-¡Es fabuloso!-exclamó emocionada admirando los movimientos previamente precisados del par de artistas marciales que combatían en el escenario, y eran el centro visual de todos los espectadores presentes que únicamente alababan a un solo personaje.

"Ranma, Ranma, Ranma…"- repetían a coro, algunas con carteles con mensajes insinuantes y otros lucían camisetas con el rostro del artista marcial en el centro.

-Ese tal Ranma Saotome es muy bueno- comentó con indiferencia. En un momento el golpe impactó de lleno en el rostro del otro personaje y exclamó- ¡O bien ese tal Himako Tsugi es demasiado malo!- colocó ambas manos en torno a su boca y gritó- ¡Buuuuuu!

-Me alegra que te haya gustado el evento al cuál tuve el agrado de invitarte, querida esposa, pero me temo que éstas reacciones tuyas llaman demasiado la atención ¿No podrías ser un poco menos escandalosa, cariño?- sonrió Kuno sintiéndose ligeramente incómodo y avergonzado.

-Ya no estamos en casa, ni hay gente conocida cerca, Kuno. No tienes por qué tratarme de esta manera- contestó joven frunciendo el ceño- Sabes que nuestro compromiso fue arreglado, sé que tú no sientes nada por mí ni yo por ti, así que por favor dejemos el teatrito y tu papel de buen esposo, que no te queda… 'cariño'- dijo pronunciando la última palabra con burla.

-Tú no sientes nada por mí, pero yo sí- fue la respuesta del adinerado hombre- Estamos sentados en primera fila, al menos puedes respetar este asiento de prestigio, ¡No tienes idea de lo costoso que fue!

-No me importa las comodidades que otorgues, no me interesa cuánto dinero has gastado. Sabes que tus millones no podrán comprar mi amor, así que deja de gastar dinero innecesario- contestó seria, volviendo su vista al evento.

-Tengo la oportunidad de malgastar cuántos se me dé la gana. Akane, ésta es gente adinerada, de clase, todas las personas sentadas en esta fila lo son. Soy reconocido internacionalmente por mis enormes sumas de dinero, por eso te pido que te comportes- dijo guardando la compostura para no acabar gritándole a la mujer que con suma sencillez lo sacaba de sus casillas.

Akane no contestó y se limitó a continuar observando el interesante evento, sintiéndose molesta, pues ese hombre con el que se había casado por compromiso, disfrutaba refregándole en la cara el dinero que poseía y que al unir sagradamente sus vidas, también le correspondía ella. Por eso, siempre se esmeraba en gastar lo menos posible, Kuno era una de las pocas personas que se había ganado su desprecio que bien ocultaba debajo de aquella faceta de buena esposa que había creado por su padre.

-¡Y el ganador predilecto de las féminas presentes, el luchador al que muchos admiran, el invicto, RANMA SAOTOMEEEEE!

Todos y todas se pusieron de pie alabando al, nuevamente, ganador de la batalla. Aplaudiendo, alabando y lanzando frases insinuantes al triunfador que sonreía con arrogancia, recibiendo su copa.

-Pobre…- musitó Akane contemplando a quién había sido su contrincante, estaba tendido en el piso, visible y duramente lastimado siendo acudido por los paramédicos.

-Igual que siempre. Sin ninguna sorpresa, siempre gana ese Saotome- comentó Kuno, inyectando desprecio en sus palabras a la vez que aplaudía por deber.

-¿No lo admiras como todos?- preguntó Akane, mirándolo sorprendida- Todos lo hacen, de hecho creí que era la única en el mundo que no alaba a ese hombre.

-Pues, te equivocas, querida, yo tampoco lo hago…

Akane volvió a mirar al frente y al hacerlo descubrió un maravilloso par de ojos grisáceos que la contemplaban desde el centro del escenario. No pudo evitar sentirse cohibida por lo que la desvió segundos más tarde y la dirigió al hombre de expresión seria a su lado.

-¿Vámonos, Kuno?- preguntó a su esposo.

-Sí, ya terminó- sonrió aliviado.

La muchedumbre salía lentamente, pegados unos a otros y entre ellos una dulce mujer de apariencia adolescente que mascullaba por lo bajo su falta de reacción, tal vez si hubiesen salido antes imaginándose todo le costaría dejar el lugar no se encontrarían en el estado en que ella y su esposo se encontraban.

-Por esto detesto esta clase de eventos- le decía al hombre que la cogía de la mano.

-Todo tiene su lado malo, querida.

-¡Miren es Ranma Saotome y en su limosina está dando autógrafos!- gritó una voz femenina y de repente, a partir de ese anuncio, todo comenzó a circular más rápido. Los de atrás apuraban a los de más adelante, y en un momento dado las manos de Akane y Kuno se soltaron.

Demasiada gente y alboroto.

De pronto todo comenzó a dar vueltas para ella, tras recuperarse intentó encontrar a su esposo perdido, pero resultaba imposible. Ni siquiera en los conciertos que ella había asistido la conmoción era así.

