Vampire Knight: Episodio 3

El despacho de Remus Lupin estaba tenuemente iluminado por velas a medio consumir suspendidas en el aire. Al mirar por el ventanal comprobó que las estrellas brillaban esa noche diferentes, como presagiando algo que cambiaría el rumbo de la historia. Suspiró apesadumbrado, con la barbilla apoyada en una de sus manos. Cuando la puerta se abrió, ni siquiera se molestó en mirar de quién se trataba; ya suponía quién era. Sí, sabía que ese día llegaría, pero él había intentado por todos los medios evitarlo, tener la banal esperanza de estar equivocado. Aunque Draco Malfoy no era su hijo, lo sentía como tal, y le era complicado reconocer que él se estaba consumiendo poco a poco, lentamente a causa de la transformación en vampiro de clase E. Y lo peor de todo: Remus no podía hacer absolutamente nada para evitarlo. Giró la cabeza y observó al recién llegado, ubicado en una de sus sillas.

Ah sí, sabía que ese día llegaría, pero no por ello estaba preparado.

- Ya sabes porqué estoy aquí. No puedes hacer nada por impedirlo, Remus - Víktor Krum saboreaba una copa de vino, paladeando con deleite el líquido oscuro - Debes trasladar a Malfoy a la clase nocturna, sino la vida de tus alumnos, además de nuestro secreto, corren mucho peligro.

- Conocí a sus padres antes de… - no pudo continuar, porque el nudo que tenía en la garganta se lo impedía. Tragó saliva, concentrándose en su invitado - Ellos trabajaban por dinero, sí, eran mercenarios. Pero no se merecían ese final. Tampoco Draco.

- Malfoy fue mordido por un vampiro de sangre pura, lo que significa que, aunque ha evitado por todos los medios la transformación, no por ello lo ha conseguido - se puso en pie, con las manos apoyadas en la mesa del director. Sus ojos oscuros, fríos y sin vida, ahora resplandecían como el rojo fuego bajo la luz mortecina de las vela - Tienes que transferirlo, Remus. Luego ya veremos lo que hacemos con él.

- No hay antecedentes de un alumno como él, Krum, pero sé que no sería un problema cambiarlo a vuestras clases. Pero… - Lupin asintió, con la cabeza aún apoyada en una de sus manos - Draco es impetuoso, arrogante como pocos; pero también es un ser razonable y responsable ¿crees de verdad que sería capaz de matar a alguien, Víktor? Todos estos años ha luchado contra su transformación, conviviendo con personas a la que podría haber desangrado. No lo hizo ¿y aún no confías en él? Es más de los que algunos de vosotros habéis hecho nunca.

- Por mucho que lo desees, Malfoy jamás podrá volver a ser humano - frunció el ceño, arrugando la nariz - Y su transformación es tan dolorosa que incluso los nacidos vampiros no queremos visualizar ni en nuestras peores pesadillas.

Krum de repente dio un respingo, miró su alrededor y se fijó entonces en la puerta mientras se levantaba de su asiento lentamente, haciendo que la copa de vino se hiciera trizas entre sus manos. El líquido dulce se mezcló con su sangre, y los cristales cayeron sobre el piso, en un sonido amortiguado por la moqueta. Remus también se irguió, alertado.

- ¿Qué ocurre?

- Huelo a sangre - murmuró Víktor Krum, yendo con paso decidido hacia la puerta - Alguien ha sido mordido, y no precisamente por uno de mis vampiros.

***********

- ¡¿Qué me has hecho Draco?! ¡¿Cuándo te convertiste en vampiro?!

Malfoy estaba cubierto de sangre, y se relamía los labios con su lengua, limpiando a su vez aquellos colmillos blancos que destellaban en la oscuridad del bosque. Sus ojos grises ahora tenían un brillo rojizo peligroso, más aún cuando me di cuenta de que no apartaba su vista de mí.

Iba a matarme.

Se llevó un dedo a la boca, saboreando mi sangre y sonriendo ampliamente. Me palpé el cuello, y noté la hendidura de sus dientes, la sangre aún brotando de la herida…¿cómo fue que se convirtió? No teníamos tratos con vampiros exceptuando al grupo de Víktor Krum, al menos que yo supiera ¿entonces me lo había estado ocultando desde un primer momento? ¿fue mordido antes de su llegada a Hogwarts? Vi que se acercaba de nuevo a mí, para morderme otra vez. Sus manos me apresaron por la cintura y una de ellas fue a parar a mi barbilla, inmovilizándome en cuestión de segundos. Apenas podía respirar.

