Disclaimer, los personajes de Twilight y secuelas, le pertenecen a Stephanie Meyer. Pero eso sí… la trama es totalmente de mi crazy imagination (?).

¡Gracias a mi querida Beta Darla Gilmore que sin ella, esta historia estaría muerta! Y gracias a Betas FanFiction por asignarmela.


Bella Traición

Capítulo 7:

Utopía

«Tu silencio es un reflejo de los sueños de Dalí»

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—A ver, pequeña cumpleañera, es hora de irse a la cama — sonreí mientras luchaba por arropar, con las sábanas de la cama, los brazos de Nessie, quien se negaba a dormir.

—Mami… — lloriqueó, negándose a darse por vencida.

—Vamos, Ness, tu mamá tiene razón. Hoy ha sido un día movido y debes descansar — le dijo Jacob, mirándola con devoción. Un poco más y ya me estaría babeando la cama y todo el piso de la habitación.

—¡Pero quiero despedirte, Jake! — chilló digna de una niña de su edad. Agradecía momentos como éste. A veces pensaba que Reneesme era muy madura para su tan corta edad, que me daba miedo. Crecía tan rápido.

Jacob simplemente negó con la cabeza y le dio un beso en la frente, tras brindarle una sonrisa.

—Que sueñes con los angelitos, mi niña.

—Te quiero, Jake, no lo olvides — susurró Nessie mientras sus ojos se cerraban poco a poco.

Dejamos a mi pequeña durmiendo y salimos cuando apagué la luz y cerré la habitación.

—Vamos afuera — dijo Jake sumamente serio —. Tú y yo debemos hablar.

Rodé mis ojos.

—Jacob…

—Ahora.

Suspiré dándome por vencida. Sabía que en estos momentos Jacob estaba tratando de controlar sus opiniones y no largarlas tan cerca de Nessie. Porque todo esto era por ella. Había notado el estado de ánimo de mi mejor amigo en el transcurso de todo el día. No le hacía gracias que estuviera cerca de Edward. Y lo pude comprobar cuando llegamos al porche, sus ojos mostraban molestia, reproche y miedo.

—Jake, yo…

—¿Qué estabas pensando, Bella? — me preguntó con voz ahogada sin dejar de mirarme —. Siendo sincero, estoy seguro de que no pensaste. ¿Cómo permites que se le acerque? ¿Has pensado lo que puede llegar a pensar si se entera? ¿Has pensado que puede quitártela?

—¡Jacob, estamos hablando de Edward! ¡Él nunca me haría eso! — lo frené —. Juro que lo pensé, estaba aterrorizada cada vez que estaba cerca.

—¿Y por qué volviste, Bella? ¡Dime por qué!

—Pensé que no estaba — chillé —. Edward debería estar en Inglaterra, no aquí. Le dejé el camino libre para no interponerme en sus sueños. Me enteré por Victoria que le habían aceptado y que se iba a ir. Me dijo que sería muy egoísta de mi parte si…

—¿Victoria? — me interrumpió, confundido.

—La ex novia de Edward — omití el detalle de que ahora no era la «ex». Nunca lo pregunté otra vez pero me daba cuenta. Habían vuelto.

—Ya lo sé. Pero, ¿le hiciste caso? — me preguntó incrédulo y no le contesté —. ¡Bella, no lo puedo creer!

Los ojos me comenzaron a escocer.

—Entiende, Jacob, era una niña asustada y estaba embarazada.

—Bells… — suspirando se acercó y me rodeó en sus brazos.

Me aferré a él por sus hombros y lloré contra su pecho. Jacob tenía razón pero… ya era tarde. Edward conoció a Reneesme y nada podía hacer. Solo esperar a que todo saliera bien y que me perdonara. Dejaría que el mismo tiempo marcara cuándo debía suceder todo y yo, como buena humana, le seguiría sus pasos. Solo deseaba que Nessie no sufriera, ella no tenía la culpa. La esperanza que tenía hoy temprano se hizo más chiquita, pero estaba ahí, reservada para el bien de mi hija. Ojalá Edward entendiera razones y que no juzgara. Como hacia Jacob, mi amigo, mi puerto seguro.

Estuve un rato más llorando hasta que sentí el dolor menguar. Odiaba que Jake me viera así. Me separé de sus brazos y lo miré con cariño.

—Gracias, Jake, gracias por preocuparte por mi y por Nessie — le agradecí de todo corazón.

—Siempre estaré — me sonrió y me dio un beso en la frente —. Solo cuida a Nessie, odiaría que sufra tanto.

