Summary: Lord Voldemort ha regresado y el Mundo Mágico tiembla de miedo. Para proteger a Harry y al resto de los estudiantes de Hogwarts de las fuerzas del mal, Dumbledore ha recurrido a una antigua leyenda… los shinobis.

Disclaimer: Ni Harry Potter, ni Naruto, ni nada que valga la pena. Las ideas de PolinSeneka, asesora y colaboradora (¡Hola, Polin!), le serán atribuidas al final de los chap en donde aparezcan, por eso del spoiler.

Y hablando de spoiler… he visto hasta el capítulo 90 de shippuden y mi vendedor Jack Sparrow dice que le llegarán nuevos en el transcurso de Marzo… así que habrá salpicones de spoiler. Pero no os preocupéis; seréis advertidos.

Este fic tiene lugar en el sexto curso de Harry en Hogwarts.

Diálogos en inglés.

Diálogos en japonés

Reviews en la letra que quieran n_n

Harry Potter y el Espíritu Ninja.

Capítulo Uno.

Los Shinobis.

Los gritos lo despertaron.

Gritos desgarradores que herían el sepulcral silencio de la noche. Gritos sin esperanza, gritos de muerte… La amarga despedida de quien deja de existir en este mundo de una forma particularmente dolorosa.

Aturdido y con el corazón latiéndole en la garganta, Harry tanteó su mesita de noche hasta dar con sus gafas y su varita. Con la pieza de acebo firmemente sujeta entre sus dedos, el joven mago se caló las gafas y saltó de la cama.

En un instante llegó a la ventana y atisbó al exterior.

Se quedó de piedra.

Aún a la tenue luz de los faroles podía distinguir las túnicas. Un grupo de cincuenta o sesenta magos y brujas había aparecido allí, en Privet Drive.

Harry echó a correr con el alma desbocada. Salió de su habitación, cruzándose en el rellano con tío Vernon; Dudley y tía Petunia eran más lentos en reaccionar. Ignorando los bramidos del hombretón, el joven mago bajó las escaleras de tres saltos.

Siempre a la carrera, cruzó el recibidor y abrió la puerta, sin siquiera sentir el frío aire de la madrugada golpeándolo con crudeza y sin la menor consideración.

Enarboló su varita.

Expelliarmus!

El mago más cercano salió despedido, yendo a caer tres metros más allá. El enemigo se puso en pie, torpemente, pero sin quejas de ninguna clase. En ningún momento había soltado la varita… porque no llevaba una.

Potter miró a su alrededor y constató que ninguno de los magos o brujas portaba varita; de allí que nadie le hubiera lanzado un hechizo, una maldición.

No eran mortífagos, al menos no llevaban máscaras. Harry podía notarlo a pesar de la pobre luz de esa noche cubierta de nubes y de la distancia que había entre él y ellos. Eso era otra cosa; ninguno estaba cerca ni parecía tener intención de acercarse. Todos deambulaban por la larga calle sin aproximarse a la banqueta de los Dursley.

Si no estaban allí para atacarlo, ¿entonces para qué?

Varios estampidos a su espalda y el muchacho se giró, varita en ristre.

Sintió una punzada de alivio al encontrarse cara a cara con Remus Lupin, Ojoloco Moody, Kingsley Shacklebolt y Tonks.

Los miembros de la Orden del Fénix no perdieron tiempo: enormes llamaradas brotaron de las puntas de sus varitas y fluyeron velozmente en dirección al enemigo, forzando a los extraños magos a reagruparse lejos del alcance del fuego.

A la viva luz anaranjada de las flamas, Harry al fin fue capaz de distinguir sus rostros.

No podían estar vivos. Simplemente no podían.

Era imposible.

Sus semblantes estaban claramente marcados por la muerte; sus ojos carecían de la más mínima chispa de vida, del menor atisbo de un alma. La piel de sus caras y de sus manos era de un color ceroso, casi transparente, y estaba pegada a los huesos, como si hubiera pasado mucho tiempo desde la última vez en que el corazón se había encargado de irrigar sus venas con el vital líquido rojo.

