esto podría ser un hechizo…

- ¿Por qué no me dices que me perdonas…? Él llama, no sé cómo caí bajo su hechizo…- parecía harta- Me perdona… últimamente… Me lleva…

Sus ojos se encontraron con los de Ulquiorra.

- … y me entrego…

Acabó la canción.

- Un hechizo.

Vaya, así que la chica sabía cantar. Cualquier cosa para sobrevivir, supuso Ulquiorra. Comprobó la hora en su móvil y vio que habían pasado dos horas desde el inicio de la actuación. ¿Podría hablar con ella ya? Levantó de nuevo la vista, hacia el escenario... y se sorprendió al ver que la mujer se había marchado. ¿Dónde demonios...?

- ¿Puedo traerle algo, señor?- le preguntó una chica casi inexpresiva y pelo negro. En su placa ponía "Nemu".

- ¿La señorita Inoue va a volver a cantar esta noche?

- Me temo que no. Tal vez ya se haya ido a casa. ¿Le gustaría que le dejara un mensaje?

- No se moleste- Ulquiorra tenía su dirección. No estaba demasiado lejos, así que podría dar un paseo, pero deseó que ya hubiese dejado de llover. A ese paso, acabaría cogiéndose una pulmonía...

...

Orihime Inoue vivía en una mala zona de ciudad. Raro, teniendo en cuenta que Grimmjow había dicho que la había visto saliendo de una limusina. Por la calle no había ningún coche que coincidiera con esa descripción. Ulquiorra permaneció fuera del viejo edificio de ladrillo, con ventanas rotas y una roída escalera de incendios y llamó al piso de la mujer.

- ¿Sí?- sonó la melodiosa voz, por el telefonillo.

- Señorita Inoue, me llamo Ulquiorra Cifer. Soy detective y trabajo con la Policía. Tengo algunas preguntas que hacerle.

- ¿A mí...? Ah, bueno, entiendo...- le abrió la puerta hacia la seca y antigua escalera. Él subió dos pisos, antes de llegar hasta su puerta. Llamó y esperó. Pocos segundos después la puerta se abrió y la guapa pelirroja apareció delante.

Aún llevaba la ropa de su trabajo y no se había desmaquillado por completo. Tenía los pies desnudos y se restregaban contra la alfombra, tratando de coger calor.

- Buenas tardes- dijo, abriendo sus ojos marrones, llenos de curiosidad- Por favor, pase. ¿Quiere dejar su abrigo en algún sitio? Está empapado.

- No hace falta- dijo Ulquiorra, pasando a su lado- No tardaré mucho- el apartamento era bastante simple; tenía un estilo muy impersonal, como si todos los muebles se hubiesen escogido en un catálogo de IKEA. No había fotos de su familia ni de sus amigos. No había animales ni signos que denotaran que los hubiera. Sólo el periódico matutino en la cocina y un bolso en el sofá del salón, cuyo contenido se veía: pintalabios, espejo de mano, una libreta... La señorita Inoue se movió con nerviosismo.

- Nunca antes he hablado con un detective- confesó- ¿Por qué... eh... quiere hablar conmigo, exactamente?

Ulquiorra se acordó del periodista que había conocido poco antes.

- Señorita Inoue, hace unas horas la Policía encontró un cadáver flotando en la bahía. Era el de su amigo Ichigo Kurosaki- la mujer tragó saliva- y creemos que...

- No... No, eso no... ¡No puede ser!- sus ojos se llenaron de lágrimas y su voz parecía un susurro- ¿Kurosaki está...?

- Muerto, sí. Le dispararon en la parte de atrás de la cabeza y lo arrojaron al...

- ¡No, no, no! ¡Esto no puede estar pasando! ¡Lo vi el otro día...!- todo el cuerpo de la mujer empezó a temblar y los resoplidos arrugaron su frente e hicieron que su enorme pecho se alterara- ¿Por qué? ¿Quién ha podido hacer algo así...?

