CAPITULO XVI — DECISIONES

En el avión les dieron la orden de colocarse los paracaídas y prepararse para saltar. Smity y Hugo ayudaron a Harry-Hermione a colocárselo, cubiertos por sus otros compañeros, para que los que no conocían su verdadera identidad no vieran la maniobra.

— No voy a conseguirlo — murmuró — tengo mucho miedo.

— Nosotros te ayudaremos, relájate, es más fácil de lo que parece — la animó Smity.

— Te daré la mano y saltaremos juntos — empezó a explicarle Hugo — Caeremos en caída libre hasta que te avise, entonces tirarás de esta cuerda y se abrirá el paracaídas. Cuando llegues al suelo ya habrá alguien esperándote para ayudarte a recoger la tela. Intenta no gritar cuando te lances, tú sabes que a Harry le encanta volar, no sería normal oírle gritar de miedo.

— Lo haré lo mejor que pueda.

Esperaron unos interminables minutos para que les dieran la señal, de pie en el pasillo del avión, preparados y con todo el equipo cargado. Al final la puerta se abrió y empezaron a saltar. Delante de Harry-Hermione estaba Hugo y detrás Smity, todo iba muy rápido y ya llegaban a la puerta. Le tocaba saltar a Hugo, se giró para atrapar la mano de Harry-Hermione arrastrándola con él, Smity le dio un pequeño empujón para que no se quedara atrás.

Harry-Hermione vio como todo sucedía en unos segundos, llegar a la puerta, ver el vacío ante ella, quedarse helada de miedo, notar la mano de Hugo que la agarraba arrastrándola y el empujón de Smity. No pudo evitar caer al vacío. Su corazón se paró por unos segundos, aterrorizada. Hugo no la soltó en ningún momento como le había prometido y esa mano le dio algo de seguridad para poderse relajar un poco y que su corazón volviera a latir.

Tras unos minutos de caída libre a gran velocidad, donde veía la tierra acercarse inexorablemente, Hugo le soltó la mano y le dio la señal para tirar de la cuerda. La buscó desesperadamente y notó un gran tirón que la subía unos metros. Al mirar arriba suspiró al ver que su paracaídas estaba perfectamente abierto, empezó un descenso más lento y seguro. Pudo ver como muchos de los compañeros ya estaban llegando al suelo y recogían rápidamente sus paracaídas, viéndoles aterrizar parecía fácil. Hugo estaba muy cerca y le iba dando instrucciones para dirigirla en el aterrizaje, debía ir tirando las cuerdas que tenía a su derecha y a su izquierda para variar la dirección y tirar de las dos cuerdas al mismo tiempo para frenar en el aterrizaje. Al acercarse a tierra le aconsejo de flexionar un poco las rodillas para que el golpe al tomar tierra no le dañara.

Estaba a solo a un metro, su cuerpo en tensión, sus brazos tirando con todas sus fuerzas las cuerdas para frenar, y al fin sus pies tocaron el deseado suelo, pero el aterrizaje fue vergonzoso y cayó al suelo cubriéndose con toda la tela encima de su cuerpo. Charly y Sócrates llegaron rápidamente a ayudarla y sacarla de aquel revoltijo y en un momento la tenían libre y la tela recogida. Algunos compañeros de las otras dos patrullas los miraron extrañados, pero no dijeron nada y continuaron con lo suyo.

Hugo, como siempre era el encargado de la misión y empezó a dar órdenes para movilizarse. Se encontraban en el desierto del Sahara, arena y mas arena era lo único que se veía por todas partes. Un ambiente hostil, donde su peor enemigo serian las altas temperaturas que tendrían durante el día y el frío de la noche. Eran las nueve de la mañana y pronto apretaría el calor. Debían buscar un lugar para montar el campamento que los resguardaría de las horas en que las altas temperaturas no los dejarían avanzar.

Hugo y Justin, marcaron la ruta para dirigirse al oasis que debían alcanzar como primer objetivo. Allí podrían rellenar sus cantimploras de agua y con un poco de suerte encontrar algo para comer. Iba a ser una supervivencia difícil solo llevaban dos cantimploras llenas de agua cada uno y no les permitieron llevar víveres.

— Señores — reclamó la atención Hugo — Nos quedan un par de horas para que el sol apriete verdaderamente, empecemos a caminar para avanzar hacia el oasis, cuanto antes lleguemos antes podremos estar seguros de tener agua.