La sola visión de semejantes criaturas bastaba para que uno se diera cuenta de que, si bien la muerte es una de las cosas más temidas en este mundo, no por ellos es una de las peores que pueden existir…

Siempre hay cosas peores.

-¡Vuelve a la casa, Potter! –ordenó Moody secamente.

-¿Qué son? –musitó el chico con los ojos fijos en aquellos entes.

-Inferi -repuso Lupin sin dejar de lanzas chorros de fuego contra los seres muertos-. Cadáveres reanimados.

Harry siguió observándolos con horror. El folleto del Ministerio que había recibido dos días antes hablaba de los inferi… pero no explicaba en modo alguno el horror que eran.

-¡Necesitamos refuerzos! –clamó Kingsley al tiempo que calcinaba a dos cadáveres.

Tenía razón: eran demasiados. Y si bien, los muertos se mantenían a raya y sin hacer nada, los miembros de la Orden del Fénix no podían asegurar que aquella situación fuera a durar lo bastante como darles tiempo de destruirlos a todos.

Reinaba el más completo silencio… Lo único que interrumpía la afonía nocturna, era el sonido del fuego hiriendo el aire… Y de la carne al ser chamuscada.

Harry se sobresaltó.

Lo había despertado un grito. Alguien había estado gritando. ¿Los inferi habrían atacado a alguien?

Potter oteó a su alrededor; el asco y el horror se apoderaron de él al distinguir una masa deforme y sanguinolenta a los pies de un grupo de inferi. Había huesos y jirones de piel y tela…

-Oh, Dios… -susurró el joven mago, reprimiendo las ganas de vomitar.

¿Quién era…? ¿Acaso era una de las personas a las que había conocido toda su vida? ¿Uno de los muchos vecinos de los Dursley que siempre habían vuelto la cabeza cada vez que él se cruzaba por su paso? ¿O uno de los pocos que lo recibía con una sonrisa y un cordial saludo?

Esa… cosa, había sido un ser humano. Y ahora era imposible reconocerlo como tal.

Un nuevo grito lo devolvió a la realidad.

Reconoció la voz de la señora Figgs.

-¡Maldición! –masculló Moody, echando a correr en dirección al grito, pisándole los talones a Potter.

¡Regresa! –ordenó el viejo auror, pero el chico ni lo oyó.

En cuanto el pie desnudo de Harry hizo contacto con el frío concreto de la calle, los cadáveres se le abalanzaron.

Moody rugió y una abrasadora lengua de fuego chamuscó el pelo del chico.

-¡Vuelve a la casa, Potter! –gritó el mago, agarrándolo del hombro y empujándolo hacia atrás-. ¡Vuelve a la casa ahora!

-¡No! –respondió Harry mientras se reincorporaba nuevamente.

¡De ninguna manera podía huir y permitir que esos seres dañaran a la señora Figgs! Dejar que esas… cosas… hicieran con la señora Figgs lo que ya habían hecho con otra persona…

¡No!

La sola idea le resultaba impensable.

La señora Figgs volvió a gritar… Un verdadero alarido de dolor.

-¡No! -chillò Harry lanzándose hacia el frente una vez más.

-¡Harry!

El grito de Remus le llegó al mismo tiempo que unas manos macilentas, pero fuertes como el acero, se clavaban en su brazo. El lacerante dolor que sintió cuando esos dedos muertos se hundieron en su piel le arrancó un grito que le hizo arder la garganta.

-¡Potter!

Más y más inferi cayeron sobre él, sujetándolo, apresándolo, arañándolo, tirando de él hasta el punto de que Harry creyó que terminaría hecho pedazos…

Se detuvo de repente.

Harry dejó de sentir la presión de los muertos y se sintió alzado en el aire, todo en cuestión de un instante. Cuando abrió los ojos, se encontró tendido sobre el césped de los Dursley. A su lado, sollozando y temblando incontrolablemente, se hallaba la anciana señora Figgs.

Había perdido una de sus chanclas.

Arrodillada junto a la anciana, estaba una chica de cabello rosado; una extraña luz verde cubría las manos de la joven. Las heridas de la vieja squib iban desapareciendo lentamente al entrar en contacto con el raro resplandor.

