¡Despedidos!

Los hombres sudorosos trabajaban duramente golpeando la tierra con los picos, todos buscaban lo mismo en aquel lugar lleno de rocas y tierra seca. El viento del desierto se dejaba sentir caliente y el sol a lo alto provocaba aún más cansancio de lo que sus trabajos ejercían, de vez en cuando se daban cinco minutos para echarse agua sobre la cara y su cabello corto masculino y de la misma botella bebían para matar la sed un poco, sin embargo rato más tarde no había rastro de líquido en sus rostros ni en su cabello seco, el sol y el calor extinguían toda muestra de líquido de forma cruel.

Ranma Saotome, un adinero empresario dueño de minas de cobre y oro en Japón y una que otra fuera del país, eso sin contar el terreno que era su propiedad en Israel y que escondía una enorme capa de petróleo del que nadie sabía, sólo algunas personas que lo investigaron y por supuesto él que obtuvo aquel terreno a cambio de una millonaria suma de dinero, además del que invirtió en los investigadores para que guardaran el secreto de la existencia de aquel espeso manto negro. Nadie en el lugar entendía aquel interés de él en aquella capa de tierra que parecía no tener nada de especial.

Sus ojos azules observaban lo duro que trabajaban aquellos padres de familia con cierta lástima.

-Señor Saotome, ¿Cuándo se los va a decir?- oyó la voz masculina y pudo sentir la mano del dueño de ella, tocando su hombro.

Él estaba sentado, sólo vigilando a sus obreros y pensando en la manera más sencilla y menos dura de darles a aquellos trabajadores la penosa noticia que se veía en la necesidad de dar.

-Esta misma noche- contestó con voz grave- Muchos de ellos tienen familias numerosas, no será sencillo decirles que no podrán trabajar más aquí. Más de cincuenta hombres perderán su empleo esta noche.

-No veo la razón del por qué ha decidido convertir este lugar en un casino, tiene mucho dinero- dijo sin entender, sentándose a su lado.

-Porque mentí, Kuno- sonrió de medio lado.

-¿Cómo que mintió?

-Estos hombres…- comenzó a decir alzando una poco su tono de voz- Están trabajando por nada.

-Disculpe, pero no le entiendo- frunció el ceño.

-Aquí no hay cobre, ni diamante y mucho menos oro, no hay absolutamente nada- sonrió con maldad- Simplemente los contraté para que ganaran dinero y debes reconocer que el sueldo que les regalo no es nada poco.

-¿El sueldo que les regala? Estos hombres han estado trabajando todo este tiempo, bajo el sol, muchos han cambiado el color de la piel más blanca y suave a la más áspera y negra existente, casi no ven a sus hijos ni a sus esposas, y usted que…- suspiró para intentar controlarse. Sabía que si perdía los estribos, no le convenía en absoluto. Aquel hombre era muy poderoso y si él quisiera, podía desterrarlo para siempre de Japón.

-Tranquilo Kuno, no te exasperes- sonrió tranquilo- Les regalo dinero, sólo necesitaban dinero y yo se los di. Jamás dije que aquí había algo que valiese la pena, todos aceptaron nada más oír la módica suma de su sueldo. Ahora, ellos no tienen por qué enterarse… Sólo siento lástima porque quedarán sin empleo, pero ya es tiempo de pensar en mí y no en el resto- finalizó su discurso levantándose- Y no sólo se construirá un casino, un hotel también. Seré el hombre más poderoso en Tokio, Japón y el mundo conocerá mi nombre y cuando tenga el suficiente dinero, podré vengarme de todos aquellos que me hicieron la infancia miserable- dijo lo último con odio.

Kuno se estremeció ligeramente al verlo y retrocedió unos cuantos pasos. Sabía que aquel hombre que lo tenía todo había vivido muchas cosas en su niñez que nadie conocía, y verlo de esa manera ejerció en él pena por aquel que lo dañó porque no dudaba que Ranma Saotome conseguiría su destrucción, así como conseguía todo lo que quería… O al menos así era actualmente.