La señorita Inoue dio un grito ahogado, se llevó una mano a la boca y se dirigió al sofá. Pero no se sentó; se quedó quieta, con la cara cubierta, llorando sonoramente. Ulquiorra esperó que su suspiro no la hubiese ofendido. Era precisamente ese teatro lo que odiaba, lo que le afecta más que cualquier otra cosa. No podía soportar ver a una mujer llorando y mucho menos a una tan afectada como ella.

Pero era sospechosa y todavía no podía sentir lástima por ella.

- Señorita Inoue, entiendo que esté tan afectada, pero tengo que hacerle unas preguntas sobre la víctima, como dónde estaba ayer y...

- ¡N-No pasa nada! Lo entiendo- glups- Lo siento, es que- snif- era uno de mis mejores amigos y... ¡Oh, Dios, Rukia! ¿Lo sabe Rukia? ¡Oh, no!- la señorita Inoue se volvió completamente histérica y Ulquiorra relajó los hombros, sintiéndose derrotado.

- ¿Quiere algo de beber, señorita Inoue? ¿Un vaso de agua, quizá?

Ella asintió, entre gemidos y llanto.

Él fue a la cocina y encendió la luz. Era pequeña y estaba meticulosamente limpia. Bajo el pretexto de estar buscando un vaso, abrió todos los cajones en busca de un arma homicida. Platos, boles, comida en latas y cajas, especias, medicamentos y vasos... pero nada de pistolas. Frunció el ceño. Aunque no contara con una orden de registro, tal vez se encontrara con el arma homicida de casualidad.

Eso iba a ser más difícil de lo que parecía.

Después de llenar un vaso con agua, volvió al salón, donde la señorita Inoue estaba tumbada y se retorcía, con las manos sobre la cabeza, como si esperara que una bomba estuviese a punto de caérsele. Se había calmado lo suficiente como para resoplar únicamente, pero seguía temblando. Ulquiorra dejó el vaso en la mesa, delante de ella.

- ¿Qué puede decirme de la víctima, Ichigo Kurosaki?- no había más sillas alrededor, así que tuvo que sentarse al lado de la mujer temblorosa. Ella levantó la cabeza y lo miró.

- ¿Qué no puedo decirle de él?- fue su respuesta, sonriéndole débilmente- Era un hombre increíble. Un amigo fiel. No puedo creer que esté…- su labio inferior tembló y cogió el vaso de agua, dando breves sorbos- Él, eh… fue al instituto conmigo. Estábamos en el mismo grupo de amigos y aunque siempre estuviese discutiendo y peleando, nunca se buscaba problemas sin motivo.

- ¿Tenía enemigos?

- ¡No! ¡Por supuesto que no!- gritó Orihime- No era de esas personas a quien los demás odiasen… Al contrario; era de los que atraían a los demás.

Los ojos penetrantes de Ulquiorra se fijaron en ella.

- ¿A usted también, señorita Inoue?

- Por favor, llámame Orihime. Está hablándome como si fuera uno de mis profesores- se limpió las mejillas con furia, resoplando- Si quiere saber… si estaba enamorada de él, sí, lo estaba. Fue mi primer amor- Ulquiorra asintió. Entiendo- Pero, ¿sabe? Me alegré por él cuando empezó con Rukia. Al fin y al cabo, era mi mejor amigo- Orhime sonrió más- Y, cuando fui a su casa el otro día, me enseñó… un anillo de compromiso. Iba a pedirle matrimonio.

- Y por eso le disparó.

- … ¿Qué?

- Es broma- Ulquiorra pestañeó, despacio- Lo siento, es demasiado pronto para hacer bromas, ¿no?- le pidió con gestos que bebiera más agua- Aunque tengo curiosidad por saber dónde estuvo ayer.

- ¿A qué hora?- dijo Orihime, bebiendo agua.

- Durante todo el día.

Dejó el vaso en la mesa y se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja.

- Ayer… me desperté un poco más tarde de lo normal, pero llegué al trabajo a tiempo. A mi trabajo de día, en una pastelería de la avenida Menos Grande- sus manos seguían temblando y Ulquiorra se dio cuenta- Al terminar el turno me sentía un poco mal, pero tenía que hacer la compra, así que llamé a mi amigo Uryuu Ishida y le pedí que me ayudara. Es tan amable. Hasta me hizo algo de té, aunque le pedí que no se preocupara.