Empezaron a caminar, Hugo se situó al lado de los benjamines y disimuladamente se repartieron todo el equipo que llevaba Harry-Hermione entre los siete que conocían su identidad, para que no llevara tanto peso. Lo suyo iba a pasar caminando entre la arena sin poder descansar y sin ningún entrenamiento previo.

Sobre las once el calor ya era insoportable y se detuvieron para montar el campamento. Cada uno llevaba una tumbona con pies de aluminio que no pesaba, para que no tuvieran que tumbarse sobre la arena, que alcanzaba temperaturas muy elevadas, y montaron una tienda, lo suficientemente grande, para cubrirlos a los dieciséis, de tela blanca muy sencilla, pero suficiente para protegerse del sol aunque no de el calor.

Se organizaron las guardias y el resto se dispuso a dormir porque deberían caminar durante toda la noche.

Harry-Hermione se sacó las botas para estar más cómoda.

— Harry no te saques las botas, si las dejas en el suelo puede entrar un escorpión dentro y si debemos levantarnos rápidamente por cualquier emergencia no tendrías tiempo de ponértelas y te quemarías con las altas temperaturas del suelo. — Le explicó Hugo — Cuando estamos en misión dormimos vestidos y con el equipo a mano.

— Bien, ahora me las pongo — le dijo bajito y volvió a colocarse las botas.

Cuando bajó un poco el sol, desmontaron la tienda y recogieron todo para empezar a caminar en dirección al oasis. Para Harry-Hermione era muy duro, las piernas le dolían del esfuerzo de caminar por la arena, subiendo y bajando pequeños montículos continuamente, pero intentaba seguir el paso. Los compañeros de Harry siempre estaban a su lado y le ayudaban cuanto podían.

Los componentes de las otras dos patrullas no entendían que le sucedía a Harry, no actuaba como siempre. Al final Justin se acercó a Hugo para preguntar.

— ¿Que sucede con Harry?, todos lo protegéis y parece como si no pudiera avanzar.

— Harry no debería estar aquí, en el accidente de coche fue el que se llevó la peor parte. Además del golpe que se dio en la cabeza, que hace que no recuerda muchas cosas, tiene pequeñas lesiones internas que no le dejan respirar bien y eso hace que se agote más rápido. Pero él no quiso decirlo a nadie para que no lo dejaran en la enfermería de la base, ya lo conoces y ahora paga las consecuencias, por eso le estamos ayudando — le contó Hugo la historia inventada que tenían preparada para cubrir a Harry-Hermione.

Cuando Justin explicó el problema a sus compañeros, todos ayudaron a Harry en todo y le riñeron por no haberse quedado en la base. Harry-Hermione entendió el cariño que el verdadero Harry tenia a toda esa gente, todos ayudaban a todos y conociendo a su amigo seguramente les había ayudado a ellos muchas veces.

La noche llegó y el frío con ella. Se pusieron los polares que traían en el equipo y siguieron caminando durante toda la noche. No tenían comida con que calmar sus estómagos pero nadie se quejó y siguieron caminando.

A primeras horas de la mañana vieron a lo lejos las palmeras del oasis al que se dirigían y eso hizo que sin decir nada todos aceleraran el paso. Smity al ver la cara de agotamiento que tenía Harry, le cogió del brazo para ayudarle en aquellos últimos pasos.

— Ya queda poco — susurró — aguanta un poco más, eres muy valiente.

— Gracias Smity.

Al fin llegaron al oasis, sentaron a un agotado Harry-Hermione bajo una palmera a la sombra y le prohibieron moverse, uno le cogió las cantimploras para llenarlas de agua, el otro le trajo dátiles que recogieron para comer y al final se durmió bajo la sombra, vigilado por todos.

Pasaron los tres días y vinieron a recogerlos. Para Harry-Hermione había sido una experiencia inolvidable. Agotada, con todos sus músculos doloridos y quemada por el sol pero con el corazón lleno de gratitud para con todos esos hombres.

Cuando llegaron tenían un día libre para descansar de la supervivencia y después de una buena ducha y cambiarse, recogieron al capitán y desaparecieron llegando a la mansión Black para ver cómo estaba Harry.

Lo primero que hizo Hermione fue correr a su habitación para tomarse el antídoto y volver a ser ella y salió vistiendo un vaporoso vestido azul que dejó a Smity con la boca abierta.

— La verdad que te prefiero como Hermione — le susurró.

Hermione no le dijo nada pero se quedaron mirando intensamente.

— Vamos a ver a Harry — le dijo por fin.

