Hola, aquí les dejo un nuevo fic, va a ser corto, espero les guste. Está inspirado en una viejísima canción de Gali Galeano (no se si lo conocen), que particularmente me gusta mucho.

Como saben, los personajes son de la exitosa Stephanie Meyer, yo solo he jugado un poco con ellos.

Amor de primavera

Capítulo 1. Conociendo a un ángel

Hace muchos años, Edward conoció a la más hermosa de las mujeres que había visto en su vida. Todo eso ocurrió cuando estaba por finaliza la universidad, él estudiaba medicina en la prestigiosa universidad de Harvard, tenía 20 años.

Edward Cullen siempre fue el típico chico guapo y el soltero más cotizado de la ciudad, ya que tenía una gran fortuna y su padre era el director general del Hospital General de Washington, sin embargo nunca se había enamorado, salía de vez en cuando con alguna chica, pero nunca nadie había llegado a ganarse su corazón. Todo eso cambió el día menos esperado.

Estaba cursando el último semestre de la carrera y como tenía unas horas libres antes de la próxima clase optó por dar una vuelta por el campus de la universidad, cosa que el nunca hacía, pero ese día necesitaba relajarse, ya que en una semana comenzaban sus exámenes finales. Pasó frente al edificio de la escuela de derecho y siguió caminando hacia un sitio que era tranquilo, el cual quedaba una vez pasara el edificio de la escuela de Literatura y Letras.

El lugar era un claro hermoso, silencioso y pocas personas iban allí, ya que la mayoría prefería lugares mas concurridos, como la cafetería, el gimnasio o inclusive el polideportivo.

Se dejó caer junto a un árbol recostándose de su tronco, cerró los ojos unos minutos, intentando poner en orden sus ideas: pronto terminaría la universidad, tendría nuevas y mayores responsabilidades, estaría trabajando en el Hospital General junto a su padre, y pronto adquiriría más y más responsabilidades.

Respiró profundo una vez y volvió a tratar de relajarse. Era una tarde fresca, justo como era en el inicio de la primavera, la brisa, aún fría, golpeaba su cara y eso era sumamente relajante. En ese momento escuchó pasos acercarse, se extraño, luego vinieron las risas de una chica. De mala gana abrió los ojos y giró su cabeza hacia donde venía la bulla, y en ese momento su vida cambió, y se encontró con un ángel caído del cielo

- Oh vamos Bellaaaaaaaa! – decía una chica bajita de cabello corto negro – no seas aguafiestas – reía – fue solo una broma, sabes que no nos podemos resistir -

Delante de la pelinegra venía caminando su ángel. La chica era delgada, de aspecto frágil, tez sumamente pálida, cabello largo de color caoba, y ojos grandes de un hermoso color chocolate. La chica parecía enojada, por alguna razón desconocida para el, ya que caminaba a paso rápido tratando de dejar atrás a la otra. Cuando menos lo pensó, ella tropezó con algo y se fue de boca al suelo, el se paró de un salto, con toda la intención de evitarle el golpe, pero fue demasiado tarde, la chica se estrelló de cara contra el césped.

- Bella!!! – dijo la otra chica asustada, corriendo hacia ella. El también avanzó con el corazón en un hilo, ya que la hermosa criatura no se levantaba – Bella Bella! Responde, ¿Estás bien? – la amiga de ella, supuso Edward, se arrodilló y con cuidado la volteó. La chica estaba inconciente y con el rostro lleno de sangre. Su amiga ahogó un grito

- ¿Está bien? – preguntó aturdido Edward viendo con ojos exorbitados a la chica. La amiga negó al borde de las lágrimas – Permíteme – dijo el educadamente y sacó un pañuelo del bolsillo trasero del pantalón y le limpió un poco la cara, suspiró al darse cuenta de que la sangre solamente provenía de su nariz – La nariz siempre es escandalosa en estos casos, de cualquier golpecito, ella forma un escándalo – le dijo a la amiga intentado tranquilizarla

- Pe... pero esta in... inconciente – respondió todavía asustada. Edward se colocó la cabeza de la chica en su regazo

- Va a estar bien, no te preocupes, seguro solamente fue la impresión del golpe – dijo apartándole el cabello de la cara, era preciosa, sin duda todo un ángel - ¿Me haces un favor? – Alice asintió rápidamente - ¿Ves allá ese maletín? – dijo señalando el maletín que estaba junto al árbol donde estaba sentado hace unos minutos – acércamelo, por favor, ahí tengo algo que puede ayudarnos a que vuelva en si.