Ulquiorra asintió, comprobando sus notas.

- Y, después, ¿se marchó?

- Me eché una siesta y preparé la cena sola. Estuve viendo la televisión durante una hora y me marché al bar.

- ¿Hay alguien que pueda atestiguar que estuviera todo el rato en casa?

Orihime pensó por un momento.

- Mi vecina de al lado, Erika. Vino a preguntarme si podría cuidar de sus hijos la semana que viene. P-Pero si ella no dice nada, hay un hombre bastante raro al otro lado de la calle, que siempre está espiando. A veces le doy comida. Él podría decirle si estuve en casa o no…

Ulquiorra apartó la vista, pensativo. Si tenía una coartada sólida, no podría hacer mucho más. Aunque tenía un móvil, claro. Ya lo había visto un par de veces; mujeres celosas que acababan con el hombre al que querían, porque éste estaba con otra persona. Pero, a pesar de que todas las piezas señalaran a ella, no tenía nada fiable.

¿Qué estaba escondiendo… Orihime Inoue?

Sus ojos se abrieron. Inoue. ¡Pues claro! ¿Cómo no lo había visto antes?

- No se preocupe. La creo, señorita Inoue- dijo y se sorprendió cuando una mano le rozó la mejilla.

- Orihime- insistió ella, mientras sus labios dibujaban todas las sílabas- Por favor.

- Orihime- repitió él, despacio.

La mujer sonrió.

- Eso es- apartó su mano y se abrazó a sí misma, con fuerza- Siento mucho haber hecho eso. Es que… esto es horrible. Y da miedo pensar que algo así le haya ocurrido a alguien cercano a mí.

- Nadie espera que esas cosas les ocurran a sus seres queridos.

- No, claro que no.

Ulquiorra se estaba quedando sin excusas, pero necesitaba ver el resto del apartamento con alguna excusa.

- Ah, una pregunta rápida, señorita… eh, Orihime- ella lo miró con sus ojos llorosos, como si fuera un perro a quien le hubieran dado una orden- Dijo que el otro día fue a ver al señor Kurosaki.

Ella asintió.

- Sí. A veces le llevo bollos que sobran de la pastelería. Trabajaba mucho, así que apenas tenía tiempo de ir a comprar comida.

- Qué considerada- comentó bruscamente- Pero la historia cuadra. Un vecino de Kurosaki dice que ese día la vio… y que se marchó en una limusina negra- levantó la vista hacia ella- pero no la he visto aparcado fuera.

- Oh, no es mía. Es de mi amiga Tsubaki.

- ¿Qué coche conduce, señorita Inoue?

Orihime ni se inmutó.

- No tengo coche, detective. Es muy caro y puedo ir en autobús a casi todas partes.

- Cierto. El transporte público es algo maravilloso- sacó su móvil y empezó a escribir otro mensaje, pidiendo que se buscara por toda la ciudad al coche negro y a Tsubaki. Sin embargo, mientras escribía, un relámpago sonó en el exterior y la señorita Inoue dio tal brinco que se golpeó contra el móvil. Una sonora explosión llenó el apartamento pocos segundos después y las luces parpadearon un poco, antes de apagarse por completo.

- Lo siento mucho- susurró ella, con la respiración agitada- N-No soporto las tormentas…

- No pasa nada- Ulquiorra miró al teléfono que estaba en el suelo. No podría cogerlo sin que ella se diera cuenta de lo que iba a hacer. Por suerte, no parecía estar muy interesada en la investigación. De hecho, a juzgar por la manera de sentarse a su lado, parecía estar mucho más interesada en él.

- Me alegra que esté aquí, detective Cifer… Si estuviera ahora sola, después de enterarme de la muerte de Kurosaki, n-no… no sé qué habría hecho.

¿Sus pechos estaban apretándose contra su brazo?

- No habría hecho nada, señorita Inoue.

Su mano se posó de nuevo en su mejilla y le giró la cara hacia él, en la oscuridad.