-¡Kuno!- gritó.

-Disculpe dama, pero obstruye el paso de mis admiradoras- oyó una voz a su espalda, la misma que había oído tantas veces en reportajes y entrevistas en televisión.

Volteó encontrándose cara a cara con el ídolo de tantas personas. Ahí, sentado en la parte trasera de la limosina, con la ventana completamente abierta en dónde seguramente ofrecía los autógrafos y uno que otro beso con alguna admiradora. Se dio cuenta, avergonzada, que desde hace un buen rato le había estado dando la espalda y parte de su trasero en el rostro de aquel codiciado hombre, puesto que la limosina no era demasiado alta, lo cuál lamentó. Volteó a mirar hacia atrás y comprendió por los rostros furibundos de las personas, mayoritariamente, mujeres, que les estaba imposibilitando el acceso a su campeón ¿Tan concentrada estaba en la búsqueda visual de Kuno que había perdido consciencia de lo que ocurría a su alrededor?

Volvió por segunda vez sus ojos al bello rostro del hombre que la observaba con suma diversión, impresa en sus pupilas y en su sonrisa.

-L… Lo siento- se disculpó sonrojándose, pidiendo como en tantas otras ocasiones que la tierra la tragase, pero por lo visto ésta no la quería lo suficiente para concederle el pedido, por lo que dio media vuelta dispuesta a alejarse de la dichosa limosina y toda la gente que la rodeaba cuando una fuerte mano masculina atrapó su brazo, deteniéndola.

-Espere- le oyó decir.

Cerró con fuerza sus ojos, maldiciendo su lentitud y volteó a verlo con una incómoda sonrisa.

-¿Sí?

-¿Cuál es su nombre?- preguntó mirándola fijamente denotando el interés que la joven había producido en él desde que la vio sentada en las butacas.

-Yo…

Las admiradoras se encargaron de romper el agarre, exigiendo un beso y un autógrafo por parte de su ídolo.

Ranma les sonrió incómodo al ver cómo la fémina se marchaba lentamente debido a la multitud. Abrió la puerta causando un agudo grito entre las mujeres al tener la posibilidad tener un contacto más físico y cercano con el personaje.

-¿Qué hace, señor Saotome?- oyó preguntar a su chofer.

-No es asunto suyo…- contestó con arrogancia, antes de desplazarse, ignorando los autógrafos, las frases insinuantes, empujando y haciéndose camino entre la multitud que apenas le dejaba respirar, eso sumado al alboroto auditivo que estaba comenzando a afectarle.

Sonrió al localizarla al igual que él, intentando desplazarse para salir cuanto antes de ahí. Comprendió la aflicción que podía leerse en las facciones de la mujer.

Dio un salto, sólo uno, demostrando una vez más su agilidad y rapidez, y se plantó fácilmente delante de la mujer que se escabulló minutos antes intentando inútilmente perderse de su campo visual.

-Señorita, no responder a las preguntas es de mala educación- sonrió disfrutando de la sorpresa que la fémina le expresaba.

De pronto toda la atención comenzó a centrarse en la pareja. Una mujer gritando cómo loca le exigía un autógrafo cómo tantas, provocando que establecer una conversación ahí se hiciese todo un reto para ambos.

-Este no es el sitio- murmuró tomando a la mujer en brazos que soltó un agudo grito ante su inesperada acción.

-¡Suélteme!- oyó claramente salir de sus labios.

-Aún no- sonrió con galantería, y comenzó a saltar sobre las cabezas de los presentes que observaban expectantes, mientras los periodistas fotografiaban la escena.

-¡¿A dónde me lleva? ¡Está usted loco!- gritó la mujer afirmándose firmemente del cuello del apuesto hombre que la cargaba, cada salto para ella era más alto que el anterior.

Cerró con fuerza los ojos, evitando ver algo que la haga asustarse más que el simple hecho de saber que su destino se encontraba en las manos de un famoso artista marcial.

Tras unos pocos segundos, volvió a oír aquella voz que le hablaba desde muy cerca… Abrió los ojos y lo primero que vio fue el rostro del joven contemplándola con una sonrisa de medio lado endemoniadamente sexy, mirándola fijamente a los ojos como queriendo desnudar su alma y descubrió que la observaba de la misma manera con la que lo hacía desde el escenario.

-¿En dónde me vino a dejar?- preguntó bruscamente soltándose del agarre, dejando a un lado las emociones causadas por los gestos que aquel hombre le entregaba y sintiendo bajo sus pies el preciado suelo que le habían arrebatado.

Miró a su alrededor y descubrió que se trataba del… ¿Baño? Sí, era el baño de damas del evento.

-No quería ir demasiado lejos. Me doy cuenta de que no era tan… Livianita... Como se le veía- sonrió contemplando su confusión.