—Lo sé, Jake — asentí y con mi mano derecha, comencé a acariciarle su mejilla —. La quieres…

—Más que a mi propia vida — afirmó en un suspiró —. Creo que es hora de irme, Billy comenzará a preocuparse.

—Mándale saludos — le dije y ambos sonreímos.

Nos abrazamos una vez más en forma de despedida.

—Adiós, Bells, cuídense — me pidió para luego ir hacia la moto que estacionó enfrente donde lo esperaba Seth.

—¡Adiós! — los despedí, luego hablaría con el pequeño Seth para darle consejos de cómo esquivar a Charlie.

Una vez que los perdí de vista, entré a la casa para prepararme para dormir. Hoy Charlie tenía servicio a la noche para cubrir el perdido de hoy a la tarde. Así que cerré bien todas las puertas y ventanas de la planta baja, y con cuidado subí las escaleras en la oscuridad. Al llegar a la habitación comprobé que Reneesme ya estaba dormida, por lo que me dispuse a seguirla. Una vez enfundada en mi remera andrajosa y unos pantaloncillos de franela, y de haber abierto la ventana hasta la mitad, me acosté al lado de mi princesita con el único pensamiento de que el fin de semana sería interesante. Las expectativas preocupaban, algunas.

Al día siguiente, no me costó nada levantar a Nessie de la cama. Estaba tan emocionada que ni siquiera se quejó cuando después de diez minutos en la ducha, le dije que saliera.

Comencé a preparar el desayuno, que solo en los fines de semana consistía en unos esponjosos panqueques con sirope, pan tostado con queso untable, leche chocolatada y jugo de naranja.

Nessie estaba sentada en una de las sillas de la cocina, mirándome cocinar los panqueques y moviendo sus piernas adelante y atrás aleatoriamente. Estaba impaciente y sonreía cada vez que la pillaba mirando hacia la puerta principal. Si no estuviera tan nerviosa por la expectativa de pasar todo un fin de semana junto a Edward, estaría asustada por la impaciencia de mi hija.

Ya casi estaba terminando cuando el timbre irrumpió el silencio de la casa y Reneesme chilló feliz, saltado de la silla.

—¡Edward! — gritó corriendo hacia la puerta.

Yo no la seguí, ¡no podía moverme! Mis manos me temblaban y mis piernas habían echado raíces en el suelo. Sentía el corazón palpitar tan rápido como después de haber corrido una maratón. Tenía miedo, nervios y ansiedad. ¿Cómo podía Edward seguir afectándome así después de cuatro años?

Tranquila Bella, respira despacio.

—¡Viniste, eres el mejor papito del mundo! — exclamó Nessie y escuché unos ruidos más.

La musical risa de Edward inundó el pasillo, llegando hasta donde estaba, calando mis huesos. Me agarré con fuerza del borde de la mesada.

—Te prometí venir, princesa.

—¡Oh, papito! — chilló Nessie.

Comencé a escuchar pasos pausados y otros rápidos. Respiré nuevamente unas dos veces y me mentalicé, me aferré a la pequeña esperanza que estaba en lo más profundo de mi alma. Además, se trataba de Edward. Él comprendería, tal vez… porque una hija no era una cosa de todos los días. O en el peor de los casos, se lo callaría frente Reneesme hasta que estuviésemos solos.

—¡Mami, mi papito ya vino! — exclamó la voz de Nessie.

Me giré sobre mis talones de una forma un poco brusca para encontrarme con una de las escenas que siempre soñé en mis noches y que pudo ser posible, si las cosas hubieran sido de forma diferente.

—Buenos días, Bella — me sonrió Edward desde el umbral con mi pequeña. Nuestra, me corregí, en brazos mientras ella le rodeaba el cuello con sus bracitos.

Luego de contemplar a Edward como en los viejos tiempos, nuestros ojos se conectaron y comencé a sentir el piso hecho de algodón, rodeados en nuestra burbuja personal. Sus verdosos ojos eran como imanes a los míos, creando un cable de conexión por donde la familiar corriente eléctrica zumbaba entre nosotros. Mi piel cosquillaba.

Lo que pareció una eternidad, fueron unos segundos de silencio y miradas que fue rotó por Nessie.

—¿A qué no es el mejor papito que alguien pudiera desear? — musitó con una sonrisa en los labios, muy parecida a la de Edward.

Ay, bebé, si supieras la verdad.

¡Concéntrate!

—Anda, Ness, no le subas el ego a tu papito y desayuna — les mofé a ambos con una sonrisa en mis labios.

Eso, aférrate a la única esperanza, Bella.

Edward rió entre dientes al igual que Reneesme y se me antojó increíblemente hermoso el sonido de ambos mesclados.