- Orihime- respiró. Un relámpago resonó al otro lado de la ventana, iluminando brevemente sus ojos medio cerrados y sus mejillas sonrojadas. Ella ni se movió.

Esto no es buena idea, pensó Ulquiorra, sintiendo que ella se acercaba más a él. Es muy mala idea. Sin embargo, era la excusa perfecta, aquélla que había estado buscando. Así que le dejó que lo besara por primera vez, dudando responder o no hacerlo. Joder, prefería ponérselo difícil.

- Señorita Inoue- la apartó- no deberíamos estar haciendo esto.

- ¿No?- respondió en un susurro, antes de besarlo de nuevo.

Dios, era tremendamente guapa. Dedujo que, si tenía que acabar así, si tenía que conseguir pruebas usando métodos tan sucios, era mucho mejor hacerlo con semejante mujer.

- No me malinterprete- continuó él, mientras ella le besaba el cuello- Es una mujer muy atractiva…

- Mmm…

- Pero, teniendo en cuenta la gravedad de la situación, creo que es mejor que seamos lo más profesionales posible…

Los ojos de ella se encontraron con los suyos.

- Por favor, detective… ¿podría hacerme compañía hasta que se acabe la tormenta?- le rogó sin aliento, pasando los dedos por su pelo.

Oh, era muy buena.

- Supongo que no es buena idea salir de aquí con esa tormenta, ¿no…?- y, entonces, se sentó encima de él, cubriéndole sus labios con la calidez de los de ella y con mucha más insistencia que antes. Él pensó brevemente cómo era capaz de sentarse a horcajadas con un vestido tan ajustado, hasta que sintió las aperturas a ambos lados de la prenda. ¡Oh, la tentación! Él le puso las manos en la cintura y le devolvió los besos.

Esa mujer estaba decidida a hacerle olvidar lo que estaba haciendo, ¿verdad?

Sus manos lograron quitarle la pesada gabardina y se desplegaron por su espalda, introduciendo los dedos en la camisa, atrayéndolo con un suave gemido. Ulquiorra le quitó la horquilla del pelo, dejando que los largos mechones caoba cayeran en cascada por su cuerpo.

- ¿El sofá no es un poco incómodo?- murmuró contra ella.

Un brillo perverso cruzó los ojos de la mujer. Volvió a besarlo, se levantó y le cogió de la mano, llevándolo fuera del salón. Ulquiorra se dejó llevar, sin quejarse. Ya la tengo

En más de un sentido, claro.

Ulquiorra no durmió esa noche, aunque la señorita Inoue no dejó de acurrucarse y girar hacia él, en sueños, durante dos o tres horas. Era una pena que una mujer tan seductora fuese una asesina, pensó, mientras se vestía por la mañana y echaba un vistazo a su reloj; 8.30 de la mañana, justo a tiempo. Ella se levantó treinta minutos antes, caminando de puntillas por la habitación, mientras él fingía haberse dormido.

Si tenía razón respecto a su veredicto, y raras veces se equivocaba, ella habría ido directa al salón, para comprobar el mensaje que había querido mandar, la noche antes. Lo que significaba que estaba en una posición extremadamente peligrosa.

- ¿Detective?- la dulce voz de la señorita Inoue sonó desde el pasillo.

Iba a por él. Ulquiorra recogió la camisa y se la colocó por encima de los hombros, moviéndose con cuidado detrás de la puerta del dormitorio. Estaba yendo my lenta, ¿no? Observó un trozo de carne en la apertura que había entre la puerta y el marco, pero no la vio a ella, sino al cañón de una pistola que apuntaba hacia la cama.

- ¿Detective…?- preguntó de nuevo.

Nada más ver la pistola al completo y el guante que la sujetaba, Ulquiorra hizo su movimiento. Le cogió la muñeca y se la puso contra la espalda. Dos balas chocaron contra el techo, antes de poder aprisionarla contra la cama. Le quitó la pistola de la mano, la mandó a la otra punta de la habitación y empotró a la mujer contra la pared, presionando su cuerpo para evitar que se moviera.

- Buenos días.

- ¡Suéltame!- gritó ella, mientras su pelo se movía salvajemente.

