Un pequeño capítulo para que no pierdan el hilo de la historia... (recuerden, ando con bloqueo de escritor y con un animo bastante decaido)

Agradecimientos por sus comentarios a: Bigi43, Jos Black, Lady Lorick, DanGrint, Amira92, Natisluna, Natasha Granger, Salesia, Yumey, Hestia Phoenix, Camila92, Sealiah, Luna Maga, La Flacu, Ximena, Memoriesofkagome, aPustistinaa, Sobeyda S. Granger, o.O haru chan O.o, Karii Malfoy, Xikaa, Laura Granger, Yarelblack8, Chanita 23, Atenea92, Edna, Aby Penita, Akai Karura, Fergie Tsuchiya, Consue, Karumen malfoy, Sookie writer, Pao Malfoy Cullen Uchiha, ZarethMalfoy, Beautifly92, Ygorla, angy Malfoy, AngieShields, Kemmy Lovegood, DarkZus, Crimson Rouge Rot, Laura Granger, Bloody Scupulture, Marisel, Malaka, DanGrint, Arciiee Ashamed Kawaii, Madelinegiovani, Chibikino, LeA – LeI.

Saludos tambié a los lectores de las sombras...

Mad Aristocrat

La abogada poco seria y alicaída.

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6

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Se sentía atrapada, asustada, angustiada. Como un pequeño animal a punto de ser devorado por una fuerza descomunal, ante la cual, no podía oponer resistencia. Scorpius había colado sus manos por su espalda y bajo su blusa, mientras susurraba palabras, que en su shock emocional, no podía entender. Jugaba peligrosamente con el broche de su ropa interior, depositando ocasionales besos en su cuello, mezclados con suaves mordiscos que posteriormente le enrojecerían la piel, dejándo en evidencia su delito.

-Detente... - musitó ella en una plegaria – Van a llegar en cualquier momento.

El joven se detuvo y retrocedió la cabeza para poder observarla. Sus ojos demostraban una cierta contradicción en relación a su media sonrisa, que parecía indicar que estuviera pasándoselo de lujo con su nerviosismo. Sin pizca de vergüenza, soltó.

-¿Y? personalmente a mi no me importa. Me da igual que nos descubran, quizás, hasta sería mejor para tí. Te liberarías de tantas mentiras y podrías disfrutar de mi atención sin limitaciones.

Hermione lo maldijo para sus adentros. El recondenado mocoso era demasiado cínico, y era muy posible de que en realidad, poco le importara que se develara el escandaloso desliz que había tenído con ella, su profesora, muchos años mayor que él.

Scorpius tenía una clara ventaja, y esa era que él no consideraba que tuviera nada que perder. Se jugaba el todo por el todo, y podía llegar a rozar límites que ningún otro chiquillo de su edad se atrevería ni siquiera en pensamientos. ¿Por qué se había obsesionado con ella? ¿Por qué una y otra vez mencionaba una "venganza" cuando estaba a su lado?

Sintió una lengua deslizarse desde la clavícula hasta su lóbulo, provocándole un respingo, mientras sus brazos se volvían de gelatina, que por más que lo empujaran, eran incapaces de quitárselo. Una batalla de su razón con sus instintos, que claramente estaban ganando los segundos.

-Por favor...- gimió de nuevo – No aquí, no en mi casa.

-En tu casa lo hace más interesante, Hermione -susurró contra su oído – Aunque debo admitir que esta posición no me permite recorrerte a cabalidad...

Quiso gritar de rabia, hechizarlo, pero su voluntad no era lo suficientemente fuerte... hasta que el sonido de un plop proveniente de la sala de estar la alertó de la llegada de su familia.

Sin pensárselo dos veces, lo pateó a ciegas dándole en una canilla y lo empujó por los hombros con violencia, bajándose con la agilidad de un gato del lavaplatos. Notó que su pantalón había quedado húmedo por el agua que estaba salpicada en la orilla, y respiró hondamente tratando de desaparecer el rubor de sus mejillas... no necesitaba mirarse al espejo, las sentía ardiendo.

Sabía que Scorpius le dejó ganar la partida por el momento, y lo vió soltar una pequeña carcajada mientras la miraba tratar de desaparecer el desastre con su varita.

Y eso que sólo era el comienzo... lo que vino a continuación fue todo un caos.

El grito que puso Ron en el cielo cuando supo que el novio de su pequeña era de la familia Malfoy se escuchó en toda Inglaterra, y el ambiente se puso aún más tenso al momento de sentarse en la mesa y verse obligados a mirarse las caras entre sí.

-Mamá, ¿qué le pasó a tu cuello? - preguntó inocentemente Hugo, mientras Hermione le servía un trozo de carne.

-Alergia – mintió con una rapidez que la sorprendió – Es sólo alergia, cariño, no te preocupes.

El invitado ahogó una risa con una falsa aclaración de garganta, y afortunadamente, nadie notó la mirada repleta de odio que la dueña de casa le dedicó.

