Disclaimer: Death Note no me pertenece, si no a Tsugumi Ōba y Takeshi Obata. Solo tomo prestado sus personajes para satisfacción mía y de mis lectores, todo sin fines de lucro. Solo me pertenecen mis personajes y la historia.

Circus

Capítulo 1

Realidad


POV Matt

Mi nombre es Mail Jeevas, pero desde que tengo memoria, mi familia y mis amigos me dicen Matt. La verdad no le encuentro relación con mi nombre pero me gusta y se ha convertido –a mi parecer– en mi verdadero nombre.

Mi nombre es Matt y esta es mi vida, a mis cortos veinte años.

Nací en un pequeño pueblo al norte de Londres, Inglaterra. Bueno en realidad no es un pueblo –así le digo yo– solo una pequeña ciudad donde todo mundo se conoce y los rumores llegan muy rápido a la boca de todos. Pero es muy tranquilo y me gustaba vivir ahí. Si como dije, me gustaba–tiempo pasado – ya que ya no vivo ahí, pero eso lo sabrán más adelante.

Soy hijo único, y como les decía, vivía en ese tranquilo pueblo con mis padres, los Jeevas. Mi padre, Matthew Jeevas –creo que de su nombre salió mi apodo… es una de la teorías– dueño de la famosa cafetería del centro y su esposa Alice Jeevas. Clase media, pagan sus impuestos, viven en un vecindario tranquilo, les va bien con el negocio, querrías tenerlos de vecinos… bueno no se que mas querrán saber de ellos pero mis jefes son geniales. Oh claro, no son mis verdaderos padres –ellos no saben que yo sé eso. Pensarán tan grandecito y no te lo han dicho, la verdad creo que ellos ya se dieron cuenta de que lo sé que es por eso que no tocan el tema. Pues sí, esos son mis padres.

¿Qué más? Pues tuve una infancia normal, fui a la escuela, no hacía muchos amigos pero uno que otro bastaba, hacía travesuras, descubría la maravilla de los videojuegos, a veces sacaba de quicio a mis padres –la mejor parte. La adolescencia… pues muchos padres se quejan que a sus hijos le cae que hasta son insoportables, bueno en mi caso nunca escuché a mis jefes quejarse por lo que diría que me cayó de lo más normal. Bueno, eso hasta que descubrí mi vicio –mi segundo para ser exactos, – el cigarro. Cuando mis jefes se enteraron, casi me mandan a un reformatorio, pero de un momento se les pasó que hasta se les hizo normal que fumara dentro de la casa.

¿En qué me quede? Ah sí, la adolescencia… pasé la secundaria y los estudios superiores con buenas notas –soy un súper dotado por favor, esto lo vi cuando nací– tuve una que otra novia, salía con los amigos. Todo fue una etapa normal.

Todo esto nos lleva al verano de hace dos años, estaba por graduarme de los estudios superiores cuando en casa se tocó el tema que en ese momento me aterraba: la universidad. En mi pueblo no había universidad por lo que tenías que ir a Londres o a cualquier otra parte para estudiar. Después de una plática de lo que haría después de terminar los estudios superiores, mis padres me dieron a entender que no les importaba si yo me quería ir a otro lado a estudiar o quedarme con ellos y ayudar con el negocio. Era mi decisión.

En ciertos momentos pensaba quedarme y en otros irme. Pero todo cambió en una tarde pocas semanas antes de la graduación. Mi padre era fanático de los videojuegos, tanto como yo, que esa tarde llevábamos jugando varias horas y no salía ningún ganador, por lo que mi jefe decidió poner las cosas más interesantes.

Si él ganaba, yo iría a estudiar a la universidad de Londres, la carrera que yo quisiera.

Si yo ganaba, cualquiera que fuera mi sueño –no importaba lo más tonto que fuera– él me apoyaría en lo que fuera.

De ahí, la verdad no recuerdo si me deje perder por no defraudar a mi jefe –porque mi sueño era tener un circo de pulgas… es mentira– o porque de verdad quería ir a la universidad. No es exactamente mi sueño, pero cabe más o menos a lo que de verdad quiero: conocer el mundo, salir de la pequeña burbuja llamado pueblo.

El caso es que si me embarqué –más bien viaje en autobús– hacia mi nuevo hogar que sería Londres. Deje mi hogar, mis padres, quienes la verdad estaban orgullosos y ya querían la casa para ellos solos; algunos amigos, muchos nos vinimos para Londres; y al pueblo. Y aquí me tienen, ya desde dos años que vivo aquí en Londres y hace poco que vivo en un pequeñodepartamento con mi compañero de cuarto Nate Rivers, quien solo es un año y medio más pequeño que yo, y ya solo le falta menos de un año para terminar su carrera. Un pequeño albino muy inteligente –demasiado diría yo.

Ah sí, les decía que pequeñodepartamento… bueno en realidad es bastante grande que cabrían otros dos o tres estudiantes más. No pagamos renta, un alivio porque no me quiero imaginar cuanto saldría, solo los servicios básicos, ya que el hermano mayor de Nate –entre amigos, Near– es dueño de ese edificio en donde vivimos. No conozco al hermano, solo sé que es alguien muy importante –tiene mucho dinero– y viene a visitar a Near cuando yo no estoy –de las pocas veces que salgo del departamento.