- ¿Sabes? Cuando te dije que me gustaba tu agresividad, me refería en la cama.

La señorita Inoue dejó escapar un grito de frustración y chocó su cabeza contra la cara de él, consiguiendo sorprenderle lo suficiente como para soltarse. Sin embargo, él consiguió abrazarla con fuerza por detrás y ella empezó a dar patadas, tratando de llegar hasta la pistola. Ulquiorra hizo un gesto de dolor y sintió que la boca se le llenaba de sangre. Agh, se había mordido la puta lengua.

- No tan rápido, señorita Inoue. Estás arrestada por el asesinato de Ichigo Kurosaki. Tienes derecho a guardar silencio, bla bla… La Policía sabe más de eso que yo.

Orihime movió la cabeza con fuerza.

- ¡Yo no le disparé!

- Claro que no le disparaste. La hija de un jefe de la mafia tiene que tener los contactos suficientes como para no tener que mover un dedo- sintió que se relajaba, sorprendida- ¿Qué, creías que era idiota? ¿Qué no recordaría a la familia Inoue? Tal vez fueras un bebé cuando asesinaron a tus padres, pero la mafia te guarda respeto. Te cuidaron y dejaron que vivieras de ellos; hasta te permitieron usar un asesino a sueldo.

- ¡No…!- gimoteó Orihime, retorciéndose entre sus brazos.

- Dio todo un espectáculo con tu querido Kurosaki. ¿Cómo crees que lo hizo? ¿Le obligó a arrodillarse, antes de disparar? ¿Crees que sufrió mucho, señorita Inoue?

Ella se había quedado callada y miraba al suelo.

- Nunca… Nunca quise que muriera.

- ¿En serio?- Ulquiorra le sujetó las muñecas con fuerza, mientras se sacaba unas esposas del bolsillo del pantalón- Debiste haberlo pensado, antes de ordenar que lo matasen- colocó una de las esposas en su muñeca y la otra atada a uno de los barrotes de hierro de la cama. Ahí. Así no podría llegar hasta la pistola.

Ella se desplomó en el suelo, sentándose sobre sus rodillas. Pero su expresión no era ni de derrota ni de remordimiento. En realidad, parecía molesta.

- No puedes hacerme esto, detective- dijo, en un tono muy bajo- ¿De verdad crees que tienes pruebas suficientes para acusarme? Mis abogados van a hacerte pedazos.

- Oh, así que puedes permitirte pagar abogados- Ulquiorra acabó de abrocharse la camisa y se dirigió al pasillo.

- Detective…- su voz sonó dura, vengativa- ¡Detective!- gritó. Él escuchó las esposas chocando contra la barra de hierro y miró por encima de su hombro y pensó que estaba muchísimo más guapa que antes, precisamente por haber dejado de fingir que era inocente.

- Mantente así de guapa, señorita Inoue- dijo, antes de salir por la puerta a las 8:49 de la mañana, exactamente.

Bueno, le había destrozado el móvil, así que tendría que coger el suyo para llamar a la Policía. Se sentó en el bordillo que había fuera del apartamento y esperó. En pocos minutos la calle se llenó de coches patrulla y las sirenas empezaron a darle a Ulquiorra dolor de cabeza. Debía de tener un aspecto terrible; el oficial Shiba frunció el ceño al acercarse a él.

- ¿Qué te ha pasado en la cara?

- Es cosa del karma, supongo- Ulquiorra movió su mandíbula de un lado a otro, para comprobar que no estuviera rota- Está arriba. Apartamento 2C.

Siguió a los policías dentro del edificio, pero no quiso entrar en el apartamento. Podrían imaginarse lo que había pasado ellos solitos y, además, lo último que necesitaba era ver cómo aquella mujer le gritaba. Ya estaba satisfecho con los sonidos que había logrado que hiciera, la noche anterior.

Sin embargo, pocos segundos después, dos policías salieron de la casa, gritándose el uno al otro.

- ¿Qué ocurre?

- ¡Se ha ido!

