El Guardián Oscuro

Epílogo

Kagome e Inuyasha se encontraban en una pequeña cabaña escondida en los Montes Cárpatos, estaban discutiendo, sin embargo, su acalorado dialogo se vio interrumpido al sentir la llegada de un ser muy poderoso.

Habían ido ahí a la tierra natal de Inuyasha, porque Raven la compañera de vida del príncipe de su raza Mikhail, había decidido reunir a su pueblo en una celebración de navidad. Ella al igual que Kagome había sido una humana con poderes fuera de lo común y quería tener una reunión y que mejor pretexto que la Navidad.

Al sentir la presencia de un extraño Kagome se transformó en niebla, sin darle la oportunidad a Inuyasha de detenerla.

Mikhail se acercaba a la cabaña, Inuyasha apareció frente a él. Hasta el propio príncipe, un carpatiano poderoso, se sintió impresionado.

Es bueno verte después de tanto tiempo Inuyasha - se abrazaron, tenía mucho, mucho tiempo que no se veían.

Vengo a darles la bienvenida a nombre de Raven, quien se encuentra muy ocupada con los preparativos - hizo una pausa – Inuyasha, ¿podrías decirle a tu compañera que deje de apuntarme.

No le gustará para nada que la hayas descubierto… ¿sabes?, es policía y sus habilidades se han incrementado con la transformación. Estará muy enojada.

En realidad no tengo la más remota idea de donde se encuentra. Sólo siento que está cerca y apuntándome con un arma. Conozco su fama de no querer quedarse en casa, donde pertenece.

Por encima de su cabeza, la forma de Kagome apareció descendiendo poco a poco, con el arma en sus manos, apuntando directamente al corazón del visitante.

Inuyasha se acercó e hizo que Kagome bajara el arma.

No puedes amenazar al príncipe. Eso no se hace – dijo reprimiendo una sonrisa, le encantaba verla enojada.

Sólo iba a disparar si seguía con la idea de que las mujeres debemos quedarnos en casa esperando al héroe.

Bueno, por lo menos aceptas que soy tu héroe – contestó sonriendo y abrazándola fuertemente.

La respuesta que obtuvo de Kagome fue gélida mirada.

Bueno – interrumpió Mikhail – sólo vengo a darles la bienvenida y a saber si se encuentran bien, hace un rato escuche un ruido muy fuerte en esta zona.

Estamos bien Mikhail y por favor dile a Raven que agradecemos su invitación – contestó tratando de cambiar el tema.

Muy bien, los esperamos dentro de 2 horas en la posada. Iré a ver a los otros invitados. Nos vemos en un rato – desapareció muy rápido dejando una estela de poder en el lugar en el que había estado.

Inuyasha no pudo reaccionar a tiempo, Kagome había deshecho su abrazo y caminaba en dirección al bosque. La discusión que tenían antes de que Mikhail llegara iba a reanudarse.

Regresa inmediatamente, Kagome.

La única respuesta que recibió antes de volver su atención completamente hacia ella, fue una bola de nieve directa en el rostro.

¡Tú y tus tontas ordenes, cuando vas a entender que no me gusta que me hables como si fuera tu súbdito! ¡Te burlaste de mí! El hecho de que haya hecho estallar el horno no significa que no sepa cocinar como lo has dicho…, - la aventó otra bola de nieve que no llegó a su destino, Inuyasha estaba preparado - ¡Retira lo dicho!

Kagome, no sabes cocinar… debes aceptarlo. ¡Además a quien le importa! Te aseguro que a mí no… el problema es que ahora hay un boquete enorme en la cabaña, afortunadamente Mikhail no vio la condición en la que se encuentra el lugar que nos prestó para quedarnos. Así que será mejor que te quedes junto a mí, donde pueda vigilarte.

No entiendes que el horno no estaba funcionando bien y por lo tanto lo arregle…

Pues ahora yo no diría que ya está arreglado.

Pues yo no tuve nada que ver, hubo una especie de corto circuito o algo así… no puedes echarme la culpa de eso también.

De acuerdo, tu no fuiste le responsable pero eso no quita el hecho de que no sabes cocinar, no se para que Raven envió un mensaje de que debíamos llevar parte de la cena de esta noche. Nosotros no cenamos.

Sabes que lo hizo por los humanos que compartirán con nosotros la celebración – en ese momento su enojo aumentaba y aprovechando sus habilidades lanzó contra Inuyasha cuatro bolas de nieve que no llegaron a tocarlo, mientras reanudaba su caminata hacia el bosque, muy enfadada.

Ven aquí Kagome, por favor – vio que Kagome no pretendía hacerle caso por lo que cambió de táctica. Hizo algunos movimientos con las manos preparando alrededor de 20 bolas de nieve empezando a lanzarlas hacia ella y aprovechar su distracción empezando a correr para retenerla.