Estaba absorto mirando por la ventana cuando oí ruido y voces en el salón, sondee con mi magia para saber quiénes eran y una sonrisa iluminó mi rostro cuando reconocí el aura de Hermione y comprendí que eran mis compañeros del ejercito los que habían llegado. El rencuentro fue asombroso, con la alegría de verlos, mi magia se volvió a desbocar y todos los objetos de la habitación empezaron a levitar y todo se quedó pintado de vivos colores.

— Supongo que toda esta explosión de color significa que estas feliz de vernos — me dijo Hermione lanzándose a mis brazos para abrazarme.

— Hermi, que alegría de verte — y sin dejar de abrazar la cintura de Hermione fui saludando a todos mis compañeros y al capitán con alegría.

— ¿Cómo estás Harry? — me preguntó el capitán.

— Mejor señor, ya puedo dominar casi completamente mi magia, pero por lo que veo hoy se me ha vuelto a escapar — dije con una sonrisa, viendo a mi alrededor toda la habitación pintada de multitud de vivos colores y volví a dejarlo todo como estaba antes con un movimiento de mano.

Estuvimos hablando y les agradecí a todos, lo que hicieron para conseguir los ingredientes para la poción. Me contaron sobre las aventuras que tuvo cada uno con los ingredientes y de la supervivencia en el desierto.

— Harry, hemos decidido hacer a Hermione un componente honorífico de nuestro equipo, se ha comportado valientemente y ha aguantado los tres días sin quejarse y cumpliendo con sus obligaciones — explicó Hugo

— Estoy muy orgulloso de ti, Hermi, se lo duro que es para alguien que no está preparado para ello y no sé como agradecerte lo que has sacrificado por mi — le dije dándole un beso en la morena mejilla.

— No seas tonto Harry, fuiste tú el que casi sacrificaste tu vida para salvarnos a todos, era lo mínimo que podía hacer, yo solo he aguantado tres días bajo el sol, además que me he acostumbrado a tener tu cuerpo — dijo con una sonrisa picarona — se pueden hacer muchas cosas con él.

— Hermiii, no empecemos — le dije con las mejillas rojas de vergüenza.

Y todos rieron. Hermione nos dejó solos para ir a saludar al resto de la casa y descansar un poco.

— Harry, ¿tienes algo con Hermione? — me dijo Smity bajito algo apartado de los otros.

— ¿Con Hermi?, o no, es mi mejor amiga, la quiero como una hermana. Desde que nos conocimos a los once años Ron y Hermione se convirtieron en mi familia, en mis hermanos y hemos vivido muchas aventuras juntos y como mi hermana, siempre la cuidaré y no permitiré que nadie le haga daño — le dije muy serio.

— Me gusta, no quiero hacerle daño. Es una chica fantástica.

— Si que lo es, pero vigila Smity, es muy inteligente e independiente y siempre anda con un libro en la mano, no sé si es el tipo de mujer que andas buscando.

— No sé Harry, pero quiero pedirte permiso para intentarlo.

— Tú mismo, no creo que sepas donde te metes, pero no le hagas daño.

— No es mi intención — y una gran sonrisa iluminó su cara — me ayudarás ¿verdad?

— Primero quiero hablar con ella a solas y saber si también le gustaría verte.

— Lo encuentro razonable y ¿tú otro amigo, el pelirrojo?

— Es otro hermano al que tendrás que dar explicaciones, estuvieron flirteando durante un tiempo pero no acabó en nada, decidieron que su relación iba mejor como amigos. Pero si te atreves a romperle el corazón no quieras saber lo que dos magos enfadados pueden llegar a hacer por su mejor amiga.

— ¡Vaya!, me lo pones muy negro, pero creo que conseguir el corazón de Hermione vale la pena.

El capitán les pidió que le dejaran a solas con Harry y todos se dirigieron al salón donde los magos les acogieron con alegría y prepararon entre todos una gran mesa para celebrar el retorno de Harry con una comilona.

— Harry, hemos de hablar muy seriamente de lo que quieres hacer de tu futuro.

— No comprendo señor.

— Según tus propias palabras, entraste en el ejército para aprender y poder destruir a ese monstruo. Conseguiste tu objetivo y saliste vivo de ello. Creo que nunca imaginaste salir vivo de esa lucha y por eso no te planteabas nada para el futuro. Pero has sobrevivido y estás bien. Tienes un contrato firmado con el ejército por cinco años, pero supongo que con tu magia puedes hacerlo desaparecer. Quiero saber qué piensas hacer de tu vida a partir de ahora.