- Qué…- los empujó y entró en el apartamento, pasando de largo por el salón y el pasillo y llegando a… una habitación vacía. Lo único que quedaba eran las esposas- ¿Cómo ha…?- se giró, observando toda la casa. Casi todos los policías habían bajado ya a la calle, pero él prefirió subir las escaleras. ¡Joder, esa mujer estaba dándole más problemas de los que podía permitirse!

Abrió la puerta que daba a la azotea y se estremeció con la luz del sol. No había ni rastro de ella por ninguna parte. Subió hasta arriba del todo y dirigió la vista hacia el lado opuesto de la calle, donde estaba buscando la Policía. Entonces, atisbó una melena caoba, ondeando al viento.

A ciertos bloques de edificios de él, Orihime Inoue estaba subiéndose a una limusina negra, mientras un hombre de pelo negro y rostro severo le sujetaba la puerta. Se detuvo cuando vio a Ulquiorra y le dirigió una sonrisa antes de que la puerta se cerrara, aunque los cristales tintados evitaron que el mundo siguiera mirándola. Entonces, la limusina arrancó sin ninguna prisa, mezclándose con el tráfico matutino.

Ulquiorra se quedó completamente en shock. Podía haber echado a correr y haberle dicho a la Policía por dónde se había marchado, pero algo pegó sus zapatos al suelo de la azotea. No pudo decir de qué se trataba, pero era algo que le recordaba a sus días con la mafia: excitante, seductor, peligroso… igual que ella.

- Qué mujer tan fascinante- murmuró.

Por ahora, le daría algo de distancia. ¿Qué gracia tendría su trabajo, si partía del mismo punto que ella? Ninguna. Necesitaba nuevas pistas, más tiempo… Tal vez también un nuevo despacho, antes de que la mafia fuera a por él y le llenase de balazos. Tenía que advertir a sus amigos de que aquella mujer era una asesina y que tenía a la mafia de su lado. Tenía que tener cuidado. Tenía que ser listo.

Y esperaría con ganas a que llegara el día en el que volviera a ver a Orihime Inoue.

Fin del oneshot

Bien, qué os ha parecido? Bueno, ya he escrito a Princess Kitty1 para que haga el favor de continuarlo, porque a mí me ha parecido… fantástico! Ha sido muy emocionante, la verdad. Además, soy fan de la novela negra, así que esta historia me ha fascinado especialmente. Tengo que buscar más historias de Ulquiorra y Orihime en este mundillo de la mafia, porque dan muchísimo de sí. Espero que os haya gustado y nos vemos en el siguiente, un beso!

Yuuri no Mai: hola! Bueno, la verdad es que sí que es bastante raro, pero quizá por eso me gustó tanto. Era y sigue siendo la primera vez que leo algo tan extraño y me encantó, aunque es cierto que te quedas con ganas de más. Tengo pendiente otro oneshot de la misma autora y también es bastante rarito, así que a ver si lo traduzco y me dices qué tal (aunque creo que su estilo en general es bastante raro, así que no sé si te convencerá mucho XD). Espero que éste te haya gustado más, porque es de Princess Kitty1 y eso para muchos es una garantía! A ver si me pongo pronto con una historia larga para traducir y retomo las traducciones más de seguido. Un beso!

Kuchiki Kibe: hola! Opino lo mismo que tú, a mí también me encanta ver a Ulquiorra tan sanguinario y sin remordimientos… Creo que es muy "él" o al menos, muy propio de una parte de él. Espero que este oneshot también te haya gustado y nos vemos en el próximo. Un beso!

EldaCifer27: hola! Muchas gracias a ti, por leerlas todas! Por mucho que traduzca, la historia se quedaría muy vacía si la gente no la leyera, así que muchas gracias por hacerlo! Ais, yo también espero que algún día lo continúe, pero es raro que los oneshots se sigan… aún así, insistiré todo lo que pueda para que lo hagan. Un beso y gracias de nuevo!

Chikytina: hola! Gracias por el review! Pues sí, la historia ha sido bastante extraña. No sé cómo me habría puesto yo, pero está claro que Orihime tuvo una especie de vínculo especial con Ulquiorra… y se nota! Tengo otro oneshot pendiente de la misma autora, así que a ver si lo termino pronto y lo subo. Un beso!