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Simpatía por el Demonio

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CAPITULO XIV. Chispazo.

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La ira es como el fuego; no se puede apagar sino al primer chispazo. Después es tarde.

G. Papini

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— Descendiente de Clow — saludó con sorna el chino, situándose repentinamente a su lado.

En medio de la oscuridad, Eriol no se inmutó; lo había estado esperando. El recién llegado simuló olisquear el aire.

— Curioso… has vuelto a tener algo de magia. No en un nivel decente, pero magia al fin y al cabo.

— Al parecer tu maldición no era tan inexpugnable como creías — replicó el de ojos azules, laxo, mientras contemplaba el firmamento estrellado y la luna menguante. Una brisa tenue hizo bailar ligeramente su flequillo — No hubo necesidad de esperar hasta la siguiente luna nueva.

Junto a él, Li chasqueó la lengua.

— Me importa una mierda: el punto era que te sintieras miserable — le dio un golpecito en la cabeza con el canto de la hoz. Lentamente, se inclinó sobre el joven de anteojos y le susurró al oído en tono chancero — Porque apuesto que embadurnaste de mocos tu almohada lloriqueando, noche tras noche, como toda una nenita fracasada.

Xiao Lang se separó del inglés con una sonrisa perezosa colgando de los labios.

— Apuestas mal, demonio. Han pasado demasiados años desde que no derramo una sola lágrima de nenita — objetó Eriol de buen humor, al fin moviéndose y observándolo con cierta diversión de arriba a abajo — ¿Qué haces con ese atuendo? No pensé que te prestaras para estas cosas.

— Ni yo — con actitud desenfadada, Li hizo girar hábilmente su guadaña y la colocó a la altura del cuello de Hiragizawa, quien permaneció tranquilo en su sitio — ¿Pero acaso no resulta más interesante, incluso más poético de esta forma? Imagínate… podría segar tu vida disfrazado del Ángel de la Muerte — sugirió con cierto dramatismo, guiñándole un ojo y señalando el árbol tras él.

El viento meció sonoramente las hojas de los árboles, correspondiendo su ademán a modo de coincidencia.

— Tras nuestra cita mortal, colgaría tu cabeza y el resto de tu escindido e inútil ser en ese pino. Oh, y espero que no me malinterpretes… ¡porque por supuesto soy consciente de que aún falta bastante para Navidad!, es sólo que no me caracterizo por ser un tipo especialmente paciente y, a decir verdad, soy de esos a los que les gusta decorar con bastante anticipación — murmuró el chino, al tiempo que se humedecía los labios — También echaría fuego por aquí y por allá para darle un toque infernal al asunto. Ya sabes que adoro el fuego y, en términos prácticos, una adecuada iluminación es necesaria, de lo contrario la sangre no luce lo suficiente en medio de la oscuridad. Tal vez hasta podría tomar una instantánea del escenario y hacérsela llegar a Ieran con un autógrafo — se acarició la barbilla cuando se percató de algo — Claro que antes tendría que inventarme uno. Veamos…

Li empezó a dibujar garabatos en la tierra usando la punta metálica de la guadaña, mientras silbaba despreocupadamente una melodía desconocida. Eriol rodó los ojos ante la absurda escena y echó un fugaz vistazo alrededor. Algunas piedritas llovieron sobre sus zapatos, impulsadas por el trazo en ocasiones agresivo del castaño.

— A veces da la impresión de que eres tan solo un chico de diecisiete años… Uno bastante psicópata, claro — comentó el inglés, sacudiendo un pie e intentando ignorar el repentino aumento de ritmo que habían experimentado sus latidos. Su sistema nervioso sabía que corría peligro, pese a todo.

— ¿Verdad que sí? — concedió Li, mecánicamente — Dime, ¿qué te parece la última? — su sonrisa infantil y voz animada casi hicieron a Eriol pensar que éste buscaba su aprobación — Me refiero a la que hice en estilo occidental. Fíjate que hasta termina en punta de flecha, igual que el rabo que le dibujan al Diablo en las caricaturas. ¿Crees que debería agregarle un pentagrama invertido en alguna parte? ¿Y una cabeza de cabra?

Sin esperar por su respuesta, la expresión del demonio cambió y entornó los ojos sobrenaturales sobre su interlocutor. Un brillo peligroso refulgía en su iris, ahora casi dorado. La brisa se agitó alrededor e incluso todo pareció tornarse más oscuro.