- Draco… por favor - balbuceé, acongojada por lo que sería capaz de hacer ahora que estaba fuera de sus cabales, sin poder evitar esa sed que luchaba por hacerse dueña de su cuerpo. Si no volvía en sí ya, él no tendría escapatoria, y yo acabaría muerta.

- Malfoy, suéltala - Krum había aparecido entre los árboles y andaba hacia nosotros, sorteando a la manada de thestrals que nos observada en la lejanía. Lo miré con ojos suplicantes, instándole a que hiciera algo para que aquello cesara.

- Draco soy yo, Granger ¿es que ya no me recuerdas?

- ¿Her…mione?- noté que aflojaba sus manos, y me dejaba libre de ataduras. Al girarme para hacerle frente sus ojos ya no tenía ese destello rojo, sino que volvían a ser grises como la luna, y su mirada me lanzaba un grito de socorro, como si me pidiera perdón en silencio.

- Has sucumbido a tus instintos, Malfoy, y eso no puedo consentirlo - Víktor Krum se había posicionado frente a mí, ocultándome a la vista de Draco, que permanecía allí mudo y completamente desconcertado.

Recordé entonces a ese hombre que había matado Víktor en La Casa de los Gritos, y años atrás al que atravesó con su mano cuando intentó atacarme en el pueblo, cuando yo apenas contaba con cinco años ¿correría la misma suerte Malfoy? Él era diferente a esos seres, en todos los sentidos. Yo ahora le tenía miedo, sí, lo admitía, pero eso no me quitaba de la cabeza que ante todo era aquel muchacho silencioso que una vez mi padre trajo a la escuela, desvalido y triste a causa de la muerte repentina de su familia. Aunque no éramos los mejores amigos del mundo, no iba a permitir que Krum acabara con su vida del mismo modo que había hecho con esas bestias, porque Draco no lo era.

- Detente, Víktor - exclamé, pero algo me hizo perder el equilibrio y caí en brazos de Krum, que me alzó sin problemas como una niña pequeña.

- No te has controlado, y por ello casi matas a Hermione - la voz de Krum sonaba lejana, y sentí sus manos crispándose sobre mi carne. Estaba demasiado débil para quejarme. Sus ojos oscuros estaban entornado, y una sonrisa afloró en sus labios, enigmática - Y ahora dime, Draco ¿es su sangre tan deliciosa como imagino?

- ¿Hermione? - era la voz de mi padre, la conocía demasiado bien como para equivocarme. Abrí lentamente los párpados, y pude visualizar su rostro cerca del mío, palpando con sus manos mi cara, la camisa y el abrigo manchados de sangre, por último se detuvo en la herida, inspeccionándola - Lo siento.

- Pues entonces, Remus, ya sabes lo que tienes que hacer - Krum habló con desprecio, casi podría decirse que con rencor.

- Lo sé.

Después de aquello me desvanecí.

****

Al despertar comprobé que me encontraba en la enfermería de la escuela -inconfundibles sus camas alienadas y ese olor a desinfectante común desde mi más tierna infancia-, y que Madame Pomfrey me limpiaba con un paño húmedo el cuello, chasqueando la lengua con reprobación. Mantenía el ceño fruncido por la concentración, y sus ojos no se despegaban de su tarea.

- Has tenido suerte - me dijo con dulzura, sin dejar de limpiar la herida para luego ocultarla con un apósito - He podido contener la hemorragia a tiempo, pero la herida no cicatrizará con ninguna de mis pociones, lo siento.

- No importa - contesté sintiendo que mi pecho se retorcía de dolor. Mis ojos se aguaron, y unas lágrimas furtivas se escaparon sin permiso.

- ¿Te duele? - negué con la cabeza, queriendo responder que lo que realmente hacía daño era la decepción, y sobretodo saber la verdadera identidad de Malfoy - El director está ahí fuera, esperando tener noticias tuyas ¿quieres que pase?

- Sí, por favor.