Alice se paró y caminó rápidamente, tomó el maletín y regresó, todo en menos de un minuto, le pareció a Edward. "De verdad que esta preocupada" pensó para si mismo. Con cuidado de no mover mucho a Bella, abrió el maletín y sacó un poco de algodón y una botellita de alcohol, humedeció el algodón y despacio se lo coloco cerca de la nariz. Bella fue abriendo los ojos lentamente, sintiéndose mareada y mirando un par de hermosos ojos color esmeralda viéndola fijamente.

- Esto debe ser el cielo y un ángel me rescató del purgatorio – dijo con una suave voz, que a Edward se le antojó la más hermosa que había escuchado. Edward soltó una risita

- Oh Bella Bella! Estas bien! – dijo casi gritando su amiga, dándole un abrazo

- No, definitivamente no es el cielo – suspiró – ahí no permitirían a un duendecillo demoníaco – su amiga se rió y volvió a abrazarla – entonces ¿no estoy muerta?

- No, tonta Bella, no estás muerta... pero si fue un ángel el que te salvó – dijo sonriéndole a Edward.

En ese momento Bella con ayuda de ese "ángel" se sentó cuidadosamente y volvió su vista hacia la chica que hasta hace unos segundos la sostenía en su regazo. Cuando lo vio, tuvo que recordarse como respirar, ya que la había dejado sin aliento. Delante de ella se encontraba un hermoso chico de piel blanca, delgado, de cabellos de un extraño color cobrizo y los hermosos ojos verde esmeralda que había visto cuando despertó. El le sonrió y fue la sonrisa más espectacular y sexy que había visto en su vida. Bella se obligó a cerrar la boca ya que estaba segura que se había abierto ligeramente y sintió sus mejillas arder, otra vez se había ruborizado.

- Hola – le dijo el con voz suave y aterciopelada – soy Edward Cullen – se presentó, y le estiró la mano

- Be... Bella – contestó tartamudeando y estrechó su manos, en ese momento sintieron una corriente eléctrica recorrer desde el brazo hasta la espina dorsal. Ella soltó rápidamente la mano y bajó la mirada, respirando aceleradamente.

- Un placer Bella – contestó el viéndola directamente. "Se ve adorable con ese sonrojo en sus mejillas" pensó y luego se reprochó mentalmente, apenas la acababa de conocer y no en las mejores circunstancias, aunque para el, cualquier circunstancias hubiera sido excelente con tal de conocer a tan bella y delicada criatura - ¿Te encuentras bien? – dijo cauteloso, buscando su mirada – Te has dado un buen golpe – Ella llevó su mano hacia la nariz y la sintió algo adolorida e hizo un gesto de dolor que no pasó desapercibido por ninguno de sus dos acompañantes.

- Uhm... Bells, deberíamos ir al hospital para que te revisen bien – dijo su amiga

- Estoy bien, Alice, no creo que sea nada, ha sido solamente el golpe – contestó ella, poniéndose de pie, pero al hacerlo se mareó y se tambaleó.