— También estaba pensando en dibujarte un rayo en la frente y darte una rama a modo de varita, que es lo que te falta para ser idéntico a Harry Potter — se mofó — Luego te metería la varita en el culo y te mataría con un Avada Kedavra, o la mierda que sea. Disfrutaba el modo en que se retorcían los humanos en la película — Eriol no pudo evitar alzar una ceja, pese al estado de alerta en el cual se hallaba. Observó al chino apoyar el bastón de la guadaña sobre sus hombros, sostenerla con ambas manos y alejarse un poco, aparentemente distraído — Pero creo que esa maldición con la que se retorcían como babosas a las que has echado sal no era la misma que la del Avada Kedavra.

— Está chalado — concluyó el inglés en un susurro, y enseguida se arrepintió de su pensamiento en voz alta.

La guadaña cayó súbitamente al suelo acompañada de un golpe seco, al tiempo que Xiao Lang se deslizaba, ceremonioso, la caperuza negra hasta los hombros. Sus ojos destellaron como los de un gato al que pillas espiándote en medio de la oscuridad.

— Cuando se trata de ti, brujo, mi imaginación se estimula como no tienes idea.

— Supongo que… debería sentirme honrado — procuró que la voz no se le oyera trémula. Aquella mirada y actitud ominosa podía intimidar a cualquiera.

— Como sea — describió grácilmente un círculo en el aire con la mano, donde apareció una esfera de fuego que lanzó en dirección a Eriol. Éste invocó de inmediato un escudo invisible para protegerse, contra el cual el fuego se dispersó iluminando de manera fugaz el entorno — Ya me harté de tanta cháchara, dime qué diablos haces aquí. Ahora.

Eriol tragó saliva y se acomodó los anteojos, los cuales se le habían deslizado por el puente de la nariz. Intentó erguirse en toda su estatura.

— Te quería presentar a unos amigos — soltó sarcástico, pese a que sabía que en cualquier momento todo podía irse a la mierda — Yue y Ruby.

La presencia de sus auras mágicas había permanecido oculta hasta ahora, cosa que sorprendió a Xiao Lang, aunque procuró no demostrarlo. Observó por el rabillo del ojo cómo se triangulaban, dejándolo a él en medio. Cuando reconoció al tipo alto de cabello largo y plateado, cuya piel era pálida como la luna, pudo formarse una idea acerca de qué iba todo esto.

Así que le habían preparado una encerrona. Encantador, pero ¿qué creían que le podían hacer, aparte de cosquillas?

Sus probabilidades de salir bien librados de esta no aumentaban porque lo superaran en número. Menos con el historial del paliducho o el del propio Hiragizawa. Independiente de la chica guapa de cabello magenta, a quien no había visto ni en pelea de perros.

— Tú… — Yue señaló al chico, casi lanzando dagas a través de su mirada glacial. La ira contenida en la garganta logró que su usual voz suave se oyera extrañamente rasposa.

— Tú — lo imitó el demonio, con expresión sardónica — Tanto tiempo, guardián.

Eriol frunció el ceño, notoriamente desconcertado, al igual que Ruby. Les llamó la atención el comportamiento de Yue, puesto que éste se caracterizaba por ser una persona en especial indiferente. No obstante, allí estaba, apretando puños y dientes, luchando por aplacar una profunda cólera. No entendían muy bien qué era lo que estaba pasando, salvo que él y Xiao Lang se ahorrarían las presentaciones formales.

La mirada índigo estudió tanto a Yue como al infame heredero del clan Li. El primero, por la mueca, parecía estar oliendo azufre, mientras que el segundo daba la impresión de que acababa de escuchar un buen chiste e intentaba contener la risa.

¿Qué podía ser tan gracioso? ¿Acaso estaba jodiendo a Yue con sus artimañas?

— Lamentablemente, tuve el disgusto de conocer a esta bestia hace algunos años — se explicó el hombre, brusco — Por órdenes del gran Clow Reed no había tenido permitido hablar al respecto. Me pidió especialmente que te mantuviera al margen, Eriol.

Xiao Lang le dedicó una sonrisa ladeada al brujo.