Escuché los pasos de mi padre y noté como se sentaba a mi lado, en el borde de la cama. Yo mientras tanto desvié la vista hacia otro lado, secándome con furia mis lágrimas y sin ser capaz de enfrentarme a su mirada, a pesar de que sabía que no era mi culpa. Creo que en esos momentos estaba muy enfadada con él, y con todos en general.

- Lo sabías papá. Tú y Krum sabíais que Malfoy era… - entonces me giré, y sus ojos chocaron con los míos, culpables y llenos de tristeza - Quiero una explicación.

- Cuando la familia de Malfoy fue atacada, el vampiro que asesinó a sus padres le mordió - el impacto de la noticia no fue el que yo imaginaba, creo que estaba tan abrumada por los acontecimiento que lo encajé mejor de lo esperado, aunque aún así no logró apaciguar mi rabia interna.

- Todos me habéis dejado al margen del problema, sin tenerme en cuenta para nada.

- Draco nos exigió que así fuera - me cortó Lupin, que permanecía cruzado de brazos, con aquella mirada suya perdida den quién sabe dónde - Ahora está más calmado en su habitación. Ha pensado que sería bueno no ir durante un tiempo a clases, hasta que sepamos qué vamos a hacer.

- ¿Lo vas a echar de Hogwarts? - pregunté, pero mi padre negó con la cabeza.

- No, creo que voy a transferirlo a la clase nocturna, Hermione. No puedo arriesgar la vida de mis alumnos, lo siento.

- Querida - nos interrumpió Madame Pomfrey, antes de que pudiera responderle a mi padre - Hoy pasarás la noche en la enfermería, pero creo que mañana podrás asistir a las clases de la tarde ¿te parece bien?

- Necesito coger puntes de mis asignaturas por la mañana - aduje, dejando a un lado la conversación con mi padre para retomarla más tarde, cuando estuviésemos a solas - No puedo faltar.

- Hazle caso a Poppy, Hermione, así podrás poner en orden tus ideas y verás lo que es mejor para todos.

- Papá…

- Ahora descansa - me cortó, incorporándose para dirigirse a la salida de la enfermería - Mañana será otro día.

Bueno, de eso no estaba yo tan segura. De todos modos, hablaría con Draco en cuanto tuviera ocasión.

*****

Malfoy no apareció al día siguiente, ni al otro, y tampoco lo vi el sábado o el domingo. Mi padre había corrido la voz de que estaba enfermo, y confinado en su habitación para no contagiar al resto de los alumnos de una rara enfermedad contraída gracias a una alergia a las orquídeas botadoras de la profesora Sprout. Cada día el yunque que albergaba mi corazón se hizo más y más pesado ¿habría transferido mi padre a Malfoy sin decirme nada? Deduje que no, pues en mis salidas nocturnas como prefecta el número de vampiros no había aumentado, aunque sí la distancia entre Víktor y yo, muy a mi pesar. Con mi padre, las cosas tampoco estaban como para tirar bengalas del Doctor Filisbuster, la verdad. Remus estaba esquivo conmigo, y apenas pasábamos tiempo juntos. Siempre intentábamos no tocar el tema concerniente a Malfoy, pero era inevitable acabar a gritos por nuestras opiniones tan dispares.

Comprendía la posición de mi padre como director, y también la de Krum como sangre pura, pero ninguno de ellos había contado ni por una milésima de segundo con la opinión de Malfoy, que era el más implicado de todos. Ellos se dedicaban a discutir lo ajeno, como si de un simple formulario se tratara, dejando apartado cualquier resquicio de sentimentalismos albergados entorno a Draco. Estaban completamente ciegos al respecto, y pareciera que la única capaz de ver la luz dentro de la oscuridad fuese yo, que curiosamente fui tacada por él ¿no es paradójico?

Al lunes siguiente por la mañana, después de que Malfoy se ausentase de nuevo y comprobando que mis pesquisas sobre su paradero no daban frutos, tomé la decisión de ir a ver a Krum con el claro objetivo de hacerlo cambiar de opinión. Las casas en Hogwarts son cuatro, a saber: Griffyndor, Slitheryn, Hufflepuff y Ravenclaw. El Sombrero Seleccionador es el encargado de ponerte en una de ellas, y ahora preguntaréis ¿los humanos duermen junto a vampiros? Pues no, los vampiros también están divididos en casas, pero ellos tienen sus propias salas comunes y no mantienen contacto alguno con el resto del colegio salvo en lo estrictamente necesario. Es, en teoría, como si hubiese dos casas de Griffyndor, Ravenclaw, etc. Ahora yo estaba interesada en ir a la de Slitheryn, pero a la sala común de los nocturnos.