Mi adonis personal colocó a Nessie en su silla y se sentó a su lado, contemplándola sonriente. La mueca de su cara era absolutamente graciosa y hermosa al mismo tiempo. Sus ojos contemplaban a nuestra pequeña con amor paternal que inconscientemente estaba allí, aunque él no lo supiese.

—¿Edward, has desayunado? — le pregunté mientras preparaba mi plato.

Se escuchó el familiar sonido de su estomago gruñir y no pude evitar reír. Negando con la cabeza, tomé mi plato y el otro que ya estaba preparado, me giré y coloqué su plato frente a él y me senté en mi lugar.

Era como en los viejos tiempos, todos los fines de semana aparecía en el porche de casa sin desayunar.

Edward me sonrió y dijo:

—Hay cosas que jamás se olvidan.

Me le quedé mirando preguntándome si se refería a lo que yo creía y cuando me guiñó un ojo, me mordí el labio al ser descubierta. Él supo qué estaba pensando. Reí entre dientes.

El desayuno fue más de lo que imaginé. Tener a Edward con nosotras, le daba más vida a esta vieja casa. Me reía viendo interactuar a ambos en frente mío y debo decir que casi me atraganto cuando noté que algunas manías tanto de Edward como de Nessie coincidían: echar cuatro cucharadas de azúcar a la leche, comer la mitad del panqueque con sirope mientras la otra no, la tostada lo untaban con una exagerada cantidad de queso. Cuando se dieron cuenta de que los miraba raro, se fijaron en sus manías y rieron como si fuera lo más normal y gracioso del mundo.

Después de que terminaron de desayunar, desaparecieron de la cocina mientras yo me ocupaba de lavar los platos y dejar la mesa limpia. Y aprovecharía para prepararme mentalmente para este fin de semana.

Bien, Bella, tú puedes. Ya no hay vuelta atrás. Todo tiene solución. No tengas miedo.

Inspiré y exhalé varias veces hasta que me sentí con las fuerzas necesarias para hacer frente a lo que se avecinaba. Todo estaría bien.

Fue entonces que un sonido de llaves captó mi atención seguido del de la puerta ser abierta y cerrada.

—¡Abuelito! — chilló la voz de Nessie.

¡Oh, Dios, había olvidado a Charlie completamente!

Como una autómata, me dirigía hacia su encuentro. Lo vi sosteniendo a mi pequeña de la mano mientras veía con seriedad hacia el living. Y Edward apareció, nervioso, con las manos en los bolsillos de su jean. Podía sentir el tenso silencio entre nosotros incluso Reneesme, quién miraba con el entrecejo fruncido a Charlie y a Edward, cada tantos microsegundos.

—Hola, Charlie, buenos días — lo saludó Edward.

Mi padre lo observó en silencio un segundo para luego asentir con la cabeza. Sus ojos volaron hacia mí y pude ver preocupación en ellos. Contuve la respiración.

—Solo vine a buscar mis cosas e irme a La Push — habló en voz baja y palmeó suavemente el tope de la cabeza de Nessie.

Sin decir más nada, subió las escaleras y se perdió de vista.

Sentí una especie de vacío al darme cuenta que ese silencio tenso por parte de mi padre y su forma de mirarme, eran solo preocupación, decepción, angustia y miedo. Por mí y por Nessie. Por lo que podía llegar a pasar. Miré a Edward, quise disculparme en cierta forma por el momento raro e incómodo, pero no tuve el valor. Sin embargo, conociéndome como lo hace, vi en sus ojos su entendimiento.

—Nessie, volvamos a la sala. Recuerdo que me dijiste algo de tarea que no has hecho todavía — le habló y Reneesme, volvió toda su atención a él.

—Papi… — se quejó en voz baja, alargando la "i" y agarró su mano para volver al pequeño living.

Aproveché la situación y comencé a subir la escalera de dos en dos escalones y me dirigí al cuarto de Charlie. Sabía que tenía que hablar con él, se lo debía. Porque, cuando supo él por qué de mi huida años atrás, apoyó mi decisión en silencio a pesar de que mucho no le gustaba y, porque por encima de todo, él era mi papá. Entonces cuando me detuve en el umbral de la puerta de su habitación y lo vi preparando sus implementos de pescar, lo llamé:

—Papá.

Charlie se dio la vuelta momentáneamente para mirarme y siguió con sus cosas.

Esa acción fue como una bofetada para mi alma. Dentro de mí, comenzó a formarse una bola de sentimientos que me hacían sentir desesperada pero que controlaba en silencio. Odiaba sentirme así, porque podía darme cuenta de que estaba siendo consciente de que estaba llegando a mi limite y que la presión de la situación realmente me afectaba más de lo que quería admitir y reconocerlo a mí misma.