Se marchó de ahí con fingida calma y tranquilidad que no sentía, hasta desaparecer de los ojos café de su amigo y mano derecha, tomó asiento y suspiró frustrado mientras negaba con la cabeza, sin conseguir aún creer que aquel hombre haya hecho lo que le había confesado y miró con pena a los hombres que trabajaban sin darse lujos de descanso, pues buscaban algo que jamás encontrarían, y ninguno sabía lo que aquella noche se les comunicaría, ninguno sabía que su vida estaba a punto de dar un giro al igual que la de sus familias y ninguno sospechaba los duros y sombríos tiempos que estaban por venir.

-¿Qué ocurre, señor Saotome?- preguntó Shampoo sonriendo de oreja a oreja al verlo entrar al edificio, en dónde se administraban las ganancias que obtenía Ranma Saotome. Ahí llegaban las comunicaciones con otros países que querían comprar su cobre u oro, millonarias sumas de dinero que iban y venía como si fuese lo más normal del mundo.

-No se le ve nada bien.

-Shampoo, prepáreme un café ¿Quiere?- dijo llegando al escritorio de su secretaria, golpeó su dura madera y miró atentamente a la chica que algo asustada, obedecía a su pedido.

-A… Aquí tiene- dijo entregándole el vaso- ¿Está enojado?

Ranma tras darle un sorbo, sonrió a la pregunta. Aquella hermosa mujer proveniente de china siempre hacía las preguntas más estúpidas que alguien pudiese imaginar, era preciosa, tenía unas curvas que cualquier hombre en su sano juicio pagaría lo que fuera por tocar y sólo Dios sabe cuánto sería suficiente para pasar una noche de ensueño con ella, pero para él, que se ya había acostado con ella, ya no le importaba en lo más mínimo y cada vez que le hablaba le parecía más tonta reforzando la idea que la chica debió haber sido modelo.

-Algo.

-¿Puedo saber por qué? ¿El café está amargo?

Ranma negó con la cabeza, manteniendo aquella sonrisa burlona que para ella era la más encantadora que haya visto en su vida.

-Está exquisito, pero como ya sabrá, querida, hoy despediré a todos esos inútiles que trabajan en ese pedazo de tierra seca.

-De eso oí algo, pero ese no es motivo para que esté enfadado.

-Ese pedazo de tierra quedará vacío, construiré un hotel y un casino ahí y ganaré millones, muchos más de los que invertiré en su construcción, ese dinero me servirá para mis… beneficios propios.

-¿Usted los construirá?

Ranma amplió su sonrisa y posó su mano en la cabeza de ella, haciéndole cariño.

-Contrataré a unos hombres para que lo hagan- dijo y pasó su mano masculina a la mejilla de la mujer que sonrió y cerró los ojos ante la caricia- Es usted muy hermosa, Shampoo, no me explico aún el por qué de su soltería.

Los ojos de la china se abrieron y enfocaron aquel bello rostro que tanto adoraba.

-Sucede que el hombre al que amo, no siente lo mismo por mi- dijo casi sin pensarlo.

Ranma retiró la mano de la mejilla de la joven y acercó su rostro al de ella, sonriendo levemente.

-¿Y puedo saber quién es el tonto afortunado que la rechaza?

-Usted- confesó en un suspiro.

-Entiendo, debería prestar más atención a sus alrededores, señorita- dijo Ranma finalmente separándose de la mujer y caminó hasta su oficina para encerrarse en ella dando la conversación por terminada.

-¿Qué quiso decir con eso?- consultó quedando sola. Suspiró y posó su mejilla sobre su mano, con ojos soñadores- Ranma.

""

-Ya estoy cansado, hemos trabajado aquí durante meses y nadie ha encontrado nada- dijo Ryoga con voz jadeante, respirando agitadamente sosteniendo su peso en el mango del pico.

Tenía un horrible presentimiento que lo estaba carcomiendo por dentro.

-Es verdad- dijo su compañero- Extraño a mi mujer y a mis diez hijos.

-¿Tienes diez hijos?- preguntó Ryoga sorprendido, no sabía si él sería capaz de alimentar doce bocas contando la de él y la de su mujer.

-Es que es bella- se justificó el hombre y volvió a su trabajo- Mejor sigue que el señor Kuno nos está mirando- dijo viendo de reojo al hombre que los observaba de mala manera, sentado en su silla.