Bajé desde la Torre Griffyndor hasta las mazmorras dónde se ocultaba la sala común de Slytherin, y me quedé ahí quieta, cayendo en la cuenta de que no tenía ni idea de cuál sería la contraseña. Los alumnos de la clase diurna estaba almorzando en el Gran Comedor, y los de la clase nocturna estarían descansando después de una ajetreada noche de clases y hechizos ¿cómo demonios iba a entrar?

- Genial, Hermione ¿tienes al menos otra idea brillante que añadir? - mascullé entre dientes para mí misma, enfadada por mi estupidez.

Bien, de todos modos de ahí no me iba sin antes hablar con Krum, eso lo tenía seguro, así que me senté en medio del pasillo apenas iluminado a esperar, aunque mi trasero se congelara en el intento y tuviera que saltarme las clases -bueno no sé si llegaría a tanto, pero lo intentaría-. Estuve esperando una hora larga, pronto tendría Historia de la Magia y aunque me apenara decirlo, la conciencia me dictaba que tendría que asistir por mucho que me pesase. Estaba ya dispuesta a irme cuando aquel muro de piedra se abrió paso, y de él salió una cabellera negra ondeando brillante, y al instante sentí los ojos azules y gélidos de Blaise Zabinni clavados en mí con descaro.

- ¿Estabas esperándome? - pero mira que es tonto, pensé, no puedo entender cómo las chicas suspiran por él. Entrecerró sus orbes azules, como si sospechara algo - ¿Tienes una cita con Krum acaso?

- No, pero necesito verle ¿puedes entras y decirle que estoy aquí?- nos quedamos en silencio, mientras Zabinni ladeaba la cabeza, como intentando averiguar para qué quería yo a Víktor a esas horas, cuando sabía a la perfección que ellos en la mañana no estaban disponibles. Se dio la vuelta, quedando frente por frente le la pared de piedra.

- "Sangre Pura" - murmuró, y apareció la entrada a la casa Slytherin de la clase nocturna. Blaise me miró por encima del hombro, sonriendo de medio lado - Ven, no creo que a Krum le guste demasiado que esperes aquí fuera.

- Los alumnos tenemos prohibida la entrada a otras casas que no sean las nuestras. Me quitarían puntos si me descubrieran ¿sabes? Además soy la hija del director, debo dar ejemplo - señalé el hueco en la pared, con desconfianza. Zabinni se rió mientras se adentraba rumbo a su sala común.

- Tú eres prefecta, Granger, siempre puedes excusarte diciendo que estabas revisando los dormitorios en busca de algo para confiscar - me hizo un gesto impaciente con la mano - Bueno ¿vienes o no?

Aún no estaba muy convencida, sobretodo porque yo tenía la impresión de que a Zabinni le caía mal, y si a eso le sumas que hacía tan sólo diez o doce días me había mordido… pero claro, era mi única opción de encontrarme a Krum en un lugar que no fuera público, sin estar acompañado de sus vampiros ¿cuándo volvería a tener otra oportunidad como la que me brindaba Blaise?¿Dos, tres semanas? Para entonces Malfoy habría sido transferido a la clase nocturna y no habría forma de reparar el daño; así que conté hasta tres, aspiré aire y entré, llenando mi corazón de aquella valentía que, en teoría, nos identificaba a los de Griffyndor.

La sala común Slytherin de la clase nocturna se asemejaba bastante a la nuestra: Su forma ovalada, los estandartes en verde y plata con la serpiente de Salazar, sus sillones tapizados en piel oscura… salvo por los colores y el material de sus muros hechos de una piedra que a pesar de permanecer la chimenea encendida, transfería al lugar un frío sepulcral. Todo era igual y diferente a la vez. Allí no había movimiento alguno como en Griffyndor, donde constantemente los gritos de los alumnos te desconcentraban a la hora de estudiar, tampoco había papeles de ranas de chocolate tirados por la moqueta, ni bengalas del Doctor Filisbuster a punto de explotar. No había ambiente hogareño, sino una especie de convivencia forzada, impuesta por alguien. Además ¿Cómo estaría Malfoy aquí? La verdad es que no me lo imaginaba yendo con Krum a todos sitios como al resto ¿qué pensarían los otros de un chico convertido en vampiro cuando sus padres se dedicaban a darles caza?