— Pues…, la verdad, es cierto que no creía salir vivo y que nunca soñé realmente en un futuro. Estos días he estado pensando mucho en lo que quiero que sea mi vida y me gusta lo que tengo en el ejército. Me gusta la aventura y creo que puedo hacer mucho bien si sigo con ustedes. El mundo mágico nunca me ha dado nada, siempre me ha exigido. Quiero seguir en el ejercito — le conté convencido.

— Me alegra tú decisión, yo también creo que puedes hacer mucho bien con nosotros. — estrechándome calurosamente la mano satisfecho.

Nos llamaron para comer y todos nos sentamos a la mesa a disfrutar de aquella nueva amistad que se había creado entre esos dos mundos tan diferentes.

— Atención todo el mundo — les dije levantándome de la mesa después de los postres— Primero gracias a todos por ser mis amigos y mi familia. Quiero volveros a agradecer todo lo que habéis hecho por mí y daros una noticia.

El silencio embargaba el comedor, atentos a mis palabras.

— Como todos imagináis, no creía salir vivo de mi lucha con Voldemort, era un mago muy poderoso. Ahora debo pensar en un futuro que nunca pensé tener y he decidido quedarme en el ejercito, continuar mi vida como un muggle y luchar contra los malos de todo el mundo — y les sonreí — pero si me necesitáis silbáis y vendré al rescate, no creáis que os desharéis de mí, no quiero perderos, sois mi familia.

Oí algunas quejas de Ron y Ginny.

— Molly, Arthur me gustaría que siguieran viviendo en esta casa, sin peros — le dije rápidamente al ver que iba a protestar — Ponny, el elfo, la puede ayudar en las tareas de la casa y esta es suficientemente grande para que todos sus hijos, sus parejas y sus nietos corran por aquí. Y como yo me considero como un hijo mas pues también traeré, algún día, a mis futuros hijos para que corran por aquí y conozcan a sus abuelos — le dije sonriendo.

Molly se levantó emocionada y me abrazó con lágrimas en los ojos.

Pasamos una agradable tarde todos juntos. Pude hablar a solas con Hermione y Ron y les dije de las intenciones de Smity, Hermione sonrió y me dijo que a ella también le gustaría intentarlo y Ron sólo sonrió a su amiga.

— Por cierto Harry — me dijo Hermi con una malvada sonrisa — ¿Cuándo ibas a hablarnos de Katherin?

— ¿Quién? – intenté despistar.

— No me vengas con esas, sabes perfectamente quien, empieza a desembuchar si no quieres que usemos veritaserum contigo. Me encontré con ella y me besó, fue lo peor que me has hecho pasar en mi vida, la verdad que besarme con una mujer no es algo que tenía planeado hacer, o sea que ya puedes empezar a explicarte.

— ¡Oh!

— ¿Eso es lo único que vas a decir?, Ron trae el veritaserum que tiene Remus guardado — dijo muy seria.

— No, no espera, es algo que todavía tengo que aclararme yo mismo, me gusta mucho y me siento bien con ella, pero no tenía la cabeza para eso con Voldemort rondando tan cerca.

— Pues las lágrimas que derramó porque no te acordabas de ella fueron muy significativas.

— ¿Lloró?

— Si, a Smity no se le ocurrió más que decirle que con el golpe en la cabeza por el accidente habías olvidado las cosas más importantes para ti, y sus palabras fueron que esperaba que la recordaras pronto antes de marcharse llorando.

— ¡Vaya!

— Pero que expresivos sois los hombres, espero que con ella tengas más palabras.

Esa misma noche, me uní a mi patrulla para volver al ejército. Fue una despedida muy emotiva, todos los magos me abrazaron diciéndome que me cuidada. Remus tenía los ojos brillantes de lágrimas, Molly no quería soltarme y Arthur tuvo que cogerla para calmarla, Kingsley me recordó que debía tener una entrevista con la ministra Amelia Bones, lo más rápido posible.

Cuando llegamos a la base, respiré profundamente, una nueva vida se abría ante mí y sonreí porque esa vida de aventura que me ofrecía el ejército me gustaba. Pero las sorpresas no habían terminado para mí en esta nueva vida.

— Harry deberías acompañarme — me dijo serio el capitán.

Los demás se retiraron a los barracones y yo seguí, algo extrañado al capitán.

Nos dirigimos a los despachos centrales y me llevó hasta el despacho del comandante Jefferson.

— Buena noches señor — saludó el capitán al comandante — vengo acompañado del soldado Potter.

— Pase capitán les estábamos esperando.

