Akane observó al apuesto príncipe cerrar con fuerza la puerta de la oficina y dirigirse, sin mirarla, al ascensor con una clara mueca de desagrado en su joven rostro.

-"¿Qué habrá ocurrido?"- pensó con el ceño fruncido.

Un agudito pito la distrajo de las posibles razones y lo cogió algo nerviosa.

-¿Sí?

-Señorita, venga a mi oficina en este preciso instante.

Akane tragó duro y como pudo dijo.- De inmediato, señor- colgó el auricular y se puso de pie para entrar a la oficina de su jefe, como éste le había ordenado.

El semblante de Ranma era serio, indescifrablemente serio.

-¿Se le ofrece algo?- le preguntó con fingida calma.

-Acérquese, no sea tímida y tome asiento delante de mí como se debe- dijo con voz grave y rotunda.

Akane obedeció apresuradamente, queriendo acabar pronto con el incómodo ambiente que se había originado entre ambos.

-Usted sabe que mi economía está por las nubes, que no dependo de nada ni de nadie ¿Verdad?

La joven frunció el ceño. El hombre cada vez le parecía más engreído. Ranma al ver que la jovencita no diría nada, creyó conveniente proseguir.

-Me imagino que usted es lo suficientemente culta para saber las diferentes creencias y la manera un tanto especial de ser de la gente de Arabia Saudita- comprendió y leyó en las facciones de la joven su evidente confusión, y aumentó su sonrisa sabiéndose una vez más victorioso- ¿No es así?

-Claro…- respondió desviando la mirada de la inquietante azulina, sintiéndose ridícula y humillada puesto que mentía e intuyó que aquel hombre sentado frente lo había notado, y agregó- ¿Y eso a qué viene, señor?

-Usted es mi secretaria y no sé por qué, pero algo me dice que ese príncipe tiene un especial interés en usted. Puede que le ofrezca dinero por marcharse de aquí en su compañía… Una enorme suma de dinero… Que solo un tonto o en mi caso, un rico, rechazaría- explicó, con una pedante sonrisa.

-Yo jamás me vendería- contestó con voz amenazante que el adinerado hombre captó enseguida e inevitablemente sonrió al saber la respuesta que esperaba oír.

-Y aunque quisiera no podría. Usted firmó un contrato- le recordó.

-Ya lo sé, señor- contestó la mujer.

-Puede retirarse- autorizó.

Akane se levantó y enseguida todo comenzó a dar vueltas para ella, obligándola a sentarse y cerrar los ojos debido al malestar.

-¿Le ocurre algo?

Abrió los ojos y negó con la cabeza.

-Es sólo un mareo.

-Si quiere yo la acompaño a su escritorio- ofreció, provocando que la joven lo mirara con sorpresa.

Le costaba creer que el hombre tuviese tantas facetas con ella.

-N… No es necesario- dijo con una sonrisa- Aunque gracias de todos modos.

Ranma se la devolvió desde su posición. Vio cómo la mujer se ponía de pie con lentitud y de paso, dándose cuenta de la ropa que vestía, sencilla y sin marca de prestigio a diferencia de la de él, pero aún así se veía hermosa.

Akane salió finalmente y se sentó frente a su escritorio, suspirando hondamente intentando tranquilizar su malestar.

-No entiendo cómo es que estás aquí.

Levantó la mirada y enfocó el rostro de la mujer del día anterior.

-Soy Ukyo- se presentó con una sonrisa- ¿No crees que éste no es lugar para una mujer embarazada?

-No es asunto suyo, señorita- dijo lo más amable que pudo.

-¿Señorita?- rió con sarcasmo- ¡Ayer me llamaste vieja! Eres una persona muy cínica, para ser tan joven.

-¿Viene a ver al señor Saotome?- consultó mirándola fijamente.

-Estoy harta de la gente como tú- dijo ignorando su pregunta.

-No sé de lo que está hablando- contestó entre dientes. No se dejaría humillar por ella.

-Te haces la santa frente a tui jefe, muestras tu cara de angelita, pero en el fondo eres peor que todos nosotros, salvaje- sonrió victoriosa.

Akane frunció el ceño por la forma en que la había llamado.

-No atente contra su moral- dijo simplemente.

-¡Qué estás…!

-¡¡Disculpe, pero ¿Quién es usted para gritarle a mi mujer?!

Ambas mujeres voltearon a ver al hombre que acababa de salir del ascensor.

-¿Su mujer?- frunció Ukyo el ceño, apuntando a Akane quién seguía sentada en su lugar.