Ryoga obedeció en silencio, no quería problemas.

""

Aquella noche, Ranma vestía de terno y corbata, estaba subido al escenario que siempre se utilizaba para dar noticias importantes, ya sea ascensos o días libre que su generosidad le permitía.

-Ojalá sea un ascensor, que sea un ascenso por favor que sea un ascenso- repetía Ryoga, apretando sus puños con fuerza.

Necesitaba el dinero, ahora que era consciente del embarazo de su mujer debía llegar con más dinero a casa y si para ello debía trabajar más tiempo y más arduamente de lo que ya hacía, lo haría gustosamente.

-Debo darles una noticia que probablemente cambiará la vida de todos los presentes- comenzó a decir solemnemente aquel hombre de mirada grisácea.

-¡Es un ascenso!- dijo Ryoga reteniendo las ganas de gritar de emoción, muchos hombres pensaron igual y formaron una sonrisa en sus demacrados rostros.

Ranma al verlos sonreír supuso lo que habían interpretado y no pudo evitar emitir tristeza en su mirada.

-Están todos despedidos.

El mundo de todos se vino abajo, las sonrisas se borraron para dar paso a la decepción y el dolor que les produciría comunicarlo a sus familias.

Todo se torno sombrío, sus miradas se nublaron.

Sus corazones comenzaron a latir con fuerza. Habían fallado a sus familias, ¿Qué sería de ellos ahora?

Miles de niños iban a carecer de estudio, aquellas palabras resonaban en sus cabezas "¡Papá, cuando grande quiero ser un prosefional!" "Papá, cuando sea grande seré un hombre grande y fuerte, estarás orgulloso de mí, te prometo que llegaré a la universidad" y la más dolorosa frase todas "Papá, cuando sea grande quiero ser como tú"

La ambulancia llegó quince minutos después de la fatal noticia, algunos hombres de numerosas familias habían sufrido un infarto.

-Ahora sí estarás contento- dijo Kuno llegando al lado del joven Saotome que observaba las reacciones en silencio.

Él no contestó a eso, era una frase demasiado tonta como para prestarle atención.

""

-¡Buenas noches, mi amor!- exclamó una joven mujer de larga cabellera azulada y ojos castaños, corriendo al recibidor.

-Hola…- saludó Ryoga sin mucho entusiasmo y recibió a su mujer que aún no era su esposa, pero que tenía en mente que lo fuera o al menos así era, el dinero no les alcanzaría para la ceremonia que la mujer que tanto amaba hubiese querido. Y la estrechó en sus brazos.

La perceptiva joven percibió algo no marchaba bien y se separó del hombre para mirarlo con intriga.

-¿Qué sucede, cariño? Te noto raro.

Ryoga cerró la puerta detrás de sí y le sonrió fingidamente para desviar la vista a su vientre ligeramente alzado, muestra de que su hijo venía en camino.

-Nuestro hijo- suspiró con pesar.

Akane frunció el ceño, no era normal en él. Ryoga siempre era alegre y optimista, pero aquella noche…

-Sí, nuestro hijo- dijo tomando su mano y colocándola sobre su vientre- Ya verás que será grande y fuerte como su padre- sonrió de forma cariñosa. Tomó su rostro y besó sus labios levemente, él no correspondió. Eso era todo- ¡Ahora mismo Ryoga Hibiki me dirás que te ocurrió!- exigió, tomó su mano y lo guió hasta la mesa de comedor ante la sorpresa de él. En verdad siempre amó esa faceta de Akane, pero no quería forzar las cosas.

-Verás Akane- comenzó a decir, bajando la mirada.

Sería difícil.

-¿Qué pasa?

-El señor Saotome…- Levantó la vista nuevamente enfocando el hermoso rostro de la mujer a la que se sentía orgulloso llamar 'suya' y dificultosamente continuó- Despidió a todos, creo que tiene planes para esa zona.

Segundos de silencio y ella seguía sin hablar.

No pestañaba tampoco y él comenzó a preocuparse en demasía.

-¿E… Estás bien?

Akane pestañó repetidas veces intentando en lo posible contener su llanto.