—Siento no habértelo dicho antes, pude haberte llamado a la comisaria y contártelo, pero…

Me detuve abruptamente cuando lo vi girarse nuevamente hacia mí y observarme.

—Bella, no ahora — dijo con voz firme —. Cuando vuelva hablaremos.

La garganta se me cerró y una sensación semejante al ahogo, me invadió. Estaba enojado, decepcionado. Me daba cuenta que se estaba conteniendo y mucho, pero Charlie era una de esas personas que pensaban antes de hablar. Y tenía mucho que pensar. Lo mismo había pasado cuando supo que estaba embarazada en Phoenix. Primero reaccionó como un padre lo haría cuando sabe de la situación de su hija, pero pude explicarle el por qué, sin revelar por completo la verdad. Mientras mi madre estaba al borde de la histeria, él pensó y luego hablamos. Pero siendo sincera, no podía mucho con los silencios de mi padre, eran peores que los de cualquier persona.

Parpadeé tratando de alejar las lágrimas de mis ojos y me obligué a respirar profundo para aliviar el nudo de mi garganta.

—Al menos, déjame ayudarte.

Él solo asintió y continuó con lo que estaba haciendo.

Nos separamos y nos sonreímos. En silencio, comencé a ayudarle a terminar de prepararse para irse para su fin de semana de pesca con Billy. Aunque no hubiera mucha comunicación, éramos un buen equipo. Padre e hija, como era antes y siempre fue. Cuando bajábamos por las escaleras, escuchábamos las voces de Edward y Nessie hablar. Estaban haciendo los deberes. Charlie los interrumpió un momento para despedirse y tras ayudarlo a guardar las cosas en el baúl de la patrulla, se fue.

Suspiré, contenta. Me sentía bien al saber que Charlie me apoyaba en cierta manera pero, al mismo tiempo, me cuidará.

Inspiré y exhalé varias veces. Debía tranquilizarme. Con un minuto sería suficiente.

Al entrar nuevamente a la casa, me detuve en la entrada de la sala viendo a Edward y Reneesme concentrados en los cuadernos de mi pequeña. Nuestra, me volví a corregir. Era de los dos, debería dejar de pensar que ella era solo mía.

—Nessie, debes pintar por dentro de los bordes, no puedes pasarte – reía Edward.

—Es que no me gusta pintar así – se quejó la pequeña —, es aburrido.

Me reí entre dientes. Reneesme tenía una forma muy propia de ver el mundo, siempre sorprendía a la gente que estaba a su alrededor. Eso la hacía más especial de lo que ya era. Al menos para mí.

Edward echó la cabeza hacia atrás y rió a carcajadas. A su lado, Nessie se mordía el labio sonriendo. Lo más seguro es que trataba de no reírse.

Estaba tan perdida viendo aquella hermosa y añorada escena que no me di cuenta que Edward había dejado de reír, mas no de sonreír, y me observa. Cuando vi sus verdes ojos, sentí mis rodillas temblar como gelatinas y por un momento, todo alrededor desapareció ante mis ojos… salvo él. Pude dar fe del calor en mis mejillas y la sonrisa agrandarse tanto que mis mejillas comenzaron a doler. Solo una mirada suya y el mundo parecía un lugar mejor, sin problemas. Reaccioné cuando me hizo una seña con su mano para que me acercara y así hice.

Y por primera vez, Edward y yo hicimos la tarea con Nessie. Nuestra hija.

Parte de la mañana se fue entre la tarea de Ness, sus risas al unisonó con las de su padre y jugando un rato a las escondidas en la casa. Para cuando se hicieron las doce, los dejé en el living viendo televisión y me dispuse a hacer el almuerzo. Vi que tenía lo justo y necesario para hacer albóndigas de pescado rellenas de queso con salsa de tomate. Con toda la locura del cumpleaños de Nessie, había olvidado por completo hacer las compras, así que tendría que ir hoy sí o sí, si no quería darles de comer sándwiches de aire con rebanadas de viento. Cuando estaba calentando la salsa y le colocaba pedazos cortados de cebollas, padre e hija se acercaron a la cocina siguiendo el aroma de la comida y comenzaron a preparar la mesa mientras terminaba de cocinar. El reloj dio la una del mediodía en el momento en que nos sentamos a comer.

—Dios, esto esta delicioso, Bella. Sin duda sigues cocinando excelente — gimió Edward mientras iba por su ya segundo plato.

No pude evitar sonrojarme.