¿Mi vida en la universidad? Pues no me quejo. Diría que es la misma cuando estuve en los estudios superiores, una que otra novia, salir con los amigos, estudiar… solo algo que ha cambiado, me gano la vida como hacker. Un pequeño don que ya lo había descubierto hace tiempo pero que no lo había podido llevar a cabo. Mis servicios han llegado desde altos ejecutivos hasta simples estudiantes que están conmigo en la universidad. Ganó lo suficiente para pagar mi escuela, pagar lo que me toca del departamento, comprar videojuegos, cigarros y salir a divertirme.

¿Datos recientes? Qué puedo decirles… últimamente esta esa chica en mi clase de ciencias políticas a la que me muero por invitar a salir. Pero ya son varios de los que me dicen que es demasiado especial para las citas. En el momento exacto en que le pides una cita te pregunta ¿A dónde me llevarás?Si la idea no la tiene contenta, el día acordado de la cita te dejara plantado. Una vil exigente y caprichosa, pero la verdad me gustan así. Por lo que he estado pensando muy bien todos los santos días a donde la llevare para la cita.

La idea vino a mi cuando iba caminando por los pasillos del edificio de Artes Liberales. Volteé a ver donde colocan anuncios de venta de libros, conferencias, anuncios en general. Ahí estaba un enorme anuncio de colores llamativos que hizo que detuviera mi paso.

El cartel tenía varias fotografías amontonadas pero que se podían apreciar muy bien. Había acróbatas que danzaban en el aire sostenidos de un largó listón de tela, gimnastas que hacía acrobacias con pelotas o aros, payasos con mucho maquillaje y graciosos atuendos, un mago que había cortado a su asistente en dos, la maestra de ceremonias presentando el siguiente acto y sobre todo, animales, desde enormes elefantes hasta pequeños monos. Pero lo que más me llamó la atención era la fotografía que estaba en el mero centro –con dibujitos de corazón a su alrededor y una que otra palabra, obra de las mujeres– era la foto del domador de bestias.

Fácil tenía mi edad o un año mayor que yo, cabello rubio, piel blanca, ojos azules y un cuerpo bastante envidiable por cualquier hombre –me incluyo– y deseado por las mujeres –viejas calientes–. Vestido de unos pantalones negros, una camisa blanca de manga larga algo flojo y botas negras. A su lado un enorme y hermoso tigre de bengala que él acariciaba como si fuera un pequeño e inofensivo gatito.

Bueno regresando a lo que me había llamado la atención, era que había reconocido la letra de la chava, a la que quiero invitar a salir, de lo que había escrito alrededor de la foto del domador –creo que había escrito papacitoo algo por el estilo.

Eso fue lo que me dio la idea. Esa misma tarde, al terminar la clase de ciencias políticas, le pregunté por una cita. Inmediatamente después de preguntarle, ella me hizo la tan conocida pregunta.

"¿Qué te parece el circo?" le pregunté.

"¿El mismo que tendrá su primera presentación este fin de semana?"

"Ese mismo."

No sé si fue mi imaginación, pero la cara se le iluminó e inmediatamente me dio el sí. Y quedé pasar por ella a su casa el sábado a las seis y media de la tarde. Solo tenía que esperar dos días para esa cita tan deseada, la cual no pude dormir bien durante las noches de lo emocionado que estaba.

Cuando por fin llegó el tan esperado sábado. Me desperté tarde hoy para que el día no se me hiciera más largo y salí por ella a las seis, su casa estaba un poco retirada de donde vivo por lo que tuve que ir con tiempo. Llegue justo a tiempo a su casa donde ya me esperaba lista y dispuesta. Cuando llegamos al lugar donde se encontraba la gran carpa, mientras yo compraba los boletos, ella se encontraba con un vendedor que vendía pósters y fotografías.

Cuando termine de comprar las entradas, ella me esperaba con un póster enrollado en sus manos. La verdad no me costó trabajo adivinar de quién era el del póster. Fuimos a nuestros asientos y esperamos a que la función empezara.

Se apagaron las luces y en el centro del lugar se iluminó una luz donde se encontraba la maestra de ceremonias. Una chica que fácil tenía mi edad –¿acaso todos los que trabajan en este circo son tan jóvenes?– cabello castaño oscuro, ojos grises vestida de un saco rojo, blusa y pantalón blanco, botas y un sombrero negro. Les dio la bienvenida a todos y dio inició a la función principal, donde empezaron a salir todos los animales, los acróbatas gimnastas, payasos, el mago, diferentes personajes que solo encuentras en un circo.

Cuando salió el rubio domador de bestias con un tigre de bengala con un collar y amarrado a una cadena que él sostenía, se oían chillidos y gritos de las mujeres –incluyendo a la que tenía a lado. Él les respondió lazando besos a su público –unas casi se desmayan, fue lo más gracioso– y cuando miró hacia donde estábamos nosotros, igual mando un beso a sus admiradoras y guiño uno de sus ojos azules. Haciendo que las mujeres a mí alrededor, incluyendo mi cita, se derritieran de la emoción.

Pero eso me dejó una terrible sensación de que el beso o el guiño –o ambos– había sido solo para mí.

Menos mal que había mujeres alrededor, si no muchas de sus admiradoras habrían quedado decepcionadas.

Continuara…


1/8/2012: Historia siendo reeditada.