Fue la voz de Zabinni la que me sacó de mi letargo:

- Te han mordido.

Mis ojos se agrandaron, ya que me cogió de improviso. En su manos derecha estaba mi apósito, que se balanceaba juguetón entre sus dedos pálidos y lo dejó caer sobre la moqueta verde ¿cómo lo hizo?. Me toqué casi por inercia la herida aún sin curar en el cuello, como si ocultara las pistas de un crimen.

- Víktor y tú confraternizáis de una manera a la que nosotros, los vampiros, no estamos acostumbrados. Digamos que es… bastante curiosa - tenía las manos cruzadas en la nuca y alrededor de sus ojos azules había pequeñas manchas moradas acentuándole las ojeras debido a su insomnio - Sabes que te guardamos respeto porque Krum nos lo pidió ¿verdad? Sino sólo serías una más entre todos esos humanos que forman el alumnado de la escuela de magos más prestigiosa del mundo mágico.

Tragué saliva y negué con la cabeza. Bueno algo intuía, pero que Blaise me lo confirmara era más de lo que esperaba en alguien como él. Su cabello negro estaba brillante, y los reflejos del fuego de la chimenea le daba reflejos rojizos que se me antojaron peligrosos. Zabinni entonces se cercó a mí, haciendo que me estremeciera con un solo vistazo a su mirada rencorosa.

- Krum me salvó la vida, sólo eso - bufó despectivo, haciendo que sus labios dibujaran una mueca sardónica.

- Sí, y todavía me pregunto porqué.

- ¿Hermione? - aparté los ojos de Blaise y allí estaba Víktor Krum, con sus ojos delatando la sorpresa de mi presencia en aquel rostro hosco y atractivo a la vez.

- ¿Podemos hablar? - asintió lentamente, bajando los últimos escalones y le echó una rápida mirad a Zabinni, que carraspeó con teatralidad.

- Yo iba a buscar a McGonagall, - le echó un rápido vistazo a su reloj, lleno de lunas y soles - De hecho hace quince minutos que debía estar allá, así que si me disculpáis…

Le hizo una pomposa reverencia a Víktor, me observó de reojo por última vez y se fue sin decir una palabra más. Krum fijó sus oscuros ojos en la pared, justo en el hueco por donde había desaparecido Zabinni.

- Sé por lo que has venido, pero debo decirte que es inútil, y mi respuesta es la misma que la de tu padre - me encaró de frente, con el ceño levemente fruncido - Hay que transferir a Malfoy a la clase nocturna.

- Él no quiere - repliqué, decidida a rebatirle todos sus argumentos - Los derechos de los magos dicen que somos libres y…

- Tú libertad termina donde comienza la de tu prójimo, Hermione - Krum tomó asiento junto a la chimenea, en un butacón de orejeras tapizado en piel con los colores de Slyhterin - Malfoy dejó que su parte vampírica lo poseyera, y te mordió. No puedes negar eso.

- Y no lo hago, pero las reglas de Hog…

- No se trata de una decisión premeditada, entiéndelo - mantenía una mano extendida, como si quisiera con ello tocar el fuego, que sus llamas le lamiesen - Es un peligro.

- Sus padres fueron caza vampiros - mascullé entre dientes, plantándome frente a Víktor con los puños cerrados - Él se odia a sí mismo, a vosotros y ese mundo que os envuelve ¿crees realmente que podría sobrevivir a este cambio?

- Lo subestimas, mi pequeña Hermione - alzó sus ojos del fuego y me taladró con aquella mirada oscura, turbia de repente - ¿Se me permite preguntar el interés suscitado en ti por su traslado? Además ¿desde cuándo conoces tan a fondo a Malfoy? Te recuero que él te ocultó su verdadera identidad.

Touché.

Evadí su mirada, sin saber qué demonios contestar.