- Cuidado – dijo Edward tomándola por la cintura, donde ese chico ponía las manos, Bella sentía arder su piel – creo que debe hacerle caso a Alice – dijo éste dándole una mirada a la amiga, quien asintió – te golpeaste la cabeza y eso no es nada bueno, además, creo que deberían revisarte la nariz, al parecer se está hinchando – dijo serio

- Eso no es nada, es algo común en mí, estaré bien – dijo tercamente

- Hazme caso, Bella – su nombre sonaba malditamente bien cuando salían de esos perfectos labios – créeme, se lo que te digo – ella lo miró extrañado – estoy en el último semestre de medicina – dijo aclarándole a la chica. Ella suspiró

- Está bien – se rindió bajo la atenta mirada de los dos chicos. Edward la soltó

- Vamos, las acompaño – tomó su maletín, guardó el alcohol que había usado y empezaron a caminar rumbo al hospital universitario

Cuando estaba llegando a la puerta de la escuela de Literatura, tres chicos venían corriendo en su dirección. Uno era bastante alto y musculoso, de cabello negro y ojos marrones, quien traía tomada de la mano a una chica rubia, de ojos azules, y cuerpo de modelo con un marcado gesto de preocupación en la cara. Más atrás venía un chico alto, pero menos musculoso que el anterior, rubio y con ojos azules, muy parecido a la chica.

- Bella! Oh Bella que te paso? – preguntó la rubia – viste, idiota, es por tu culpa – le dio un fuerte golpe al chico de cabello castaño

- Ay! – se quejó el – Rose, yo no tengo la culpa que mi hermana sea tan sensible – dijo riendo, peor al ver al Bella que se tapaba la hinchada nariz con la mano, le cambió el semblante – Enana! ¿Qué paso? – vino prácticamente corriendo y le tomó la cara cuidadosamente con las manos

- Estoy bien, Emmett, sólo me caí – dijo ella

- Ay enana, cuando no – suspiró el chico – pero esta vez te diste duro – dijo frunciendo el ceño

- Algo – dijo encogiéndose de hombros -

- Menos mal que estaba Edward y la ayudó – dijo sonriente Alice, quien ahora estaba abrazada del chico rubio – Edward, ellos son Emmett el hermano de Bella, Rosalie y Jasper mi novio, chicos, el es Edward, el "ángel" que ayudó a Bella – soltó una risita y presentó a Edward, Bella en ese momento había adquirido un nuevo tono en su sonrojo – Íbamos al hospital a que revisen a Bella y después podemos ir a almorzar... vienes con nosotros Edward? – preguntó la chica

- Claro, ¿Por qué no? – dijo el aludido – además, tengo que asegurarme que mi paciente se encuentre bien – miró a Bella y le sonrió, los demás chicos intercambiaron una silenciosa mirada cómplice, Bella le sonrió de vuelta y empezaron a caminar hacia el hospital

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- Bueno señorita Swan, eso no está tan malo como pensaba, sin embargo voy a colocarle una pequeña bandita que evitará que se continúe inflamando – prosiguió el médico, y le colocó una banda sobre la nariz, muy similar a esas que colocan en las cirugías reconstructivas de nariz – bien, aquí le voy a dar unas tabletas, son analgésico y desinflamatorio, tome una cada 12 horas por tres días y no creo que sienta más molestias – le entregó una cajita blanca con naranja – y si por casualidad siente mareos, nauseas, confusión o pérdida de la visión, no dude en hacerse ver con un médico, los golpes de la cabeza hay que tenerlos bajo control – finalizó el Dr. Scott con una amable sonrisa

- Muchas gracias Dr. – Bella se despidió y salió a donde la esperaban los chicos, Alice vino y la abrazó con cuidado

- ¿Todo bien? – Bella asintió sonriendo – Perfecto!! Entonces, vamos a almorzar – dijo eufórica Alice, tomando de la mano a Bella.

Cuando llegaron a la cafetería ésta estaba abarrotada de gente, Bella arrogó la nariz en gesto de desaprobación, lo cual logró que le doliera y soltara un gemido por lo bajo, pero que no pasó desapercibido por Edward, quien la miró con preocupación.