Durante el transcurso del resto de la cena, Scorpius hizo gala de su capacidad de hacerse el desentendido, sorteando las miradas de su suegro con facilidad, mientras Ron, no podía estar más colorado... era físicamente imposible, y casi podía verse como emergía vapor de sus orejas y nariz. Hugo, ajeno a toda la tensión, jugaba con su comida desinteresado, Rose miraba a su novio y padre como un partido de tenis, y Hermione, la más afectada de todos, no podía gritar por auxilio al sentir como Scorpius comenzaba a acariciarle la rodilla sensualmente, subiendo y bajando por su muslo con una maestría y sigilo que era incapaz de detectar el resto.

"Que termine pronto, que termine, que termine, que termine" repetía la mujer como mantra, tratando de reprimir los temblores que le provocaba la mano del muchacho rozar su muslo quedamente bajo la mesa. Casi se atoró por comer rápidamente el postre, y suspiró de alivio cuando sirvió el café para terminar toda esa tortura.

Scorpius le sonrió descaradamente al despedirse, besándole el dorso de la mano con galantería, y se marchó con su hija, llevándose también a Hugo para volver a Hogwarts los tres. Hermione volvió a suspirar; se hubiera ido con sus hijos de no tener que asistir a la casa de Malfoy padre...

Tomó su capa y su bolso, pero antes de que pudiera usar la red flu para salir de su casa, la voz ronca de Ron la detuvo.

-Hermione, ¿podrías quedarte unos minutos? Necesito hablar contigo.

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-Te has tardado.

Su voz retumbó con eco, pero a ella poco le importó. Nada podía empeorar ese día, nada. El estress al que la sometió Scorpius, y la posterior conversación con Ron habían acabado con la poca fortaleza que se albergaba en su pecho, y que amenazaba con irse a huelga pronto si no encontraba un oásis de tranquilidad dentro del torbellino que era su vida.

-No pude llegar antes, Malfoy... - murmuró desganada - ¿Qué es lo que quieres?

Draco Malfoy estaba sentado en un sillón negro, ubicado en la esquina derecha de su habitación. Tenía los codos apoyados en sus rodillas, su espalda estaba semi encorvada, y sus dedos se encontraban entrelazados, dejándo que sus yemas rozaran suavemente contra su frente. Su ceño se encontraba profundamente fruncido, y su cuerpo, parecía estar hecho de mármol, tieso como una estatua, sin signos de vida aparente.

Elevó la mirada con lentitud, y la fijó en ella con intensidad, haciéndola retroceder un par de pasos con los ojos. Luego, se levantó sin despegar la vista, y caminando despacio para acortar la distancia, logró que chocara contra la puerta. La acorraló con ambos brazos, colocándolos uno a cada lado de sus hombros, y juntó su rostro al de ella, dejándolo a un palmo.

Hermione no respiraba.

No entendía su actitud, y le sorprendía verlo de tan cerca, que hasta sentía su respiración chocar contra su cara. Era extraño. A esa cercanía, no podía fijarse nada más que en el color de sus ojos. El resto se difuminaba.

Draco se acercó un poco más, hasta casi rozar su boca contra su oreja.

-Saber si te pudiste resistir a las presiones de mi hijo. - murmuró contra su oído - ¿Lo lograste? ¿Pudiste negarte?

El ánimo de Hermione Granger se fue a la mierda, y un terrible pánico la inundó.

-Tú... tú... tú ¿lo sabías? - tartamudeó.

El rubio bufó y le dedicó una mirada llena de odio.

-No soy idiota, Granger. ¿Crees que simplemente me confiaría de tu palabra? - siseó, esbozando una mueca que pretendía ser una sonrisa irónica - No me costó mucho dilucidar como actuaría Scorpius luego del "incidente", lo que me llevó a cuestionarme como reaccionarías tú. Por eso tengo a mis espías en Hogwarts, que me han informado de cada acercamiento que ha tratado de hacer mi hijo contigo, y por lo que sé, te ha costado mucho repelerlo...

Ella sentía que sus piernas perdían todas las fuerzas, y ya no sabía cuanto tiempo se permanecería en pie. Tenía miedo. Mucho miedo. Más miedo del que había tenido en los últimos años. Su futuro estaba en grave peligro, y en manos de su peor enemigo. Estaba jodida.

-Pero bueno - continuó él casi en un susurro - No imaginé que sería tan astuto como para meterse con tu hija con el fin de extorsionarte... se parece más a mí cuando joven de lo que hubiera deseado, y eso te ha de causar varios problemas ¿no? Como podrás notarlo, no tengo un pelo de tonto, y soy más perspicaz de lo que crees; supuse de inmediato que ese nerviosismo por el "almuerzo familiar" del que me hablaste por la noche conllevaba algo más que ver de nuevo al tarado de la comadreja, por lo que hice un par de averiguaciones al respecto y supe la verdadera razón: Scorpius se coló hasta allá ¿cierto? y no tengo que ser adivino para saber porqué lo hizo, era una excelente oportunidad para ponerte en jaque... Ahora la pregunta es, ¿caiste? No me mientras, Granger, que si lo haces, las consecuencias serán peores.