—Gracias.

—Mami siempre cocina mejor, ¡todo el tiempo! – exclamó Reneesme con los labios sucios de salsa. Se veía tan adorable —. ¡Deberías probar sus pizzas!

—¡Nessie!

—¿Qué hice ahora, mami? — preguntó mirándome con inocencia.

Suspiré.

—¿Qué te he dicho sobre…?

Miré a ambos con los ojos entrecerrados. Los dos me miraban con caritas angelicales, pero se olvidaban que yo podía ver a través de esas expresiones inocentes. Sonreí y continué comiendo.

—De acuerdo, par de cómplices – les dije cuando terminé de tomar mi vaso de agua —, porque no se van por ahí mientras yo me encargo de limpiar aquí.

Comencé a recoger las cosas en silencio mientras pensaba en las compras, haciendo una lista mental de todo lo que necesitaba comprar. Dios, ¡todavía no podía creer que se me había pasado por completo algo tan importante como ir al supermercado! Debía estar más atenta a las cosas. Estaba enojada conmigo misma. Tan ensimismada en mis pensamientos estaba, que no noté como Edward y Nessie estaban sentados todavía mirándome haciendo pucheros.

Los miré curiosa.

—¿Qué?

—Mami nos esta echando, Nessie — susurró Edward con voz dolida pero en sus ojos había diversión.

—¿Qué? — pregunté incrédula.

—Nos acabas de echar, Bella. Eres muy mala…

—¡Mami no quiere estar con papi ni conmigo! — chilló Nessie igual de divertida que su padre.

Rodé los ojos mientras comenzaba a lavar los platos.

—Por favor, no digan tonterías. Los estaba echando de mi cocina, debo arreglar todo este desorden.

—Bien, Nessie, entonces a tu madre no le importará apurarse para ver una película con nosotros en la sala, ¿verdad? — Edward miró a nuestra pequeña con una sonrisa amorosa.

—No tendría por qué… — susurró ella y se tapó la boca, riendo.

Ambos se levantaron y salieron de la cocina muy tranquilos. Edward me gruñó un ojo antes de seguir a Reneesme. Reí.

Me apuré para dejar limpia y acomodada la cocina para unirme a ellos en la sala y ver la película, cualquiera que hayan elegido. Para ser una persona torpe por naturaleza, terminé sin lastimarme y sin romper o tirar nada en un tiempo record. Satisfecha por mí logro, caminé hacia dónde estaba Edward y Nessie y los encontré viendo los adelantos de otras películas.

—¿Qué veremos? — pregunté mientras me sentaba en un costado del sofá, dejando a mi pequeña bebé en el medio de mi ex novio y yo.

—¡Harry Potter y la piedra filolofal! — exclamó Reneesme emocionada.

—Es filosofal, Nessie — susurró Edward tratando de no reír.

Ness lo miró.

—¿Y yo qué dije?

—Filolofal.

—Oh… — musitó Nessie, frunciendo el ceño ante el hecho de que se confundió. Ella le gustaba ser una «nena grande» y por eso, no le gustaba cuando decía algo mal. Según ella, eso era de «nena chiquita».

Edward la observó, confundido. Evidentemente sabía que algo molestaba a Reneesme. Era hora de que yo interviniera.

—Tranquila, Ness — le dije haciendo que me mirase —. Ya aprenderás a decirlo bien.

El semblante de nuestra hija, cambió por completo. Ahora estaba contenta pero le dije que mejor veías la película y luego le contaríamos. Edward, sin que Nessie se diera cuenta, me miró agradecido y modulo con sus labios, en silencio, un «gracias». Yo le sonreí, sonrojada.

Pasamos las siguientes dos horas mirando al pequeño mago y sus aventuras en su primer año. Nessie estaba entretenida con la historia, no despegas sus ojos de la pantalla por nada del mundo. Yo también lo estaría, si no fuera por el hecho de que Edward estaba con nosotras y a veces miraba a Reneesme y otras veces a mí. Era increíble que sin tocarnos, pudiera sentir aquella vieja electricidad zumbando entre nosotros dos. Trataba de no despegar la mirada del televisor pero a veces fallaba para terminar siendo descubierta y sonrojada, volvía mi cara a la película. Pero lo que realmente, terminó por dejarme rendida ante el magnetismo de sus hermosos ojos fue cuando sin querer, al tratar de acariciar el cabello de Nessie, nuestros dedos se rosaron. Su mano atrapó la mía y no la soltó en el resto del tiempo que duró la condenada película. Solo estaban sus ojos y la electricidad corriendo a través de nuestra piel con más fuerza que antes. Las mariposas en mi estómago revoloteaban, incontrolables.