Moody llegó junto a Harry jadeando estrepitosamente; le echó un vistazo a la joven y gruñó una sola palabra:

-Shinobi.

Harry volteó bruscamente hacia donde estaban los inferi: los cadáveres habían sido rodeados por decenas de chicos rubios, todos vestidos con el mismo traje de color negro y naranja. Potter forzó la vista y se dio cuenta de que todos los chicos eran exactamente iguales.

Pero eso era imposible, ¿no? ¡De ninguna manera podían ser todos la misma persona!

Los chicos rubios concentraron a los inferi en un solo sitio y luego retrocedieron de un salto.

Katon: Goukakyou no Jutsu!

Harry miró hacia arriba, hacia el origen de la voz, pero fue deslumbrado por una monumental bola de fuego que fue a impactarse contra los inferi, calcinándolos a todos hasta no dejar más que cenizas.

Hubo varios "puff" y casi todos los chicos rubios desaparecieron envueltos en humo; excepto uno. El que quedó se echó a reír y rompió a hablar en un idioma que Harry no conocía.

Un hombre de cabello plateado y la cara cubierta, a excepción del ojo derecho, cayó de cuclillas al lado del rubio. El chico le dijo algo, pero la respuesta del peliplata debió decepcionarlo a juzgar por la expresión de su cara.

-¿Estás bien?

Harry se giró sobresaltado; la chica de cabello rosado ya había terminado de curar a la señora Figgs y ahora se encontraba a su lado, examinándolo con ojo crítico.

-Sí –asintió Potter, sin saber que más decir.

-¿Me permites ver tu brazo? –inquirió Sakura.

Inseguro, el joven mago volteó a ver a los miembros de la Orden.

-¡Espera! –ordenó el ex-auror

El ojo mágico de Moody examinó con sumo cuidado a Kakashi y Naruto; el kitsune se removía incómodo bajo la minuciosa mirada de aquel espeluznante y enorme ojo de color azul eléctrico, mientras que la despreocupación característica del Ninja Copia no brillaba por su ausencia.

Con la más completa calma, Hatake extrajo un pergamino de su bolsillo y se lo tendió al mago. Alastor señaló el papel con su varita y éste voló hasta su mano; procedió a leer la nota con su ojo normal mientras el otro miraba a Kakashi, Naruto y Sakura, alternativamente, pero poniendo especial atención en el primero.

Finalmente y sin reprimir un gruñido, el brujo volvió a doblar el papel y se lo guardó en el bolsillo de la túnica.

-¿Quiénes son ellos? –inquirió Shacklebott con su voz de tenor.

-Los refuerzos –refunfuñó Ojoloco-. Dumbledore dijo que estaba considerando las posibilidades de reclutar personal de apoyo para la Orden del Fénix.

Pero, convenientemente, olvidó mencionar que contrataría shinobis.

-¿Shinobis? –repitió Lupin.

Alastor asintió.

-Deja que te revise el brazo, Potter –bufó.

Harry le tendió su brazo a Sakura, no sin cierta reticencia, y la kunoichi procedió a curarlo.

Una sensación de agradable calor se esparció por el cuerpo de Harry a la par que los cortes y lesiones de su brazo comenzaban a sanar.

-Será mejor que entres en la casa, Potter -gruñó el viejo auror una vez que la joven hubo terminado su curación.

Harry asintió y se dispuso a obedecer.

-Naruto, Sakura, acompáñenlo -indicó Kakashi.

-¡Shacklebott! -ladró Moody.

Los daños causados por los muertos tenían que ser evaluados y múltiples hechizos de amnesia y modificación de memorias deberían ejecutarse. Los agentes del Ministerio de Magia llegarían en cualquier momento…

Y el ex-auror no estaba dispuesto a dejar al chico a merced de sus nuevos aliados.


Y con la publicación de este capítulo he perdido una apuesta. T_T (migueljo05 sabe de que habló). :snif:

Trataré de actualizar éste y mis otros fics a la menor brevedad, pero la verdad la veo difícil: mi carga académica está monstruosa...

¡¡¡REALMENTE MONSTRUOSA!!! ¡¡¡AUXILIO!!! ¡¡¡AAAAAHHHHH...!!!