-A sí es. ¿No se da cuenta que está embarazada? ¡No puede pasar malos ratos!- dijo Ryoga verdaderamente molesto, acercándose.

Akane ajena a todo, cogió el auricular y dijo.- Señor Saotome, la señorita Ukyo quiere verlo.

La joven mujer se dirigió hacia la secretaria, molesta. Akane colgó en auricular y le sonrió forzadamente.

-Puede pasar.

La joven suspiró intentando calmar sus emociones y entró a la oficina sin mirar a la pareja.

-Akane, esto no me convence- oyó hablar a Ryoga con voz preocupada.

-Descuida, yo sé manejar este tipo de situaciones- sonrió Akane intentando tranquilizarlo- ¿A qué has venido?

-A rogarle a Saotome que me de algún empleo aquí en el edificio. Me di cuenta de que en ningún lugar me pagarán más de lo que te pagan a ti, así que si Saotome me da un trabajo de limpiador, que así sea con tal de estar cerca de ti- dijo indiferente, sentándose en el sofá que se encontraba ahí.

-¿Qué sucede?- preguntó Ranma, nada más ver a Ukyo.

-Ranma, quiero saber por qué contrataste a la mujer que me ofendió ayer- dijo con dureza acercándose a su escritorio y sentándose en los asientos que habían frente a él.

-Lo que pasó entre ustedes me tiene sin cuidado. Si la contraté fue porque necesitaba a una secretaria más competente que Shampoo- explicó serio- ¿No deberías estar trabajando atendiendo llamadas e ingresos?

-Sí, pero…

-¡Pero nada!- la interrumpió, enojado- Ve a ejercer tu deber que por algo te pago.

Ukyo lo conocía durante años y sabía que enfadado no se podía tratar con él, así que se levantó y salió de la oficina, le dirigió una mirada de soslayo a Akane cargada de odio, y se marchó apresurada del lugar.

Ryoga cruzó los dedos, al igual que Akane hizo con los de la mano izquierda y con la derecha levantó el auricular.

-Señor Saotome, Hibiki quiere verlo.

-Dígale que no tengo nada que tratar con él- contestó Ranma con voz demandante.

-Pero tan sólo escúchelo- dijo con voz suplicante, mientras Ryoga fruncía el ceño.

-He dicho que no.

Ryoga se levantó al ver que el gesto que Akane había formado en su bello rostro y que le indicaba que la respuesta había sido negativa.

-¡No vayas!- exclamó poniéndose de pie.

-¿Cómo que no?- cuestionó mirándola molesto- Akane, no pienso estar lejos de ti.

-Pero si entras puede que me quite el empleo- replicó.

-¡Tanto mejor!

Akane se adelantó plantándose con obstinación frente a la puerta.

-¡Necesitamos el dinero!

Ranma en el interior de la oficina oía atentamente la discusión que se realizaba justo frente a su puerta.

-¡No quiero que pierdas a nuestro hijo!

-¡Yo sé cuidarme! ¡¿Qué malo me puede ocurrir aquí?!- gritó con lágrimas en los ojos, sin embargo el joven despistado no lo notó.

-¡¡Mucho!! ¡Con Saotome cerca siempre correrás riesgo!

En ese instante la puerta se abrió y Akane al estar recargada sobre ella se fue hacia atrás, pero afortunadamente, fue atajada por los fuertes brazos de su jefe que la sostuvieron con maestría.

-Te das cuenta de lo que te digo- dijo Ryoga mirando molesto a Ranma, mientras tomaba la mano de su mujer separándola de su cuerpo y atrayéndolo al suyo.

-Me sorprende su ingratitud. Si no fuese por mí su mujer hubiese caído- dijo Ranma mirando con fijeza a Ryoga.

-Si fuese por usted ella yo hubiera tenido por qué verse en peligro de caer- contestó con fingida tranquilidad.

-¿Tenía algo que decirme?- cuestionó Ranma, mirándolo con molestia- He accedido a hablar con usted y me trata de esta manera.

-Creo que lo mejor será hablar dentro de su ofi…

-Aquí está bien- lo interrumpió.

Akane volvió a su puesto detrás de su escritorio, dispuesta a entrometerse en la discusión cuando fuese necesario, pues no estaba dispuesta a poner en riesgo su empleo innecesariamente.

-Quiero que me dé un empleo en este edificio. No me siento tranquilo con mi mujer embarazada y sin ninguna protección- explicó con determinación.