— Tu subordinado oculta información relevante y le hace más caso a un sujeto que lleva años pudriéndose en una magnífica cripta antes que a ti. Menudo liderazgo te gastas, Hiragizawa — declaró ponzoñoso, realizando un gesto reprobatorio con la cabeza. Se acercó a uno de sus "autógrafos" y caminó alrededor de éste — Infiero que tampoco tienes idea de quién se encargó de realizar tamaña ofrenda al Tártaro.

Ruby, que no había pronunciado palabra alguna, golpeó el suelo con un sencillo báculo en el punto donde se encontraba parada. Al instante, tres rayos de luz dibujaron un triángulo cuyos vértices estaban constituidos por ella, Yue y Eriol. La barrera triangular, semitransparente y rosácea, se extendió hasta algún punto remoto del cielo, capturando en su interior al extraño adolescente.

— No te dejes manipular, Eriol — pidió ella, notando el semblante contrariado del brujo.

El castaño bufó.

— Lo que insinúa… — susurró el aludido, parpadeando — Este sujeto… ¿lo mató? — preguntó de repente, con la expresión en blanco y sin dirigirse a nadie en particular.

Yue se cruzó de brazos y asintió, aunque sabía que el chico no lo estaba viendo, sino que éste ahora mantenía fija la mirada en el demonio atrapado dentro del oportuno kekkai invocado por Ruby. La barrera mágica impediría temporalmente que aquél monstruo los dañara con algún hechizo o los importunara con su poder oscuro, al mismo tiempo que interrumpiría sus malintencionadas influencias, propias de su naturaleza demoníaca.

— Por supuesto que fui yo — alardeó Li al tiempo que se sentaba en el suelo, sin evidenciar la más mínima intención de librarse de su estúpido encierro — ¿No te había comentado ya que no le llegas ni a los talones?

Claro que lo había hecho, sin embargo, su abuelo también era bastante conocido en los círculos mágicos de Asia y no le había parecido tan extraño que Li lo mencionara, ni mucho menos que lo comparara con él. Sobre todo teniendo en cuenta el entorno de origen de ese mal nacido.

Se había pasado todo este tiempo queriendo creer que el legendario Clow Reed había tomado la decisión de apagarse a sí mismo. De consumir su cuerpo físico junto con sus pertenencias y su hogar completo a modo de ritual purificador final, y tal vez como una muestra de desapego.

Pensaba que éste había cumplido su misión en la Tierra y que, debido a ello, había optado por desencarnar, una curiosa acción que en ocasiones se daba entre los más sabios… Sin embargo, los pocos casos conocidos habían liberado el alma durante el sueño o la meditación.

Los dedos del inglés se aferraron a la llave que colgaba en su cuello, pese a que sabía que no podía utilizarla adecuadamente con una capacidad mágica aún disminuida. Yue y Ruby se habían encargado de cederle algo de sus poderes para llevar a cabo esta emboscada. De lo contrario, el presente paso habría sido extremadamente peligroso, prácticamente un suicidio.

— ¿Por qué? — preguntó Eriol en tono neutro, empuñando la llave.

— Él empezó — Li se encogió de hombros. La comisura derecha de sus labios se elevó al echar un vistazo al semblante del ahora inexpresivo Yue — Pobre… no pudiste hacer mucho, ¿verdad? Eres tan inepto que necesitaron a otro más para ayudar a mantener al nietecito clon defectuoso a salvo — indicó a Ruby con el mentón y miró al de anteojos — Lamentablemente cuentas con dos guardianes incompetentes, mientras que Clow sólo tenía a uno y no obstante era capaz de mucho más que tú. Seré un bastardo hijo de puta y todo lo que quieras, pero soy capaz de reconocer a un buen rival cuando lo tengo en frente. Lástima que tú no eres uno. Ni qué decir de estos dos payasos.

— Podrías equivocarte — amenazó Hiragizawa, con un brillo de decisión en la mirada.

— Recuperas algo de magia y ya te las das de valiente — se burló — ¿Cómo lo hiciste? ¿Alguna medida desesperada para salvar tu pellejo del incendio, o fue gracias a tus perritos falderos? ¿Y cuál es el fin de esta jodida tertulia? Porque si planean matarme de aburrimiento, en definitiva lo están logrando. De poder, hasta lloraría de hastío.

Xiao Lang transformó la guadaña en una especie de espada y le dio una tajada a la barrera pero, como ya suponía, siquiera logró debilitarla. Segundos más tarde percibió actividad mágica en el ambiente.