Entré y saludé al comandante, pero me quedé de piedra al reconocer a la persona que estaba hablando con el comandante.

— Buenas noches Harry Potter — me dijo la ministra del mundo mágico Amelia Bones — ¿Ya se encuentra mejor?

Pero no salían las palabras de mi boca y sólo moví la cabeza afirmativamente. Todavía estaba en posición firme, no me habían autorizado a descansar.

— Siéntese soldado tenemos mucho de qué hablar — me pidió el comandante.

Nos sentamos alrededor de una mesa redonda que tenía en su despacho.

— Desearía que mientras estamos sentados a esta mesa pudiera hablar libremente — me dijo el comandante.

— Si señor — fue lo único que pudo salir de mi boca, todavía algo estupefacto.

— Entiendo que si se encuentra aquí, es que ha elegido quedarse con nosotros — continuó el comandante — La verdad es que le debo una explicación. Yo soy lo que los magos llaman un squib, mi padre era mago de origen muggle y mi madre muggle por lo que mi herencia mágica no es suficientemente fuerte para desarrollarse pero si para transmitirla. Mi padre me enseñó lo que era el mundo mágico hasta que me enrolé en el ejército y siempre he tenido algo de contacto con este mundo. Cuando fui a buscarlo sabía perfectamente a quien tenía entre manos y me suponía la razón para querer tan desesperadamente entrar en un cuerpo de elite donde el entrenamiento era muy intenso. En algún momento debía confiar a alguien su misión para que le ayudada y estuve observándolo muy atentamente a usted y a las personas que tenía en su entorno más directo y supuse que el capitán seria su elegido, por lo que sólo tuve que comprobar en qué momento cambiaba en algo la rutina del capitán. No crea que le ha traicionado, digamos que le preparé una pequeña trampa para que me confirmara mis sospechas de que él era la persona a la que se había confiado y me entregó los perfiles que realizó de todos los mortifagos, de Voldemort y el suyo. El resto sólo ha sido cubrirlo cuando ha sido necesario y darle el entrenamiento mas intensivo que ha podido tener nunca un soldado, pero no podíamos interferir en su destino. Quiero decirle que estoy muy orgulloso de usted y de su fortaleza.

— Gracias señor — le contesté con la voz entrecortada.

— Amelia es una buena amiga de mi infancia y hace tiempo que estamos en contacto, siguiendo sus progresos.

— Harry, puedo llamarte así ¿verdad?

— Claro Señora Ministra.

— Oh, llámame Amelia, las formalidades las dejaremos para cuando estemos en público.

— Gracias Amelia.

— Hace días que intentó contactar contigo, pero sé por Kingsley que estuviste unos días inconsciente y que tuvieron que darte una antigua poción para despertarte, lo que causó inestabilidad en tu magia. ¿Has podido controlar ese problema?

— Si, ahora ya lo tengo controlado, lo poco que se me descontrola no es peligroso.

— Me alegra oírlo y verte bien de salud, me hubiera apenado mucho que alguien tan joven y tan valiente como tú hubiera terminado sus días frente a aquel demonio. ¿Podríamos oír tu versión de la historia?, conozco la versión de los aurores y del ejército pero solo tú sabes la versión entera.

Empecé a explicarles como había sucedido todo, desde los primeros contactos con Voldemort, los enfrentamientos que tuvimos, el secuestro y al final el último combate.

— Y eso es todo, ahora deseo un poco de estabilidad en mi vida. Perdóneme Amelia pero quiero quedarme en el ejército, el mundo mágico solo me ha manipulado desde que nací, he cumplido con mi destino, ahora soy libre de elegir.

— Lo comprendo Harry, todos los que estamos aquí sabíamos lo que elegirías, tienes un carácter aventurero y has demostrado ser muy bueno aquí — me sonrió la ministra Amelia — Pero yo he venido a proponerte algo, primero unas declaraciones públicas hacia un pueblo mágico que quiere agradecerte lo que has sacrificado. Espera déjame terminar. Una sola vez, sólo un acto público donde estaré a tú lado apoyándote.

— Pero yo no quiero el reconocimiento de nadie, sólo vivir en paz.

— Lo sé y lo entiendo, pero te lo pido como un favor personal, una vez. La gente quiere saber y si se crean falsos rumores será peor.

— Bien — capitulé al fin.