- Es un hecho constatado que Malfoy y yo no nos llevamos muy bien, a pesar de habernos criado juntos - mis dientes rechinaron, por la furia contenida que dejaba plasmada en cada una de mis palabras - No nos tenemos mucho aprecio, pero eso no es excusa para que se cometa una injusticia contra él y yo lo pueda defender si estoy en desacuerdo - Víktor se puso en pie, con los brazos cruzados y escuchándome con atención - Mira, Malfoy es un cobarde, se burla del setenta por ciento del alumnado de la escuela y siempre intenta herirme o mantenerme a raya con sus comentarios. Pero lo que estáis haciendo con él no está bien.

Estaba tan cerca de mí que su aroma embriagaba el ambiente. Sándalo, siempre olía a sándalo. Me acarició el rostro, con la palma extendida desde la frente a la barbilla. Yo cerré los ojos ante el contacto, y entreabrí mis labios para rozar las yemas de sus dedos a su paso por mi boca. Nos mantuvimos en silencio, mientras yo esperaba con una estúpida esperanza que entrara en razón con mis argumentos.

- Lo siento mucho Hermione, pero en este asunto soy inflexible y no te puedo complacer - sus dedos se enredaron en mi cabello enmarañado, haciéndome suspirar a pesar de que fruncí en ceño - Esto ya no es sólo competencia de la escuela, sino también de hacer cumplir las leyes vampíricas. Debe estar con los de su especie.

- Te estás equivocando - le repliqué, presa de mis emociones y sentimientos. Hacía tanto tiempo que nadie refutaba mis argumentos que no sabía realmente si estaba molesta por eso o por su negativa ante mi petición.

- Puede ser, pero no por ello voy a desistir en mi empeño - dio unos paso hacia atrás, dándose la vuelta para dirigirse a las escaleras de los dormitorios - Y ahora será mejor que te marches, o vas a pederte el principio de tus clases.

Resoplé y me fui de allí como alma que lleva el diablo, ni siquiera me despedí de Viktor. Por los pasillos de camino a mi clase de Historia de la Magia le quité diez puntos a dos chicas de Ravenclaw, veinte a un alumno de quinto de Hufflepuff, y quince a Griffyndor cuando el sapo de Neville Logbottom se estampó contra mi rostro al entrar en clase, sin que el profesor Binns se inmutara. Me senté al lado de Neville, que se encogió de miedo pero no me dijo nada al respecto. Saqué pluma, tinta, pergamino y comencé a copiar con tanta fuerza que casi hago que la punta traspasara el pergamino, metiéndome de lleno en la "Guerra del decimonovena del periodo oscuro de la batalla de los enanos contra los magos".

Si nadie me tomaba en serio, haría que me escucharan sí o sí.

Me habían vencido en una batalla, pero no estaba dispuesta a perder la guerra.

******

Las rondas nocturnas se me hacían interminables, sobretodo porque sin tener a Malfoy a mi lado aquello me resultaba de lo más tétrico ¿una jovencita de diecisiete años vagando sola por los terrenos de Hogwarts en busca de vampiros? Parecía digno resumen de una de esas novelas muggles de misterio que mi padre adoptivo coleccionaba a escondidas, y que guardaba en los estantes más ocultos de su biblioteca particular para que yo no las ojeara en mis ratos libres. Aunque debería de admitir que me entusiasmaba la idea de hacer cumplir las normas a rajatabla; no se porqué siempre tuve ese carácter de "pequeña dictadora", como me apodaba Malfoy de vez en cuando en presencia de Remus. Ser prefecta me gustaba.

Ahora que me paraba a pensar, no conocía tanto a mi compañero prefecto como era de esperar, sino me habría dado cuenta al instante de que era un… era un… ah ¿por qué se me hacía tan difícil admitirlo? Me acerqué a uno de los ventanales, y apoyé la cabeza contra el cristal, admirando las copas de los frondosos árboles que formaban el Bosque Prohibido. Tantos años creyendo que era una cosa, cuando realmente era otra, y todos lo sabías salvo yo, la tonta de Hermione que siempre se adelantaba a alzar la mano en clase para recitar de memoria una respuesta. Hermione la sabelotodo Granger que se cree lista cuando ni siquiera conoce a los que le rodea ¿no es irónico?.