— Al fin algo de acción — celebró, rodando los ojos, al tiempo que Ruby y Yue lo acribillaban con hechizos cuyo intenso brillo opacaba el de las estrellas de aquella noche.

Para su propio asombro, el dolor no fue tan potente como debería haber sido. Quizá su encuentro con Sakura podía tener algo que ver con ello, o el mismo kekkai, aunque a decir verdad no tenía mucha idea acerca de cómo funcionaban aquellas basuras. A grandes rasgos, suponía que algunos protegían a los que estaban adentro, otros a los que estaban afuera de los que estaban dentro, como era en este caso, y así. Ciertamente, jamás le había interesado investigar al respecto, puesto que sólo lo habían contenido de la misma forma un par de veces con anterioridad y sabía de antemano que no solían durar mucho tiempo, ya que dependían de la magia del creador.

Oteó a sus contrincantes con una sonrisa insolente, en especial a la chica, en la medida que ella acompañaba las ofensivas de Yue. Le pareció interesante que ésta fuera la que sustentara la fastidiosa jaula y que, además, siguiera teniendo energía suficiente para conjurar en su contra. Imaginó que, tal vez bajo otras circunstancias, podría llegar a tener una batalla amena contra ella antes de hastiarse y matarla.

— Alto — ordenó Eriol, y sus guardianes cesaron automáticamente los ataques.

El muchacho era consciente de que no podía dejarse llevar por la rabia que crecía en su interior. Enterarse de que su abuelo había sido asesinado por un niño demonio, porque en aquellos tiempos el maldito no debió haber tenido ni once años, era indignante. Lo peor era que tenía al asesino frente a sus narices, sonriéndole como si todo le importara una mierda, siempre incapaz de entender en lo más mínimo el dolor ajeno. El dolor de una pérdida.

El puto psicópata.

Sin embargo, el inglés estaba al tanto de que en estos momentos tenía un trabajo importante que llevar a cabo, el cual luego lo ayudaría a cobrar venganza en esta cacería que acababa de tornarse en algo personal.

Eriol intentó que su lado racional dominara sus emociones, convenciéndose a sí mismo de que sólo debía ser paciente y ejecutar correctamente la tarea encomendada para esta noche. Básicamente, dicha tarea constituía una gran inversión necesaria, y como toda inversión requeriría de espera y paciencia para obtener frutos.

La mirada del brujo se enturbió. Una pequeña sonrisa le estiró los labios al batir la mano izquierda, donde un extraño cascabel se materializó.

El demonio entornó los ojos para tratar de atisbar las marcas inscritas en el metal dorado pero, cuando Eriol lo agitó, su visión se nubló y un extraño vértigo se apoderó de él, como si la vibración producida por el sonido le estuviera martillando la cabeza desde el interior.

Xiao Lang notó a duras penas cómo el kekkai se desintegraba. Se puso de pie lo más rápido que pudo, porque en algún momento se había caído de rodillas, y empezó a caminar de manera errática, totalmente aturdido.

De repente ya no sabía qué estaba ocurriendo, ni en dónde se encontraba o qué era lo que quería hacer.

El tiempo parecía haberse enlentecido.

El sonido había desaparecido y sentía una especie de presión en los oídos. El no poder oír nada contribuía a que se sintiera aún más desorientado.

El tiempo se estaba deteniendo. Su cuerpo ya no reaccionaba y percibía que estaba comenzando a caer.

"¿Qué… qué es esto?"

De pronto vio a un chico idéntico a él que lo observaba con el ceño fruncido. Los labios de la copia se abrían y cerraban. Le estaba hablando y, pese a que Xiao Lang no lograba escuchar ni una sola palabra, tuvo la certeza de que debía eliminarlo de inmediato.

El maldito estaba sólo a un metro de distancia, por lo que estiró la mano para asirlo del cuello.

Tenía que hacerlo callar. Tenía que hacerlo desaparecer.

Pero hubo un quejido.

Y oyó su propio quejido.

Tras percibir un dolor de cabeza punzante que viajaba desde la nuca hasta su entrecejo, la perturbadora imagen de sí mismo se esfumó para dar paso a la figura de Hiragizawa, situada en el mismo lugar. Tendido de espaldas en el suelo, el chino volvió a centrarse en el presente. Se mantuvo consciente durante unos segundos y comprendió que lo habían incapacitado con alguna otra arma especial. Primero el cascabel y ahora un objeto mágico que no lograba identificar, con el que sin duda le acababan de atravesar el cráneo.