- Bien, por qué ustedes no buscan una mesa, y nosotros nos encargamos de la comida y se la llevamos – dijo Emmett a las chicas quienes asintieron - ¿Qué vas a comer enana? -

- Un sándwich de pollo y un jugo - contestó

- ¿Y tu Rose? -

- Yo quiero un sándwich de atún, una ensalada de frutas, un jugo y una gelatina de uva – Edward se sorprendió de lo mucho que podía comer la chica, y continuaba teniendo excelente figura, se rió del asunto

- Yo quiero una hamburguesa con queso y una soda de limón – dijo una muy sonriente Alice, para luego de darle un beso y las gracias a Jasper, tomar las manos de Bella y Rose y llevarla hacia una mesa, esa chica tiene problemas de hiperactividad, pensó Edward, observándola como seiba dando saltitos.

Como media hora después llegaron los chicos con las bandejas de comida y las pusieron en la mesa. Edward le pasó la comida a Bella y se sentó frente a ella.

- Gracias – el le sonrió – por todo -

- No hay de que agradecer, Bella, fue todo un placer -

Los chicos se pusieron a comer y a hablar entre ellos, Bella escuchaba cosas al igual que Edward, pero éste no podía quitarle la mirada de encima a la chica, y ella le daba miradas fugaces y se sonrojaba cada vez.

- Así que estudias medicina – afirmó Bella, dirigiéndose por primera vez directamente a Edward

- Si, estoy en el último semestre, me graduó a finales de Julio, si Dios quiere – le respondió con la satisfacción en la mirada, ella le sonrió - ¿Y tu? - dijo mirándola fijamente

- Ah, yo estoy estudiando Literatura, voy por el octavo semestre – ella suspiró – aun me falta un año para terminar

- Tranquila, eso pasa rápido –ella le volvió a sonreír mientras asentía

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Cuando menos se lo pensó, ya habían pasado tres meses, Edward se había hecho amigo de esos chicos, poco a poco había ido conociéndolos. Alice estaba estudiando Diseño y Jasper, su novio, Psicología. Por su parte Emmett estaba estudiando para profesor de Deportes, mientras su novia, Rosalie estaba estudiando Artes y trabajaba como modelo. Eran unos chicos increíbles, de diferentes personalidades, pero todos congeniaban de una manera sorprendente. Bella era la única de ellos que no tenía novio, porque, según ella, no estaría con nadie si no es por verdadero amor.

Se había hecho costumbre que Edward, en sus ratos libres, pasara por la facultad de Bella y si ésta no tenía nada que hacer, iban y se sentaban a hablar en el claro que tanto le gustaba a él. Edward sentía que con la chica las horas pasaban volando, nunca se aburría, hablaban de todo, se dio cuenta de que era una joven bastante culta; de vez en cuando se les unían sus amigos. A veces almorzaban ahí, apartados del bullicio de la cafetería. El sentía que su vida había dado un brusco giro desde el día que vio a Bella caerse y el la auxiliara.

- Bella – preguntó Edward un día mientras estaban sentados debajo del árbol, rompiendo el silencio que se había instalado entre ambos – quisiera preguntarte si te gustaría... ir conmigo a Nueva York este fin de semana – ella lo miró asombrada

- ¿Nueva York? Yo... ehm... este... Edward, no se – dijo desviando la mirada

- No es nada malo, Bella. Sólo quiero que me acompañes a una obra de teatro que se va a presentar allá y pensé que te gustaría asistir – a Bella se le iluminó la cara y sonrió

- Edward no me digas que.... no puede ser – dijo sonriendo, Edward metió sus manos en el bolsillo de su chaqueta y sacó dos entradas y se las mostró a la chica, quien pegó un gritito y se le lanzó a los brazos, sin calcular su fuerza, logrando que se cayeran uno encima del otro.

A Edward se le aceleró el corazón cuando sintió el aliento de Bella tan cerca de su rostro, alzó la mano y le acarició la mejilla suavemente, ella cerró los ojos y suspiró, y de pronto abrió rápidamente los ojos y se levanto. En ese instante los dos sintieron un inexplicable y enorme vació. Edward suspiró y trató de recomponerse

- Y, entonces, ¿Qué me dices? ¿vamos? – Bella volvió a sonreírle

- No me lo perdería por nada del mundo – dijo – Oh Dios, no puedo creerlo, voy a ver El fantasma de la Ópera – dijo muy entusiasmada haciendo reír a Edward.