Venganza

Beatus vir qui suffert tentationem,
quoniqm cum probates fuerit accipient coronam vitae.
Kumiko Noma/Lilium

Decidí su muerte en ese instante. Ella corría de mis brazos para encontrarse con la luz del sol y
agitar las manos hacia él. Tarareaba rimas de Mamá Ganso y me arrojaba besos. Entonces me dí
cuenta de que nunca me querría más que a ellos: los responsables de engendrar su vil ser. Que
comentaba aireadamente mis negativas a cenar con ellos, cuando mi labor me obligaba a replegarme
en mí mismo durante horas enteras, hasta días y temporadas hambrientas, encerrado en mi estudio,
con la locura y sus flores silvestres recién cortadas, sobre la mesa de dibujo, ofuscando mi
inspiración con su aroma dulzón. Supe que tendría que ser dolorosa. Humillante. Afilada. Luego
pensé en el sable árabe que su padre me obsequió, haciendo alarde de virilidad. Ardí de furia. Le
mandé a llamar por medio de uno de mis criados menos astutos. Al final de ese día no habría pavo
con salsa de frambuesas para cenar. Acero para ella, carne de virgen para mí.