Entonces se fue a negro, sin siquiera alcanzar a enfurecerse.

— Tiene que morir — sentenció Yue, monótono, apretando y hundiendo con saña la extraña púa negra como el ébano… Aunque sabía que era inútil.

Eriol lo secundó mentalmente, mientras cierta satisfacción lo inundaba ante el panorama del petulante demonio tendido allí, inconsciente y totalmente indefenso. De seguro eran los primeros que lograban verlo en aquellas condiciones y, si fallaban, tal vez los únicos.

— No es lo que se nos encargó — rebatió Ruby, acercándose al cuerpo de Li — Las instrucciones fueron claras.

Acto seguido, sacó una ampolla de vidrio con forma de gota y un pequeño puñal de plata. Sostuvo un generoso mechón de cabello marrón, lo cortó con rapidez y éste cayó al interior del recipiente.

— Por mucho que me seduzca la idea, tampoco es que podamos enviarlo de vuelta a donde pertenece así como así — musitó Eriol — No es como los demás, Ruby. Ni siquiera podemos herirlo mortalmente por medio de los hechizos y rituales típicos.

Ruby tomó una de las muñecas de Xiao Lang y deslizó el filo del puñal sobre la piel. Inclinó el brazo, esperando que la sangre negra de la criatura cayera espesa dentro del frasco que ya contenía algo de su cabello. No obstante, el fluido que emergió desde sus venas era de un tono carmesí intenso.

— ¿Cómo es posible? — cuestionó la joven, mirando a Hiragizawa desconcertada.

— Curiosamente, ha nacido y crecido como un ser humano cualquiera.

— Eso ya es de por sí todavía más raro — concedió la muchacha, quien soltó la muñeca de Xiao Lang apenas se hubo llenado el recipiente —, porque el tipo sigue vivo pese a que Yue le atravesó el cráneo. Si tiene un cuerpo humano, ¿cómo es que…?

— No es el momento para hacer tantas preguntas — la regañó Yue, súbitamente tenso — Debemos apresurarnos y salir de aquí; poner varios kilómetros de distancia entre él y nosotros. Si despierta y nos encuentra después de esto, no esperes la más mínima compasión de su parte.

— Ya está — se incorporó la chica, frunciendo ligeramente el ceño y contemplando las muestras — Pensar en la extraña naturaleza de este muchacho me está dando escalofríos. No entiendo por qué no me entregaron la información completa con antelación. Esto es peligroso.

— ¿Información completa? Como si existiera tanta información — bufó el de cabello plateado, poniéndose en marcha. Él también ya estaba sintiendo escalofríos, lo cual podía ser una señal de que el demonio estaba despertando y se encontraba bastante cabreado. O tal vez se trataba de un temor primigenio.

De manera repentina, ambos oyeron a Eriol recitar un conocido conjuro. Lo observaron extender los brazos hacia el frente, justo sobre el cuerpo de Li, para luego sellar los párpados con fuerza.

Sorbere malum vi diaboli captus, transmutari in benigna vis… Aequivalere restituit… ¡Caelum et Infernum! *

Al robarle energía podría recuperar en gran medida sus poderes. Era una buena oportunidad para lograr una especie de intercambio justo luego de que lo tullera. Por lo demás, sería de utilidad para mantenerlo aletargado durante mayor tiempo.

Eriol quiso probar a invocar su báculo.

— Llave que guardas los poderes de la oscuridad — susurró solemne mientras la llave, que solía colgar de su cuello, ahora levitaba unos centímetros sobre su palma extendida. A sus pies se había hecho visible un espectacular círculo mágico que emitía luz dorada — Muestra tu verdadera forma ante Eriol, quien ha aceptado esta misión contigo, ¡libérate!

La llave giró un par de veces antes de transformase en un bastón que lo sobrepasaba en altura, coronado por la figura de un sol con rayos desiguales.

— Perfecto — murmuró aliviado, al tiempo que dirigía la mirada a sus dos acompañantes — Tomen de inmediato el vuelo a Hong Kong, antes que se deshaga la púa y este tipo recupere la consciencia. No podemos confiarnos en que padecerá los efectos secundarios que mencionó Mizuki.

— ¿No vienes? — consultó Ruby, confundida.

— ¿Qué harás? — preguntó Yue, al mismo tiempo.