Al percatarse del "ataque", Kagome decidió cambiar de forma y transformarse en un leopardo de las nieves tratando de huir.

¡¡Pero qué haces!! – le gritó, pero ante la falta de respuesta de su compañera decidió tomar la misma forma para alcanzarla. El leopardo macho era considerablemente más grande que la hembra y rápidamente le dio alcance, deteniéndola con su cuerpo.

No entendía su comportamiento, Kagome lo amenazó mostrando sus colmillos, pero a Inuyasha le pareció que en realidad su estado de ánimo estaba por los suelos, incluso estaba llorando.

¿Qué pasa, Kagome? Esto no es por la explosión del horno, dime que te molesta. Sabes que no soporto ver te sufrir.

Kagome empezó a cambiar y adquirió su forma humana seguida de Inuyasha, quien la mantuvo abrazada, se sentaron a la orilla de un árbol.

No sé, no sé qué me pasa. Pero quiero llorar todo el tiempo, por cualquier cosa.

Él la atrajo más a su cuerpo regulando su temperatura.

¿Desde cuándo pasa esto? ¿Por qué no me lo habías dicho?

No importa Inuyasha, supongo que me siento abrumada por la reunión, nunca he estado rodeada de tanta gente, es decir, mi trabajo era una cosa pero aquí es otra. Son tantas personas que no sé, a nivel de relaciones personales, tú lo sabes bien, no soy muy buena. Tal vez sólo sean los nervios.

Inuyasha acarició su rostro y encontró lágrimas. El corazón le dio un vuelco, no le gustaba verla así, era demasiado raro verla tan vulnerable. Ni siquiera cuando era atormentada por Náraku, había demostrado sentirse como lo hacía en esos momentos.

Voy a revisarte Kagome, tal vez se trate de algún efecto de la transformación.

Tal vez, últimamente no me he sentido bien. Me siento cansada.

Debiste decirme como te sentías.

No quería preocuparte, seguramente es algo sin importancia.

Tú eres mi prioridad Kagome. Siempre. Estoy consciente que adaptarte a nuestro estilo de vida ha sido difícil. Pensé que querías venir, no me imagine que te sentirías nerviosa por una reunión.

Es que si quería venir, pero ahora, no lo sé – sus ojos se llenaron de lágrimas.

No llores por favor, prefiero que te enfades conmigo a verte llorar – le dijo besándola tiernamente.

Kagome trató de mostrar una sonrisa pero no pudo enseñarla mucho tiempo. Sabía que ése no era un comportamiento lógico en ella, no era normal que se mostrara tan sentimental ante las cosas y que quisiera llorar por todo. Era como si quisiera ocultarse de todos a excepción de Inuyasha.

Inuyasha tomó con su dedo una lágrima y se la llevó a la boca, a Kagome le pareció un gesto tierno y sexy, sintió emoción en su estómago.

Deja que te examine, sólo quiero asegurarme que todo está en orden.

De acuerdo, no me gusta verte preocupado.

Su espíritu se separó de su cuerpo, Inuyasha entró en el cuerpo de Kagome, una sensación de calor empezaba a recorrerla. No había prisa, se ocupo de revisar su sangre, su corazón, sus pulmones; todo estaba en perfectas condiciones.

Se dirigió más abajo… por primera vez en su vida su concentración desapareció y regresó de manera abrupta a su cuerpo. Estaba sudando y el ritmo de su corazón estaba muy acelerado. Se le quedó viendo fijamente, Kagome nunca lo había visto así.

¿Qué pasa? ¿Qué está mal? – Kagome se estaba asustando.

No…. No. Nada va mal. De hecho todo está muy bien – hizo una pausa tratando de recuperar el ritmo tranquilo en su respiración. ¿Qué sabes de bebés?

¡¡¿Bebés?!! Nada, y quiero seguir así… - Kagome se había retirado del abrazo de Inuyasha. Estaba muy tensa.

Hace muchos años que no tengo contacto con un bebé – llegó el recuerdo de su hermano Sota cuando era pequeño.

Nuestras mujeres saben siempre cuando pueden quedar embarazadas…

¡¡¡¿Qué?!!!

No sé… supongo que debí darme cuenta…

Pero…. Pero… ¿no se supone que tú tienes el control de todo?... tú lo controlas todo… como no te diste cuenta…

No preste atención.

¡¡¡¿Cómo que no prestaste atención?!!! Puedes controlar los elementos de la naturaleza, transformarte… ¡¡¿cómo que no prestaste atención?!!

Inuyasha suspiró y atrajo a Kagome a sus brazos apretándola contra su pecho.

