N/a: Oh boy, por fin he editado esto. No tiene muchos cambios, un par de palabras que arreglé y algunos errorcillos gramaticales que había por ahí, nada más.

Disclaimer aplicado.


Pαyαso

By: Ari-cнαи


Te sientes estúpido, estúpido por tener que llevar aquel disfraz de payaso. Te preguntas una y otra vez cómo rayos te dejaste convencer.

—¡Oh, Jasper! ¡Te ves adorable! —te dice Esme con su sonrisa maternal tan natural.

No sabes si sentirte agradecido porque ella le vea la parte positiva a la situación o avergonzado porque te está tratando como si fueras un niño.

—¿Adorable? Yo diría más bien ridículo—Emmett no para de reír y tú solo te dedicas a fulminarlo con la mirada, sintiéndote por dentro como el ser más tonto que existe.

Ves cómo Rosalie disimula su risa tras su esposo.

—¡Ya basta, Emmett!—Bella lo reprende pero sabe—y tu también lo sabes—que es en vano—. No es tan malo, Jazz—te sonríe comprensiva; estás al tanto que ella también ha pasado por esas situaciones, aunque no vestida de payasa precisamente.

La oyes soltar un siseo amenazador y notas que es contra su esposo, volteas a ver a Edward, quien junto a Jacob también se parten de la risa. Ahora te sientes aún más humillado, hasta el estúpido perro se burla de ti.

Y lo peor es que no haces nada para impedirlo.

Sientes en el piso de arriba varios pasos rápidos que resuenan de aquí para allá, y odias con más intensidad los milisegundos que pasan tan lentamente según tu criterio. Escuchas entonces cómo se abre una puerta y unos saltarines pasos—tan suaves como una pluma—bajan la escalera a una velocidad inverosímil para el ojo humano.

—¡Aquí está la princesa de la casa! —exclama Alice con emoción depositando a la niña, no tan pequeña como debería ser a sus seis meses de nacida, en el suelo.

—¡Feliz cumplemes Renesmee! —profieren todos con entusiasmo.

Tú sólo te dedicas a ver la mirada de la monstruito que tienes delante—que no es precisamente tu sobrinita.

—Mira lo que tuvo que hacer tío Jasper por ti—Bella agarra a su hija de la mano y la acerca a ti.

Observas el vestido de seda color lila y el peinado tan pulcro y ostentoso de la chiquilla y no tienes dudas de que todo ha sido creación de Alice.

—Feliz cumplemes, pequeña—le dices de forma cariñosa y en el aire repentinamente hay un aura de calma—todo gracias a ti, por supuesto.

La niña ríe emocionada y te da un fuerte abrazo como agradecimiento, tú le das varias vueltas en el aire y luego se la entregas a Edward, quien está ansioso por cargar a su retoño. Es entonces cuando sientes el dulce aroma de Alice acercarse a ti, la miras con el ceño fruncido y ella te sonríe con picardía. Y es ahí cuando te das cuenta de que no puedes tener esa actitud por mucho tiempo con ella.

La respuesta a la pregunta que te ibas formulando hace varios minutos atrás aparece en tu mente con claridad: ese brillito tan especial en los ojos de tu esposa harían que te disfrazaras hasta de renacuajo y no te molestaría en absoluto con tal de verla feliz.

Sabes que ante cualquier mirada que Alice haga para ti, te sientes derrotado, y estás completamente a su merced. Porque ella es la razón de tu existir, la razón de que tú estés allí, disfrutando del sexto mes de vida—o más bien de eternidad—que cumple Nessie.

Volteas a ver a Bella y le sonríes con complicidad, sabes que ella tenía toda la razón: no es tan malo.

Después de todo, más tarde recibirías tu recompensa.


FIN


Editαdo el sábado 16 de Abril de 2011.