— Hemos estado hablando con Richard, el comandante — añadió al ver mi incertidumbre, ya que yo no conocía el nombre de pila del comandante — Me gustaría también contar contigo y tu equipo si necesitáramos ayuda. Eres uno de los magos más poderosos y bien entrenados y con tu equipo habéis demostrado ser muy eficientes y generalmente lo que pone en peligro a los magos siempre acaba repercutiendo a los muggles.

Miré al comandante y al capitán y movieron la cabeza confirmando que estaban de acuerdo.

— Claro Amelia, yo cumplo órdenes, solo deberá contactar al comandante y comentarle el problema.

Estuvimos un rato más hablando de la ceremonia que quería la ministra, al que asistirían como invitados especiales, el comandante, el capitán y mis compañeros del SAS que compartían el secreto y al final me dejaron ir a descansar, ya era muy tarde. Pero las sorpresas no podían terminar y el comandante me acompañó hasta el exterior de su despacho.

— Harry, mi hija Katherin ha llorado mucho por ti.

— ¡Dios!, ¿Katherin es su hija?

— Si y ya es hora de decirle la verdad, ella no quiso darte su identidad para que no te asustaras y la dejaras, ella si tiene magia, ha estado estudiando en Beaxbatons, te aprecia mucho, llámala — me dijo dándome una tarjeta con un número de teléfono

Cuando llegué al barracón me dejé caer en la cama algo descompuesto por toda la información.

— ¿Qué sucede Harry?, por tu cara seguro te has metido en otro lío — comentó Charly.

— ¿Sabes?, añoraba tus problemas, eres único para ellos, solo llevas aquí unas horas y ya tienes cara de desesperado, cuéntanos — se rió Smity

— Katherin, es la hija del comandante y me ha dado su teléfono para que la llame y nos aclaremos.

— ¡Caramba Harry!, mira que hay chicas en el mundo, y tú tenias que fijarte en la hija del comandante — dijo Sócrates — ¡Vaya percal!

— Sabes, si nunca quieres darle picante a tú vida, llévame contigo, seguro que encuentro la manera sin siquiera saberlo de meterme en el lío mas grande.

Y todos rieron y luego les expliqué lo de la Ministra de magia y que el comandante era un Squib y que su hija era maga como yo, la ceremonia que me querían dar para agradecerme y a la que estaban invitados.

Durante unos días tuvimos entrenamiento normal, y los instructores agradecieron que hubiera recuperado la memoria y me acordara de coger un arma y que mi puntería volviera a ser la de antes del accidente, je je, ya le contaría yo a Hermione lo de su mala puntería.

Llegó el final de semana y como todo estaba tranquilo tuvimos permiso los dos días. Llame a Katherin y quedamos en el bar del pueblo para hablar tranquilamente.

Al verla llegar sonriéndome, supe que si sentía algo muy fuerte por ella, se me lanzó a mis brazos llorando, cuando conseguí que se calmara, hablamos y nos besamos. Me sentía bien con ella y no tener que mentir mas era agradable y eso nos unió más.

El domingo la lleve a comer a la mansión Black después de pasar un muy mal rato al pedirle al comandante que si podía llevármela y la presenté a todos. La aceptaron muy bien, después de que Remus le pusiera veritaserum en la bebida y le preguntará si me quería de verdad. Me enfadé mucho con ellos pero me sentó muy bien oírla decir que me quería realmente por mí, no por ser Harry Potter, ni por la fama. Congeniaron muy bien con Hermione y Ginny y las oí reír mucho mientras yo hablaba con Ron y los gemelos y no sé si quiero saber de qué reían mientras me miraban con sus ojitos llenos de lágrimas por la risa.

Llegó el día de mis dieciocho años y me prepararon una fiesta genial en la mansión Black, donde yo estaba con Katherin, Hermione con Smity y Ron nos presentó a una amiga que había conocido apuntándose para el curso de auror. Ron había decidido que él seria auror y así podríamos encontrarnos en las misiones especiales entre muggles y magos.

Por primera vez, yo conducía mi destino y no mi destino a mí. Estaba feliz junto a todos los míos y con mi brazo rodeando posesivamente la cintura de mi princesa de ojos azules. Sonreí ante las dieciocho velas encendidas del pastel y soplé deseando una larga vida de felicidad, aventuras, amor y amistad.

FIN….

Espero que os haya gustado, yo me lo he pasado muy bien escribiendo esta historia y me da pena despedirme de ella y de sus personajes (que pertenecen a J.K. Rowling menos los originales que son de mi creación).

Gracias a todos los que me han acompañado en esta aventura con sus comentarios, me han dado energía para continuar y mejorar. Un abrazo y hasta pronto.