Y para colmo yo… me detuve en ese instante, cuando vi que las puertas del castillo se abrieron para dejar salir a una figura oscura, ataviada con una capa negra de viaje y baúl que levitaba a sus espaldas. Fruncí el ceño, y bajé las escaleras desde el tercer piso hasta el hall casi sin respirar. Cuando llegué a la altura de la misteriosa figura me detuve en seco boqueando como un pez. Alcé mi varita, hablando en tono amenazante:

- Las reglas de la escuela impiden que un alumno salga a estas horas de la noche. Será mejor que vuelvas a tu dormitorio. Ahora.

El misterioso personaje se quitó la capucha, y pude reconocerlo al instante.

- Siempre tan repelente, Granger ¿cuándo va a entrarte en la cabeza que debes atacar antes de preguntar?

Ahí estaba Draco Malfoy, vestido de riguroso negro para pasar desapercibido, empuñando en su mano izquierda su varita, que brillaba para alumbrarle el camino. No lo veía desde hacía más de una semana, pero su cabello rubio y aquellos ojos grises se mantenían como siempre, acechantes y con un deje de altanería dignos de un rey. Me acerqué a él en dos zancadas, y mis ojos fueron a él y luego a su baúl.

- ¿Estás huyendo? - se tensó en el mismo instante que pronuncié mi última palabra, su barbilla temblaba, y tenía un tic en el cuello que hacía palpitar uno de sus músculos de fora inconsciente.

- Yo no escapo de nada, sólo me marcho de la escuela, y es por decisión propia.

- ¡Y una mierda! - le espeté, dejando que todo el rencor que guardaba por el mundo desde mi conversación con Krum y con mi padre viera la luz - ¡Eres un cobarde, Malfoy, un completo cobarde! ¡Te odio con toda mi alma!

Dejé que mi varita cayera al suelo y me abalancé sobre él. Estaba ciega de rabia y dolor, y todo ello hizo que le asestara un bofetón en plena cara que lo hizo tambalearse. Luego le pegué otro, y otro más. Le salté como una fiera enjaulada por años y ambos rodamos por el césped. Le di puñetazos, pataleé y grité con todas mis fuerzas, descargando contra Malfoy todo lo que tenía dentro desde que me había mordido sin que él apenas se defendiese. La indiferencia de mi padre, las palabras de Zabinni, la mirada de reproche de Víktor… su secreto. Lágrimas corrían por mis mejillas, pero yo no estaba dispuesta a parar en mi empeño por derribar a Malfoy en esos instantes.

Le di otro bofetón que le cruzó el rostro, y cuando fui a por el segundo me sujetó por las muñecas, dejándome acorralada tumbada en la hierba, con él sentado a horcajadas sobre mí. Sus ojos grises me miraban desafiantes, y noté que tenía el labio roto y una herida bastante fea en el pómulo izquierdo, justo debajo del ojo. Un reguero de sangre le corría hasta la barbilla, pero él no parecía notarlo. Intenté zafarme de su agarre, pero Malfoy me lo impidió con la fuerza de su cuerpo sobre el mío. Su varita estaba tendida en el suelo, olvidada como la mía. En esos instante la cogió y me la puso en la mano. Volvió a sujetarme una vez más por la muñeca, de modo que la punta de la varita le apuntara a su cuello, hundiéndola en él con brusquedad ¿por qué me daba un arma con esos momentos?¿No entendía que podía lanzarle un hechizo y dejarlo tullido por semanas?

- Mátame - era una orden clara y concisa, pero tuve que parpadear, porque las lágrimas me dificultaban la visión.

- ¿Qué?

- Puedes matarme, Granger, te aseguro que nadie va a llorar mi ausencia en este mundo. Mátame.

Mi corazón bombeaba sangre con rapidez, impidiendo mi concentración ¡por Merlín! ¿Cómo podía pensar realmente que yo estaría dispuesta a matarle? ¡Yo no era una asesina!

- Estás loco - le dije con rabia, e intenté apartar la varita de su garganta, pero él me lo impidió.

- ¡Hazlo Hermione, hazlo de una vez! - me gritó, sus ojos grises llenos de tristeza y furia, mucha furia - ¡Me he convertido en un monstruo, yo no merezco vivir así! ¡Soy una deshonra para mi familia, para mis padres! ¡Mátame y acabemos de una vez!