-¡¿Cómo dijo?- gritó la mujer volteando a mirarlo, molesta y ofendida- ¡Y usted es un secuestrador! ¿Sabe que puedo demandarlo por esto?- descubrió para su pesar, una nueva sonrisa divertida en el rostro de aquel hombre, que reaccionando rápidamente, la tomó de los brazos y la pegó a la pared suavemente, pero el que sea así no lo hace menos rápido, por lo que apenas se dio cuenta ya estaba en acorralada por el famoso artista marcial, un lugar que a muchas le gustaría estar.

-Adelante, hágalo si quiere, no le temo a la cárcel- sonrió mirándola fijamente como queriendo indagar entre sus pensamientos, colocó sus manos a cada lado de la cabeza de ella, sin despegar la vista de su rostro y sin permitir que ningún mínimo gesto por parte de ella pasase desapercibido para sus ojos.

-¿Qué hace? ¿Por qué me trajo hasta aquí y me tiene de esta forma?- cuestionó mirándolo molesta y agregó- ¡No soy como sus tontas admiradoras que estarían encantadas de ser acorraladas por usted, así que si no me suelta ahora…!

-¿Qué?- la interrumpió, retándola con la mirada- ¿Qué me va a hacer?

-Sabrá entonces que no sólo los hombres pueden ser estupendos peleadores- sonrió confiada.

Ella también había recibido cuando pequeña clases de artes marciales con su padre y si ese atrevido hombre se intentaba aprovechar de ella, no dudaría en hacerle saber sus habilidades.

-¿A si?- sonrió encantado al oír la última frase que esperaba oír- ¿Usted me lo demostrará?

Akane desvió la mirada tragando dificultosamente, la presencia tan cercana del hombre la abrumaba y se dio cuenta, para su desgracia, que la seguridad que tenía en un inicio fue decayendo poco a poco hasta llegar a nada. Volvió a mirarlo nuevamente y vio que aún portaba aquella inquietante sonrisa.

-- dijo simplemente, sin estar de todo segura de su respuesta.

-Señorita, he de admitir que admiro su valentía al retarme de esta forma- comenzó a decir sonriendo ampliamente- Pero yo no peleo con mujeres y mucho menos con féminas como usted.

-¿Cómo yo?- frunció el ceño, hablando débilmente, sintiéndose intimidada debido a la gravedad y la fluidez con la que el hombre se expresaba con ella.

-Sí, como usted. Dejémonos ya de rodeos señorita, y respóndame la pregunta que le hice hace un rato.

-¡Le diré mi nombre si me deja salir de aquí!- exclamó reuniendo el valor nuevamente, intentando escapar del artista marcial quién la sujetó con fuerza de los brazos nuevamente.

-¡No la dejaré! ¡Antes tenemos que llegar a un acuerdo!- fueron las palabras dichas con impotencia y sin cortesía alguna.

Akane sintió miedo… Por primera vez sintió miedo de alguien, aquellos ojos azules clavándose furiosamente sobre ella conseguían desestabilizarla.

-¿D… De qué está hablándome?- preguntó denotando nerviosismo y temor en su voz.

-Nada malo- contestó tranquilizándose- Necesito que me ayude y usted es perfecta para hacerlo- sonrió sintiéndose conmovido por el miedo que percibió en la joven.

-¿El gran Ranma Saotome, el capeón, el ídolo, el invicto, necesita ayuda?- sonrió juguetonamente con un cierto toque de burla en su traviesa mirada.

Ranma adoró aquella nueva faceta de ella, su sonrisa cargada de travesura y su mirada que escondía misteriosas intenciones.

-Si la suelto, ¿Me promete no marcharse?- cuestionó suavemente.

Akane lo quedó mirando durante unos segundos más, con desconfianza.

-Por favor…-insistió él.

-Está bien- contestó insegura, con la desconfianza brillando en sus hermosos ojos castaños.

Ranma complacido por la respuesta, la fue soltando poco a poco y al ver que ella no hacía nada por marcharse, más tranquilo la soltó del todo.

-Sinceramente creí que se iría- confesó, con una satisfecha sonrisa.

-Yo siempre cumplo mis promesas- confirmó la joven, mirándolo algo ofendida por su falta de confianza, ganándose una sonrisa divertida por parte de él.

-Verá, estoy cansado de que mis fans intenten algo más conmigo, no sé si me entiende…- sonrió de medio lado y ella frunció el ceño.

-¿A dónde nos lleva todo esto?- preguntó con inocencia, increíblemente estaba empezando a disfrutar de su compañía muy a diferencia de escasos minutos atrás.

-Mi manager, entre otros cercanos, me aconsejaron que fingiera tener un amante, de esa manera ellas no me perseguirían con la misma insistencia con la que lo hacen- sonrió confiado de que obtendría la respuesta que quería.

-¿Y usted quiere que yo…?- su rostro empalideció súbitamente.

-Así es, quiero que finja ser mi amante y compartirá todos los privilegios que serlo le otorga- sonrió inquieto, con sus ojos clavados en los de ella en espera de una respuesta favorable.

Continuará…