He vivido muchos siglos, Kagome. Nunca he pensado… en ningún momento pensé en bebés. Cuando te encontré no me puse a pensar en otra cosa que no fuera el milagro que representabas para mí y, francamente en lo único que pensé fue en checar ciclos reproductivos.

Yo tampoco pensé en eso, creo que debemos tener cuidado – dijo tratando de controlar todos los sentimientos que amenazaban con abrumarla.

Creo que es un poco tarde para eso.

Kagome no entendía, no quería entender…

¿A qué te refieres?

Estas embarazada de nuestro hijo.

Kagome se puso de pié. Estaba caminando de un lado a otro.

Inuyasha, esto no tiene gracia… nada de bebés… Inuyasha tu nunca dijiste que querías tener hijos…

Nunca bromearía con algo así. Estas embarazada, lo vi en tu cuerpo acurrucado, sano y salvo.

Debes estar equivocado… no puedo ser mamá, nunca he pensado… nunca he imaginado que yo podría ser madre.

Debo aceptar que esto también me sorprendió, ahora que estoy seguro de su existencia puedo escuchar el latido de su corazón, fuerte. Si tú pones atención también podrás hacerlo, estarás consciente de su presencia en tu cuerpo.

Pero…

Inuyasha se levantó y la abrazó nuevamente.

Escucha, esto explica tus cambios de humor, las lágrimas… puedes comprobarlo tú misma.

Estas equivocado – Kagome necesitaba que estuviera equivocado, decidió comprobarlo por sí misma. Se concentró convirtiéndose en luz y se dirigió a su propio organismo.

Ahí estaba, una nueva vida. Un pequeño corazón latiendo. Una parte de ella y de Inuyasha.

Retomó su cuerpo, sentía como Inuyasha continuaba abrazándola. Kagome estaba tranquila, asimilando la situación.

Debí darme cuenta.

Yo, debí darme cuenta. Tu salud es mi prioridad, pero creo que no puse la atención suficiente.

¿Qué vamos a hacer Inuyasha? No tengo idea de cómo cuidar a un bebé, hace tanto tiempo… - el pequeño ser que crecía en ella le había robado el corazón. Tenía miedo de sentirse completa ahora que tenía a su lado a Inuyasha y a su hijo… que bien sonaba: su hijo.

Supongo que tener un bebé – a través de éstas palabras, Kagome pudo sentir la emoción de Inuyasha, también era algo totalmente inesperado para él, estaba feliz. El corazón de ella estaba a punto de estallar de felicidad, pero también de incertidumbre por el futuro que les esperaba.

Inuyasha tomó el rostro de su compañera en sus manos y la besó tiernamente. La besó en las mejillas, en los párpados, en la nariz, hasta llegar nuevamente a su boca.

¿No tienes miedo Inuyasha?

Ustedes dos son lo más importante de mi vida. Te amo.

Era eso lo que necesitaba oír. Aunque la situación la asustaba terriblemente, sabía que Inuyasha estaba a su lado.

Estas temblando, debemos volver a la cabaña.

Ahora que lo mencionas… ¿crees que puedas arreglar el boquete que provoque con el horno? - le dijo mientras caminaban en dirección a la cabaña, después del shock recibido por la noticia estaba recuperándose… además… pensó que si Inuyasha podía hacerse a la idea de tener un bebé ella también sería capaz. Aunque por supuesto no iba a tocarlo hasta que tuviera tres años de edad.

Inuyasha movía la cabeza de un lado a otro, con una sonrisa en sus labios.

¿Qué? ¿Estás leyendo mis pensamientos? Además, es muy justo que tú te ocupes de él hasta que tenga tres años, después yo me haré cargo…

Has dicho "él". ¿Crees que será un niño?

Debe ser un varón. Definitivamente no sabría qué hacer con una niña. Además pobrecita, tú nunca la dejarías que se apartara de tu vista y asustarías a cualquier chico que se acercara a ella.

Un gruñido de protesta salió del pecho de Inuyasha.

¿Lo ves? La sola idea te molesta.

Yo nunca me enojo…

Kagome se colocó delante de él, provocando que se detuviera. Uno de sus brazos de dirigió a su cuello atrayéndolo hacia ella, haciendo que sus senos se recargaran en su musculoso pecho. Lo besó apasionadamente obteniendo una respuesta instantánea de él. Él rodeó su cintura con sus brazos, alzándola del piso poniéndola a su altura.

MMM…. Debemos reparar el boquete de la cabaña – dijo Kagome separándose del delicioso beso que estaba recibiendo.

Si debemos repararla…

¿Por qué siento que hay un "pero" de por medio?

Se debemos repararla pero antes quiero hacerte el amor.

Kagome estaba feliz, estaba al lado del ser que amaba y pronto tendría un hijo. Su hijo.

FIN