Nota: NO está demás decir que los personajes son de propiedad de Meyer. Esto sólo es de aficionada.

Mi primer fanfic; hasta que al fin me animé a hacerlo.

Decir solamente que este primer capítulo es introductorio.

Los invito a leerlo y que lo disfruten.


1. Empezar desde cero

"Hago un repaso mental de las cosas que hay en mi equipaje. Todo y cuanto necesito para mi nuevo comienzo está ahí. O eso creo… o eso quiero creer":

Bella Swan era una chica normal. Y cuando se habla de normal me refiero simplemente a que si se buscara la definición de dicha palabra en el diccionario, ésta estaría acompañada de una fotografía donde se podría apreciar su simple y… normal figura en ella. Una forma más fácil de entender: nunca había sobresalido en el colegio, ni por ser una chica popular o una deportista calificada, pero tampoco se encontraba en el extremo contrario donde ser una cerebrito (o en extremo freak) la posicionaran, también, en el centro de las miradas. Su apariencia física también la habían ayudado en su cruzada personal por ser lo más invisible posible, es decir, su castaño cabello, su rostro fino con ojos marrones y su delgada figura, si bien la hacían una chica bastante atractiva, lograban ser mantenidos al margen por su tímida personalidad. Siempre había sido una persona bajo perfil y agradecía cada momento poder pasar así sus días de secundaria.

Ahora se encontraba alistando todo para su nuevo comienzo. Lo llamaba así porque prometía nuevas cosas; no sabía si más emocionantes o no de la particular vida que había acostumbrado a llevar durante la mayor parte de sus años entre Forks (un lugar cerca de Washington) y Phoenix en Arizona, pero si diferentes.

Se hablaba de cierta dualidad hogareña porque la separación de sus padres había significado, de cierta forma, vivir a medias entre la calidez del estado rocoso junto con su madre Reneé y los constantes días de lluvia de Forks, con su padre Charlie.

Ahora, con sólo 16 años, Bella aprontaba a emanciparse; algo así como una pre- independización antes de la vida universitaria. No lo hacía porque anhelara libertad y quisiera vivir la vida loca fuera de la estrecha mirada de sus padres, en absoluto, pues Bella nunca había sido de ese tipo de adolescentes, por lo que tampoco sus padres nunca tuvieron que jugar el rol de progenitores aprensivos y le habían otorgado, casi innatamente, el espacio que siempre había necesitado (ciertamente, cada uno de ellos en su propio estilo); las razones de éste repentino cambio se remitían más a sus estudios. A sus estudios y a… cierta decepción.

¿Qué tipo de decepción? De aquellas que más evitamos, pues afectan una parte de nuestro organismo que no tiene los medios de defenderse cuando está pronto a ser atacado pues, simplemente,… ha bajado la guardia frente a la menor caricia.

Ocurrió poco antes de de finalizadas las vacaciones de verano cuando Nicholas, un chico un grado mayor que Bella que asistía a su mismo colegio, despertó un día bajo los efectos de las gotitas que se había bebido, accidentalmente, de sinceridad y le había hablado a la chica diciendo cuantas palabras podían herirla.

–Bella, lo nuestro no ha sido lo mismo el último tiempo, cariño –había dicho–, creo que lo más sensato es que terminemos.

Aquello no había sido un consenso; él ya había tomado la decisión por cuenta propia. A los días ya estaba saliendo con otra chica. Bella no quiso ni meditar la posibilidad de que él ya hubiera estado con ella cuando aún salían juntos, pues eso sólo hubiera conseguido lastimarla aún más, aún cuando, aparentemente, no lo demostraba.

Esto era porque la reacción de Bella en aquellos días fue de inmutes. Algunos incluso llegaron a pensar que la situación le era indiferente, mas sólo que aquello no podía estar más lejos de la verdad. La introvertida forma de la chica casi le había obligado a no desesperar, tal vez para no mostrarse débil ante él, tal vez para no preocupar a sus padres… tal vez sólo para comenzar a intentar olvidar. Aún, dado todo su esfuerzo, no podía estar más lejos de salir victoriosa.