-Nuestro hijo…- dijo débilmente.

-A Shiteru no le faltará nada. Te lo prometo- dijo intentando animar en algo a su esposa, tomó sus manos, pero ella las retiró de inmediato.

-Te apuesto que ese tal señor Saotome quiere usar el terreno para otro de sus caprichos- reclamó molesta, sintiendo las lágrimas agolparse en sus ojos- Ryoga, ¿Qué haremos? ¡No tenemos nada! Shiteru tiene que estudiar…

-¡Por supuesto que sí!- la interrumpió- A nuestro hijo no le faltará anda, ya te lo dije. Por favor no te exaltes, no es bueno para el bebé- dijo cariñosamente, llegando internamente a la conclusión de que contarle a Akane la noticia no fue una buena idea.

-Mañana mismo iré a hablar con ese señor Saotome y me va a tener que escuchar- dijo con los dientes cerrados por la rabia.

-¿Qué?- preguntó asustado- No Akane, complicarás más las cosas...

-¡Ya te dije que iré y es mi última palabra!- gritó mirándolo con furia.

El joven decidió guardar silencio, sabía que su esposa era muy impulsiva y temía por ella, pero más le temía a ella misma por lo que prefirió dar la discusión por terminada.

""

A la mañana siguiente…

-Akane… -murmuró somnoliento, sin abrir aún los ojos. Estiró el brazo para el lado opuesto de la cama matrimonial en dónde debería estar Akane, sin embargo ella no estaba.

Abrió los ojos preocupado y se incorporó de golpe, cerciorándose visualmente que la joven no estaba ahí.

-Rayos, fue a hablar con él- murmuró preocupado. Aquel hombre era influyente y no sabía lo que era capaz de suceder.

""

-Ese imbécil, estúpido, idiota, me va a tener que oír- mascullaba para sí la joven mujer con una mano en su vientre mientras se acercaba de forma apresurada al escritorio de la secretaria de lo que ella había llamado 'El demonio'.

-¿Sí? ¿Tiene alguna cita con el señor Saotome?- consultó Shampoo en su papel de secretaria.

-No, pero hablaré con él le guste o no- dijo con dureza, apuntando a la puerta que seguramente llevaba a su oficina.

-Disculpe, pero usted….- Calló al ver que la joven mujer ya se estaba dirigiendo a la puerta.

-¡Espere!- exclamó desde su silla, pero como supuso la mujer no le hizo el menor caso.

Golpeó fuertemente la puerta ante la mirada de asombro de Shampoo que en sus años de trabajo, nunca nadie había golpeado aquella puerta de refinada madera de esa forma.

-Está ocupado- informó intentando calmar a la mujer que al no recibir respuesta, abrió la puerta del despacho abruptamente.

Encontró a un apuesto hombre de ojos azules y trenza negra, que conversaba con una hermosa mujer de larga cabellera castaña que dio un respingo al sentir la puerta abrirse de esa forma tan violenta.

-Señor Saotome, quiero hablar con usted- dijo con determinación acercándose al escritorio de aquel hombre al que observaba con rencor.

-¡Qué maleducada eres!- exclamó la mujer que estaba hablando con el hombre, poniéndose de pie para encararla- Y no puedes hablarle así al señor Saotome, ¿Quién rayos te crees?

-Lo mismo iba a preguntarte yo- sonrió con ironía mirándola de arriba abajo- ¿No crees que estás un tanto vieja para lucir ese atuendo?

La joven lucía un vestido corto que en pocas palabras, tapaba sólo lo necesario a aquella mujer que rondaba los treinta y cinco.

Ukyo la miró asombrada llevándose una mano al pecho para dar más énfasis a sentirse ofendida al máximo, ignorando por completo la risita casi inaudible del hombre al que en secreto amaba.

-Señorita Kuonji, creo que no tenemos anda más que hablar así que puede retirarse- dijo intentando guardar la compostura y no soltar una carcajada inapropiada.

-Como usted guste- contestó la joven, sin dejar de mirar a Akane con desprecio- Con permiso- dijo antes de retirarse presurosamente de la oficina.