Fue un alivio cuando por la pantalla comenzaron a dar los créditos porque Nessie salió de su "trance" y empezó a hablar por lo cual salimos de nuestra burbuja personal. Me sorprendí al notar mi respiración irregular como si hubiera corrido una maratón. Eso me demostraba lo que era capaz de lograr Edward solo con su mirada. Hasta mis mejillas estaban rojas. Tan pronto me recompuse y apagamos el televisor, empecé a hacer el listado para el supermercado con ayuda de las dos razones de vivir. No nos tomó mucho tiempo, por lo cual pronto nos montamos en el Volvo de Edward y fuimos a hacer las compras.

Una vez en el supermercado, nada comparado a los enormes edificios que eran en Phoenix, tomamos un carrito y comenzamos a comprar. Bebidas, carnes, verduras, fruta, cereales, leche y algunas cosas más. Aunque juraría que había muchas más que no figuraban en la lista y los causantes eran aquellos dos seres que caminaban frente de mí. Edward empujaba el carro y el muy cabezota no me dejaba ayudarlo.

—¿Qué vamos a comer en la noche? — preguntó Nessie mirando la comida hecha que vendían lista para llevar, calentar en microondas y listo.

—Estaba pensando en hacer pizza — le contesté mientras veía los quesos cremosos que había.

—¡Oh, oh! Sí, pizza mami — saltaba Nessie contenta —. ¡Ya verás, papi, las pizza de mamá son las mejores!

—Bella… compra una pizza hecha. ¡No te pongas a cocinar esta noche! — dijo Edward.

Aparté la mirada de los quesos un momento y la posé sobre él.

—Edward, sabes lo que pienso de las pizzas que venden los supermercados — le susurré.

—Pero, Bella, no es necesario que te tomes tantas molestias…

Dejé de prestarle atención y me agaché a la altura de Nessie para susurrarle algo en el oído. Edward nos miraba con curiosidad y sospecha. Me puse de pie de nuevo y le sonreír arrogante al mismo tiempo que él comenzaba a negar con la cabeza, divertido. Reneesme se acercó a él y tiró de su pantalón suavemente para llamar su atención. Cuando su querido papi la escuchó y le preguntó qué quería, ella le preguntó:

—Papi, ¿acaso tu no quiere probar la pizza de mami? — Nessie solo necesito batir sus pestañas suavemente y hacer un pucherito muy tierno para ganarse a Edward.

¡Toma esa Cullen!, pensé para mis adentros saboreando el triunfo.

—No es que no quiera probar su comida pero… — quedó abruptamente en silencio, observándola y suspiró dándose por vencido —. Ya, dejaré que mamá haga pizza.

—¡Gracias, papito! — exclamó Nessie, dándole un beso en la mejilla.

Edward sonrió y se acercó a mi lado mientras volvía a correr el carrito para terminar con las compras. No me pasó desapercibida la mirada que me dedicó, prometiendo que se vengaría de esa jugada tan sucia. Reí quedito.

Cuando llegamos a la caja registradora, tuve una pequeña discusión con Edward sobre pagar las compras. Él, como el caballero que era, no podía permitir que gastase un centavo, pero yo no se lo permití alegando que él no tenía por qué pagar. De una u otra forma, logró que pagáramos a medias cada uno. Rechiné mis dientes al verlo sonreír tan victorioso pero me di cuenta que pude haber sido peor dejarlo pagar todo, así que me conforme con lo que ya estaba hecho.

Llegamos a casa y arreglamos toda la mercadería en su lugar. Luego Nessie tuvo la increíble idea de jugar al Twister. Renée se lo había regalado unos días antes de que viniéramos a Forks y cada vez que tenía la oportunidad, quería que jugáramos. Edward no se negó y aunque yo estuve reticente, ambos lograron convencerme con tan solo poner caritas tristes como Alice cuando me negaba a ir de compras con ella.

Y ahora me encontraba tratando de mantener el equilibrio sobre la malla, con un brazo de Edward por debajo de mi torso y a Nessie enfrente mío con una piernita frente mi cara, quien también trataba de mantener el equilibrio tanto como su pequeño cuerpo lo permitía. Aparte de ser mala en todo juego que requiera este tipo de elasticidad y no tener dos pies izquierdos, en éste, en particular, seguía sin entender del todo el rotatorio que marcaba que movimiento debía hacer. Para cada brazos y piernas, tenía cuatro colores y debía mover el indicado. ¡Maldito rotatorio dividido en cuatro!

—Bella, te toca brazo derecho amarillo — le dijo Edward desde su posición.