Respiraba con dificultad, y su sangre goteaba en mi rostro, mezclándose con mis lágrimas. Mis dedos dejaron caer su varita al suelo, y mis yemas tocaron la herida antes de que apartara mi mano con brusquedad.

- No puedo matarte - balbuceé, sonriendo débilmente - Yo no puedo matar a nadie. Es solo que no entiendo porqué no me lo dijiste.

Sus músculos se tensaron de nuevo, y de un solo movimiento hundió su puño en la hierba en un golpe seco, desprovisto de ternura y envuelto en brutalidad. Su mano estaba a dos centímetros de mi cara, pero no pude apartar mis ojos de los suyos, tan grises como una tormenta.

- No… no te atrevas a tenerme lástima - murmuró, con aquella gélida mirada reconstruyendo el muro entre los dos

- Malfoy mis ma…

- Ni pienses por un segundo que te doy pena, Granger, o juro que me beberé hasta la última gota de tu sangre - me cortó. Malfoy parecía estar controlándose, inspirando y exhalando aire con dificultad - ¿Crees que bromeo acaso? ¡Ja! No hay un solo día en el que no imagine que me alimento de ti por completo hasta que yaces muerta entre mis brazos ¿entiendes lo que te digo? Yo no puedo vivir sin el sabor de tu sangre.

- No te tengo miedo - le dije con serenidad, alzando de nuevo mi mano para limpiar con mi pulgar la sangre de la herida - Confío en ti.

- Por qué - no era una pregunta, sino una orden en toda regla.

- No lo sé.

Permanecimos en silencio, dejando que nuestras miradas hablaran por nosotros. Después de un largo rato deshizo su agarre, y dejó que me pusiera en pie. Malfoy tenía la vista fija en el baúl, y luego de unos segundos lo agarró con fuerza, arrastrándolo de regreso al castillo.

- ¿Te vas a quedar? - pregunté, realmente a veces me desconcertaba. Me miró por encima del hombro, serio e impenetrable.

- Vamos, es tarde y deberías estar ya acostada.

Anduvimos por los pasillos sin decir palabra hasta que llegamos a la torre de Gryffindor.

- Nos vemos mañana en clases.

- Sí - dio media vuelta, pero lo sujeté por el brazo, haciéndolo girar para encararlo - Draco, lo que te dije en el jardín… yo… verás, es que estaba muy enfadada - evadí su mirada, no podía enfrentarla en esos instantes - Solo quería que superas que no te odio.

Se zafó lentamente de mi agarre, y volvió a coger su baúl.

- Pues deberías.

Y dicho esto, se marchó.

******

Víktor Krum vio que Hermione se adentraba por el retrato de la Dama Gorda, y hasta que este no se cerró no emprendió el camino hacia su próxima clase. Esto se estaba complicando de sobremanera, mucho más de lo previsto en un principio por él mismo. Esa pelea en el jardín no entraba dentro de sus planes.

- Víktor ¿qué haces? - allí estaba Luna Lovegood, con su cabello enredado rubio hasta la mitad de la espalda, y esos ojos azules que eran algo grandes para aquel rostro singularmente atractivo a pesar de ello. Negó con la cabeza, sonriendo.

- Nada, solo paseaba - la cogió de la mano, dándole un furtivo beso en los labios - Vamos, volvamos a clase.

Bien, habría que acelerar las cosas un poco más, llevarlos hasta el límite y así el triunfo será suyo. Volvió a besar de nuevo a su acompañante, y ésta lo miró, suspicaz.

- Estás raro.

Él no respondió.

Definitivamente, tendría que allanar el camino con sus propias manos, como siempre.

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A ver, no puedo responder a los rewiews, sino no me daría tiempo a publicar y otro día más no me lo perdonaría.

Ahora otra cosa, Elianela y yo hemos fundado un foro sobre Fics y Harry Potter que se llama "Soñando Fics". Os invito a que os paséis si podéis, aunque todavía está en construcción y tengo que investigar más al respecto del mundo forero, la verdad. Por cierto, si alguna se atreve a hacerme el logo del foro, se lo agradeceré eternamente.

El link es http :// leyendofics . Superforo . Net

Y ahora ¿qué os ha parecido el capítulo?

Se aceptan de todo menos virus ^^

Besos: Shashira.