Ella tragó espeso y lo miró de frente.

-No.

-¿No qué?

-No caí – completó con voz ahogada - Estuve al borde, no lo niego, pero me resisití, a pesar de sus amenazas y de que mi propia hija ahora está en el medio, me resistí. Sin embargo, si no hago nada más que ignorarlo como tú me pides, la dañará, y si accedo a sus peticiones y develas lo que pasó, Rose saldrá con el corazón roto de todas formas, porque no puedo evitar que lo ame... y lo hace, puedo verlo en sus ojos, lo ama demasiado... Malfoy, ya no sé que hacer. Scorpius insiste en buscarme hasta el cansancio, y cada vez que lo hace, menciona una venganza, ¿de qué habla? ¿qué tengo que ver yo en todo eso?

Draco tensó la mandíbula mas no se separó de ella.

-¿Te ha dicho algo más? - preguntó seco, penetrándola con su mirada glacial.

-Dijo que compensaría el hecho de que por mi culpa su infancia fue un infierno. Dijo que mi simple existencia arruinó su vida, y que no descansaría hasta ver su venganza concretada... pero también, dijo que ya no era un juego, y que ahora estaba obsesionado conmigo, ¡demonios! Dijo que no me dejaría tranquila hasta que cediera... Malfoy, no entiendo nada, yo no le he hecho nada, sólo soy una profesora más ¿por qué me tortura? Malfoy, explícame que ocurre..

Pero él no lo hizo. Sus ojos estaban ausentes, y sus brazos la encarcelaban tiesos.

-Malfoy... Malfoy, por favor, explícame – repitió, empuñando sus manos alrededor de su camisa, tratando de llamar su atención – Necesito saberlo... necesito saber porqué... Malfoy.

Insistió, rogándole con la mirada, pero aún él tenía la vista desenfocada, como si su alma se hubiera ido a volar a otra galaxia, mientras que su cuerpo, estático como una piedra, seguía tan cerca que podía sentir su corazón palpitar con lentitud.

Y es que ella no se imaginaba lo que el habitual frío Draco Malfoy estaba experimentando en su interior. Poco sabia la contradicción que se libraba en su mente, y la constante frustración con la que tenía que vivir a diario. Especialmente en aquellas noches en que compartían cama, cuando la abrazaba por la espalda y se dormía con su tibieza, reteniendo a penas las ganas de hacer algo más... No. Ella no lo sabía. Ella existía y no era capaz de darse cuenta de las implicancias de su existencia para él. No sabía que la odiaba tanto como la deseaba. No era capaz de percibir que su presencia lo perturbaba en lo más recóndito de su ser, y que aún su corazón sangraba por recordarla enredada en las sábanas de su propio hijo.

-Mal...

-¡Cállate! - interrumpió furioso, volviendo en sí abruptamente - ¡Cállate de una buena vez!

-Pero...

-¡Pero nada! - la volvió a cortar, cada vez más rojo - ¡Entiéndelo, maldita sea! Las preguntas y las órdenes las doy yo, no tú. ¿escuchaste, Granger? ¡Me entendiste, Granger!

-Pero...

Ella era tozuda, y volvería a objetar una y otra vez hasta que le respondiera... sin embargo, jamás se esperó lo que a continuación sucedería.

Antes de que pudiera completar la frase, él tomó su cara y la empujó más contra la puerta como si quisiera hundirla en ella, tomando su boca con violencia, rabia, y desesperación. El contacto, brusco e inesperado, la dejó pasmada, al igual que el ínsólito frío que emanaban de esos labios delgados, muy en contraste con la tibieza de sus palmas en sus mejillas. ¿Algo había pasado que el mundo se había puesto patas arriba?

Apretó la boca tratando de resistirse, y golpeó sus hombros para lograr que la soltara, pero él no cedió ningún milimetro. Mordió su labio inferior y lo tiró hacia afuera, logrando que ella gimiera de dolor, ocasión que aprovechó para inundarla con su lengua, abandonando una de sus manos de su cara, para posarla en su espalda y acercarla más.

Ella se sentía sorprendida, mareada, intoxicada, atontada, pequeña... y cuando él redujo la violencia del beso, lentificando los movimientos, profundizándolos más, recordó algo que había guardado hace demasiados años, y que creía muerto dentro de sí.

Y dicho recuerdo, repleto de telarañas, hongos y olvidado en un rincón de su ser como si nunca hubiera existido, la cegó por completo.

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Continuará...

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¡Chan!. Corto, pero es lo que hay.

La preguntas del millón son... ¿qué estrategia ocupará Scorpius ahora? ¿Y qué fue lo que le dijo Ron para dejarla tan deprimida? ¡ah! Y lo más importante, ¿Qué pasará con ese beso? ¿Qué es lo que recordó Hermione?