Hacía dos años, cuando comenzó la secundaria, sus padres le habían ofrecido asistir a un renombrado Instituto de Arte en Boston, en el estado de Massachussets, pues ahí podtía prepararse adecuadamente para cuando le tocara enfrentar Literatura, la carrera que quería seguir, en la Universidad. No es que el colegio al cual asistía fuera deficiente, en lo absoluto, pero éste instituto, al estar enfocado específicamente en artes, se supone, le serviría más para su futuro.

En aquel momento le pareció una buena idea, mas no encontraba razones que la lograran convencer de alejarse más de 3.000 kilómetros de sus padres. Pero… ¿y ahora? Fue cuando Bella les comunicó a Charlie y a Reneé que prefería pasar los dos años finales de secundaria en aquel internado al noreste del país como una suerte de previa para cuando le tocara marchar a la Universidad que había escogido (que quedaba en el mismo estado) y, si o si, sin más opciones, le tocara emigrar a dicho lugar.

Se encontraba ya en el aeropuerto de Tacoma, en Seatlle. Bella estaba a minutos de abordar el avión.

–Cuídate mucho Bella –dijo Charlie dándole un tierno pero tímido abrazo a la chica el cual cortó a los pocos segundos. El hecho que la personalidad de la castaña fuera como la de su padre les había permitido llevar una relación del todo buena durante los dos últimos años que habían vivido juntos. Si, porque desde que su madre había vuelto a contraer nupcias con el joven Phil, Bella había optado por asentarse en Forks–. Espero verte para las vacaciones.

–Pero ahora no estaré con mamá durante el año, ¿recuerdas? Tendré que visitarla a ella también en las vacaciones –Bella sentía la necesidad de que su padre comprendiera que ella marchaba, tal vez antes de lo planeado, pero era importante que cuando ella estuviera en el avión, Charlie ya hubiera asimilado que se había ido de forma permanente. Bueno, no es que quisiera sonar fría, pero de un momento a otro hubiera tenido que hacerlo de igual forma.

Bella avanzó con su equipaje de mano y se prohibió interiormente voltear pero, para cuando había juntado fuerzas, su cabeza, movida por su corazón, ya había girado a ver por última vez a Charlie. El le sonreía. Bella sabía, en el fondo, que lo extrañaría montones.

Eran pasadas las seis de la tarde cuando Bella entró a su nuevo dormitorio en el internado de Arte de Boston. Había hecho su registro en la secretaría del lugar, tenía listo los papeles necesarios y ahora se disponía a ordenar sus cosas en aquella habitación. Las clases habían comenzado hacía una semana en el lugar, pero los varios trámites que Bella había tenido que hacer en su antiguo colegio así como en el nuevo, le habían permitido viajar ese sábado. En el internado vieron ningún problema con que la chica se integrara una semana después de comenzado el año escolar.

Gracias a Dios, hay nadie, pensó la castaña mientras echaba una detenida mirada al lugar. No es que quisiera disponer de una habitación para ella sola, pues sabía desde un comienzo que tendría que compartir el dormitorio con alguna otra chica, era sólo que en ese momento prefería tener un momento de intimidad. Luego de la repentina separación de sus amigos en Forks (o por lo menos de aquellos con los que acostumbraba a juntarse), de la despedida de Reneé al teléfono y del adiós de Charlie en el aeropuerto, Bella sentía una cierta molestia en el interior. Molestia que se acrecentaba, sin poder evitarlo, cuando su mente le jugaba una mala pasada y la hacía pensar en Nicholas y en la forzosa distancia que había optado tomar.

Ahora que estaba completamente sola, por primera vez en tanto tiempo, Bella sintió como la tristeza ni siquiera le consultaba a su cordura y osaba aparecer en sus ojos en forma de humedad salada.

Como nunca, en tanto tiempo, Bella se lanzó sobre su cama vacía y, como una pequeña niña, lloró silenciosamente.