— Necesito conocer a la "presa" de este condenado — contestó, pasando por encima del cuerpo inerte y dirigiéndose hacia el aún activo instituto. La fiestecilla continuaba — Pónganse en marcha, nos veremos luego.

— ¡¿Pero, y si despierta…?! ¡Eriol!

— Vamos, Ruby — ordenó friamente el guardián de cabello claro, a medida que se alejaba.


— Rika — la aludida giró al oír su nombre y sentir una suave mano en el hombro.

— ¡Tomoyo! — gritó y la abrazó, como si no se hubiesen visto en años — ¿Vienes a bailar conmigo y Naoko?

La pelinegra se alejó ligeramente de su amiga al percibir su hálito alcohólico. Debió haber bebido muchísimo ponche o alguna otra bebida que los estudiantes colaban en las fiestas, como era habitual en los de último año. Le echó un vistazo a Naoko, quien estaba evidentemente borracha y ni siquiera se había dado cuenta de su presencia o de que estaba bailando sola, mientras que Rika le hablaba atropelladamente de cosas que no lograba entender.

— ¿Has visto a Sakura? — Tomoyo preguntó sin rodeos.

Rika soltó una risita cómplice y se cubrió la boca.

— La vimos irse con Li hace un buen rato — le gritó por sobre el ruido de la música, y al notar el cambio de expresión en Tomoyo, la castaña la abrazó otra vez con muchísima fuerza — ¡Oh, lo siento! ¡Lo siento mucho! ¡Lo olvidé! ¡Lo olvidé! ¡Yo…!

— Está bien, no importa, no importa — la interrumpió, devolviéndole el abrazo para que no sintiera que, en su borrachera, había metido la pata — Sólo quiero asegurarme de que se encuentre bien.

— Creo que… creo que se fueron a un lugar más privado — dijo con cierta culpabilidad, arrastrando algunas palabras, pero luego le comenzaron a brillar los ojos y se ruborizó — Él… se la quería comer o algo. Te lo juro. Con Naoko los espiamos mientras se besaban y… ¡Tomoyo! ¡Espera!

Tomoyo apuró el paso mientras oía a Rika llamarla con desesperación. Ya se sentía bastante dolida y molesta como para que le recordaran la manera en que él la besaba a ella, y viceversa. Sólo quería borrar aquella imagen de su mente.

¿Aprovechaste tu oportunidad anoche?

Repentinamente, la pregunta que hacía un par de horas le había realizado Li hizo eco en su mente. La chica detuvo el paso, sorprendida, porque algo le decía que él sabía exactamente lo que ella había hecho la noche anterior en que Sakura se había quedado a alojar en su casa.

Dejó caer su delicada espalda en la pared junto a uno de los salones, atónita, pues no había explicación racional alguna de que éste se hubiese enterado de una cosa así. No podía haber utilizado cámaras ni grabadoras de sonido, ni cualquier otra estupidez parecida. Tampoco las podría haber espiado in situ, considerando el nivel de seguridad que había en el terreno de los Daidouji.

Y Sakura…

Sakura… tampoco podría haberle comentado nada, porque no se había dado cuenta. Porque había estado dormida.

¿Aprovechaste tu oportunidad anoche? — la amatista intuía su sonrisa en las sombras y, por alguna razón desconocida, podía oír su voz fuerte y clara independiente del ruido — Porque, a partir de este preciso momento, no tendrás ni una más.

No sé a qué te refieres — indicó, evidentemente inquieta.

Sí que lo sabes, Daidouji — se burló — Simplemente me hiciste un favor.

Los ojos azules de la muchacha se abrieron como platos al recordar aquella parte de la conversación.

Él lo sabía.

Li era demasiado extraño para su gusto, demasiado, y la perturbaba.

— ¿Tomoyo? — una voz conocida la sacó de sus cavilaciones — ¿Te encuentras bien?

La persona que había estado buscando, la persona más importante en su vida, la observaba con una enorme curiosidad plasmada en los hermosos ojos verdes, los cuales lograron que olvidara momentáneamente sus demás preocupaciones.

— Estoy bien ahora — sonrió al ver que Sakura le sonreía — Te había estado buscando.

La castaña se apoyó en la pared junto a ella y se dejó caer hasta quedar sentada en el suelo, donde juntó y extendió las piernas hacia la pista de baile, la cual se hallaba a algunos metros de donde se encontraban ambas.