Maldita sea, pensé mientras trataba de aguantar todo mi peso en el brazo izquierdo y en las piernas para poder mover el brazo derecho. Al primer intento fallé, logrando que Nessie y Edward rieran, pero a la segunda logré moverme con cierta dificultad. Esto se estaba poniendo difícil.

—¡Mi turno! — exclamó emocionada Nessie y la aguja del rotatorio marcó pierna derecha verde.

Vi a mi pequeña moverse para atrás haciendo que su cuerpo se acercara a mi y deslizó por debajo de mí su pierna hasta el color indicado. El juego le venía a fabula a Reneesme, siendo chiquita podía moverse mucho mejor de lo que podíamos hacer Edward y yo.

Mi pequeña miró, confundida, todos los círculos de colores.

—No hagas trampa, pequeña — rió Edward.

Ella chasqueó la lengua y frunció el entrecejo. Movió su pierna derecha pero para un color incorrecto. Era normal, era pequeña y estaba aprendiendo los colores, las vocales, todo. Este juego ayudaba a Nessie aprender también, como decía Renée.

—Ness, eso no es verdad. Es rojo — dije, riendo entre dientes.

Reneesme se arrodilló y nos miró, enojada. Se cruzó de brazos.

—Entonces ¿cuál es el verde? — preguntó, refunfuñada.

—El circulo detrás de la mano de tu mamá — le indicó Edward y se lo señaló.

Nuestra pequeña volvió a su posición y con cuidado, movió su pie. Pero terminó pisando mi mano. Ella se dio cuenta y se rió.

—¡Mami, mueve tu mano! — exclamó entre risas.

—Es hacer trampa, bebé — reí, pero hice lo que me dijo y puso su pie en el círculo correcto.

—Eso no se vale, Bella, la estas ayudando a hacer trampa — Edward trató de sonar ofendido.

Nessie reí ay creí que en cualquier momento perdía el equilibrio de nuevo.

—Cállate Edward y juega — lo regañé.

Hablando del rey de Roma, él hizo girar el rotatorio hasta que la flecha indicó brazo izquierdo verde y por el rabillo del ojo lo vi sonreír mientras me echaba un vistazo rápido. Lo vi en sus ojos. Era hora de la venganza por la discusión de la pizza en el supermercado. Haciendo gala de su agilidad, pasó un brazo por arriba y la coloco en la fila de círculos verdes debajo de mí. Lo hubiera mirado con reproche sino estuviera impactado por sentir su peso sobre mí, leve, pero lo sentía.

—Bella, te toca — susurró Edward con clara diversión en su tono de voz.

No me había dado cuenta de que había dejado de respirar, así que me recompuse rápidamente para no darle más gusto del que ya le había dado por mi reacción ante su cercanía. Volví a girar la flecha haciendo que el rotatorio me indicara pierna derecha rojo y con decisión moví mi pierna para pasarla por entremedio de las de Edward y alcanzar el círculo de color asignado. Y de paso, darle una cucharada de su propia medicina.

Y lo logré. Se quedó estático como una piedra y vi la tensión en su mandíbula.

Pero no duró mucho nuestra pequeña guerra silenciosa. Nessie se había movido tan rápido que me tomó por sorpresa y perdí el equilibrio, llevando conmigo al piso a Edward.

—¡Gané! ¡Gané! – gritó Reneesme mientras se paraba y comenzaba a saltar.

Sonreí mientras trataba ponerme en pie pero era un poco difícil al tener las piernas enredadas con las de Edward que trataba de no reír por la tonta caída. Me miró cuando notó que lo observaba y comenzó a reírse al instante. Yo le seguí enseguida. Y nuestra pequeña nos miraba curiosa, pero no preguntó nada.

Luego del ataque de risa, me puse de pie para comenzar a hacer la masa para pizza. Edward y Nessie quisieron ayudar pero se los negué porque sabía cómo terminaría eso. Ya había vivido esa situación con Edward dos veces en el pasado y con Reneesme una vez. No quería que la cocina se transformara en un campo de guerra de comida, así que los despaché a guardar el Twister.

Más de media hora no me llevó hacer la pizza. Solo con salsa de tomate queso y dos porciones con fetas de jamón cocido para Nessie. Una vez cortadas las porciones, las coloque en platos y me encaminé hacia la sala donde íbamos a comer. La cena pasó entre risas, chistes, hablando de cosas nada serias y halagos hacia mí por la comida. El ambiente era relajado haciéndome sentir cómoda y ligera por primera vez desde que había llegado a Forks.

