A mi amiga Elianela, por su cariño, paciencia y comprensión.

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Introducción

Nunca mires a un vampiro a los ojos, porque sino estás perdida.

Mi vida comienza cuando tengo cinco años. No guardo recuerdos anteriores, ni nada que se le parezca, salvo un colgante en forma de flor y un nombre con apellido: Hermione Granger. Así pues que imaginad por un momento esa noche en la que renací, una niña como era, muerta de miedo, en un pueblo desconocido cubierta inexplicablemente de sangre y con la mente completamente en blanco.

- ¿Mamá? - mi voz resonaba con eco en las calles desiertas.

Ah si, ahí estaba yo, sola… hasta que un hombre se acercó. Me pareció un gigante, alguien peligroso y sanguinario con ojos rojos y piel blanca. Pude reconocerlo al instante: Estaba en peligro. Retrocedí unos pasos, asustada y notando la humedad de la nieve filtrarse a través de la tela de mi abrigo. El hombre siguió en su empeño, acercándose más y más a mí.

- ¿Te has perdido, niñita? Ven, yo puedo protegerte - me observó de arriba abajo, sus ojos rojos como el mismísimo infierno ardiendo en llamas y aspiró por su nariz larga y afilada - Qué bien que hueles, pequeña ¿puedo probar tu sangre, por favor?

Lo vi abalanzarse hacia mi cuerpo tembloroso, y su rostro se contorsionó en una mueca feroz digna de una bestia, mostrando unos dientes blancos y perfectamente afilados. Grité, lo hice con todas mis fuerzas mientras cerraba los ojos, dispuesta a dejarme atrapar como un insípido trozo de carne, pero nada sucedió. Nada. Cuando al fin mi respiración se acompasó y me vi con fuerzas para abrir los ojos, no podía salir de mi asombro.

Allí estaba el hombre de antes, muerto, aún en pie gracias a la mano que le atravesaba el pecho. Sentí unas ganas enormes de llorar, y sin poder evitarlo sollocé lo más bajito que pude, aturdida. Me fijé en el rostro de su atacante, que no era mas que un niño, apenas un poco mayor que yo. Sus ojos también brillaban como el fuego, y repentinamente cambiaron de color, tornándose oscuros y brillantes, de un tono negro apaciguador.

- Los vampiros como tú no deberían existir, ponen en evidencia nuestra especie.

Fue ahí, y solo ahí, que nuestras miradas se encontraron. Sentí que mi corazón palpitaba asombrosamente rápido, que mis venas dejaban correr mi sangre como un rayo surca los cielos, plateado, cruel y despiadado. Fueron tantas emociones juntas que no pude siquiera

sentir el contacto cálido y firme de su mano manchada aún de sangre contra mi mejilla.

- ¿Estás bien? ¿Te hizo daño? - era bastante guapo, con un aura especial, sobrecogedora y agradable. Hoy en día, doce años después, aún sigo con esa misma sensación de embeleso que me envolvió con ese rostro amable, sereno y de oculta maldad de mi salvador - ¿Cuál es tu nombre?

- Me llamo Hermione - bien, pensé que era un buen comienzo, un aliciente, y efectivamente él me dedicó una sonrisa tibia, de chico bueno y a la vez malo. De ángel vengativo y demonio hostil.

- Yo soy Víktor Krum - me ofreció su mano de forma gentil y sonrió de nuevo, esta vez ampliamente, mostrando sus colmillos impolutos, encantadores a pesar de su ferocidad: Otro vampiro - Ven, te llevaré dónde estés a salvo.

Le creí.

Me llamo Hermione, y este es mi renacer.

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Luego de aquel incidente, Víktor me trajo aquí, a Hogwarts, una academia fuera de lo común en todos los aspectos. Me adoptó uno de sus profesores, Remus Lupin. Es un hombre tranquilo, a veces demasiado, con un carácter pacificador totalmente extravagante en comparación con los tiempos que corren (él cree que caza vampiros y vampiros pueden coexistir en paz). A los dos años de llegar, el director de la Academia, Albus Dumbledore murió, y Remus pasó a tomar el cargo de la dirección de la escuela. Fue un momento de cambios, bruscos y a veces incomprendidos por el resto del mundo.

Desde el día que Krum me encontró perdida y desorientada por las calles del pueblo, mi vida se vio envuelta por el halo sensual y atrayente de los vampiros. Remus había sido, en su juventud, un caza vampiros, y de los mejores, valga la redundancia. A su lado me entrené para enfrentarme a ellos, defenderme y luchar si algún día, por circunstancias del destino, me viera otra vez en esa misma situación. Me costó años conseguir una técnica elegante e inmejorable, y sobretodo diferenciar a los buenos chupasangre de los malos.

Según me enseñaron, existen tres clases de vampiros: Los pura sangre, los nobles y el nivel que ellos hacen llamar E.

Los pura sangre son vampiros nacidos de otros vampiros, pero de casta y linaje familiar puro, intacto, de ancestros que eran obligados a casarse unos con otros (hermanos con hermanas, primos con primas…). Remus me dijo una vez que para un vampiro, contraer matrimonio con un hermano no es malo, sino todo lo contrario. Ellos no se rigen por esa regla humana del incesto, ni mucho menos.