— Pues aquí estoy — dijo simplemente, escudriñando a la masa de gente danzante y a las personas más alejadas, quienes bebían, fumaban y reían.

— ¿Dónde está Li? — consultó Tomoyo, pues éste no había aparecido detrás de su amiga.

Sakura bajó la mirada, intentando ocultar el rubor de sus mejillas, pese a que la oscuridad de aquel sector la ayudaba en gran medida.

— Salió hace un buen rato, y lo he estado esperando como me pidió.

— Ah…

Se hizo un silencio un tanto incómodo entre ambas, donde la castaña jugó con los bordes de su falda y donde la pelinegra se percató de que las medias de ésta eran un desastre y tenían varios puntos corridos.

Tomoyo suspiró, pues las medias nunca se salvaban de su hiperactiva amiga.

— Murieron en tiempo récord — comentó.

— ¿Eh?

— Tus medias, Sakura.

— A-ah… sí… — la susodicha se transformó en un manojo de nervios y se puso de pie — ¿Q-qué hora es?

La chica de cabello oscuro se levantó también y le echó un vistazo a su reloj de pulsera.

— Las doce y quince.

— ¿Le habrá pasado algo? Ha tardado bastante.

— ¿Quieres que te ayude a buscarlo?

— Me-mejor quedémonos aquí un rato más…

Se volvieron a sentar en el suelo a modo de acuerdo. Para Tomoyo no había pasado desapercibida la vergüenza de Sakura tras mencionarle lo de las medias, y le quería preguntar la razón pese a que no fuera más que un acto masoquista de su parte, ya que sospechaba que Li tenía que ver con ello. No pasaron muchos minutos hasta que Sakura comenzó a hablar, a duras penas, acerca del primer beso de su vida, el cual había tenido lugar en una pista de baile ante decenas de ojos curiosos. Intentó llevar a palabras las sensaciones que había experimentado cuando Li la había besado, pues nunca pensó que su primer beso se sentiría "así", y todo era muy, muy complicado para ella.

— No fue tierno — especificó — Estaba mu-muy lejos de ser algo tierno. Fue una cosa tan… tan…

— Tan… ¿carnal? — la ayudó Tomoyo, pues la castaña parecía no lograr encontrar la palabra adecuada para darse a entender.

— A-algo así…

Pero Sakura no tenía idea de que aquél, en realidad, no había sido el primero. La oyó suspirar.

— No entiendo muy bien qué es lo que está pasando conmigo, Tomoyo.

La joven asintió con la cabeza, sin saber qué decirle aunque la comprendía, pues ella también había pasado por confusiones parecidas. Entonces la culpabilidad la invadió por enésima vez en el día ya que ella le había robado el primer beso a Sakura… cuando ésta se había hospedado en su casa.

Aquella noche, Sakura se había quedado dormida antes que Tomoyo, quien había decidido leer unos minutos bajo la luz de una lámpara.

La luz en cuestión había comenzado a parpadear, cosa que llamó su atención, al tiempo que sentía que el sueño la embargaba. Tras rendirse y cerrar los ojos, las fantasías e ideas sobre besar a Sakura se hicieron insoportables, por lo que la morena despertó y se dedicó a contemplarla intensamente, pensando una y otra vez en cuánto la quería, en cuánto añoraba que pudieran ser más que amigas, deseando ser capaz de decirle lo que en verdad sentía por ella, sin jamás espantarla ni arruinar su amistad para siempre.

Su repentina ansiedad y desorbitado deseo llegó a tal punto que decidió abandonar su cama. Se dirigió a la cama de la castaña, a su lado. La observó, memorizando su hermoso rostro y sus finos labios una y otra vez.

Ahogó un jadeo, sintiéndose embargada por las incontrolables ganas de besarla.

Quería besarla.

Tenía que besarla, y lo hizo.

Sakura había correspondido entonces su beso de manera sutil, sin despertar.

— Li… — había susurrado entre sueños la chica de ojos verdes, y a Tomoyo se le habían aguado los ojos de desilusión y dolor.

Confirmado: Sakura jamás la vería como algo más que su mejor amiga.

Tomoyo se sintió nauseabunda al volver al presente. Estaba a punto de decirle a Sakura que necesitaba ir un momento al tocador cuando notó que un chico imbuido en una túnica se acercaba a su todavía azorada amiga.

Los orbes azules de Eriol analizaron a la presa de Li con un dejo de tristeza.