Ranma sonrió levemente.- ¿Sabe qué, Hibiki? Me ha convencido, si tengo un empleo perfecto para usted.

-¿A sí?- dijo desconfiado.

-Sí, en el estacionamiento hace falta un hombre que limpie los automóviles por propina.

-¡¿Qué?!- gritó, sintiendo como su sangre se hervía.

-Eso, que cambie un lavado de automóviles por propina.

-¿Usted no me pagará?- preguntó entre dientes.

-No- dijo tajante- Esto es sólo para que esté cerca de su mujer, recuérdelo.

-Estaré en el estacionamiento, o sea que no estaré cerca de ella…

Ranma pareció meditarlo un poco y después de un leve rato, volvió a sonreír.

-Ya sé. Será limpiador de pisos ¿Qué le parece? Estará más cerca de ella.

Ryoga miró inmediatamente a su mujer quién frunció ligeramente el ceño ante el ofrecimiento. Volvió a mirar al hombre de sonrisa arrogante frente a él.

-Está bien, acepto.

La sorpresa en el rostro de Ranma era evidente. Ciertamente no se lo esperaba, pero sonrió y dijo:

-Bien, pero antes quiero hablar con mi secretaria.

Akane reaccionó y se puso de pie, sorprendida, ¿De qué querrá hablar con ella?

-¿Qué quiere hablar con ella?- preguntó molesto.

-Yo sabré- sonrió burlonamente, miró a la joven e hizo un ademán para que ingresara a la oficina.

Asustada y nerviosa por la presencia de Ryoga y el comportamiento que su jefe adoptaba con ella, ingresó con Ranma detrás de ella.

-Maldito- masculló Ryoga observando cómo la puerta se cerraba burlándose de él.

-¿Qué sucede, señor?- le preguntó Akane sintiéndose incómoda.

-Aún estoy indeciso- comentó indiferente sentándose después de un rato en su silla.

-Por favor, dele el empleo. Él se siente inútil conmigo trabajando y…

-Entiendo- la interrumpió mirándola fijamente a los ojos- Pero le estaré pagando por nada, tengo bastante personal ocupándose de la limpieza.

Akane se acercó a su escritorio y juntó ambas manos.- Por favor, dele el empleo.

Ranma percibió la tristeza que expresaban esos hermosos ojos castaños, y frunció el empleo ¿Desde cuándo era compasivo?

-Está bien, pero…- dijo levantándose para acercar su rostro al de la joven- Quiero que tenga algo en claro, señorita, no lo hago por él, ni por usted…- deslizó su vista al vientre ligeramente abultado de la joven- Sino por su hijo.

-Gracias- sonrió y lo abrazó dejándose llevar por el sentimiento.

-Se…- la voz de Ukyo se quebró al ver a la nueva secretaria abrazando a su jefe- ¿Señor?

Ambos notaron en ese instante la reciente presencia de la mujer y se separaron inmediatamente.

-¿Qué pasa ahora, Kuonji?- consultó Ranma volviendo a su asiento con una sonrisa. Había conseguido lo que quería. Conocía bastante a las mujeres como para saber su nata forma de dejarse llevar por las emociones y él al estar cerca, supuso que algo así pasaría.

-Disculpe, pero es a Ryoga a quién debe atender ahora, señor, está desde antes- frunció el ceño Akane, ligeramente sonrojada por lo que acababa de pasar.

Ukyo sonrió y asintió.

Ambas mujeres salieron de la oficina.

-Ryoga, puedes pasar- sonrió Akane ligeramente.

El hombre asintió e ingresó a la oficina cerrando la puerta detrás de sí.

-¿Y bien?

Akane miró ceñuda a Ukyo, volviendo a su puesto detrás de su escritorio.

-¿Y bien qué?- preguntó confundida.

-¿Cuánto dinero piensas darme por guardar el secreto?- sonrió victoriosa.

-¿Qué secreto?

-No me imagino cómo el buen hombre que tienes se tomará la noticia- continuó con una sonrisa juguetona.

-¿De qué está hablando, señorita?- preguntó frunciendo el ceño.

-¡Deja de hacerte la tonta! Sé que tú coqueteas con tu jefe, es más, no descartaría la opción de que existiera entre ustedes algo más…

-¡¡No existe nada!!- reclamó molesta, poniéndose de pie, molesta por la acusación.

-Por favor…- sonrió con malicia- $600.000 yens y no le comento nada a tu pareja de lo que sucede entre tú y Ranma.

-¡¡Mentirosa!! ¡No pasa nada!

-$600.000 yens- insistió.

Continuará...