Los vampiros de pura sangre nacen en una familia de casta, pero son totalmente independientes unos de otros, salvo de su pareja. Tienen poderes sobrenaturales, dignos de cualquier dios (pueden dominar los elementos), y el resto de su raza le rinde obediencia pase lo que pase. Hoy en día hay muy pocos vampiros de ese tipo. Yo solo conozco a uno, y ése es Víktor Krum.

Los nobles, sin embargo, son vampiros que nacen de uniones mixtas con humanos. No son tan fuertes como los pura sangre, pero también poseen poderes, algunos increíblemente útiles (leer la mente, utilizar su sangre como arma letal…). En su mayoría son bastante civilizados, y aunque no os lo creáis, forman el grupo más numeroso dentro de la jerarquía de los señores de la noche, como los llamo yo.

Los de clase E no tienen nada que ver con el resto. Son humanos convertidos en vampiros por la mordedura de un sangre pura. Es una práctica prohibida por los altos cargos, y si incumplen esa norma pueden ser condenados a muerte, pero aún así son inevitables.

Cuando una persona es mordida por un vampiro de sangre pura pueden sucederte dos cosas: O que mueras por el veneno, o que vivas y te conviertas en un vampiro primitivo que pierde la razón con el simple aroma de la sangre. No es una criatura controlable, es lo más bajo de su especie, y pocos se pueden resistir a la transformación cuando llega el doloroso momento.

Un vampiro de clase E solo es convertido en noble cuando un sangre pura le permite beber de su sangre( lo que no sucede a menudo, cabe destacar). Fue un vampiro de clase E el que me atacó aquella noche de navidad doce años atrás, y del cual Víktor me salvó.

Aparte de eso, Remus me enseñó varios factores que me obligaron a desmitificar de forma ostentosa la imagen distorsionada que yo tenía sobre esa raza:

1º Para empezar, los vampiros actúan como humanos, y no son vulnerables a la luz del sol, ajos o agua bendita; estaca de madera, iglesias o cruces. A lo único que les teme es a la plata, el material que usan los caza vampiros en sus armas y balas. Según me comentó mi maestro, esos son mitos que se fueron forjando alrededor para que la gente los considerase un peligro y los dejaran en paz, pero solo en el caso de que fueran descubiertos. Eso sí, son seres inmortales, que crecen a una velocidad lenta y que se detiene cuando llega justo a la madurez.

2º Los vampiros, sean de la clase que sean, tienen terminantemente prohibido matar a humanos para saciar su sed de sangre. Pueden beber de ellos (si son nobles, ya que si eres sangre pura puedes convertirlo en un vampiro de nivel E y eso no es nada bueno), siempre y cuando éstos consientan y guarden el secreto de su existencia, pero nada más.

Si un vampiro mata a un humano, es entregado por los de su especie a los caza vampiros para que lo exterminen. Si huye, es perseguido hasta que se da con su paradero y se elimine. Así de simple. Para el problema de la sangre, los caza vampiros crearon un fármaco capaz de saciar la sed vampírica. Nosotros le llamamos la pastilla V, que ellos toman diluida en vino.

3º Un vampiro de clase E siempre es escoria, un ser sin sentimientos ni razón, y por ello es aniquilado, al igual que el sangre pura que lo creó.

Sé que es complicado y lioso, para mí también lo fue, pero tenéis que saber, al igual que yo, qué seres son los que se ocultan entre las sombras.

Mi padre adoptivo me contó una vez, que pocos meses antes de mi llegada a la escuela, los vampiros firmaron una paz para no seguir huyendo de los caza vampiros nunca más. Fue así como Remus admitió vampiros entre sus filas, y los instruyó como alumnos dentro de la escuela, ocultando al resto lo que realmente eran (salvo al director y dos prefectos).

Se hicieron dos tipos de clases, las nocturnas (exclusivamente asistían los vampiros) y diurnas ( para los humanos) con el fin de que ninguno pudiera caer en la tentación de la sangre. Éste grupo, el nocturno, era admirado por el resto de alumnos, que se veían envueltos en una atracción irracional por el halo de cazador que envuelven a los vampiros.

Uno de estos alumnos de la clase nocturna, era Víktor Krum.

Bueno, es aquí donde comienza mi historia, queridos lectores, doce años después, en el despacho del director junto a otro alumno, un chico que me saca de quicio.

Su nombre, por si os interesa, es Draco Malfoy.

Nunca mires a un vampiro a los ojos, porque sino estás perdida.

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Mi nuevo fic. Es una adaptación de un manga del mismo nombre, pero le iré agregando cositas cuánto más avance la historia. No sé si os gustará, porque sé que no tiene diálogo alguno, pero ya el primer capítulo será diferente, esto es solo una breve introducción algo complicada y para colmo, sin corregir ¡culpad a Elianela que me animó!.

Por favor no me matéis.

Ah sí, mañana subiré el siguiente capítulo de El contrato y Medianoche lo haré el Martes, como siempre.

Besos.

Shashira