Era una chica preciosa y con toda una vida por delante, ¿por qué su camino tuvo que cruzarse con el de aquella bestia que sólo quería aniquilar su luz?

— Buenas noches — dijo, pero al notar que ésta no pareció haberlo escuchado, situó una mano sobre su hombro. La chica observó la mano sobre ella y luego al chico, recién percatándose de su presencia. Ella pestañeó, un tanto perdida, y Eriol le sonrió — ¿Podrías decirme tu nombre? Por favor.

— Sakura — contestó, contemplando con curiosidad el colgante que el muchacho llevaba al cuello.

Eriol se arrodilló y le besó el dorso de la mano, ante lo cual la muchacha se sonrojó y Tomoyo alzó una ceja.

— No sabes cuánto lo siento, Sakura — murmuró el inglés, atribulado — Ojalá pudiera intervenir, ojalá pudiera salvarte.

La castaña negó con la cabeza, confundida, e intercambió miradas con su mejor amiga, quien observó intrigada al recién llegado, pues le pareció haberlo visto en otra oportunidad en alguna parte.

— ¿De qué hablas? — cuestionó Sakura, con una risita nerviosa.

¿Y por qué Tomoyo no decía nada? Esto era incómodo.

— Tienes que ser la última. Por favor, perdónanos. — se disculpó con amargura el muchacho.

— ¿Eh? ¿Qué quieres decir? ¡Oye!

El misterioso joven se retiró y la castaña decidió correr tras él. No entendía nada, ¿acaso era una broma? ¿Estaba borracho o, peor, drogado?

— ¡Espera, por favor! — le pidió tras asirlo de una manga — ¿Podrías explicarme a qué te refieres?

Eriol se detuvo y la miró a los ojos. Unos ojos tan cristalinos, unos ojos tan inocentes. Alzó una mano y la presionó contra su frente, ante lo cual Sakura se desvaneció. La sostuvo entre sus brazos con cuidado y comenzó murmurar un hechizo.

"Espero que esto pueda servir de algo."

— Dios mío, ¡Sakura! — gritó una chica que corría en su dirección.

El inglés la reconoció como aquella hermosa chica con quien se había topado hacía unos días.

— Estará bien — dijo Eriol, sintiendo que mentía, porque Sakura estaba ya condenada.

Tomoyo la recibió en sus brazos y observó al muchacho, consternada.

— ¿Qué le has hecho? — cuestionó, pues había notado que su amiga se desmayó luego de que el chico acercara una mano a su cabeza. — ¿Quién eres? ¿Qué es lo que está pasando?

El brujo le ofreció una media sonrisa a modo de disculpa.

No se volverían a ver.

Tras verlo esfumarse ante sus ojos, Tomoyo cayó de rodillas al suelo todavía sosteniendo a una inconsciente Sakura.


Notas de autora: lamento la extrema tardanza en la actualización de este capítulo, que en verdad hace años tengo prácticamente listo :c

No lo había subido en su momento porque estaba disconforme con algunas cosas que había escrito, cosas que al final decidí dejar para el siguiente capítulo. Por lo tanto, lo que hice con este fue corregirlo un poco y escribir algunas cosas que faltaban, y eso. No cambió mucho respecto a todo lo que ya había hecho… Sólo era como tres páginas más largo, onda, seguían más cosas después del encuentro con Eriol (justo saqué la parte enojona y calentona del demonito)

Sorry por todo, por la espera y toda esa mierda. Espero poder terminar de escribir la parte calentona (que también está casi lista, pero que no me convence del todo porque es difícil escribir weás calentonas xD) y lo demás algún día.

Ahora la verdad es que ando en otra por la vida y a veces soy más ogro que persona, así que no puedo prometerles nada de nada.

Espero que de todas formas hayan disfrutado este capítulo pese a que algunas partes hayan quedado raritas.

Algunas aclaraciones:

Yue tiene alrededor de unos 30 años, mientras que Nakuru unos 25.

El conjuro de Eriol ya lo había puesto en un capítulo anterior y es de mi invención. Significa:

* Absorbo el vigor malévolo del demonio capturado. Transmuto en vigor benévolo. Equilibrio restaurado… ¡Cielo e Infierno!

*Kekkai: palabra de origen budista utilizada para referirse a los campos de fuerza o barreras protectoras (se utilizaba bastante en la serie X de Clamp)