Para cuando eran las diez de la noche, Nessie estaba dormida en mi regazo y con ayuda de Edward la subí arriba para acostarla en la cama sin despertarla tras ponerle el pijama. Una vez hecha la tarea de acostar a nuestra hija, bajamos y limpiamos los platos y dejamos en condiciones la sala.

—¿Por qué no vamos al porche a tomar un poco de aire? — preguntó Edward mientras secaba el último vaso y me lo daba para que lo guardará.

—Claro.

Salimos en silencio afuera y nos sentamos en los escalones del porche. La noche estaba fresca pero no tanto llegando a ser fría. Una de las cosas que me gustaban de Forks eran las noches tranquilas y el cielo estrellado que se podía ver en toda su extensión. Giré mi rostro hacia Edward y lo vi mirando las estrellas, sonriendo. Esa sonrisa que iluminaba todo para mí.

—Gracias por venir, Edward – susurré y él me miró —. A Nessie le ha hecho mucha ilusión que estés aquí.

—No tienes por qué agradecer. No es molestia — dijo encogiéndose de hombros —. Me gusta estar con Reneesme. No me preguntes el por qué, simplemente lo siento así.

Me sentí triste y feliz al mismo tiempo. Edward estaba aquí porque él quería, porque le gustaba. En cierta forma, reconocía que había algo que lo atraía a Nessie pero no sabía la razón. Eso me hizo sentir triste porque él no sabía la verdad. Y porque no me mencionó a mí, pero tampoco debía esperar que yo siguiese siendo una parte importante de él, yo le había hecho daño en el pasado. Sonreí con tristeza.

Mientras Nessie no resultase herida en todo este embrollo que había causado yo y mis decisiones…

—Edward, ¿qué pasó con la beca en Londres? — pregunté antes de pensar. Quise patearme el trasero con todas mis fuerzas.

Sus ojos se ensombrecieron y miró de nuevo el cielo. De pronto el silencio entre nosotros era un poco denso. Y no me gustó nada. Miré mis pies agachando la cabeza.

—Yo… lo dejé — contestó tras un largo silencio.

Levanté la cabeza para mirarlo nuevamente pero esta vez con asombro. ¿Qué? ¡Pero si ese siempre fue su sueño!

—Edward… — quise decirle algo pero me interrumpió.

—No me malinterpretes. Fui, me gustó, aunque en un principio me había rehusado en dejar Forks. Pero no era la mismo sin mi familia, sin las personas que quería — me miró serio —. No podía despegarme de los recuerdos que tenía en este pueblo, tantos buenos momentos, tantas personas que me hacían bien…

Guardé silencio ante sus palabras. Las medite un momento antes de hablar. No quería hacerle daño con los recuerdos. Su mirada me tenía atrapada, todo era del color de sus ojos. Traté de descifrar lo que ocultaba su mirada pero tan perdida, tan absorta estaba bajo el magnetismo de sus ojos que un escalofrió me recorrió toda la espalda.

—¿Tienes frío? — preguntó con cariño, aunque realmente no fue una pregunta porque me rodeó con uno de sus brazos y me acercó a su costado. Automáticamente apoyé la cabeza en su hombro y cerré los ojos, suspirando.

—Gracias.

No contestó y no vi su rostro por la posición de mí cabeza. Volvimos a quedar en silencio pero esta vez cómodo.

—¿En un principio no quisiste ir? — la curiosidad me pudo y nuevamente pregunté antes de pensar.

Esta vez, moví levemente la cabeza para poder mirarlo. Él me observaba con una sonrisa.

—Bella…

La forma en que me miraba, la forma en que sus ojos parecían brillar con la luz del porche… era más de lo que mi alma podía soportar.

Me sonrojé y bajé la mirada nuevamente. Me latía el corazón muy rápido.

—Estoy contento de que hayas vuelto Bella — susurró y me acercó más a él —. Te extrañé.

Me dio vergüenza, como la primera vez que nos besamos. Las mejillas me ardían y las mariposas de mi estómago están absolutamente inquietas. Me aferré a su pullover y escondí mi rostro en su pecho.

—Yo también…


Lo sé, lo sé. Tardé mucho pero es que la inspiración no sirve si hay pereza. Y agregándole que estuve rindiendo el año pasado…

Bueno, creo que debo aclarar que este capítulo y los dos próximos que vienen son como… lo previo al clímax de esta historia. Así que disfruten la tranquilidad *risas*

¡Gracias a todas las lectoras por leer!

Por cierto, para las lectoras de «Orgasmia», muy posiblemente la semana que viene este publicado. Aún debo terminar de pedir permiso para usar ciertas cosas…

Nos leemos pronto.