-¿Y bien? ¿Quién es usted?- preguntó con todo el respeto del mundo poniéndose de pie para saludarla como es debido.

-Tendo Akane, casi esposa de uno de sus ex trabajadores.

Ranma sonrió suponiendo el motivo de la visita.

-Saotome Ranma- dijo estirando su brazo para estrechar su mano con la de ella.

-Sé perfectamente quién es usted- dijo secamente dejándolo con mano estirada.

Ranma volvió a sonreír apretando su mano con fuerza antes de bajar el brazo, al ver que la hermosa mujer no estaba dispuesta a saludarlo como se debe.

-Tome asiento- dijo haciéndolo, ella obedeció sentándose en la misma silla que Ukyo había ocupado anteriormente- Nadie más ha venido para hablar sobre el asunto, me imagino que tienen sentido común.

Akane frunció el ceño entiendo lo que le acababa de decir, aquel hombre insinuaba que ella carecía de lo que él denominaba 'sentido común', pero ella no estaba dispuesta a dejarse pisotear por él, su ego y su dinero, que lo hacían sentirse superior a cualquier ser humano existente.

-No veo por qué no, usted me parece un hombre como cualquier otro, claro con su ego un tanto más elevado que la gente normal, pero no se preocupe, en cualquier momento llegará algo o alguien que espero le baje un poco los humos y le enseñe a ser humilde- dijo con seriedad.

Ranma soltó una carcajada y ella lo miró molesta.

-¿Por qué se ríe?- preguntó con brusquedad.

-Porque es usted muy graciosa, por cierto señorita- dijo un poco más calmado, pero aún conservaba aquella sonrisa inquietante- Me dijo que era casi esposa de uno de mis ex trabajadores, ¿Quiere explicarme eso de casi esposa?

Akane tomó aire y comenzó a hablar intentando ignorar su deseo de ponerse de pie y golpear a aquel engreído con todas sus fuerzas. Agradeció internamente que estuviera el escritorio de por medio.

-No estamos casados, pero convivimos como si lo fuésemos- dijo posando inconscientemente una mano sobre su vientre.

Ranma lo notó y supuso lo que quería decir con ese movimiento.

-¿Está usted embarazada?

Akane asintió, ¿Qué no se daba cuenta del pequeño bulto que era su vientre? No era muy notorio, pero era cuestión de colocar atención.

-¿De quién?- quiso saber.

Akane frunció el ceño y dijo- No creo que mi vida personal deba ser de su incumbencia, señor Saotome- sonrió incómodamente- Vine aquí a hablar sobre su egoísmo y su falta de… Humanismo y generosidad.

Ranma la miró serio.

-Señorita, está usted en mi oficina y no creo que insultarme le sea conveniente.

-Entonces haga algo, ¿Se da cuenta de lo que hizo, de todo el sufrimiento que desató?

-Me doy cuenta, claro que sí- dijo mirándola con dureza- Pero no puedo hacer nada, lo siento.

-No lo siente- rió con sarcasmo ladeando el rostro, para no mirarlo.

-No me diga que intenta inspirar lástima por estar embarazada- sonrió y ella volteó a mirarlo entre sorprendida y furiosa.

-¡¿Cómo dijo?!

-¿Entonces a qué vino?

-Sólo quiero que recontrate a mi casi marido- suspiró abatida, no sabía qué hacer y estaba desesperada, no quería que su hijo pasara necesidad.

-¿Qué sería capaz de renunciar?

-¿Perdón?- preguntó sin entender.

Ranma amplió su sonrisa.

- "Esto será más sencillo de lo que creí"- pensó, mirando intensamente a la mujer que tenía sentada en frente.

Continuará...

¡No me juzgen! Sólo necesitaba escribir una historia para intentar recuperar mi inspiración que harta falta que me hace, por favor, de verdad continuaré las otras historias, pero agradecería que me dijeran cuáles les gustaría que continuara porque no sé cuáles son un fracaso y sea conveniente darlas por perdidas y cuáles no. Necesito sus opiniones y comentarios, que me digan sinceramente si ésta historia les ha gustado o no para seguirla también... y recuerden decirme cuáles quieren que continúe.

Se los agradecería enormemente.